sábado, 13 de julio de 2019

CIRUJANOS Y BARBEROS EN LA PRIMERA VUELTA AL MUNDO 1519


HACE 500 AÑOS…

El Barbero Hernando de Bustamante, natural de Mérida; se puede considerar el primer profesional sanitario en dar la vuelta al mundo (7)

FOTO 1 Sanlúcar de Barrameda, alfa y omega de la primera vuelta al mundo, 1519 - 1522

Hay que comprender y entender que dicho tema hay que incluirlo en el periodo en que se desarrolla, la expedición de Juan Sebastián Elcano fue en un periodo histórico donde la medicina, la enfermería y la sanidad estaba contemplada de otra forma, y se regía por otras normas y otros conceptos y no como la vemos hoy en día.

En el periodo histórico en el que transcurre la expedición, la Armada de Sevilla en 1519, han pasado 27 años desde la llegada de las naves de Cristóbal Colón a un Nuevo Mundo.

Cuando se pusieron en contacto las personas de ambos lados del Atlántico, dos poblaciones separadas durante miles de años, con diferentes enfermedades y modos de vida, lo que tuvo devastadoras consecuencias sobre todo para la población indígena, que se llevó la peor parte, al padecer las enfermedades infecciosas transmitidas por los europeos que estaban en gran medida inmunizados contra ellas.

Se han descrito cuatro grandes enfermedades epidémicas que ocasionaron una gran mortalidad, desde la primera de Gripe ocurrida durante el segundo viaje de Colón en la isla de La Española en diciembre de 1493, hasta la devastadora de Viruela que se inició en 1520, el sarampión asimismo en 1520 y el Tifus Exantemático que apareció en 1524.

Por otro lado la población europea sufrió, aunque en menor medida, la aparición de nuevas enfermedades, la más conocida de las cuales es la Trepanomatosis en su forma clínica de Sífilis.

FOTO 2 Magallanes y Elcano, en un azulejo conmemorativo en la ciudad de Sanlúcar de Barrameda, Cádiz. Sobre la nao “Victoria”, tras ellos, la frase en latín “Primus circumdedisti me” (Fuiste el primero que la vuelta me diste)

Formación
La Medicina era considerada como una Filosofía de la Naturaleza o Física, y de ahí en nombre de “físico” que recibía el médico. Al grado de Bachiller se accedía tras los dos años de aprendizaje teórico más otros dos de prácticas junto a un médico con experiencia reconocida. El Corpus Hipocraticum, las obras de Galeno y el Canon de Avicena son los textos más estudiados e influyentes.

El marco teórico se trata de una medicina especulativa y escolástica. La doctrina es la consabida “Teoría Humoral de los Cuatro Elementos” enunciada por Empédocles de Agrigento. Pero estamos en pleno Renacimiento y ya hay indicios de renovación y revisión de los conocimientos médicos todavía sustentados en la medicina greco-latina e islámica.

El médico realiza el diagnóstico por medio de la toma del pulso y por la observación de excretas: heces, sudor, vómitos, esputos y particularmente la orina. La observación de la sangre en la bacía del barbero después de la sangría, era un pozo de conocimientos.

La orina se observa en el orinal o en una redoma de vidrio transparente. En la orina están representadas todas las partes del cuerpo. La observación de la lengua habla del estado de las digestiones y del estado del hígado.

De entre todos los profesionales, los médicos eran los más propensos a parecer seguros de lo que estaban haciendo, tanto para dar confianza a sus pacientes como, si ha de creerse a los escritores satíricos, para mantener su altiva arrogancia. Anastasio Rojo Vega describe la Triste Figura la del Médico Renacentista:
Hombre vestido de manera lujosa, con largas ropas de terciopelo, grandes barbas, grandes anillos – la ausencia de barba, anillos y cadenas de oro es sospechosa de médico nuevo y sin experiencia – entre ellos uno con una gran esmeralda en el pulgar, una buena mula y un criado encargado de que no la roben, cuando entra a visitar en una casa”.

Cirujanos y Barberos
Entre los cirujanos figuraban aquellos con formación universitaria que tras haber estudiado previamente Medicina prefieren la labor de manos a las especulaciones librescas, son los llamados Cirujanos Latinos. Sin embargo la mayoría de los cirujanos, los llamados Cirujanos Romancistas, se formaban fuera de las universidades, en hospitales o junto a Maestros o Maeses cirujanos con los que se conciertan los aprendices mediante contratos de asiento. Un caso particular es el Hospital de Guadalupe donde se formaron numerosos profesionales.

Los cirujanos se dedicaban a curar y cauterizar las heridas, la amputación de miembros, sajar abscesos, y en general tratar lesiones de las partes superficiales del cuerpo. Utilizaban como herramienta básica la Lanceta así como distintos Hierros, tales como legras, cauterios, tenazas de cortar y sacar huesos, cuchillas de cortar carne, agujas para dar puntos, tijeras de varios tipos, trépanos y sierras; aplicaban ungüentos y polvos sin número, algunos de los cuales llegaron a hacerse famosos como el conocido ungüento de Aparicio, ampliamente utilizado.

El mundo de los cirujanos no universitarios es enormemente complejo y desconocido, a pesar de que la mayor parte de la población estaba en sus manos.

FOTO 3 La Primera vuelta al mundo 1519 – 1522

Los cirujanos de menor prestigio son los llamados Cirujanos – Barberos y en su escalafón más bajo se encuentran los Barberos a secas, cuya formación es semejante, en cuanto a método, a la de los cirujanos romancistas, diferenciándose en que aquí el maestro concertado lo es en Barbería. En su actividad profesional, como ocurría en el ámbito rural hasta hace muy pocos años, compaginaban su actividad sanitaria con el afeitado y cuidado del cabello.

El arma terapéutica más utilizada en aquella época era la evacuante: sangrías, enemas y purgantes son los remedios habituales. En cuanto a la farmacología se fundamenta en Dioscórides. Los boticarios preparan electuarios, píldoras, trociscos, jarabes, ungüentos, aceites, aguas, emplastos, polvos, con todo tipo de hierbas.

Dieta y Régimen de vida
El régimen de vida, la dieta y la higiene constituyen la segunda herramienta terapéutica destinada a recobrar y mantener la salud. Luis Lobera de Ávila, Protomédico de Carlos I, en “Vanquete de nobles caballeros”, da semblanza del régimen de vida ideal para un caballero del siglo XVI:
Para conservar la salud y prevenir la enfermedad lo mejor es trabajar lo menos posible, usar poco de coitos y baños, alimentarse de buenos mantenimientos: perdices, pollos, yemas de huevo, gallinas, cabrito, ternera, carnero y frutas pasas y beber los mejores vinos posibles.

FOTO 4 Grabado del siglo XVI de la colocación de una pierna dislocada

La Sanidad Naval en el Siglo XVI
La atención sanitaria en la Armada está constituida por cirujano y barberos. De escasa formación teórica y experiencia más o menos amplia, el barbero constituye la primera instancia de atención a enfermos y heridos. Venda e inmoviliza heridas y fracturas y además se encarga del cuidado de cabellos y barbas. El cirujano se instalaba con su ayudante en la enfermería, que era un espacio bajo cubierta, con literas, un brasero de fuego y sus herramientas, además de estopa, huevos, trementina y paños de lienzo como vendas, así dispuestos para atender a los heridos.

La Armada que partió de Sevilla el día 10 de agosto de 1519 constaba de cinco naos llamadas:
Trinidad. Nave capitana al mando del propio Magallanes. De 110 toneladas de capacidad y unos 64 hombres a bordo.

San Antonio. La mayor de todas ellas con 120 toneladas y 56 hombres al mando de Juan de Cartagena. De maestre iba el guipuzcoano Juan de Elorriaga y el grupo más numeroso de vascos.

Concepción. De 90 toneladas y 45 hombres y cómo capitán llevaba al castellano Gaspar de Quesada, de maestre al guipuzcoano Juan Sebastián Elcano y a Juan de Acurio de Bermeo, como contramaestre.

Victoria. De 85 toneladas y llevaba 45 hombres y a Luis de Mendoza como capitán.

Santiago. De 75 toneladas, se trataba en realidad de una carabela y estaba al mando del capitán y piloto Juan Serrano. Iban en ella 31 hombres.

Entre los embarcados figuraban un cirujano y tres barberos que debían aportar los instrumentos propios de su oficio y no les estaba permitido: Llevar dineros por la cura.

FOTO 5 Un grabado de la Nao Victoria fechado hacia 1580, con los retratos en medallón de Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano

Juan Morales, cirujano
Cirujano y máxima autoridad sanitaria en la Armada, vecino de Sevilla y embarcado en la Trinidad, se le nombra en sendos documentos como bachiller y cómo físico y cirujano; de serlo, ya que no tenemos información sobre su formación, estaría entre los denominados cirujanos latinos que como vimos se distinguían de los llamados romancistas por haber cursado sus estudios en una universidad.

Los Barberos de la Armada

Marcos de Bayas. Barbero vecino de Sanlúcar de Alpechín, va en la Nave capitana Trinidad.

Pedro Olabarrieta. Barbero natural de Bilbao, embarcó en la carabela San Antonio.

Hernando de Bustamante Carrero. Barbero, aparece como natural de Mérida y vecino de Alcántara. Embarcó en la Nao Concepción.

En las naos Victoria y Santiago, no embarcan ni cirujano, ni barbero.

Lo primero que llama la atención al inicio del viaje es la presencia de un control sanitario sobre los candidatos a embarcar, para evitar que lo hicieran con enfermedades que pusieran en peligro al resto de navegantes y a la expedición entera. Poco antes de zarpar al grumete Pedro de Basozabal no se le permitió embarcar por estar doliente de bubas. El mal de bubas, conocido unos años más tarde como sífilis, es una enfermedad de reciente introducción desde el primer viaje de Cristóbal Colón al continente americano y que, por entonces, año 1519, era ya bien conocida en Sevilla.

Juan de Morales se enfrenta al viaje con los conocimientos propios de una época en cambio. Las tareas que corresponden al cirujano Morales y a los Barberos, ante la imposibilidad de evacuar a enfermos y heridos que requieren amplios conocimientos de cirugía y remiten esencialmente al tratamiento de heridas, fracturas y congelaciones.

La traumatología no se consideraba como actividad de cirujanos y barberos, sino de empíricos llamados algebristas, sin embargo, en estas circunstancias tanto la traumatología como las demás disciplinas médico-quirúrgicas recaían sobre ellos. Se ocupan asimismo los barberos del uso de la lanceta para las sangrías, primera arma terapéutica, bajo la indicación del cirujano y también de la extracción y limpieza de dientes y el cuidado de barbas y cabellos.

Cómo se vivía en la nave
El barco es el espacio donde se va a desarrollar la vida de los navegantes durante un tiempo incierto, no menor de dos años. Las dimensiones de las naves oscilaban entre los 210 metros cuadrados de la nao San Antonio y los 131 metros cuadrados de la carabela Santiago. En este reducido espacio se trabaja, se descansa, se come y se realizan las elementales necesidades fisiológicas.

Los tripulantes se refugian de las inclemencias del tiempo y en sus horas de reposo bajo las sobrecubiertas del puente o tolda a popa y el castillo de proa. Además la tripulación comparte esos espacios con el cabestrante y diversos aparejos, junto a las cajas o cofres con las pertenencias que cada uno transporta, además del espacio para el fogón. La caja es el mueble más común y además de su función de baúl sirve de mesa o silla. Para dormir se turnan y acomodan en el espacio libre disponible, sobre una colchoneta o transportín y cubiertos por una manta.

FOTO 6 Grabado del siglo XVII de la amputación de una pierna

El capitán y los oficiales disponen de algo más de espacio. Sobre la tolda se levanta la toldilla, destinada a cámara del capitán, y en su caso maestre y piloto. También existen varias cámaras de reducidas dimensiones en una segunda cubierta entre la principal y la bodega. La indumentaria consiste en amplios ropajes para la marinería, para no entorpecer los movimientos. Camisa y calzones hasta el tobillo llamados zaragüelles, blusones con capucha por encima o un sayo de paño anudado a la cintura. De abrigo el capote de mar de color azul y para proteger la cabeza los característicos gorros de lana de color rojo llamados bonetes. Los oficiales podían usar prendas más elegantes jubón, calzas y gorras de terciopelo o seda.

La higiene es precaria, las letrinas no existen, las evacuaciones se realizan sobre la borda si el tiempo lo permite, o más habitualmente en la sentina, cuyas aguas y residuos resultan espantosamente hediondos, además cuando el agua escasea, el aseo y la limpieza de la ropa son inviables. A esto hay que añadir la inevitable infestación por piojos, chinches y cucarachas y la convivencia con los inevitables roedores. Así vemos a los sufridos navegantes hacinados en cubierta, sucios y cubiertos de piojos, sometidos a la constante humedad marina y a las inclemencias del tiempo, insuficientemente preparados para soportar tanto el inclemente calor de los trópicos como el no menos inclemente frío austral, sin olvidar el almadiamiento, o el vértigo propio de las navegaciones.

FOTO 7 Ilustración del libro de Luis Lobera de Ávila, en la que se aprecia al cirujano curando unas llagas en la pierna

La comida
Como todas las expediciones se preparaban para largos periodos de tiempo, a su comida se le llamaba más propiamente dicho la ración marinera. El despensero se encarga de aportar las raciones por peso y talla. La comida se calienta en el fogón, construido en cubierta, junto al palo mayor con ladrillos refractarios y sobre un lecho de arena, la llamada isleta de las ollas. Con mal tiempo se mantiene apagado, así como durante las horas de oscuridad, de tal modo que en numerosas ocasiones la comida se toma fría.

La ración diaria se reparte en tres comidas, vino y bizcocho en el desayuno, la comida principal en el almuerzo y la cena antes de anochecer. La tripulación come en cuadrillas, según afinidades, reunidos en ranchos delimitados por las cajas. Los oficiales superiores comen aparte y disponen de alimentos de mayor calidad, frutos secos y dulces de postre.

La ración diaria de estos alimentos que suponían para los dos años que se presumía iba a durar la expedición hacen:
600 gramos de bizcocho y harina.
1 litro de vino.
43 ml. de aceite.
1,5 litros de agua.

A la dieta básica hay que añadir las legumbres o menestras, garbanzos, lentejas y habas, el arroz o menestra fina y carnes y pescados en salazones. La dieta es correcta en cuanto al número de calorías, porque supone entre 3.500 y 4.000 calorías, sin embargo se encuentra desequilibrada en vitaminas y minerales por la ausencia de alimentos frescos, en especial frutas y verduras.

Especialmente es deficitaria en ácido ascórbico que se contiene en unos pocos alimentos secundarios – cebollas, ajos, ciruelas y membrillos – en cantidades insuficientes para evitar su carencia sin recurrir a recolectar alimentos frescos a lo largo del viaje. Por otra parte hay que tener en cuenta la pérdida de las condiciones de los alimentos, la pudrición y la insalubridad de los bastimentos embarcados por efecto del tiempo, la humedad y las deficientes condiciones de conservación de los alimentos.

Enfermedades y fallecimientos durante el viaje
Desde el día de su salida del puerto hasta el día en que atraviesan el estrecho de Magallanes y salen al Océano pacífico transcurren catorce meses y fallecen 16 hombres, dos más quedan desterrados: 6 fallecen de muerte violenta; 5 de enfermedad; 5 ahogados y 2 desterrados.

El Maestre Antonio Salomón fue el primer fallecido de la armada, ajusticiado en las costas del Brasil por un verdugo encapuchado, condenado a pena de horca y cuchillo al haber sido sorprendido por mantener relaciones con un grumete. Cinco personas más fallecieron por muerte violenta. El marinero de Bilbao Sebastián de Olarte falleció de una patada en una pelea entre marineros. El sublevado capitán Mendoza murió de varias puñaladas durante el motín. Al también sublevado capitán Gaspar de Quesada se le cortó la cabeza y fue posteriormente descuartizado. Diego Barrasa murió de manera rápida al ser alcanzado en la ingle por una flecha con punta de piedra de los indígenas patagones, bien desangrado o bien a consecuencia del veneno que podría contener la flecha. Finalmente el Maestre de la Nao San Antonio, Juan de Elorriaga murió a consecuencia de las heridas de arma blanca que le asestó Quesada durante el motín.

Cinco de los tripulantes murieron ahogados, entre ellos el carpintero de Deva Martín Pérez. Otros cinco fallecieron por enfermedad. A estos hay que sumar los dos desterrados por su participación en el motín, y nunca más se supo de ellos.

FOTO 8 Título de barbero-flebotomiano de Juan de Castro, año 1591. Archivo Provincial de Ourense. Cedido por Isidoro Jiménez C. E. Toledo

Durante la exploración del estrecho de Magallanes, se va a producir la deserción de la Nao San Antonio que seis meses después regresó a Sevilla con 54 hombres entre los cuales numerosos navegantes vascos iban en ella. El Barbero Pedro Olabarrieta, el despensero Juan Ortiz de Goperi y los calafates Pedro de Bilbao y Martín de Goytisolo de Baquio, el carpintero Pedro de Sartúa de Bermeo, el ballestero Joan de Menchaca y los grumetes Martín de Aguirre de Arrigorriaga, el guipuzcoano Joanes de Irún Iranzo y Juan de Orúe de Murguía.

Pasaron muchas penalidades entre ellas nos cuenta Pigafetta lo siguiente:
Durante tres meses y veinte días no pudimos conseguir alimentos frescos… Pero la mayor desgracia de todas fue que a algunos hombres se les inflamaron las encías de tal modo que no podían comer y se morían. A causa de esta enfermedad murieron diecinueve hombres de los nuestros, el gigante y un indígena de la tierra de Verzín. Veinticinco o treinta hombres padecieron los dolores en los brazos, en las piernas o en otros lugares, de modo que pocos quedaron sanos”.

Ginés de Mafra aporta su testimonio:
Por aquí navegaron al Ponientes derechos y consumieron tres meses en esta navegación. En este tiempo los bastimentos, parte por gastados y parte corrompidos, se disminuían, y en toda la gente había enfermedades, especialmente que con la vascosidad de las malas comidas se les hinchaban tanto las encías tanto que les impedía el comer, y se morían, lo cual visto por la gente tenían cuidado de con orines y con agua de la mar lavárselas y tenerlas limpias, lo cual fue especial remedio para aquel mal”.

Al fin alcanzan las islas de las Velas Latinas y unos días después llegan al archipiélago filipino, donde consiguen alimentos frescos.

Vinieron los indígenas, con dos barcas cargadas de cocos, naranjas dulces, un odre con vino de palmera y un gallo… Permanecimos allí ocho días y el capitán saltaba diariamente a tierra para visitar a los enfermos, a los que llevaba vino de cocotero que les sentaba muy bien”.

Así se pudo establecer el diagnóstico retrospectivo de “escorbuto” durante la travesía del Pacífico. Apoyan este criterio las descripciones clínicas de hinchazón de encías, la imposibilidad de comer y los dolores óseos, asociados a la ausencia de alimentos frescos durante 110 días y su rápida resolución cuando consiguen alimentos frescos. Aunque comían pescado entre ellos el tiburón y la deshidratación la paliaban recogiendo el agua de lluvia, durante los aguaceros del clima tropical.

Es de destacar la importancia de la palmera y de su fruto el coco, así como su vino que les sentaba muy bien, alimento esencial en la recuperación de muchos tripulantes.

En Tidore, cargan las dos naos de clavo y bastimentos. Además embarcan pan de medula de palmera llamado sagú y arroz, cabras, gallinas, cocos, bananas, caña de azúcar, y alimentos frescos entre los que se encuentran naranjas y limones.

A finales de diciembre parten en la nao Victoria, bajo el mando de Juan Sebastián Elcano, 47 castellanos y trece moros de Borneo. Pigafetta refiere la presencia de la enfermedad conocida como “mal de bubas o mal francés”:
En todas las islas de este archipiélago hemos encontrado la enfermedad de San Job y más aún en ésta isla; la llaman for franchi, esto es el mal portugués”.

Fin de la travesía
Llegan a Sanlúcar el 6 de septiembre de 1522. Culminan la circunnavegación 18 castellanos y tres moros. Fueron cuatro vascos, tres andaluces, un sevillano y dos de Huelva, un extremeño, un gallego, un cántabro de Cueto, un portugués, tres italianos, tres griegos de Rodas y un alemán los primeros en dar la vuelta al mundo (1).

Son los vascos:
Juan Sebastián Elcano. Capitán. Natural de Guetaria (Gipuzkoa).
Juan de Acurio. Contramaestre. Natural de Bermeo.
Juan de Arratia. Grumete. Natural de Bilbao.
Juan de Zubileta. Pajee natural de Baracaldo. El más joven de la expedición.
El barbero Hernando de Bustamante, se puede considerar el primer profesional sanitario en dar la vuelta al mundo (1).

FOTO 9 El 6 de septiembre de 1522, llega a Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, Juan Sebastián Elcano, con una sola nave y 18 hombres, después de dar la primera vuelta al mundo

Reglas para la higiene en las embarcaciones
Hacia mediados del siglo XVI (noviembre de 1554), se fijan las primeras reglas para la higiene de las embarcaciones, que se reducen a las obligaciones de barrer y limpiar cada mes sobre cubierta y bajo cubierta, y perfumar con romero una vez por semana. Treinta años más tarde se toma conciencia de esa misma necesidad en los barcos de la Armada (2).

En el transcurrir del siglo XVII aunque se producen incipientes mejoras en las condiciones sanitarias de las naves, es por ello la presencia mayoritaria de cirujanos que teniendo buena experiencia de trabajo carecían de la preparación que proporcionaba la academia. Había diferentes acepciones: cirujanos romancistas, cirujanos plebeyos, cirujanos de heridas o cirujanos de ropa corta. Sus superiores en cuanto a posición social adquirida a través de la preparación universitaria se les llamaba cirujanos latinos o cirujanos de ropa larga.

Recordaremos a Jerónimo de Silva, nacido en Oporto, y fallecido en San Juan de Ulúa, fortaleza frente a las costas del puerto de Veracruz en la Nueva España en 1590. Es el caso de este barbero y cirujano de Nao de quien sabemos que fue hijo de Juan y de Catalina González, casado con Isabel Rodríguez, vecina de Sevilla, a quien nombró en su testamento heredera universal.

FOTO 10 Barbero - Sangrador

También recordaremos a Hernando de Alba, barbero y cirujano de la Nao Almiranta de la flota a cargo de Fernando de Souza. Cuando las naves emprendían el regreso a España y a punto de embarcarse en la de su destino también falleció en la fortaleza de San Juan de Ulúa en 1623.

En las ordenanzas fundacionales del cuerpo de cirujanos aprobadas en 1728 se mantenía la distinción profesional entre cirujanos y barberos-sangradores de la armada, distanciamiento que se había iniciado con la real orden de 1703. De esta forma, los barberos-sangradores o cirujanos-barberos quedaban subordinados a los cirujanos (médicos) quienes los seleccionaban y concertaban un convenio para su embarco. De resultas de estos contratos, el cirujano-barbero cobraba el importe del recorte de las barbas a la marinería y oficialidad durante la travesía, pagando al barbero lo estipulado.

En las ordenanzas de 1728 aparecían las obligaciones que tenían que realizar los cirujanos y sangradores de la marina a bordo de los navíos, las obligaciones del empleo del cirujano primero se resumían en:
1.- Llevar un cuaderno diario con los nombres de los ingresados en la enfermería. En él debían figurar las fechas de baja y de alta de cada paciente, tipo de enfermedad y por supuesto los fallecimientos en caso de que los hubiera.
2.- Realizar las curas en la enfermería a las 7 de la mañana acompañado del segundo cirujano y del sangrador. Acabada ésta debía realizar la curación a la tripulación que no estuviera sujeta a dieta, anotando todo ello en su cuaderno diario. También debía presenciar el acto de las comidas y las cenas. Una segunda visita a la enfermería estaba prevista a las 3 y media de la tarde.
3.- Cuidar que los instrumentos de cirugía se conservaran limpios, en caso de negligencia, la posterior limpieza correría a su cargo, descontando de su sueldo el doble del coste de la misma.
4.- Vigilar que el segundo cirujano y el sangrador cumplieran sus cometidos, dando parte al ayudante del cirujano mayor de la escuadra en caso contrario (2).

Era competencia del Barbero - Sangrador de la Armada embarcado:
1.- Asistir a todas las curas y visitas llevando dos cuadernos diarios. En uno de ellos anotar todos los medicamentos y remedios tópicos recetados por el cirujano primero, y en el otro los alimentos y dietas estipulados.
2.- Procurar que los alimentos y dietas fueran de buena calidad y velar por la puntualidad en su servicio, asistiendo también, a todas las comidas y cenas (2).

La comida en el Siglo XVIII
En cuanto a la comida a bordo del navío, había tres clases de raciones en los buques. La primera se llamaba de carne salada o cecina y tocino; la segunda de bacalao, aceite y vinagre, y la tercera de queso y aceite. Con cada una de estas raciones se suministraba bizcocho, vino, menestra fina, agua y sal. Para los grandes viajes, los animales son embarcados vivos, destinados a mejorar la dieta del estado mayor y a abastecer el "caldo de ave" que revitaliza los enfermos y los heridos. Por otro lado, una parte importante de las calorías es aportada por el alcohol: un litro de vino al día y por hombre, completado por una porción de aguardiente, pudiendo ser utilizado para recompensar a los hombres, galvanizar a los combatientes o reconfortar a los heridos (2).

Las enfermedades de a bordo de un navío
La gran amenaza para la vida de un marino era las enfermedades de a bordo. La mortalidad por enfermedad es bastante superior a la causada por los combates y los naufragios. Las patologías más comunes son las referidas a la alimentación (escorbuto, daños gastrointestinales provocados por el alimento salado, los salazones podridos, la mala dentición, al agua (la bebida corrompida era caldo de cultivo del tifus) y a la falta de higiene favorable en la proliferación de enfermedades contagiosas: cólera, sarampión, viruela y enfermedades transmitidas por parásitos: tifus, enfermedades de piel. El mar puede agravar las enfermedades pulmonares (tuberculosis), las afecciones articulares (artritis, artrosis, reuma articular agudo con complicación cardio-respiratorio; los estados "preescorbúticos" favorecen traumas del tipo de "artrosis crónica " con dolores y rigideces). Al escorbuto se sobrepone el tifus y la tifoidea, que deja impotente la medicina del momento. Pero es el escorbuto lo más temido, como demuestra su sobrenombre "peste del mar”. Por empirismo, los británicos descubren la eficacia del zumo de limón para luchar contra el escorbuto, pero éste pierde su eficacia al cabo de algunos días, y los marineros son reticentes a su consumo. La solución fue encontrada, por un cirujano de Nelson, que lo añade al aguardiente de caña, el ron (2).

FOTO 11 Instrumental que utilizaban los Barberos y Sangradores. Koldo Santisteban Cimarro

Protobarberato 1500
Es en 1500 cuando se crea el Protobarberato como órgano examinador con independencia absoluta del Protomedicato, Protocirujanato y Protofarmacéutico. Por la Pragmática Sanción de los Reyes Católicos dictada en Segovia el 9 de abril, se establece en su preámbulo: “los exámenes de los barberos; y pena de los que sin requisito pusieran tienda para sangrar, y hacer las demás operaciones que se expresan”. Es ilustrativo que en el primer párrafo cuando se refiere a los criterios establecidos con respecto al intrusismo dice: “Mandamos, que los Barberos y exâminadores mayores de aquí en adelante no consientan ni den lugar, que ningún barbero no otra persona alguna pueda poner tienda para sajar ni sangrar, ni echar sanguijuelas ni ventosas, ni sacar dientes ni muelas, sin ser exâminado primeramente por los dichos nuestros barberos mayores personalmente…” (3).

Con la aparición de la Congregación de Cirujanos y Sangradores y su incorporación a la Hermandad de San Cosme y San Damián, estos se fueron haciendo fuertes frente a los Barberos, interponiendo continuas demandas por intrusismo ante el Consejo de Estado que les fueron quitando competencias a los Barberos y dándoselas a los Sangradores (3, 4, 5 y 6).

FOTO 12 Los Barberos Sangradores y la Odontología. Siglo XVII. Colegio de Enfermería de Cádiz

Bibliografía
1.- Javier Almazán. Doctor en Medicina por la Universidad Autónoma de Madrid. Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País / Euskalerriaren Adiskideen Elkartea. Boletín LXXIV. 1 -2, 2018. Donostia – San Sebastián
2.- Barberos Cirujanos. Manuel Solórzano Sánchez; Jesús Rubio Pilarte y Raúl Expósito González. Publicado el día 12 de junio de 2009
3.- Barberos y cirujanos en las provincias de Gipuzkoa, Navarra y Almería. Manuel Solórzano Sánchez; Jesús Rubio Pilarte y Raúl Expósito González. Publicado el domingo día 13 de noviembre de 2011
4.- Barberos y Otros Oficios. Manuel Solórzano Sánchez; Jesús Rubio Pilarte y Raúl Expósito González. Publicado el domingo día 20 de noviembre de 2011
5.- Barberos. Cofradías de San Cosme y San Damián. Manuel Solórzano Sánchez; Jesús Rubio Pilarte y Raúl Expósito González. Publicado el lunes día 15 de julio de 2013
6.- Historia de los Barberos, Cirujanos y Practicantes de la Armada. José Manuel Mateo Lozano. Publicado el lunes día 2 de junio de 2014
6ª.- Barbero, Cirujano, Dentista, Sangrador en Gipuzkoa. Manuel Solórzano Sánchez. Publicado el lunes día 9 de febrero de 2015
7.- Félix Pinero, periodista y escritor. Hernando de Bustamante, el Barbero de Mérida, que dio la vuelta al mundo.

Manuel Solórzano Sánchez
Osakidetza, Hospital Universitario Donostia, Donostia, Gipuzkoa.
Graduado en Enfermería
Insignia de Oro de la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica 2010. SEEOF
Miembro de Enfermería Avanza
Miembro de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos
Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería
Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.
Miembro no numerario de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País. (RSBAP)
Académico de número de la Academia de Ciencias de Enfermería de Bizkaia – Bizkaiko Erizaintza Zientzien Akademia. ACEB – BEZA
Insignia de Oro del Colegio Oficial de Enfermería de Gipuzkoa 2019

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