domingo, 29 de diciembre de 2013

LA MORFINA EN LA PINTURA DE RUSIÑOL



En: Jordi Vigué y Melisa Ricketts en La Medicina en la pintura. El arte médico. Ars Medica. Barcelona 2008. Página 196.

FOTO 001 Cuadro de Santiago Rusiñol (1861 – 1931). Realizado en 1894. Óleo sobre tela de 88 x 115 cm. Museu Cau Ferrat. Sitges, Barcelona.

En 1804, el farmacéutico alemán Friedrich W. A. Sertürner (1783 -1841), consiguió aislar la morfina mientras buscaba el principio activo del opio. Sertürner llamó al alcaloide que obtuvo principium somniferum opii por sus virtudes narcóticas, y posteriormente morphium en honor del mítico Morfeo, dios del sueño.

La morfina comenzó a usarse como un analgésico muy fuerte. Actuaba en sólo 4 o 5 minutos, sumiendo al paciente en un estado de letargo y bienestar que tenía, sin embargo, un terrible efecto secundario: creaba adicción. Tras el éxito durante su administración en los soldados alemanes durante la guerra francoprusiana (1870), y dada la falta de regulación gubernamental en el consumo de sustancias tóxicas y la ligereza con que muchos médicos la recetaban, nacieron grupos de morfinómanos de clase alta que, provistos de lujosas jeringuillas personalizadas, se reunían para administrarse morfina.

Santiago Rusiñol debía conocer muy bien la morfina, ya que recibió tratamiento con el fármaco durante diez años, entre 1889 y 1899, para aliviar los dolores que le habían quedado como secuela de una mala caída en Paris y algunos problemas renales. En 1899, comenzaría su cura de desintoxicación. El pintor estaba tan desorientado que su esposa, Lluïsa Denis, de la cual se había separado, volvió junto a él para cuidarle. La experiencia de Rusiñol con la morfina sería tan intensa, que determinará el rumbo de su obra a partir de estos años. Este lienzo presenta una sórdida escena en la que una mujer manifiesta los efectos del potente fármaco, administrado por vía venosa.

La mujer está postrada en la cama de un hospital, vestida con un camisón. La obra posee un tinte erótico, ya que la expresión y el gesto que manifiesta sugiere el goce sexual. El rostro está completamente relajado, mientras que el camisón resbala por el hombro dejando al descubierto el nacimiento de los senos. Las manos crispadas se aferran a las sábanas en auténtico éxtasis.

Aunque Rusiñol pudo inspirarse en lo que vio desde su propia cama durante el proceso de cura, más que una escena real, el pintor pintó el vivo retrato del peligroso narcótico. La morfina es para Rusiñol una auténtica femme fatale que proporciona placer al mismo tiempo que roba la vida al crear adicción. Su cabellera negra cayendo por los hombros desnudos, los dedos internándose lujuriosamente en las sábanas a la altura de la vista del espectador muestran a una mujer sexualmente atractiva, pero extremadamente peligrosa: una auténtica vampiresa.

AGRADECIMIENTO
Jordi Vigué. Estudió medicina en la Universidad de Barcelona. Historiador del Arte por La Sorbona. Paris.
Melisa Ricketts. Licenciada en historia del Arte por la Universidad de Zaragoza. España.

BIBLIOGRAFÍA
La Medicina en la pintura. El arte médico. Jordi Vigué y Melisa Ricketts. Ars Medica. Depósito Legal: M.40.757-2007. Página 196.

Manuel Solórzano Sánchez
Enfermero. Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. Osakidetza /SVS
Colegiado 1.372. Ilustre Colegio de Enfermería de Gipuzkoa
Miembro de Enfermería Avanza
Miembro Comité de Redacción de la Revista Ética de los Cuidados
Miembro de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos
Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería
Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.
Miembro no numerario de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País. (RSBAP)