sábado, 27 de febrero de 2016

LA ENFERMERA EN EL HOGAR Y EN LA CLÍNICA




FOTO 1 Portada del libro

Este libro de 1942 en su prólogo nos contaba que: Los conocimientos que debe tener la enfermera, así como la práctica que ha de haber realizado antes de alcanzar la debida eficiencia en su delicada profesión, han de ser muy numerosas y, como es consiguiente, la exposición de cada uno de esos conocimientos, cuando se lleva a cabo con detalle y la minuciosidad indispensable para que sean perfectamente comprendidas, exige gran espacio, como lo demuestra la circunstancia de que la enfermera, antes de haber aprobado sus estudios, debe conocer varias asignaturas y cada una de ellas le ofrece un libro de texto de volumen más que regular.

Esta sola razón explica sobradamente la circunstancia de que un volumen de la extensión del presente (107 páginas) no puede ser completísimo, a pesar de cuanto se quieran sintetizar los asuntos que en él se traten.

Por esta razón, la falta de espacio ha limitado, forzosamente, nuestro deseo de hacer un estudio profundo de todos los conocimientos que debe tener una enfermera, pero, sin embargo, y teniendo en cuenta que quienes lean esta obra poseen ya multitud de conocimientos, nos hemos esforzado en sintetizar y extractar lo más posible las materias de que se trata en este manual, con objeto de que a pesar de sus reducidas dimensiones, se lo más práctico y completo que se pudiera desear.

También tenemos la confianza de que las nociones y detalles así expuestos, como resultado de muchos años de práctica de la medicina y de la enfermería en varios hospitales del país y del extranjero, constituirán un conjunto comprensivo, claro, práctico y eficaz. Y, desde luego, también estamos persuadidos de que este volumen responde, por sus características, al deseo que muchas veces hemos oído expresar a las estudiantes de la carrera de enfermera de poseer un tratadito abundante en datos y detalles, que sólo figuran habitualmente en obras de una extensión mucho mayor.

Capítulo Primero
Condiciones que debe reunir La Enfermera
Ante todo, la enfermera ha de ser una persona pulcra y aseada en todos los detalles de su cuerpo y de su uniforme. Ha de cuidar muy bien de su salud y de su robustez, teniendo en cuenta que su profesión es una de las que exigen mayor resistencia y energía. Deberá buscar todas las ocasiones posibles para practicar algún ejercicio físico que contribuya al mantenimiento de la salud.

Su traje (uniforme) habrá de ser blanco y estar muy limpio. Las mangas deberán recogerse muy fácilmente, con objeto de que, en todo momento, se pueda lavar bien las manos y los antebrazos. Además, tanto la ropa como el calzado no deben crujir ni hacer ruidos innecesarios que puedan molestar a un enfermo grave.

Desde el punto de vista moral e intelectual, la enfermera habrá de ser una entusiasta de su profesión, puesto que, para desempeñarla debidamente, es necesaria una verdadera vocación. Deberá ser muy activa, para no retrasar nunca, ni por un momento, los esfuerzos y los cuidados que exija el enfermo, y recordará que no existe ninguna excusa capaz de justificar el aplazamiento en cumplir cualquiera de su múltiples deberes.

Habrá de ser muy disciplinada y obedecer exactamente los consejos y las indicaciones de los médicos. Y si el facultativo, por una razón cualquiera, hubiese podido cometer un error en las dosis de medicamentos, en el tratamiento o en el diagnóstico, y en el caso de que la enfermera se diese cuenta de ello, deberá advertir a su superior con el respeto y la consideración que merece, cuidando mucho de que el enfermo no se entere, con objeto de no socavar la confianza que el facultativo inspira. Téngase en cuenta que el enfermo es un ser débil que, de un modo instintivo, confía en absoluto en los cuidados del médico y como ha perdido su energía espiritual, ha de entregarse en absoluto a quien, por sus conocimientos y por su estado de salud, se halla en una situación superior a la suya.

FOTO 2 Enfermera curando una mano herida

La enfermera habrá de ser también alegre y animosa y, de un modo especial, convendrá que sea valerosa en los momentos de crisis o de peligro, con objeto, en primer lugar, de que su propio susto no le enturbie la visión de lo que debe hacer y también para que el enfermo no se dé cuenta de ningún pánico en la persona encargada de cuidarlo. Además, habrá de tener un carácter optimista y esperar siempre lo mejor, recordando que así sucede en la mayor parte de los casos y que, en muchos de ellos, la confianza aparentada por el médico y la enfermera influyen de tal manera en el enfermo, que acaba por sentirla a su vez y quizá este factor, por sí solo, sea la causa de su curación. Además, la enfermera deberá hablar con moderación, guardar buenas ausencias a sus compañeras o a los médicos y abstenerse en absoluto de referir hechos o sucesos que puedan resultar en desdoro de otra persona.

Habrá de tener en cuenta asimismo que su única misión es la de cuidar el enfermo y habrá de velar de un modo constante para atender al restablecimiento de su salud. También deberá ayudar al médico con la mayor voluntad y sinceridad, dándose cuenta de que, en cierto modo, es una representante del facultativo y la encargada de llevar exactamente a cabo sus órdenes.

Esto mismo indica ya la necesidad de que la enfermera se abstenga de tomar iniciativas que, en muchos casos, constituyen un ejercicio ilegal de la Medicina.

Capítulo II
El enfermo
El enfermo deberá hallarse siempre en un estado de absoluta limpieza, tanto por lo que se refiere a su persona, como por las ropas y los efectos que hayan de estar en contacto con él.

También es preciso que la enfermera permanezca de un modo constante a corta distancia del enfermo, con objeto de poder sorprender y atender cualquier indicación que éste le haga. Si el estado del enfermo lo consiente, la enfermera podrá dedicarse a una labor de aguja que entretenga sus forzados ocios y que no pueda molestar al paciente.

La conducta de la enfermera ha de ser tal que el paciente sienta por ella la mayor confianza. Aparte de los beneficios materiales que ello puede reportar, no es posible negar el efecto moral que esa compenetración espiritual, entre el enfermo y la enfermera, tendrá en beneficio de ambos: en el enfermo, porque contribuirá a mejorar su estado y acelerar su curación y en la enfermera porque la habituará a la conducta correcta, que no sólo la perfeccionará cada vez más en su profesión, sino que le dará todas las condiciones de serenidad, eficiencia y capacidad que han de constituir las bases esenciales de sus cualidades.

La enfermera debe cuidar que en la habitación del enfermo no haya más conversaciones de las absolutamente indispensables y, de igual manera, evitará que ni siquiera en voz baja se hagan comentarios acerca del estado del paciente. Muchas veces se cree que éste no se entera de lo que ocurre a su alrededor y está vigilante y atento a todo lo que se pueda decir.

La enfermera nunca se dirigirá al paciente en voz alta o de modo brusco. Habrá de evitar la necesidad de despertarle en el primer sueño, hablar demasiado con él o referirle cosas que le llamen demasiado la atención. El enfermo debe estar tranquilo, sosegado; es preciso que hable lo menos posible y que no se entere de cosas muy interesantes. Hay quien dice, y no creemos que ande muy descaminado, que el enfermo debe aburrirse concienzudamente. Por lo menos, eso tiene la ventaja de no producirle ninguna excitación y de dejar al organismo en libertad de esforzarse por recobrar la salud.

Tampoco se ha de discutir con el enfermo y menos contrariarlo de un modo seco. Si exige algo que no se le puede dar, hay que convencerlo con suavidad y energía a un tiempo, dándole a entender lo que se desea de él y aun, si es preciso, las razones de que deba someterse.

Cuando el enfermo se halla muy mejorado, conviene darle más conversación, pero siempre evitando tratar de asuntos emocionantes o demasiado interesantes.

La enfermera ha de cuidar, también de las visitas al enfermo. En general, y cuando estén permitidas, habrán de ser cortas y, en ellas no se deberá tratar de asuntos como los ya indicados. Y, cuando sea preciso, esas visitas deben suprimirse por completo, de modo que, en muchos casos, solamente las personas más allegadas deberán tener ingreso en la habitación del enfermo y aun entonces éstas habrán de sujetarse a las reglas ya indicadas. Y, sobre todo, es preciso evitar, en absoluto, que los visitantes hablen de enfermedades. No todo el mundo tiene la discreción suficiente para hacerlo del modo debido y, en tales casos, esas conversaciones podrían causar una depresión mental y de efectos muy desagradables en el enfermo.

FOTO 3 Enfermeras del quirófano del Hospital Thousands

Cuando éste sufra una dolencia incurable y de desenlace lejano, o bien una de aquellas en que suele forjarse ilusiones acerca de su estado, es preciso actuar con la mayor descripción, con objeto de levantar su estado moral. La indiferencia, una actitud pasiva o el desaliento son malas compañeras del enfermo, ya se halle o no en vías de curación. En tales casos la enfermera habrá de procurar devolverle, cuanto le sea posible, el perdido ánimo.

Muchas veces el enfermo manifiesta una desconfianza muy grande con respeto a su curación, simplemente con el fin de que se le contradiga de un modo inteligente, es decir, se va buscando un optimismo que él no siente. En estos casos es más indicado que nunca el papel alentador que debe desempeñar la enfermera.

Y aun cuando se trate de una dolencia absolutamente incurable, no se ha de permitir que el paciente pierda las esperanzas. Con todas las precauciones posibles, sin exagerar la nota optimista y sin pintar cuadros de color de rosa, puede la enfermera inspirar confianza al desdichado que esté a su cargo.

En la convalecencia, la enfermera, aparte de los cuidados físicos de que ha de hacer objeto al paciente, han de llevar a cabo una misión muy importante. Ante todo, deberá vigilar muy bien al enfermo, para que no se fatigue demasiado. Tiene todavía muy pocas fuerzas y le quedan muchas por recobrar. Por ejemplo, en los primeros días de la convalecencia pueden producirse algunos síncopes, provocados por la anemia cerebral o por un movimiento brusco y, a veces, también, por una emoción demasiado fuerte.

En otras ocasiones es preciso estimular el apetito o, por el contrario, se habrá de moderar. En una palabra, téngase en cuenta que, aun cuando pudiera creerse lo contrario, la convalecencia es uno de los períodos más críticos de la enfermera. No se olvide que las recaídas son frecuentes y que, cuando se producen, suelen ser mucho más peligrosas que la enfermedad ya pasada.

FOTO 4 Alumna de enfermera Escuela de Formación del Hospital Judío para enfermeras Albert Einstein Medical Center Philadelphia 1910. Enfermeras de la Cruz Roja con militares Primera Guerra Mundial

El sueño es, quizá, una de las cosas más convenientes para el enfermo. En tal estado se restablece el sistema nervioso, se hace acopio de fuerzas y el organismo acaba por librarse de los vestigios morbosos que aun tiene que sufrir, pero, naturalmente, hay que hacer la distinción necesaria entre el sueño natural y el amodorramiento producido por la misma enfermedad.

En todos los casos, el médico será el mejor guía de la enfermera y en éste también es muy prudente seguir sus indicaciones.

Y vamos a tratar ahora de los aspectos más desagradables de la profesión. El cuidado del enfermo cuando sufre una dolencia aguda y en los casos en que ésta tiene un curso normal y tiende a la curación, el papel de la enfermera es relativamente fácil; pero cuando, por desgracia, la enfermedad llega a su desenlace fatal y sobrevienen, primero la agonía y después la muerte, no por eso ha terminado, al iniciarse el primer proceso, la misión de la enfermera, sino que entonces, precisamente, es cuando ha de actuar con mayor eficacia y serenidad.

Deberá evitar en absoluto que las lamentaciones de los parientes lleguen a conocimiento del moribundo. Las más elementales consideraciones de caridad y de amor al prójimo le imponen el deber de procurar que la muerte sea lo menos dolorosa posible.

Téngase en cuenta que en la mayor parte de las ocasiones, cuando el moribundo ya no es capaz de pronunciar una sola palabra y, aparentemente, no funcionan sus sentidos, aun es capaz de oír muy bien y de comprender todo lo que ocurre a su alrededor.

FOTO 5 Portada y lámina de inyecciones

En los hospitales la enfermera tendrá el mayor cuidado en que el moribundo se vea atendido con todas las consideraciones que merece. Si es posible, procurará que la cama esté rodeada de biombos, para que nadie pueda molestarle.

Permanecerá al lado del paciente y no se separará de él hasta que haya llegado la muerte.

En cuanto haya ocurrido eso, deberá informar en el acto al médico de guardia y cuidar de que el certificado de defunción pase a la oficina donde se llevan a cabo las formalidades administrativas.

Hecho eso, la enfermera será la encargada de dirigir el levantamiento del cadáver y su traslado, a la hora indicada por el médico y esto de modo que los demás enfermos no se den cuenta de lo que ocurre. Y en cuanto ha terminado este traslado, deberá dirigir la operación de que quiten y cambien la ropa de la cama, desinfectándola como es debido.

FOTO 6 Winston Churchill primer ministro británico acompañado de enfermeras británicas de la Cruz Roja que recaudan fondos para su causa. Su presencia en las calles, en la Segunda Guerra Mundial, inspiró la resistencia y oposición británica a la Alemania nazi. Enfermera Cruz Roja 1900

BIBLIOGRAFIA
La enfermera en el hogar y en la clínica. Autora: Rosario Huelin Martaza, Doctora en Medicina y Cirugía. Noviembre 1942

Manuel Solórzano Sánchez
Diplomado en Enfermería. Servicio de Traumatología. Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. OSI- Donostialdea. Osakidetza- Servicio Vasco de Salud
Insignia de Oro de la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica 2010. SEEOF
Miembro de Enfermería Avanza
Miembro de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos
Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería
Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.
Miembro no numerario de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País. (RSBAP)