martes, 13 de junio de 2017

CLÍNICA SAN IGNACIO SAN SEBASTIÁN



TRABAJO DE LA ESCUELA UNIVERSITARIA DE ENFERMERÍA

19 de Febrero de 1999

AUTORAS del TRABAJO: Maite Tapia Herrero, Eneka Torres Sastre y Cristina Villar López

FOTO 1 Portada del trabajo de María Tapia, Eneka Torres y Cristina Villar

“La historia es siempre injusta.
Selecciona unos hechos y descarta otro;
guarda la memoria de unos personajes
al precio de olvidar a muchos más;
va saltando de puntillas por encima de los siglos,
pasando por alto la vida de generaciones y generaciones;
solventa fríamente los dramas o las alegrías que afectaron a
miles de seres humanos con unas escuetas líneas.

La historia, el hecho de contar historia
es, visto así, un ejercicio de impiedad”.

Objetivo General
El objetivo general de este trabajo es investigar acerca de la historia de la Clínica San Ignacio de Ategorrieta, en San Sebastián, para conocer los cuidados de enfermería que se han dado en dicha Clínica a lo largo de la historia de la misma.

Objetivos Específicos
Investigar la historia de la Clínica San Ignacio.
Profundizar en la evolución del trabajo de enfermería.
Analizar la importancia de esta Clínica en la Sociedad en la que se encuentra.
Demostrar el vínculo entre las Órdenes Religiosas y el cuidado de los enfermos.
Analizar el funcionamiento de una Clínica privada.

Prólogo
Todo comenzó cuando la profesora de Historia de la Enfermería de la Escuela Universitaria de Enfermería de San Sebastián, Pilar Manrique, nos propuso la realización de un trabajo de investigación de un hospital, Clínica, congregación religiosa, etc., enfocando dicha investigación a los cuidados de enfermería.

En un principio esto nos pareció una tarea difícil, sobre todo debido a que todas las componentes del grupo nos habíamos decantado siempre por la rama de las ciencias, dejando, en cierto modo, de “lado” las letras, la historia…

Una vez superada ésta primera dificultad, nos consideramos capacitadas para realizar el trabajo y nos propusimos poner en él, todo nuestro empeño.

Nuestro gran dilema ahora, era la elección del centro de nuestra investigación y tras unos días de reflexión nos decidimos por una pequeña Clínica de San Sebastián (Gipuzkoa): la Clínica San Ignacio.

Los motivos de nuestra elección estuvieron ligados a un sentimiento “nostálgico” de una de las componentes del grupo que nació en esta Clínica y cuya madre trabaja allí; y a que otra de las componentes tenía algunas referencias sobre la misma.

Tras nuestra elección, nuestro siguiente paso fue la búsqueda de material referente a la Clínica y cuál fue nuestra sorpresa, que tras horas de búsqueda en bibliotecas, archivos, periódicos, etc. No encontramos nada debido a que en realidad, no hay nada publicado sobre ella.

Esta circunstancia nos dificultó bastante el trabajo y ante la falta de material sobre el que trabajar, decidimos dirigirnos a la Clínica para conocer el objetivo de nuestra investigación y obtener información sobre la misma.

La primera impresión, la definiríamos como una pequeña Clínica, algo descuidada por el paso del tiempo, era el año 1999, (hoy en día está toda renovada).

Al entrar en ella, nos recibió Josean Pérez, el actual administrador (1999), que tras presentarse nos atendió atentamente y nos legó toda la información existente sobre la Clínica, la cual no era demasiada abundante, según nos explicó, debido a que con el cambio de dueños de la Clínica, mucha de ésta información, se había perdido.

Sin embargo, ante el montón de documentos que teníamos delante no sabíamos cómo empezar ya que todo nos parecía lo suficientemente importante como para incluirlo en nuestro trabajo.

Estos documentos de los que disponíamos, eran principalmente facturas de principio de siglo y los archivos en los que se registraban todos los ingresos en la Clínica.

Eran todos ellos, documentos antiguos, que nos retornaron a nuestros antepasados. Debían haber estado mucho tiempo guardados sin abrirlos para nada, ya que estaban llenos de polvo, de hecho, al abrirlos, a una de nosotras le entró el asma. Tenían años y años de antigüedad y el paso del tiempo había hecho que presentaran borrones de humedad, polvo, e incluso páginas rotas con celo que intentaban disimular el paso de los años.

FOTO 2 Portada del trabajo de María Tapia, Eneka Torres y Cristina Villar, 1999. Presentación en el Ayuntamiento de la petición de construcción de un edificio destinado a Sanatorio Quirúrgico. 4 de Diciembre de 1905

Posteriormente, nos enseñó la Clínica y aunque recientemente ha sido reformada, pudimos contemplar los pasillos por los cuales, nuestras antepasadas compañeras de profesión, habían dedicado su tiempo y su buen hacer a los enfermos.

Esta primera visita a la Clínica, la definiríamos como una ráfaga de aire puro, ya que nos devolvió la ilusión, perdida al no haber encontrado nada publicado sobre ella.

Con nuestras fuerzas renovadas, proseguimos nuestra investigación y nos topamos con tres hermanas de la congregación “Hermanas de la Esperanza” “Congregación Sagrada Familia de Burdeos”, congregación que estuvo trabajando en la Clínica desde su inauguración.

Estas tres Hermanas, Sor Juliana Iturralde, Sor Antonia Larrya y Sor Enma Suero, nos invitaron a su residencia en el Alto de Miracruz (en Villa Elvira), e incluso la mayor de todas, Sor Enma, se ofreció a acompañarnos a la Clínica, hecho que reflejó su disposición a colaborar con nosotras en la investigación.

Tuvimos mucha suerte de contar con su compañía, puesto que nos fueron de gran ayuda. Tenían muchas cosas que contarnos y había momentos en las que las tres hablaban a la vez y nuestra labor era poner orden.

Nos contaron anécdotas de la Clínica, los cuidados de enfermería a principios de siglo, sus experiencias personales, etc., incluso había momentos en los que nos olvidamos de nuestro motivo en la residencia y nos evadíamos de la realidad, trasladándonos a los años narrados.

Fue una experiencia realmente positiva, ya que a pesar del paso de los años, pudimos observar cómo estas Hermanas mantenían intactos sus recuerdos. Les agradecimos enormemente su colaboración y les prometimos una nueva visita. Ellas por su parte nos animaron a seguir con entusiasmo nuestra formación enfermera y a dedicarnos en cuerpo y alma a nuestros enfermos.

A medida que transcurría la investigación, cambió en nosotras la percepción que teníamos del trabajo, que antes era aburrido, y fue transformándose en una idea interesante y atractiva, al mismo tiempo que enriquecedora.

Nuestro siguiente destino fue de nuevo a la Clínica, donde mantuvimos una entrevista con la primera enfermera (A. T. S.) titulada que entró a trabajar en la Clínica Itziar.

Con ella ampliamos los conocimientos que teníamos tanto de los cuidados de enfermería como de la propia Clínica y pudimos verificar muchas de las conclusiones a las que habíamos llegado nosotras mismas.

Tras todo esto, volvimos a insistir en los archivos del ayuntamiento, dónde conseguimos planos de la Clínica y como copias de construcción; y en bibliotecas, donde completar toda la información recogida hasta el momento.

Ahora ya sólo nos quedaba lo peor; poner en orden todo el material del que disponíamos y dar forma a nuestro trabajo. El resultado, lo tienen entre sus manos.

Historia de la Clínica San Ignacio

La Clínica San Ignacio es una pequeña villa situada en la avenida de José Elósegui, en San Sebastián.

Es una Cínica privada, de hecho fue la primera de San Sebastián y la segunda que se fundó en España, la primera había sido fundada poco antes en Santander por el Dr. Madrazo.

A principios de siglo, en San Sebastián sólo se atendía quirúrgicamente a los pacientes, en el Hospital San Antonio Abad, en la Avenida de Navarra, el cual era insuficiente para toda la demanda que había. Por eso era muy frecuente que los médicos atendieran y operaran a los pacientes en sus propias casas, al no existir en todo San Sebastián un centro quirúrgico apropiado.

Al tiempo que esto ocurría, las religiosas de la Esperanza, congregación francesa, mandó un grupo de Hermanas, poco numeroso, a San Sebastián para que se dedicaran al cuidado de los enfermos pobres y a asistir las operaciones, para lo que habían sido formadas y preparadas en varias clínicas del extranjero.

FOTO 3 Fachada principal Clínica San Ignacio. San Sebastián 4 de diciembre de 1905. Firmado por Manuel Echave, arquitecto. Archivo histórico Ayuntamiento de San Sebastián

Ante esta situación, una monja de esta congregación que acompañaba al Dr. Mariano Antín en sus operaciones, le sugirió, en cierta ocasión, que éste se lamentaba por las dificultades de operar en tan malas condiciones, que fundara una Clínica junto con otros médicos que se encontraban en su misma situación.

Esto le hizo reflexionar sobre la idea y poco después logró convencer a otros doctores, compañeros y amigos suyos, especializados en diferentes ramas de la Medicina, para fundar una sociedad de Cirujanos Especialistas.

Junto con estos médicos, buscó la colaboración de los dos cirujanos que más trabajaban entonces en San Sebastián, formándose así una Sociedad de cinco miembros: el Dr. Hilario Gaiztarro, cirujano y director del Hospital de San Antonio Abad, el Dr. Ramón Castañeda y el Dr. Mariano Antín, laringólogos; el Dr. Benigno Oreja especializado en urología; y el Dr. Miguel Vidaur, oculista.

Construcción y planos del edificio
Una vez formada esta sociedad, se encargó hacer los planos de la Clínica al arquitecto Manuel Echave, que era suegro del Dr. Mariano Antín.

FOTO 4 Aprobación de la construcción de la Clínica por el Ayuntamiento y Sr. Arquitecto Manuel Echave. 12 de diciembre de 1905

El lugar elegido para edificar, fue un prado de manzanos situado en la avenida de Ategorrieta de San Sebastián.

La construcción de la Clínica comenzó a finales del año 1904 y a finales de 1905 ya estaba terminado todo el cuerpo principal del edificio.

La Clínica estaba dividida en tres plantas, más una planta baja.

En cuanto a la distribución de estas plantas, ha ido cambiando con el paso del tiempo e incluso se han ido añadiendo sectores a éstas.

Pero más o menos, la distribución esencial de cada planta se ha ido manteniendo a lo largo de todas las modificaciones:

En la planta baja, se han mantenido los quirófanos y las consultas.

En la primera planta, las habitaciones de primera y las de segunda clase individuales.

En la segunda planta, las habitaciones dobles de segunda y las de tercera categoría.

En la tercera planta, las habitaciones comunes.

FOTO 5 Distribución de la Clínica San Ignacio. 4 de diciembre de 1905. Archivo histórico Ayuntamiento de San Sebastián

A parte de todas las dependencias que había, propias de una Clínica, hay que añadir las habitaciones de las Hermanas religiosas y una capilla, en cuyo altar, hasta el 4 de julio de 1928, estuvo la imagen de San Ignacio, regalada por el Dr. Benigno Oreja.

Distribución de las camas
Al principio, en la Clínica había unas 40 camas distribuidas en los distintos pisos. La distribución que a continuación se detalla, es la distribución que tenía la Clínica a principios de siglo.

En el piso superior había dos grandes estancias con 4 y 6 camas cada una, que con el tiempo se fueron ampliando. Una era de hombres y la otra de mujeres. Estas dos estancias estaban reservadas para la gente que iba a la Clínica con Seguros Laborales, como el de la Cerrajera, por ejemplo.

En cuanto al resto de las camas, estaban repartidas en habitaciones que podían ser de primera, segunda o tercera categoría.

De primera categoría había dos habitaciones, la número 10 y la 11. Eran grandes habitaciones individuales con baño propio, una cama plegable para el acompañante, que con el paso del tiempo se instaló en todas las habitaciones y con un balcón al exterior individual.

A parte de estas dos habitaciones, había otra, que se puede denominar como de “primerísima”. Ésta era más amplia que las anteriores y con una gran terraza al exterior.

El precio de una habitación de primera era de 18 pesetas al día; y la de “primerísima” de 25 pesetas al día.

FOTO 6 Sección de la Clínica San Ignacio. 4 de diciembre de 1905. Archivo histórico Ayuntamiento de San Sebastián

Las habitaciones de segunda categoría, eran algo más pequeñas que las de primera. Eran individuales pero carecían de baño propio y en su lugar tenían un baño común en cada planta. Su precio era de 12 pesetas al día.

En cuanto a las habitaciones de tercera categoría, podían ser individuales o dobles y tampoco tenían baño propio. El precio de una habitación de tercera clase individual era de 7 pesetas al día.

Acuerdo con las Hermanas de la Esperanza
Una vez se concluyó la edificación, los médicos deseaban la inauguración de la Clínica, para el verano de 1906, pero tenían que encontrar a alguien que aceptara la dirección de la Clínica y que se encargara del cuidado de los enfermos ingresados, para lo que habían pensado en las “Hermanas de la Esperanza” “Congregación Sagrada Familia de Burdeos”, que se encontraban en “Villa Elvira”.

Sin embargo, éstas no se decidían a aceptar esta propuesta debido a la falta de personal, por lo que el Dr. Hilario Gaiztarro, futuro director de la Clínica, fue a conocer personalmente a estas religiosas y les explicó su especial interés en que aceptaran tomar a su cargo la dirección de la nueva Clínica.

Con el fin de gestionar y solucionar cuanto antes este asunto, la Madre Superiora de “Villa Elvira”, se dirigió a la Casa Generalicia de Burdeos (Francia) y consiguió que la Congregación aceptara y se comprometiera a enviarles, por lo menos, dos religiosas formadas y tituladas de dos clínicas privadas Francesas que conocieran bien el oficio.

Cuando los médicos se enteraron de la buena noticia, se apresuraron en comprar todo lo necesario y se lo entregaron a las Religiosas para que se encargaran de tener todo preparado para ese verano.

FOTO 7 Planta Baja de la Clínica San Ignacio. Archivo histórico Ayuntamiento de San Sebastián

Según lo acordado con la Casa Generalicia de Burdeos, el 21 de Agosto de 1906, llegaron al Convento de la Esperanza las dos Hermanas españolas procedentes, una de la Clínica de San Agustín de Burdeos (Francia) y la otra de la Clínica del Doctor Doyen de Reims (Francia).

La Primera Operación y el Nombre de la Clínica
El 24 de agosto, viernes, se recibió aviso de que el Dr. Albarrán de París, tenía que operar en la Clínica a un señor de Bilbao, aunque la Clínica no había sido todavía inaugurada.

Por este motivo, el sábado día 25 de agosto, se trasladaron desde “Villa Elvira” a la Clínica las primeras religiosas de la Esperanza: La Madre Anastasia que es la Superiora, con cuatro Hermanas más y una postulante, que llevaba una estatua de la Santísima Virgen en brazos, ante la cual se postraron e hicieron oración, en una de las habitaciones del primer piso, destinada a Capilla, poniendo la nueva Obra bajo la protección de Jesús, María y José, sus patronos.

En la tarde de este mismo día, se impuso al reciente edificio el nombre de “Clínica Operatoria Villa San Ignacio”, por hallarse situada en la Parroquia que llevaba su advocación.

Tras un penoso y precipitado trabajo de esterilización del material e instrumental quirúrgico, preparación de habitaciones, etc. pudo darse alojamiento esa noche, en dos cuartos de primera, al enfermo y acompañantes, que iba a ser intervenido al día siguiente. Las Hermanas durmieron también, a partir de este día, en las habitaciones a ellas destinadas.

FOTO 8 Piso Principal de la Clínica San Ignacio. Archivo histórico Ayuntamiento de San Sebastián

Así, el domingo a la mañana, se recibió al Dr. Albarrán, al que todos los médicos propietarios de la Clínica procuraron todo tipo de facilidades. Como era de esperar, la operación, una extirpación de riñón, fue todo un éxito.

Pocos días después, el Dr. Albarrán volvió a operar en la Clínica y seguidamente comenzaron a intervenir los Doctores propietarios de la Clínica, lográndose una afluencia de enfermos mayor de la que se esperaba, ya que en esa época, la gente de buena posición se resistía a ingresar en las Clínicas y hospitales por su novedad.

Inauguración Oficial de la Clínica Operatoria en “Villa San Ignacio”, el 23 de Septiembre de 1906

Inauguración Oficial de la Clínica
La inauguración oficial de la Clínica San Ignacio, tuvo lugar el domingo 23 de Septiembre de 1906.

La víspera por la tarde, el señor cura Párroco de San Ignacio, bendijo la habitación destinada a ser Capilla, en la que el día 23 se celebró la primera Misa, a la que asistieron los médicos, las Hermanas de la Esperanza y todo el personal de la Clínica.

A las cuatro de la tarde, todo estaba dispuesto para recibir a SS. MM. Los Reyes. Los doctores estaban todos en la Clínica y multitud de gente se agolpaba en el vestíbulo, salón, terraza y jardín; primorosamente adornados, así como en las villas de enfrente y en la carretera.

FOTO 9 Proyecto de pabellón en la Clínica San Ignacio. 4 de abril de 1918. Archivo histórico Ayuntamiento de San Sebastián

A la hora prefijada llegó S. M. el Rey; las Reinas Victoria Eugenia y la Reina Madre Cristina, varios Ministros y el Presidente del Consejo de Autoridades locales.

El Dr. Gaiztarro acompañó a S. M. el Rey a través de las dependencias de la Clínica, dándole todas las explicaciones oportunas de cada cosa y cada estancia. El mismo Dr. Gaiztarro hizo la presentación de las Hermanas de la Esperanza.

A la vez el Dr. Benigno Oreja acompañó a SS. MM. Las Reinas y una de las damas de la Reina Madre, reconoció a una de las Hermanas, que pocos años antes, estando enferma, la había cuidado con esmerado cariño e hizo grandes elogios de las cualidades de las Hermanas.

Antes de despedir a los Reyes y su comitiva, se les obsequió y agasajó con un espléndido brindis.

FOTO 10 Proyecto de ampliación de la Clínica San Ignacio. 29 de abril de 1921. Archivo histórico Ayuntamiento de San Sebastián

Los Médicos de la Clínica San Ignacio
La Clínica fue fundada, como anteriormente ya se ha explicado, por cinco médicos que formaron la “Sociedad Gaiztarro y Cía”. Estos médicos eran: los doctores Hilario Gaiztarro, Ramón Castañeda, Mariano Antín, Benigno Oreja y Miguel Vidaur; cada uno de ellos especializado en una rama de la Medicina distinta.

Sin embargo, a parte de estos médicos, a lo largo de la historia de la Clínica han ido ejerciendo su labor en ella otros muchos, incluso del extranjero, a los que la Clínica debe su gran fama.

A continuación hemos realizado una síntesis de la biografía de algunos de los médicos más importantes que han pasado por la Clínica.

Dr. Benigno Oreja
Médico guipuzcoano nacido en el año 1880 y muerto en 1962. Se especializó en Urología y fue uno de los pioneros en esta especialidad en España.

Fue varias veces presidente del Colegio de Médicos; y miembro de “Eusko Ikaskuntza”. Estuvo al frente de la Clínica San Ignacio desde 1930 hasta su muerte en 1962.

Dr. Hilario Gaiztarro
Médico cirujano natural de Anoeta cuya habilidad en las operaciones quirúrgicas le dio gran fama, llegando a operar a miembros de la familia real.

Fundó en unión de algunos compañeros la Clínica San Ignacio, de la que fue director hasta su fallecimiento en 1909.

FOTO 11 Proyecto de ampliación de la Clínica San Ignacio. 29 de abril de 1921. Archivo histórico Ayuntamiento de San Sebastián

Dr. Julián Bergareche
Médico guipuzcoano nacido en Irún en 1893, y fallecido en San Sebastián en 1968. Estudió Medicina en Madrid, especializándose en el aparato digestivo. A principios de 1919 se instaló en San Sebastián, donde entró a trabajar en la Clínica San Ignacio por el Dr. Luis Urrutia, al que le unió una profunda amistad testimoniada en documentos y cariñosos artículos que le dedicó a su muerte.

En esta Clínica desarrolló la mayor parte de su labor de gastroenterólogo e investigador. Escribió en la Revista de Gastroenterología Española y en diversas revistas extranjeras de su especialidad.

Dr. Luis Urrutia
Médico nacido en San Sebastián en 1876. Estudió Medicina en Madrid y al doctorarse en 1900, fue propuesto para profesor clínico de la Facultad de Medicina, puesto que rechazó para volver a San Sebastián.

Se especializó en las afecciones del aparato digestivo, especialidad en la que estuvo trabajando en la Clínica San Ignacio.

Evolución de la Historia Clínica
Desde el principio, la Clínica tuvo algunas dificultades y oposiciones al no querer admitir en su sociedad a médicos franceses, que desde años atrás ejercían en San Sebastián y pronto levantaron otra Clínica en el mismo barrio.

Tres años después de la inauguración de la Clínica, el director y cirujano general, el Dr. Gaiztarro, que tanto interés había puesto en la buena marcha de la Clínica, murió.

Tras esto, le sucedió como director Ramón Castañeda. Como cirujano general vino de París el Dr. Leopoldo Ramoneda, que ejerció pocos años hasta que el Dr. Urrutia empezó a operar haciendo la cirugía gástrica, por cuyo motivo dejó la Clínica el Dr. Ramoneda en el verano de 1914.

Como los éxitos de los doctores Oreja y Urrutia eran cada vez mayores, aumentando así el número de pacientes, estos señores se hicieron propietarios de la Clínica, que al resultar insuficiente se le añadió el pabellón del Noroeste, en el que, además de la sala de operaciones ya existente, se instaló el equipo radiológico, cistoscopia, laboratorios, sala de laringología y demás aparatos necesarios para el mejor funcionamiento de la Clínica.

En 1930 murió el Dr. Urrutia, que tan grande fama había adquirido no sólo en España, sino también en el extranjero, por sus relevantes cualidades en Medicina y cirugía gástrica.

El Dr. Oreja, que al retirarse el Dr. Castañeda quedó como propietario y director de la Clínica, continuó procurando dotar en los momentos oportunos a la Clínica de especialistas competentes, entre los que hay que destacar a su hijo, don José María.

Durante la última guerra española, fueron muchos los cirujanos, radiólogos, analistas y demás especialistas, que, al venir de la zona roja, encontraron acogida en esta Clínica, quedando sumamente agradecidos al Dr. Oreja y demás personal de la Clínica.

Además, durante los meses de la dominación roja, todo el personal de la Clínica atendió con gran solicitud y caridad a los muchos heridos, que acudían continuamente, sin distinción de ideologías políticas.

La Clínica siguió su evolución, siendo conocida en toda España, y atendió a un incalculable número de pacientes de todas clases sociales, entre los que se incluyen desde gran número de necesitados atendidos gratuitamente, hasta grandes personalidades entre los que se encuentran dos Arzobispos, las nietas de Franco, etc.

Tras la muerte del Dr. Benigno Oreja, en 1962, le sucede en la dirección de la Clínica su hijo el Dr. José María Oreja, que está al frente de la Clínica hasta el año 1980, cuando le sucede su hijo, el también Dr. Benigno Oreja (su nieto).

FOTO 12 Proyecto de ampliación de la Clínica San Ignacio. 7 de mayo de 1921. Archivo histórico Ayuntamiento de San Sebastián

Con este último, la Clínica coge una especial fama en todo Guipúzcoa al poseer los mejores quirófanos y materiales de toda la provincia.

Sin embargo, al reorganizarse la Seguridad Social, ésta absorbió la mayor parte de los pacientes de los centros privados, sobre todo de los pequeños, que no pudieron competir con ella, en cuanto a nuevos materiales y demás adelantos.

Ante esta situación, el Dr. Benigno Oreja (nieto), junto con don Ignacio Garbizu, entonces administrador de la Clínica, intentó superar el bache, pero en el intento se encontró con grandes problemas económicos que le llevaron a tener que ceder la dirección de la Clínica en 1996 a don Jesús Montoya, que actualmente la ha reorganizado para convertirla en una residencia geriátrica.

Evolución de los Cuidados de Enfermería en la Clínica San Ignacio
En un principio, cuando se fundó la Clínica San Ignacio a principios de siglo, los doctores de la “Sociedad Gaiztarro y Cía”, pensaron en las religiosas de la Esperanza, congregación francesa, para que se encargaran de realizar todo el trabajo que tenía que ver con el cuidado y atención de los pacientes.

Así es como llegaron las Hermanas de esta congregación a la Clínica, donde prestaron sus servicios.

Ella solas realizaban, prácticamente, todo el trabajo de la Clínica hasta que en diciembre de 1972 entró a trabajar la primera enfermera seglar Itziar Olaizola, aunque en esta fecha ya trabajaban otras personas laicas, como practicantes, auxiliares, camilleros, etc. Que eran contratadas por las monjas.

Con el paso del tiempo, la incorporación del personal laico en la plantilla de la Clínica fue debido al descenso de la vocación religiosa, quedando finalmente en 1970 sólo 18 monjas en la Clínica, de las 40 Hermanas iniciales.

Al principio, en la Clínica había 40 Hermanas que estaban internas y entre las que se repartían todo el trabajo: una se encargaba de la lencería, hacía la ropa de cama, camisones, cortinas, etc.; dos estaban en la despensa, cuatro en la cocina, una era la telefonista, dos estaban en quirófano; veinte se dedicaban a las labores de enfermería y el resto se dedicaban al resto de los trabajos de la Clínica.

La mayor parte de las Hermanas que se dedicaban a las labores de enfermería no tenían ningún tipo de título, las profesionales enfermeras estudiaron en la Facultad de Medicina de Valencia. Las que no tenían título, ya que en la Clínica los médicos sólo exigían que hubiera un número mínimo de personas tituladas. Al resto de las Hermanas que trabajaban en la Clínica no les exigían ningún título, pero los propios médicos se dedicaron a formarlas y les daban “clases” sobre el trabajo que tenían que realizar.

El día a día en la Clínica San Ignacio
Centrándonos en los cuidados de enfermería, a continuación narraremos como era en la Clínica, el día a día.

Se comenzaba la jornada a la mañana tomando la temperatura a los pacientes ingresados, mientras las cocineras preparaban el desayuno. Al principio éste consistía, simplemente, en un vaso de café con leche, pero luego se amplió con galletas, pan, mantequilla y fruta, según las necesidades de cada paciente.

Una vez repartido el desayuno, se realizaba la higiene personal del paciente, que se hacía diariamente. Para ello se utilizaba una jofaina de porcelana, dónde se llevaba el agua y se utilizaba “jabón lagarto”. Se les secaba con una toalla y en los buenos tiempos de les echaba colonia.

En aquellos tiempos, muchas personas no tenían acceso a una higiene adecuada, por carecer en las casas de agua corriente, baños, etc., y era habitual que al ingreso en la Clínica se les hiciese una limpieza concienzuda a los ingresados, incluso dejándolos a algunos en remojo.

Después de esto, se hacían las camas, cada una entre dos Hermanas de la Esperanza. La ropa de cama se confeccionaba dentro de la Clínica por una modista. Se compraban piezas grandes de tela y ella hacía toda la ropa que se necesitaba en la Clínica.

La ropa de cama consistía en dos sábanas, una encimera y otra bajera, un travesero, actualmente denominada entremetida, un hule, una manta y una colcha. Al igual que ahora, al hacer la cama se tenía especial cuidado en la no formación de arrugas para evitar las úlceras por presión en los pacientes encamados.

FOTO 13 Proyecto de pabellón de hombres y mujeres en la Clínica San Ignacio. 8 de septiembre de 1920. Archivo histórico Ayuntamiento de San Sebastián

Entre las 12,30 – 13,00, se comenzaba a repartir las comidas. Al principio, la distribución de las comidas se hacía plato por plato y más tarde se llevaron en bandejas, hasta que se introdujeron los carros térmicos con sus bandejas individuales, con los que se ahorraba más tiempo.

Tenemos referencias por parte de las Hermanas, de que la comida de la Clínica era muy buena y nos pusieron como ejemplo al Dr. Bergareche, que la denominaba “el placer de los dioses”.

Después de la comida, se dejaba a los pacientes un tiempo de descanso en el que solían aprovechar para echar la siesta.

A eso de las 16,30 se llevaba a las habitaciones la merienda y posteriormente se volvía a poner los termómetros a los pacientes.

Era en esa hora en la que más visitas acudían a la Clínica, por lo que después de la cena, los pacientes estaban tan agotados que se quedaban dormidos enseguida.

Además, debido al trato tan directo que se tenía en la Clínica con los pacientes, tanto las Hermanas, como más adelante el personal sanitario, tenían la costumbre de entrar en todas las habitaciones dando las buenas noches, algo que los pacientes agradecían enormemente.

FOTO 14 Fachada a la carretera de la ampliación de la Clínica San Ignacio. 29 de abril de 1921. Archivo histórico Ayuntamiento de San Sebastián

Medicamentos en la Clínica San Ignacio
Sor Juliana Iturralde, Sor Antonia Larrya y Sor Enma Suero, nos explicaron como a principios de siglo la existencia de medicamentos era muy escasa y los métodos para curar eran bastante diferentes a los que existen hoy en día.

En aquellos tiempos cuando la Clínica comenzó su actividad, ni siquiera existían todavía los antibióticos.

El descubrimiento de la penicilina en 1928, fue todo un avance y nos dijeron, que los médicos les insistían mucho en que tuviesen mucho control en su administración. La penicilina llegó a España a Madrid en 1944 y a la provincia de Gipuzkoa en 1949.

La medicación parenteral, como hoy, se podía administrar dependiendo del tipo de medicamento, por vía subcutánea o intramuscular, pero sin embargo, no existía la fluidoterapia.

Cuando comenzaron a aparecer los medicamentos de administración intravenosa, al principio se utilizaban agujas de hervir, pero con el paso del tiempo se empezaron a utilizar las palomitas, que no había que hervirlas y facilitaron mucho el trabajo.

A medida que se iban descubriendo nuevos medicamentos, la Clínica los iba incorporando inmediatamente en su farmacia. Además, al principio las órdenes médicas no se daban por escrito, eran verbales, hasta que entraron contratadas en la Clínica las primeras enfermeras tituladas y comenzaron a exigirlas.

En cuanto a la anestesia para las operaciones, ésta se reducía al uso del cloroformo hasta que se fueron descubriendo fármacos anestésicos, siendo estos utilizados por la Dra. Carmen Unzueta, que fue la primera anestesista de la Clínica y una de las primeras anestesistas especializadas en España.

FOTO 15 Fachada al camino. Plano de emplazamiento. Planta de pisos. Proyecto ampliación de la Clínica San Ignacio. 23 de marzo de 1921. Archivo histórico Ayuntamiento de San Sebastián

Curas en la Clínica San Ignacio
Tanto los materiales como la forma de realizar las curas a principios de siglo, eran muy parecidas a las actuales.

Para hacer las curas se utilizaba iodo y el agua oxigenada, y cuando todavía no existían los antibióticos, se empleaban mucho en el tratamiento de las heridas las sulfamidas, que eran unos polvos que se colocaban sobre las heridas y actuaban a modo de antibiótico.

Tenemos conocimiento de que antes, las Hermanas realizaban sus propias pomadas para curar las úlceras por presión, que no eran muy habituales.

Material en la Clínica San Ignacio
Por medio de las facturas que hemos encontrado, se ha descubierto que la mayor parte del material utilizado en la Clínica, procedía del extranjero, principalmente de Francia y Alemania. Esto se ha mantenido siempre, ya que hasta que se cerró el centro como Clínica, mucho material procedía de fuera.

Leyendo y traduciendo las facturas encontradas, nos hemos enterado de que durante los periodos de guerra, el acceso a los materiales necesarios era dificultoso y esto provocaba hasta un aumento del 15 % en el precio de los productos.

Las vendas, eran realizadas por las Hermanas, que a partir de piezas grandes las preparaban entre dos Hermanas; incluso las vendas de yeso.

Este trabajo lo siguieron realizando aproximadamente hasta bien entrado el año 1980, cuando se implantó la utilización del material estéril.

Aunque las medidas de asepsia eran muy primitivas en comparación con las existentes hoy en día, las infecciones que se daban dentro de la Clínica eran mínimas.

La principal forma de esterilización del material era por “ebullición”, hasta que se introdujo en la Clínica “el autoclave”, y el material esterilizado se guardaba en bombonas para conservar su esterilización.

FOTO 16 Jeringas de cristal con sus agujas, para hervir. Manuel Solórzano

Las jeringas eran de cristal, como hasta hace poco tiempo, en muchos centros sanitarios se utilizaron hasta el año 1984, y se esterilizaban por ebullición. Las agujas eran mucho más gruesas que las actuales y en lugar de desecharlas se afilaban y cuando se rompían, había dos Hermanas que se dedicaban a cortarlas y a lijarlas preparando el bisel para su posterior uso.

Hasta hace relativamente poco tiempo, el uso de guantes ha estado limitado al quirófano, cosa que nos llamó poderosamente la atención todavía más cuando comprobamos que la utilización de los guantes en las plantas, en cualquier hospital o centro sanitario en Gipuzkoa, no comenzó hasta 1985 más o menos.

Otro hecho que nos llamó bastante la atención es que se esterilizaban en “el autoclave”, envolviéndolos antes en gasas o en una bolsa de tela a la que se añadía polvos de talco. Además, cuando los guantes se rompían, no se tiraban, se arreglaban y se parcheaban.

FOTO 17 Proyecto de dos pabellones que se tratan de ejecutar en la Clínica San Ignacio, para central eléctrica y oratorio. 4 de agosto de 1921. Archivo histórico Ayuntamiento de San Sebastián

En la Clínica, hasta el año 1975, no hubo toma central de vacío y de oxígeno como hay hoy en día, y en su lugar se empleaba un aparato para hacer el vacío y bombonas grandes y pequeñas de oxígeno que eran portátiles.

El resto de material y equipamiento de la Clínica ha sido siempre el más avanzado, ya que en cuanto había nuevos adelantos, éstos se incorporaban al material de la Clínica. De hecho la Clínica debía parte de su fama al magnífico equipamiento que tenía, en especial en el quirófano (lo mejor de todo Gipuzkoa); y a los doctores que en ella trabajaban.

Respecto a los cuidados de enfermería, cabe destacar, que al ser la Clínica un centro privado y pequeño, tanto las enfermeras como el resto del personal sanitario, han dado siempre un trato muy familiar y directo a todos los pacientes allí ingresados.

Hermanas de la Esperanza” “Congregación de la Sagrada Familia de Burdeos
Las Hermanas de la Esperanza, fueron las que se encargaron de regentar y trabajar en la Clínica San Ignacio, fueron las que prestaron todos los cuidados de enfermería desde que se construyó, ellas pertenecen a la Congregación de la Sagrada Familia de Burdeos. Esta Congregación fue fundada por el Padre Pedro Bienvenido Noailles y su Madre Superiora Emmanuel Bonnat.

FOTO 18 “Hermanas de la Esperanza” “Congregación de la Sagrada Familia de Burdeos”

El Fundador
Padre Pedro Bienvenido Noailles, nació el 27 de Octubre de 1793 en Burdeos (Francia) y muy pronto, sus padres le mandan al campo, confiándole a la familia Pauvif hasta la edad de 3 años.

En la escuela manifestó una clara inteligencia y un temperamento violento, por lo que sus padres decidieron que dejara la escuela y le pusieron un profesor particular. Posteriormente acudió al Liceo donde cursó los estudios de Humanidades, Botánica, Música, Dibujo, Mecánica, Literatura, etc.

En 1814 fundó una sociedad de jóvenes interesados en la literatura, de la cual fue nombrado presidente. También fundó una sociedad de secretarios de abogados para ayudarse unos a otros y también fue nombrado presidente de ésta.

En Septiembre de 1816 se fue a estudiar Derecho a París y allí se planteó ser sacerdote y se internó en un Seminario.

En 1818, en la capilla de Issy, el fundador concibe la idea fundamental de la Asociación.

El 5 de Junio de 1819 recibió la ordenación sacerdotal y tras esto, fundó la “Sagrada Familia”.

El 8 de Enero de 1820 se le presentaron tres jóvenes que deseaban vivir entregados a Dios y el 28 de Mayo de ese mismo año, empieza con ellas la primera Comunidad Religiosa de la Sagrada Familia. Su centro se ubicó en Martillac, en una finca llamada “La Solitude” en Burdeos, Francia.

En 1840, Roma reconoció a la Congregación la “Sagrada Familia” como laudatorio y muy pronto sus obras se extendieron por toda España, donde fundaron colegios, orfanatos, casa de Hermanas enfermeras a domicilio, etc.

Esta congregación siguió creciendo y extendiéndose por toda Europa hasta que el 8 de Febrero de 1861, el Padre Noailles murió en “La Solitude” en Martillac, donde está su sepulcro.

Expansión de la Congregación de la Sagrada Familia de Burdeos
Después de esto, la Congregación siguió aumentando, hasta llegar a los 3.500 miembros actuales (1999), que se dedican a las más diversas actividades:
La contemplación;
La vida consagrada en el Mundo;
El apostolado en: colegios, clínicas, obras sociales, barrios y zonas rurales, atención a la Tercera Edad, casas de ejercicios, etc.

Hay también un cuarto grupo, que es el de los “Asociados”, que pertenece a la Sagrada Familia, y está integrado por sacerdotes y seglares, que cuenta con unos 1.000 miembros.

En este mapa que se adjunta se refleja de manera gráfica la dimensión que alcanza en el mundo, la Asociación.

La Congregación de la Sagrada Familia de Burdeos, en España
El primer colegio que abrió esta Congregación en España fue el Colegio de Loreto, en Madrid el 2 de Febrero de 1984.

Tras éste, han ido abriendo muchos más en toda la geografía española hasta llegar a establecer en nuestro país 73 comunidades, que siguen los pasos de su fundador.

Algunas de éstas comunidades se indican en el siguiente mapa, en el que se incluye la Comunidad de “Villa Elvira” fundada en 1906 en San Sebastián; donde residían las antiguas trabajadoras, las Hermanas que prestaron sus cuidados de Enfermería en la Clínica San Ignacio y donde hoy en día siguen viviendo las Hermanas de la Esperanza dedicadas a otro tipo de menesteres.

FOTO 19 Expansión de la Congregación Hermanas de la Esperanza de la Sagrada Familia de Burdeos. La Congregación en España. Madre Superiora Emmanuel Bonnat

Estudio de los Registros en la Clínica San Ignacio
Hemos realizado un estudio (1999), con los datos extraídos de los registros de la Clínica, de los cuales hemos obtenido abundante información sobre el número de pacientes que había, el tipo de intervenciones que se hacían, etc.

Nuestro trabajo se ha entrado en el mes de Marzo de tres años cogidos al azar: 1952, 1962 y 1977.

A partir de los datos, hemos realizado una serie de conclusiones que posteriormente han sido verificadas por las fuentes orales consultadas:

Marzo de 1952
Tras haber repasado los documentos y hablar con las Hermanas de la Congregación, hemos visto que el número de habitaciones en la clínica en este año, era de 38.

Los médicos que trabajaban entonces eran: Oreja, Bergareche, Azcoaga, Castañeda, Arriola y Elósegui (estos dos últimos trabajaban en equipo). El número de intervenciones que realizaron cada uno de ellos en este mes, se ve reflejado en la siguiente gráfica:
 
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Las edades de los pacientes de este mes: 27 mujeres y 43 hombres; varía bastante, pero sobretodo predominan los pacientes entre 20 y 40 años.

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La procedencia de las personas que estaban ingresadas en la Clínica, fue en su mayor parte de fuera de San Sebastián. 30 % de San Sebastián; 57 % de Gipuzkoa y el 13 % del País Vasco.

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Los días de estancia en la Clínica varían mucho en función y motivo del ingreso y de la intervención a la que fueron sometidos. Pero en general las estancias eran entre un día hasta veinte días.

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Para acabar con el estudio de este mes, nos hemos centrado en los seguros particulares que aparecen, siendo la mayor parte de éstos seguros laborales, destacando el de Hetruc, M. Vascongada y Patronal.

Marzo de 1962
El total de pacientes ingresados en la Clínica San Ignacio en este mes fue de 69 ingresos, 27 mujeres y 42 hombres.

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De los pacientes ingresados, 25 fueron intervenidos por los médicos Arriola y Elósegui, siendo estos médicos los que mayor número de intervenciones realizaron, seguidos por el médico Oreja.

FOTO 25

La mayor parte de los pacientes ingresados tenían entre 20 y 50 años, aunque cabe destacar que también fue intervenido una persona de 80 años.

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Respecto a la procedencia de los pacientes ingresados, 19 pertenecían a San Sebastián y el resto a la provincia de Gipuzkoa.

Los días de estancia de la mayor parte de los pacientes ingresados osciló entre los 0 y los 5 días, seguido de 19 pacientes que permanecieron ingresados entre 5 y 10 días.

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Los seguros, pertenecían en su mayor parte, al seguro de la Clínica: I. M. S. I. El resto, a seguros laborales (Unión Cerrajera, Cofradía de pescadores, etc.).

A modo de curiosidad, también podemos destacar el ingreso de dos hermanos, los hermanos Nafarraxe de 6 y 8 años, que fueron intervenidos por el Dr. Polit, especialista en otorrinolaringología.

Marzo de 1977
El número de pacientes que ingresaron en este mes fue de 168, el primero de ellos era el paciente número 258 y el último el 422 de ese año.

Hemos podido observar que el número de hombres que ingresaron fue ligeramente superior al de mujeres, pero sin ninguna causa significativa.

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En lo referente a la procedencia de los pacientes ingresados, a parte del gran número de pacientes residentes en San Sebastián, se aprecia un elevado número de personas que se desplazaron desde la provincia (Mondragón, Eibar, etc.) y una pequeña minoría del resto de las provincias del País Vasco y Navarra.

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La edad de los pacientes ingresados osciló entre los 10 y los 70 años, destacando dos pacientes con edades superiores a 80 años, cuyo motivo de ingreso fue el tratamiento de sus enfermedades.

La mayor parte de los ingresados estaban casados; una minoría eran solteros; y el resto viudos o no figuraba su estado civil.

Deducimos, que por ser una Clínica operatoria y privada, la mayoría de los casos tratados eran intervenciones quirúrgicas de distintas especialidades y eran mínimas las urgencias atendidas.

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De entre las intervenciones realizadas destacamos, concretamente de este mes, los partos, hernias de disco y fimosis.

Respecto a los partos, hemos observado que prácticamente todos se desarrollaron sin ningún tipo de complicaciones, a excepción de tres cesáreas que hubo que realizar. El número de días de estancia por parto eran de tres días; y por cesárea ascendía el ingreso a una semana.

Las hernias de disco, junto con los casos atendidos de traumatología (fracturas de piernas, tobillos, etc.); hemos llegado a la conclusión que eran debidos a accidentes laborales, porque la mayoría coincide con los seguros de trabajo.

Como es de suponer, los días de estancia, dependía de los tipos de intervención realizada al paciente. La mayor parte, como se observa en la gráfica, permanecieron hospitalizados entre 0 y 10 días.

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La mayoría de los casos atendidos, fueron debidos a accidentes, laborales, domésticos, etc., y cabe destacar el escaso número de enfermedades cardiovasculares, contrastándolo con los tiempos actuales, en los que predominan este tipo de enfermedades.

Nos ha llamado la atención, que concretamente en este mes, sólo falleció una persona que estaba ingresada. El resto, fue dado de alta por mejoría o curación de su enfermedad.

Concluimos el estudio de este mes trabajando los tipos de seguros que poseían los pacientes ingresados, la aparición del Seguro Obligatorio de Enfermedad (S. O. E.), actualmente llamado Seguridad Social.

Sin embargo, la mayor parte de las personas que ingresaron, tenían el seguro propio de la Clínica de San Ignacio, I. M. S. I.

FOTO 32

Entrevista al personal de la Clínica San Ignacio
Nuestra primera entrevista se la hicimos a las tres “Hermanas de la Esperanza” “Congregación Sagrada Familia de Burdeos”, congregación que se encargó del cuidado de los enfermos y de todo el trabajo desarrollado en la Clínica desde su inauguración.

Estas tres Hermanas, Sor Juliana Iturralde, Sor Antonia Larrya y Sor Enma Suero, no tuvieron ninguna duda a la hora de responder a nuestras preguntas.

FOTO 33 Capilla de la Clínica de San Ignacio

¿Cuándo comenzó a trabajar en la Clínica?
Sor Juliana: Comencé a trabajar en la Clínica San Ignacio en el año 1972 y estuve allí durante 15 años. Sin embargo, antes de venir a trabajar a la Clínica, la conocía porque había estado con mi padre cuando era pequeña, a operarse.

Sor Antonia: Yo comencé bastante antes que Sor Juliana, en el año 1946 y estuve trabajando en la Clínica hasta que nuestra congregación dejó de trabajar en la Clínica (1990).

Sor Enma: Como podéis comprobar yo soy la mayor de todas y entré a trabajar en la Clínica antes de la guerra en el año 1930. En el año 1950 la congregación me envió a otra Clínica en Valencia durante cuatro años y luego volví; y he estado, prácticamente toda mi vida, trabajando en la Clínica.

¿Tenían alguna clase de estudios?
Sor Juliana: Bueno, todas nosotras si que tenemos estudios, pero en realidad dentro de la Clínica sólo pedían cierto número de títulos, y el resto de la gente que trabajaba, no tenían ningún tipo de estudios específicos, pero recibían enseñanza básica en la propia Clínica por parte de los compañeros médicos.

Sor Enma: Además recibíamos una enseñanza muy buena. Cuando yo fui a Madrid a examinarme para conseguir el título de “antigua enfermera” con algunas de mis compañeras, el profesor que nos examinó en la Facultad de Medicina de Madrid, nos dijo que se notaba que éramos alumnas del Doctor Benigno Oreja.

Como podemos observar, parecen tener muy buenos recuerdos del Doctor Benigno Oreja. ¿no?
Risas. Comienzan a hablar todas las Hermanas a la vez. Tras una breve pausa se instaura el orden y es Sor Antonia la que comienza hablar.

Sor Antonia: Creo que hablo en el nombre de las tres, al decir que el ambiente en la Clínica es muy familiar, Así lo atestiguan las tres Hermanas.

Teníamos mucha confianza y una gran relación con todos los médicos. Por ejemplo, el Dr. Benigno Oreja nos “espiaba” en nuestros ratos libres mientras hacíamos teatro.

Sor Enma: Yo me acuerdo también con mucho cariño del difunto Dr. Bergareche, que cuando tenía un rato libre subía a la cocina a ver si quedaban restos de la comida y decía: “Éste es el placer de los dioses”.

¿Cuál era su residencia? ¿Estaban en la Clínica internas?
Sor Juliana: Sí, estábamos allí internas y dormíamos allí. En ocasiones teníamos que salir de la cama a atender los casos de urgencia porque en aquellos tiempos no había ningún médico de guardia, pero hay que reconocer que en cuanto les llamábamos acudían rápidamente.

Sor Enma: ¡Es verdad! Menudo alivio cuando pusieron un médico de guardia.

¿Realizaban  otras actividades a parte del cuidado de los enfermos?
Sor Antonia: Nosotras nos encargábamos de todo dentro de la Clínica, por lo que estábamos muy cansadas, pero a pesar de esto, todos los días después de las comidas teníamos tiempo de recreo y lo dedicábamos a cantar, descansar, leer, etc., y por la tarde teníamos una hora para rezar.


FOTO 34 Proyecto de torre para la maquinaria del ascensor a la Clínica San Ignacio. Octubre de 1921. Archivo histórico Ayuntamiento de San Sebastián

Han dicho que se encargaban de todo, pero ¿esto incluye también la limpieza, cocina, baños, etc.?
Sor Juliana: ¡Claro! En la Clínica estábamos aproximadamente unas 40 Hermanas: unas nos dedicábamos al cuidado de los enfermos, otras en los quirófanos, otras en la cocina y las demás se encargaban de la limpieza y mantenimiento de la Clínica.

Para finalizar, ¿siguen manteniendo contacto con la Clínica?
Sor Juliana no nos pudo contestar, porque tuvo que irse al médico.

Sor Enma: Suelo acudir una o dos veces por semana, según el clima, a hacer compañía a dos Hermanas que viven en la Clínica.

Sor Antonia: Yo también suelo ir, pero no tan a menudo como la Hermana Enma (año 1999).

Recuerdos de Sor Estanislada Alonso Alonso, mecanografío sus memorias en varios folios a la edad de 92 años.

Estos recuerdos los incluye para la Tesis sobre la estructura de la Red Hospitalaria de Ignacio Garbizu Agote.

Comienza así:
Al iniciar esta Tesis, no puedo alejar de mi mente el recuerdo grato de una religiosa que trabajó en la Clínica San Ignacio, fallecida en el año 1976 a los 94 años de edad, y que toda su larga vida la dedicó al cuidado de los enfermos en la Clínica San Ignacio de San Sebastián.

Dos años antes de su fallecimiento en 1974, me escribió una carta a la que acompañaba una pequeña crónica, haciendo historia de los comienzos de la clínica, allá por los principios del siglo XX en 1906.

FOTO 35 Proyecto de ampliación de escalera para la Clínica San Ignacio. 25 de noviembre de 1921. Archivo histórico Ayuntamiento de San Sebastián

Esta religiosa, Sor Estanislada Alonso Alonso, tuvo que hacer un gran esfuerzo para mecanografiar las memorias de la Clínica, ya que con sus 92 años y casi ciega, tuvo que valerse de una lupa para acertar con el teclado de una vieja máquina de escribir.

La carta dice así:

Muy querido Don Ignacio:
“En mi última visita a la Clínica me rogó Usted que me tomara la molestia de escribir mis memorias sobre los años pasados en ella.

He querido complacerle, pero la tarea no me era fácil. De facultades mentales y sobre todo de memoria ando bien y recuerdo perfectamente los principales acontecimientos ocurridos a lo largo de los años, como si los llevara grabados en una cinta magnetofónica. Pero la vista no me acompaña; así que la tarea, aunque grata, me ha resultado laboriosa. Para escribir tengo que valerme de una vieja máquina de escribir que me han dejado para mi uso. Debe ser más vieja que yo y con achaques que no tienen arreglo. Además me veo precisada a recurrir al auxilio de una lupa para acertar con las letras del teclado. Ya puede Usted comprender que en estas condiciones no se pueden hacer maravillas. Menos mal que suele venir a mi lado una religiosa mucho más joven que me ayuda a corregir mis numerosos fallos”.

“Mi trabajo ha consistido en reunir unos apuntes más o menos coordinados. Para la redacción definitiva los he puesto en manos de alguien más experto que yo, quien se ha tomado la molestia de revisarlos, ordenándolos y darle forma literaria.

Claro que lo que va consignado no es ni mucho menos todo el historial de la Clínica. Solo he hecho constar los acontecimientos más salientes de una empresa que lleva más de 68 años de existencia. Una historia detallada de estos 68 años sería un cuento de nunca acabar; requeriría un grueso volumen, y eso está por encima de mi capacidad.

Lo que sí quiero asegurarle es que he puesto en ese modesto trabajo todo mi corazón, que es muy grande; y ya sabe Usted que la boca habla de la abundancia del corazón “ex abundantia cordis os loquitur”, como oí repetir muchas veces a un tío mío, que era sacerdote y sabía mucho latín y … otras cosas.

Y nada más, mi querido Don Ignacio, deseándole un completo éxito en sus proyectos y pidiendo al Señor que bendiga su persona y sus actividades, le saluda con religioso afecto esta abuela de 92 años, que sinceramente le aprecia.
Sor Estanislada Alonso

FOTO 36 Paciente convaleciente en una habitación de la Clínica de San Ignacio. 1942. Fotógrafo Vicente Martín. Fondo: Fotocar. Kutxa Fototeka

Junto con la carta, me envió una crónica narrando los comienzos de la Clínica San Ignacio, cuya inauguración oficial tuvo lugar el domingo 23 de septiembre de 1906. Asistieron el rey Don Alfonso y las reinas Doña Victoria y Doña María Cristina, el Presidente del Consejo y varios ministros. Solían prolongar por aquellos años el veraneo hasta fines de mes.

Es curioso ver como se trabajaba a principios de nuestro siglo, empieza diciendo:
Bien poco se hablaba a principios del presente siglo de cirugía. Por aquellos tiempos empezó a ser famoso en Madrid un médico cirujano, que con medios rudimentarios, sin anestesia, sin asepsia y sin otros adelantos hoy en boga, iba salvando vidas. Creo que se llamaba el Dr. Ribera. En el Hospital de San Carlos de Madrid llegó a operar casos difíciles, que dejaron asombrados a médicos y alumnos. Entre estos se encontraban algunos de los futuros fundadores de la Clínica San Ignacio”.

Decían que la Clínica San Ignacio de san Sebastián, fue la segunda clínica privada de toda España y primera de San Sebastián. La primera había sido la Clínica del Dr. Madrazo fundada poco antes en Santander.

Narra a continuación como el Dr. Albarrán, cubano, extrajo un riñón lleno de pus a un enfermo natural de Bilbao, llamado Ramón Astorqui y que veraneaba en Zumaya. Cuenta que la operación constituyó un éxito y continúa diciendo:

Aunque el resultado de la operación fue satisfactorio, a los pocos días se le presentó al enfermo una anuria; el riñón que le quedaba se declaró en huelga y se agravó de tal manera que se temió por subida. Providencialmente la Madre Superiora había tenido noticias de que los Padres Franciscanos de Zarauz habían traído de no sé qué islas una planta cuyas hojas resultaron ser un estupendo diurético. Allá fue una religiosa y volvió bien provista de plantas. A la primera infusión que tomó el enfermo empezó a orinar perfectamente. Salió de la Clínica como nuevo; vivió largos años y falleció en Biarritz (Francia) en el exilio, después de nuestra guerra civil”.

El citado Dr. Albarrán, volvió de París a operar a un señor de Madrid, al padre del Dr. Vázquez, a quien extrajo la próstata por vía perineal, como empezaba a practicarse entonces. También con buen éxito. Desde el principio se estableció la norma en la Clínica de que podrían operar en ella los médicos-cirujanos que no pertenecían a la sociedad propietaria. Tenían que abonar una cuota, cuyo importe nunca me enteré. El mismo Dr. Moure de Burdeos (Francia) se trasladó varias veces a San Sebastián en los primeros años para realizar operaciones quirúrgicas. El tratamiento de los enfermos y curas posteriores las confiaban al Dr. Antín”.

Como el Dr. Gaiztarro gozaba de buena reputación y tenía mucha clientela, pronto empezaron a llegar enfermos de toda la provincia. Pero las familias pudientes tardarán algún tiempo en convencerse de las ventajas del internado en la Clínica”.

Obsérvese que la gente pudiente era reacia al internado en la Clínica, tanto es así, que se deban casos de que los médicos acudían a los domicilios de los pacientes, a tratarlos quirúrgicamente, como por ejemplo:

No puedo recordar con precisión; pero creo que fue a los cuatro años de la fundación cuando falleció el Dr. Gaiztarro, su primer director. Era el alma de la Clínica; cirujano entendido, hombre solícito y siempre dispuesto a resolver los múltiples problemas que surgían a cada paso en aquellos comienzos. Gran señor, del que se contaban rasgos notables. Me voy a permitir referir uno por vía de ejemplo. Se estaba muriendo un casero de Aizarna que padecía hernia estrangulada.

En la imposibilidad de trasladar al paciente a San Sebastián, allá fue nuestro doctor llevándose consigo el instrumental necesario. El caso era urgente  y no había más salida que la operación. Al comprobar que la gangrena tenía invadido un trozo de intestino le hizo una resección intestinal. Tuvo que valerse de la luz de un candil doméstico. Era el único alumbrado existente por aquellos años en muchos pueblos de Gipuzkoa y sobre todo en los caseríos. No parece que el enfermo salvó la vida, aunque no podría asegurarlo”.

FOTO 37 Proyecto del Mirador de la Clínica San Ignacio. 10 de mayo de 1922. Archivo histórico Ayuntamiento de San Sebastián

Sigue en su narración detallando y recordando casos y cosas; recuerda que por una habitación individual de tercera clase se cobraba 7 pesetas al día; 12 pesetas las de segunda categoría y 18 pesetas las de primera categoría y una habitación de primerísima, muy amplia y con balcón exterior se cobraba a 25 pesetas al día. Dice que esta tarifa duró varios años.

Hace especial mención al Dr. Luis Urrutia cuando en el año 1914 se decidió a ejercer su especialidad de digestivo; en el quirófano, ya que no siempre estaba conforme con las intervenciones que realizaban a sus enfermos. Habla también de manera especial del Dr. Benigno Oreja, como un especialista consumado en urología, y dice que esta especialidad estaba en pañales cuando él empezaba; pero procuró estar siempre al tanto de su evolución, que fue considerable.

No voy a continuar relatando lo que la buena de “Sor Estanis”, me dejó en herencia, solamente un párrafo muy significativo, que dice así:
Hoy son sucesores y herederos en la misma especialidad su hijo José maría y su nieto Benigno Oreja. Con ellos trabajaban otros especialistas más, que se les agregaron. Los tiempos han cambiado y el progreso clínico ha sido espectacular. La nueva generación que hoy dirige la Clínica San Ignacio hace honor a sus mayores y la obra sigue en marcha ascendente”.

Efectivamente, los tiempos han cambiado, el progreso clínico ha sido espectacular, se han construido grandes centros sanitarios y poco a poco nos hemos ido alejando del domicilio del enfermo. Total, que sin términos medios, hemos pasado de un extremo al otro.

Y digo que hemos pasado de un extremo a otro, por cuanto que tal y como se ha realizado todo el avance de la Red Hospitalaria, pienso que ha sido sin la debida coordinación, entre lo que ya había y dependía de la Dirección General de Sanidad – Ministerio de Gobernación y lo que se ha hecho por el Ministerio de Trabajo.

Como ya sabemos, hasta que apareció la Seguridad Social, existía en nuestro país dos clases de medicina, la medicina de los pobres y la medicina de los ricos, pero a partir de la aparición de la Seguridad Social, se ha creado una medicina diferente y para todos.

Nuestra segunda entrevista fue con Itziar Olaizola, la primera enfermera laica titulada que entró a trabajar en la Clínica, nos recibió en un pequeño despacho con la cara sonriente y no dudó en respondernos a todas nuestras preguntas.

Tenemos entendido que fue la primera enfermera laica que entró a trabajar en la Clínica San Ignacio, ¿es así?
Sí, empecé en diciembre de 1971, pero cuando yo entré como enfermera ya había auxiliares y camilleros. Había monjas, unas 18, pero ya no era como antes, cuando sólo estaban ellas y realizaban todo el trabajo.

¿Qué estudios tenía cuando entró a trabajar en la Clínica San Ignacio?
Yo tenía el título de Ayudante Técnico Sanitario (A. T. S.), que lo saqué en el Opus en Pamplona. No sé si ahora será tan difícil como antes, pero teníamos que estudiar y trabajar al mismo tiempo mucho, tan sólo teníamos un mes de vacaciones que nos sabía a poco. Teníamos 15 días en Semana Santa y otros 15 días en verano.

Años más tarde de entrar en la Clínica, en 1983, me saqué la Diplomatura en Enfermería en 6 meses realizando unos estudios a distancia y estudiando mucho lo logré.

¡Ay! Me acuerdo que teníamos que mandar las respuestas en cuadernillos por correo y ellos nos los enviaban corregidos.

¿Qué personal había entonces en la Clínica San Ignacio?
Pues como ya os he dicho, había ya auxiliares de clínica y camilleros, y las 18 Hermanas, se repartían entre todas las plantas y se dedicaban a los enfermos, cocina y limpieza.

¿Qué trabajo desempeñó usted en la Clínica San Ignacio?
Pues en realidad he pasado la mayor parte del tiempo en quirófano. El equipamiento de éste y los médicos que operaban en la Clínica dieron gran auge a la Clínica y durante muchos años fue muy importante en toda España. De hecho, venía mucha gente importante a operarse aquí, como las nietas de Franco, que vinieron a operarse de amigdalitis por el Dr. Castañeda: o Jaime de Mora y Aragón.

Durante toda la historia de la Clínica San Ignacio, ésta ha pasado por buenos y malos, o peores momentos, aunque como todas las cosas, se superaban.

Bueno, para concluir con la entrevista, ¿cómo era la relación entre los médicos y el personal de la Clínica San Ignacio, en general?
Buena. A decir verdad las relaciones entre el personal de la Clínica y los médicos siempre ha sido muy buena y siempre ha habido un ambiente muy familiar aquí dentro.

Yo, por ejemplo he trabajado con el hijo y el nieto del doctor Oreja y con el hijo del doctor Bergareche y nuestra relación siempre ha sido muy buena.

Conclusiones
Tras haber finalizado el trabajo de investigación sobre la Clínica San Ignacio y haber puesto todas las ideas en orden, nos sentimos verdaderamente satisfechas de nuestro trabajo porque éste, nos ha permitido ampliar nuestros conocimientos sobre los cuidados de enfermería en la Clínica San Ignacio, una clínica operatoria privada.

Además, nos ha ayudado a aprender a investigar, ya que el trabajo nos ha requerido acudir a archivos, bibliotecas, etc., para buscar material; a trabajar en equipo, a pesar de las discusiones y controversias entre nosotras; y por último, ha contribuido a nuestra maduración personal.

Durante el transcurso del trabajo, nos hemos ido encontrando con distintas dificultades. Así, la falta de información escrita, nos frenó bastante el avance de nuestro trabajo.

También tuvimos problemas con la fecha de construcción del edificio, puesto que no nos concordaba con las encontradas en los archivos del ayuntamiento de San Sebastián. Más tarde, nos percatamos, que todos los documentos que nos llevaron a esta confusión, correspondían a ampliaciones del edificio y no a su construcción, que fue en 1906.

La Clínica San Ignacio, está situada en la Avenida de Ategorrieta de San Sebastián y fue construida entre los años 1905 y 1906.

Ha sido desde siempre una Clínica con mucho prestigio y reconocimiento en toda España, el cual se debe, en parte a los grandes profesionales que en ella han trabajado.

Por ella han pasado desde gente de la “Alta Sociedad”, como las nietas de Franco, Obispos, Políticos, etc., hasta personas sin recursos económicos, a las cuales, no sólo las intervenían gratuitamente, sino que además, sabemos también, que algunos médicos les dejaban dinero debajo de su almohada cuando iban a ser dados de alta.

Durante todo este siglo, la Clínica San Ignacio ha ido pasando ya haciendo frente a todas las situaciones que se han ido presentando. Por ello, se `puede decir que ha pasado por buenos y malos momentos, hasta que en 1996, cambió de propietario transformándose en una residencia de ancianos.

FOTO 38 Homenaje al urólogo doctor Benigno Oreja de la Clínica San Ignacio. José María Moral Pérez de Zayas (Gobernador Civil de Gipuzkoa), Ricardo Oreja, Antonio Vega de Seoane (Alcalde de San Sebastián). Fotógrafo Paco Marí. Fondo: Marín. Kutxa Fototeka. 1959

Agradecimientos
Debido a la inexistencia de información publicada (libros, datos, enciclopedia, etc.) acerca de la Clínica San Ignacio, hemos tenido que realizar un “verdadero” trabajo de investigación.

Éste nos hubiera sido imposible de hacer sin la colaboración de las gratas personas que nos han ido aportando la información necesaria.

Queremos agradecer sinceramente a cada una de estas personas por su colaboración, ya que cada una de sus “pequeñas” aportaciones, han contribuido en una gran parte a que hayamos podido realizar nuestro trabajo.

En primer lugar, agradecer a nuestra verdadera protagonista: “La Clínica San Ignacio”, que nos ha mantenido, en todo momento sus puertas abiertas.

A Josean Pérez y María José Sastre, por su gran ayuda al facilitarnos registros, facturas, etc., y su continuo interés por la evolución de nuestro trabajo.

A Sor Juliana Iturralde, Sor Antonia Larrya y Sor Enma Suero, “Hermanas de la Esperanza” “Congregación Sagrada Familia de Burdeos”, (“Villa Elvira” calle Intxaurrondo número 38), por su entusiasmo y espíritu jovial, a pesar de su edad.

Sor Estanislada Alonso Alonso, mecanografío sus memorias en varios folios a la edad de 92 años.

A Itziar Olaizola, por su especial atención y por habernos brindado sus experiencias con gran amabilidad.

Y también queremos agradecer, a todas aquellas personas que de una manera u otra, han participado en el desarrollo de nuestra investigación.

FOTO 39 Registros de la Clínica San Ignacio: Marzo y mayo de 1952

Nekane Flores Barroso, Amaia Auzmendi Izarrola y José Luis Taulés. Administrativos. Agiritegi Atala - Sección de Archivo. Donostiako Udala - Ayuntamiento de San Sebastián
José Ignacio Tellería, Director Administrativo – Financiero. Borja Gómez Usabiaga, Director. Clínica San Ignacio. Residencia San Ignacio. Villa Residencial Hermano Garate
Enrique San José. Trabajador de la Clínica San Ignacio
José Antonio Pérez Navascues. Trabajador de la Clínica San Ignacio
Itziar Etxeberria, Esther Zabalo, Arantxa Arzamendi. Biblioteca Municipal de San Sebastián. Liburutegi Nagusia. Alderdi Eder. Donostia – San Sebastián
José María Urkia Etxabe. Médico. Catedrático Historia de la Medicina
Ion Urrestarazu Parada. Documentalista
Elena Irazusta. Colegio de Médicos de Gipuzkoa
Colegio Oficial de Enfermería de Gipuzkoa
Colegio de Médicos de Gipuzkoa

BIBLIOGRAFÍA
Trabajo de la Escuela Universitaria de Enfermería de San Sebastián. 19 de Febrero de 1999. AUTORAS del TRABAJO: Maite Tapia Herrero, Eneka Torres Sastre y Cristina Villar López

Cuaderno informativo de las Religiosas de la Sagrada Familia de Burdeos.

Entrevistas personales.

Registros de la Clínica San Ignacio: Enero 1952 a Febrero de 1968. Enero de 1977 a Julio de 1978.

Archivos del Ayuntamiento de San Sebastián, año 1999.

CLÍNICA SAN IGNACIO. ATEGORRIETA. SAN SEBASTIÁN. Publicado el lunes día 3 de abril de 2017

Manuel Solórzano Sánchez
Graduado en Enfermería. Servicio de Traumatología. Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. OSI- Donostialdea. Osakidetza- Servicio Vasco de Salud
Insignia de Oro de la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica 2010. SEEOF
Miembro de Enfermería Avanza
Miembro de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos
Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería
Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.
Miembro no numerario de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País. (RSBAP)

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