lunes, 17 de julio de 2017

LA CULTURA ENFERMERA DEL SIGLO XX EN LA RIOJA



De Enfermera, Practicante, Matrona, A.T.S. y DUE al Grado de Enfermería

Con el título “La Cultura Enfermera del Siglo XX en La Rioja”, y sustentados en la clásica definición de cultura de Tylor, en esta obra se hace un repaso por el mundo del conocimiento, las creencias, el arte, la moral, las costumbres y cualesquiera otros hábitos adquiridos por las enfermeras en sus diferentes versiones, ya sean Enfermeras, Practicantes, Matronas, Ayudantes Técnico Sanitarios (A.T.S.), Diplomados en Enfermería (DUE) o Graduados en Enfermería en tanto en cuanto son profesionales de la sociedad del siglo XX.

FOTO 1 Portada y contraportada del libro

Es una obra que pasea por La Rioja del Siglo pasado, donde se observa cómo dentro de un contexto determinado se van produciendo diferentes formas de abordar los cuidados en materia de salud y se van perfilando a lo largo del tiempo el viejo oficio de cuidar, y su posterior transformación en una auténtica profesión que culmina en el Grado Enfermero. Para ello se hace un exhaustivo repaso desde los determinantes sociales, a las cuestiones formales referidas a la correspondiente legislación de cada momento, pasando por el proceso de unificación de colegios, así como los distintos cambios formativos de cada momento y los diversos papeles que la enfermera desempeña dentro del sistema de sanitario.

AUTORES: Jorge Mínguez Arias, Ana Cobo Rincón y Regina Ruiz de Viñaspre Hernández.

COLABORADORES: Pablo Alberto Sainz Ruíz y Pablo del Pozo Herce.

Alguno de ellos miembros de la sección riojana del Grupo de investigación Aurora Mas de la Universidad de Zaragoza.

FOTO 2 Autores y colaboradores: Jorge Mínguez Arias, Regina Ruiz de Viñaspre Hernández, Pablo del Pozo Herce, Ana Cobo Rincón y Pablo Alberto Sainz Ruíz

JORGE MÍNGUEZ ARIAS (Colunga-Asturias 1957). Doctor por la Universidad de Alicante, Enfermero por la Universidad de Oviedo, Licenciado en Antropología social y Cultural, por la UCAM. Desde 1980 ejerce su actividad asistencial en diversos centros asistenciales de Asturias (Ambulatorio de Villaviciosa, Hospital Covadonga, Instituto Nacional de Silicosis de Oviedo, Cabueñes de Gijón, Centros de Salud Perchera de Gijón, el de Labradores y de Arnedo en La Rioja). Desde 1991 desarrolla su actividad docente en la Escuela Universitaria de Enfermería de La Rioja. Autor del libro de esta misma colección La Enfermera Comunitaria, Historia de la Reforma Sanitaria en La Rioja (1984-2006), así como de diversas publicaciones e investigaciones. Es miembro cofundador de la Asociación de Enfermería Comunitaria.

ANA COBOS RINCÓN (Arnedo- La Rioja 1989). Diplomada en Enfermería por la Universidad de La Rioja en 2010 y Máster en Ciencias de la Enfermería por la Universidad de Zaragoza. Es miembro del Seminario de Historia de la Enfermería de la Universidad de Zaragoza. Doctoranda por la Universidad de Zaragoza. Desarrolla su actividad profesional como Enfermera en el servicio de Diálisis de la Fundación Hospital de Calahorra desde 2011.

REGINA RUIZ DE VIÑASPRE HERNÁNDEZ Doctora por la Universidad de Zaragoza, Enfermera por la Universidad de Zaragoza en Escuela Universitaria adscrita de Logroño, Especialista en Asistencia Obstétrica (Matrona) por la Universidad de Navarra, Master Interuniversitario en Ciencias de la Enfermería en la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Zaragoza. Enfermera Matrona funcionaria APD desde 1992 hasta la actualidad. Actualmente ejerce en el centro de salud de Cascajos. Cuenta con diversas publicaciones de carácter nacional e internacional con temáticas de mujer y salud (el embarazo y la disfunción perineal). Desarrolla su actividad docente como profesora en la Escuela Universitaria de Enfermera de La Rioja desde 2014. Fue tutora y colabora en la puesta en marcha de la unidad de residentes de su especialidad en La Rioja.

FOTO 3 Portada del libro y los autores delante de la escultura “La Rotonda de las Enfermeras”. Regina Ruiz de Viñaspre Hernández, Ana Cobo Rincón y Jorge Mínguez Arias

¿Cómo surge la idea de escribir el libro?
La idea surge en una conversación entre Jorge y Ana en la que él le plantea la necesidad de investigar la formación de las enfermeras en La Rioja, así como su evolución. Aprovechando el inicio de su tesis, nos pusimos en contacto con el Seminario de Historia del grupo de investigación Aurora Más de Zaragoza del que también formaba parte Regina y le planteamos el proyecto, al que se unió encantada.

¿Qué aporta a la Enfermería?
Creemos que este libro ayuda a comprender cómo ha ido evolucionando la Enfermería en La Rioja y no solo mediante textos y actas escritas, sino también mediante entrevistas que enriquecen y cuentan sus vivencias de practicantes, matronas, ayudante técnico sanitario (ATS) y enfermeras y por supuesto, cómo ellos lo han vivido.

Hasta ahora apenas había nada escrito sobre este tema y creemos que hemos asentado la base para seguir investigando y desarrollando la profesión, que aún queda mucho por hacer pero que está en nosotros el poder hacerlo porque investigación que no se publica, no existe y la que no se cita, deja de existir (2).

Investigación
La investigación les ha llevado a ver con sus propios ojos que las labores de las matronas y los practicantes rurales, abarcaba mucho más de lo que estaba escrito en las leyes. Las primeras, asistían todo tipo de partos, fueran sencillos y cotidianos o patológicos, al igual que los practicantes tomaban el rol del “enfermero de familia”. Además, Mínguez hace hincapié en la situación de invisibilización vivida por las enfermeras, comparando dicho trato social y cultural, con la situación de la mujer en la historia. No es hasta la llegada de la enfermería al ámbito universitario (década de los 70 en España) cuando realmente se empieza a valorar la labor de estos profesionales (3).

Este libro ha sido editado por el Instituto de Estudios Riojanos, y su prólogo cuenta con la autoría de prólogo Pedro Vidal y Javier Soldevilla, presidente y vicepresidente del Colegio de Enfermería de La Rioja (3).

FOTO 4 Escultura de la Rotonda de las Enfermeras. Logroño 2016

EL LIBRO

El libro consta de 237 páginas, divididas en: prólogo.
1.- Cantar y contar para conocer y ser.

2.- La construcción de la cultura sanitaria y la enfermería del siglo XX: Contexto socio-político. El siglo XIX: los inicios de la sanidad pública española. El siglo XX: de la implantación del Seguro de Enfermedad al Sistema Nacional de Salud. Contexto sanitario local.

3.- El proceso de profesionalización del cuidado enfermero. La etapa pre-profesional. La etapa Profesional: El sustento teórico de la enfermería: el nuevo concepto de enfermera. La entrada de la disciplina enfermera en la Universidad. La regulación de la profesión: los colegios profesionales y el código deontológico. La autonomía en la práctica y en la gestión de la profesión.

4.- La nueva cultura profesional: la unificación de practicantes, matronas y enfermeras en la profesión de enfermería. El proceso de unificación colegial. La colegiación de los practicantes (1916 – 1954). El Colegio Oficial de Auxiliares Sanitarios y sus tres secciones: practicantes, matronas y enfermeras (1955 – 1977). El proceso de unificación. La colegiación de las matronas (1955 – 1977). La colegiación de las Enfermeras (1955 – 1977). El Colegio de Ayudantes Técnicos Sanitarios (A.T.S.). La unificación curricular de las titulaciones. De A.T.S. a la Diplomatura de la Enfermería. La culminación del proceso de unificación: Los Diplomados Universitarios de Enfermería (DUE) como antecesores al Grado de Enfermería.

5.- La práctica cotidiana del cuidado enfermero y las reformas sanitarias de las últimas décadas del siglo XX. La cultura laboral de los ambulatorios: De A.T.S./DUE EAP. La reforma sanitaria de Atención Primaria en La Rioja. El cambio de paradigma enfermero. Los cuidados y la implantación de la planificación familiar en La Rioja. El movimiento a favor de la planificación familiar. Situación de la Planificación familiar en España. Las asociaciones feministas en La Rioja. El centro de planificación familiar de Logroño (1979 1990). Grado de aceptación de la consulta de planificación familiar en la ciudad. Los años dorados del centro de planificación familiar (1982 – 1990). La dinámica del trabajo cotidiano. El declive del centro (1990 – 2015). Conclusiones sobre el centro de planificación familiar de La Rioja.

6.- Corolario. 7.- Fuentes y bibliografía. 8.- Abreviaturas y 9.- Agradecimientos.

Como nos cuentan Pedro J. Vidal y J. Javier Soldevilla en el prólogo, la historia de nuestros predecesores y de los centros donde laboraban, de la Casa de Expósitos a la Residencia Sanitaria, del Sanatorio antituberculoso al actual Hospital San Pedro. Es la ruta narrada del proceso de profesionalización del cuidado enfermero.

De doctrinas religiosas a higienistas. De la supeditación a la autoridad médica como antes lo fuera a cirujanos u odontólogos, a la situación autónoma de la profesión. Del rol de ayudante al papel realmente autónomo que vio la luz con las consultas de enfermería en el nuevo marco de la atención primaria o la creación en la gestión de direcciones de enfermería. De una heterogénea formación de sus distintos integrantes, al paso de todos ya fundidos en un solo cuerpo, a la Universidad. Del A.T.S. al Diplomado Universitario y de éste a Grado de Enfermería y Doctor. Como señalan los autores, del cometido supeditado de ayudante al paradigma enfermero.

Pormenorizado y guiado recorrido por las entrañas de una, hoy profesión, antes oficio. Precisa radiografía regional de las tres partes originales de nuestro ser enfermero que a todo lector mediante apuntes históricos y testimonios personales, entre los que hemos tenido oportunidad de participar, le acercarán a una profesión autónoma, moderna, científica, reflexiva, regulada, organizada, y claramente de servicio a la Sociedad de hoy y de siempre.

FOTO 5 Orla de los primeros practicantes colegiados en Logroño. Montaje realizado por Pedro J. Vidal Hernández

En su capítulo 2, la situación sanitaria de La Rioja no era muy diferente de la del resto de España. A mitad del siglo XIX contaba con diversas instituciones procedentes de la beneficencia particular que en su mayoría eran regidas por órdenes religiosas, en Logroño sobre todo de las Hijas de la Caridad, que trataban de remediar parte de las necesidades de la población.

Esta provincia contaba con la Casa de Expósitos, en Calahorra desde 1794. Casa de Misericordia fundada en 1818. La Cocina Económica inaugurada en 1894 por el maestrante sevillano Conde de Santa Bárbara, y contaba con la colaboración del alcalde Marqués de San Nicolás y las Hijas de la Caridad, quienes prestaron sus servicios desde el principio. Casa de Beneficencia desde 1823, el Asilo Provincial y el Manicomio.

El Hospital Provincial, nació a comienzos del siglo XVI. Posteriormente llamado Hospital de la Misericordia que fue inaugurado en 1871, contaba con varios médicos y cirujanos sangradores, que fueron los antecedentes de los practicantes, así como un farmacéutico. Poca gente pudiente acudía a este hospital ya que eran “hospitales de pobres”. Los cuidados eran prestados por las Hermanas de la Caridad, bajo la tutela y siguiendo las indicaciones previas de los médicos.

Los practicantes que eran unos cinco, al igual que los médicos, acudían solo algunas horas al día para realizar las técnicas vetadas a las enfermeras que eran mujeres con cierta distinción social, como ilustra nuestro informante:

Era un hospital de la diputación; en aquel entonces la diputación eran los políticos locales los que la conformaban y del cual dependía esa institución, luego ahora, se entiende un poquito más porqué era un sitio adecuado para trabajar chicas distinguidas, […] había médicos de plantilla que iban sólo a pasar visita, estaban y se marchaban, no hacían un horario completo; y lo mismo hacían los practicantes. Los practicantes estaban en su consulta, a partir de las nueve de la mañana aparecían y estaba ahí por si tenían que hacer alguna cura, otros estaban en rayos y otros en laboratorio. A eso de las doce ya se marchaban porque tenían otro trabajo, en el ambulatorio, en el consultorio del pueblo…”

FOTO 6 Matricula del primer curso de A.T.S. (1953 – 1954). Universidad de Madrid. Título de Practicante del año 1932. Título de Matrona del año 1923. Título de Enfermera de 1941

Los enfermos hospitalizados están separados por género, los hombres en una planta y las mujeres en otra. Fundamentalmente existían dos grandes apartados: los de medicina y los de cirugía. También había una separación de niños y adultos, o los que tenían enfermedades infectocontagiosas, fundamentalmente venéreas, tiñas, etc. Existían unas habitaciones especiales para mujeres con embarazos ilegales, donde a partir de determinadas semanas de embarazo pasaban a ser tuteladas por la Madre Superiora que podía tomar la decisión de enviar al niño a la Casa de Expósitos, si no se hacía la familia cargo del recién nacido.

Muchos de los cuidados de beneficencia eran proporcionados por personas sin cualificación, de ahí que las religiosas suplieran esta carencia, aunque se tiene constancia de que para el acceso de practicantes o comadronas tenían que superar una prueba de acceso, situación que constata la necesidad de ir paulatinamente profesionalizando la actividad cuidadora.

En el Hospital de La Rioja había una enfermera por turno en cada control, además de las monjas que estaban una por la mañana y otra por la tarde. En cualquier caso, no había enfermera supervisora. Como aquí se indica:

“[…] La jornada laboral normal pues era, llegaba, ponía la medicación, anotaba las temperaturas, las tensiones y luego siempre y cuando estuvieras viva, estaba pendiente pasar visita porque siempre iba la monja… ella no contaba cómo había ido la visita, así que si aparecía el médico a pasar visita y no estaba la monja, me preguntaba algo y yo… decía pues creo que sí, o creo que no…, y me decía el médico, como que crees. En fin, tampoco iba yo a destapar un tremendo choque con las monjas, porque se querían ganar el favor de los médicos, bueno, lo tenían ganado. Era tremendo, aquello fue una gran pelea, ganar terreno, tremendo […] luego seguía haciendo otras cosas: pedir la medicación a la farmacia, repartir las comidas con las auxiliares, ver los tratamientos que habían cambiado, hacer el parte para el turno siguiente… a veces nos encargábamos de la ropa también”.

Otros de los centros sanitarios fueron: el Hospital Militar que se proyectó en 1886. La Casa Cuna del Niño Jesús, creada como asociación en 1900 por un grupo de señoras. La Gota de Leche creada en 1904. Asilo de Santa Justa fundado en 1913. Casa de Socorro de Logroño fundada en 1923. Residencia Sanitaria “Antonio Coello Cuadrado”, comenzando su andadura en 1952. Hospital San Pedro.

El Sanatorio Antituberculoso San Pedro, cuyo antecedente asistencial es la residencia de ancianos Santa Justa que es destinada en 1938 a sanatorio antituberculoso hasta 1957, y que posteriormente regresa al cuidado de los ancianos. Esto es una de las consecuencias tras la guerra civil que, dada la precariedad social, la tuberculosis y las enfermedades pulmonares infecciosas encontraron un caldo de cultivo apropiado en una sociedad empobrecida, mal nutrida y hambrienta. Esta situación obliga a las autoridades a reforzar la asistencia sanitaria, lo que se plasmó en la edificación en cada provincia de un sanatorio antituberculoso.

Nos cuentan:
El Sanatorio Antituberculoso Santa Justa había sido asilo, pero al haber la guerra y tanto tuberculoso, se habilitó para la tuberculosis. Éramos 4 enfermeras, y unos 100 enfermos. Había monjas que nos hacían como de auxiliares y había una celadora que nos acompañaba por la noche cuando llamaban para ir encendiendo las luces, […] trabajábamos y vivíamos allá, y ganábamos una porquería… para tener una idea, me acuerdo que no tenía reloj y no me lo podía comprar… A nosotras nos pagaban las familias, nos daban el dinero en un sobre. Y si no recuerdo mal, no nos pagaban las guardias, hacíamos cada 15 días una guardia, y cada veinte una “vela”. La vela era de diez de la noche a ocho de la mañana, pero luego ese día descansabas… llegabas a casa agotada”.

“[…] Total que allá, estábamos como en familia. Las cuatro enfermeras en una habitación dormíamos, y al mes venía un cirujano de Madrid y operaba en una semana a los que habíamos preparado la toracoplastia. En ocasiones no dábamos abasto, y mandábamos algunos tuberculosos a San Sebastián y a Leza. […] Los pacientes estaban separados entre hombres y mujeres, y había alguna habitación individual independiente que la reservábamos a los que operábamos, pero allá no se podía quedar la familia”.

FOTO 7 Asilo Santa Justa, etapa de Sanatorio Antituberculoso. Edificio de la Gota de Leche de Logroño. Primera promoción de Enfermeras. Hospital Provincial de La Rioja

Cómo Conclusión
La profesión enfermera es la conclusión de tres ocupaciones sanadoras: Practicantes, Matronas y Enfermeras que concluyen en una sola, la de Ayudante Técnico Sanitario (A.T.S.), transformada en Diplomado Universitario de Enfermería y en la actualidad Grado de Enfermería. El origen de cada una de ellas, como se ha podido comprobar es diferente aunque paralelo, influenciadas además de por cuestiones políticas y administrativas, por un importante condicionante como es el género y el estatus social, consecuencia de la cultura y el papel de la mujer en la sociedad.

De ahí que en esta obra se haga un repaso del proceso de unificación de Colegios Profesionales en el siglo XX, amén de revisar el currículo formativo de las tres carreras primero y a partir de la unificación, la de A.T.S., luego DUE, y finalmente Grado, de acuerdo a las transformaciones que sufren a lo largo de los años hasta la actualidad. Igualmente se incluye el proceso de creación de las diversas especialidades enfermeras y su proceso evolutivo que son claves en la firmeza de la profesión.

FOTO 8 Certificado de Colegiación del Colegio de A.T.S. de Logroño, sección Enfermeras. Portada de la revista profesional “El Practicante Riojano”, 1928

Entrar a leer esta interesante obra realizada por nuestros compañeros riojanos, nos devuelve una parte importante de la Historia de nuestra Profesión, que nos ayudará a encontrar los errores cometidos para restaurarlos y mejorarlos, y crear una cultura investigadora que en los últimos tiempos está creciendo a pasos agigantados, y este libro contribuye a ello y nos demuestra la importancia de investigar y rescatar nuestra historia perdida, encontrar compañeros ya jubilados de nuestra profesión que nos cuentan sus experiencias y sus sufrimientos, sus largas horas de trabajo y sus alegrías, en el trabajo que realizaron a diario en los diferentes centros sanitarios de esta provincia, que hoy como lo demuestra este libro, quedan escritos para su lectura por parte de todas las personas que estén interesadas en la Historia en general y en la Historia de Enfermería en particular y que a nosotros los profesionales de la enfermería estamos tan orgullosos de mostrársela al mundo.

Gracias compañeros por esta joya, para nuestra profesión enfermera.

Bibliografía
1.- La cultura enfermera del siglo XX en La Rioja. De Enfermera, Practicante, Matrona, A.T.S. y DUE al Grado de Enfermería. Autores: Jorge Mínguez Arias, Ana Cobos Rincón y Regina Ruiz de Viñaspre. Colaboradores: Pablo Alberto Sainz Ruíz y Pablo del Pozo Herce. Año publicación: 2017. Colección: Ciencias Sociales, nº 27. ISBN 978-84-9960-106-9

2.- Noticias de Arnedo

3.- Diario Dicen

Bibliografía Enfermería Avanza
Un Siglo de la Gota de Leche de Logroño. Publicado el lunes día 31 de mayo de 2010

Ayer y Hoy de la Enfermería en La Rioja. Publicado el martes día 24 de abril de 2012

Centenario del Colegio de Enfermería de La Rioja. LA ROTONDA DE LAS ENFERMERAS. Publicado el lunes día 21 de marzo de 2016

Manuel Solórzano Sánchez
Graduado en Enfermería. Servicio de Traumatología. Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. OSI- Donostialdea. Osakidetza- Servicio Vasco de Salud
Insignia de Oro de la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica 2010. SEEOF
Miembro de Enfermería Avanza
Miembro de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos
Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería
Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.
Miembro no numerario de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País. (RSBAP)

jueves, 13 de julio de 2017

CUIDADOS TRADICIONALES Y ENFERMERÍA MODERNA EN LA HISTORIA DE MÉXICO EN TORNO A PROCESOS MORTUORIOS





FOTO 1 Miryam Jauregi Cousillas. Trabajo Fin de Carrera

AUTORA:
Miryam Jauregi Cousillas. Graduada en Enfermería (2012 - 2016) en UPV. Grado Superior en Higiene Bucodental, en CESA (2010-2012). Está trabajando en la actualidad en el Ambulatorio de Nuestra Señora del Koro, en Gros. Y en la D.Y.A. Ha trabajado en la OSI Donostialdea en la U.C.I., radiología, en el Paciente Crónico del Hospital de Amara y cómo voluntaria con las Hermanas de la Caridad de la Cruz Roja, centro de la 3ª edad en México, de mayo a julio de 2016. Es Buceador 1 Estrella FEDAS-CMAS (B-1E). Actualmente preparándome para el B-2E.
Directora del trabajo de Fin de Grado: Mª Isabel Elorza Puyadena

TRABAJO FIN DE CARRERA

Resumen
Este trabajo describe el papel de diferentes personajes que han participado en el cuidado de sus congéneres a lo largo de la historia mexicana, desde la época prehispánica hasta la actualidad en zonas rurales rodeada de una cultura aun hoy indígena, en el que se reflejan diferentes funciones en torno a rituales mortuorios de los mismos. Para comprender este pensamiento tan diferente al europeo, se retrocederá hasta finales del imperio azteca donde se registran varios de los mayores sacrificios humanos, fruto del pensamiento tan integrado que tienen acerca de la dualidad vida-muerte, creencias y tradiciones sobre el Inframundo, la Santa Muerte, el Día de Muertos… y así entender la influencia que tuvo la conquista española en estos aspectos y más aún el efecto de la colonización dando lugar a un mestizaje en un amplio sentido, pero sobre todo en relación a la muerte y los cuidadores partícipes de estos acontecimientos. Se concluirá con una visión en el presente de la participación de la enfermería comunitaria en áreas rurales donde aún la cultura conserva su carácter más genuino, sin apenas influencias modernas.


FOTO 2 La Santa Muerte

Introducción
Los Estados Unidos Mexicanos o cómo la mayoría lo conoce, México, es un país situado en Norteamérica (1, 2).

Geográficamente se encuentra haciendo frontera al norte con Estados Unidos de América, al sur con Guatemala y Belize, al este con el Golfo de México y el Caribe y al oeste con el Océano Pacífico (3).

La esperanza de vida según las últimas estadísticas del 2014, se aproxima a los 75 años.

Actualmente es uno de los países latinoamericanos con una alta población indígena, que mantienen aún los usos y costumbres propias, y como no, la manera de comunicarse. En México hay 6.695.228 personas que hablan alguna de las 89 lenguas indígenas que existen (4). Este aspecto es de suma importancia, pues, a la hora de prestar unos cuidados asistenciales, muchos de los indígenas se niegan a recibir dichos cuidados en caso de que el profesional no comprenda la lengua nativa.

Cuando fui aceptada para el programa de intercambio UPV-AL a México, concretamente a Heroica Puebla de Zaragoza (Estado situado próximo a la capital) para una estancia de seis meses, nada me hacía pensar en el gran cambio de vida que me esperaba. Mi experiencia comenzaría desde Agosto del 2014 hasta Enero del 2015.

La llegada al país me supuso un conglomerado de contrastes… clima, comida, olores, vestimenta, ritmos, mercados callejeros… para eso iba preparada y cualquiera de ellos merecería dedicarles un apartado pero me centraré en el que más poderosamente llamó mi atención: La Muerte.

Comprobé que la gente mexicana es muy abierta y aceptan de buen grado al extranjero. Aceptaron sin ningún tipo de reparo mi participación en costumbres y celebraciones propias. Participé de forma activa en la fiesta de los quince años (momento en el que las niñas toman oficialmente el papel de mujer y por ello, se organiza una fiesta para presentarlas en sociedad), en el alumbrado del árbol de Navidad (momento más esperado en los pueblos porque dan inicio a las fiestas navideñas), en los espectáculos realizados por los voladores (bailes que ofrecen al Dios Tláloc, para atraer a la lluvia y que las cosechas sean fructíferas), el Día de los Muertos (lo que en nuestra cultura entendemos como Día de los Difuntos), y un sinfín de acontecimientos.

Es a éste último suceso al que le voy a dedicar este trabajo de fin de carrera.

Durante mi estancia cómo alumna de intercambio de enfermería UPV-AL viví éste evento de una manera superficial, me faltó tiempo para profundizar en este tema que me generaba gran curiosidad e inquietud. Fue entonces cuando vi en éste trabajo la oportunidad de indagar con juicio crítico en todo ello.

Debido a las muchas muertes prematuras que ha habido en mi familia, el tema de la muerte aun no siendo tabú, si está lleno de una gran carga de dolor y tristeza, irremediablemente lo vas respirando y desde que tengo uso de razón, es lo que recuerdo en mi entorno más cercano.

Es posiblemente la manera colorista, lúdica y de aceptación con la que envuelven los mexicanos el ritual de la muerte, lo que me resultó tan chocante cómo atractiva.

Para entender la filosofía de vida y muerte que tienen los mexicanos, he necesitado remontarme hasta la época prehispánica para conocer el origen de la mayoría de las creencias y rituales, que han llegado a nuestros días. Es por ello, que comenzaré por el significado de la muerte en el mundo maya pues fue una de las culturas más poderosas en la zona de Yucatán y que más avivó los rituales entorno a la muerte.

Hasta el siglo XV, América era desconocida en el Viejo Mundo. Fue Cristóbal Colón quien financiado por la Corona Castellana se topó por equivocación con un nuevo continente: América (5).

A la llegada de los españoles al Nuevo Mundo, el territorio que hoy comprende México, estaba poblado por un conglomerado de culturas que a modo de un gran puzle componía su región: Mexicas o Aztecas, Mayas, Tlaxcaltecas…


FOTO 3 Dioses aztecas

Los relatos de las costumbres ancestrales de estos pueblos han llegado a nosotros a través de dos vías: la más pequeña e inacabada es la arqueológica que sigue a día de hoy ofreciéndonos nuevos descubrimientos, y la más extensa a través de escritos de sacerdotes y religiosos que llegaron a América con la misión de evangelizar. A modo de los modernos periodistas o cronistas recopilaron todo cuanto a su paso observaban o les contaban. Hay que tener en cuenta que a diferencia de la tropa de mayoría analfabeta eran los misioneros los únicos poseedores de la suficiente preparación con conocimientos de lectura y escritura. No sin olvidar que en dichas crónicas no sería todo real, pues existía una dificultad lingüística que pudo hacer que la traducción literal no fuese del todo exacta, por no citar la mentalidad del hombre europeo del siglo XVI, estos entendían como religión demoniaca y salvaje la practicada por los indígenas en la que encaminada por chamanes (curandero - sacerdote) se realizaban sacrificios humanos y rendían culto a fuerzas malignas y demonios. La imparcialidad de los cronistas es dudosa desde todo punto de vista pero de gran importancia para poder hacer una valoración lo más justa posible (6).

De lo que no cabe duda es de la forma en que se vive y festeja el Día de Muertos en la actualidad, una forma de afrontar y superar el duelo de una pérdida única y peculiar. Trataré de explicar las consecuencias del mestizaje que a través de medio siglo han ido evolucionando entorno a los rituales mortuorios en los que participan una serie de cuidadores tradicionales (herbolarias, chamanes, Ticitls…) y modernos (enfermeras), siempre guardando su esencia, la forma en como todos los estratos sociales en mayor o menor medida viven, respetan y perpetúan estos rituales.

Durante todo éste trayecto, haré un compendio de ideas entrelazando el tema que nos ocupa, es decir, “la muerte y el papel de enfermería” en el México actual.

Dado que el concepto actual de enfermería en la época prehispánica era inexistente, me decido por orientar la búsqueda de información hacia los diferentes personajes tanto hombres como mujeres, curanderas/os, chamanes, herbolarias, parteras etc., que cumplían la función del cuidado de la salud de su comunidad y el papel en el cumplimiento de los rituales entorno a la muerte y como han ido evolucionando hasta nuestros días, en los que todavía algunos de ellos tienen un lugar y una función que desempeñar, y de qué manera las enfermeras son partícipes en rituales mortuorios sobre todo en el área comunitaria, donde en la mayoría de los casos, tienen que amoldarse a las exigencias nativas.

Objetivos
Describir los rituales mortuorios en México.
Investigar el origen prehispánico de estas formas de expresión.
Indagar acerca de la influencia hispánica en dichas culturas y desarrollo posterior.
Plantear costumbres y ritos ancestrales en los que participa la enfermera en contacto con la población indígena actual.
Enunciar la clasificación de cuidadores más representativos y las funciones de los mismos en ritos mortuorios en la actualidad.
Exponer la importancia de la transculturalidad en la cultura mexicana.

Metodología
Este trabajo de fin de carrera de Enfermería trata sobre una revisión bibliográfica. Para ello, he recogido una serie de datos, para lo que he hecho uso de diferentes fuentes que han sido las siguientes: por un lado, bases de datos como Dialnet, Scielo, PubMed…por tener una estrecha relación con las ciencias de la salud y un amplio abanico de artículos sobre la enfermería ya sean en castellano (las más frecuentes) o en inglés. Por otro lado libros, revistas electrónicas y documentos en PDF publicados hasta hoy en día, con el fin de revisar la información encontrada.

Finalmente la inestimable participación de dos profesoras de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla de la Facultad de Enfermería, la Maestra Lilia Arvea Jefa de Departamento de la BUAP y Odilia Bustos Jefa Estatal de Enfermería de los Servicios de Salud del Estado de Puebla, con las que me puse en contacto pues fueron parte de mi profesorado durante mi formación en México facilitándome documentos y aportándome sus experiencias personales acerca del papel de la enfermera en cuidados postmortem, valiéndonos para ello del correo electrónico.


FOTO 4 Escudo de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Facultad de Enfermería. México

Para cumplimentar los objetivos planteados, he necesitado buscar bibliografías de varias fuentes con diferentes puntos de vista, para poder así enriquecer y contrastar la información y mostrar de este modo un carácter de imparcialidad a pesar de todas las controversias con las que me he encontrado a lo largo de todo el proceso.

Además, para tratar de acotar la búsqueda y ser lo más actual posible, fijé artículos publicados en los últimos diez años, sin embargo, tras la escasa información, me vi obligada a eliminar este parámetro dejando de establecer fechas determinadas.

Si bien es cierto que los relatos escuchados durante mi estancia en México, me resultaban peculiares y captaban mi atención con gran facilidad, a la hora de exponerlos en este trabajo he comprobado la diferencia narrativa existente entre las fuentes arqueológicas, que las he considerado más objetivas, y las escrituras de sacerdotes y religiosos, la mayoría españoles y victoriosos que marcan una forma carente de rigor científico.

Para la realización de la búsqueda de información, he utilizado ciertas palabras clave con las que he ido avanzando en la realización del trabajo, tales como: rituales mortuorios mexicanos, día de muertos, cuidadores prehispánico, enfermería zona rural México, conquista españoles.

La muerte en el antiguo México
Para entender éste tema tan complejo cómo la muerte, es importante situarse en el contexto histórico. Para ello, deberá hacerse notar el punto de ruptura que supuso la conquista española. Se diferenciará la cultura anterior a la llegada de los españoles, sin ningún tipo de influencia occidental y la posterior, donde en sucesivas etapas fueron perdiendo pureza y adquiriendo el mestizaje característico.

Se iniciará éste recorrido por el México prehispánico recordando el conglomerado de las diferentes culturas que habitaban en sus territorios y la zona de influencia: Olmeca, Maya, Teotihuacana, Zapoteca, Tolteca, Mixteca, Tarasca y Mexica.

De todas ellas, la cultura mexica fue el grupo dominante y es el más documentado, hay referencias tanto en sus creencias y costumbres frente a la muerte como con respecto a la vida, ya que para el indígena prehispánico esta idea era dual, única e indivisible.

Es en este punto donde la sociedad mexica integró la muerte en su ciclo cósmico como una circunstancia más del devenir: al morir se renace; esta es la idea básica y de ella se desprende la concepción de permanencia, de existencia, porque la muerte no marca un fin, al contrario, es fuente de eternidad. Esta idea abre paso a la inmortalidad.

Los antiguos mexicanos eran grandes observadores del cielo y de la tierra. Poseían conocimientos astrológicos muy adelantados a los europeos y gestionaban las cosechas y los ciclos de la naturaleza con gran precisión y respeto, y de esta observancia hicieron culto y religión; y si la naturaleza no tiene ni principio ni fin, sino que es cíclica y el día es consecuencia de la noche y viceversa, no se entiende la muerte sino como parte de la vida.

Esto no es nada nuevo para los cristianos, pero existe una gran diferencia, mientras que en el concepto de vida después de la muerte según el cristianismo, existe un cielo como recompensa al que acceden solo los buenos y un infierno como castigo eterno para los malos, esto genera sin duda un miedo atroz a la muerte (7).

Los pueblos indígenas, no contemplaban este concepto liberándoles de este miedo. Pero también creían en la inmortalidad y por ello practicaban ritos y adoraban a deidades que representaban la vida y la muerte para tener una mejor vida en el más allá o simplemente para venerar a los dioses y así agradecerles el tiempo vivido en esta tierra (8).


FOTO 5 Xochipilli

En la época prehispánica, el hecho de morir, era el paso final para llegar al Mictlán, un término que los españoles lo tradujeron como el infierno, sin embargo, teniendo en cuenta la gran diferencia que existían entre el concepto de infierno para los españoles y los mexicanos, se entiende mejor si lo traducimos como Inframundo, ya que para los mexicanos terminar en este lugar no era el mismo lugar terrorífico que describían los cristianos europeos (8).

Según los aztecas, una vez que el individuo moría, tardaba cuatro días en que su alma llegase al Mictlán, donde allí se presentaría a los dioses cuidadores del inframundo y lo mandasen a recorrer un camino de duras pruebas a lo largo de cuatro años. El motivo por el cual es necesario pasar estas pruebas, era que finalizadas éstas, los dioses Mictecacíhuatl (en la actualidad conocida cómo Santa Muerte o Catrina) y Mictlantecuhtli supiesen en qué nivel de los nueve del inframundo iban a ser llevados. Aunque siempre cabía la posibilidad de que el lugar del difunto no fuese el Mictlán.

Dependiendo de qué tipo de muerte hubiera tenido, éste podía ser destinado al mundo del dios con el que más estaba relacionado. Por ejemplo, si esa persona moría debido al agua, éste iba al paraíso de Tláloc, Dios de las lluvias; si eran muertos en guerras, en sacrificios humanos o en partos, llegaban al paraíso del Sol donde se encontrarían con Huitzilopochtli, Dios de la guerra (9).

Por lo tanto, aunque después de la vida venía la muerte y con ello un nuevo ciclo de vida, el objetivo era llegar a algún paraíso, el Mictlán se veía como segunda opción, por eso el modo en el que uno moría era muy importante para ellos.

Se han hallado numerosos documentos hoy recogidos en el Museo Nacional de Arqueología de la Ciudad de México, que demuestran que en el Templo Mayor, situado en el centro del D.F. de México, hubo numerosas muertes bien sea por sacrificios humanos o por el juego de la pelota, el cual también finalizaba con el mismo ritual. El hallazgo de tantos restos humanos se cree que responde a la creencia de que este templo era el punto central donde unía sus dos mundos, el Mictlán o Inframundo con sus nueve niveles y el mundo celeste con trece niveles (10).

Estudios forenses de alto rigor científico demuestran que los sacrificios humanos eran muy habituales en la tradición ritual de las culturas mesoamericanas. En éste contexto, haremos destacar la importancia de los chamanes en la ejecución de dichos rituales. Los chamanes eran personajes de alto rango dentro de la cultura mexica, estaban considerados cómo vínculo entre dioses y humanos. Eran la mano ejecutora de los sacrificios humanos con el fin de satisfacer las necesidades de los dioses, de esta forma, aplacaban su ira obteniendo bienestar, salud, buenas cosechas. Era así cómo entendían que para obtener estos beneficios era preciso apaciguar la insaciable sed de sangre de las deidades, de ahí la necesidad de los ingentes sacrificios humanos realizados a lo largo de la época prehispánica (11).

Una de las múltiples formas de satisfacer a los dioses se realizaba a través del Juego de la Pelota. Éste, era el modo más común de recrearse y esperado por la sociedad mexica. Mediante éste deporte ritual, se aseguraba un equilibrio en la naturaleza. Se trataba de pasar una pelota de hule o caucho del tamaño de una cabeza con un peso de tres kilos y medio aproximadamente por unos aros de piedra situados a gran altura, únicamente a base de golpes realizados con todo el cuerpo excepto con las manos. Para éste acontecimiento, se solían utilizar prisioneros de guerra. Se dividían en dos grupos y luchaban como rivales. A pesar de toda la recopilación de información en base a este juego, aun no hay una teoría clara pero todo indica que eran los ganadores los que se sacrificaban para adorar a los dioses y como ofrenda se les ofrecía la cabeza y el corazón de dichos participantes victoriosos (12).

Como se ha mencionado anteriormente, la forma en que uno muriese, para la cultura azteca, era de gran importancia y que un prisionero de guerra moría en un acto ofrecido para deleitar a los dioses, era un modo de aumentar su prestigio y ganar un mejor puesto en el más allá. En la mayoría de los casos, los cuidados rituales ante la muerte eran evidentes, por ejemplo los realizados por los aztecas en enterramientos para sus difuntos.


FOTO 6 El día de los muertos y la mitología azteca

Era costumbre amortajarlos de manera especial en función de la jerarquía y de la muerte que habían tenido. Además, se les ponía una piedra preciosa (jade u obsidiana) en la boca representando al corazón, los colocaban en posición fetal, con las piernas recogidas. Era una representación del inicio a una nueva forma de vida, ya que tenían conocimientos de anatomía y sabían que ésta era la postura que adoptaba el feto en el vientre materno. Además, para simbolizar la placenta colocaban los cadáveres en bolsas de cuero (13).

El curandero era el personaje principal para llevar a cabo estos rituales. A la hora de enterrar a alguien se realizaban cánticos y rezos, durante los cuatro primeros días. Para el desarrollo de los ritos, se situaban junto al chamán por orden jerárquico el hombre más anciano de la familia, seguido por el resto de los hombres y a continuación la esposa (si precedía) y el resto de las mujeres. Todos ellos, colaboraban en cierta medida en el enterramiento del difunto.

Se le concedía gran importante al ajuar funerario que consistía en objetos con dos características principales: por un lado útiles personales del difunto, y por otro, objetos que le sirviesen para poder pasar las duras pruebas de cuatro años sin dificultad, como ropa para evitar el cortante viento de las montañas, un palo para defenderse de los peligrosos animales que pudieran atacarle, etc. (14).

Una vez finalizado el enterramiento sembraban nopales o arbustos espinosos sobre las tumbas o hacían un cercadillo con ramas gruesas para protegerlos de las fieras y de las aves de rapiña.

No es fácil determinar una fecha exacta de cuando se originó la enfermería como tal en México, sin embargo, gracias a los numerosos estudios e investigaciones realizadas por parte de arqueólogos y antropólogos especializados en la época prehispánica, se sabe que existieron unos códices donde se especificaba las tareas de cada persona relacionada con la sanidad de la época. El códice Bediano del año 1552 escrito por Martin de la Cruz, nativo de los nauthtl, es el que mejor se conserva pues desgraciadamente con la conquista, hubo importantes pérdidas de documentos. En él se narra cómo fue el cuidado de la salud y enfermedad de la población indígena prehispánica, el papel fundamental de cada persona especializada en el cuidado de la población. (15).

Existían numerosas especialidades, entre ellas, las Tlamatqui-ticitl, que se encargaban del cuidado de las embarazadas, en el puerperio y también de los recién nacidos (16). Las funciones de estas mujeres, además del cuidado de la madre como de su hijo para garantizar la salud de ambos, era también la de prestar sus cuidados ante la muerte de cualquiera de ellos. Si la madre moría al dar a luz, la partera reunía a los allegados de la fallecida y todos comenzaban con gritos y lamentos para que el resto de los integrantes de la comunidad tuvieran conocimiento del suceso. Además tenían la creencia que si nacían gemelos, era función de la Tlamatqui-ticitl elegir al más fuerte de los dos y sacrificar al otro. O bien, cuando presentaba “taras” físicas o problemas de nacimiento, también se sacrificaba al recién nacido (9).

Uno de los múltiples cometidos que caracteriza a estas parteras consistía en enterrar el cordón umbilical después de incinerarlo cómo ofrenda a la tierra y así proporcionarle buena salud al recién nacido. Si era niña, el cordón umbilical era enterrado en el hogar y si era niño, en el campo de batalla (17).

Otro personaje sanitario con el que nos encontramos en esta época es la Ticitl. Esta sería la equivalente en España a la enfermera. Sin embargo, es de destacar, que ya en la civilización azteca, eran tanto hombres como mujeres las que tenían conocimientos de la herbolaria o las consideradas brujas o curanderas en la Edad Media en el Mundo Occidental. Conocían los efectos de las plantas, la dosificación, las funciones, y tenían el poder de administrar a quienes lo requiriesen. Además, las Ticitl, realizaban lavados intestinales, curas mediante fricciones, colocaban férulas e incluso ponían en práctica las técnicas con sanguijuelas para limpiar la sangre de ciertas enfermedades, práctica que mantiene gran importancia en zonas rurales. A diferencia del Viejo Mundo, que contaba con siglos de evolución, en el que eran escasas las mujeres las encargadas para estos menesteres y eran únicamente los hombres los que contaban con el poder de llevar a cabo estas funciones y además, sus nociones acerca de la herbolaria eran notoriamente inferiores en comparación a la sociedad mexicana antigua (18).

Como ejemplo del adelanto sanitario social que poseían, se destaca que ya en la época de los aztecas, en el reinado de Moctezuma (1398 - 1469), se contaba con un hospital, el Tuihuacan para veteranos de guerra inválidos o los heridos en combate, donde se practicaba la enfermería militar. Es de reseñar el sistema de saneamiento e higiene que poseían cómo método preventivo hacia la aparición de enfermedades, creando puntos de recogida de basuras a las afueras de las mismas donde diariamente se incineraban. También desarrollaron sistemas de clasificación de los residuos humanos que se recolectaban y se utilizaban cómo abono. (19).


FOTO 7 Tlaxcaltecas

Estas prácticas fueron de gran asombro para los conquistadores a su llegada al Nuevo Mundo pues a pesar de considerarlos culturas primitivas, estaban más avanzados en estas cuestiones.

Poder de los españoles en el territorio mesoamericano

La conquista
En febrero de 1519, Hernán Cortés motivado por la búsqueda de oro y gloria, desembarca con once barcos con aproximadamente 100 marineros, 530 soldados, un médico, algunos carpinteros y algunos cientos de nativos cubanos y africanos en las costas mexicanas en la península de Yucatán. Allí, los españoles se encuentran con el “pueblo maya”, a quien Cortés los derrota sin dificultad alguna y donde estos mismos les hacen numerosos regalos, entre ellos 20 mujeres y grandes cantidades de oro (20).

Los españoles continúan explorando el norte del territorio y llegan a lo que hoy es la ciudad de Veracruz, en junio de 1519. Aquí Cortes funda la ciudad de Villa Rica de la Vera Cruz. Siguiendo la exploración del territorio mexicano, los españoles llegan a Cempoal, donde habita el “pueblo de los totonacos”, quienes informan a Cortes de la existencia de una gran ciudad con riquezas inimaginables llamada Tenochtitlán. Éste, inmediatamente pone rumbo a la capital azteca.

Durante el recorrido los españoles se topan con tlaxcaltecas, un pueblo vasallo de los aztecas con quienes no tienen buena relación. El español, sabe aprovechar esta situación y convencer a los tlaxcaltecas para unirse a él y atacar a los aztecas, así pues, el Conquistador consigue disponer de 3.000 guerreros tlaxcaltecas en sus filas (21).

El 12 de Octubre de 1519 los españoles y aliados tlaxcaltecas entran en Cholula y masacran a sus habitantes por ser aliados de los aztecas, dicha acción causa terror entre los habitantes de Mesoamérica, el emperador azteca Moctezuma decide acatar las demandas de Cortes (21).

El líder azteca recibe a los españoles y a sus aliados en su palacio real, les obsequia con oro y regalos. Sin embargo, esto no es suficiente y posteriormente hace prisionero al emperador azteca. Moctezuma muere. Le sucede su hijo Cuauhtémoc. Son tres largos años los que los conquistadores españoles junto con los aliados tlaxcaltecas necesitan para tomar la ciudad de Tenochtitlán, hoy conocido cómo Distrito Federal de México. A partir de este logro, los españoles tienen la libertad de seguir adentrándose en territorio mexicano sin ninguna resistencia (22, 23).

Colonización
Consolidada la conquista mexicana y asegurar la futura exploración del territorio mexicano, el siguiente paso es la “colonización cristiana o evangelización” del territorio conquistado, antes de ser una gobernación colonial.

Cuando los españoles observan lo que consideran “atrocidades religiosas” de la cultura azteca, (sacrificios humanos, inmolaciones en masa), se ven en la necesidad de evangelizar al pueblo conquistado, ya que a pesar de todas las masacres realizadas por los españoles, quedan atemorizados por los espectáculos de muerte de carácter ritual que se realizan por todo el territorio.

Prácticamente todas las muertes entre la sociedad azteca, son motivo de festejo con un carácter culto-religioso. Dependiendo de quién sea el fallecido, el enterramiento es más sencillo o más lujoso (13).

Ya este hecho, no es bien visto entre los españoles pues no comprenden el motivo de festejo ante una muerte, el sacrificar a inocentes ante el fallecimiento de un personaje de alta cuna, el “supuesto” contacto que tienen con los innumerables dioses aztecas, etc.


FOTO 8 Este panel de piedra caliza conmemora las batallas y la vida de Bird Jaguar IV. Fue el rey de Yaxchilán, uno de los muchos reinos mayas que se extiende a lo largo de lo que ahora es México, Guatemala, Belice y partes de Honduras y el Salvador. En este panel, Bird Jaguar es representado preparándose para la batalla, con una de sus esposas. La inscripción nos dice que este evento tuvo lugar en el año 755. Museo Británico

El choque cultural es inmenso pues el modo de entender, de festejar, eran completamente diferentes a los comprendidos por los españoles. Por ello, son ciertos rituales los que impactan a la sociedad occidental, no se recordaba en Europa sacrificios humanos y mucho menos de la manera en que los mexicas lo hacían. Numerosos estudios demuestran que durante el año, son varias veces las que llevaban a cabo este tipo de rituales. Sin embargo, no es hasta 1486 que sacrificaron la vida de 20.000 personas a lo largo de cuatro días de festejo por la consagración del Templo Mayor situado en Teotihuacán, actual D.F. de México (24).

Relatos recogidos por hombres de Cortés relatan “Y estaban todas las paredes de aquel adoratorio tan bañado y negro de costras de sangre, y el suelo, que todo hedía muy malamente. (...). Y allí tenían un tambor muy grande en demasía, que cuando le tañían el sonido dél era tan triste y de tal manera como dicen instrumento de los infiernos, (...). En aquella placeta tenían tantas cosas muy diabólicas de ver, muchos corazones de indios que habían quemado, y todo cuajado de sangre”. En otra de las citaciones por estos hombres, se contabilizan más de 130.000 cráneos a modo de decoración del templo de Tenochtitlán (23).

Los dioses aztecas, con formas de bestias y enormes dragones, impactan y asustan a los españoles, que les recuerdan a figuras malignas y malvadas del cristianismo como demonios y al mismo Satanás. Una vez conquistado el territorio, eliminan el culto azteca, derribando sus templos y haciéndole creer que esas figuras a quienes ellos veneran, son las personificaciones del mal.

Los españoles, deciden suprimir ritos y sacrificios humanos propios de la cultura azteca, puesto que el valor más inestimable para la religión cristiana, es la vida y no pueden permitir que se lleven a cabo estas atrocidades en unas tierras ya entonces en proceso de evangelización. Cabe destacar una de las supresiones que ordenó la iglesia católica: dejarán de realizar ofrendas a los dioses en memoria del fallecido y de los antepasados que yacen muertos, ritual que comenzaba en abril según el historiador Fray Bernardino de Sahagún (13).

La aceptación de Cristo, es bien recibida por la población mexica, el Dios padre no exige la vida de los seres humanos, un único dios en quien creer, un dios que no hace distinción de rico, pobre o esclavo, en contraparte de los numerosos y temerosos dioses aztecas. Pocos años después arriban numerosas órdenes de misioneros llegados de España, religiosos y aventureros, éstos son la clave de la colonización de México. Los primeros en llegar son los Franciscanos en 1523, después los Dominicos en 1526 y los Agustinos en 1527. Posteriormente en 1572 llegarían los Jesuitas (23, 25).

Los misioneros por su parte, son muy bien vistos y recibidos por la población indígena de todo el territorio de Mesoamérica, pues los nativos, sienten simpatía por estos hombres descalzos, solitarios y humildes, que comparten la misma pobreza, la coherencia y la entrega desinteresada de sus vidas. Junto con los misioneros en aldeas perdidas en zonas abruptas, llegan las primeras construcciones de los españoles, las iglesias. Cada aldea contaría con una iglesia con la llegada de los misioneros (23, 25).

A su vez, comienzan a crear hospitales para el cuidado de los españoles. Pero no fue hasta 1531 cuando deciden fundar el Hospital Real de los Naturales. Éste sería el primero dirigido al cuidado de los nativos, hecho que favorece mucho pues desde la conquista hasta 1545 los nativos indígenas sufren tres epidemias diferentes (viruela, sarampión y la peste), que dejan la población mermada, pues aproximadamente solo sobrevive un tercio de los indígenas (26).

Es de destacar, que puesto que sus funciones principales están enfocadas a los mexicas, también se les permite la práctica de cuidados a aquellos que ya habían adquirido conocimientos médicos y costumbres del viejo mundo. Es de esta manera cómo a pesar de encontrarse en un entorno cristiano los cuidados resultan un compendio de saberes indígenas y colonos (27).

Por los registros encontrados, se sabe que este hospital disponía de ocho salas de enfermería y ya contaban con triajes para pasar a los enfermos a salas diferentes en función de la enfermedad y gravedad (28, 29).

Celebración y Muerte
Como se ha mencionado anteriormente, las creencias y tradiciones han ido variando a consecuencia de la unión de lazos entre los españoles y los mexicanos, lo que ha dado a un mestizaje en muchos sentidos.

En México tienen un dicho “hay que vivir de muerte para aprender a vivir, y hay que morir de vida para aprender a morir”. Esto refleja la clara dualidad con la que viven los mexicanos, es decir, que la vida está unida a la muerte y viceversa. Este concepto, a pesar de los siglos y de la colonización española, siempre se ha mantenido. Para expresar éste concepto; tienen una manera muy especial de hacerlo y es mediante el festejo del día de muertos. Fecha dedicada a rendir culto y respeto a los antepasados.

México está considerado como un país que toma la muerte como cuestión de alegría y festejo para los difuntos. De hecho la muerte, está representada con un cráneo o un esqueleto y siempre con una sonrisa, este personaje es la llamada “Catrina”. Ésta, representaría a la diosa del inframundo Mictecacíhuatl, la encargada de cuidar de todos los fallecidos junto con su esposo el “Catrín” o el dios azteca Mictlantecuhtli (30).

Cuando se acercan las fechas del Día de Muertos, se realizan multitud de actuaciones en las ciudades en relación a la Catrina y el Catrín: representaciones en el teatro, cuenta cuentos para niños en las plazas mayores, decoraciones en taxis, autobuses, escuelas, etc. (31).

En la actualidad, muy a pesar de los conquistadores, las fechas en que se festeja el día de muertos, no coincide con exactitud a las celebradas por los españoles. Aun así, este festejo ha sido motivo suficiente para que estos días se consideren como días de fiesta nacional el 1 y el 2 de noviembre en donde los comercios no abren y la gente se dedica a transformar su hogar en un lugar de festejo y reencuentro (32).

Los días 1 y 2 de noviembre son los más representativos, ya que en estos días se juntan tres conceptos principales: por un lado la llegada de los muertitos, por otro lado la de los muertos adultos y por otro lado, la reunión familiar. Al ser el día 2 el último, es a éste al que se le llama Día de Muertos como tal, aunque el festín del Día de Muertos abarque varios días que se detallarán a continuación. Según las creencias mexicanas, una vez al año, todos los muertos hacen un viaje desde el inframundo hasta la tierra para visitar a sus seres queridos aún vivos y esto es motivo de fiesta y alegría pues ese día se reúne otra vez la familia.

A pesar de ello, no todos los espíritus llegan a la vez, por eso, esta celebración dura hasta cuatro días. Es de tener en cuenta que dependiendo de la región que estemos tratando, los días pueden variar con días de diferencia. La experiencia que yo viví en las regiones de Puebla y Michoacán corresponden con las siguientes fechas: el 28 de octubre es el día de los ahogados; el 29 de octubre los accidentados y los olvidados; el 30 de octubre llegan las almas de niños que murieron sin ser bautizados; el día 31 de octubre, es el día de los chiquitos o lo que es lo mismo, el día de los niños; el día 1 el día de los muertos grandes o adultos; y el día 2 retiran el altar (33).


FOTO 9 Dibujos de nobles mayas en un mural de Chinchen Itzá. México

Este es un tipo de cuidado colectivo para las personas ante una situación de duelo. Es de esta manera con la que hacen frente a la pérdida de su ser querido y son estos ritos los que les ayudan a superar esta fase de dolor.

Fray Diego de Durán, a su llegada en la época del descubrimiento, narra cómo los indígenas hacen una serie de altares con ofrendas durante dos meses, el mes de julio para los niños y el mes de agosto para los adultos. Con las prohibiciones de los españoles hacia estas prácticas, los indígenas mismos son los que comenzaron a modificar estas tradiciones celebrándolas por dos días coincidiendo con el día de Difuntos y de Todos los Santos. Según Durán, es la manera que tuvieron para continuar con sus costumbres sin que a ojos de los españoles sea notorio este hecho. Por lo que los españoles no logran borrar las creencias de los naturales más si conseguir un mestizaje (34).

En la actualidad, uno de los momentos en los que se puede observar el mestizaje cultural del que previamente estábamos hablando, es que a pesar de que por norma general, en cada hogar se encargan de realizar un altar para “los suyos”, previo a estas fechas, en las plazas principales de ciudades y pueblos, en calles mayores como pueden ser avenidas o en los alrededores de las iglesias, numerosas personas son las que salen a la calle para decorarlas con altares coloridos, grandes y elocuentes y demostrar así este homenaje en colectividad. Éstos, suelen estar dedicados a personajes ilustres de la comunidad que han sido importantes a lo largo de la historia y ya fallecidos. Para el mexicano, esta tradición milenaria cubre en gran parte esa necesidad espiritual de honrar y recordar a sus antepasados. Es un acontecimiento autóctono y único que se celebra de forma individual y colectiva (31).

Los altares reciben diversas ofrendas dependiendo a quien vaya dirigido. A pesar de ello, la base de todo altar está conformada por flores, velas, alimentos, bebida e imágenes tanto religiosas como de los difuntos. Con el paso del tiempo y la influencia de la cultura hispánica, el modo de realizar un altar ha cambiado. El original, es decir, el prehispánico consta de tres niveles en forma de pirámide, la cual está cubierta por un material similar al papel que era teñido y picado de diferentes colores. Que sea de tres niveles tiene su justificación y es que el primer nivel representa al mundo de los dioses, el segundo nivel el de adorar la tierra que con la conquista se ha transformado en purgatorio y el tercer nivel al inframundo. El hecho de que tenga forma de pirámide tiene sentido y ya que representa el ascenso hacia los dioses celestes.

En cuanto a los altares de tres niveles, el modo de empleo sería el siguiente: en el primer nivel, o el nivel más elevado y estrecho, se coloca la imagen del difunto (en la época prehispánica tallaban figuras bien en madera o en cera representando al fallecido); en el segundo nivel se coloca la comida favorita del difunto, agua (para mitigar la sed del fallecido tras el largo viaje desde el mundo de los muertos) y copal (incienso que sirve para limpiar y purificar las energías del lugar, además de santificar el ambiente y guiar a las ánimas) en pequeñas vasijas de barro. Si es en representación a un adulto se le suele colocar chupitos con bebidas alcohólicas originarias como el tequila, el mezcal o el pulque. Si se trata de un niño, se suelen colocar juguetes; y en el tercer y en la base del último nivel, las flores, follaje y calaveras de azúcar (en la época prehispánica eran cráneos los que se colocaban, generalmente provenientes de sacrificios humanos y sirve como recordatorio de que la muerte está siempre presente). Las flores, aunque son intercaladas, la principal es la Cempazúchitl de tonos vivos y amarillos que representan al sol lo que ayuda de guía a los espíritus (33).

Aun así, en el trascurso de esta festividad, podemos encontrarnos con altares de diferentes niveles. Aunque bien es cierto que el de tres es el más común, también podemos encontrar altares más sencillos de dos niveles (cielo y tierra) o incluso de siete. Este último sería el más detallado y la explicación a estos siete niveles es que son los niveles que hay que ascender para que el difunto llegue hasta al mundo de los dioses (32).

Hoy en día en estos altares podemos encontrar imágenes de santos, Cristo, cruces, alimentos que no existían en América. Estas modificaciones fueron dándose con el paso del tiempo, pues la evangelización consiguió penetrar en las costumbres indígenas sin olvidar rituales propios que caracterizaban a estos individuos. Así es como incluso en festejos de origen nahua existan objetos de origen cristiano procedentes de la monarquía hispánica. La cruz es un elemento que vino con la evangelización de los españoles. Ésta, siempre va a ir en el nivel más alto y puede ser bien un objeto o marcado con sal (35).


FOTO 10 Celebración del día de muertos

Algo que también trataron de cambiar los colonos fue el significado de las velas. Los mexicas colocaban velas desde el lugar donde los difuntos estaban enterrados hasta la casa para que iluminaran su camino y no se perdiesen. Sin embargo, los colonos, obligaron a colocar velas en el altar representando los siete pecados capitales. Actualmente, se llevan a cabo las dos posturas (35).

Existen numerosas leyendas que relatan cómo existió gente que murió por no haber montado el altar con sus ofrendas. Se tiene la convicción de que como se ha explicado anteriormente, los muertos regresan a la tierra una vez al año. Ellos piensan que allí los esperan y por eso van contentos. Una vez que tienen hora de regresar al inframundo, si han sido bien recibidos, la casa quedará bendecida. De lo contrario, como dice el refrán: “el espíritu se enfadará y de un susto te matará”.

Nadie quiere encontrarse en disputas con un espíritu y por esta razón que todos aun siendo por seguridad aunque la gran mayoría no se cuestione este aspecto ya que su convicción y creencia es mayor, fabrican su propio altar gustosamente. También en el tema de la muerte, la mujer tiene su propio escenario. En las zonas indígenas, cuando una mujer muere, se realizan cuatro festejos y cuando es un hombre el que muere, se realizan tres. Cada festejo representa una fuerza y creen que la mujer al tener la capacidad de dar a luz, tiene una fuerza más. Estos festejos tienen diversas fases, sin embargo, la más importante, es cuando el curandero, llamado Owiluame al ritmo de dos lanzas que chocan entre sí, le canta al muerto y le dice que no moleste a sus familiares.

Una vez que el curandero ha finalizado su danza, se procede a colocar al muerto en una caja de madera antes de ser enterrado. Su cabeza es dirigida hacia el oriente; sus pies, al poniente. Cuando se termina de enterrar, simbólicamente, cada participante le echa tres veces tierra si es hombre y cuatro si es mujer. Al final, se le coloca una cruz de madera y tres piedras. Como se puede observar, esta tradición a pesar de tener un origen prehispánico, se mezclan varios rituales propios de la cultura hispánica, como por ejemplo, el enterrarlos en cajas de madera, o el colocar una cruz.

Otro de los detalles del mestizaje a recalcar es que antiguamente, en la época prehispánica, por norma general el modo en que enterraban a sus difuntos era en posición fetal y lo más próximo al hogar. En la actualidad, todos los difuntos son enterrados en posición horizontal y en cajas de madera, como lo ordenaron los colonos. Lo que si se mantiene en las zonas rurales es que los cuerpos tratan de ser enterrados cerca de la casa familiar, mientras que en la ciudad se sigue un patrón más occidental, en donde se entierran próximos a la casa del señor, la iglesia y sus panteones. Además, los indígenas mantienen ciertas costumbres como el de maquillar al difunto con colores vivos, el más destacado es el rojo. Este detalle, aún se conserva representado en pinturas de templos aztecas, vasijas, etc. (36).

Papel de la enfermería en un entorno mortuorio
Si bien es cierto que la formación profesional como enfermera en México es aún reciente, siempre han existido personas lo suficientemente capacitadas para llevar a cabo la mayoría de las tareas que desempeñaría una enfermera en la actualidad.

A lo largo de los siglos, remontándonos en la época prehispánica o incluso antes, en la Mesoamérica, siempre han estado presentes personajes fundamentales en el desarrollo y cuidado de las personas. Con el paso del tiempo, éstas, han ido formándose de generación en generación en base a la experiencia.

En el México actual, coexisten dos áreas que han ido desarrollándose de forma muy diversa: la zona rural y la zona urbana.

El área urbana, ha ido absorbiendo tendencias occidentales hasta tal punto que en cuanto a los cuidados sanitarios se refiere, apenas hay diferencia con los realizados en España. Si algo cabe destacar, es que en incluso los movimientos más modernos como pueden ser en ámbitos hospitalarios, la influencia de la religión católica es muy evidente. Durante mi estancia de prácticas hospitalarias, pude comprobar como cuando un paciente moría, las enfermeras del área de servicio rezaban una oración por la persona fallecida y cuando el celador se lo llevaba al depósito, otro rezo era el que se escuchaba de camino al ascensor.


FOTO 11 Nacimiento. Tlamatqui-ticitl 1953. Diego Rivera, mural. Hospital de la Raza, México

Sin embargo, es en el área rural donde a pesar de los esfuerzos por cristianizar a los indígenas, es notorio el uso y costumbres ancestrales. Como ya se ha ido mencionando a lo largo del trabajo, el aprendizaje de los cometidos de los cuidadores, como los atuendos de los difuntos, objetos sentimentales y útiles que se sitúan en el ataúd, oraciones y plegarias, sigue un linaje es así que se transmite de forma oral y presencial.

Poco hay transcrito acerca de las enfermeras comunitarias ya que muchas de ellas a pesar de haberse formado en la ciudad, proceden de aldeas y pequeños pueblos de origen azteca, por lo que se han criado en un entorno de cuidados indígenas. Éstas, acuden a las comunidades con un mestizaje en cuanto a los conocimientos se refiere y es así cuando a la hora de actuar ante una muerte, saben en qué rituales participar y de qué forma efectuarlos. Por ejemplo, previa autorización de la familia, pueden encabezar los rezos de despedida.

La población indígena es reacia tanto a los tratamientos de la medicina moderna como a los profesionales sanitarios aceptando únicamente a sus propios cuidadores y farmacopea ancestral, y a sus diferentes cuidadores tradicionales tales como: herbolarias, parteras, sanadores.

Este sistema es perfectamente válido y con excelentes resultados, por ello, las autoridades sanitarias lo promueven y le dedican pleno seguimiento. En la actualidad existen 9 hospitales y 385 unidades de salud exclusivamente para la población indígena respetando sus creencias y tradiciones con un criterio holístico (28). En dichos centros sanitarios, ejercen sus funciones personales indígenas como parteras, herbolari@, hueser@, sobador, ventosero, curandero, etc. expertos en cuidados tradicionales conocedores de varias lenguas indígenas.

Otro punto interesante es la formación que reciben los estudiantes de enfermería en la Universidad para interactuar de forma respetuosa con las culturas rurales, dotándoles de los recursos necesarios para comportarse adecuadamente ante situaciones de muerte en comunidades indígenas. Algunos centros de enseñanza basados en el Modelo de Enfermería de Leininger, donde tratan de educar profesionales transculturales, es decir, personal de enfermería formada en conocimientos de la cultura propia del paciente, en este caso en la cultura indígena mexicana, para poder brindar así unos cuidados culturales con un juicio interno/propio, dicho de otra manera, basándose en un juicio clínico y basado en la evidencia científica. De esta forma, se obtendrán unos cuidados en donde se asegura un adecuado procedimiento (juicio interno) y de una forma cultural moldeada propia para el paciente. Un ejemplo evidente, es cuando una enfermera de ciudad ha de participar en el amortajamiento de un niño en una aldea con creencias indígenas, sabe que su deber es pedir permiso a la familia para vestirlo con una determinada vestimenta. En el interior de Puebla, tienen como costumbre utilizar hábitos religiosos predominando el color blanco (29).

Es fundamental que la familia indígena sienta el apoyo y el respeto por parte del profesional. Si por algún casual, presintieran que la enfermera que les va a atender, no cree en sus rituales, o trata de imponer sus conocimientos urbanos, directamente se le vetará de sus actuaciones. Hay en zonas rurales, donde incluso les exigen hablar la lengua nativa de la aldea. Los mexicanos creen en la dualidad, y bajo esta perspectiva se encuentra el cuerpo y el alma, pues ambos han de estar unidos. Cuando una persona muere, el alma se queda sin lugar en donde seguir habitando. Este ciclo, finaliza cuando pasan los primeros cuatro días en donde el alma comienza su travesía. En este corto periodo de transición, aun el alma se encuentra en la tierra por lo que suele ser función de la enfermera dibujar sobre el suelo una cruz con arena, sal y flores representando de forma simbólica un cuerpo donde poder albergar el alma por cuatro días. Pasados estos días, los familiares “levantan la cruz” y lo entierran junto con el cuerpo en el cementerio.


FOTO 12 Partera indígena en Chenalhó

Otra de las funciones fundamentales en los cuidados postmortem que tiene la enfermería comunitaria es el de vestir al difunto. Ha de vestirlo con la ropa que más le abrigue y que más le guste. El motivo es que la travesía que tiene que realizar es muy dura pues se encuentra con grandes temporales, ráfagas de viento cortantes, etc. y para poder soportarlo es necesario que viaje bien abrigado.

Además, una de las peculiaridades con las que los visten es que antes de comenzar, le explica susurrándole al oído que va a ser vestido. En sus creencias, durante los cuatro primeros días, el alma aún siguen en la tierra por lo que aun escucha y por lo tanto uno puede ponerse en contacto con el difunto. Al quedarse rígido, la tarea de vestirlo se vuelve una tarea ardua por lo que si se le habla con dulzura, el difunto se relaja y es más fácil vestirlo.

Siempre se ha caracterizado a la enfermera por ser la persona que más cerca está de la familia y más aún durante el proceso de una muerte. El hecho es que para seguir con los preparativos tradicionales al enterramiento, la enfermera debe tener un acercamiento cálido con la familia y pedirle con respeto ciertos utensilios que han de aportarle para el fallecido. Además de la ropa de abrigo, ha de hacerse con huaraches tradicionales que son un tipo de calzado para protegerlo de piedras y espinas del camino, una vara para protegerse de los animales, una cuerda para escalar obstáculos, una vela para alumbrar su camino, agua y comida para que aguante el recorrido y dinero para pagar una valsa que le hará cruzar un rio en el más allá (39).

Una vez que la enfermera se haga con todo este material, lo coloca en el féretro y ya con el permiso de la familia, puede ser enterrado (39). La muerte de un bebé merece un capítulo aparte pues bien antes o después de nacer, la enfermera tiene la capacidad de bautizarlo. De esta forma, en el ámbito cristiano se garantiza la entrada en el Paraíso del alma del bebé. Hay que recordar que es algo parecido a lo que los aztecas hacían cuando moría un bebé, pues le rezaban para que llegara al dios de la guerra, junto con las madres que murieron dando a luz o junto con los guerreros que murieron en combate (40).


FOTO 13 Asistiendo a un enfermo. Hospital de Jesús

Conviene destacar el contraste relevante existente en la forma de atender la circunstancia de la muerte en las zonas rurales bien diferenciada de las urbes más modernas. Si bien en las primeras la muerte de un miembro de la comunidad es atendida por personal sanitario y cuidadores tradicionales sin ningún tipo de enfrentamiento ni rivalidad, cada uno sabiendo qué espacio le corresponde y respetándose mutuamente. Es en estas zonas rurales donde todavía se conservan rituales ancestrales de origen pagano fusionados con las tradiciones europeas que introdujeron los conquistadores para así poder implantar el cristianismo en dichos pueblos. También participa la familia y la colectividad en los ritos y costumbres que acompañan a este evento.

La muerte en la ciudad tiene rasgos bien diferenciados. Como sucede en cualquier ciudad de Europa, en las ciudades de México, generalmente, el éxitus y cada vez con más frecuencia sucede en los centros hospitalarios, donde única y exclusivamente son atendidos por personal sanitario, exento de cualquier tipo de rituales tradicionales, aunque todavía se conserva un halo de religiosidad ya inexistente en el entorno español. Es en este punto donde la enfermera tiene un papel fundamental a la hora de llevar a cabo el amortajamiento, pues, es la encargada de retirar vías, sondas y drenajes, sellar la boca, lavar el cuerpo y secarlo, cerrar orificios, aspiración de secreciones si procede (41).


FOTO 14 Pintura de una partera mexicana

La familia pasara a reunirse con el fallecido en la sala del tanatorio pertinente. El grupo de allegados tendrá como papel exclusivo el acompañamiento en el duelo de una forma más íntima (42).

Todas estas prácticas y comportamientos entorno a la muerte en el ámbito rural, lenta, pero progresivamente van desapareciendo llegando a lo que hoy hemos dado en llamar el fenómeno de la Globalización, que en este como en otros tantos aspectos culturales, hace que perdamos las características que conforman nuestra propia identidad.

Discusión
Cuando me decidí abordar este tema, no contemplé la posibilidad de que la información fuera escasa o contradictoria, pero eso no podía echarme para atrás.

Llegando al punto en que tenía que describir las tareas ejercidas por las enfermeras comunitarias en relación a la muerte, me faltó información acerca de cómo obtienen los conocimientos necesarios para abordar la complejidad que supone enfrentarse a una población indígena que te es ajena y con los conocimientos exactos de esa población en concreto, de la que tienes que ganar su confianza.


FOTO 15 Profesionalizar a parteras rurales, forma parte de la estrategia integral para disminuir la mortalidad materna. Parteras rurales mexicanas

Hay que reseñar que en las facultades la formación es genérica y no abarca con detalle todas las características que hace de cada grupo único.

La falta de documentación, dificulta el acceso de las enfermeras a los amplios conocimientos de las Ticitl, ya que la formación de estas últimas es de forma oral y presencial, casi siempre de madres a hijas. La carencia de registros o documentos de funciones específicas de estas cuidadoras entorno a la muerte, imposibilita en gran medida la trasmisión de estos conocimientos a las enfermeras. Es por esto, que considero que sería beneficioso llevar a cabo un estudio con los pasos necesarios para posibilitar que estos conocimientos se convirtieran en estudios reglados aprovechando todo el potencial de estas mujeres.

Llama la atención que a pesar los pocos registros que tenemos acerca de los conocimientos y el funcionamiento de los cuidadores indígenas, estén tan extendidos por todo el territorio mexicano debido a sus buenos resultados, aunque autores como Jaime Tomás defienden la teoría de que la medicina indígena se practica a nivel estatal más por criterios económicos ya que sus productos naturales resultan más baratos que los medicamentos y dedicada a una población marginal que no tiene acceso a la sanidad pública y es reacia a las prácticas modernas, que por motivos deontológicos y sociales, esto sin duda podría tener una parte de verdad pero no deja de ser paradójico: algo que parece no tener una finalidad estrictamente justa se convierte en un medio válido para una gran parte de la población más desfavorecida que por decisión propia o impuesta consiguen ser atendidos en lo que a sanidad se refiere, de forma satisfactoria respetando sus métodos ancestrales y valiéndose de personal de su entera confianza.


FOTO 16 Enfermera mexicana en la actualidad

Ciertamente toda la población festeja el día de muertos, ya sea en aldeas, pueblos o ciudades, ya que es una tradición milenaria enraizada en su cultura a pesar de los matices occidentales con que inevitablemente ha ido evolucionando. Sin embargo, puede comprobarse como la población más rural por permanecer más auténtica, lejos de la influencia occidental, lo viven de una forma más legítima sin apenas recortes en sus creencias, no así los individuos de ciudad, más occidentalizados, donde han perdido parte de la superstición que envuelven estas creencias y se han quedado con la esencia, es decir, con la creencia de que cada año el espíritu de su ser querido regresará.

Es por ello, que en un juego contradictorio siguen montando sus altares con toda la parafernalia que les caracteriza.

Conclusiones
A la hora de realizar este trabajo, una de las mayores dificultades con las que me he encontrado, ha sido la falta de información contrastada y científica de las funciones de enfermería. En gran parte, debido a que la enseñanza de esta materia en las zonas rurales se realiza de forma oral y presencial siguiendo la tradición. No utilizan soportes materiales como libros, CD’s, PDF u otros, y no parece, por lo menos de momento, que esto vaya a cambiar; para los mexicanos los resultados son válidos y satisfactorios.

Tanto es así, que muchas de las especialidades modernas, tienen su homólogo tradicional, por ejemplo, comadrona-ticitl, farmacéutico-herbolario, traumatólogo-huesero, masajista-sobador.

A pesar de que la profesión de enfermería como actualmente la reconocemos, data de comienzos del siglo XX, existen registros anteriores a la conquista española de la presencia de personajes que cubrían las tareas que hoy se le asignan a la enfermera, con las variantes lógicas que a través del tiempo. Este personaje respondía al nombre de Ticitl.

La cultura tradicional está muy localizada en las zonas rurales, pero en los ámbitos urbanos coexiste de forma respetuosa y saludable con la cultura moderna.

Para ello, es de gran ayuda que las enfermeras a pesar de formarse en la universidad con los sistemas más modernos, técnicos y científicos, también reciben formación tradicional en cuanto a herboristería y cuidados naturales heredados de su cultura ancestral, los ponen en práctica cuando llegan a ejercer como profesionales, de forma perfectamente compatible y con excelentes resultados.

El Sistema Sanitario Mexicano atiende las necesidades de la población indígena respetando su cultura y tradiciones de forma eficaz y positiva. Para ello, le dedica recursos materiales, económicos y humanos.

También es de destacar el choque que supone la forma en que los mexicanos viven la muerte. Mientras que para el católico europeo la muerte es algo trágico, vestido de luctuosidad y dolor; para el mexicano la muerte carece de esta intensidad, claro que para ellos la muerte significa dolor pero la firme creencia del regreso del espíritu de sus seres queridos a visitarlos les hace vivir esta situación más positiva.

Aunque es un fenómeno que se repite en el choque de otras culturas, es de destacar, en este caso el mestizaje tanto de raza como de tradiciones y formas de entender la vida y la muerte es el resultado de una fusión de toda una cultura ancestral con la conquista española. La supervivencia de tradiciones nativas milenarias con los dogmas cristianos, conviven en perfecta armonía.

 FOTO 17 Miryam Jauregi Cousillas y Manuel Solórzano Sánchez

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Antecedentes históricos de las parteras en México. Publicado el martes día 3 de julio de 2012

Fotos: Encontradas en internet y en el Museo Británico

Manuel Solórzano Sánchez
Graduado en Enfermería. Servicio de Traumatología. Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. OSI- Donostialdea. Osakidetza- Servicio Vasco de Salud
Insignia de Oro de la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica 2010. SEEOF
Miembro de Enfermería Avanza
Miembro de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos
Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería
Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.
Miembro no numerario de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País. (RSBAP)