lunes, 25 de julio de 2016

CANADÁ Y SUS ENFERMERAS



No es lo mismo leer historia que verla y pasear por los lugares que se ha producido y que no se han olvidado, con un trato especial y diferente. La demostración de orgullo de los canadienses por sus enfermeras religiosas que iniciaron los cuidados de enfermería en su país, queda constancia en sus catedrales de sus ciudades más importantes.

¿Si te preguntan para que sirve la historia y cual es su utilidad?
El profesor de historia Carlos Guijarro de Murcia, le contestó: para que seamos conscientes de lo que aquí pasó, pronto les serán entregados a nuestros jóvenes el testigo que deberá custodiar con diligencia y ceder a otros en un futuro no muy lejano. “La Historia enseña cómo cumplir con ese cometido, mostrándole ejemplos de la negligencia de unos y el buen hacer de otros. Porque todos están llamados a dejar un mundo mejor al que se les entrega, y para eso deben conocer lo que se les confía”.

FOTO 1 L´Hotel Dieu de Quebec 1639. Junio – Julio 2016

Kanata
La primera colonia permanente francesa se estableció en 1605 en Port Royal, Nueva Escocia. El área canadiense de Norteamérica ya había sido visitada con anterioridad: los noruegos la habían pisado por primera vez sobre el año 1000 DC; Jhon Cabot, un veneciano a las órdenes del rey Enrique VII, divisó tierra cerca del golfo de San Lorenzo; los franceses llegaron a esta zona a principios del siglo XVI. En 1534 Jacques Cartier, en nombre de Francisco I, navegó hacia el continente americano. Regresó a Francia sin haber podido encontrar ni oro ni un paso por el noroeste hacia el Oriente (1).

Cuando Cartier regresó un año más tarde, navegó por el río San Lorenzo, donde encontró poblados indios. Cartier les preguntó a los indios nativos por el nombre del territorio donde habitaban y creyendo él que se refería al poblado, le respondieron “Kanata”, que significa “el lugar donde vivimos”. Así, Cartier llamó a esta tierra Canadá, que es su nombre actual. También en una época se le llamaba “Nueva Francia” (1).

Cartier fue seguido a Canadá por exploradores, frailes franciscanos, jesuitas, dominicos y otros colonos. Estos religiosos pronto pidieron a Francia que enviara a mujeres para enseñar a los niños y cuidar a los enfermos. Sin embargo, la primera mujer que hizo las veces de enfermera en esta nueva tierra fue Marie Hubou (apellido de su segundo marido). Era esposa del cirujano - boticario Louis Hébart, al que Samuel de Champlain, el famoso explorador, había llevado consigo en 1617 (1).

FOTO 2 L´Hotel Dieu de Quebec 1639. Junio – Julio 2016

Los jesuitas publicaron informes sobre la ayuda que necesitaban en los “Jesuit Relations”. Tenían la intención de fundar escuelas para los niños indios, construir hospitales para los enfermos y mejorar las condiciones sociales en general (1).

Gracias a los informes de los jesuitas, posteriormente se fortaleció la práctica de enfermería con la llegada de los Jesuitas, quienes dieron un notable impulso a la fundación de hospitales. Fundaron escuelas para los niños indios, construyeron hospitales para los enfermos y mejoraron las condiciones sociales y sanitarias en general. Los europeos contagiaron el sarampión, la viruela y la tuberculosis a los nativos, que acusaron al hombre blanco de la destrucción de su raza. Para los religiosos fue casi imposible combatir esas enfermedades con las condiciones existentes en el lugar. Sus intentos se verían frustrados por la suciedad, el frío, las condiciones inadecuadas de las viviendas, los piojos y el carácter indómito de los nativos (1).

Las publicaciones e informes de los jesuitas suscitaron un gran interés entre los hombres y mujeres de Francia. La Duquesa de Aiguillon, sobrina del cardenal Richelieu, se puso en acción. En 1637 firmó un contrato con las Hermanas Hospitalarias Agustinas de Dieppe por el que prestarían sus servicios como hermanas de hospital y envió a trabajadores para que pusieran los cimientos del primer hospital de Nueva Francia. El Hôtel Dieu de Quebec fue inaugurado en 1639, y su personal estaba compuesto por tres Hermanas Agustinas de la Misericordia de Jesús, éstas llegaron el 1 de agosto de 1639, fundando posteriormente doce monasterios-hospitales en Québec (1).

FOTO 3 Monasterio y Museo de las Hermanas Agustinas. Quebec

Estas monjas pertenecían a una orden de clausura y habían sido preparadas para cuidar a los enfermos. Llevaban una túnica de algodón blanco con un cinturón de cuero negro y un velo negro. Las tres pertenecían a familias francesas acomodadas. Marie Guenet de St. Ignace; Anne Lecointre de St. Bernard y Marie Forestier de St. Bonaventure de Jesús. Tuvieron que afrontar múltiples penalidades, y a los 8 meses ya había fallecido una de ellas.

Las Hermanas Agustinas de la Misericordia de Jesús, apenas desembarcar, ya se encontraron desbordadas por los pacientes. Al ser la sala del hospital muy pequeña, fue necesario erigir cabañas, al estilo de las de los nativos, en su jardín. Puesto que no había provisiones para tanta gente, tuvieron que cortar en dos o en tres trozos algunas de las mantas y sábanas que habían traído para estas pobres gentes enfermas. En una palabra, en lugar de tomarse un pequeño descanso y refrescarse después de las grandes incomodidades que habían sufrido en el mar, se encontraron tan sobrecargadas y ocupadas que temimos perderlas a ellas y nuestro hospital desde su mismo nacimiento. Los enfermos llegaban de todas partes… Su hedor era tan insoportable, el calor tan intenso, los alimentos frescos tan escasos y malos… Resumiendo, desde el primero d agosto hasta el mes de mayo del año siguiente, más de cien pacientes ingresaron en el hospital y más de doscientos pobres nativos encontraron alivio allí (Kenton, 1925; páginas 169-170) (1).

FOTO 4 Hermanas del Hôtel Dieu cuidando a los indios en Montreal. J. McIsaac. 1747. Cortesía del Hôtel Dieu, Archivos religiosos hospitalarios de Saint-Joseph, Montreal, Canadá

En este hospital de Quebec se organizaron unas consultas externas para el tratamiento de los nativos cuyas enfermedades no requerían su ingreso hospitalario. Las Hermanas enseñaron y formaron a las mujeres nativas que colaborarían con ellas en el cuidado de los enfermos, aunque sus obligaciones eran fundamentalmente domésticas, como cocinar, limpiar, hacer las camas y preparar las provisiones. Entre 1640 y 1644 dichas Hermanas acudieron a Sillery, una misión jesuita próxima a Quebec, para cuidar a los nativos, pero tuvieron que regresar por la actitud belicosa de los iroqueses.

Las Hermanas Ursulinas acompañaron a las Hermanas Agustinas en el viaje desde Francia. Era una orden de monjas maestras reclutadas por Madame de la Peltrie, quien se había comprometido en la creación de una escuela misionera para los nativos. Sin embargo, pronto fueron enseñadas y formadas para el cuidado de los enfermos con el fin de que pudiesen ayudar a combatir durante las epidemias. Hubo un brote de viruela en la escuela, y el hogar de las Hermanas se convirtió en alojamiento improvisado para los contagiados. En este hospital de urgencias, murieron muchos indios hasta que finalmente la enfermedad desapareció de forma espontánea. Esta instrucción a corto plazo en el cuidado de los enfermos podría considerarse como la primera formación y supervisión de enfermeras de América. Tan pronto como fue posible, las Hermanas Ursulinas volvieron al trabajo para el que habían sido preparadas inicialmente, el de maestras (1).

FOTO 5 Hermanas Ursulinas. Quebec

En 1643 se crea el Hospital en Montreal. En 1658 se construye el Hotel Dieu de Quebec y en 1644 se había creado el Hospital de la Provincia de Montreal. En la fundación de este último se destacó la figura de Juana Mance (1606 – 1673), una mujer de alto nivel educativo que pronto se dirigió a Francia solicitando ayuda económica, ya que las Hermanas religiosas debían encarar muy serias dificultades por falta de recursos y personal idóneo. A Juana Mance se le considera una figura romántica dentro de la enfermería canadiense. Francia respondió a las demandas canadienses enviando solamente tres Hermanas de la Orden de San José y a dos Hermanas de la Caridad quienes, por su escaso número y preparación, pasaron a trabajar con otras órdenes religiosas “las Hermanas Cinzentas” y con organizaciones misioneras. Mance siguió desempeñándose en el cuidado de los enfermos hasta 1659 (1 y 2).

Juana Mance, era hija de padres franceses ricos y había sido educada en un convento de Hermanas Ursulinas. Desde su más tierna infancia, Juana demostró su inclinación religiosa. Aprendió sobre los cuidados de enfermería al colaborar con las Damas de la Caridad en 1638 durante una grave epidemia. A su llegada a Canadá, se le permitió integrarse en la clausura de las Hermanas Agustinas de Quebec, donde esperó a que se completara la construcción de Ville Marie, el futuro Montreal. Aquí se empleó a fondo Juana y tuvo la gran oportunidad para aprender los cuidados de enfermería y cómo funcionaba la administración de un hospital. Llegó a Montreal el 17 de mayo de 1642 bajo el patrocinio económico de una acaudalada filántropa, Madame de Bullion, quien deseaba que fundase allí un hospital.

Los habitantes de esta colonia vivieron en paz durante un año aproximadamente, después del cual vinieron las inundaciones y las luchas con los iroqueses. Más de la mitad de los colonos murieron a manos de los indios. En una diminuta cabaña-hospital dentro del fuerte, Juana Mance atendía a los heridos por las flechas. Preparaba sus propias medicinas, trataba los sabañones y la congelación, practicaba la sangría y cuidaba a los indios iroqueses igual que a los colonos. En octubre de 1644 se hizo el hospital más grande, se dividió en dos salas, habitaciones para el servicio, una cocina y una habitación para Juana. El hospital estaba rodeado por una empalizada y protegido por un foso debido a los siempre amenazantes iroqueses. Durante casi 15 años Juana Mance llevó a cabo todo el trabajo de enfermería con la colaboración de unas pocas ayudantes. Se ganó la reputación de ser la “primera enfermera seglar de Canadá” y también de Norteamérica (1).

FOTO 6 Ventanal Jeanne Mance. Vidriera emplomada. Basílica de Notre-Dame, Montreal, Canadá. Aparece en la parte central rodeada de enfermos. En la parte izquierda, las primeras tres hermanas de la orden de las Hospitalarias de San José y en la parte derecha se las ve cuidando a los enfermos en Montreal

Juana regresó a Francia en 1657 para recabar ayuda económica y reclutar personal de enfermería. Tres monjas de Hospital de la Sociedad de San José de la Flèche (Hospitalarias de San José) fueron a Montreal para formar al personal del Hôtel Dieu, con Juana Mance de directora, cargo que ostentaría hasta su muerte en 1673. Las religiosas sufrieron múltiples adversidades durante el primer siglo de existencia del hospital: ataques de los indios, pobreza extrema, incendios, terremotos y hambre. Perseveraron y finalmente alcanzaron una notable prosperidad y el reconocimiento a su trabajo.

En el siglo XIX, Francisca Gifford, fue la primera religiosa enfermera canadiense, hija del primer médico del hospital. Por ese mismo tiempo en 1739, Marguerite Marie D'Youville, fundó la congregación de las Hermanas de la Caridad en Montreal también llamadas Hermanas Grises, para el cuidado de los enfermos, ancianos y niños expósitos. Sus miembros no estaban enclaustrados, de forma que podían llevar su trabajo y sus cuidados hasta los hogares de los más necesitados. Las Monjas Grises fueron realmente el antecedente histórico de las actuales enfermeras de distrito de Canadá (1 y 2). Sin embargo, su labor tuvo que enfrentarse a la incomprensión de la gente, que no veía de buen grado a las monjas caminando libremente por las calles.

FOTO 7 L´Hotel Dieu de Quebec 1639. Junio – Julio 2016

Durante el siglo XVII, vio cómo toda la obra francesa en Quebec y Montreal pasaba a control de los ingleses como resultado de la Guerra de los Siete Años. Canadá pasa a ser colonia británica y, en ese contexto, aparecen hospitales municipales con enfermeras sin formación.

El principal asentamiento de los ingleses fue en Ontario y, si bien en 1864 se proyectó crear una Escuela de Enfermería, la idea no prosperó.

En 1875 el Hospital General de Montreal solicita a Inglaterra la colaboración de Florence Nightingale para crear su Escuela de Formación de Enfermeras (1).

Canadá tuvo una de las primeras Escuelas que siguieron el modelo Nightingale, ubicada en el St. Catharine´s General and Marine Hospital (1874). Los reglamentos para las enfermeras se establecieron en las regulaciones de la Escuela de formación (que más tarde se llamó Mack Training School) y estaban influidos por los principios de Miss Nightingale. El primero de estos estatutos estipulaba:

FOTO 8 Ursulinas de Quebec y María de la Encarnación

Las enfermeras, durante el cumplimiento diario de sus deberes, deben observar la más estricta reserva y evitar cautelosamente el “chismorreo”: su conducta debe ser amable y respetuosa en todo momento, y cuando estén de servicio en casas particulares, se espera de ellas que, además de encargarse completamente de los pacientes, eviten causar molestias innecesarias, cuiden de sí mismas y presten la mayor atención a la preparación de la comida para los enfermos; asimismo, ayudarán con alegría en otras cuestiones, aunque no estén directamente relacionadas con su deber, cumplirán fielmente las instrucciones del médico y, en situación de emergencia, informarán de cualquier caso en que la ejecución de sus órdenes haya sido excedida u omitida. No demostrarán preferencias por ningún médico. Atenderán escrupulosamente a los deberes especiales para con el paciente con la delicadeza y la exactitud que les han enseñado sus superiores, y nunca obstaculizarán o criticarán el tratamiento. Gibbon y Mathewson, 1947; páginas 144 y 145 (1).

Las órdenes religiosas de enfermería en América
Muchas monjas y sacerdotes religiosos llegaron a América con los colonizadores franceses y españoles y proporcionaron al menos unos cuidados de enfermería mínimos a las comunidades católicas. Las Monjas Agustinas, las Monjas Ursulinas y las Hermanas de la Caridad son las que aparecen citadas con mayor frecuencia en la historia del servicio de enfermería en los hospitales de América del Norte y América del Sur. Las órdenes religiosas de mujeres también contribuyeron enormemente a los cuidados de enfermería durante la Guerra de Secesión. Su organización y motivación les proporcionaban una ventaja notable sobre las seudoenfermeras seglares de la época. Enseñaban ellas mismas organizando cursos y preparaban a las nuevas enfermeras. Casi todos los miembros de estas órdenes tenían una cierta preparación y habían recibido una formación esmerada. Solían ser mujeres refinadas e inteligentes con un interés sincero por el cuidado de los enfermos. A ellas les ofrecían formarse en los cuidados de enfermería, ejercitarla o dedicarse a la educación parroquial y atender a los más necesitados.

Los grupos protestantes de enfermería también atendieron a los enfermos y heridos durante el tiempo de la Guerra de Secesión.

La Basílica de Santa Ana de Beaupré, está junto al Río San Lorenzo a 30 kilómetros al este de la ciudad de Quebec. Es una iglesia católica con muchos milagros de curas de enfermedades. Es un importante santuario del catolicismo, con cerca de medio millón de peregrinos que la visitan cada año. El 26 de julio es la fiesta de Santa Ana, santa patrona del Quebec.

FOTO 9 María Caterina de San Agustín. Basílica de Santa Ana de Beaupré

Las Hermanas Agustinas de la Misericordia de Jesús en Québec
A través de los siglos marcados por una devoción total, las Hermanas Agustinas de la Misericordia de Jesús, han fundado doce monasterios-hospitales en Québec y misiones en el extranjero. Asimismo, a continuación de la creación de la Federación de monasterios en 1957, las Agustinas han hecho construir una casa de formación en Sillery.

En Canadá, la presencia de las Hermanas Agustinas de la Misericordia de Jesús se ha expandido. Empezaron en el Hôtel-Dieu du Précieux-Sang establecido en Québec en 1639, se agregan al Hospital General en 1693, el Hôtel-Dieu du Sacré-Cœur de Jesús en 1873, Chicoutimi en 1884, Lévis en 1892, Roberval en 1918, Gaspé en 1926, Saint-Georges en 1949, Montmagny en 1951, Alma en 1954, Jonquière y Dolbeau en 1955.

FOTO 10 Manuel Solórzano en la Plaza de Notre Dame de Montreal. Monumento a Juana Mance

La semilla de mostaza de 1639 se ha transformado en un gran árbol. La Iglesia, que protege maternalmente a las comunidades religiosas, se ha ocupado, desde el comienzo del siglo XX de remediar el  problema del aislamiento de los Monasterios sugiriendo formas de unión, tales como una Federación de monasterios autónomos o de un Generalato.

Juana Mance, Una laica deseosa de servir en Nueva Francia
Juana Mance nació en Langres en Champagne francesa, el 12 de noviembre de 1606. Muy joven quiso entregar su vida a Dios y sintió un llamado misionero para el Canadá.
«Sé que Dios me quiere en Canadá, pero no sé ni donde, ni tampoco para que misión. Me abandono totalmente a su voluntad ».

Después de discernimiento, sale con Paul de Chomedey y una recluta de hombres. Llegan a la isla de Montreal, el 17 de mayo de 1642 para establecerse en Ville-Marie: es cofundadora de esta colonia. Con la ayuda financiera de la Sra. de Bullion, Juana Mance funda el Hôtel Dieu y atiende a los heridos y enfermos, franceses y amerindios; prepara para la llegada de las Hospitalarias de San José.

Conociendo los designios del fundador Jerónimo Le Royer, en 1659, Juana Mance trae desde Francia a las tres primeras Hospitalarias. Entonces comienza la historia de la gran colaboración entre esta laica y las Hospitalarias de San José, hasta el 18 de junio de 1673, cuando fallece.

FOTO 11 L´Hotel Dieu de Quebec 1639. Junio – Julio 2016

Oración para conseguir favores por la intercesión de Juana Mance
Dios todopoderoso, Queremos agradecerle al recordar los orígenes de nuestra fe en tierra canadiense.
Te glorificamos cuando evocamos la memoria de Juana Mance.
Por su intercesión y ejemplo, haz que busquemos en todo tu voluntad, fuente de alegría y libertad.
Sagrado Corazón de Jesús, te suplicamos por la intercesión de tu Santa Madre y de tu fiel servidora Juana Mance, escuchar nuestra oración y conseguirnos los favores que te pedimos… que sea para tu gloria, nuestro propio bien y la glorificación de Juana Mance.

Discusión
Fueron los colonizadores de origen francés quienes crearon los primeros hospitales en América del Norte. En Canadá estos hechos ocurrieron en Québec y Montreal “ambas pertenecientes a colonias francesas”, aunque sin personal ni recursos materiales que permitieran atender satisfactoriamente a los enfermos y enfrentar, las situaciones de epidemia tan frecuentes en aquella época. Gracias a los Jesuitas, a las Hermanas Agustinas y a las Hermanas Ursulinas, que emprendieron el largo aprendizaje de la enfermería en la atención y cuidados a las personas y la formación en los hospitales; hoy en día las enfermeras tienen sus universidades en tierras canadienses.

Bibliografía
1.- Historia de la Enfermería. M. Patricia Donahue. Versión española de la obra original “Nursing. The Finest Art. An Illustrated History”, publicada por The C. V. Mosby Company. B-24.474-99

2.- Historia de la Enfermería. Aspectos relevantes desde sus orígenes hasta el siglo XX. María Rosa Parentini. Ediciones Trilce. Uruguay 2002

3.- Religiosas Hospitalarias de San José

Manuel Solórzano Sánchez
Diplomado en Enfermería. Servicio de Traumatología. Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. OSI- Donostialdea. Osakidetza- Servicio Vasco de Salud
Insignia de Oro de la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica 2010. SEEOF
Miembro de Enfermería Avanza
Miembro de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos
Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería
Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.
Miembro no numerario de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País. (RSBAP)

sábado, 16 de julio de 2016

4ª SESIÓN DEL SEMINARIO PERMANENTE DE LA RED DE INVESTIGADORES EN CUIDADOS DE SALUD MENTAL



CÁTEDRA FRANCISCO VENTOSA. UAH – ANESM

Historia y contexto de los cuidados a la salud mental

FOTO 1 Portada del programa

El pasado 10 de junio se celebró en el Colegio Oficial de Enfermería de Madrid la Cátedra Francisco Ventosa (Asociación Nacional de Enfermería de Salud Mental, ANESM-Universidad de Alcalá de Henares, UAH), organizó la 4ª Sesión del Seminario Permanente de la Red de Investigadores en cuidados de Salud Mental con el título: “Historia y contexto de los cuidados a la salud mental”.

FOTO 2 Acto de inauguración del Seminario: Dr. Francisco Ventosa Esquinaldo, Dr. Daniel Cuesta Lozano y Carlos Álvarez Nebrija (de izquierda a derecha)

El encuentro científico dio comienzo con las lecciones impartidas por el patrono de Cátedra, el Prof. Dr. Francisco Ventosa Esquinaldo y el documentalista Dr. Carlos Álvarez Nebreda.

Posteriormente, el Prof. Dr. Francisco Javier Castro Molina impartió la conferencia inaugural con el título “Hospitales y arquitectura: del Depósito de Dementes al dispositivo asistencial inserto en la red sanitaria” en el que realizó un breve recorrido por la arquitectura hospitalaria destinada a los alienados o dementes desde las primeras civilizaciones hasta la actualidad.

Seguidamente se dio paso al panel titulado “Evolución de los cuidados” donde el Dr. Ignacio Martínez Mendizábal habló sobre los últimos descubrimientos en la Sima de los Huesos en el enclave de Atapuerca, describiendo las primeras formas de “Cuidados” que han quedado impresas en los restos óseos hallados en este paraje, y Francisco Benavides Vázquez ha relatado el mensaje, las enseñanza y la huella dejada por Juan Ciudad y como está ha sido diseminada por el Mundo.

FOTO 3 Ponencia inaugural a cargo del Dr. Francisco Javier Castro Molina y moderada por Darío Fajardo Galván

De la mano de Eduardo Jiménez Játiva y del Dr. José Siles González se desarrolló el segundo panel. El primero abordó un tema trascendental para entender la Historia de España, “Don Hernán Duque. Un cuidador en la historia”, narrando la actividad que desarrolló este personaje en el cuidado de Juana I de Castilla desde una visión enfermera; el segundo trató de acercarnos las figuras de Pinel y la Salpetriere, personajes relevantes en la Historia de la Psiquiatría.

Finalmente, se concluyeron el periodo de ponencias cuya temática se centró en el siglo XX. En primer lugar, Alicia Duro Sánchez impartió la conferencia titulada “Evolución de la profesionalización de la Enfermería Psiquiátrica durante la Segunda República”, en la que acercó el proceso mediante el cual la Enfermería Psiquiátrica adquirió cuerpo y se profesionalizó durante el periodo republicano desarrollado en la década de los treinta del siglo XX.

A ella se unió la intervención de la Doctora Olga Villasante Armas que con el título “Posguerra: El diploma de practicantes y enfermeros psiquiátricos: un frustrado intento de profesionalización en la posguerra española” nos hizo llegar todos los hechos acaecidos en relación a ese intento de profesionalización de la Enfermería Psiquiátrica tras la contienda bélica que sacudió a España en los momentos previos a la Segunda Gran Guerra y que no tuvo igual deseo evolutivo que los momentos anteriores.

Ambas documentaron su discurso apoyándose en las publicaciones que conocieron la luz durante esos momentos.

FOTO 4 Entrega de beca predoctoral otorgada a la doctoranda Sara Sánchez Barcell (centro) junto a Pedro Romera Rufino, subdirector de la Cátedra Francisco Ventosa y el Dr. Francisco Javier Castro Molina actuando como secretario del jurado del premio otorgado

Por último, Antonio Espino Granado, impartió su conferencia titulada “Reforma Psiquiátrica: unidades de salud mental comunitaria” en la que compartió su experiencia personal durante la instauración del modelo que en la actualidad rige la Red de Salud Mental de Sistema Nacional de Salud.

Previo al acto de clausura, el Dr. Francisco Javier Castro, en calidad de secretario, procedió a la lectura del acta de la Beca Predoctoral que la Cátedra Francisco Ventosa tiene a bien entregar a aquellos jóvenes investigadores en esta área, con una dotación de 1.800 euros, concediéndosele al grupo liderado por la investigadora Sara Sánchez Barcell.

FOTO 5 Intervención del Dr. Francisco Javier Castro Molina durante su conferencia

Manuel Solórzano Sánchez
Diplomado en Enfermería. Servicio de Traumatología. Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. OSI- Donostialdea. Osakidetza- Servicio Vasco de Salud
Insignia de Oro de la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica 2010. SEEOF
Miembro de Enfermería Avanza
Miembro de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos
Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería
Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.
Miembro no numerario de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País. (RSBAP)

miércoles, 22 de junio de 2016

LA ENFERMERÍA EN LA GUERRA HISPANO - ERICANA



La guerra con España proporcionó a las Enfermeras norteamericanas su primera experiencia con la enfermería militar. Por desgracia, la Guerra Hispano-Americana también sirvió para ilustrar gráficamente las deficiencias de los Estados Unidos, como la falta de un servicio de enfermería de la Cruz Roja, la necesidad de un cuerpo de enfermería del ejército y la carencia de reservas para estados de emergencia.

FOTO 1 W. A. Rogers, Un Mensaje de Casa. Escena de un hospital durante la Guerra Hispano-Americana. The Bettmann Archive, Nueva York

En 1898 el Departamento Médico del Ejército de los Estados Unidos estaba compuesto por unos 983 miembros, pero su prestigio era nulo. Sin duda, esta cifra era inadecuada para cuidar a los 28.000 miembros del ejército regular. Las bajas norteamericanas en las batallas de esta guerra fueron escasas, pero los campamentos, levantados apresuradamente y sin condiciones, fueron devastados por la fiebre tifoidea, la malaria, la disentería y las intoxicaciones alimentarias (1).

Las enfermedades epidémicas causaron diez veces más muertes que las balas. Se necesitaban enfermeras desesperadamente. La Nurses´Associated Alumnae of the United States and Canada (rebautizadas como American Nurses´Association en 1911) ofreció su ayuda, pero el ejército la rechazó. La principal objeción a este organismo fue que tenía una existencia relativamente corta y que no estaba reconocido como portavoz de las Enfermeras. Por otra parte, la oferta había llegado un día tarde. Las Hijas de la Revolución Americana ya se habían ofrecido voluntarias, y Anita Newcomb McGee (1864 – 1940), su vicepresidenta y médico sin ninguna experiencia administrativa previa, fue puesta al mando del Servicio de Enfermería del Ejército. A la Dra. McGee se le otorgó el cargo de cirujano ayudante en activo del ejército de los Estados Unidos.

Los heridos y las bajas causados directamente por la fuerza de las armas fueron irrelevantes; sin embargo, los norteamericanos sí que tuvieron muchas bajas por las epidemias: disentería, malaria, tifus y toxi-infecciones alimentarias (2).

FOTO 2 Las Hijas de la Revolución Americanas, 22 de febrero de 1892

El Congreso autorizó la contratación de mujeres Enfermeras con un sueldo de 30 dólares mensuales más alojamiento y manutención. Sin embargo, el contrato no les aseguraba el cuidado personal si caían enfermas. La Dra. McGee prefirió a “Enfermeras graduadas” con los avales de sus Escuelas y sugirió que todas las aspirantes fueran examinadas y alistadas a través de las Hijas de la Revolución Americana (The Daughters of the American Revolution) (1 y 2).

Se contrató a unas 8.000 enfermeras voluntarias, que en esencia constituyeron el fundamento del actual Cuerpo de Enfermería del Ejército. Sirvieron casi 1.600 enfermeras graduadas; las órdenes católicas también estuvieron representadas en gran número, especialmente las Hijas de la Caridad o Hermanas Grises. Después de aprobar el examen y realizar un breve cursillo les enviaron a los hospitales (2). Las primeras enfermeras, seleccionadas en mayo de 1898, fueron destinadas a hospitales militares en los Estados Unidos, Puerto Rico, Cuba, Hawái y las islas Filipinas. Además, sirvieron en el buque hospital UUS Relief. Este barco llevaba provisiones de medicamentos, vendajes y equipo para abastecer un hospital de 750 camas durante 6 meses. Seis mujeres enfermeras estaban a bordo cuando partió del puerto de Tampa (1).

Los hospitales del ejército habían sido atendidos por hombres del mismo cuerpo que carecían de formación y experiencia. Eran reclutas, generalmente la escoria de las unidades, sin la mínima disposición para el cuidado de los enfermos y acostumbrados a prácticas antihigiénicas, como utilizar el mismo cubo para los alimentos y los excrementos, lo cual contribuía a propagar la enfermedad por los campamentos. En consecuencia, cuando llegaron las enfermeras se encontraron ante una situación catastrófica. A menudo trabajaban día y noche con provisiones y cobijo inadecuados. Con el tiempo se ganaron el respeto y el reconocimiento, no sólo de los soldados sino también de los cirujanos, que al principio habían mostrado prejuicios contra ellas. Durante esta guerra fallecieron trece enfermeras mientras prestaban su servicio.

FOTO 3 Enfermeras a bordo del buque Hospital “Relief” cerca de Cuba. La Cruz Roja durante la Guerra Hispano-Americana, 1898. National Library of Medicine, Bethesda, Maryland

Durante la Guerra Hispano-Americana el ejército estuvo expuesto continuamente a las fiebres tifoideas y a la fiebre amarilla. Por ello, comenzaron a realizarse investigaciones para averiguar la causa y la forma de propagación de las fiebres tifoideas. Un comité encabezado por el comandante Walter Reed determinó que las moscas y las prácticas antihigiénicas eran las fuentes obvias de la enfermedad. La fiebre amarilla también fue muy virulenta y causó un gran número de fallecimientos. Un equipo de médicos, formado por el Dr. James Carroll, el Dr. Aristides Agramonte, el Dr. Jesse W. Lazear y el comandante Reed, fueron enviados a Cuba por el Gobierno de los Estados Unidos para encontrar la forma de controlar el problema.

El comandante Walter Reed y el Dr. Agramonte consultaron con el Dr. Carlos Finlay, un médico de La Habana, sobre su teoría (de 19 años) de que la fiebre amarilla era causada por un mosquito autóctono común. A continuación procedieron a realizar experimentos, en los que personas voluntarias eran picadas por mosquitos bajo unas condiciones controladas a fin de poder estudiar las reacciones. Los primeros voluntarios fueron médicos; algunos sobrevivieron, otros no. Estos experimentos demostraron que el mosquito Aedes aegypti era el portador de la fiebre amarilla y abrieron el camino para el control de la enfermedad.

La última persona que se sometió al experimento de la fiebre amarilla con el mosquito Aedes aegypti, fue una enfermera voluntaria Clara Louise Mass, que murió a causa de la enfermedad (1 y 2).

FOTO 4 Sobres de primer día en honor a la enfermera Clara Louise Maass, que fueron patrocinados por RN MAGAZINE y el Clara Maass Memorial Hospital para celebrar el centenario de su nacimiento. Cortesía de Howard B. Hurley

Así la recordaba el oficial médico encargado del hospital donde se produjo su fallecimiento:

En numerosas ocasiones durante la Guerra Hispano-Americana, las enfermeras mostraron un heroísmo y un sentido del deber iguales a los de cualquier soldado o marino. La mayoría de las que estaban conmigo en el Hospital de las Ánimas de La Habana no habían tenido la fiebre amarilla, y sin embargo, atendieron sin inmutarse a los casos malignos de dicha enfermedad, permaneciendo hasta el final junto a los que morían, intentando aliviar su sufrimiento y salvar su vida, con sus vestidos, sus manos e incluso a veces sus rostros cubiertos de sangre y vómito negro.

Una de aquellas enfermeras de las Ánimas fue Miss Clara Maass, entregó su joven vida por un alto sentido del deber. Pensó que sería más útil como enfermera en Cuba después de haber padecido la fiebre amarilla, y pidió ser picada por mosquitos infectados con el fin de contraer la enfermedad y así inmunizarse. Yo intenté disuadirla de que diera ese paso, diciéndole que su vida era demasiado valiosa para exponerla a un riesgo tan grande… No obstante, ella insistió, y le aplicaron en el brazo los fatales mosquitos. Tres o cuatro días más tarde se le desencadenó un caso hemorrágico maligno de fiebre amarilla que le causó la muerte una semana después. (Citado en Frank, 1953, página 259).

Tras su fallecimiento se interrumpieron los experimentos, aunque éstos ya habían avanzado lo suficiente como para que se empezara a controlar la enfermedad.

FOTO 5 Los conquistadores de la fiebre amarilla. Dean Cornwell. Cortesía de Wyeth Laboratories, Filadelfia, Pennsylvania. Los médicos Jesse Lazear, James Carrol, Carlos Finlay y el comandante Walter Reed investigando la enfermedad producida por un mosquito en Cuba después de la Guerra Hispano-Americana, 1900

Clara Lousie Maass (1876 – 1901) se graduó en la Christina Trefz Training School for Nurses del Newark German Hospital en 1895. Posteriormente este hospital fue rebautizado con el nombre de Clara Maass Memorial Hospital. Miss Maass fue una de las cinco primeras estudiantes que se graduaron con el programa de dos años. Permaneció como miembro del personal y tres años más tarde se convirtió en enfermera jefe. Se ofreció como enfermera voluntaria para el ejército de los Estados Unidos durante la Guerra Hispano-Americana y sirvió en Florida, Georgia, Cuba y las Filipinas. Tras haber completado su período de servicio, Clara Louise se ofreció voluntaria en respuesta al llamamiento hecho por el comandante William C. Gorgas para reclutar enfermeras para La Habana, donde se estaban llevando a cabo experimentos sobre la fiebre amarilla. Cuidó a las víctimas de esta enfermedad durante la primavera de 1901. El 4 de junio de ese mismo año permitió ser picada por un mosquito. Sufrió un ataque leve de fiebre amarilla, se recuperó y volvió a ser picada de nuevo el 14 de agosto. Dudaba de que la febrícula que había padecido la hubiera inmunizado contra la enfermedad. El segundo ataque resultó ser fatal, y falleció 10 días más tarde a la edad de 25 años.

Clara fue la única norteamericana y la única mujer que falleció durante los experimentos. Tras su muerte se interrumpieron éstos, pero finalmente acabó por vencerse la enfermedad. El cadáver de Clara fue enviado al cementerio de Fairmount, en Newark, para ser enterrado con todos los honores militares. Tanto Cuba (1951) como los Estados Unidos de América (1976) han emitido sellos conmemorativos en su honor. Este fue el primer sello de los Estados Unidos dedicado a una enfermera individual. Además, la casa de acuñaciones Franklin realizó una medalla especial con motivo del centenario de su nacimiento.

FOTO 6 En el Good Samaritan Hospital, se formaron muchas enfermeras, 1910

La experiencia de la guerra demostró sin lugar a dudas la superioridad de la enfermera preparada sobre la voluntaria sin formación e impulsó la constitución de un cuerpo permanente de enfermeras. Inmediatamente después de la guerra, tanto la Nurses´Associated Alumnae, con el apoyo de ciudadanos influyentes, como la Dra. McGee propusieron proyectos para la instauración de un cuerpo de enfermería profesional sancionado legalmente a perpetuidad. Estos proyectos no fueron aceptados.

Finalmente, en 1900, después de que varios cirujanos hubieran hablado favorablemente en el Congreso sobre el trabajo realizado por las enfermeras, se presentó el Acta de Reorganización del Ejército, que institucionalizaba un cuerpo permanente de enfermeras como parte del Departamento Médico del Ejército; el cuerpo estaría integrado por enfermeras con una formación completa (graduadas en Escuelas hospitalarias) bajo el mando de un director competente. Antes de su aprobación el 2 de febrero de 1901, se añadió al Acta una enmienda según la cual la supervisora del Cuerpo de Enfermeras debía estar graduada por una Escuela hospitalaria. El Acta declaraba que el salario de las Enfermeras del ejército sería de 40 dólares al mes en caso de servicio en los Estados Unidos y de 50 dólares mensuales si éste se prestaba fuera del país.

FOTO 7 Soldados americanos haciendo punto en el Walter Reed Hospital, 1918

En 1918 se adoptó el nombre definitivo de Cuerpo de Enfermeras del Ejército. Su lema ha sido: “Allá donde van las tropas de los Estados Unidos, allá van las enfermeras del ejército”.

Puesto que la Dra. McGee no era enfermera, se vio obligada a dimitir cuando se estableció el Cuerpo de Enfermeras del Ejército. La sucedió en el cargo Dita H. Kinney, enfermera Jefe del hospital militar de Fort Bayard, Nuevo México. La condición de las enfermeras del ejército ha seguido una progresión lenta pero continua. Varios acontecimientos han contribuido a este proceso: en 1920 se acordó un rango relativo para las enfermeras del ejército; en 1926 tuvieron acceso a los beneficios del retiro; en 1947 las enfermeras se convirtieron en parte del ejército regular con los mismos derechos, salario y beneficios que los oficiales varones.

Una sucesión de líderes sirvieron en el puesto de superintendente, entre las que destacan Jane Delano, Isabel McIsaac y Dora Thompson, la primera que sirvió como militar. En 1908 se fundó el Cuerpo de Enfermeras de la marina de los Estados Unidos de América como una unidad integral de la Marina (1).

FOTO 8 Superintendente enfermera Jane Delano

Clara Lousie Maass
Clara Louise Maass nació el 28 de Junio de 1876 en East Orange, Nueva Jersey, Estados Unidos. Fue la mayor de 9 hermanos. Sus padres, Hedwig y Robert Maass, eran inmigrantes alemanes luteranos. Ellos debieron haber llegado junto con otros inmigrantes a mediados del siglo XIX, probablemente alrededor de 1848. Durante ese período, los alemanes emigrantes se establecieron principalmente en los estados de Nueva York, New Jersey, Pennsylvania, Maryland, Ohio, Indiana, Illinois, Texas y Dakota del Norte. Mayormente granjeros, era natural que, después de su llegada a los Estados Unidos, hayan escogido la misma ocupación. Robert, quien también llevaba sangre holandesa, debió haber trabajado al inicio en lo mismo que lo demás emigrantes, pero después trabajó en una fábrica de sombreros en Orange, pues en el Siglo XIX, en Newark y sus suburbios, la fabricación de sombreros era una industria importante.

Los Maass extrañaban el trabajo de la granja así que, cuando Clara tendría 11 o 12 años, la familia se mudó a una de ellas en Livingston, un municipio del condado de Essex, en el mismo estado de Nueva Jersey. Desafortunadamente no tuvieron éxito y, después de dos años, la familia regresó a East Orange y el papá de Clara trabajó de nuevo en los sombreros, abriendo más tarde una pequeña tienda de abarrotes (Artículos alimenticios y domésticos, como conservas, bebidas, papel, especias, velas, etc.) (3 y 4).

Clara acudió en su infancia a la escuela pública de Northfield, una escuela de sólo una sala, además de ayudar en el cuidado de sus hermanos menores. En cuanto llegó a la adolescencia tuvo que ayudar al soporte familiar, Clara trabajó como mamá auxiliar con otra familia, donde le pagaban y le daban alojamiento, todo esto mientras terminaba su escolarización. A los 15 años empieza a trabajar en el Orfanato Asilo de Newark; ganaba 10 dólares al mes por los siete días de la semana, desempeñando la labor de atender a los niños. En dicho orfanato se recibían huérfanos desde los dos hasta diez años de edad, y Clara dio grandes muestras de espíritu de servicio, compasión y caridad, auxiliando emocional y psicológicamente a sus semejantes.

FOTO 9 Superintendentes enfermeras Isabel McIsaac y Dora Thompson

Formación Profesional
En 1893, cuando Clara tenía 17 años, entró en la recientemente creada Escuela de Formación de Enfermeras Cristina Trefz, del Hospital Alemán de Newark. En esa época sólo había cuatro escuelas de enfermería en New Jersey y en Newark era la primera. Fue la señora Cristina Trefz quien consiguió el local donde fue construido el Trefz Hall, como se le designó a la Escuela de Enfermería, la cual fue abierta el 30 de noviembre de 1893 y funcionaba en el Hospital Alemán de Newark, New Jersey. Las primeras maestras procedían de la Cruz Roja alemana. Clara se graduó en 1895 como parte de la primera generación de estudiantes que concluyeron el curso, después de dos años de trabajo intenso. A su salida se dedica a la práctica privada de la enfermería en su comunidad y, posteriormente, se incorpora a trabajar en el duro quehacer de la enfermería en el Hospital Alemán de Newark.

El sistema hospitalario de los Estados Unidos, haciendo a un lado las instituciones mentales, emergió en una serie de tres fases más o menos coherentes. La primera de ellas, se inicia en 1751 y dura un siglo aproximadamente, presenció la formación de dos tipos de instituciones: hospitales voluntarios, operados por comités laicos de caridad, ostensiblemente no pertenecientes a ninguna religión, aunque de hecho eran protestantes, y hospitales públicos, descendientes de las casas de caridad, operados por municipios y condados y, en el caso de hospitales para marinos mercantes, por el gobierno federal. En la segunda fase, que empezó hacia 1850, se constituyó una variedad de hospitales más “particularista”. Fundamentalmente se trató de instituciones religiosas o étnicas, así como hospitales especializados para ciertas enfermedades o categorías de pacientes, mujeres y niños, por ejemplo. También los homeópatas, crearon hospitales.

FOTO 10 Grupo de enfermeras en un hospital para pacientes con fiebre amarilla. Franklin, Lousiana, 1898. Enfermeras en una sala de camas aisladas en el Walter Reed Hospital de Washington DC. National Library of Medicine, Bethesda, Maryland. Monjas católicas cuidando a los enfermos

El Hospital Alemán u Hospital Luterano, surge en esta fase. Fue inaugurado el 13 de febrero de 1868. Su primer presidente fue Louis Berner, cuya propuesta de trabajo fue la admisión libre a cualquier paciente de cualquier clase social y de cualquier creencia. La ciudad proporcionaba 625 dólares cada tres meses para el tratamiento médico de aquellos que no podían pagar, y una donación anual para continuar con la práctica de dar cerveza gratis a los pacientes. El hospital ingresaba dinero por el internamiento de pacientes en cuartos aislados. Este hospital fue el primero en Newark en tener cuartos de aislamiento para pacientes infecto-contagiosos que presentaban enfermedades tales como cólera, difteria, fiebre tifoidea y tuberculosis. La tercera fase de evolución, que abarca de 1890 a 1920, vio el advenimiento y la propagación de hospitales que buscaban la utilidad pecuniaria, los cuales fueron operados por médicos, ya fuera individualmente o en sociedad, e incluso en corporaciones.

Dicha evolución hacia la búsqueda de mayores ingresos financieros no fue accidental. La formación de hospitales por instituciones religiosas después de 1850 reflejó la llegada de grandes números de inmigrantes católicos. El crecimiento de hospitales concesionados después de 1890 indicó la nueva tendencia hacia el provecho económico, el cual se debió al adelanto de la cirugía. Intervino también una dialéctica interna. En cuanto se establecía un hospital general, los médicos interesados en crear instituciones buscaban fondos y pacientes con bases más parciales, por ejemplo, afiliaciones étnicas, categorías especiales de enfermedades, ideas médicas sectarias.

FOTO 11 Enfermeras y pacientes en el Buque Hospital UUS Relief. Enfermeras Norfolk Naval Hospital 1919

Al igual que los hospitales concesionados, estas instituciones se establecían en respuesta a la estructura cambiante de oportunidades, y Clara vivió esta época de transición, tanto la del ingreso libre de pacientes donde el estado aportaba para su atención, así como cuando aparece el carácter monetario de la atención hospitalaria. Asimismo, le tocan las innovaciones quirúrgicas y los nuevos abordajes para pacientes infecto-contagiosos, tanto como alumna y como jefa de enfermeras; en 1898, tres años después de su egreso de la escuela, a la edad de 21 años, alcanzó la Jefatura de Enfermeras en la Institución y era reconocida como una persona trabajadora y dedicada a su profesión. Sin embargo, en este puesto no estuvo mucho, pues en abril de ese año Maass se ofrece como enfermera voluntaria de contrato para el Ejército de los Estados Unidos (el Cuerpo de Enfermería del Ejército todavía no existía). En esa época, Estados Unidos interviene en la guerra hispano-cubana y Clara, 6 meses después ya estaba en el Ejército.

Trabajó en el Ejército
Estados Unidos interviene en la guerra hispano-cubana, cuando ésta tocaba ya a su fin con la victoria de los mambises cubanos, Clara Luisa se brindó como enfermera voluntaria y sirvió en el Séptimo Cuerpo del Ejército de los Estados Unidos, del 1° de octubre de 1898 al 5 de febrero de 1899. Durante ese tiempo fue enviada a los campamentos de infecciosos en el Sur de Estados Unidos, estuvo en Jacksonville, Florida; después, en Savannah, Georgia y, finalmente, en Santiago de Cuba, donde ella debió haber tenido contacto con enfermos de fiebre amarilla. Al terminar este contrato de casi 5 meses, se incorpora nuevamente a la práctica privada, pero antes de que terminara el año, responde de nuevo a otro llamado para enfermeras de contrato en el Ejército, así que el 20 de noviembre ingresa en el Octavo Cuerpo que se encuentra en guerra en las Filipinas “ella ofreció sus servicios al Cirujano General de las Fuerzas Armadas, argumentado su preferencia por el clima tropical y que gozaba de excelente salud y de buena constitución, además de estar acostumbrada a las condiciones adversas que significaban los servicios de campaña”. Aceptada por el Ejército, trabajó en el Hospital de Reserva de Manila en Filipinas desde noviembre de 1899 hasta mayo de 1900.

Allí atendió toda clase de lesiones en las batallas, pero la mayor parte de sus deberes de enfermería se orientaron hacia la asistencia médica de soldados que sufrían de enfermedades infecciosas tales como la tifoidea, el paludismo, el dengue y la fiebre amarilla.

Ella misma enferma de dengue en Manila y, por ese motivo, es enviada a su casa en Newark para su recuperación.

En el otoño de 1900, el Mayor William Gorgas, Oficial en Jefe de Sanidad en La Habana durante el gobierno de ocupación norteamericano en Cuba, y miembro de uno de los equipos que se formaron para encontrar el agente etiológico, el vector, el mecanismo de trasmisión y la vacuna contra la fiebre amarilla, envió desde La Habana, una convocatoria para enfermeras voluntarias de contrato. En octubre, cinco meses después de haber dejado Manila, y ya repuesta del cuadro de dengue, Clara estaba de nuevo respondiendo a la llamada del Ejército. Fue destinada a prestar sus servicios en el “Hospital de las Ánimas” en La Habana, donde se recluía a los enfermos infecciosos.

FOTO 12 Enfermeras Hijas de la Revolución Americanas

En aquella época se debatía la comprobación del descubrimiento del sabio cubano, Dr. Carlos Juan Finlay de Barres, originario de Camagüey, Cuba, quien desde 1881 había dado a conocer al mundo en una Conferencia Sanitaria Internacional y en la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, su teoría metaxénica (la trasmisión de una enfermedad de un enfermo a un supuesto sano, susceptible, por medio de un agente biológico), y había señalado al mosquito Aedes aegypti como el agente transmisor de la fiebre amarilla, enfermedad epidémica que causaba miles de muertes.

La cuarta Comisión de Fiebre Amarilla de los Estados Unidos
En junio de 1900, el Mayor Walter Reed, fue enviado a Cuba como presidente de una junta para estudiar las enfermedades infecciosas del país, pero sobre todo la fiebre amarilla. Asociados con él estaban los Cirujanos asistentes interinos: James Carroll, Jesse W. Lazear y Arístides Agramonte. La Comisión estadounidense se reunió por primera vez el 25 de junio de 1900 en las barracas de Columbia, Marianao, donde entonces existía un brote epidémico de fiebre amarilla. El primer acuerdo de sus integrantes fue la selección de los médicos que ayudarían. Según este, los casos de fiebre amarilla en el centro de la ciudad de la Habana serían atendidos por los médicos del “Hospital de las Ánimas”, cuya actividad se controlaría por una Comisión adjunta nombrada por el Departamento de Salubridad a la que debían enviar todos los sujetos sospechosos de padecer la enfermedad para su diagnóstico.

Esta Comisión adjunta, compuesta por los doctores Carlos Finlay, Juan Guiteras Gener, Antonio Díaz Albertini y William C. Georgas, mantendría estrecho contacto con la Comisión de Reed. El examen de los casos de Marianao y del campamento Columbia serían vistos por esta última Comisión. Bajo la influencia decisiva del Dr. Reed, predominó como punto de partida del estudio la comprobación de la hipótesis del bacilo icteroides de Sanarelli; los resultados fueron negativos. En vista de ello, el 1 de agosto de 1900, el Dr. Reed decidió examinar la teoría sobre la trasmisión de la fiebre amarilla por el Culex mosquito (hoy conocido como Aedes aegypti), sostenida por el Dr. Carlos Finlay desde 1981, motivo por el cual lo visitó ese día en su domicilio de la calle Aguacate 110, acompañado por los doctores Carrol y Lazear.

FOTO 13 Carlos Juan Finlay (1833-1915). Clara Louise Maass. Las Animas hospital ambulancia. La Habana 1900

Finlay puso a disposición de ellos todos los datos acerca de sus investigaciones, además de varios ejemplares y huevos de la especie de mosquitos responsables de la fiebre amarilla con los que había inoculado hasta entonces a un total de 104 sujetos. Después de discutirlo, la Comisión acordó hacer la prueba de campo para verificar la veracidad de la teoría finlaísta, falleciendo en esta etapa, el 25 de septiembre del 1900, Jesse W. Lazear, como consecuencia del trabajo realizado en la investigación. En honor a él se puso su nombre a un campamento diseñado especialmente para los experimentos, situado de 3 a 4 millas de La Habana. El personal de dicho campamento se componía de dos médicos, tres enfermeras y nueve personas no inmunes, todas en el servicio militar. Finalmente, la teoría finlaísta se comprueba.

En febrero de 1901, el Oficial en Jefe de Sanidad de La Habana, el Mayor W. C. Gorgas, del Ejército de los Estados Unidos, instituyó medidas para erradicar el padecimiento basadas en las conclusiones de la Comisión. Se demostró que la picadura del mosquito por sí solo no produce inmunidad y que sólo bajo ciertas condiciones era trasmitida la enfermedad, ya que el virus circulaba en la sangre durante los tres primeros días de padecerla. El mosquito debería picar al enfermo durante este período, y aún así, no trasmite la enfermedad de inmediato, sino hasta pasar el período de incubación dentro del insecto, el cual es de 12 días. Sin embargo, mientras todo esto sucedía en el equipo de la Comisión de Walter Reed, el equipo del Dr. Guiteras, que se encontraba en el “Hospital de las Ánimas”, seguía con sus investigaciones.

Los nativos americanos en la Guerra Hispano-Americana
Cuatro Hermanas Sioux de Fort Berthold en Dakota del Sur, sirvieron como enfermeras durante la Guerra Hispano-Americana en 1898. Fueron asignadas al Hospital Militar en Jacksonville, Florida, y posteriormente las trasladaron a La Habana en Cuba (5).

Al menos 14 mujeres aborígenes sirvieron en el Cuerpo Médico estadounidense durante la Gran Guerra, dos de ellas fueron a Europa. La enfermera Cora E. Sinnard, se graduó de la Escuela de Enfermería en Filadelfia y estuvo ocho meses en Francia. La enfermera Edith Charlotte era iroquesa, originaria de Canadá.

Durante esa guerra, las mujeres indias americanas comenzaron a servir como enfermeras del ejército. Las Hijas de la Revolución Americana del Hospital Corps formaron cuatro mujeres Lakota, la enfermera Susan Burdeos (Reverenda Madre M. Anthony), Ella Clark (La reverenda Hermana M. Gertrude), Anna B. Pleets (La reverenda Madre M. Bridget), y Josephine Dos osos (La reverenda Hermana M. Joseph). Además de su formación sanitaria, también la recibieron en sus prácticas en los hogares y hospitales locales bajo la supervisión del reverendo Francis a partir de 1895. Cuando estalló la guerra en 1898, Francis Craft ofrece al servicio del ejército a las cuatro enfermeras Lakota. Durante el conflicto bélico, cuidaron a los soldados heridos y enfermos en los campamentos de Cuba Libre, Jacksonville, Florida, y en el campamento Ornward en Savannah, Georgia.

Estas enfermeras vivían en tiendas de campaña durante la guerra y recibían una paga de 30 dólares al mes, un buen sueldo para aquel tiempo. Las Cuatro enfermeras Lakota recibieron cada una de ellas “la Cruz de la Orden de las Enfermeras de la Guerra Hispano-Americana”.

FOTO 14 Cuatro Hermanas Sioux de Fort Berthold en Dakota del Sur, sirvieron como enfermeras durante la Guerra Hispano-Americana en 1898

Después de la guerra, las enfermeras trabajaron en un orfanato en Cuba. Una de ellas, Susan Burdeos (Reverenda Madre M. Anthony), murió de una neumonía en octubre de 1899 y fue enterrada con honores militares en el cementerio Militar Nacional de Arlington.

A pesar de haber pasado muchísimos años de opresión, los nativos americanos respondieron a la llamada de la guerra. Para muchas de ellas, el servicio militar provenía de una larga tradición guerrera familiar. Muchas de ellas tenían la esperanza de obtener un mejor nivel socioeconómico.

La guerra ayudó principalmente a crear un clima mucho más saludable en las relaciones entre los blancos y los nativos americanos (5).

Bibliografía
1.- Historia de la Enfermería. M. Patricia Donahue. Versión española de la obra original “Nursing The Finest Art. An Illustrated History”, publicada por The C. V. Mosby Company. B-24.474-99

2.- Historia de la Enfermería. José Siles González, 1999 y 2008. Editorial Aguaclara. ISBN: 978-84-8018-164-8. Depósito legal: A-1062-2004

3.- En la Revista Enfermería Científica, está el artículo publicado en marzo de 2011: “La Enfermera en la investigación: Clara Maass y la fiebre amarilla”. Sus autores son estudiantes, profesores y enfermeras mexicanas. MDH Mª Guadalupe Díaz Cárabes, Profesora Titular B y Coordinadora de Planeación e Investigación del Departamento de Enfermería para la Atención, Desarrollo y Preservación de la Salud Comunitaria. Dr. J. Roberto Colín Ortiz. Técnico Académico Titular. Dr. José Cruz Pérez Serna. Profesor Docente Titular. Daniel Ortiz Anguiano. Estudiante de la Licenciatura de Enfermería y la Maestra María de la Paz Hernández Rivera. Profesora Docente Asociada, todos ellos pertenecientes al Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS) de la Universidad de Guadalajara en México.

4.- Clara Louise Maass, contribución a la profesión de enfermería y a la humanidad. Publicado el sábado día 3 de Septiembre de 2011

5.- Mujeres autóctonas

Manuel Solórzano Sánchez
Diplomado en Enfermería. Servicio de Traumatología. Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. OSI- Donostialdea. Osakidetza- Servicio Vasco de Salud
Insignia de Oro de la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica 2010. SEEOF
Miembro de Enfermería Avanza
Miembro de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos
Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería
Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.
Miembro no numerario de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País. (RSBAP)