martes, 9 de diciembre de 2014

REAL ESCUELA DE SANTA ISABEL DE HUNGRÍA. PROGRAMA DE ESTUDIOS 1922



Puede decirse que existió un antes y un después en nuestra profesión a partir de la apuesta firme y decidida del Dr. Federico Rubio y Gali por incorporar, a su soñado proyecto de construir un Instituto Quirúrgico de Terapéutica Operatoria, una Escuela de Enfermeras similar a las ya existentes en el mundo anglosajón y que, por aquella época, eran modelo y guía de la enfermería por todo el mundo (1).

FOTO 1 Instituto Quirúrgico de Terapéutica Operatoria y Real Escuela Santa Isabel de Hungría

Pero no sólo hay que mirar al mundo anglosajón. Así, el Dr. Rubio tuvo ocasión de conocer en Londres a la doctora Cecilia Grierson quien, en 1886 ya había creado la primera Escuela de Enfermeras en Sudamérica, en el Circulo Médico Argentino, aunque hubo que esperar hasta 1891 para obtener su reconocimiento oficial. Posteriormente, en 1899 Mary Agnes O'Donnell crea la primera escuela de enfermeras en el Hospital Nuestra Señora de las Mercedes en Cuba; en 1903 se crea en Cartagena la primera Escuela de Enfermeras de Colombia, en 1906 se crea anexa a la Universidad de Chile la primera escuela de enfermeras, y así sucesivamente por el resto del continente, aunque también todas estas escuelas tuvieron un buen referente en la primera Escuela de Enfermeras fundada en los Estados Unidos de Norteamérica en 1873 en el Hospital Bellevue de Ohio (1).

El Dr. Federico Rubio fundó la primera Escuela de Enfermeras laicas en España, mucho antes de que se regulasen los estudios oficiales de enfermeras en dicho país, que fue gracias a las Religiosas Siervas de María, Ministras de los enfermos, el 7 de mayo de 1915.

Como todo proyecto que emerge tuvo sus detractores. Inicialmente, el laicismo institucional del cuerpo de enfermeras, que no de su formación y régimen de vida, como más adelante se hará referencia, tuvo sus no pocos enfrentamientos con la Iglesia, e incluso retiradas de algunas de sus subvenciones. Médicos y practicantes fueron, posteriormente, sus mayores detractores. Los primeros sin duda, por las envidias corporativas dada la cada vez mayor influencia del Dr. Rubio y Gali en la Casa Real, en el ámbito profesional internacional y en la sociedad en su conjunto. Los segundos, porque veían cómo, poco a poco, estas profesionales iban ocupando espacios que antes les eran propios, así como obteniendo un respaldo profesional, social e institucional que ellos consideraban lesivo para sus intereses (1).

Está documentado que el Instituto Quirúrgico de Terapéutica Operatoria inició su construcción el 4 de julio de 1896 como un Instituto de nueva construcción e independiente de cualquier otra institución sanitaria, con el espaldarazo de S.M.R. Regente y toda la familia Real, siendo arquitecto de la construcción el señor don Manuel Martínez Ángel.

FOTO 2 Dr. Federico Rubio. Foto Fundación María Teresa Miralles Sangro

Estaba ubicada en la parte alta de la Moncloa, en la prolongación de la calle del Ensanche (donde hoy está ubicada la Fundación Jiménez Díaz).

El Instituto se construyó sobre una superficie de 163.912 metros cuadrados cedidos por el Estado. La inversión total fue de 430.000 pesetas, de las cuales, 178.215 pesetas fueron conseguidas mediante suscripciones voluntarias, corriendo a cargo del Dr. Rubio el resto de la inversión.

En el Reglamento para las enfermeras se dividía en dos, uno para enfermeras externas y otro para las internas. En el caso de las alumnas externas, recibían un Certificado de Aptitud como alumnas del Instituto Quirúrgico de Terapéutica Operatoria una vez terminados los dos cursos con el beneplácito de sus profesores (1).

Se exigía, para formalizar la matrícula, ser mayor de 23 años y menor de 43, o, siendo menores, licencia paterna, saber leer, escribir, sumar, restar, multiplicar y partir, estar sanas, vacunadas, ser aseadas y tener buenos modales y costumbres.

La formación que recibían era la siguiente:
Nociones de higiene; higiene personal; nociones generales de infección y desinfección, el arte de la asepsis, el arte de manejar y cuidar a los enfermos; el arte de cocinar para los mismos; lavado y planchado; rapar, afeitar y amasar; el arte de curar asépticamente úlceras y heridas, y el arte de aplicar apósitos, vendajes, tópicos e inyecciones. El número de alumnas externas admitidas en esta primera promoción fue de 24, siendo preferidas las primeras inscritas más sanas y de mejores modos, y las internas 8, prefiriéndose, en este caso, las mujeres desamparadas, que recibían las mismas enseñanzas gratuitas que las externas, obteniendo, además, casa, vestido uniforme, asistencia a sus enfermedades y ración de la sobrante de los enfermos (1).

Como este nuevo modelo de enfermería sustituía, de alguna manera, a las Hijas de la Caridad, fue muy contestado desde algunas instancias poderosas en la sociedad de finales del siglo XIX, retirándole, en algunos casos, incluso las subvenciones. El Dr. Rubio y Gali quiso contestar a lo que él consideraba como una injuria, era un hombre de profundas convicciones religiosas, estableciendo un régimen de funcionamiento para las alumnas internas, incluso más dura que el establecido en los hospitales en los que prestaban sus servicios las Hijas de la Caridad.

Las alumnas internas, al inscribirse, contraían los mismos compromisos que las externas y, además, abstinencia de visitas, salidas del Hospital, relaciones exteriores, correspondencias, noviazgos y tocar moneda.

Una de las alumnas tenía que ser supervisora, en este caso fue Doña. Socorro Galán Gil, que jugaría el papel de contacto entre las alumnas y la superioridad, de control de los turnos, que serán diurnos y nocturnos, y del cumplimento de las prácticas cristianas e higiénicas siguientes. La primera enfermera del Instituto fue Salvadora D’Anglada, quién concluyó su vida profesional como matrona de la Casa Real.

Se levantaban a las cinco de la mañana y mientras se vestían en el dormitorio común, rezaban el Bendito, el Padre Nuestro, la Salve y el Credo. Seguidamente se arrodillaban ante la imagen de Santa Isabel de Hungría y rezaban una oración previamente establecida. Acto seguido, pasaban al local de baños y, cada una en un departamento aislado, “tomarán un baño de lluvia, cubierta con un peinador y guardando su propia honestidad. Después de friccionarse brevemente, se vestirán y repartirán en sus respectivos servicios diciendo mentalmente: Como el agua lava el cuerpo, así las buenas obras laven mi alma y la libre de infección”.

La Escuela, con estas normas de funcionamiento, inició su andadura el 1º de octubre de 1896 y prosiguió más allá de la muerte de su fundador el 31 de agosto de 1902, que fue enterrado en la capilla del Instituto y cuyos restos fueron rescatados por el Conde de San Diego, director en esa época del Instituto, y los nietos del Dr. Rubio, señores de Reixa. La última promoción concluyó los estudios en 1932 (1).

Tuvo su espaldarazo legal en mayo de 1915 al publicarse la Real Orden de 7 de mayo (Gaceta de 21) por la que se aprueba el programa de los conocimientos que son necesarios para habilitar de enfermeras a las que lo soliciten, pertenecientes o no a Comunidades Religiosas. Posteriormente siguieron sus pasos la Escuela de Santa Madrona (Barcelona) que llegó incluso a enviar como emisario al Dr. Baltasar Pijoan para conocer su experiencia, posteriormente la Escuela de Cruz Roja de Madrid, y así sucesivamente (1, Carlos Álvarez Nebreda).

FOTO 3 Revista Tribuna Sanitaria del Colegio Oficial de Diplomados en Enfermería de Madrid nº 206, Septiembre 2007

En uno de los artículos del ABC escribían:
En el año 1.896 se inaugura en Madrid la primera escuela de enfermeras, “Santa Isabel de Hungría, cuyo patrocinador fue uno de los médicos españoles más importantes del siglo XIX, Federico Rubio y Galí, su orientación estaba marcada por un estricto sentido religioso y técnico. “La escuela de Santa Isabel de Hungría desarrollo un esquema de formación biologicista y técnico. Desgraciadamente esta institución no pudo aprovechar el carácter revolucionario de Federico Rubio, que contaba ya con cerca de 70 años cuando la fundó” (3).

El programa teórico práctico tenía una duración de dos años, al final de los cuales se entregaba un certificado de aptitud. Según Domínguez Halcón, el primer requisito que se exigía a las aspirantes era la práctica de la religión católica. Iban descalzas de pie y pierna, usaban alpargatas y se les obligaba a cortarse el pelo a rape y a cubrirse la cabeza con un birrete. No se dispone de los programas de formación de esta escuela ni de los manuales que utilizaron, ya que el Instituto Rubio fue destruido durante la guerra civil española partir de este momento fue explicitándose a diferentes niveles la conveniencia y necesidad de formación de enfermeras (3).

FOTO 4 Manual del Practicante. Dr. Felipe Saenz de Cenzano. 1922

PROGRAMA DE ENFERMERAS DE SANTA ISABEL DE HUNGRÍA (4)

1º.- Deberes de la Enfermera. Condiciones físicas y morales que precisa reunir.

2º.- Anatomía y Fisiología. Definición. Divisiones de la Anatomía. Del esqueleto. Enumeración y situación de los huesos del cuerpo humano.
Fisiología: la Anatomía estudia la organización; la Fisiología estudia esta misma organización en su función, y por ello el Dr. Rodrigo Lavin define la Fisiología humana diciendo que es la parte de la ciencia biológica que comprende la exposición e interpretación de los fenómenos funcionales observables en el organismo humano.

3º.- Articulaciones.

4º.- Músculos.

5º.- Anexos de los músculos. Aponeurosis. Funciones de los músculos.

6º.- Angiología. Corazón. Arterias. Venas. Capilares. Vasos linfáticos.

7º.- Fisiología del aparato circulatorio.

8º.- Neurología.

9º.- Funciones del sistema nervioso.

10º.- Aparato digestivo. Esplanología.

11º.- Digestión. Absorción.

12º.- Aparato respiratorio.

13º.- Respiración.

14º.- Aparato urinario.

15º.- Función urinaria.

16º.- Aparato genital de la mujer.

17º.- Funciones del aparato genital femenino.

18º.- Estesiología. Sentido de la vista.

19º.- Mecanismo de la visión.

20º.- Sentido del oído.

21º.- Audición.

22º.- Sentido del olfato. Olfación.

23º.-Sentido del gusto. Gustación.

24º.- Sentido del tacto. Tacto.

25º.- Regiones del cuerpo humano.

26º.- Nociones de Higiene. Atmósfera. El principal elemento de la atmósfera es el aire, cuya composición conocemos por el tema 12, así como los cambios que experimenta mediante la respiración, que aumenta el ácido carbónico y llega a ser irrespirable, a no ser por la ventilación o renovación del aire. Además de la impurificación del aire por la respiración, existen en él elementos extraños; unos inorgánicos y otros orgánicos, como son los polvos y microorganismos.

27º.- Temperatura. Humedad y presión atmosférica.

28º.- Luz. Electricidad.

29º.- Del agua.

30º.- Alimentos y bebidas.

31º.- Preparación y conservación de los alimentos. Ración alimenticia. Regímenes.

32º.- De la habitación.

33º.- Del vestido.

34º.- Nociones de Patología general. Etiología.

35º.- Los agentes animados. La infección.

36º.- Anatomía patológica general. Estudia las perturbaciones materiales del organismo, o sean las lesiones. De éstos, especialmente, de la gangrena, hemorragia, embolia y trombus, etc., nos hemos ocupado en distinto punto del libro y no lo repetimos por temor a hacernos demasiado extensos.

37º.- Inflamación. Tumores.

38º.- Sintomatología. Del sistema nervioso.

39º.- Síntomas suministrados por los aparatos digestivo y respiratorio.

40º.- Síntomas suministrados por los aparatos urinario y genital.

41º.- Síntomas suministrados por la calorificación.

42º.- Síntomas suministrados por los órganos de los sentidos. Terminación de las enfermedades.

43º.- Nociones de terapéutica.

44º.- Agentes mecánicos.

45º.- Farmacología.

46º.- Farmacodinamia.

47º.- Medicamentos antisépticos. Medicación revulsiva.

48º.- Anestésicos.

49º.- Asistencia especial de las enfermedades infecciosas.

50º.- Conducta de la Enfermera ante las principales enfermedades contagiosas.

51º.- Medios antisépticos y materiales de curación más empleados en Cirugía. Medios prácticos para realizar la asepsia en las curas y operaciones. Preparación y técnica de las curas asépticas y antisépticas.

52º.- Traumatismos en general.

53º.- Cuidados que requieren los enfermos del aparato digestivo. Vómitos. Sus variedades atendiendo a su composición. Lavado del estómago y modo de realizarlo. Obtención del contenido gástrico destinado a análisis. Diarrea. Variedades. Modo de recoger y conservar el material expulsado por vómito o evacuación intestinal destinado a análisis. Enemas e irrigaciones. Modo de hacerlos. Bacinillas y sus variedades.

FOTO 5 Enfermeras de la Escuela de Santa Isabel de Hungría realizando una ofrenda floral a su difunto fundador. Monumento inaugurado en 1906 en el Parque del Oeste de Madrid. Foto Fundación María Teresa Miralles Sangro

54º.- Cuidados que requieren los enfermos del aparato respiratorio.

55º.- Cuidados que requiere la gestación.

56º.- Cuidados que requieren los operados de ginecología.

57º.- Prácticas del masaje.

58º.- Cuidados al recién nacido.

59º.- Cuidados que requieren los enfermos del aparato visual.

60º.- Cuidados que requieren los enfermos de la piel.

61º.- Cuidados que requieren los enfermos del sistema nervioso y metales.

62º.- Cuidados que requieren los enfermos de garganta, nariz y oídos.

63º.- Cuidados de los enfermos de las vías urinarias.

64º.- Higiene y profilaxis de la boca.

65º.- Socorros de urgencia. Asfixia; accidentes por la electricidad; congelación; embriaguez; estados convulsivos; insolación y acaloramiento.

66º.- Envenenamiento.

67º.- Cirugía de urgencia. Traumatismos de la cabeza, del cuello y del tórax.

68º.- Traumatismos del abdomen y extremidades.

69º.- Vendaje en general.

70º.- Vendajes más usados en la cabeza, cuello y tronco.

71º.- Vendajes más usados en las extremidades (4).

Han colaborado en este programa los ilustrados segundos practicantes Luis Huerta Daniel y Juan Álvarez Chueca.

El Programa está tomado de la magnífica obra en dos tomos “La Enfermera”, por el Dr. Antonio Mut, Profesor de la Escuela en 1917 (4).

La Escuela en los trajes y la pintura
La obra Trajes en la Historia, cuya autora es la enfermera y pintora, Rufi García Nadal nos muestra a modo de bocetos, los trajes que han identificado a lo largo del tiempo a la profesión que hoy se conoce como enfermería (5). Cuidando el conjunto, reteniendo los detalles del entorno, la autora realiza un trabajo sosegado a partir de la palabra, muchas veces sin el modelo de la imagen impresa.

El uniforme enfermero tiene su origen en los hábitos de diferentes órdenes religiosas. A partir del siglo XX, conforme se instituye la enfermería como profesión laica, el uniforme se adecua lentamente a la moda femenina.

Los uniformes oscuros, negros, de las enfermeras religiosas se volvieron blancos en la era moderna. Una vez que se decide que el Hospital es el lugar idóneo para atender a los enfermos. Es allí donde se desarrolla la cirugía aséptica, las técnicas diagnósticas y la nueva terapéutica, lo que en conjunto requiere de mucho personal.

De esta forma, en los hospitales modernos todo el personal sanitario, e incluso los enfermos deberían cambiar su atuendo por vestimentas blancas. Mientras que el personal no sanitario vestía con uniformes de otros colores el blanco se asoció y adoptó a todo aquello que atendía y se relacionaba con los pacientes.

Desde mediados del siglo XX, la uniformidad en la indumentaria se trasforma en un referente de dignidad y moral social. El vestido, traje, uniforme habla y nos cuenta historias fascinantes. Historias que, a veces, nos gustaría callar. Historias que, a menudo, nos desvelan más del otro que sus propias palabras. (5, María Teresa Miralles Sangro, 2012)

FOTO 6 Óleo sobre papel 24 x 33 cm. Real Escuela de Enfermeras de Santa Isabel de Hungría. Autora: Rufi García Nadal.

Preparación profesional. La formación reglada para las enfermeras
Aunque el término ENFERMERA se venía aplicando desde la Edad Media a las personas dedicadas al cuidado, fundamentalmente las religiosas, los comienzos oficiales de la profesión, en España, datan del 1857. Es en la Ley de Instrucción Pública de ese año, donde se hace mención a los títulos y se sientan las bases para la formación de practicantes y matronas.

La oficialidad de la enfermera viene de la mano del Dr. Federico Rubio y Gali (1827-1902) quién fundó en Madrid en el año 1896, en el Instituto Quirúrgico de Técnicas Operatorias, la primera escuela de enfermeras, bajo el nombre de Real Escuela de Enfermeras de Santa Isabel de Hungría. Dejó de funcionar en los años treinta (5).

La aprobación del título de enfermera, mediante R.O. del 7 de mayo de 1915, disponía que el certificado de enfermera debería ser el mismo en todas las facultades de medicina del Reino. De aquí que en el primer cuarto del siglo XX aparecieran nuevas escuelas, Escuela de Enfermeras del Dispensario para pobres de Santa Isabel en 1909 en San Sebastián, creado por los doctores Carlos Vic, internista, Luis González Ayani, el cirujano Michel Leremboure y el oftalmólogo Augusto Harriet (2). Como las de la Cruz Roja Española, en Madrid, (1917), Santa Madrona en Barcelona (1917), la Casa de Salud Marqués de Valdecilla en Santander (1929), y de la Generalitat en Barcelona (1933). Las Matronas tenían sus propias escuelas vinculadas a hospitales maternales, en Madrid es la Escuela de Matronas de la Casa de Salud Santa Cristina.

En cuanto a los practicantes, se preparaban en las Facultades de Medicina. El B.O.E de 8 de mayo de 1953 promulga una nueva ordenación académica que unifica los estudios de enfermera, practicante y matrona, encuadrándolos como nueva titulación: Ayudantes Técnicos Sanitarios (ATS). El nuevo título posibilita a los ATS para el ejercicio auxiliar de la medicina con carácter general y para realizar, bajo la dirección médica: la aplicación de medicamentos, inyecciones, vacunas y tratamientos curativos. Auxiliar al personal médico en las intervenciones de cirugía general y de las distintas especialidades, y practicar las curas de los operados. (5. María Teresa Miralles Sangro, 2012)

¿Hay o no hay, literatura para la preparación de las Enfermeras?

Para el Dr. W. López Albo
En el número de agosto de este año, 1934, de la acreditada Revista Clínica de Bilbao, aparece un escrito firmado por W. López Albo, cuyo epígrafe es: «Manual de la Enfermera», por Manuel Usandizaga. En ese artículo se presenta a los lectores el citado libro y se dice, entre otras cosas, lo siguiente, que reproducimos literalmente (6).

“Faltaba en la literatura médica nacional un buen libro que reuniera cuanto debe saber hoy la enfermera profesional, y esa ausencia se ha subsanado de manera excelente con el “Manual de la Enfermera”, obra del Director de la Escuela de Enfermeras de la Casa de Salud Valdecilla, Dr. Manuel Usandizaga y en la que colaboran, en los capítulos correspondientes a sus especialidades, los Jefes de Servicio de la precitada Institución, Dres. Arce, Lámelas, Puyal y Téllez.

En España puede decirse que estamos en las primicias de la formación de enfermeras que puedan parangonarse con las de otros países que nos llevan muchos años de ventaja en la preparación práctica y científica de estas insustituibles colaboradoras del médico. Ni ha habido internado de enfermeras, indispensable para adquirir la competencia necesaria en los múltiples problemas que plantea diariamente la clínica hospitalaria y privada, ni existía un libro que orientara a quienes se dedicaban al cuidado y asistencia de los enfermos (6).

FOTO 7 Insignia de la Real Escuela de Enfermeras de Santa Isabel de Hungría. Alumnas enfermeras realizando una ofrenda floral a su difunto fundador. Monumento inaugurado en 1906 en el Parque del Oeste de Madrid. Sello español de correos en la conmemoración del 175 aniversario del nacimiento del Dr. Federico Rubio. Fotos Fundación María Teresa Miralles Sangro

Fue la Casa de Salud Valdecilla (Santander) la primera institución hospitalaria española que en nuestro país creó una Escuela de Enfermeras con internado de tres años, único modo de lograr un personal adiestrado en las exigencias de la asistencia científica a los enfermos. Y es natural que de esa escuela, organizada y dirigida por el Dr. Manuel Usandizaga, haya salido la obra que ha de servir, sin duda, durante muchos años, de norma y de estudio para la formación de este personal sanitario femenino, que tanta falta está haciendo en nuestro país.

Después, el Dr. López Albo da cuenta de los capítulos de que consta la obra y termina así:
La aparición de este libro inicia una etapa tendente a proporcionar a quienes aspiren al título de enfermera y a las que ya le poseen, un compendio de lo que necesitan saber, pues en España no se disponía de una obra de esta clase. Estamos seguros de que ella está llamada a tener un éxito grande y merecido, ya que será imprescindible su adquisición a toda enfermera y alumna enfermera.

«Felicitamos especialmente al Dr. Manuel Usandizaga y a sus colaboradores de la Casa de Salud Valdecilla por el gran beneficio que con este “Manual de la Enfermera” van a hacer a los enfermos de nuestros hospitales.»
DR. W. LÓPEZ ALBO (6)

Contestación del Dr. Antonio Mut
Vamos por parte, Sr. López Albo. Lo de que faltaba en la literatura médica nacional un buen libro, es cuestión de apreciación y juicio que cada uno puede formar sobre el particular. Yo, por la parte que me toca, no me atreveré a calificar de buenos o malos los libros que hay escritos para enseñanza de las enfermeras. Pero que son varios los que existen, y algunos de ellos escritos por españoles y españolas (María Corral, entre otras) puede convencerse cualquiera acudiendo a la Biblioteca del «Instituto Rubio» a la que no hace mucho doné varios textos dedicados, exclusivamente, a la instrucción de enfermeras (6).

FOTO 8 Enfermeras de la Escuela de Santa Isabel de Hungría realizando una ofrenda floral a su difunto fundador. Monumento inaugurado en 1906 en el Parque del Oeste de Madrid. Foto Fundación María Teresa Miralles Sangro

Hay un libro editado en Madrid, año 1909 (fíjese el Sr. López Albo: hace veinticinco años) escrito por Antonio Mut, Profesor de la Escuela de Enfermeras de Santa Isabel de Hungría, titulado Resumen de los conocimientos más indispensables para la buena asistencia de los enfermos, con un apéndice sobre la asistencia a las paridas, por el Excelentísimo Sr. Conde de San Diego, Director del Instituto Rubio).

De este libro, la primera parte, debida a la torpe pluma del que traza estos renglones, se podrá decir que no es un libro bueno, pero el apéndice no hay derecho para calificarlo del mismo modo. Que conste.

En 1917, hice una segunda edición, que titulé La Enfermera, dividida en tres pequeños tomos (para cada uno de los tres cursos que se siguen en la Escuela del «Instituto Rubio», en esta forma:
Tomo I: Nociones de Anatomía y Fisiología.
Tomo II: Nociones de Higiene, Patología general y Terapéutica.
Tomo III: Asistencia a los enfermos de las diferentes especialidades, Medicina y Cirugía de urgencia. Vendajes.

En este tomo III colaboraron nada menos, que los Dres. González Bravo, J. A. Gutiérrez, Yagüe, Leoz, García del Diestro, Martín y Miguel, Botín, Vilches, García Triviño, Horcasitas, Yanke y pándete (¡casi nadie, como quien dice!), cuyos ilustres compañeros se encargaron de escribir, respectivamente, los capítulos destinados a los cuidados y asistencia que requieren los enfermos de las Vias urinarias; Cirugía; Aparato digestivo; Ojos; Niños; Piel; Ginecología; Nerviosas y mentales; Enfermedades del pecho; Garganta, nariz y oídos; Práctica del masaje, y Enfermedades de la boca.

Por lo tanto, el Sr. López Albo no se ajusta a la verdad cuando dice que: «... en España no se disponía de una obra de esta clase. Si usted hubiera añadido, adjetivando el concepto «de una obra tan buena de esta clase» como la del señor Usandizaga, yo no hubiera protestado. Lo que afirmo es que la obra del Dr. Usandizaga no es la única ni la primera en España. ¡Lo conveniente que es enterarse de las cosas antes de escribir!

Continúa el Sr. López Albo, sin duda con mayor buen deseo que exactitud, diciendo: «Fué la Casa de Salud Valdecilla la primera institución hospitalaria española que en nuestro país creó una Escuela de Enfermeras con internado de tres años...»

¡Por Dios, Sr. Lopez» Albo! Desde el año 1895 (fíjese, hace cuarenta años), está funcionando en el «Instituto Rubio» la «Escuela de Enfermeras de Santa Isabel de Hungría» con un internado y su Reglamento e Instrucciones dadas por el fundador de la Institución benéficodocente que lleva su nombre (6).

Y ahora que la ocasión se nos presenta, no podemos resistir al deseo de reproducir algunas de estas Instrucciones que el sabio, el inmortal, el gran pensador, el inigualado D. Federico Rubio escribió para sus enfermeras. Dicen así:

«Además, observarán las prácticas cristianas e higiénicas siguientes: Se levantarán a las cinco de la mañana. Mientras se visten, rezarán el Bendito, el Padrenuestro, la Salve y el Credo. Seguidamente, se arrodillarán ante la imagen de Santa Isabel de Hungría y dirán la siguiente oración: «Por los méritos de tu santidad, consigamos la gracia de Dios para que imitemos tus virtudes y tu caridad para con los enfermos».

“Acto continuo, pasarán al local de baños, y cada una, en un departamento aislado, tomará un baño de lluvia, cubierta con un peinador y guardando su propia honestidad”.

Después de friccionarse brevemente, se vestirán y repartirán en sus respectivos servicios, diciendo mentalmente: “Como el agua lava el cuerpo, así las buenas obras laven mi alma y la libren de infección” (6).

En otro lugar de este Reglamento e Instrucciones, habla de los requisitos para ser admitida enfermera en la Institución, y después de señalar las condiciones precisas para ello, se expresa así:
«Regresando del baño, se presentará otra vez al Director y Administrador, acompañada de la Superiora, y por el Director será preguntada:

¿Ha pensado usted en la penosa vida a que la obliga el cargo que ha solicitado?
¿Hace usted la promesa de obedecer las órdenes que corresponden a las obligaciones de su cargo?
¿Hace usted la promesa de no entablar conversaciones, guardar silencio, no replicar, contestar sí o no, brevemente, a lo que se le pregunte, guardar un decoro propio y tratar con el mayor respeto a los enfermos, a sus compañeras y superiores?

¿Hace usted la promesa de abstenerse de visitas, salidas del Hospital, relaciones exteriores, correspondencias y noviazgos?
¿Hace usted la promesa de no tomar moneda?
Si contesta afirmativamente, el Director le dirá:
“Queda usted instituida en la dignidad y cargo de aspirante a Enfermera del Instituto Quirúrgico de Terapéutica Operatoria, cuyo título-certificado le será concedido, si cumple con sus deberes, dentro de dos años”. (En 1934 eran ya tres los años de internado).

Resulta, pues, Sr. López Albo, que la Casa de Salud Valdecilla “no es la primera institución española que ha creado una Escuela de Enfermeras”, y que sus palabras: “Ni ha habido internado de enfermeras”, “ni existía un libro que orientara, etc.”, no se ajustan a la verdad. Ha habido Escuela, con internado, desde hace cuarenta años, y han existido libros españoles para las enfermeras españolas desde hace veinticinco años (6).

Posteriormente a la época del Fundador, al reformarse el Reglamento del «Instituto Rubio» por el Conde de San Diego, en 1918, a mi iniciativa, se amplió a tres los cursos anuales para enfermeras y se puntualizaron más los derechos y deberes de éstas, dictando, además, instrucciones para la Inspectora del Departamento de operaciones, para la Inspectora de enfermería, para la Ecónoma, fijando los honorarios para las asistencias particulares y señalando las materias de que habían de examinarse en cada curso ante un Tribunal compuesto por el Director, el Jefe de Clínicas y el Profesor de la Escuela.

Sí, señor; todo ello marcha y funciona en el «Instituto Rubio» hace ya muchos años. Así, que es verdad aquello de que «nada hay nuevo bajo el Sol».

Seguramente, el Sr. López Albo debía ignorar todo esto, porque de lo contrario, no hubiera podido escribir que no había en España más Escuela de Enfermeras, ni más internado, ni más libro adecuado que la que se ha creado en la Casa de Salud Valdecilla.

Por lo tanto, con toda la consideración y respeto, ruego al Sr. López Albo tenga la bondad de rectificar las afirmaciones que hace en el citado número de Revista Clínica de Bilbao, por lo que le quedará agradecido su atento compañero que le saluda cordialmente, ANTONIO MUT (6).

Nuevo libro
Resumen de los conocimientos más indispensables para la buena asistencia de los enfermos, por “Antonio Mut”, profesor de la Escuela de Enfermeras de Santa Isabel de Hungría. Con un apéndice sobre la asistencia á las paridas, por el Conde de San Diego, director del Instituto Rubio (7).

Libro utilísimo para la enseñanza de enfermeras. Contiene las nociones científicas más indispensables y multitud de preceptos de índole práctica. Es de esperar que la institución tan acertadamente fundada por el insigne  Dr. Rubio adquiera cada día mayor desarrollo en nuestra patria. Los nobles esfuerzos del inteligente doctor Mut, profesor de la Escuela, y del director de la institución, señor Conde de San Diego, merecen los más calurosos plácemes.

Como dice el sabio especialista últimamente citado, de cumplir bien o mal las órdenes del médico depende muchas veces la vida de los enfermos. Tienen las enfermeras grandes responsabilidades; pero también pueden experimentar grandes satisfacciones al practicar el bien por el bien mismo, curando el cuerpo y confortando el alma de los que padecen. Grande y hermosa es esta misión (7).

FOTO 9 Enfermeras de la Escuela de Santa Isabel de Hungría realizando una ofrenda floral a su difunto fundador. Monumento inaugurado en 1906 en el Parque del Oeste de Madrid. Foto Fundación María Teresa Miralles Sangro

AGRADECIMIENTOS
Carlos Álvarez Nebreda. Colegio Oficial de Diplomados en Enfermería de Madrid
María Teresa Miralles Sangro y Fundación María Teresa Miralles Sangro
Rufi García Nadal, enfermera y pintora
Eduardo y Luis Ayestarán Eguiguren, que me han regalado los libros de su padre.

FOTOS
FOTO 1, 3 y 7. Revista Tribuna Sanitaria del Colegio Oficial de Diplomados en Enfermería de Madrid nº 206, Septiembre 2007. Carlos Álvarez Nebreda

FOTO 2, 5, 7, 8 y 9. Fotos cedidas por María Teresa Miralles Sangro. Fundación María Teresa Miralles Sangro

FOTO 4 Manual del Practicante. Dr. Felipe Saenz de Cenzano. 1922

FOTO 6 Óleo de Rufi García Nadal. Pinturas trajes de enfermería

FOTO 10 Monumento al Dr. Rubio y Galí esculpido por Miquel Blay, en el parque del Oeste de Madrid

BIBLIOGRAFÍA
1.- Artículo Original de Carlos Álvarez Nebreda, publicado en la Revista Tribuna Sanitaria del Colegio Oficial de Diplomados en Enfermería de Madrid nº 206, Septiembre 2007.

2.- Dispensario de Santa Isabel de San Sebastián. Manuel Solórzano Sánchez
Dispensario de Santa Isabel de San Sebastián
“Santa Isabel” Kontsultategia Donostian

3.- ABC 1914

4.- Manual del Practicante. Dr. Felipe Saenz de Cenzano. 1922. Real Orden del 30 de diciembre de 1921. El Programa está tomado de la magnífica obra en dos tomos “La Enfermera”, por el Dr. Antonio Mut, Profesor de la Escuela en 1917. Han colaborado en este programa los ilustrados segundos practicantes Luis Huerta Daniel y Juan Álvarez Chueca.

5.- Exposición y Catálogo del Colegio Oficial de Diplomados en Enfermería de Madrid. Carlos Álvarez Nebreda y María Teresa Miralles Sangro. Fundación Mª Teresa Miralles Sangro para el estudio de la evolución de los cuidados y el desarrollo de la Enfermería.

6.- Boletín de la Revista Ibero-Americana de Ciencias Médicas. Fundado en mayo de 1915 por el Dr. Antonio Mut, Año IX, Segunda época, Noviembre de 1934, número 102.

7.- 2.- ABC Lunes 31 de enero de 1910. Edición 1ª, página 4.

FOTO 10 Monumento al Dr. Rubio y Galí esculpido por Miquel Blay, en el parque del Oeste de Madrid

AUTOR:
Manuel Solórzano Sánchez
Diplomado en Enfermería. Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. Osakidetza- Servicio Vasco de Salud
Insignia de Oro de la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica 2010. SEEOF
Miembro de Enfermería Avanza
Miembro de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos
Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería
Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.
Miembro no numerario de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País. (RSBAP)