sábado, 28 de junio de 2014

ARTE DE CUIDAR A LOS ENFERMOS 1903



MANUAL TEÓRICO PRÁCTICO
Para uso de las familias y de las Enfermeras religiosas en particular

Vicariato General de la Diócesis de Barcelona
Por lo que á Nós toca, concedemos:
Nuestro permiso para que se publique el libro titulado “Arte de cuidar á los enfermos”, escrito en francés por el Reverendo Padre Grenet, Canónigo y traducido al castellano por D. Juan de Dios S. Hurtado, mediante que de Nuestra orden ha sido examinado y no contiene, según la censura, cosa alguna contraria al dogma católico y á la sana moral. Imprímase esta licencia al principio ó final del libro, rubricados por el Censor, en la Curia de Nuestro Vicariato.
Barcelona, 21 de Marzo de 1903. El Vicario General: Ricardo Cortés

FOTO 001 Portada del libro

PRÓLOGO DE LA EDICIÓN ESPAÑOLA
Es digno de alabanza cuanto tiende á la difusión de los conocimientos científicos; pero lo es más cuando esta difusión tiene por inmediato objeto el bien moral y material, el alivio de los sufrimientos humanos, la activa y poderosa cooperación de todos en busca del restablecimiento de la salud de nuestros semejantes.

Inútil tarea la del médico si sus afanes no vienen secundados por quien ejerce al lado del paciente un hermoso ministerio de amor y de solicitud; si su voz se pierde en la vacuidad de una ignorancia absoluta; si le rodean preocupaciones y lamentable inepcia, causantes de grandes y dolorosas desdichas. Toda la ciencia médica tiene una sola y suprema finalidad: curar al enfermo; mas el instrumento inteligente de esta curación no es el mismo hombre de ciencia, sino la enfermera, que tiene á su inmediato cuidado la continua observación de las variaciones ocurridas en el curso de una dolencia y la concienzuda aplicación de los medios curativos ordenados por el médico.

Entre éste y la Enfermera ha de existir, por consiguiente, perfecta concordancia de pensamiento y de acción. El médico ha de poder confiar en las observaciones de la enfermera, y ha de marcarle una línea de conducta, en la seguridad de que será estrictamente seguida; la enfermera será la continuadora del pensamiento científico y la ejecutora de sus mandatos.

Precisa pues que este pensamiento científico se adapte en cierto modo á la inteligencia de las enfermeras, casi siempre insuficientemente cultivada; importa, de otro lado, que la enfermera sea adiestrada en cierto número de prácticas y manipulaciones médicas que son de empleo cotidiano, y cuya buena ó mala ejecución tienen transcendencia suma.

Si un médico hubiera escrito la presente obra, corría el riesgo de hacerla ininteligible ó sobrado extensa, con lo cual quedara incumplida la primera condición que á esta obra se le debe exigir. Escrita, como ha sido, por una persona ajena a la profesión médica, pero indudablemente ilustrada, con buena y sólida cultura general, son mucho mayores las probabilidades de acierto.

Las nociones de Anatomía, de Fisiología, de Patología y Terapéutica quedan reducidas á lo estrictamente necesario para que un profano en Medicina se forme juicio exacto de la índole de las funciones que el médico le podrá exigir, en el tratamiento de cada grupo de dolencias, lo cual, en mi concepto, no sólo es lo suficiente, sino lo más oportuno. Mayor latitud de conocimientos y más extensos detalles expondrían á un indiscreto intrusismo y pretensiosa suplantación de funciones, que tantos daños han causado y causarán todavía á los pobres pacientes; no ha querido el autor en modo alguno favorecer esta plaga social, como lo han hecho tantas obras que con pomposo título se califican á si mismas de tesoro para las familias, cuando en realidad bien merecieran ser execradas como una calamidad pública.

Que las enfermeras sepan hacer bien lo que se les encomiende, esto se pide y esto basta, pues no es poco; que en lo moral y en lo físico velen cariñosa y discretamente por la salud del paciente; que sepan cómo han de administrarle los medicamentos, según la fórmula farmacológica y las condiciones por el médico prescritas; que rodeen al paciente de aquellos nimios cuidados y delicadezas exigidas por su lastimoso estado; que tengan la pericia conveniente para calmarle un dolor por medio de una inyección de morfina, previo el consentimiento ó prescripción facultativos; que sepan practicar una cura, preparar las piezas de un apósito, imponer un sano criterio á los allegados del enfermo en las mil peripecias y accidentes que suelen acontecer en el curso de una enfermedad; que sean, en medio de las dolorosas circunstancias por que pasan las familias, representantes del buen sentido, siempre en acecho para cuanto pueda redundar en beneficio del paciente. Precisamente uno de los mayores esfuerzos intelectuales á que se ve constantemente obligado el médico, estriba en el justiprecio de aquellos síntomas de observación ajena, cuyo conocimiento le llega por el relato, exagerado á veces, desordenado casi siempre, bien equilibrado con rarísima frecuencia, que el paciente ó los deudos le hacen; dar á cada fenómeno su exacto valor, desentrañarlo de entre un cúmulo de insignificantes detalles y descubrirlo cuando pasó para todos inadvertido para buscar luego su encadenamiento lógico dentro del raciocinio general que establezca sobre el conjunto de la perturbación patológica, es ardua tarea que sólo llega á cumplirse con relativa facilidad cuando los años y la experiencia nos traen una razonable suspicacia para cuanto no sea de propia observación. Encontrar al lado del enfermo una persona que conserve la serenidad y un criterio bien dirigido por algunos, los más precisos conocimientos médicos, es una verdadera fortuna para el facultativo, es una garantía de acierto en sus juicios, es un motivo de confianza en el plan curativo instituido y en le éxito final que con el mismo se propone.

He aquí, pues, el mérito mejor, y tal vez el menos aparente, de la presente obrita, á la cual los médicos no debemos regatearle los aplausos.

FOTO 002 Gráficos del libro, escaneados

Hoy que tan numerosas son las instituciones religiosas dedicadas á la asistencia de los enfermos, se imponía la publicación de un Manual como el presente; llamados sus individuos á una loabilísima vocación, faltábales este refuerzo intelectual y la adquisición de una conveniente pericia para cumplir debidamente su misión humanitaria.

Los seglares empleados en tareas de la propia índole, las madres de familia, tanto pobres como acomodadas, pueden convertirse en auxiliares inapreciables del médico, adquiriendo las suscintas nociones contenidas en la obra del Padre Grenet, y haciéndose aptos para practicar las distintas manipulaciones y servicios que al lado del enfermo se le puedan confiar.

Entre nosotros, más todavía que en Francia, se sentía la necesidad de instruir á las personas encargadas de velar y de atender á los enfermos. Los que ejercemos la profesión médica sabemos cuán bajo es el nivel de la cultura pública bajo este respecto, cuán grande y extendido el desconocimiento de los más rudimentales principios de la ciencia, cuán frecuente la absoluta inhabilidad en lo que hace referencia á la observación clínica y á la práctica de los más elementales recursos terapéuticos.

Ciertamente en España todas estas nociones vienen englobadas en un cuerpo de conocimientos con los cuales se ha constituido una especialidad, una modesta carrera de “Sangradores ó Ministrantes”; más es también certísimo que, por una ú otra causa, no se utilizan los servicios de estas personas sino en raras, muy raras circunstancias, siendo substituidos constantemente por religiosas ó seglares cuya cultura médica es á todas luces deficiente. Agréguese á todo esto las preocupaciones populares, extendidas hasta las capas sociales más elevadas, los lamentables errores, el afán curanderil que conduce á prácticas ignaras y ridículas, cuando no constituyen verdaderas imprudencias ó criminales atrevimientos.

Bien ha hecho, pues, el Sr. D. Gustavo Gili en publicar la obra del Sr. Grenet; su acierto en escogerla merece nuestra sincera felicitación. Dr. J. Estrada

Monseñor Claudio Bardel, desde el obispado de Séez (Francia), escribía: “Yo me limito á hablar de la segunda parte de su tratado, en que gracias  á un conocimiento completo y á la experiencia de una larga y santa práctica, enseña usted á nuestras amadas Religiosas de la Misericordia, la ciencia, en extremo dedicada y necesaria, de la influencia moral en las enfermedades.

Prefacio
¿Para qué este manual? Su objetivo principal es ayudar á las enfermeras religiosas, tanto más abnegadas, porque las mueve, no el afán del lucro, sino el amor á las almas, la caridad divina, la esperanza de una eterna recompensa. El celo más ardiente, el desinterés más heroico, tienen necesidad de un guía que les impida extraviarse y que haga verdaderamente útiles sus esfuerzos.

Advertencias
1ª Este manual no tiene en modo alguno por objeto remplazar al médico y al cirujano por la enfermera, sino hacer de ésta un auxiliar incondicional del primero y una colaboradora inteligente del segundo.

2ª A fin de que el texto se lea y comprenda más fácilmente, hemos evitado en lo posible el empleo de términos científicos. Las personas que tengan interés en conocer estos términos, los encontrarán en la explicación de los grabados.

3ª Este trabajo, destinado á las enfermeras á domicilio, se diferencia de los manuales compuestos para las enfermeras de los hospitales. Estas últimas tienen á su disposición los remedios, por lo general preparados de antemano, los instrumentos, los objetos y los útiles de diversas aplicaciones: las primeras, especialmente en las casas pobres, están obligadas á conformarse con lo que se les da, y á emplearlo lo menos mal posible.

4ª De intento hemos dejado de tratar ciertas cuestiones y ciertas enfermedades, que no pueden ser fácilmente estudiadas en una obra que ha de andar en manos de todos. Cuando en la práctica se presente un caso de esta naturaleza, el médico ó alguna persona experimentada subsanarán esta omisión. Y en caso de necesidad, mejor será todavía procurarse obras especiales.

5ª Por más que este manual esté especialmente destinado á la que es enfermera por vocación, será también útil á la madre de familia, constituida muchas veces, por la naturaleza, en enfermera de sus deudos; á todas las mujeres caritativas, siempre deseosas de sacrificarse por los que sufren. El mismo sacerdote encontrará en esta obra preciosas advertencias que le ayudarán en su ministerio, tales son los signos de las enfermedades, los síntomas de un peligro próximo, etcétera, etc.

6ª A los que nos censuren por haber entrado en minuciosos detalles, les responderemos:
“Si un día una enfermedad os pone en las manos de una enfermera, comprenderéis cuán valiosos son estos cuidados que ahora consideráis inútiles. Tal vez entonces sintáis tentaciones de censurarnos por haber sido poco extensos”.

7ª Cúmplenos manifestar nuestro agradecimiento á los señores médicos por su benevolencia para con nosotros. Les damos sinceramente las gracias por sus advertencias y sus consejos, que hemos tenido presentes al hacer esta segunda edición, especialmente al tratar de la antisepsia y la asepsia.

Libro Primero
Deberes de la Enfermera para con el cuerpo
Este libro está dividido en tres partes intituladas: el Enfermo, la Enfermedad, los Remedios.

El Enfermo
La enfermera no puede ignorar el lugar que ocupan los órganos, que es donde hacen presa las enfermedades. Es también conveniente que tenga algunas nociones elementales de las substancias que forman nuestro cuerpo y de las principales funciones que dan por resultado la vida.

La Enfermedad
La enfermedad tiene por causa una perturbación, sobrevenida en una ó varias partes del cuerpo; se manifiesta por una modificación del estado normal de los órganos, ó por el desorden de las funciones.

Cuando esta perturbación es ligera, y los síntomas, poco molestos, hacen esperar que será de poca duración, se llama indisposición.

Un ejemplo aclarará estas definiciones. La pleuresía es una enfermedad consistente en la inflamación de la membrana serosa que envuelve á los pulmones.

Sus síntomas son: violento dolor de costado, respiración dificultosa, penosa, tos, ordinariamente seca, etc. Estos signos ó síntomas no son la enfermedad, pero la manifiestan, y descubren la inflamación de las pleuras.

No nos proponemos otro objeto que proporcionar algunas nociones útiles, á fin de facilitar la labor de la enfermera y de la madre de familia.

FOTO 003 Gráficos del libro, escaneados

Los Remedios
Incluimos bajo este título todos los medicamentos que se han de dar al enfermo, todos los cuidados que hay que prodigarle á fin de aliviar su dolencia ó de curarle. Estudiaremos sucesivamente: 1º Higiene del enfermo. 2ª medicamentos. 3º curas; 4º operaciones en que ha de intervenir la enfermera.

En el capítulo primero se trata de la “Higiene del Enfermo”, la habitación del enfermo, la cama, las ropas y el enfermo.

Libro Segundo
Del Alma

En la Primera Parte: La moral del enfermo. Conocimientos necesarios. Influencia de las enfermedades en la parte moral. En el capítulo tres, nos dice los Modos de remediar el abatimiento moral del enfermo. En la parte segunda trata sobre el Estado religioso del enfermo. Los deberes de la enfermera varían según la gravedad del mal, la inminencia del peligro, las disposiciones religiosas del paciente. Para intentar vencer estas dificultades, damos algunos consejos.

En el capítulo Primero tenemos el peligro. En el capítulo dos tratan sobre las disposiciones religiosas. Cada enfermo está dispuesto de distinto modo respecto á la religión. Sin embargo, es posible establecer categorías en las que comprenderemos los diferentes enfermos. Los clasificaremos del siguiente modo: los herejes, los malos católicos ó impíos, los católicos que no practican ó indiferentes, los católicos que cumplen sus deberes religiosos.

En el capítulo tres tratan sobre la ciencia religiosa, el compendio de la doctrina cristiana. Seguimos con el siguiente capítulo que trata de los sacramentos, la penitencia, la confesión, examen de conciencia, el santo viático, la extremaunción, y después de los sacramentos. Bendición de los moribundos, la agonía y la muerte.

CONCLUSIÓN
Este manual es totalmente anodino y diferente a los demás manuales para cuidar enfermos, dándole más importancia a la religión que a los fundamentos teóricos y prácticos de la enfermería.

También es necesario leer estos manuales para comprender mejor la Historia de la Enfermería en todas sus facetas; sin sacar de contexto, ni sacar los textos fuera de las épocas y años donde fueron concebidos.

AGRADECIMIENTO
Colegio Oficial de Enfermería de Madrid
Carlos Álvarez Nebreda

FOTOGRAFÍAS
Fotografías escaneadas de los archivos PDF, del Colegio Oficial de Enfermería de Madrid

BIBLIOGRAFÍA
Arte de cuidar a los Enfermos. Manual Teórico Práctico para uso de las familias en general y de las enfermeras religiosas en particular. Por L. Grenet, canónigo Superior Eclesiástico de las Hermanas de la Misericordia de Séez (Francia). Traducción Española autorizada por el autor, hecha sobre la quinta edición francesa por Juan de Dios S. Hurtado, con licencia. Barcelona, Gustavo Gili, Editor. 1903

Colegio Oficial de Enfermería de Madrid. Archivos en PDF.

AUTOR:
Manuel Solórzano Sánchez
Enfermero. Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. Osakidetza /SVS
Colegiado 1.372. Ilustre Colegio de Enfermería de Gipuzkoa
Miembro de Enfermería Avanza
Miembro de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos
Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería
Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.
Miembro de la Asociación Canaria de Historia de la Profesión Enfermera
Miembro no numerario de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País. (RSBAP)