miércoles, 1 de julio de 2015

ENFERMERAS DE GUERRA



Es un testimonio histórico de la enfermería durante la Guerra Civil española (1936 – 1939), a partir de los relatos biográficos de Ana Viñas, Ramona Gurnés, Victoria Santamaría, María Sans, Pilar de Viala, Trinidad Gallego, Carme Casas, Guadalupe Cussó, Carme Barrull, Cándida Sala, Antònia Palacin, Alegría Royo y Emilia Santaolalla, que trabajaron de enfermeras en el territorio de Cataluña.

FOTO 1 Portada y contraportada del libro: Enfermeras de Guerra

Esta obra es fruto de un estudio de investigación. El papel de las enfermeras en la guerra ha permanecido invisible hasta hace muy poco, a pesar de ser el colectivo profesional femenino que más directamente participó en el conflicto bélico, y por ello, también sufrió sus consecuencias. A través de sus voces, identificaremos la función esencial, discreta y continuada que desarrollaron en la guerra “cuidar”, cuidar de los demás.

Ser enfermeras de guerra ha sido para todas ellas una oportunidad de crecimiento personal, de aprendizaje profesional, de ser útiles, de compromiso social, de desarrollo de sensibilidad y de un alto grado de creatividad en los cuidados que realizaban con escasos recursos. Durante la Guerra Civil las enfermeras se hicieron imprescindibles, y muchas jóvenes del país y de otras partes del mundo se ofrecieron voluntarias como enfermeras en los hospitales de sangre para cuidar y curar a los enfermos y heridos de los ejércitos y de la población civil. Su responsabilidad social de ser útiles en aquella guerra lo demostraron con valentía y profesionalidad en ambos bandos enfrentados, ellas no hacían distinción partidista a la hora de cuidar, su deber humanitario y profesional era vigilar por el bienestar de todos. Destaca principalmente, la motivación y compromiso de estas mujeres por dar una atención humana e integral a los soldados y a la población frente las duras condiciones del entorno.

Autoras: Anna Ramió Jofre, Carme Torres Penella (coordinadoras). Roser Valls Molins, Carme Vives Relats, Virtudes Rodero Sánchez, Almerinda Domingo Roura, Aurora Roldán Burgos y Carmen Domínguez-Alcón. Ediciones San Juan de Dios (Campus Docent).

FOTO 2 Libro que dio el Hospital de Catalunya de Lleida a Alegría en 1937. Título de enfermera de la FET y de las JONS. 1943. Carnet enfermera titular. Grupo de enfermeras republicanas.

El libro consta de 252 páginas divididas en Presentación a cargo de Amèlia Guilera Roche y el prólogo de Carmen Domínguez-Alcón. La primera parte titulada “Contextualización histórica y cuidados de enfermeras, se divide en los siguientes capítulos. Capítulo I: Enfermeras en la Segunda República realizado por Carme Torres y Roser Valls. Capítulo II: Necesidades sanitarias durante la guerra realizado por Roser Vallas y Carme Torres.

Segunda parte: Relatos biográficos. Capítulo III: Inicios y diversidad en la profesionalización enfermera realizado por Anna Ramió, Roser Vallas y Almerinda Domingo. Capítulo IV: Trayectorias de dedicación, competencias truncadas realizado por Carme Torres y Roser Valls. Capítulo V: Ilusión, esfuerzo y continuidad realizado por Virtudes Rodero, Carme Vives, Roser Valls, Carme Torres, Aurora Roldán y Anna Ramió. Capítulo VI: Perspectiva y aportación para avanzar, realizado por Roser Valls.

Tercera parte: Naturaleza de los cuidados y valores y actitudes de las enfermeras durante la guerra y el exilio. Capítulo VII: Naturaleza de los cuidados de enfermeras realizado por Anna Ramió, Almerinda Domingo y Carmen Domínguez-Alcón. Capítulo VIII: Valores y actitudes desarrolladas por las enfermeras realizado por Anna Ramió, Roser Valls y Carme Torres. Capítulo IX: Exilio de las enfermeras catalanas: percepciones y experiencias, realizado por Virtudes Rodero y Carme Vives. Conclusiones y bibliografía.

FOTO 3 Alegría Royo con una compañera en el Hospital de Cataluya de Lleida. Antònia Palacín con un niño. Cándida Sala en Tremp

Enfermeras en la Segunda República
Durante siglos, en España, fue habitual que la actividad cuidadora de los centros sanitarios públicos y privados estuviera en manos de congregaciones religiosas competentes. En el territorio catalán, a finales del siglo XVIII, en el Hospital de la Santa Cruz de Barcelona los cuidados de enfermería estaban a cargo de los Hermanos Enfermeros de la Caridad y las Hermanas Hospitalarias de la Santa Cruz. En el mismo periodo, en el Hospital de Santa María de Lleida, contemporáneo del de la Santa Cruz, fue la congregación de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl la que asistió y gestionó los cuidados hasta finales del siglo XX.

La valoración profesional de los cuidados de enfermería ofrecida por las órdenes religiosas, inspiradas en la caridad, obediencia, abnegación y sacrificio, ha sido discrepante. Para Hernández Conesa (1995), “la atención a los enfermos era sentida como una buena obra, como una acción de beneficencia, más que como respuesta al derecho de las personas a tener una sanidad digna”. En cambio, Gloria Gallego (2007) destaca la valiosa “aportación sociosanitaria de las religiosas de San Vicente de Paúl en la Mallorca del siglo XIX; sus cuidados de higiene, prevención y educación sanitaria podrían haber contribuido a mejorar la morbimortalidad de los habitantes del territorio donde estas religiosas realizaron actividades de docencia y asistencia. Las Hermanas contribuyeron a alcanzar el paradigma de bienestar de la ilustración: “la felicidad” de los mallorquines, tal como quería su ilustrado fundador, mediante su labor de enseñanza y en la provisión de cuidados”.

Relatos Bibliográficos
Ana Viñas Puig “Quería empezar a volar y me cortaron las alas”.
Carme Barrul Torrella “Valentía y determinación”.
Ramona Gurnés i Costa “Asistencia y gestión”.
Alegría Royo Grañena “Futuro truncado”.
Victoria Santamaría Palacios “Y surgió el amor”.
María Sans Moyà “Realidad y ficción”.
Emilia Santaolalla Colomina “Deber cumplido”.
Carme Casas Godessart “A pesar de la oposición familiar”.
Guadalupe Cussó Mendia “A pesar de las dificultades externas”.
Antònia Palacín Roqué “Altruismo”.
Pilar de Viala Barrera “Deber humanitario”.
Cándida Sala Llanes “Adelantada a su tiempo”.
Trinidad Gallego Prieto “Más allá de la profesión”.
Doctor Moisès Broggi Vallès “Visión externa de complementariedad”.

FOTO 4 Sanatorio del Montseny. Estudiantes enfermeras de la Cruz Roja

Algunas Conclusiones
La información obtenida sobre la atención sanitaria durante la Guerra Civil muestra la invisibilidad de las enfermeras y confirma la escasa existencia de obras escritas que den noticias de su labor. En los últimos años se ha acrecentado el interés en recuperar la memoria histórica, y algunas obras publicadas reflejan, de forma directa o indirecta, el trabajo enfermero durante la guerra.

Los testimonios recogidos confirman el avance que representó la República en el desarrollo del papel social de la mujer en general y de la mujer enfermera en particular, y el retroceso en sanidad y en el desarrollo de la profesión enfermera que supuso la dictadura. La Segunda República propició mejoras notables  en la situación de la mujer en cuanto al principio de igualdad de derechos con el hombre, en educación, situación laboral, familiar y matrimonial. La sanidad republicana aspiraba a ofrecer una atención orientada hacia la salud y la prevención, basada en el principio de equidad, con el fin de satisfacer las necesidades tanto curativas como profilácticas de la población.

Por primera vez en sus vidas, muchas personas pudieron disfrutar de cobertura sanitaria gratuita. Se despenalizó el aborto y se educó a la población sobre el control de natalidad y la prevención de enfermedades diversas a través de propaganda sanitaria. La profesión enfermera, como práctica eminentemente femenina, se benefició del ideario de la Segunda República y alcanzó grados notables de profesionalización en el ámbito comunitario de Salud Pública.

Cuando estalló la Guerra Civil, los cuidados en los centros sanitarios continuaban, en su mayoría, en manos de religiosas. Pero se vieron obligadas a abandonar sus puestos de trabajo debido al anticlericalismo de las izquierdas y las clases populares inspirado por el nuevo orden revolucionario.

En Cataluña, las consecuencias de la Guerra Civil se apreciaron desde el inicio, con el aumento de asistencia sanitaria en las ciudades. El conflicto bélico entró en Cataluña por Lleida, permaneciendo el frente en tierras catalanas durante nueve meses.

En el frente y la retaguardia, se instalaron hospitales de sangre, donde las enfermeras españolas y extranjeras de las Brigadas Internacionales mostraron gran competencia, valor y solidaridad. La organización sanitaria dependiente de la Generalitat fue rápida y eficaz en los métodos de tratar heridas, montaje de hospitales de sangre y evacuación de heridos.

El déficit de personal para atender las necesidades sanitarias de guerra propicio la aparición de mujeres enfermeras de distintos grados de formación: Enfermeras Tituladas, Enfermeras con título de guerra, Ayudantes y Auxiliares de enfermera, Enfermeras Prácticas, Enfermeras Voluntarias, Damas enfermeras de Cruz Roja y Enfermeras Internacionales. Estas últimas, competentes profesionalmente, vinieron a ayudar a la causa republicana y dejaron testimonios escritos de sus experiencias en nuestro país, testimonios que muestran la gran labor de ayuda que realizaron y su solidaridad.

Como no había enfermeras tituladas ya que eran escasas se crearon unos cursos especiales para formar “enfermeras de guerra”, que eran un numeroso grupo de jóvenes que debían seguir un curso de seis meses y superar un examen “especial” en la Facultad de Medicina de Barcelona.

Ambos grupos de enfermeras trabajaron donde se las envió, atendiendo tanto a soldados heridos como a la población civil, que padecía las enfermedades habituales o heridas por bombardeos o disturbios.

FOTO 5 Curso de divulgadoras sanitarias. Cândida Sala en el hospital en Tremp. Cueva de la Bisbal de Falset que se convirtió en hospital. Doctores Pueyo, Tornel y Cândida Sala.

El tercer grupo de enfermeras auxiliares, ayudantes o prácticas, eran voluntarias muy jóvenes, a menudo de 16 y 17 años, que querían ayudar y se incorporaban a un centro sanitario, principalmente para apoyar  a las enfermeras profesionales. En los hospitales de sangre se las enseñaba a realizar los cuidados básicos, aunque las tareas que desempeñaban eran diferentes de un hospital a otro. La formación la recibían de médicos jóvenes, normalmente por la tarde, cuando no había tanto trabajo. Estas jóvenes no obtuvieron ningún diploma acreditativo. Su práctica se desarrolló en los centros sanitarios existentes y en aquellos que se instalaron provisionalmente en conventos, escuelas, balnearios, trenes-hospital, hogares infantiles, ambulancias e incluso en una cueva-hospital. Estos centros estaban cerca del frente y en la retaguardia. Los hospitales de sangre cambiaban de ubicación, siguiendo el frente de batalla. Se organizaban con mucha rapidez, porque de la atención precoz dependía la salvación de los heridos. Las primeras curas las hacían los propios soldados (camilleros y médicos).

Las 13 enfermeras entrevistadas nos muestran un amplio abanico de alternativas de formación durante la Guerra Civil. Las enfermeras nos relatan su visión del tipo de formación que recibieron. Se examinaron en la Facultad de Medicina de Barcelona, aunque solamente una de ellas recibió formación reglada. Trabajaron con mucha dedicación y competencia profesional, realizando las actividades propias de las enfermeras tituladas.

La práctica enfermera, desde la perspectiva de sus propias protagonistas, se realizaba en turnos extensos, que se intensificaban tras los bombardeos o las batallas. Disponían de escasos recursos materiales, carencia que superaban con un ingenio y creatividad extraordinarios. Los cuidados eran de carácter técnico, de ayuda a las actividades de la vida diaria, de vigilancia y especialmente de acompañamiento, consolando a los enfermos tristes y deprimidos, o junto a los moribundos. Estas enfermeras nos cuentan, con emotiva ternura, la muerte de jóvenes lejos de su tierra y de su familia, cómo serenaban a estos jóvenes moribundos y cómo se organizaban para que tuvieran una cama donde poder morir con dignidad.

No tenían tiempo para cuidar de sí mismas ni de dormir, comiendo las famosas “lentejas con carne”, es decir, con gusanos. Soportaban los bombardeos, que las llevaban a refugiarse bajo las camas o junto a las paredes maestras. Las experiencias vividas por estas mujeres enfermeras son muy similares en los dos bandos. Se detecta su actitud cuidadora hacia la población y los soldados heridos, sin tener en cuenta su adscripción política. Asimismo las experiencias narradas por las enfermeras de las brigadas internacionales, que eran profesionales preparadas y de países más desarrollados que España, coinciden con las de las enfermeras catalanas. Además ambos colectivos se tratan con cariño y respeto mutuo.

FOTO 6 Cándida Sala con voluntarias de Tremp. Guerra Civil 1938-1939

A lo largo de estas páginas hemos podido corroborar la importante labor asistencial de las enfermeras como miembros fundamentales del equipo sanitario. Fueron mujeres que supieron dar respuesta a las necesidades sociales en aquel contexto bélico, tuvieron plena conciencia del momento histórico que les tocó vivir y desarrollaron su papel social con responsabilidad. La función asistencial fue la más extensamente ejercida, seguida de la función de gestión y de docencia. Cuidaron a la población civil y a los soldados heridos, en un contexto de peligro, miedo, inquietud, angustia y temor por su vida y la de sus familias. Cuidaron con entereza, transmitiendo seguridad y recurriendo a técnicas creativas que paliaran los escasos recursos. Experimentaron nuevas formas de cuidado, transmitiendo a las nuevas generaciones el valor de la excelencia en el cuidar.

Acompañaron en la vida y en la muerte, y en los momentos finales de sus pacientes supieron estar junto a ellos, dando importancia al acompañamiento de forma que la persona no muriera sola, haciendo el papel de novia, hermana, madre o esposa. Formaron a muchísimas mujeres que se ofrecieron voluntarias para cuidar a los enfermos y heridos.

Sabemos que fueron muchas más las enfermeras de guerra, y a todas ellas hacemos extensivo nuestro reconocimiento por la gran labor realizada.

Creo que es necesario leer este magnífico libro donde nuestras compañeras, a través de testimonios y relatos biográficos, nos cuentan una parte muy importante de nuestra historia enfermera. En tiempos difíciles; como fue la Guerra Civil (una guerra sangrienta entre hermanos), queda demostrado el buen hacer de las enfermeras y como se convirtió en un colectivo imprescindible, tanto por su trabajo en los hospitales como por su responsabilidad social.

Fotografías, escaneadas del propio libro

Manuel Solórzano Sánchez
Diplomado en Enfermería. Servicio de Traumatología. Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. OSI- Donostialdea. Osakidetza- Servicio Vasco de Salud
Insignia de Oro de la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica 2010. SEEOF
Miembro de Enfermería Avanza
Miembro de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos
Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería
Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.
Miembro no numerario de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País. (RSBAP)