domingo, 25 de mayo de 2014

FERNANDO PÉREZ CAMACHO. ENFERMERO MILITAR



Fernando Pérez Camacho, Capitán enfermero del Cuerpo de Militar de Sanidad (Escala de Oficiales. Hoy en día esta en situación de Retirado), procedente del Ejército del Aire desde 1984. Ingreso por oposición en el Cuerpo de Sanidad del Ejército del Aire en abril de 1984. Correo: nandopc@telefonica.net

FOTO 001 Fernando Pérez Camacho. Logo de la UMAAD. AEROEVAC Skopje, Macedonia

DESTINOS:
Polígono de Tiro Aéreo de Caudé en Teruel.
Base Aérea de Getafe en Madrid.
Hospital del Aire en Madrid.
Hospital Central de la Defensa en Madrid.
UMAAD Madrid en la Base Aérea de Torrejón (Madrid) como Capitán 2º Jefe de la Unidad.
Pase a la situación de Capitán Enfermero Retirado en diciembre de 2010.

OTRAS ACTIVIDADES:
Pasamos a ser Cuerpos Comunes, 1995.
Miembro y fundador de Aeroevacuaciones Médicas.
Destinado en la Base Aérea de Aviano (Italia) en 1995.
Destinado en la Base Aérea de Bagram (Afganistán) en 2002.

OTROS MÉRITOS:
Medalla al Mérito Aeronáutico con distintivo blanco.
Mención Honorífica.
Varios escritos de felicitaciones por Aeroevacuaciones Médicas.

FOTO 002 Recepción que tuvimos con S.M. el Rey para felicitarnos por Aeroevacuaciones Médicas

Desde la participación de España en todo tipo de misiones internacionales a nivel de asistencia médica, como cuerpo de Sanidad, son numerosos los profesionales militares de enfermería dispuestos a abandonar su puesto habitual de trabajo (generalmente hospitales militares) siempre que se les necesite y desplazarse a miles de kilómetros para ejercer su profesión, en la gran mayoría de las ocasiones, en unas condiciones límite.

Fernando Pérez Camacho, Capitán enfermero del Cuerpo de Militar de Sanidad (Escala de Oficiales. Hoy en día esta retirado), procedente del Ejército del Aire desde 1984, es uno de esos profesionales; y Afganistán uno de sus últimos destinos. Un país algo más grande que Francia, con más de veinte millones de habitantes, donde la comida, el agua y los servicios de salud escasean o son inexistentes.

Unidad Médica de Apoyo al Despliegue (UMAD y/o UMAAD)
UMAD. Unidad Médica de Apoyo al Despliegue, hoy llamada UMAAD: Unidad Médica Aérea de Apoyo al Despliegue. Y hay dos en España: UMAAD Madrid y UMAAD Zaragoza.

La UMAAD siempre está preparada para un despliegue inmediato allí donde se la necesite y que cuenta con los últimos avances tecnológicos tanto en Logística como en Medios Médicos y Enfermeros.

FOTO 003 Imposición de la Medalla al Mérito Aeronáutico. La Medalla. Y Bagram

Enfermeros españoles en Afganistán

Tras los atentados del 11 de septiembre contra el World Trader Center de Nueva York (Estados Unidos), y la consecuente constitución de la fuerza de coalición de lucha contra el terrorismo bajo el epígrafe de “Libertad Duradera”, Afganistán se convirtió en uno de los primeros países a los que los Estados miembros de esta coalición, entre ellos España, enviaron tropas en misión pacificadora (destacamentos de sanidad, seguridad y logística).

A nivel sanitario, España envió la Unidad Médica de Apoyo al Despliegue (UMAD), compuesta por profesionales sanitarios voluntarios (mujeres y hombres) del Hospital del Aire, principalmente, y del Hospital Central de la Defensa: cirujanos, traumatólogos, anestesistas, intensivistas, ginecólogos, pediatras, profesionales de enfermería y Tropa Profesional de Sanidad.

Entre esos profesionales de enfermería se encontraba Fernando Pérez Camacho, quien estuvo en Afganistán durante los meses de mayo y junio de 2002. Cuentan además para su logística y seguridad con otro grupo de hombres y mujeres que se encargan de ello. Es el EADA (Escuadrón de Apoyo al Despliegue Aéreo). Dada la duración de la misión y la dureza de la situación a la que los profesionales sanitarios debían hacer frente día a día, se llevaron a cabo varias rotaciones, con una duración media cada una de ellas entre 45 y 60 días, de equipos médicos y de enfermería.

FOTO 004 Mujer Afghana con la típica Burka que asiste a nuestra consulta en Bagram

A nivel de enfermería, había seis enfermeros por cada rotación. Unos profesionales que no sólo cubrían las necesidades de la UMAD sino que también estaban al servicio del Grupo de Aeroevacuaciones Médicas (UMAER) instalado en la zona por el Ejército del Aire español. Lo que significa que estaban preparados tanto para, en un momento dado, hacer un traslado como para atender las demandas de asistencia a las fuerzas de coalición como de asistencia en ayuda humanitaria a todo el pueblo afgano.

Un pueblo que ha sufrido de tanta inestabilidad y conflictos durante su historia moderna, así como de terremotos y sequías, que su economía e infraestructura están en ruinas y muchos afganos viven como refugiados. Según la UNICEF, uno de cada dos niños sufre de malnutrición. Redd Barna, una institución no gubernamental cuya traducción al español es “Salven a los niños”, asegura que el 25% de la población infantil afgana no llegará a la edad adolescente. Son precisamente los niños los que dejan mayor huella en los profesionales de la UMAD. Quizá porque son conscientes de que lo que allí hacen, en un elevado porcentaje, “es pan para hoy y hambre para mañana”, según relata Pérez Camacho. Los miembros de esta Unidad llegan allí a solucionar un problema puntual.

En este sentido, Fernando, este enfermero reconoce que “es inmensa la sensación de impotencia que te invade cuando ves como críos que han llegado deshidratados, a los que les has puesto suero o les has curado y tratado varias infecciones y han pegado un cambio espectacular vuelven al mismo sitio de donde llegaron, con las mismas deplorables condiciones de vida...”

FOTO 005 Realizando curetaje a una mujer con ojo izquierdo en Ptisis Bulbi por posible infección intraocular (¿?) y abundantes secreciones

UMAD
Los profesionales de la UMAD, establecida en una base aérea instalada en la Base Aérea de BAGRAM a unos 40 kilómetros al noroeste de Kabul, la capital de Afganistán, comparte el asentamiento además de con el resto de tropas españolas, con soldados americanos, italianos, franceses, ingleses, noruegos y polacos.

La jornada de los enfermeros destacados en la UMAD comienza a las siete de la mañana con el toque de diana (no hay que olvidar que se trata de un destacamento militar aunque su cometido sea la asistencia sanitaria). Tras el aseo propio y normal y un pequeño desayuno, toman el relevo al profesional que se ha quedado de guardia y, mientras un grupo se encarga de las consultas y la cirugía programadas, otro grupo de profesionales sale a realizar las consultas externas. Y es que, los miembros de la UMAD, entre ellos los seis profesionales de enfermería de cada rotación, no actúan únicamente en el hospital de campaña sino que también prestan asistencia sanitaria en dos aldeas próximas: Jan-Kadam y Moradkhwaya (familiarmente llamadas por los profesionales españoles Móstoles y Moratalaz).

FOTO 006 Hospital de Moradkaya

Una asistencia que es tanto clínica como quirúrgica. Según explica Fernando Pérez, durante sus visitas a las aldeas se trasladan al hospital de campaña todos aquellos casos que requieran de cirugía, para ser operados. Y que, “unos días será para los hombres y otro para las mujeres y los niños”, las mujeres vistas por una oficial médico, por supuesto.

Afganistán es uno de los países más misóginos del mundo. Y Pérez Camacho afirma que reconocerlo sin presenciarlo no despierta la misma sensación. Y es que, quizá, una de las cosas que más le impactó es ver cómo, a pesar de que los talibanes ya no dominan el país, siguen vigentes sus leyes que dan origen a panoramas tan dantescos como que uno se encuentre por un camino a una mujer con su burka trabajando en el campo y a su marido en el borde de la carretera sentado mirando, o en el caso de los nómadas que, como todo el territorio afgano está minado, sea la mujer la que dirija la marcha, seguida del burro y finalmente del hombre.

Además de pasar consulta diaria a toda la población afgana que lo requiere, así como a los miembros de las fuerzas de coalición, la UMAD tiene un servicio de urgencias de 24 horas.

FOTO 007 Hospital de Moradkaya. Casa donde pasaban consulta en Jan-Kadam

Enfermería
Los profesionales de enfermería que forman parte de estas unidades se olvidan de si en España están trabajando en un servicio de oftalmología (como es el caso de Fernando Pérez Camacho), de anestesia, de digestivo, cardiología o de rehabilitación, a casi 7.000 kilómetros de sus hogares hacen “un poco de todo”. Como explica este enfermero, “tan pronto atiendes una infección en una pierna como un dolor de tripas o una conjuntivitis.

“Es verdad que a nivel de enfermería aún no han llegado las especialidades pero, yo espero que lo hagan pronto porque sería ideal poder contar con profesionales de especialidades muy diferenciadas y a la vez complementadas”. En este sentido, Fernando Pérez, con experiencia en este tipo de misiones, cree que el papel de la enfermería en éstas tenderá a una especialización cada vez mayor.

Una especialización que, sin embargo, no acabará con la situación que vive el pueblo afgano porque el principal problema es que no hay recursos. “No hay nada. Una persona puede necesitar un simple antibiótico para su curación pero como no hay suficientes antibióticos para mantener o intentar realizar una determinada cura, si en dos días esa persona no mejora, se la envía a casa y se la desahucia”, cuenta Pérez Camacho de cómo funciona la sanidad afgana.

En este sentido, este enfermero explica que los afganos les consideran un poco como sus dioses, sus salvadores. Algo que, en ocasiones, les lleva incluso a pedir cosas imposibles, “imposibles de realizar incluso en España” u otros países desarrollados, aclara este enfermero. Aunque, también afirma que no es menos cierto que, en la gran mayoría de las ocasiones, si se hubiera dispuesto de infraestructura o se hubiera podido trasladar al enfermo a España el desenlace final hubiera sido bien distinto.

FOTO 008 Hospital de Charikar. Venta libre de medicamentos en el “mercadillo. Niñas afghanas

En ocasiones este traslado sí es posible, como es el caso del niño BASHIR y cuya recuperación pudieron seguir sus padres y los miembros de la UMAD desde Moradhhwaya, a través de videoconferencia. Pero otras veces, las más numerosas, el esfuerzo no puede ir más allá de llevar al hospital de Charikar (otra aldea) los medicamentos que desde España se han enviado en exceso a la UMAD y pueden ayudar a cubrir las necesidades de este precario centro hospitalario, o derivar al hospital de Kabul bolsas de sangre próximas a caducar.

Este profesional cree que “todo tendría solución” pero también reconoce que son temas que a él se le escapan de las manos. En este sentido, afirma que se necesitarían dos generaciones para que la actual situación de Afganistán cambiase realmente, habría que poner muchos medios, estar muy pendiente de todo lo que se hiciese y culturizar a todo el pueblo (allí están viviendo en el año 1382 y perfectamente se puede pensar que es la Edad Media).

También hay que empezar por enseñarles medidas preventivas, por enseñarles cosas muy básicas como el tratamiento de las aguas. Es a partir de estas cosas tan básicas desde donde habría que empezar a construir otro tipo de sociedad. Desde hace años, las armas rigen el destino de este pueblo. “Si se pudieran dedicar los recursos existentes a otro tipo de acciones que no fuese paliar los problemas que esta situación ocasionan... Si se pudieran enviar médicos, enfermeros, ingenieros, maestros...”

FOTO 009 Consulta de Jan-kadam dando instrucciones de posología del medicamento

De película
Aunque la situación en el país durante la estancia de Pérez Camacho era de paz, éste recuerda que, al día siguiente de su llegada hubo un atentado en Kabul y, no hubo día, durante los dos meses que permaneció allí en el que no hubiese algún altercado. Eso, sin olvidar el constante estruendo originado por las incesantes explosiones de minas, no siempre en respuesta a explosiones controladas; o la orquesta de tiros, en las afueras del perímetro de la base aérea, que algunas noches acompañaba las horas de vigilia. Sin olvidar que están en una Base con servicio H-24 y los aviones y helicópteros no dejan de aterrizar y despegar (estando la pista a unos escasos 75 metros de las tiendas de campaña).

Durante los dos meses que este enfermero estuvo en Afganistán, como muy tarde, a las 19.30 h. anochecía (previamente también con el consiguiente “acto militar de arriada de la bandera”) y a partir de esa hora se entraba en “black out”. “No se podía tener ningún tipo de luz. Para moverte –explica- tenías que valerte de una pequeña linternita y preferiblemente de luz azul para no ser blanco de ningún comando que pudiera intentar atacar la base”. Eso, y el sin fin de veces que le advirtieron: “no cojas nada del suelo que no se te haya caído”, forman parte de los souvenirs que su inconsciente grabó en su memoria y que, como otros muchos momentos de esta experiencia, no podrá borrar jamás de su recuerdo. Y es que, cuando se llega a una misión de estas características, “todos te recuerdan que, aunque situaciones como la citada anteriormente es lo habitual, no se trata de una película”.

FOTO 010 Entrada a consulta de Jan-Kadam con otras dos Enfermeras Militares

En este sentido, este enfermero afirma que “es muy importante el aspecto psicológico que se mantenga. Hay que alcanzar un punto de equilibrio entre no obsesionarte demasiado con la situación de riesgo que va implícita en este tipo de misiones, ni bajar la guardia, relajarte y pensar que no pasa nada. No sólo por los esporádicos tiros, sino también por las minas que pueden estallar en las zonas más insospechadas”. Todas las precauciones son pocas.

Por este motivo, entre otros, los profesionales de enfermería que forman parte de esta Unidad, y generalmente son miembros del Grupo de Aeroevacuaciones Médicas del Ejército del Aire, cuentan con una formación previa que les ayuda, no sólo a resistir psicológicamente este tipo de situaciones, sino a resolver de manera óptima y eficaz su labor asistencial en “unas circunstancias diametralmente opuestas a las que vivimos aquí, a todos los niveles”.

Unas circunstancias, además, agravadas no sólo por los cambios bruscos de temperatura (de los 55 ºC, en verano, a los 22 ºC bajo cero de invierno), las tormentas de arena, un clima seco, un abismo cultural que hace pensar que se ha vuelto a la Edad Media,... sino también por el hecho de que en este tipo de destacamentos se autoriza portar armas para el desarrollo de la misión. Hay disparos, explosiones; careces de intimidad; comes diariamente comida enlatada, en una tienda/restaurante con 65 personas; duermes en otra tienda con ocho ó diez compañeros más; realizas tu aseo diario en una ducha conjunta, etc.”. Y un día sí y otro también presencias situaciones límite.

Una de las cosas que quizá más le hayan llamado la atención a Pérez Camacho es la frialdad que se observa en las familias. Este profesional recuerda cómo, quince días antes de regresar a España atendieron a un niño al que le había estallado una mina y hubo que amputarle las dos piernas. Días antes, habían atendido a “otro niño que, tras un accidente en el que se quemó las dos piernas, en el hospital de Kabul le habían vendado éstas y le habían enviado a casa porque no tenía solución; cuando le quitamos las vendas vimos que las heridas estaban altamente infectadas y de ellas salían gusanos de un considerable tamaño. Eso es muy habitual allí”.

FOTO 011 Kabul. Con dos niñas y junto a otro gran Enfermero y amigo Miguel Ángel de los Reyes. Al fondo personal que nos daba seguridad del EADA (grandes profesionales)

Solidaridad
Sin embargo, este profesional, curtido ya en experiencias de estas características, insiste que, “independientemente de la mala situación que te acompaña, hay algo maravilloso”. Esa maravilla de la que habla Pérez Camacho es la solidaridad que surge entre la gente que está allí. “Surge una solidaridad grandísima. No sólo para los ratos de relax que son mínimos, sino para los ratos de trabajo. En un momento dado si yo no sé algo, sé que puedo contar con mi compañero, que no me va a poner ninguna pega sino que se va a desvivir por ayudarme. Como magnífica es, también, la relación que surge entre el médico y el profesional de enfermería”, y de éstos con el resto del personal del EADA, afirma este enfermero.

“Allí te das cuenta de muchas cosas que aquí –en España- no valoras. Aquí vamos más a nuestro aire. Sabemos que estamos un número determinado de horas trabajando junto a otras personas y más que compañeros a veces parece que solo somos “coincidentes”.

Cuando llega la hora, adiós. Yo me voy. Hasta mañana. Ya haces tu vida. Allí no. “Allí estás 24 horas junto a tus compañeros. Entonces si aquí es buena la relación, imagínate allí. Allí la relación se multiplica por veinte. Eso es lo mejor de esta experiencia. Esa solidaridad.

FOTO 012 Con gente del poblado de Moradkwaya

Ese compañerismo. Esa amistad. Estamos acostumbrados a que aquí tenemos de todo y nos quejamos. No conocemos la necesidad realmente. Entonces, cuando vives aquello, cuando ves cómo vive aquella gente, cuando ves los conceptos de la sanidad y de la vida que tiene el pueblo afgano, cuando ves que la gente tiene asumido que tiene que tener seis o siete hijos porque lo normal es que se le mueran la mitad... Te replanteas el verdadero significado y valor de las cosas, y cuántas de esas cosas te has dejado en el camino”. Algunas, afortunadamente, recuperables pero otras, lamentablemente, no.

Ese sentimiento tan profundo, como él mismo lo define, y la satisfacción de quién, en palabras de Alejandro Dumas, es más feliz que los felices, aquél que puede hacer feliz a los demás, es lo que le hace afirmar que “todo el mundo debería pasar una vez en su vida por un sitio de estos, porque si esa solidaridad que tenemos allí entre nosotros la tuviese todo el género humano a nivel mundial todo sería muy distinto”.

COMENTARIO
El 25% de la población infantil afgana no llegará a la edad adolescente.
Afganistán es uno de los países más misóginos del mundo.
“Cuando le quitamos las vendas vimos que las heridas estaban altamente infectadas y de ellas salían gusanos de un considerable tamaño”.
“Oyes disparos, explosiones; careces de intimidad; te alimentas de comida enlatada, etc., pero merece la pena vivirlo, desde nuestra profesión enfermera”.

Fernando Pérez Camacho es, además de Capitán Enfermero, Presidente Honorífico de la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica.

Tuve la suerte y el honor de recibir de mi buen amigo y de sus propias manos la Primera Insignia de Oro de la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica en el año 2010.

Todavía me acuerdo de tus palabras: “Creo que el premio es más que merecido, y para mí un gran orgullo entregárselo a él, como compañero y mejor amigo. Así pues el premio lo entrego con todo mi cariño y de todo corazón a Manuel Solórzano Sánchez”, me emocionaron, viniendo de mi gran amigo Fernando.

FOTO 013 Fernando Pérez Camacho y Manuel Solórzano Sánchez

Fernando se acuerda y nos cuenta del magnífico trabajo realizado y la gran labor que dejaron allí en Afganistán; y siempre a las órdenes no de un superior, sino de un gran compañero y amigo, su Jefe el Teniente Coronel Agustín Conde Arias-Camisón. Y destacar la espléndida labor de los médicos y enfermeros/as que allí estaban y en especial al Capitán Enfermero Juan Manuel López González, que fue su soporte y un fiel amigo, que le dio todo su apoyo y su gran ayuda, en Afganistán. También tu otro amigo que destacó en su corazón, Miguel Ángel de los Reyes.

Fernando también quiere destacar con letras muy grandes “el gran espíritu de servicio y el gran compañerismo que existe entre ellos y que alcanza su máximo exponente al salir en cualquier Misión”.

CONCLUSIÓN
Un proverbio árabe dice “que la generosidad consiste en dar antes de que se pida”. No creo que ninguna otra frase pueda resumir mejor a Fernando, como persona y como profesional. Muy pocas personas son capaces de prestar los mejores cuidados en las condiciones más difíciles arriesgando la propia vida, y mi amigo Fernando es una de ellas. Me impacta su implicación personal en la atención a la población afgana, su relato de las duras condiciones económicas y sociales en las que tienen que vivir, y en las que las personas más débiles, los ancianos, los niños y especialmente las mujeres, son las que más sufren. Haber podido prestar ayuda a esas personas, no hace sino aumentar mi admiración hacia este gran profesional.

También su labor en la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica ha sido sumamente importante, que fue la puerta a través de la que penetró en mi vida.

Tengo que reconocer, que desde que le conocí siempre ha estado dispuesto a dar sin esperar nada a cambio y ahora que un accidente le ha apartado de esa primera línea de atención, que tanto amaba, quiero aprovechar la ocasión para hacer un pequeño reconocimiento a su trayectoria profesional y personal, así como transmitirle todo mi apoyo, mi afecto y mi cariño. Siempre me tendrás a tu lado.

Y para finalizar, otro proverbio, esta vez chino, “dice que la experiencia del pasado, si no cae en el olvido, sirve de guía para el futuro”. Espero que este pequeño recordatorio de la labor desempeñada por un gran hombre, Fernando Pérez Camacho, pueda inspirar a las generaciones venideras de enfermeras y enfermeros.

¡Ánimo Fernando! y muchísimas gracias por tu ejemplo.

Gracias Fernando, enfermeros como tú cambiarían el mundo.

Manuel Solórzano Sánchez
Enfermero. Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. Osakidetza /SVS
Colegiado 1.372. Ilustre Colegio de Enfermería de Gipuzkoa
Miembro de Enfermería Avanza
Miembro de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos
Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería
Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.
Miembro no numerario de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País. (RSBAP)