sábado, 9 de noviembre de 2013

LA ACADEMIA NACIONAL DE MEDICINA EN LA SEGUNDA REPÚBLICA



LA ACADEMIA EN SAN SEBASTIÁN

Resumen del Libro “LA ACADEMIA NACIONAL DE MEDICINA EN LA SEGUNDA REPÚBLICA (LA ACADEMIA EN SAN SEBASTIÁN)”

AUTOR: Luis Sánchez Granjel

FOTO 001 Portada del libro. Fotografía del Dr. Luis Sánchez Granjel

HOMENAJE AL PROFESOR DOCTOR LUIS SÁNCHEZ GRANJEL

Homenaje de los Colegios Oficiales de Médicos de Gipuzkoa, Salamanca y Valladolid, al Profesor Doctor Don Luis Sánchez Granjel, en su 93 cumpleaños y 65 años de Docencia e Investigación en Historia de la Medicina 1948 – 2013.

Homenaje de formato sencillo, respetuoso y familiar, teniendo en cuenta la edad y la situación física de Don Luis, envidiable, por otra parte, en su viveza y facultad mental.

Este homenaje nace de la iniciativa de los Presidentes de los Colegios de Médicos de Salamanca, Valladolid y Gipuzkoa, recordando a don Luis como “Maestro de tantas generaciones de médicos” que han disfrutado de su magisterio y sus especiales vinculaciones con Valladolid, que continuó su escuela con la figura del Profesor Riera y la especial relación con D. Ernesto Sánchez Villares; Salamanca donde continúan sus discípulos en la Cátedra que fundó en 1955, Profesor Antonio Carreras, a la cabeza; y Gipuzkoa con su discípulo José María Urkia y las relaciones estrechas de paisanaje, su condición de vasco, y su predilección por la capital donostiarra. En Cádiz siguen su senda, los discípulos de don Antonio Orozco, de inolvidable recuerdo y granjeliano hasta la médula, los profesores Francisco Herrera y Juan Cabrera. En Madrid, y vinculado a la Academia Nacional de Medicina, el Profesor D. Diego Gracia.

Presentación de su último libro: “LA ACADEMIA NACIONAL DE MEDICINA EN LA SEGUNDA REPÚBLICA (LA ACADEMIA EN SAN SEBASTIÁN)”. Se realizó dicha presentación el sábado día 7 de septiembre de 2013 a las 12 del mediodía, en la Sede del Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Salamanca.

FOTO 002 Carlos María Cortezo. Tomo 69 El Siglo Médico, Ávila 1927

El libro consta de 90 páginas, estructurado de la siguiente forma: El año 1930. La Academia Republicana. La sucesión de Cajal. Madrid. El Instituto de España. San Sebastián. Años de postguerra. Fuentes y Bibliografía. Finalizando el libro con: Medikuntzako Akademia Nazionala, Donostian, 1937 – 1939. In Memoriam: Juan Antonio Garmendia. Del profesor José María Urkia.

RESUMEN: Al igual que venía ocurriendo en otros focos culturales y científicos de nuestro país, a mediados del siglo XVIII va a surgir en Madrid una tertulia de médicos, cirujanos y farmacéuticos, reunidos periódicamente en la rebotica de la Oficina de Farmacia de D. José Ortega, en la calle de la Montera nº 19, donde, en las últimas horas de la tarde, conversaban informalmente acerca del adelantamiento y cultivo de las facultades médica, quirúrgica y farmacéutica. Una aventura que trasluce el afán de renovar la medicina madrileña y a la que pronto, el 12 de julio de 1733, se quiere dar carácter oficial con la denominación de Tertulia Literaria Médica Matritense.

Este modesto origen es solo el núcleo de un mayor impulso que, un año más tarde, el 12 de agosto de 1734, da lugar, por modificación de sus primeros Estatutos, a su conversión en Academia Médica Matritense, aprobada por Real Decreto de Felipe V un mes después: la nueva institución se va a caracterizar, de una parte, por el apoyo real, que desde entonces no va a faltarle y que le permitirá utilizar el calificativo de Regia; de otra, por la ampliación del número de sus socios, de tal modo que sus actividades se amplían dentro de los campos de la historia natural, la química, la física y la botánica. Buen ejemplo del interés borbónico por dirigir desde el Trono la vida académica es el nombramiento de Director de la Academia en la persona del Dr. José Cervi, en la época el más eminente médico al servicio de la Corona (1).

FOTO 003 Gaceta médica. Sebastián Recasens

Hubo dos épocas en su pasado por las consecuencias que provocó en la vida académica la guerra contra la invasión napoleónica y el régimen político fernandino concluido el conflicto bélico y que condujo a una primera disolución de la Academia en 1824; su restauración cuatro años más tarde daría vida a una Institución bien diferente de la que clausuró Fernando VII.

Suceso similar en sus consecuencias tuvo la proclamación de la segunda República en 1931, etapa que encontró su término en la guerra civil iniciada en julio de 1936 y que ocasionó una nueva disolución de la Academia por decreto de la República de 1936 y a su restauración por el gobierno de Burgos en diciembre del siguiente año.

Concluida la guerra y recuperada para la Academia su sede oficial en Madrid, la Institución vive las consecuencias derivadas del conflicto bélico, que pueden considerarse inicialmente superadas con la aprobación de los Estatutos de 1954.

El Año 1930
La fecha de 1930 supuso el término de un ciclo político protagonizado por los herederos de Cánovas y Sagasta y que fueron alejados del poder por la dictadura impuesta en 1923 con asentimiento de Alfonso XIII. El ideario político que impuso Primo de Rivera encontró en la comunidad académica adhesiones y rechazos. El grupo académico que aceptaron el régimen dictatorial lo encabezaban dos médicos políticos de la Monarquía, Carlos María Cortezo y Amalio Gimeno Cabañas. Cortezo gobernó la vida de la Academia desde 1914 a 1928. Al cesar Cortezo, la Institución le otorgó el título de Académico de Honor y la Corona el Toisón de Oro. Amalio Gimeno ocupó distintas carteras ministeriales y de Alfonso XIII recibió título de nobleza.

En el grupo de detractores estaban Gustavo Pittaluga Fattorini, diputado en las Cortes disueltas por la dictadura. La orden de destierro con la que se castigaba a Miguel de Unamuno, suscitó críticas de Gregorio Marañón, Eduardo García del Real.

FOTO 004 Amalio Gimeno. Catálogo Academia Nacional de Medicina

La participación personal de Gregorio Marañón en el cambio político al comienzo de los años treinta, cobró plena realidad al crearse la “Agrupación de Intelectuales al servicio de la República”, que anticipó el artículo de Ortega y Gasset “Delenda est Monarchia” publicado en el diario El Sol. Presidiendo la Agrupación Ortega, Marañón y el novelista Pérez de Ayala, su primer acto público lo organiza en Segovia en febrero de 1931 el poeta Antonio Machado. La labor pública de Marañón sería reconocida al otorgarle el nuevo Régimen en 1933 la Gran Cruz de la Orden de la República.

La Academia Republicana
La Institución perdía su tradicional vinculación a la Corona, no sometida a la mudanza política. La reacción inicial fue de desconfianza y quedó reflejada en una suspensión de sus sesiones científicas, que prolonga el descanso veraniego. El retorno a la normalidad fue requerida por la Presidencia el 24 de octubre al recordar a los académicos “la conveniencia de reanudar las sesiones clínicas”.

Su actividad funcionó normalmente hasta su disolución en septiembre de 1936 por Decreto del Ministerio de Instrucción Pública.

El recuerdo al más grave suceso provocado por la parcelación ideológica de los académicos durante los años treinta, nos conduce al otoño de 1934, cuando la Institución cumple el trámite de elegir a quien debía ocupar el sillón académico vacante por la muerte de Cajal. La importancia de lo que entonces sucedió justifica su examen individualizado.

FOTO 005 Portada del libro de Enrique Suñer y su fotografía

San Sebastián
La Academia se establece en la ciudad de San Sebastián ocupando local cedido en el Museo de San Telmo. Su elemental organización administrativa, que dirige Santiago Carro, cuenta con la ayuda de Francisco Javier Cortezo y Collantes, quien ya era en Madrid oficial de la Secretaría. Las obligaciones de Leonardo de la Peña, que dirige el Hospital Militar de Medina del Campo, hizo imposible cumplir el cometido de Tesorero, siendo designado para este cargo Ramón de Luis Yagüe, académico de número que había establecido su residencia en San Sebastián.

El cometido propio de la Academia fue cumplido de modo irregular, como lo confirman las actas que se conservan, y lo explica la dispersión de los académicos. Se mantuvieron vigentes los Estatutos y el Reglamento de 1933. La Junta de Gobierno fue convocada en cuatro ocasiones; más frecuentes fueron las reuniones de la “Mesa”. Las actas recuperadas informan de las actuaciones que llegaron a celebrarse. A la inauguración del año académico de 1939 se le otorgó especial solemnidad por incluir un homenaje a los académicos fallecidos desde 1936.
 
FOTO 006 Visita del Dr. Gonzalo Rodríguez Lafora al Seminario de Historia de la Medicina del Profesor Luis Sánchez Granjel, Salamanca 16/06/1963

La ausencia de actividad de la Academia, se buscó paliarla con la organización de un curso de “Expansión cultural” durante los meses de enero y febrero de 1938; participaron los académicos García Tapia y Vicente Gimeno, los profesionales vascos Benigno Oreja, Miguel Vidaur y Victoriano Juaristi y los doctores que la guerra había llevado a San Sebastián Vicente Carulla y Ramón San Vicente. La conferencia inaugural la pronunció el cirujano norteamericano Enstmann Sheehan, del que hizo presentación Santiago Carro destacando su labor en los hospitales de guerra. La Academia autorizó al doctor Blanco Soler, también refugiado en la capital guipuzcoana, dictar un curso de Endocrinología. Para la organización de aquella actividad el Ministerio ofreció a la Academia un apoyo económico de 6.589 pesetas.

En el mes de mayo de 1939 vuelve la Academia a su sede de Madrid.

FOTOS
Escaneadas del libro: La Academia Nacional de Medicina en la Segunda República. (La Academia en San Sebastián).

AGRADECIMIENTOS
José María Urkia Etxabe
Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Gipuzkoa
Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Salamanca
Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Valladolid

BIBLIOGRAFÍA
1.- Real Academia Nacional de Medicina: http://www.ranm.es/historia.html
2.- La Academia Nacional de Medicina en la Segunda República. (La Academia en San Sebastián).
Edita: FUNDAZIOA. Colegio Oficial de Médicos de Gipuzkoa.
ISNB. 978-84-695-7357-O. Depósito Legal: SS-557-2013


Manuel Solórzano Sánchez
Enfermero. Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. Osakidetza /SVS
Colegiado 1.372. Ilustre Colegio de Enfermería de Gipuzkoa
Miembro de Enfermería Avanza
Miembro de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos
Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería
Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.
Miembro no numerario de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País. (RSBAP)

viernes, 1 de noviembre de 2013

CARIDAD EN EL ARTE



Dedicatoria de este trabajo:

A todas las enfermeras y enfermeros del mundo, que con su magnífica profesión, siguen realizando los “Cuidados de Enfermería”, en todos los lugares.

En la Universidad, en los hospitales, clínicas, dispensarios, cárceles, ambulatorios y centros de salud. En los hogares de niños y ancianos. En los psiquiátricos y centros de salud mental.

Con buenos trabajos y otros no tan buenos. En los países ricos y en los países pobres, en las ONG y en las misiones. En tiempos de paz y en tiempos de guerra. En los países con hambruna.

Destacar aquellas enfermeras que defienden su profesión, cuando no son respetadas ni como mujeres, ni como enfermeras; donde el trabajar en un hospital árabe les puede suponer vejaciones y abandonos por no entender este trabajo sus maridos. A todas aquellas enfermeras que tienen que abandonar su profesión cuando se casan como es el caso de Japón.

A las que nuestra profesión enfermera les puede costar su propia vida, como es en las guerras, en las trincheras, en primera línea de tiro, en las exposiciones químicas y físicas, en las grandes epidemias.

A las que cuentan con todo lo necesario para realizar su trabajo y a todas aquellas que tienen que dar incluso su propia comida, por que no tienen ningún recurso.

A las que cuidan pacientes de alto riesgo como son el VIH, la lepra, y otras enfermedades infecto - contagiosas.

Para todas ellas y ellos, les quiero dedicar esta frase que ya la empleó anteriormente Florence Nightingale: “La Enfermería es una de las bellas Artes, casi diría la más bella de todas las bellas Artes”.
Un abrazo
Manuel Solórzano Sánchez
Enfermero de San Sebastián
1 de Noviembre de 2013


MONJA Y ENFERMA

En: Jordi Vigué y Melisa Ricketts en La Medicina en la pintura. El arte médico. Ars Medica. Barcelona 2008. Página 195.

FOTO 001 Antoni Casanova (1847 – 1896). Cuadro realizado en 1893. Óleo sobre tabla de 12 x 21 cm. Colección Privada.

Nacido en Tortosa (Tarragona) en 1847, Antoni Casanova i Estorach se formó como pintor en la Escola de Llotja de Barcelona, y en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, donde aprendió a realizar grandes composiciones históricas al gusto de la época. Por sus méritos en este género, la Diputación de Barcelona le otorgó una pensión para completar sus estudios en Roma, donde quedó impresionado por los grandes maestros, pero también por las obras de temas anecdóticos de Marià Fortuny (1838 – 1874), otro pintor catalán afincado en la ciudad.

En 1875, se trasladaría a Paris, donde, al ritmo de medallas y reconocimientos, permanecería hasta el fin de sus días.

Esta obra es muy diferente de las grandes pinturas históricas que hicieron famoso a Casanova, no sólo por su pequeño tamaño, sino también por el carácter anecdótico e íntimo del tema tratado.

La escena parece transcurrir en un hospital atendido por religiosas, y se concentra en la atención de una monja a una enferma postrada en la cama. La monja es una mujer joven que viste un delantal blanco sobre el hábito y sostiene en sus manos una taza de caldo o bien una infusión de hierbas, remedios ambos provenientes de la tradición monástica que tienen como fin reconfortar el ánimo y devolver las fuerzas perdidas tras, por ejemplo, un ataque de fiebre.

La enferma parece agotada. Vestida con camisón blanco que le cubre castamente hasta el cuello, apenas puede levantar la cabeza, que permanece apoyada sobre dos mullidos almohadones.

Sin embargo, es capaz de dirigir una mirada y una sonrisa de agradecimiento hacia la persona que la atiende. Con ello, el pintor deseó expresar que, además del tratamiento curativo, es la ayuda espiritual la que verdaderamente reconforta al enfermo durante las etapas de dolor y sufrimiento. En España, a falta de reglamentar sobre la profesión de enfermera (se reglamenta en 1915), como ya había ocurrido en otros países, eran las monjas las que comúnmente se encargaban de esta tarea, significando para los enfermos verdaderos ángeles de la guarda, ya que su ayuda, además de generosa, era desinteresada.

La habitación parece acusar el paso del tiempo y, se adivina, de recursos, si bien la luz entra en ella ampliamente, eliminando cualquier aspecto sórdido. En una de las paredes, junto a la puerta, hay una cartela en la que se leen, seguramente, algunas frases de ánimo para los enfermos.

CIENCIA Y CARIDAD

En vísperas de 1898, un año trágico para la historia de España, pues se certificaba la definitiva pérdida de los territorios americanos y asiáticos tras una dura guerra contra los Estados Unidos, un joven pintor malagueño conseguía una mención en la Exposición Nacional de Bellas Artes con el lienzo “Ciencia y Caridad”. Ese estudiante, que ya creaba como un maestro, se llamaba Pablo Ruiz Picasso (1881-1973), y era el hijo mayor de José Ruiz Blasco, profesor de dibujo en Málaga, que le había iniciado en tierras gallegas en la pintura a la temprana edad de diez años. En 1895, el adolescente Pablo fue admitido en los cursos superiores de pintura al natural en la Escuela de Bellas Artes de la Lonja de Barcelona. Con el tiempo llegaría a ser uno de los grandes pintores españoles del siglo XX (1).

La figura de la Caridad humaniza a la Ciencia, y ésta debe situarse al lado de aquella: idea que parece desprenderse de la visión del cuadro. El siglo XIX fue la centuria de la Medicina, la época de mayor desarrollo de esta ciencia en toda su historia moderna, que puso las bases de su extraordinaria difusión y progreso en el siglo XX.

El médico representó mejor que ningún otro la figura del científico, a ojos de la mayor parte de la sociedad, al estar en contacto con todas las capas sociales. Si bien importante y definitivo para la revolución industrial, el trabajo de los físicos, químicos e ingenieros parecía demasiado lejano para las clases medias y populares, frente a la cotidianeidad del médico, del “doctor”. Y es precisamente ese médico de cabecera –la cabecera de la cama- el que aparece en este cuadro, junto a la monja (1).

Numerosas órdenes religiosas femeninas, de acuerdo con su idea de asistencia y dedicación a la sociedad, se especializaron en el trabajo en hospitales y dispensarios. La simpática figura de la monjita en los pasillos y galerías hospitalarias relajaba el carácter sumamente científico y serio de los médicos, y a ambos unían –o debía unir- un sincero humanitarismo y caridad.

FOTO 002 Sello de correos de Picasso. Boceto. Cuadro del revés. La visita de la madre

Hoy en día, el término de caridad resulta estar muy mal entendido, y se prefiere el de “justicia social” aunque, en el fondo, coincidan en algunos aspectos, aunque en otros le supera: la caridad debe ser solidaridad, entrega generosa, desinteresada y total hacia los demás, hacia todos los hombres, ayudándoles directamente, yendo más allá de los justos límites.

Por eso pienso que el título de esta obra no debe cambiar, no puede “actualizarse”, pues su mensaje continua siendo fundamental para que la Ciencia nunca abandone su misión como actividad siempre en beneficio y entrega sincera, total y generosa a la mejora de la Humanidad (1).

En: Jordi Vigué y Melisa Ricketts en La Medicina en la pintura. El arte médico. Ars Medica. Barcelona 2008. Página 199.

Se trata de un ambicioso óleo que Picasso realizó durante su juventud y que fue presentado en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid, donde obtuvo una mención honorífica. El tema y la composición, de corte académico, fueron ideados por su padre, el pintor José Ruiz Blasco, con el objetivo de conseguir un premio en dicha muestra. Picasso lo ejecutó en el taller que éste le había alquilado en el número 4 de la barcelonesa calle de la Plata.

Muestra a un médico y a una monja con un niño que atienden a una enferma postrada en cama, seguramente la madre del bebé. El médico encarna la “Ciencia” y la monja, un personaje habitual en los hospitales, la “Caridad”. El médico le está tomando el pulso, mientras la monja le ofrece un tazón de caldo o alguna infusión. Picasso parece explicar, a tono con la moral de la época, que la unión de ambas es necesaria para la recuperación del enfermo, que necesita tanto de la ayuda científica como de la espiritual.

FOTO 003 Pablo Picasso (1881 – 1973). Obra realizada en 1897. Óleo sobre tela de 197 x 249,5 cm. Museo Picasso de Barcelona.

A finales del siglo XIX, la Medicina experimentó un gran desarrollo, siendo el médico su máximo representante sobre cualquier otro científico –biólogos, químicos, físicos-, ya que constituía una figura cotidiana y conocida por todas las capas sociales, que tarde o temprano, reclamarían sus servicios.

Sin embargo, en la mayoría de los hospitales, aún eran las monjas las que asistían a los enfermos, movidas por la idea de servicio y asistencia desinteresada a los desvalidos. Su presencia resultaba reconfortante en una sociedad en la que la religión condicionaba su moral y sus valores.

Esta obra se encuentra dentro de las corrientes tradicionales de moda en la época, que buscaban la enseñanza moral y humanista. Técnicamente, se advierten ecos del Realismo por la modestia de la alcoba y del Impresionismo por la atención a los efectos luminosos, así como de algunos resabios academicistas que recaen en la estructura rígida de la composición y en el uso de una paleta de colores ocres con toques de malva, blanco y lila.

Cabe señalar quiénes fueron los modelos de la obra. El médico era el padre del artista, mientras que la monja era una mendiga que pedía limosna en la calle contigua al estudio. Picasso le prometió diez pesetas por sesión, además de golosinas para el niño. El vestuario de la monja fue cedido por sor Josefa González, monja paulina que estaba agradecida de las atenciones recibidas por Salvador, el tío de Picasso, que era médico y que acogió de buen grado esta pintura.

AGRADECIMIENTO
Jordi Vigué. Estudió medicina en la Universidad de Barcelona. Historiador del Arte por La Sorbona. Paris.
Melisa Ricketts. Licenciada en historia del Arte por la Universidad de Zaragoza. España.
El rincón de la ciencia. Antonio del Moral

BIBLIOGRAFÍA
La Medicina en la pintura. El arte médico. Jordi Vigué y Melisa Ricketts. Ars Medica. Depósito Legal: M.40.757-2007. Páginas 195 y 199.

1.- El rincón de la ciencia. Antonio del Moral.

Manuel Solórzano Sánchez
Enfermero. Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. Osakidetza /SVS
Colegiado 1.372. Ilustre Colegio de Enfermería de Gipuzkoa
Miembro de Enfermería Avanza
Miembro Comité de Redacción de la Revista Ética de los Cuidados
Miembro de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos
Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería
Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.
Miembro no numerario de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País. (RSBAP)

miércoles, 23 de octubre de 2013

150 AÑOS DE LA CRUZ ROJA. 1863 – 2013



“LA CRUZ ROJA. MEMORIA Y PAZ”

“LA CRUZ ROJA APARECIÓ COMO LA ASISTENCIA NEUTRAL EN LA GUERRA”

AUTOR: Enrique Samaniego Arrillaga. Médico donostiarra, Presidente de la Cruz Roja de Guipúzcoa (España), además de ser un prestigioso experto en Angiología y Cirugía Vascular. El 19 de septiembre lo presentó en la sala Kutxa de la calle Andía donostiarra, acompañado de diversas personalidades que elogiaron tanto al libro como a su autor, entre ellos se encontraba el Presidente del Aquarium de San Sebastián y Miembro de número de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, Vicente Zaragüeta Laffitte.

El libro lo prologa Xosé Estévez, Profesor Senior de la Universidad de Deusto y lo expresó públicamente con un bonito alegato el Catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Zaragoza Vidal Muñoz Garrido, Cronista oficial de Teruel. Presidente de la Cruz Roja. También en la mesa presidencial estaba el secretario de la RSBAP.

FOTO 001 Presentación del libro en la Sala Kutxa de la calle Andía. San Sebastián

El libro consta de cuatro capítulos en que lo ha dividido. El primer capítulo: Orígenes y fundación de la Cruz Roja Internacional. Fundación en España. Fundación en Navarra. Fundación en Gipuzkoa.

El segundo capítulo: Última guerra Carlista (1872 – 1876). Primero breve período (abril mayo 1872). Segundo largo período. La situación en Gipuzkoa. San Benito Menni.

El tercer capítulo: Letargo y recuperación de la Cruz Roja en España. Escuelas de las Damas Enfermeras. Guerra de África (1921 – 1927). La Segunda República (1931 – 1936). La insurrección de octubre del 34.

El cuarto capítulo: Guerra Civil del 36. Alzamiento del 36. Creación de la Cruz Roja en el País Vasco. Éxodo infantil del 37. Caída de Barcelona. Posguerra. Civilización, víctimas y otros comentarios.

Además aporta en este libro una bibliografía muy extensa, además de otras fuentes y anexos. En ellos nos podemos encontrar: en el anexo número uno la carta del Obispo de Urgel datada el 26 de noviembre de 1873. En el anexo número dos, la Lettre du Marcel Junod con fecha 10 de noviembre de 1936. Otra segunda carta fechada el 26 de noviembre de 1936. En el anexo número tres: Los Estatutos de la Cruz Roja del País Vasco.

Comienza contando como Henry Dunnat vivió una triste experiencia que marcó su vida para siempre, empezó a crear la Cruz Roja, y no paró hasta ver desarrollada su idea de una organización no militar, humanitaria y neutral, dedicada a recoger y salvar al mayor número posible de soldados heridos, fuere cual fuere su ejército. Poco después publica su obra “Un souvenir de Solferino” en la que nos describe escenas, verdaderamente duras, de aquella batalla:

“Cada colina, cada altura, cada cresta de roca es teatro de encarnizados combates, y las hondonadas se llenan de muertos. Austriacos y aliados se pisotean, se degüellan sobre cadáveres ensangrentados, se rompen los cráneos a culatazos se desgarran los vientres con sables y bayonetas; ya no hay cuartel; aquello es una carnicería, una lucha de fieras rabiosas y ebrias de sangre… los caballos pasan a galope destrozando con sus herrados cascos a los muertos y a los moribundos… pero aún falta algo, detrás de la caballería viene la artillería a escape, abriéndose paso a través de los cadáveres y de los heridos que, revueltos, yacen por el suelo; entonces saltan los cerebros, quedan molidos los huesos, empapada en sangre la tierra y cubierta de miembros palpitantes la llanura.

… El sol iluminó uno de los espectáculos más terribles que pueden presentarse a la imaginación; los desgraciados heridos que se van recogiendo en todo el día están pálidos, lívidos, aniquilados: unos tienen la mirada extraviada y no entienden lo que se les dice; pero esta postración no les impide sentir sus dolores; … El que recorre este inmenso teatro de combate de la víspera, encuentra a cada paso, en medio de una confusión sin igual, desesperaciones indescriptibles y miserias de todas clases. …Carpenedolo, Castelgofredo, Volta, todas las aldeas comarcanas especialmente Castiglione, se convierten en ambulancias donde entran en lamentable procesión los heridos que se van recogiendo en el campo de batalla… Llenas las iglesias, llenas las casas, hay que habilitar las calles y plazas tendiendo paja y armando cobertizos de cualquier modo… la entrada de heridos no cesa, todo es insuficiente para tal cúmulo de miserias.

… Sobre las losas de las iglesias yacen mezclados franceses y eslavos, árabes y alemanes; a pesar de lo que han sufrido, a pesar de las noches que han pasado en vela, no logran el descanso; imploran el socorro del médico o se retuercen desesperados en convulsiones que terminarán por la muerte o el tétanos. Algunos con la cara ennegrecida por las moscas que se adhieren a sus heridas, miran a todas partes y no ven; el capote, la camisa, … Allá hay otro infeliz a quien han llevado parte de la cara de un sablazo… otro con el cráneo abierto espira, salpicando su cerebro sobre las losas: sus compañeros de infortunio le empujan con los pies porque estorba, y yo protejo sus últimos momentos cubriendo con un pañuelo aquella pobre cabeza que todavía se menea débilmente” (De Un Souvenir de Solferino. H. Dunant).

Al poco de aparecer el libro, Víctor Hugo le escribió una carta en la que, entre otras cosas, le decía:
“Usted ama a la humanidad y sirve al mismo tiempo la causa de la libertad: aplaudo sus nobles esfuerzos”.

FOTO 002 Portada del libro. Henry Dunnat y los emblemas de la Cruz Roja

El general Dufour, que más adelante sería uno de los componentes del Comité de los Cinco, le dirigió la siguiente carta:
“Se necesita que vean todos, ante ejemplos tan palpables como lo que usted manifiesta en su libro, lo que es la gloria de los campos de batalla y lo que cuesta de tormentos, de lágrimas y de vidas… En general se está muy inclinado por mal informado, a no ver más que el lado brillante de una guerra y se cierran los ojos sobre sus tristes consecuencias; y es muy necesario llamar la atención sobre esta cuestión humanitaria, objeto que a mi juicio, el libro de usted llena enteramente”.

En 1901 se le concedió a Henry Dunant el Premio Nobel de la Paz, en este acto le dirigieron las siguientes palabras:
“No hay hombre alguno que merezca más este honor, pues fue usted, hace cuarenta años, quien puso en marcha la organización internacional para el socorro de los heridos en el campo de batalla. Sin usted, La Cruz Roja, el supremo logro humanitario del siglo XIX probablemente nunca se hubiera obtenido”.

En 1814, desaparece el Protomedicato y se organiza el Cuerpo de Sanidad Militar. Poco después, en 1835, durante la primera guerra carlista, el coronel Ocáriz, escribe:
“… no puede copiar la pluma el cuadro y certificar el luto de tantos años de guerra a muerte, el espectáculo de tropas sin pan, sin abrigos, sin asistencia de facultativos, medicinas y utensilios para los heridos, que se trasladan a grandes distancias expuestos a nuevos combates; de centenares que marchan a pie regando el campo con su sangre; de otros cuyos dolores aviva el movimiento de sus monturas; de los fracturados tendidos sobre palanquines de armas, sobre escalas de palo, sobre puertas o ventanas, conducidos casi siempre en hombros de sus compañeros… para caer en los impropiamente llamados hospitales, después de pasar alguna noches sobre las mesas de una escuela o sobre el pavimento de una iglesia” (Luis Grangel. Historia de la Medicina Vasca).

Incidiendo más en este problema, el general Córdoba, durante la misma guerra, al abandonar el mando del Ejército del Norte, en la “memoria justificativa”, expone:

“Para conducir a un herido, no sólo a un hospital, sino a donde puedan dársele los primeros auxilios del arte del cuidar… se necesita una camilla que no hay, pues no merece importancia el corto número de las que yo pude construir. Para llevar esta camilla hacen falta cuatro hombres, para que éstos se releven hacen falta otros cuatro, para que los conductores desempeñen bien este delicado y penoso trabajo, un cabo de camilla, de suerte que por cada herido ya tenemos diez hombres fuera de combate”. (Luis Grangel. Historia de la Medicina Vasca).

La dama Enfermera. Enfermería y Cruz Roja. Vidas Paralelas. Publicado el día 19 de marzo de 2009

Cruz Roja: Reglamento de 1939. Editado en San Sebastián. Artículo publicado nº 287 con fecha 04-11/02/2005

ESCUELA DE DAMAS ENFERMERAS
Existía un precedente en San Sebastián, en el Dispensario para pobres de Santa Isabel, fundado en 1910 por el Dr. Vic. Disponía de un cuadro de especialistas y un grupo de damas que se formaban como enfermeras recibiendo clases teóricas y prácticas.

En 1909, durante la interminable guerra de Marruecos, ocurrió el episodio del Gurugú ampliamente difundido por la prensa. Un grupo de damas donostiarras estaban sensibilizadas para actuar como enfermeras en ayuda de la sanidad militar pero carecían de formación. Se pensó en aprovechar esta oportunidad para reunirlas y adiestrarlas y crear un grupo de señoritas enfermeras voluntarias de Cruz Roja como ya existían en otras ciudades allende la frontera.

El 11 de junio de 1910, en la calle Larramendi nº 25 de San Sebastián, el Dr. Charles Vic, junto con sus compañeros los Dres. Michel Lerembour y Augusto Harriet, todos ellos franceses con ejercicio en la Ciudad, fundaban el Dispensario de caridad de Santa Isabel, donde se estableció una escuela de formación de “Damas Enfermeras”, a cuyos cursos acudían señoritas y damas de la alta sociedad donostiarra. Estaba dirigido por una Junta de Señoras.

FOTO 003 Portadas de los libros. Raúl Expósito

Seguían el programa de la Cruz Roja Francesa, se les exigía ser súbdita española, una edad mínima de 17 años y hacerse voluntarias. Especialistas de la ciudad se encargaban de un amplio abanico de consultas por las que rotaban las enfermeras en formación. Se hacía especial hincapié en la perfecta esterilización y asepsia del material de curas y del instrumental quirúrgico, además de una esmerada limpieza general. Médicos, enfermeras y dirección trabajaban de forma totalmente gratuita y los recursos económicos provenían de ayudas oficiales y de donativos.

La Reina Doña María Cristina, durante sus veraneos en la ciudad había visitado este dispensario en repetidas ocasiones, lo que le hizo incubar la idea de crear una red de hospitales y dispensarios, en los que las “damas voluntarias” siguieran un programa de formación reglado para obtener, en este caso, el diploma de Dama Enfermera de la Cruz Roja Española.

En este relato se siguen los pasos que dio la Reina María Cristina, hasta ver logrado su objetivo. El Dispensario de Santa Isabel estaba dirigido por una junta de señoras y esto gustaba a Doña María Cristina.

Muy probable, este deseo influyó en la modificación de los estatutos de la Cruz Roja Española, y así, el 16 de enero de 1917, mediante Real Decreto del Ministerio de la Guerra se procede a la reordenación de la Cruz Roja, redactándose los Nuevos Estatutos.

En febrero de 1917 ya se había creado el cuerpo de enfermeras y su programa de estudios. La Reina, en junio del mismo año, restructuró la Junta de Señoras de San Sebastián y se reservó para sí la presidencia de dicha Junta.

Dispensario de Santa Isabel de San Sebastián

Dispensario de Santa Isabel de San Sebastián
“Santa Isabel” Kontsultategia Donostian

Santa Isabel Precedente de la sanidad pública. 1909 El dispensario fundado por tres médicos franceses atendió a los donostiarras sin recursos hasta 1960. Publicado en el Diario Vasco el día 27 de enero de 2012

En julio, la Junta de Señoras organizó el primer curso para Damas Enfermeras que fue impartido en el Hospital de San Antonio Abad por los doctores González Ayani y Echauz, profesores a su vez del Dispensario para pobres de Santa Isabel. Doña María Cristina presidió los exámenes.

El 16 de noviembre de 1917, el periódico “La Voz de Guipúzcoa” de San Sebastián anunciaba un nuevo curso para Damas Enfermeras. Decía así:

“Cruz Roja. El primer lunes del próximo mes de Diciembre, darán comienzo los cursos teóricos para enfermeras de la Cruz Roja, en el Hospital San Antonio Abad de esta ciudad, bajo la dirección de los señores doctores de este benéfico establecimiento. A las señoras y señoritas que deseen ser enfermeras, se les ruega tengan a bien inscribirse a la mayor brevedad, en el domicilio de la secretaria, señorita Pilar Jordán de Urríes. Prim 14”.

La Reina Madre, siguiendo con su proyecto, mediante Real Orden del 22 enero de 1918, fundaba en Madrid el Hospital San José y Santa Adela. Este mismo año encargaba a la Duquesa de la Victoria la creación de una red de hospitales-dispensario y se fundaron los primeros, aparte del ya mencionado en Madrid, los de: Bilbao, Barcelona, Granada, San Sebastián y Ceuta. En tiempos de paz, serían útiles para la población en general y como dispensarios de caridad. En tiempos de guerra, permitirían una atención más moderna y actualizada a los militares heridos y enfermos y, en todo momento, servirían como escuelas para la formación práctica de las Damas Enfermeras.

En San Sebastián, la Reina María Cristina encargó al Dr. Luis Egaña la creación de un hospital-escuela al estilo del Dispensario de Santa Isabel y a ser posible que lo superara. Para ello era indispensable un edificio, no muy alejado de la ciudad, que permitiese instalar, además de una Clínica Operatoria, un dispensario orientado hacia los necesitados, en el que se daría asistencia gratuita. Se decidió que Villa María, situada en el barrio del Antiguo, era el edificio adecuado. Comprada la villa, se contrató al arquitecto Luis Elizalde para que hiciera las reformas necesarias. Tanto la compra como las obras fueron costeadas por la Reina Madre Doña María Cristina.

El 27 de noviembre del mismo año, previa la bendición del edificio y la entronización del Sagrado Corazón, Doña María Cristina inauguró el Hospital de la Cruz Roja de San Sebastián. Se consideraron suficientes, para sus fines, diez camas hospitalarias y un consultorio-dispensario ilimitado; recibió el nombre de María Cristina, como homenaje a la Reina.

FOTO 004 Portada del programa de la Cruz Roja. Manuel Solórzano

En caso de guerra, jamás, las Damas Enfermeras podrán ser enviadas al frente de forma obligatoria, su actividad, sin escusas, deberá ser siempre voluntaria. Padecerán sin queja las incomodidades, estarán dispuestas a sufrir. Harán las actividades de enfermería que se les ordene y ante cualquier duda, consultarán con su médico jefe. Cuidarán del aseo de los hospitalizados, aliviarán sus males y serán respetuosas con ellos sea cual sea su nacionalidad, raza o religión. Finalmente, tienen que ser conscientes de que en más de una ocasión pondrán en riesgo su vida.

GUERRA DE ÁFRICA (1921 – 1927)
Doña María Cristina quiso que su hospital de San Sebastián fuera uno de los primeros en recibir a los heridos provenientes de África, por lo que la Junta de Gipuzkoa se dispuso a ampliarlo. En pocos días, se instauró un nuevo hospital en la villa Txillardegui, próximo al ya existente.

El 22 de septiembre, arribaba una expedición de soldados heridos y enfermos a la estación del Norte, adonde la Reina Madre salió a recibirlos. Los heridos fueron transportados en automóviles particulares y Doña María Cristina trasladó a dos de ellos en el suyo propio. Para los que venían en camilla se utilizó un camión del Palacio Real de Miramar. Antes de dos horas ya estaban todos los repatriados debidamente alojados en el nuevo hospital de Txillardegui. A finales de año, el paludismo hacía estragos entre la tropa y, una vez más, se pidió a la Junta de San Sebastián que ampliara sus dependencias para acoger otros cien enfermos. Ante esta situación, la Reina Madre ofreció su Palacio de Miramar. La Junta local de la Cruz Roja, en una semana, habilitó un hospital de cien camas en un edificio destinado a dependencias del Palacio.

El 24 de noviembre, a las diez de la noche, arribaba un tren hospital con cinco oficiales y noventa y seis soldados heridos. La Reina Madre Doña María Cristina vino, ex profeso desde Madrid, para recibir a los repatriados, mientras un numeroso público los acogía con vivas y aplausos.

FOTO 005 Villa María en el Antiguo. 1921 La Reina María Cristina saliendo de Villa María, detrás el director de la Cruz Roja Luis Egaña. Diploma de la Asamblea Suprema. Hospital de Txillardegui, con la Reina María Cristina

En este momento, en San Sebastián, existían tres hospitales de Cruz Roja: el María Cristina, destinado a los oficiales; el de Txillardegui, a los heridos y el de Miramar para los enfermos. Los hospitales estaban al cuidado de las Hermanas de la Caridad, médicos y Damas Enfermeras de Cruz Roja, estas últimas, trabajaban una semana seguida en turnos de mañana o de tarde, y libraban otra semana.

Una vez más se solicita de la Cruz Roja de Gipuzkoa la ampliación de sus servicios para atender todas las necesidades de una nueva campaña en África. En esta ocasión, para instalar un hospital se recurre al Gran Casino Municipal de San Sebastián (hoy el Ayuntamiento donostiarra), a la sazón, cerrado por la ley de prohibición del juego dictada por Primo de Rivera.

El 3 de octubre de 1924, el Ayuntamiento donostiarra cede parte de las dependencias del casino Municipal para utilizarlas temporalmente como Hospital de la Cruz Roja. Se montó un magnífico hospital de 300 camas, que estuvo activo unos dos años. En este tiempo fueron atendidos 1.030 heridos. A partir de 1926, se cerró el hospital del Casino y, el de María Cristina volvió a la normalidad civil. La guerra de áfrica no terminó totalmente hasta 1927.

1937 Creación y Estatutos de la Cruz Roja del País Vasco.
Creación de la Cruz Roja de Euzkadi (I/II). Publicado en la Revista Electrónica Euskonews, en su número 527 - 2010 / 04 / 09-16. Manuel Solórzano Sánchez

Creación de la Cruz Roja de Euskadi. Publicado el sábado día 30 de enero de 2010

Conclusión
Magnífico libro que relata el devenir de la Cruz Roja desde su formación, pasando por los Estados y configurándose en casi todos los pueblos del Estado. Sus juntas locales, municipales y provinciales hicieron que la Cruz Roja se fuese diseminando por el mundo.

Sus siete Principios fundamentales, fueron los pilares de este gran proyecto y su dedicación filantrópica se extendió por el mundo. En 1965, en la Conferencia Internacional de la Cruz Roja y Media Luna Roja, celebrada en Viena adoptaron estos principios: Humanidad, Imparcialidad, Neutralidad, Independencia, Voluntariado, Unidad y Universalidad, que han sido reconocidos por todos los países del mundo.

Manuel Solórzano Sánchez
Enfermero. Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. Osakidetza /SVS
Colegiado 1.372. Ilustre Colegio de Enfermería de Gipuzkoa
Miembro de Enfermería Avanza
Miembro de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos
Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería
Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.
Miembro no numerario de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País. (RSBAP)

lunes, 21 de octubre de 2013

PROFESIONAL, PROFESIONALES E HISTORIA DE LOS CUIDADOS. JAVIER CASTRO MOLINA



Resumen de la ponencia inaugural titulada: Profesional, profesionales e historia de los cuidados.

XIII CONGRESO DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE ENFERMERÍA OFTALMOLÓGICA

Adeje (Tenerife), 26, 27 y 28 de septiembre de 2013.

El pasado 26 de septiembre tuvo lugar, en la isla de Tenerife, el encuentro que anualmente viene celebrando la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica. Este evento científico, que presenta como máximo objetivo, unir a un considerable número de profesionales de la Enfermería en el campo de la Oftalmología, tuvo como invitado al Dr. D. Francisco Javier Castro Molina, Director del Seminario Canario de la Historia de la Enfermería, enfermero de salud mental, historiador del arte y antropólogo, como ponente de la conferencia inaugural que llevó por título, Profesional, profesionales e historia de los cuidados.

FOTO 001 Aurora Egido, Presidenta SEEOF y Javier Castro. Maite Marín, Javier Castro y Chelo Muro, enfermeras de Madrid

Basándose en la definición que propone el historiador belga Marc Bloch en 1944 para la disciplina regida por Clio, musa de la Historia, dio comienzo un discurso con el que pretendió “dar norte a la evolución de la profesión del arte de cuidar”.

El ponente dejó clara la diferencia entre la historiografía y la historiología, así como la importancia del conocimiento de nuestra historia y la de otras civilizaciones contribuyendo a un autocrecimiento personal que capacita para el conocimiento y racionalización de la información como un andamiaje que favorece la construcción de un nueva realidad. Seguidamente, centró su mirada en el vocablo «profesión», y la definición que el psiquiatra chileno Fernando Lolas establece, muy distante del adjetivo «profesional»: respuesta institucionalizada a una necesidad social que debe portar entre sus requisitos vocación, acreditación, certificación y código deontológico.

Cuando nos centramos en el concepto de la profesión enfermera en la historia, observamos que es algo que no está tan claro, resultando incluso difícil trazar una línea que sirva para delimitar el campo de las profesiones y el de los oficios.

El término anglosajón nurse, empleado para designar a la enfermera, deriva de las terminologías latinas nutrire y nutrix, alimentar la primera y mujer que cría la segunda.

FOTO 002 Cartel de la Presentación del Congreso

Si centramos nuestra mirada en el término enfermería, encontramos que éste está relacionado con el de enfermedad, término también latino, infirmitas, que define de forma más concreta la actividad del cuidador de los enfermos, que facilita la supervivencia, cuidando durante el parto, lactancia y crianza de los recién llegados congéneres.

Según la Real Academia de la Lengua Española (RAE), la palabra campo hace alusión al ámbito real o imaginario propio de una actividad o de un conocimiento. Así, el campo de la enfermería corresponde a un ámbito de estudio centrado en el fenómeno humano y la sociedad en que se desarrollan los hechos, y que es compartido con otras muchas disciplinas. La investigación de la historia de la profesión enfermera realizada hasta la actualidad, ha supuesto un gran avance para el conocimiento de la misma, de modo que los recientes trabajos publicados nos han permitido acercarnos de manera más exhaustiva de los acontecimientos de la disciplina ocurridos en España.

Es en este país, donde la enfermería no existió como profesión hasta mediados del siglo XIX. Las actividades propias eran ejercidas por el barbero sangrador y el cirujano menor, formados en hospitales por las órdenes religiosas. Esta falta de rigor en el aprendizaje, unido a una pésima situación sanitaria, obligó a que en las clases políticas se instalara una preocupación por reformar y regular las profesiones sanitarias.

Con la Ley de Bases para la Institución Pública promulgada en 1857, más conocida por el nombre del ministro que la defendió, se estableció la regulación de todas las profesiones sanitarias españolas. Su desarrollo fue considerablemente rápido si observamos que en tan solo tres años, el 21 de Noviembre de 1861, ya se había diseñado el documento que recogía el reglamento para las enseñanzas tanto de practicante como la de matrona.

Al practicante se le asignaron las competencias que anteriormente habían sido asumidas por el cirujano menor y el barbero sangrador. La matrona continuaba siendo la encargada de asistir a los partos, así como de dar los primeros y urgentes auxilios a los neonatos que incluían el agua de socorro.

Las enfermeras en cambio, no tuvieron cabida en la norma, lo que ocasionó una considerable dificultad en el reconocimiento profesional. El Real Decreto sobre la formación enfermera de 21 de mayo de 1915 fue el que instituyó la titulación, clasificándose a partir de esta fecha con el reconocimiento de las tres figuras sustentadas por una división de género: Practicante, Matrona y Enfermera. En 1917 se crearon las primeras Escuelas Oficiales de Enfermeras reconocidas por el Ministerio de Educación, dando inicio así a una paulatina profesionalización de la Enfermería en España y la integración de las Escuelas de Enfermería en la Universidad.

Cuando abordamos el campo de la Oftalmología, encontramos que los cuidadores profesionales iniciaron su andanza en los tiempos más pretéritos. Tanto el Código de Hammurabi, 1.800 a.C., como el papiro de Ebers, 1.300 a.C., son de los pocos ejemplos que nos han llegado hasta nuestros días. Éste último, describe numerosas enfermedades y tratamientos oftalmológicos, entre otros la instilación de gotas de diversos productos que se administraban con una pluma de buitre directamente en los ojos, así como técnicas muy especializadas en el tratamiento quirúrgico de las cataratas. Herodoto nos cuenta, que era tal la importancia que se le daba a este órgano de los sentidos a mediados del Tercer Milenio a.C., que el faraón Zoser contaba con los servicios de un profesional especializado, Hesy-Ra, como médico oftamólogo.

En el continente asiático, destacaron la India del Imperio Gupta y la antigua China. En la primera, el cirujano Sushruta, escrito en el siglo III o IV d. C. el tratado Sushruta Samhita, en el que se sistematizaron el tratamiento de 72 enfermedades oculares. Esta escuela fue una de las primeras que propusieron una compleja clasificación de las afecciones de los ojos y repasaron el método de la primera operación de cataratas de la historia. En China, la medicina era una disciplina que se había fracturado en especialidades desde sus orígenes. Realizaban paracentesis, pero se desconoce si se practicaban las operaciones de cataratas.

El Califato Omeya de Córdoba se inició de la mano de Abderamán III en el 929, y concluyó en 1031, constituyendo un momento de máximo esplendor de la cultura y la ciencia. La medicina árabe constituyó un compendio del saber griego, persa e hindú. Destacó Abul-Qasim, médico andalusí, que fue considerado uno de los padres de la cirugía moderna. Sus textos constituían una amalgama de las enseñanzas greco-latinas y los conocimientos de la ciencia del Próximo Oriente, que fueron la base de AlTasrif, 30 volúmenes que aportaban descripciones anatómicas, clasificaciones de enfermedades, información nutricional y quirúrgica, y algunas secciones relacionadas con la medicina, la cirugía ortopédica, la oftalmología y la farmacología, entre otras.

FOTO 003 Congresistas

La cultura griega y romana bebió de las fuentes antiguas del saber como lo hicieron otras muchas. El greco-egipcio, Claudio Ptolomeo, estimó los límites externos del campo visual entre el año 100 y el 170 d.C. En una de sus obras sobre Óptica, estableció la refracción atendiendo a la teoría de la emanación del ojo, mencionó el agujero estenopeico y describió la cámara oscura ya reseñada por el matemático árabe Alhacén en el siglo X en su Tratado Óptico. En el año 165 d.C., Galeno efectuó la interpretación del quiasma como una potencial conexión hidráulica entre ambos ojos y como punto divisorio que servía para distribuir el fluido vital proveniente de los ventrículos hacia los ojos. Fueron las escuelas árabes las que marcaron el ritmo de la Oftalmología durante la Edad Media.

La Escuela de Salerno, prestigiosa Facultad de Medicina del sur de Italia, enseñaban siguiendo la línea de escritos árabes y los métodos griegos. A ella se unieron la Universidad de escolares y maestros, más conocida como Escuela de Montpellier, fundada en el siglo IX, y la Escuela Quirúrgica de Bolonia fundada en el siglo XIII. En la España cristiana del siglo XII, el arzobispo de Toledo, Raimundo de Sauvetat, reunió a un grupo de traductores a los que se les encargó interpretar los textos de Hipócrates, Galeno, Rhazes, Avicena, Abul-Qasim y Aristóteles, entre otros. Debe nombrarse a Pedro Hispano, quien se sentó en 1276 en la “Silla de Pedro” con el nombre de Juan XXI. Más conocido por el “Papa Oftalmólogo”, escribió un Tratado de Terapéutica Ocular, además de enseñar medicina en la Universidad de Siena entre 1245 y 1250.

FOTO 004 Foto de la ponencia de Javier Castro

El primer libro impreso sobre la especialidad de Oftalmología fue Los ojos, de sus enfermedades y sus preocupaciones (De oculis eorumque egritudinibus et curis), del italiano Benvenuto Grassi, considerado el cirujano de mayor celebridad durante la Edad Media. Georg Bartisch, 1535-1606, fue el fundador de la Oftalmología moderna, además de ser el primero en extirpar un globo ocular afectado de cáncer.

Al texto de Grassi, se le unió el libro del francés Jacques Guillemeau (Yac Yimó), publicado en 1585 con el título, Traite des maladies de loeil (tresti des maladi deloi) donde se compendian los conocimientos hasta entonces existentes en la materia. Las enseñanza de Leonardo da Vinci constituyeron un crisol en el campo de la medicina oftalmológica. En sus cuadernos, retrató verazmente la anatomía del ojo, realizando una interpretación siguiendo las enseñanzas de Galeno sobre la concepción de vía visual y el nervio óptico que conectaba el ojo a tres vesículas cerebrales.

En 1604, el físico Keppler, mediante cálculos sencillos descubrió que el cristalino, junto a la cornea, era un cuerpo reflectante, curvando los rayos de luz que recibe, para posteriormente enfocarlos hacia la retina. Destacó también, el trabajo realizado por René Descartes, quien publicó varios trabajos sobre el mecanismo fisiológico de los impulsos nerviosos que pasan desde la retina al nervio óptico.

Isaac Newton describió el cruce imágenes en el quiasma óptico, y el físico y químico John Dalton hizo por primera vez la descripción científica de la ceguera para ciertos colores, especialmente del rojo, tara que él mismo padecía. La invención del oftalmoscopio en 1850 por Helmont, revolucionó la práctica oftalmológica. Hasta entonces, la Oftalmología se había limitado a los padecimientos externos, párpados-córnea-conjuntiva, y a “mal operar” la catarata.

El novedoso artilugio permitió visionar el interior del ojo en vivo y sin causar daño al paciente. Más tarde llegaron otros muchos como la lámpara de hendidura, el campimetro, los optotipos, los rayos beta y el electroimán, para dar paso a otras muchas técnicas y aparatos modernos que han hecho que esta rama de la disciplina sanitaria resuelva gran cantidad de problemas que durante años fueron impensable subsanar.

Magnífica exposición en la Ponencia Inaugural de mi buen amigo Javier, desde este pequeño blog de “Enfermería Avanza”, le deseo en su inmensa labor por el bien de la Enfermería canaria y española, deberíamos tener muchos profesionales como él. Gracias.

Manuel Solórzano Sánchez
Enfermero. Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. Osakidetza /SVS
Colegiado 1.372. Ilustre Colegio de Enfermería de Gipuzkoa
Miembro de Enfermería Avanza
Miembro Comité de Redacción de la Revista Ética de los Cuidados
Miembro de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos
Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería
Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.
Miembro no numerario de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País. (RSBAP)