domingo, 29 de mayo de 2016

LUCHA CONTRA LA TUBERCULOSIS EN GIPUZKOA 1912



Desde finales del siglo XIX hasta la primera mitad del siglo XX, la tuberculosis llegó a ser la primera causa de muerte en Gipuzkoa. En San Sebastián, uno de cada diez muertos fallecía por la enfermedad. Se combatía a la enfermedad con la detección precoz de los enfermos en los dispensarios antituberculosos y el aislamiento de los mismos en los sanatorios.

FOTO 1 Sanatorio Nuestra Señora de las Mercedes

El Sanatorio de Ametzagaña o de Nuestra Señora de las Mercedes de Uba (Loyola)
El problema de la tuberculosis preocupaba grandemente a la ciencia médica a principios de siglo. Miles de pacientes sufrían el terrible mal y muchos de ellos terminaban sus días víctimas de lo que se llamaba la tisis o peste blanca. Se investigaba para atajar la enfermedad, para evitar los contagios, para frenar a lo que entonces se calificaba de auténtica plaga maligna y en muchísimos casos mortal. Los sanatorios eran imprescindibles y las poblaciones, procuraban crearlos y mantenerlos.

En San Sebastián, coincidiendo con la celebración del II Congreso Español Internacional de la Tuberculosis; se inauguró el 15 de septiembre de 1912 el sanatorio construido en el monte Ametzagaña del barrio de Loyola. Se creó como preventorio antituberculoso y fue inaugurado por los reyes, también se construyó el puente y la carretera que dan acceso al mismo. El comité local de la lucha contra la tuberculosis veía así coronados sus esfuerzos en los que intervinieron de una manera eficaz y decisiva todos sus miembros, los señores y médicos Ramón Castañeda, Ramón Moraiz, Manuel Bago, Mariano Echauz, Luis Alzúa, José Elósegui (Alcalde), Manuel Celaya, Tomás Maíz, Manuel Vidaur, Tomás Acha, Manuel Pérez Icazategui, Juan José Gurruchaga, Emiliano Eizaguirre, Luis Saiz, etc...

Este Congreso sirvió para ser el precursor de la Fiesta de La Flor, imitación de otra nación. Actuaron de Presidente y Secretario Sr. Ramón Castañeda, Sr. Cortazar, y Sr. Luis Alzúa, a raíz de aquel gran éxito, se constituyó una Junta Local que creo el Sanatorio de Nuestra Señora de las Mercedes, y con posterioridad en 1913, fue creado el Dispensario Antituberculoso del Dr. Emiliano Eizaguirre.

FOTO 2 II Congreso Español Internacional de la Tuberculosis; 1912

Además a San Sebastián le cabe el honor de implantar por primera vez en España La Fiesta de la Flor, la primera que se realiza el día 21 de Diciembre de 1912 por iniciativa de la junta de tuberculosis y llevando la iniciativa el alcalde de San Sebastián José Elósegui (pasaría luego a celebrarse el 15 de agosto).

El nuevo sanatorio estaba levantado en uno de los lugares más hermosos de los alrededores de San Sebastián, dominando desde la altura el valle de Loyola. Disfrutaba no sólo de unas vistas deliciosas sino de sol, aire y luz en abundancia. La construcción se había realizado siguiendo las últimas normas médicas para esta clase de establecimientos y así en los dos pisos superiores rodeaban al edificio una magnífica galería descubierta en la cual los enfermos podían tomar baños de sol. Su orientación era tal que en determinados momentos del día daba el sol en las cuatro fachadas. Los planos y dirección de la obra fueron del arquitecto Juan José Gurruchaga.

A las 11 de la mañana, llegaron los Reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia acompañados de su séquito, siendo recibidos en la plazoleta situada a la entrada por el alcalde de San Sebastián, Marino Tabuyo y el comité organizador del Congreso contra la Tuberculosis. El párroco de Alza, en cuya demarcación estaba enclavado el sanatorio, Melitón Pagola, bendijo el nuevo edificio. En uno de los costados de la explanada se había levantado un altar, dando frente al edificio y con la espalda en uno de los macizos del monte. Estaba adornado con profusión de flores y plantas y lo coronaba una imagen de la Virgen de las Mercedes, bajo cuya advocación estaba el sanatorio. Dijo la misa el citado párroco, ayudado por los congresistas médicos Manuel Pérez Icazategui y Manuel Vidaur. Durante la misa, la Banda del Regimiento de Sicilia interpretó diversas piezas religiosas. En la galería del piso principal se situaron los reyes y autoridades (1).

FOTO 3 Dr. Emiliano Eizaguirre en La Fiesta de la Raza. San Sebastián. Las Autoridades y el Cuerpo Consular en la Sesión Solemne. 12 de octubre de 1914

Cartilla Antituberculosa Dr. Emiliano Eizaguirre 1912

Causas del contagio de la tuberculosis y medios de evitarlo. Por Emiliano Eizaguirre. Doctor en Medicina. Campaña antituberculosa patrocinada por la Excelentísima Diputación Provincial de Guipúzcoa. San Sebastián. Imprenta de “La Voz de Guipúzkoa” de 1912

Causas del contagio de la tuberculosis y medios de evitarlo

LA TUBERCULOSIS

Plaga la más terrible que sufre el género humano, azote del que no se libra ningún país, que no respeta edades, ni clase social alguna y la más mortífera de cuantas enfermedades contagiosas existen, es motivada por un microbio que lo descubrió Koch y que por eso lleva su nombre, y es de tal modo contagiosa que supera al cólera, viruela y otras enfermedades tan temidas por el género humano.

La única causa de esta enfermedad es el bacilo de Koch; este bichito mil veces menor que la cabeza de un pequeño alfiler, lo contienen todos los tuberculosos y ellos son los que con sus esputos, con el pus de sus úlceras, con sus deposiciones, contagian a los individuos sanos, pues es tan enorme el número de microbios tuberculosos que contienen esas materias que es difícil librarse del contagio si previamente no son destruidas.

FOTO 4 Cartilla Antituberculosa del Dr. Emiliano Eizaguirre 1912. Escupideras

De entre esas materias que expulsan los tuberculosos la más temible es “el esputo”, en primer lugar, por ser más frecuente la tuberculosis de los pulmones y además porque hay esputos que contienen la enorme cantidad de 300 millones de bacilos de Koch, que suponiendo que un enfermo escupa una vez por hora, en 24 horas habrá expulsado 7.200 millones de microbios mortíferos que nos asedian, y aunque con nuestras energías podamos destruir la mayoría, no somos potentes para tan exorbitante número y vencidos en la lucha nos hacemos tuberculosos yendo a sumarnos la mayoría de las veces al número de víctimas que sufre la humanidad por tan terrible azote.

También las úlceras que supuran y las deposiciones de un tuberculoso con lesiones en el intestino son capaces de contagiarnos, pero no tan fácilmente por ser menos frecuentes y porque no tienen las facilidades como el esputo, pues las úlceras son curadas por determinadas personas que ponen ciertos cuidados aconsejados generalmente, y las deposiciones son recogidas y expulsadas a sitios convenientes.

El esputo es, pues, el que más fácilmente nos contagia por su número y porque continuamente nos asedia, pues debido a la falta de cultura del pueblo, es cosa corriente que cualquier persona escupa en el suelo, ese esputo se seca y es convertido en polvo, y al barrer, al andar levantamos ese polvo, se mezcla con el aire que respiramos, y a nuestros pulmones va, y de encontrar facilidades allí se queda, fructifica y convierte aquella persona en un tuberculoso.

Esta forma, la más general del contagio, no es la única; personas un poco más delicadas no escupen en el suelo, lo hacen en su pañuelo, y como es un tejido que absorbe tan fácilmente el agua que contiene el esputo, se seca éste fácilmente y al cogerlo, las manos de aquella persona están repletas de microbios tuberculosos; os saludan, os dan cualquier alimento, cualquier objeto, y ver cómo sin saberlo os ponen en peligros del contagio. Ese mismo pañuelo al secarse por completo el esputo, a cualquier movimiento que con él se haga al sacarlo del bolsillo, expulsa al aire millones de bacilos de Koch y ese aire será respirado por vosotros.

¿No es horrible las múltiples y fáciles condiciones de contagio que motiva el esputo de un tuberculoso? ¿pués por qué no recoger ese esputo y destruirlo?. Si ese esputo es recogido en una escupidera, si esa escupidera es recogida por una persona que conoce sus peligros y, teniendo como tenemos medios, es destruido el bacilo de Koch que contienen, habremos destruido la causa y por lo tanto habremos evitado el contagio de la tuberculosis y con ello habremos salvado a la humanidad de su terrible azote.

La tuberculosis no tan sólo la padece el género humano, es frecuente en muchos animales y he aquí cómo por mediación de los animales domésticos podemos hacernos tuberculosos.

Dos animales son los que más fácilmente pueden contagiarnos la tuberculosis, la vaca y el cerdo. De estos animales comemos sus carnes, que de ser tuberculosas contienen el bacilo de Koch. Evitemos el contagio de estos animales, destruyamos sus carnes si son tuberculosas y nos habremos librado de una de las formas del contagio de la tuberculosis.

La vaca nos da más facilidades de contagio. Su leche es ingerida por la mayoría de las personas, si tuberculosa es la vaca bacilos de Koch puede contener su leche y si la bebemos he aquí otra forma de contagio.

Si prohibimos la venta de leche de animales tuberculosos, o de no poderlo hacer, esa leche es hervida en un cazo, tapado durante tres minutos antes de beberla, habremos matado todos los bacilos de Koch que pueda contener y nos habremos salvado de esta forma de contagio.

Para resumir: el bacilo de Koch es la única causa de la tuberculosis. ¿Lo contiene el pus de las úlceras de un tuberculoso? pues hirvamos o quememos todos los objetos que son manchados por él; ¿lo contienen sus deposiciones? hagamos lo mismo; ¿lo contiene su esputo? recojámoslo y destruyámoslo; ¿lo contiene las carnes de animales tuberculosos? no las comamos; ¿lo contiene la leche de la vaca tuberculosa? hirvámosla antes de beberla.

He aquí los puntos capitales para evitar la tuberculosis, y estando al alcance de nuestras fuerzas, pongámoslos en práctica y habremos evitado el contagio de la tuberculosis, única causa de la aparición de dicha enfermedad.

FOTO 5 Sanatorio Nuestra Señora de las Mercedes

¿Como se contagia la tuberculosis?

La tuberculosis se contagia porque los bacilos tuberculosos penetran en nuestro organismo:

1º. Al respirar el polvo en que queda convertido el esputo de un tuberculoso.

2º. Al aspirar las gotitas pequeñísimas de esputo que los tuberculosos esparcen a su alrededor al toser o al hablar.

3º. Por ingerir alimentos de animales tuberculosos o contaminados por una persona que lo sea.

4º. Por penetrar el bacilo de Koch en las pequeñas heridas de la piel o de las mucosas.

¿Como puede evitarse el contagio de la tuberculosis?

La tuberculosis es la enfermedad contagiosa que más fácilmente se puede evitar por ser conocidas las formas del contagio; así es que cualquier persona, por débil o pobre que sea, lo evitará siempre que guarde las reglas que a continuación se exponen:

1ª. Toda persona, esté sana o enferma, debe procurar escupir en tal forma, que sus esputos no sean un peligro para nadie, porque en nada puede conocerse, de buenas a primeras, si un esputo es o no tuberculoso.

Para lograrlo no escupáis en el suelo de los locales cerrados (incluyendo en ellos los coches, tranvías y vagones de ferrocarriles), ni en el suelo de las calles concurridas, porque si lo hacéis, el esputo se convierte en polvo al secarse; y al levantarse por las corrientes de aire, o al barrer o al andar, se mezcla con el aire que respiramos.

Escupir en las escupideras que existan en las habitaciones, y si sois tuberculosos llevar escupidera de bolsillo y escupir en ella. Si os veis en la necesidad de escupir en la calle hacerlo en el arroyo, nunca en las aceras, pues éstas no son regadas tan fácilmente; además, que en ellas transita más gente y en las suelas de los zapatos puede adherirse el esputo.

No escupáis en el pañuelo, porque al cogerlo tenéis las manos manchadas por esputo, y si tocáis a otra persona le impregnáis con él. Además, como en el pañuelo se seca muy fácilmente el esputo, al sacarlo del bolsillo deja en el aire el polvo en que se convierte, y ya comprenderéis que si sois tuberculosos podéis contagiar a los demás y hasta vosotros mismos podéis agravaros.

Para lograr seguir todas estas reglas, es necesario colocar escupideras que se puedan lavar fácilmente y llenarlas de un líquido que deberá cambiarse con frecuencia, y si escupen tuberculosos lo mejor es hervir el líquido y la escupidera. Si sabéis que sois tuberculosos escupir siempre en vuestra escupidera de bolsillo y encargaros de lavarla vosotros mismos (en sitios donde no se laven ropas ni utensilios para alimentos) con agua corriente, y de poderlo hacer, meter la escupidera en un cacharro que tengáis para tal uso, ponerlo al fuego con agua y hacer hervir durante tres minutos por lo menos.

2ª. Al toser expulsáis pequeñas partículas de esputo; pues para evitar que otra persona las aspire, poneros las manos delante de la boca cuando lo hagáis, y si no lo hacen las personas que estén con vosotros, volveros la cara hacia el lado opuesto, cuando tosan.

3ª. En el polvo de vuestras habitaciones puede haber bacilos de Koch aunque no escupáis ni seáis tuberculosos por haber sido llevados adheridos a las suelas de vuestros zapatos, o por haber penetrado de la calle polvo contaminado; pues para evitar respirar ese polvo o el que se adhiere a las paredes, ropas o muebles, no consintáis que se haga limpieza en seco, sino mojando el suelo, o de lo contrario, empleando aparatos que al mismo tiempo que barren absorben el polvo, pero nunca puede compararse con la limpieza húmeda, que puede realizarse cuando el pavimento es de mosaico o de linoleum.

Si las circunstancias os impiden guardar esta regla, advertid a las personas que hagan la limpieza del peligro de respirar el polvo, decidles que levanten lo menos posible y que respiren por las narices, pues de esa manera el polvo no llega tan fácilmente a los pulmones porque se queda adherido a las paredes de los múltiples recodos que tienen las fosas nasales.

4ª. Debéis tener mucha limpieza con las prendas de vestir, pues en ellas se deposita mucho polvo.

5ª. Los vestidos, cama y ropa blanca, así como la vajilla y todos los utensilios que han pertenecido a los tuberculosos, no deben de ser usados por otras personas hasta después de haber sufrido una desinfección perfecta.

6ª. No os metáis en la boca lapiceros, pipas, cepillos de dientes, cucharas, tenedores, mondadientes, ni vasos que los haya usado otra persona, pues como no tenéis la garantía de que no sea tuberculosa, corréis el riesgo de contagiaros la enfermedad. Todos estos objetos usados por otra persona deberán ser lavados con agua caliente abundante, y si tenéis la convicción de que es tuberculosa, hacerlos hervir.

7ª. No bebáis directamente de las botellas, pues dejáis en los bordes la saliva que será mezclada con el líquido; y ya que a vosotros os daría repugnancia y comprendéis el posible contagio de la tuberculosis, no lo hagáis.

FOTO 6 Fiesta de la Flor Valladolid 1914. San Sebastián 1912 y 1918

8ª. Lavaros bien y con frecuencia las manos, sobre todo antes de comer, así como las uñas, dientes, boca en general, cara, bigote y barba.

9ª. No os metáis los dedos en la boca ni en la nariz, ni rascaros la cara, ni morderos las uñas, ni os pellizquéis los granos; y si tenéis alguna herida, protegerla convenientemente, pues si tenéis las manos manchadas por el polvo que contiene el bacilo de Koch, podéis hacer que penetre en vuestro organismo.

10ª. No consintáis que un niño se lleve las manos a la boca, ni objeto alguno, como chupetes, trozos de pan o galletas, que los tienen como entretenimiento; y tan pronto se hallan en el suelo como en las manos de cualquier persona, o como en la boca del niño.

11ª. No consintáis que besen a los niños personas extrañas y menos si sabéis que son tuberculosas. familiarmente puede besarse a los niños en la frente.

12ª. En la preparación, conservación así como en la ingestión de los alimentos se tendrá la mayor limpieza posible, sobre todo si han de ser comidos en crudo y procurar que las moscas no se pongan en contacto con ellos.

13ª. Antes de comer la carne o beber la leche han de ser sometidas a gran temperatura sobre todo la leche, que debe hervirse en un cacharro cerrado durante tres minutos (2).

MÁXIMAS

La tuberculosis es una enfermedad muy contagiosa.

La tuberculosis se puede evitar.

La tuberculosis es producida por el bacilo de Koch.

El bacilo de Koch se encuentra en los esputos de los tuberculosos pulmonares.

El bacilo de Koch se encuentra en el pus de las úlceras de los tuberculosos.

El bacilo de Koch lo tienen las carnes de vaca y cerdo que son tuberculosas.

El bacilo de Koch lo tiene la leche de las vacas tuberculosas.

Si un tuberculoso escupe en el suelo os puede hacer coger su enfermedad.

El esputo de un tuberculoso puede contener 300 millones de bacilos de Koch.

Al secarse el esputo queda convertido en polvo.

Si respiráis ese polvo os podéis hacer tuberculosos.

Si un tuberculoso respira ese polvo se agrava su enfermedad.

Si un tuberculoso escupe en su pañuelo en él deja los bacilos de Koch.

Si tocáis ese pañuelo o las manos de los que lo han tocado, cogéis esos bichitos que motivan la tuberculosis.

No escupáis en el suelo.

No escupáis en el pañuelo.

No toquéis las cosas manchadas por el pus de un tuberculoso.

No toquéis el pañuelo de otra persona.

Si lo hacéis lavaros bien las manos.

No comáis carnes de animales si no sabéis su procedencia.

No bebáis la leche sin haberla hervido durante tres minutos en un cazo tapado.

Escupir en las escupideras.

Si sois tuberculosos escupir en vuestra escupidera de bolsillo que deberéis llevar continuamente.

Si escupís en la calle hacerlo en el arroyo, nunca en las aceras.

Todo tuberculoso que sabiendo que padece tal enfermedad no guarde todas estas reglas para evitar el contagio, incurre en un delito de moral.

Si toda la humanidad guardara estas reglas, se evitaría el contagio de la tuberculosis, y por lo tanto, desaparecería dicha enfermedad.

JURAMENTO

Juramento que realizaban los médicos que sacaban su plaza en los Sanatorios del Patronato Nacional Antituberculoso (PNA), cuando cogían su plaza, desde 1941 hasta 1975.

Nº Registro de Personal..............................

Don..................................................

Juro servir a España con absoluta lealtad al Jefe del Estado, estricta fidelidad a los principios básicos del Movimiento Nacional y demás Leyes Fundamentales del Reino, poniendo el máximo celo y voluntad en el cumplimiento de las obligaciones del cargo de Médico. para el que he sido nombrado.
Y para que conste, firmo la presente declaración en.............
........................a.......................................
                                   (fecha en letra)
................................................................
Se hizo hasta 1975.

EL SÍMBOLO CONTRA LA LUCHA DE LA TUBERCULOSIS

LA CRUZ DE LORENA
En la Conferencia Internacional de la Tuberculosis, llevada a cabo en Berlín en e1 año 1902, por sugerencia de Dr. Gilbert Sersirón, secretario general de la Federación de Asociaciones Francesas contra la Tuberculosis, propuso adoptar la Cruz de Lorena de doble barra como insignia internacional de la lucha contra la tuberculosis, la antigua Cruz de Lorena.

La doble cruz data del siglo IX, época en la que se usó como emblema de la rama oriental de la Iglesia cristiana. Hoy es insignia de la Iglesia griega u ortodoxa. En el siglo XI Godofredo de Bullón, Príncipe de Lorena, primer rey cristiano de Jerusalén, y jefe de la primera cruzada, adoptó la doble cruz como estandarte de su reinado, y a su regreso de Francia la puso como enseña de la Casa de Lorena.

FOTO 7 La Cruz de Lorena

El Consejo de la Unidad Internacional Contra la Tuberculosis (UICT) recomendó, en el Congreso Internacional de Roma de 1928, adoptar como símbolo de la lucha mundial antituberculosa la Cruz de Lorena de doble barra.

LA LUCHA CONTRA LA TUBERCULOSIS EN ESPAÑA 1917

En España existen muchísimas personas que, desde que las lavaron al nacer, no han bañado su cuerpo. Ello es signo de suciedad, rutina e ignorancia. El baño es tónico por excelencia, y, además de limpiar la piel de sus naturales excrecencias, la deja en condiciones de eliminar venenos y toxinas y absorber el rico oxígeno.

Bien se me alcanza que las clases menesterosas no disponen fácilmente de baño: pero en la más humilde vivienda existe un cubo y una esponja, para hacer abluciones, siquiera una vez por semana.

Las enfermedades contagiosas como la fiebre tifoidea, la tuberculosis, la viruela, el sarampión, la difteria, el carbunco y otras, son enfermedades perfectamente evitables, o, cuando menos, poseemos medios para prevenirlas en muchas ocasiones.

De todas esas enfermedades, la más terrible, la que más víctimas ocasiona y más difícil se cura es la tuberculosis, la terrible tisis que en las familias pobres hace, más grandes estragos, por la imposibilidad en que se hallan de hacer frente largo tiempo al implacable mal.

FOTO 8 Cartel de la Lucha Antituberculosa de España. Cedida la imagen por el Museo de San Telmo de San Sebastián

INSTRUCCIONES PARA EVITAR LA TUBERCULOSIS EN ESPAÑA

1ª.- La tuberculosis es evitable y curable.
2ª.- La tuberculosis mata cada año en España más de setenta y cinco mil personas, y, de éstas, más de la mitad son alcoholizadas.
3ª.- El germen de tan terrible mal es un bacilo que flota en el aire que respiramos y procede de los enfermos tuberculosos, que los arrojan a millones en sus esputos, que, al desecarse, se pulverizan, incorporándose a la atmósfera y pasando a nuestros pulmones en el momento de aspirar el aire.
4ª.- El bacilo penetra en los pulmones de todos, sanos y enfermos, pero sólo se desarrolla en los sujetos mal alimentados, en los alcohólicos, en los que habitan viviendas con escasa luz, sucias y sin ventilación. En individuos de vida morigerada y bien alimentados, el bacilo se esteriliza y no ocasiona mal alguno.
5ª.- Revela gran ignorancia creer que el alcohol aumenta las fuerzas, pues precisamente es todo lo contrario.
6ª.- De cada 100 alcohólicos, mueren tuberculosos 88, y los 12 restantes mueren por el espantoso delirium tremens, o acaban en el manicomio.
7ª.- Es crimen de lesa humanidad arrojar los esputos en el suelo, especialmente en el de casa o en el taller, pues cada esputo puede ocasionar millares de tuberculosos.
8ª.- Tan terrible plaga acabaría por extinguirse si los enfermos arrojasen sus esputos en escupideras; el suelo de fábricas y talleres debería estar sembrado de escupideras, y el barrido debe hacerse siempre con paños húmedos.
9ª.- Si lo que gasta el obrero en bebidas alcohólicas lo emplease en mejorar su alimentación y la de su familia, poco tendría que temer de esta y otras enfermedades que hacen presa preferente en los débiles y viciosos.
10ª.- El obrero no debe olvidar nunca la aterradora y exacta frase de Landoucy: El alcoholismo hace la cama a la tuberculosis (4).

Limpieza, sol y aire
En estas tres palabras se halla el gran secreto de la salud de los pobres. Esos preciosos elementos los puso Dios al alcance de todos, de ricos y pobres, y con ellos se triunfa de muchas infecciones que tantas vidas cortan en flor.

Cierto que curamos hoy difícilmente la tuberculosis; pero poseemos medios para evitarla, y lo mismo decimos de otras enfermedades (4).

AGRADECIMIENTO
Javier González Caballero. Enfermero del Trabajo

BIBLIOGRAFÍA
1.- Diario Vasco del 13 de Septiembre de 1.987
2.- Cartilla Antituberculosa Dr. Emiliano Eizaguirre 1912. Campaña antituberculosa patrocinada por la Excelentísima Diputación Provincial de Guipúzcoa. San Sebastián. Imprenta de “La Voz de Guipúzcoa” de 1912
3.- Historia y antecedentes del Hospital de Amara. Amarako Ospitalearen historia eta aurrekariak. Manuel Solórzano Sánchez. 5 de marzo de 1999
4.- Cartilla Higiénica del Obrero y su Familia. José González Castro. Inspector regional del Trabajo. Obra Laureada por la Sociedad Española de Higiene. Madrid 1917

Manuel Solórzano Sánchez
Diplomado en Enfermería. Servicio de Traumatología. Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. OSI- Donostialdea. Osakidetza- Servicio Vasco de Salud
Insignia de Oro de la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica 2010. SEEOF
Miembro de Enfermería Avanza
Miembro de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos
Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería
Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.
Miembro no numerario de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País. (RSBAP)