viernes, 1 de noviembre de 2013

CARIDAD EN EL ARTE



Dedicatoria de este trabajo:

A todas las enfermeras y enfermeros del mundo, que con su magnífica profesión, siguen realizando los “Cuidados de Enfermería”, en todos los lugares.

En la Universidad, en los hospitales, clínicas, dispensarios, cárceles, ambulatorios y centros de salud. En los hogares de niños y ancianos. En los psiquiátricos y centros de salud mental.

Con buenos trabajos y otros no tan buenos. En los países ricos y en los países pobres, en las ONG y en las misiones. En tiempos de paz y en tiempos de guerra. En los países con hambruna.

Destacar aquellas enfermeras que defienden su profesión, cuando no son respetadas ni como mujeres, ni como enfermeras; donde el trabajar en un hospital árabe les puede suponer vejaciones y abandonos por no entender este trabajo sus maridos. A todas aquellas enfermeras que tienen que abandonar su profesión cuando se casan como es el caso de Japón.

A las que nuestra profesión enfermera les puede costar su propia vida, como es en las guerras, en las trincheras, en primera línea de tiro, en las exposiciones químicas y físicas, en las grandes epidemias.

A las que cuentan con todo lo necesario para realizar su trabajo y a todas aquellas que tienen que dar incluso su propia comida, por que no tienen ningún recurso.

A las que cuidan pacientes de alto riesgo como son el VIH, la lepra, y otras enfermedades infecto - contagiosas.

Para todas ellas y ellos, les quiero dedicar esta frase que ya la empleó anteriormente Florence Nightingale:La Enfermería es una de las bellas Artes, casi diría la más bella de todas las bellas Artes”.
Un abrazo
Manuel Solórzano Sánchez
Enfermero de San Sebastián
1 de Noviembre de 2013


MONJA Y ENFERMA

En: Jordi Vigué y Melisa Ricketts en La Medicina en la pintura. El arte médico. Ars Medica. Barcelona 2008. Página 195.

FOTO 001 Antoni Casanova (1847 – 1896). Cuadro realizado en 1893. Óleo sobre tabla de 12 x 21 cm. Colección Privada.

Nacido en Tortosa (Tarragona) en 1847, Antoni Casanova i Estorach se formó como pintor en la Escola de Llotja de Barcelona, y en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, donde aprendió a realizar grandes composiciones históricas al gusto de la época. Por sus méritos en este género, la Diputación de Barcelona le otorgó una pensión para completar sus estudios en Roma, donde quedó impresionado por los grandes maestros, pero también por las obras de temas anecdóticos de Marià Fortuny (1838 – 1874), otro pintor catalán afincado en la ciudad.

En 1875, se trasladaría a Paris, donde, al ritmo de medallas y reconocimientos, permanecería hasta el fin de sus días.

Esta obra es muy diferente de las grandes pinturas históricas que hicieron famoso a Casanova, no sólo por su pequeño tamaño, sino también por el carácter anecdótico e íntimo del tema tratado.

La escena parece transcurrir en un hospital atendido por religiosas, y se concentra en la atención de una monja a una enferma postrada en la cama. La monja es una mujer joven que viste un delantal blanco sobre el hábito y sostiene en sus manos una taza de caldo o bien una infusión de hierbas, remedios ambos provenientes de la tradición monástica que tienen como fin reconfortar el ánimo y devolver las fuerzas perdidas tras, por ejemplo, un ataque de fiebre.

La enferma parece agotada. Vestida con camisón blanco que le cubre castamente hasta el cuello, apenas puede levantar la cabeza, que permanece apoyada sobre dos mullidos almohadones.

Sin embargo, es capaz de dirigir una mirada y una sonrisa de agradecimiento hacia la persona que la atiende. Con ello, el pintor deseó expresar que, además del tratamiento curativo, es la ayuda espiritual la que verdaderamente reconforta al enfermo durante las etapas de dolor y sufrimiento. En España, a falta de reglamentar sobre la profesión de enfermera (se reglamenta en 1915), como ya había ocurrido en otros países, eran las monjas las que comúnmente se encargaban de esta tarea, significando para los enfermos verdaderos ángeles de la guarda, ya que su ayuda, además de generosa, era desinteresada.

La habitación parece acusar el paso del tiempo y, se adivina, de recursos, si bien la luz entra en ella ampliamente, eliminando cualquier aspecto sórdido. En una de las paredes, junto a la puerta, hay una cartela en la que se leen, seguramente, algunas frases de ánimo para los enfermos.

CIENCIA Y CARIDAD

En vísperas de 1898, un año trágico para la historia de España, pues se certificaba la definitiva pérdida de los territorios americanos y asiáticos tras una dura guerra contra los Estados Unidos, un joven pintor malagueño conseguía una mención en la Exposición Nacional de Bellas Artes con el lienzo “Ciencia y Caridad. Ese estudiante, que ya creaba como un maestro, se llamaba Pablo Ruiz Picasso (1881-1973), y era el hijo mayor de José Ruiz Blasco, profesor de dibujo en Málaga, que le había iniciado en tierras gallegas en la pintura a la temprana edad de diez años. En 1895, el adolescente Pablo fue admitido en los cursos superiores de pintura al natural en la Escuela de Bellas Artes de la Lonja de Barcelona. Con el tiempo llegaría a ser uno de los grandes pintores españoles del siglo XX (1).

La figura de la Caridad humaniza a la Ciencia, y ésta debe situarse al lado de aquella: idea que parece desprenderse de la visión del cuadro. El siglo XIX fue la centuria de la Medicina, la época de mayor desarrollo de esta ciencia en toda su historia moderna, que puso las bases de su extraordinaria difusión y progreso en el siglo XX.

El médico representó mejor que ningún otro la figura del científico, a ojos de la mayor parte de la sociedad, al estar en contacto con todas las capas sociales. Si bien importante y definitivo para la revolución industrial, el trabajo de los físicos, químicos e ingenieros parecía demasiado lejano para las clases medias y populares, frente a la cotidianeidad del médico, del “doctor. Y es precisamente ese médico de cabecera –la cabecera de la cama- el que aparece en este cuadro, junto a la monja (1).

Numerosas órdenes religiosas femeninas, de acuerdo con su idea de asistencia y dedicación a la sociedad, se especializaron en el trabajo en hospitales y dispensarios. La simpática figura de la monjita en los pasillos y galerías hospitalarias relajaba el carácter sumamente científico y serio de los médicos, y a ambos unían –o debía unir- un sincero humanitarismo y caridad.

FOTO 002 Sello de correos de Picasso. Boceto. Cuadro del revés. La visita de la madre

Hoy en día, el término de caridad resulta estar muy mal entendido, y se prefiere el de “justicia social” aunque, en el fondo, coincidan en algunos aspectos, aunque en otros le supera: la caridad debe ser solidaridad, entrega generosa, desinteresada y total hacia los demás, hacia todos los hombres, ayudándoles directamente, yendo más allá de los justos límites.

Por eso pienso que el título de esta obra no debe cambiar, no puede “actualizarse”, pues su mensaje continua siendo fundamental para que la Ciencia nunca abandone su misión como actividad siempre en beneficio y entrega sincera, total y generosa a la mejora de la Humanidad (1).

En: Jordi Vigué y Melisa Ricketts en La Medicina en la pintura. El arte médico. Ars Medica. Barcelona 2008. Página 199.

Se trata de un ambicioso óleo que Picasso realizó durante su juventud y que fue presentado en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid, donde obtuvo una mención honorífica. El tema y la composición, de corte académico, fueron ideados por su padre, el pintor José Ruiz Blasco, con el objetivo de conseguir un premio en dicha muestra. Picasso lo ejecutó en el taller que éste le había alquilado en el número 4 de la barcelonesa calle de la Plata.

Muestra a un médico y a una monja con un niño que atienden a una enferma postrada en cama, seguramente la madre del bebé. El médico encarna la “Ciencia” y la monja, un personaje habitual en los hospitales, la “Caridad”. El médico le está tomando el pulso, mientras la monja le ofrece un tazón de caldo o alguna infusión. Picasso parece explicar, a tono con la moral de la época, que la unión de ambas es necesaria para la recuperación del enfermo, que necesita tanto de la ayuda científica como de la espiritual.

FOTO 003 Pablo Picasso (1881 – 1973). Obra realizada en 1897. Óleo sobre tela de 197 x 249,5 cm. Museo Picasso de Barcelona.

A finales del siglo XIX, la Medicina experimentó un gran desarrollo, siendo el médico su máximo representante sobre cualquier otro científico –biólogos, químicos, físicos-, ya que constituía una figura cotidiana y conocida por todas las capas sociales, que tarde o temprano, reclamarían sus servicios.

Sin embargo, en la mayoría de los hospitales, aún eran las monjas las que asistían a los enfermos, movidas por la idea de servicio y asistencia desinteresada a los desvalidos. Su presencia resultaba reconfortante en una sociedad en la que la religión condicionaba su moral y sus valores.

Esta obra se encuentra dentro de las corrientes tradicionales de moda en la época, que buscaban la enseñanza moral y humanista. Técnicamente, se advierten ecos del Realismo por la modestia de la alcoba y del Impresionismo por la atención a los efectos luminosos, así como de algunos resabios academicistas que recaen en la estructura rígida de la composición y en el uso de una paleta de colores ocres con toques de malva, blanco y lila.

Cabe señalar quiénes fueron los modelos de la obra. El médico era el padre del artista, mientras que la monja era una mendiga que pedía limosna en la calle contigua al estudio. Picasso le prometió diez pesetas por sesión, además de golosinas para el niño. El vestuario de la monja fue cedido por sor Josefa González, monja paulina que estaba agradecida de las atenciones recibidas por Salvador, el tío de Picasso, que era médico y que acogió de buen grado esta pintura.

AGRADECIMIENTO
Jordi Vigué. Estudió medicina en la Universidad de Barcelona. Historiador del Arte por La Sorbona. Paris.
Melisa Ricketts. Licenciada en historia del Arte por la Universidad de Zaragoza. España.
El rincón de la ciencia. Antonio del Moral

BIBLIOGRAFÍA
La Medicina en la pintura. El arte médico. Jordi Vigué y Melisa Ricketts. Ars Medica. Depósito Legal: M.40.757-2007. Páginas 195 y 199.

1.- El rincón de la ciencia. Antonio del Moral.

Manuel Solórzano Sánchez
Enfermero. Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. Osakidetza /SVS
Colegiado 1.372. Ilustre Colegio de Enfermería de Gipuzkoa
Miembro de Enfermería Avanza
Miembro Comité de Redacción de la Revista Ética de los Cuidados
Miembro de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos
Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería
Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.
Miembro no numerario de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País. (RSBAP)