sábado, 18 de julio de 2015

WALT WHITMAN POETA Y ENFERMERO VOLUNTARIO



Durante la Guerra de Secesión, trabajó como enfermero voluntario en el Hospital en Washington DC, donde escribió una serie de poesías acerca del conflicto y dos de sus más famosos poemas sobre el presidente Abraham Lincoln: “Cuando florecieron por última vez las lilas de la entrada y ¡Oh capitán! ¡Mi capitán!”

FOTO 1 Walt Whitman, poeta y enfermero voluntario. Tela cortesía de la Pennsylvania Academy of Fine Arts, Filadelfia 1887

WALT WHITMAN (1819 – 1892)
También dejó constancia del Cuidado de los enfermos durante la guerra en una colección de poemas, “Drum-Taps”, y en un diario, “Specimen Days and Collect”, en el que describía sus experiencias como enfermero del Hospital en Washington. El estudioso danés Frederick Schyberg describió a Walt Whitman como un “producto natural e inevitable de las tendencias, de las luchas y de las crisis de América en 1860. Los relatos de sus atenciones hacia los enfermos y sus diversas respuestas a la guerra han quedado desperdigados en docenas de cuadernos de notas, despachos de periódico, cartas y otros trabajos publicados y no publicados. Fueron recopilados, editados y publicados por primera vez bajo el título de Walt Whitman´s Civil War en 1960.

Walt Whitman fue autodidacta que aprendió el oficio de impresor en su juventud. Después trabajó en diversos empleos y fue director de varios periódicos. En 1862 lo dejó todo para ir a visitar el frente de la Guerra de Secesión. A su regreso a Washington, pasó el resto de la guerra como “enfermero voluntario” y compañero de los soldados heridos. Mientras, se ganaba modestamente la vida como oficinista del gobierno, puesto del que fue despedido en 1865 debido a la desaprobación oficial de la terminología sexual empleada en Hojas de hierba. Whitman pasó los últimos años de su vida (1873 – 1892) como un inválido en Camden, Nueva Jersey.

FOTO 2 Litografía y retrato de Walt Whitman 1961 Biblioteca Pública de Nueva York

Toda su poesía sobre la Guerra de Secesión, su percepción del sufrimiento humano y sus esfuerzos por paliarlo quedan plasmados en su poema “El vendador de heridas”:

Llevando las vendas, el agua y la esponja,
A mis heridos me dirijo derecho y veloz,
Allá donde yacen sobre el suelo después de la batalla,
Donde su sangre preciosa tiñe de rojo la hierba, el suelo,
O las hileras de la tienda hospital, o al hospital bajo techado,
Vuelvo a las largas hileras de camillas y las recorro arriba y abajo,
Me acerco a todas y cada una de ellas sin olvidar ninguna,
Un ayudante me sigue con una bandeja, lleva también un cubo de desechos,
¡Qué pronto estará lleno de trapos coagulados y de sangre, y será vaciado, y se volverá a llenar!

Sigo adelante, me detengo,
Con las rodillas dobladas y la mano firme, para vendar heridas,
Soy enérgico con todos, los dolores son agudos pero inevitables,
Uno vuelve hacia mí sus ojos suplicantes ¡Pobre muchacho! No te conozco,
Sin embargo, creo que no podría renunciar a este momento para morir por ti
Si esto te salvara.
Sigo, sigo, (¡Abríos puertas del tiempo! ¡Abríos puertas del hospital!
Vendo la cabeza destrozada (pobre mano enloquecida, no arranques la venda),
Examino el cuello del soldado de caballería, atravesado de parte a parte por una bala,
Crepita la respiración, los ojos ya vidriosos, pero la vida aún lucha con fuerza,
(¡Ven dulce muerte! ¡Déjate persuadir, oh hermosa muerte! Por misericordia, ven pronto).

Del muñón del brazo, la mano amputada,
Retiro las hilas coaguladas, quito la costra, lavo el pus y la sangre,
De nuevo sobre la almohada, el soldado encorva el cuello y ladea la cabeza,
Sus ojos están cerrados, su rostro está pálido, no se atreve a mirarse el muñón sangriento,
Y todavía no lo ha mirado (1)

Walt Whitman no aprobaba que las mujeres ejercieran la enfermería en los hospitales militares. A pesar de su talante liberal, no creía que fuera una actividad apropiada para mujeres respetables. No obstante, muchas de las mujeres que sirvieron como enfermeras en la Guerra de Secesión provenían de familias socialmente arraigadas y poseían estudios y profundas convicciones políticas. Entre ellas cabe recordar a las hermanas Woolsey y Margaret Breckinridge, Harriet Foote Hawley, Ella Louise Wolcott y Louisa Lee Schuyler.

Las mujeres de la Confederación también prestaron un servicio heroico durante la contienda. Las órdenes religiosas y muchas mujeres laicas se ofrecían voluntarias para actuar como enfermeras.

FOTO 3 Grabado en madera, 1860. National Library of Medicine, Bethesda, Maryland

Abrieron sus hogares para que se habilitaran como hospitales y centros de convalecencia. Algunas como en el norte, siguieron a sus maridos a la guerra y al campo de batalla, donde ayudaban en lo posible. Recordemos a Kate Cumming, Ella King Newsom, Annie Johns y Betsy Sullivan entre tantas otras. Sin embargo, una persona sobresale de forma particular.

El ejército confederado no nombró a una directora de enfermería, pero el presidente Jefferson Davis otorgó el rango de capitán a Miss Sally Louisa Tompkins (1833 – 1916). Fue la única mujer que ostentó un cargo en el ejército de la Confederación. Miss Tompkins necesitaba el rango para poder pedir suministros, pero renunció a la remuneración por su trabajo. Los casos más graves y críticos eran llevados a esta institución independiente debido a su reputación. A pesar de ello, la mortalidad fue baja, sólo 73 fallecimientos entre 1.333 pacientes.

Las mujeres de color también hicieron contribuciones importantes a la enfermería durante la Guerra de Secesión. Algunas eran voluntarias; otras fueron contratadas de acuerdo con las órdenes generales del Departamento de Guerra con un salario de diez dólares al mes. Sin embargo, hay pocos trabajos publicados sobre las aportaciones específicas y generales de la gente de color a la enfermería, lo cual dificulta la apreciación justa y exhaustiva de su labor.

Hay referencias de varias mujeres que cuidaron de forma muy competente a soldados heridos de la Unión. Harriet Tubman (1820 – 1913) fue llamada la “Moisés de su pueblo” (2) y se le atribuyen diecinueve viajes al sur para auxiliar a más de 300 esclavos en su lucha por la libertad (3). Era una abolicionista que participó activamente en el movimiento Underground Railroad después de su propia huida al norte.

Al comienzo de la Guerra de Secesión, Harriet Tubman volcó toda su energía en el cuidado de aquellos que necesitaban sus atenciones. Era una persona muy respetada, valiente y animosa que sirvió a los enfermos y desvalidos de su propia raza. Según Bradford, Harriet Tubman ostentó el cargo de “enfermera o matrona” en el Colored Hospital de Fort Monroe en Virginia.

Muchísimos hombres y mujeres sirvieron como enfermeros en diversos grados durante la Guerra de Secesión. Eran voluntarios, soldados, personas adscritas a órdenes religiosas de enfermería, miembros de sociedades altruistas o personas independientes que se impusieron a sí mismas la obligación de colaborar en el cuidado de los enfermos y heridos.

Estos enfermeros eran representativos de todos los escalafones de la sociedad y constituían una mezcla de inteligencia, diplomacia, osadía y experiencia. Pero por encima de todo, demostraron un espíritu valeroso (4).

La odisea de la Guerra de Secesión hizo madurar a Norteamérica; para entonces, el país había realizado numerosas aportaciones de primer orden a la medicina y a la cirugía, pero ni una sola a la Enfermería… desde el Boston Tea Party (1773) hasta la inauguración de la Primera Escuela de Enfermería de inspiración Nightingale en Norteamérica (1873) había transcurrido un siglo, y muchos pensaron que, de los dos experimentos, el segundo era el más audaz (4)

FOTO 4 Sello emitido en 1940 en Camden, Nueva Jersey

BIBLIOGRAFÍA
1.- Whitman, 1961, páginas 44 y 45
2.- Bradford, 1961
3.- Miller, 1968
4.- Robinson, 1946, páginas 145 y 146
5.- Historia de la Enfermería. M. Patricia Donahue. Versión española de la obra original “Nursing. The Finest Art. An Illustrated History”, publicada por The C. V. Mosby Company. B-24.474-99

Manuel Solórzano Sánchez
Diplomado en Enfermería. Servicio de Traumatología. Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. OSI- Donostialdea. Osakidetza- Servicio Vasco de Salud
Insignia de Oro de la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica 2010. SEEOF
Miembro de Enfermería Avanza
Miembro de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos
Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería
Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.
Miembro no numerario de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País. (RSBAP)