domingo, 17 de noviembre de 2013

HISTORIA DE LA ENFERMERÍA PEDIÁTRICA EN CUBA



Introducción
En Cuba la atención a los niños en la época colonial, no tenía relación alguna con las necesidades especiales que tenía esta etapa tan importante de la vida, por lo tanto ni había ninguna preocupación especial por su educación ni por su atención directa en algún centro especializado para tratar las enfermedades que estos padecieran, pues estos eran atendidos en el hogar tanto para su instrucción como cuando padecían alguna dolencia; solo se conoce de lugares para la atención a los infantes en los Hospicios o Casas de Beneficencia, posteriormente se abrirían Centros de Instrucción pero casi todos bajo la orientación religiosa, casi siempre eran los sacerdotes y posteriormente las monjas las que se encargaban de esta instrucción.

FOTO 001 Eduarda Ancheta y Manuel Solórzano. Hotel Sevilla La Habana mayo 2012

Los orígenes en Cuba de la Casa Cuna Habanera se remontan a cuando estaba como Obispo de Cuba Diego Evelino Hurtado conocido por el “Padre Compostela” por ser oriundo de esa provincia española, parece que tras conocer que una criatura recién nacida y abandonada había sido devorada por los perros dentro de la misma ciudad, abrió el primer Asilo a sus expensas en los últimos años del siglo XVII en una casa muy próxima a la ermita de Belén o San Melchor y que después él, la daría como monasterio a las Monjas Carmelitas. Al dar este local a las monjas antes mencionadas los expósitos se quedan sin lugar donde atenderlos y permanecieron en dicho convento hasta 1711.

La fundación debió de ser hacia 1687-1688, es en esta época cuando se menciona la “Real Casa Cuna” aunque no se menciona que tuviera nombre, este será el primer establecimiento en la Villa de San Cristóbal de la Habana para atender a los niños abandonados por  sus madres y llevaría una existencia precaria hasta 1832 (1).

En 1704 cuando fallece el obispo Hurtado y su sucesor será fray Gerónimo Valdés quien se encargara de fabricar a sus expensas en 1711 una Casa en la calle de los Oficios esquina a la de Muralla, la dotó de un pequeño capital 15.439 pesos fuertes, puso la dirección del establecimiento en manos de un capellán – administrador. La circunstancia de haber sido el Obispo Valdés el verdadero fundador de la primera casa destinada a los expósitos, fue el origen de que desde entonces se apellidaran con su nombre todos los que residieron en aquel entonces en este centro de beneficencia (2).

Los avatares del tiempo hacen que esta casa tuviera épocas de verdaderas penurias pues la mayor parte del dinero con que se sostenía este centro era de limosnas y donaciones de personas ricas caritativas, aunque algunos Gobernadores de la Isla como Dionisio Martínez de la Vega puso especial interés y consiguió del municipio algunas anualidades de los dineros a invertir, esto sería hasta 1734, tanto el Obispo Lazo de la Vega como su sucesor Pedro Morell de Santa Cruz, procuraron el pago al administrador que se le adeudaban, pero ante el incumplimiento de la financiación de la Casa Cuna por las autoridades civiles, será la caridad pública del obispo y los vecinos quienes durante muchos años cubrirían el déficit entre los ingresos y el gasto del centro (3).

Es el Obispo Morell de Santa Cruz quien contrata 10 mujeres, destinadas unas al cuidado de los niños varones y otras a la enseñanza de las niñas, se disponía también que los Betlemitas (Orden de los Hermanos de Nuestra Señora de Bethlehem, fundada por Pedro de San José Betancur, con el fin de servir a los pobres) se encargarían de la asistencia de los párvulos que pasaran de 5 años hasta que tuvieran aptitud para aprender algún oficio. Ya en 1780 llegaban a 200 los expósitos en una casa capaz de albergar solo a 40 infantes, ni tenían condiciones materiales y los ingresos fijos eran muy escasos hasta el punto que muchos niños murieron por falta de alimento (4).

Ante esta penosa situación que atravesaron los niños expósitos, es gracias al presbítero Mariano Arango, impulsado por el Obispo Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa quien  hizo cesar este estado de abandono. Una benefactora de la Casa Cuna fue Antonia Maria Menocal que es quien deja como herencia una suma considerable de dinero para sufragar los gastos de esta Casa Cuna y seria el presbítero Arango quien en esta fecha usa esos bienes para construir una Casa de Maternidad donde se refundiría la antigua Casa Cuna años mas tarde, ésta estaría compuesta por tres departamentos: uno para refugio de las parturientas, otro para la lactancia de los niños hasta el destete y otro para la conservación y educación de los niños hasta los 6 años y la vigilancia de los mayores hasta su emancipación. Esta estaría terminada en 1830 aunque su inauguración fue el 14 de octubre de 1832 con el nombre de Casa de Maternidad de María Santísima y del Señor San José.

Antes de la unión a la Casa Maternidad, la Casa Cuna por su estado ruinoso, es trasladada a la calle Cuarteles numero 2, pero este nuevo asentamiento carece de agua, esta lejos de la ciudad y la falta de condiciones hizo que no fuera el lugar mas apropiado para sus fines, por la que se le dio un carácter provisional hasta su traslado en 1832 al edificio del Hospicio o Colegio de San Isidro.

Del funcionamiento de esta Casa Cuna al ser trasladada a la Calle de Cuarteles, puede darnos idea el dato siguiente de 1832- 1834, fueron recibidos 158 expósitos de ellos solo sobrevivieron 9. En los dos primeros años del funcionamiento de la obra de Arango tenemos que fueron expuestos 197 expósitos y sobrevivieron 105 a pesar que entre ellos se cuentan los que fallecieron del Cólera Morbo en 1833 (4). Nos cuenta el Dr. Gregorio Delgado García que el Dr. Tomas Romay antes de pasar por el Hospital de Paula donde trabajaba, iba a la Casa de Beneficencia y atendía a los niños que estuvieran enfermos dejando indicaciones para su tratamiento (5). Por un decreto del 29 de febrero de 1852 fue incorporada la Casa de Maternidad obra del presbítero Arango a la Casa de Beneficencia de La Habana, las dos Casas estarían regidas por una misma administración y un mismo reglamento. La que con el tiempo se denominaría “Real Casa de Beneficencia y Maternidad de la Habana  o mas comúnmente “Casa de Beneficencia”, se encontraba situada el la Caleta de San Lázaro, junto al Torreón del mismo nombre.

A partir de 1847 atenderán esta Casa Las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paul, en funciones de maestras y como enfermeras de las salas para ingresos de los niños enfermos, aunque también había profesores laicos (6). En las postrimerías de la dictadura de Fulgencio Batista el edificio fue vendido al gobierno, este edificio que estaba céntrico lo destinaron al Banco Nacional. Al triunfo revolucionario los niños y jóvenes pasan a una institución totalmente renovada con las más recientes normas psicológicas y pedagógicas para su atención y cuidado en Ceiba del Agua. La edificación se pensaba destinar para el Banco Nacional fue remodelada, para empezar a funcionar como el Hospital Hermanos Ameijeiras (7).

FOTO 002 Casa de Beneficencia y Maternidad de La Habana. Cuba

Desarrollo. La atención a los niños en la época Republicano burguesa
En el período de la intervención norteamericana, por su propio carácter de intervención se agudiza la crisis de la educación preescolar, los niños se encontraban casi desamparados, se propuso que se pagara $10 mensuales per cápita a los que se encontraban en centros internos, como pensionistas, con esta medida injusta, trataron de "remediar" la situación del hacinamiento de los asilados. En "apuntes sobre la Fundación de la Escuela Cubana" Carlos Génova y Zayas señala que en 1899 se abrieran "escuelas para párvulos" con educadoras cubanas seleccionadas por un tribunal, debido a la carencia de locales, estas aulas iniciaron sus actividades en las propias casas de las educadoras: en Santiago de Cuba se abrieron 34 aulas y se creó el Primer Kindergarten atendido por una joven norteamericana. Esta institución constituye el primer intento de enseñanza preescolar en Cuba, pero solo con beneficios para una pequeñísima parte de la población infantil, con planes e intereses vinculados a los Estados Unidos.

El advenimiento de la República no puso fin a los graves y difíciles problemas de la institución. Entre 1901 y 1902 surgió la Escuela Normal de Kindergarten en Matanzas, por iniciativas norteamericanas con maestros y planes de estudio propio de aquella nación. Una sociedad de huérfanos cubanos dirigida, también por norteamericanos, organizó, al final de la intervención, algunas aulas de Kindergarten en Santiago de Cuba, Matanzas y Sagua la Grande y ya en 1925 se contaba con 22. A la par de la creación de las aulas, se llevaron a cabo modificaciones de carácter organizativo, como la reorganización de las juntas de Educación, la creación de los Inspectores de Distrito y se fijó la estabilidad de los maestros. La labor que debían realizar los niños en el Kindergarten consistían en la realización de diferentes actividades tales como: doblar y entrelazar papeles, jugar, cantar, dibujar, pintar, modelar, coser, tejer etc. Estos trabajos estaban encaminados a relacionar a los niños con el mundo de los objetos que les rodeaba, desarrollar habilidades y destrezas a través de los ejes temáticos, todo esto estaba dado por la influencia froebeliana. Los métodos utilizados estaban encaminados a ayudar al niño a obtener dominio de si, desarrollar sus cualidades físicas, intelectuales, morales y de independencia.

El Kindergarten lo atendía un personal integrado por una maestra, una auxiliar y una conserje, estaba concebido para niños de 4 a 5 años. El ambiente de estas aulas se preparaba en concordancia con las vivencias infantiles, e intereses presentes y futuros de los niños. La estética era discreta, logrando despertar en los niños el deseo de permanecer en el lugar. Las condiciones higiénicas eran perseguidas al máximo: amplitud, mobiliario adecuado, orden, limpieza, aire, luz y materiales al alcance de los niños para trabajar. Donde las condiciones les permitían debía mantenerse un pequeño jardín, huerto, implementos para trabajar allí, lugar apropiado para realizar actividades con arena; rincón de la naturaleza, así como diferentes áreas para el juego. En cada aula había un lugar preferente para la bandera, escudo nacional y retrato de patriotas cubanos. Esta realidad, no fue posible lograrla en todos los casos, debido al poco apoyo y abandono en que se encontraba nuestro sistema educacional. El esfuerzo la responsabilidad, las gestiones y contribución personal de cada maestra permitió mantener estas aulas con cierto decoro. Honrado modo de actuar de las educadoras cubanas en la etapa republicana.

Hacia la década de los 40 se crearon con fines de enseñanza y educación para los niños de edad preescolar las aulas del grado pre-primario dentro de la enseñanza oficial. Esta poseía objetivos similares al Kindergarten, estaba destinado para los niños que no asistían al Kindergarten pudiesen adaptarse al nuevo medio escolar. El grueso de estas aulas funcionó en La Habana y algunas capitales de provincia. Estas aulas no resolvieron la situación existente en la educación preescolar, los niños campesinos sufrían completo desamparo y aún cuando comenzó la enseñanza en las escuelas rurales esta era inadecuada y en sus planes no incluía a los niños menores de 7 años.

Otras instituciones creadas fueron las Creches, tomando auge en el período de la seudo-república, tenían el objetivo similar a las otras instituciones; el cuidado y la enseñanza de niños pobres. En ellas un pequeño grupo de madres trabajadoras podían dejar a sus hijos (entre las 6 de la mañana y las 9). Esta forma organizativa albergaba de 30 a 60 niños en locales inapropiados generalmente, muchos eran pequeños y faltos de higiene, el personal que lo atendía no tenía ninguna preparación, contaba con una manejadora por cada 25 niños, una encargada, una cocinera, una criada y una ayudanta. El régimen de vida era casi carcelario, carecían en su gran mayoría de actividades infantiles, apenas poseían juguetes; si contaban con un parquecito infantil donde los niños jugaban sin dirección pedagógica, no se les daba orientación a los padres. El ingreso a estas creches estaba determinado por los interese políticos de los gobernantes de turno; por lo que estas instituciones fueron una variedad de asilos. En 1958 funcionaban en nuestro país 38 instituciones de este tipo que atendían a 1.600 niños aproximadamente de edades entre 1 y 6 años; entre los Kindergarten y pre primarias la cifra excedía de 300 centros. Al triunfo de la Revolución Cubana el Primero de Enero del 59, es en este momento que se revelan los aspectos dolorosos ante la clase que asume el poder, de la miserable atención que se brindaba a la infancia cubana (8).

Por primera vez en Cuba en 1900, se destinan camas en los Hospitales para la atención a los niños enfermos estos serían el Hospital “General Calixto García la sala “Albertini” y en el Hospital “Nuestra Señora de las Mercedes” las salas “San Vicente”, “Manuel de la Cruz” y “Lourdes”. Se realizan modificaciones en el plan de estudios de la carrera de Medicina, trasladando la enseñanza de la asignatura de Pediatría para el último año de la carrera de medicina. En esta época la atención especializada del niño no sobrepasaba el 10 % de la población infantil, la mortalidad infantil se calculaba alrededor del 70 por cada 1.000 nacidos vivos (9). En 1921, por iniciativa del Club femenino de Cuba, se creó la Federación Nacional de Asociaciones Femeninas de Cuba (FNAF) que estaba compuesta por cinco asociaciones: Club Femenino de Cuba, Congreso Nacional de Madres, Asociación de Católicas Cubanas, Asociación Nacional de Enfermeras y Comité de la Creche Habana Nueva.

A través de esta Asociación, y en particular de la Asociación Nacional de Enfermeras de Cuba las enfermeras podían emprender acciones orientadoras al tratamiento especial que necesitaban los niños que redundarían en una atención especializada. Algunas de las acciones que se desarrollaron por parte del Club Femenino de Cuba fueron más allá que las realizadas por otras organizaciones de mujeres cubanas anteriores, ya que el Club Femenino de Cuba: […] fundó escuelas nocturnas para obreras y otras para la enseñanza del comercio; creó la primera institución formadora de niñeras que funcionó en el país: La Escuela de Niñeras en 1923 (10). El 1927 se ofrecían en el Instituto Finlay algunos cursos posbásicos de especialidades como Dietética y Alimenticios, Higiene infantil y escolar, pero ninguno relacionado con el niño hospitalizado (11).

Es bueno señalar que el contexto político social y económico de la época republicana burgués fue un factor fundamental para que las enfermeras no pudieran tener mejor calificación científica a través de cursos posbásicos y claro está, que no era prioridad del Ministerio de Sanidad y Beneficencia Social ofertar cursos que capacitaran a las enfermeras en alguna especialidad infantil, pues tenían que aumentar el sueldo a pagar, que ya resultaban irrisorios pues eran entre 30 y 50 pesos, por lo que cuando alguna clínica particular fundamentalmente, necesitaba una especialización de su personal en el cuidado de los niños, llamaba a especialistas casi siempre enfermeras norteamericanas, para impartir estos cursos, pero sus participantes tenían que pagar la matricula a estos y casi siempre no pasaban de 20 las cursillistas, pues no podían pagar la matricula con los sueldos tan bajos que ganaban (12).

En 1929, la señorita Caridad Coello asistió al V Congreso Panamericano del Niño donde leyó y discutió el trabajo “Fundación de las Escuelas de Niñeras y su reglamento(13). No es hasta 1931 en que se construye en la Habana el primer Hospital especializado en la atención a la población infantil, este será el Hospital Municipal de Infancia, (el pueblo lo llamaba el Hospital Infantil) situado en la Avenida de los Presidentes entre las calles F y 29. En este hospital eran atendidos alrededor de 1.000 niños diariamente en Consultas externas y tenía capacidad para 290 niños (14). En el trabajaron Enfermeras Generales, pues en esta época no existía una preparación especializada para ellas.

Otro hospital que atenderá a infantes será el Hospital Infantil Antituberculoso que lleva el nombre de Ángel Arturo Aballi erigido en 1944 situado en la carretera de Arroyo Naranjo, frente al antiguo Hospital Antituberculoso “La Esperanza” donde hoy esta situada la Facultad de Ciencias Médicas Julio Trigo (15).

FOTO 003 (Fig. 1) Enfermeras asistentes a un curso de especialización infantil entre ellas se encuentra Alba Aviles Moreno y Luzdemia Ancheta Niebla, ambas Profesoras de Enfermería posteriormente

Graduación de las Primeras Enfermeras Profesionales Cubanas
La fecha exacta de la graduación de las primeras estudiantes de enfermería no consta en ningún documento; al revisar el Boletín de la Junta encontré que el 22 de septiembre de 1902 a las 4 de la tarde se realizó el examen teórico y estuvieron presentes en el tribunal el doctor Juan Guiteras, como presidente; los doctores Emilio Martínez como secretario y Enrique Núñez como vocal. El día 23 a las 4 de la tarde se realizó el examen práctico. Si eran siete las alumnas que se tenían que examinar no pudieron graduarse el mismo día al salir del examen ya que el tribunal tenía que deliberar las notas y también seleccionar a la alumna ganadora de la medalla de oro. El 26 de octubre de 1902 se seleccionó la alumna ganadora de la medalla de oro con la presencia de los doctores Carlos E. Finlay, Emilio Martínez, Enrique Núñez y miss Mary O´Donnell; no hay datos que justifiquen que se graduaron el 25 de septiembre. En el Boletín del mes de noviembre se encuentra la reseña de la graduación sin que se mencione la fecha exacta en que se produjo, sin embargo, aparece el discurso pronunciado por el doctor Carlos E. Finlay.

Así que en 1902 se graduaron las primeras enfermeras cubanas, en este acto solemne estuvo presente el Presidente de la República Tomás Estrada Palma, con la asistencia del doctor Emiliano Núñez de Villavicencio, director del Hospital, el claustro de profesores, así como personalidades científicas y de la sociedad; el doctor Carlos E. Finlay pronunció el discurso de graduación. En este acto se les entregó el Diploma de Graduadas por la Universidad de la Habana. Con este hecho Cuba se convertía en el primer país en otorgar título universitario a sus enfermeras. Esto se estableció hasta 1961. A partir de esta fecha será la Dirección de Docencia y Perfeccionamiento la encargada de expedir estos títulos. Las siete enfermeras que se graduaron fueron: Trinidad Cantero Cantero que resultó ganadora de la medalla de oro y pronunció el discurso en nombre de sus compañeras. Las otras fueron Rosa Gallardo y García, Martina Guevara y Molina, Adelaida Rendós Alarcia, Rosa Seiglie y Comesañas, Antonia Tejedor y Herrera y Bienvenida Cantón Pérez (Fig.3) (16).

A partir de esa fecha solo se graduaran tanto hombres como mujeres con este título  para ejercer la atención de enfermería dirigida a adultos, embarazadas y niños, sin hacer especificidad alguna para la atención a estos grupos especiales de la población. Comprendiendo posteriormente que para el cuidado de niños se necesitaba alguna preparación especial para la atención de Enfermería a este grupo poblacional:
Se Organiza la Especialidad de Higiene Infantil. El doctor Enrique Núñez organizó la especialidad de Higiene Infantil en 1914, cuya responsabilidad entregó a Martina Guevara y Molina (hasta 1921); ella también fue comisionada por la Secretaría de Sanidad y Beneficencia para que organizara dicho servicio en algunas ciudades del interior del país como Matanzas, Cárdenas, Cienfuegos y Santa Clara. En 1915, se organizó el consultorio central de Higiene Infantil; su jefa fue la señorita Zoila Borrero y como enfermeras Noemí Pons, Nieves Montes, Juana Flaque, Dolores González y la señora Antonia Prieto de Calvo.

En 1929, se encontraban al frente del departamento de Higiene Infantil en la Secretaría de Sanidad y Beneficencia, Lucía Olmedo, (Fig.4) que se había graduado en el Hospital “Nuestra Señora de las Mercedes” en 1918 y había realizado un curso posbásico en 1921 de Asistencia de Enfermería, junto a ella estaba Verena Juver que se había graduado en el primer grupo de alumnas de la escuela de enfermeras del Hospital “Número Uno” en 1903 (17). Verdaderamente la preparación especializada en materia de enfermería infantil solo se logra al triunfo revolucionario de 1959.

FOTO 004 (Fig. 3) Miss Mary O Donnell con las graduadas 1902

Comienzo de la Enfermería Pediátrica
En 1960 cuando comenzaron los Círculos Infantiles se analizó la situación de quienes iban a atender a estos niños y se organizó un curso que se llamaba “Orientadoras de Círculos infantiles” la coordinadora y profesora de esos cursos fue la enfermera especializada Alba Aviles Moreno (18). Al hacer un análisis general de lo importante que sería para el cuidado de los niños que se prepararan enfermeras con los conocimientos necesarios para brindar este cuidado con la calidad requerida, primero se formarían a las Auxiliares de Enfermería Pediátrica, luego estas podrían superarse a través de los Cursos de Complementación como enfermeras técnicas, en la especialidad de Pediatría.

Inicio de los cursos para auxiliares de enfermería
El 23 de agosto de 1961, el Ministerio de Salud Pública, por medio de la Dirección de Docencia y Perfeccionamiento, inició un curso para auxiliares de enfermería, del que se graduaron las primeras 466 alumnas el 27 de marzo de 1962. Por decreto ministerial # 4 del 13 de septiembre de 1961, se establecieron las normas para el funcionamiento del trabajo de las auxiliares de enfermería. Los primeros cursos de auxiliares eran de seis meses, posteriormente de nueve meses  y más tarde de un año. En estos cursos se impartían asignaturas teórico prácticas que les permitían a los alumnos adquirir conocimientos, habilidades y hábitos fundamentales para una vez graduados poder brindar atención a las necesidades básicas del paciente y estar bajo el control y supervisión de la enfermera graduada. Al primer curso asistieron alumnos de todo el país, tuvo un carácter nacional, pero los siguientes se impartieron en cada provincia y/ o municipio que tuviera algún hospital con los requerimientos necesarios para este tipo de enseñanza. Después se implementarían cursos de Auxiliares de Enfermería Pediátrica y Obstetricia (19).

FOTO 005 1929 Enfermeras condecoradas por la Cruz Roja Cubana

Cursos de Auxiliares de Enfermería Pediátrica y Enfermeras Pediátricas
Al hacer un análisis general de lo importante que sería para el cuidado de los niños que se prepararan Enfermeras con los conocimientos necesarios para brindar este cuidado con la calidad requerida, primero se formarían a las Auxiliares de Enfermería Pediátrica para que luego realizasen los Cursos de Complementación y más tarde quedarían como enfermeras técnicas, ambas en la especialidad de Pediatría y es así que en 1963 comienzan los cursos de Auxiliares de Enfermería Pediátrica impartiéndose primero en los Hospitales William Soler y Pedro Borras y Ángel Arturo Aballi posteriormente se abrirían aulas en los Hospitales Aneiro Subirat, Sagrado Corazón, Clínica Marfan, Hospital Pediátrico del Cerro y Hospital Carlos J Finlay (20).

Estos cursos tenían una duración de dos años, el título que se les expedía era exactamente igual que a las enfermeras graduadas de los cursos de tres años. Alrededor de 1978 la enfermería técnica con su plan de estudios de tres años se diversifica y se empiezan a formar en las especialidades de Adulto y Pediatría. Esto sería hasta 1983 en que nuevamente se vuelve a Enfermeras/os Generales.

Primer Curso Posbásico de Docencia después de 1959
En 1959 se impartió el primer curso posbásico de docencia de enfermería, del que se graduaron: Roselia Bonet Armas, Georgina Nardo, María T. Monzón, Margarita Paret, María L. Díaz, Argelia Díaz, Andrea Izaguirre, Camila Rodríguez, Julia Ferrera, Dora Rubal, Ildeliza Leza, Filomena García, María J. Pérez, Mercedes Rivero, Rosa Castillo Martínez, Natividad Rojas Vega, Hilda Águila Alarcón, Ángela García Pedrosa, Caridad García Alfonso, Eloísa Olivera, Dalia Pérez Alsina, e Hilda Sosa (21). De este grupo recordamos a Roselia Bonet Armas como profesora de Enfermería Pediátrica de la Escuela de Enfermeras Pelegrina Sarda.

Cursos Posbásicos y Otros
A partir de la década de 1970 comienzan los cursos Posbásicos en la especialidad de Neonatología aparejado a estos cursos comenzaran diseñarse los diplomados que se relacionaran con la especialidad de Enfermería Pediátrica, el primero fue alrededor de 1996 y fue en Neonatología, después sería uno en Puericultura y otro en Perinatología En el 2000 se diseño una Maestría de Amplio Acceso que será fundamentalmente para las enfermeras/os y médicos colaborantes en los distintos países que Cuba prestaba este tipo de ayuda, después esta Maestría sería también de acceso a los cubanos aquí en la patria (22). A finales de la década de 1980 se suspende la formación de enfermería a través de los cursos de auxiliares de enfermería en todas sus especialidades, así como los cursos de Complementación. Tenemos una Enfermera Pediátrica que ya realizó el doctorado en Ciencias de la Salud, la Licenciada Marisela Torres Esperon.

Consideraciones Finales
El lema del Ministerio de Salud al hacer referencia a los infantes es “Nada hay más importante que un Niño” y es con ese fin que la Enfermería Pediátrica trabaja.  Muestra de ello  lo tenemos en el esquema de vacunación que inmuniza a los Pequeños reyezuelos contra 14 enfermedades transmisibles,  sin contar con los Hospitales especializados done se atiende toda la grey infantil cubana
La enfermería Pediátrica es vanguardia en atención infantil en todos los niveles de salud bien Primario,  Secundario o Terciario, llevando las cifras de mortalidad infantil a los niveles mas bajo si tenemos en cuenta que Cuba esta dentro de los países del Tercer Mundo, aun así la atención a la salud de la población esta dentro de los niveles de países Desarrollados.

AUTORA: Licenciada Eduarda Ancheta Niebla

Eduarda Ancheta, a sus 78 años es una veterana enfermera que sigue ejerciendo su profesión y dedicada a la Historia de la Enfermería. Sigue realizando trabajos y dando espléndidas conferencias. Es un ejemplo a seguir. Ha sido nombrada Coordinadora de la nueva Red de Historia de la Enfermería Cubana. Profesor Auxiliar, Master en Enfermería. Miembro Titular de la SOCUENF. Miembro de la Sociedad Historia de la Medicina. Miembro de la Asociación Médica Caribeña. Miembro de la sección de historiadores de la SOCUENF. Miembro del Consejo Editor de la “Revista Temperamentum. Granada, España”. Miembro del Comité Científico Internacional de la “Revista Uruguaya de Enfermería”. Miembro del Comité Científico Internacional de la “Revista El ser enfermero” Buenos Aires Argentina. Profesora Principal de Historia de la Enfermería Universidad de Ciencias Médicas de la Habana. Profesora de Historia de la Enfermería Facultad “Enrique Cabrera”. Candidata a Dra. en Ciencias de enfermería. Universidad de Ciencias Medicas de La Habana. Facultad Dr. Enrique Cabrera Cosio.

FOTO 006 Enfermeras Escuela del Hospital Nuestra Señora de las Mercedes 1929

Referencias Bibliográficas
1.- Torre Rodríguez F. El Padre Olallo. Un Testigo de la Misericordia. Barcelona 1994: 85
2.- Ob cit en 1: 86
3.- Ob cit en 2: 89- 94
4.- Ancheta Niebla Eduarda. Historia de la Enfermería en Cuba. Editorial de Ciencias Médicas la Habana. 2006: 24
5.- Entrevista al Dr. Gregorio Delgado García. La habana 1999
6.- Roig de Leuchsering E. La Habana. Apuntes históricos. Editorial del Consejo Nacional de Cultura. 1964: 149
7.- Ob cit en 6: 150
8.- Cuellar Cartaya E. La educación pre- escolar en Cuba. Revista Conrado Benítez. ISSN1990-8644
9.- Dueñas Gómez E., Mesa Riquelme L. Momentos de la pediatría Cubana. II parte La república mediatizada, trabajo presentado en el 1er Congreso Nacional de Historia de la Medicina, Cienfuegos 1988
10.- Memoria del Primer Congreso Nacional de Mujeres organizado por la Federación Nacional de Asociaciones Femeninas. La Habana: Imprenta La Universal. 1924
11.- Ancheta Niebla Eduarda. Historia de la Enfermería en Cuba Editorial de Ciencias Médicas. La Habana .2006:109
12.- Entrevista a Luzdemia Ancheta Niebla. La Habana 1963
13.- Ob Cit en 11: 97
14.- Ob Cit en 6: 152
15.- Ob Cit en 6: 155
16.- Ob Cit en 11: 70
17.- Ob Cit en 11: 91
18.-Entrevista a Alba Aviles Moreno. La Habana. 1963
19.- Ob Cit en 11: 121
20.- Entrevista a Lic. Maria Verdaguer Varona. La Habana. 2011
21.- Ob Cit en 11: 117
22.- Zubizarreta Estévez M. Entrevista. La Habana 2011

Manuel Solórzano Sánchez
Enfermero. Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. Osakidetza /SVS
Colegiado 1.372. Ilustre Colegio de Enfermería de Gipuzkoa
Miembro de Enfermería Avanza
Miembro de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos
Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería
Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.
Miembro no numerario de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País. (RSBAP)

sábado, 9 de noviembre de 2013

LA ACADEMIA NACIONAL DE MEDICINA EN LA SEGUNDA REPÚBLICA



LA ACADEMIA EN SAN SEBASTIÁN

Resumen del Libro “LA ACADEMIA NACIONAL DE MEDICINA EN LA SEGUNDA REPÚBLICA (LA ACADEMIA EN SAN SEBASTIÁN)”

AUTOR: Luis Sánchez Granjel

FOTO 001 Portada del libro. Fotografía del Dr. Luis Sánchez Granjel

HOMENAJE AL PROFESOR DOCTOR LUIS SÁNCHEZ GRANJEL

Homenaje de los Colegios Oficiales de Médicos de Gipuzkoa, Salamanca y Valladolid, al Profesor Doctor Don Luis Sánchez Granjel, en su 93 cumpleaños y 65 años de Docencia e Investigación en Historia de la Medicina 1948 – 2013.

Homenaje de formato sencillo, respetuoso y familiar, teniendo en cuenta la edad y la situación física de Don Luis, envidiable, por otra parte, en su viveza y facultad mental.

Este homenaje nace de la iniciativa de los Presidentes de los Colegios de Médicos de Salamanca, Valladolid y Gipuzkoa, recordando a don Luis como “Maestro de tantas generaciones de médicos” que han disfrutado de su magisterio y sus especiales vinculaciones con Valladolid, que continuó su escuela con la figura del Profesor Riera y la especial relación con D. Ernesto Sánchez Villares; Salamanca donde continúan sus discípulos en la Cátedra que fundó en 1955, Profesor Antonio Carreras, a la cabeza; y Gipuzkoa con su discípulo José María Urkia y las relaciones estrechas de paisanaje, su condición de vasco, y su predilección por la capital donostiarra. En Cádiz siguen su senda, los discípulos de don Antonio Orozco, de inolvidable recuerdo y granjeliano hasta la médula, los profesores Francisco Herrera y Juan Cabrera. En Madrid, y vinculado a la Academia Nacional de Medicina, el Profesor D. Diego Gracia.

Presentación de su último libro: “LA ACADEMIA NACIONAL DE MEDICINA EN LA SEGUNDA REPÚBLICA (LA ACADEMIA EN SAN SEBASTIÁN)”. Se realizó dicha presentación el sábado día 7 de septiembre de 2013 a las 12 del mediodía, en la Sede del Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Salamanca.

FOTO 002 Carlos María Cortezo. Tomo 69 El Siglo Médico, Ávila 1927

El libro consta de 90 páginas, estructurado de la siguiente forma: El año 1930. La Academia Republicana. La sucesión de Cajal. Madrid. El Instituto de España. San Sebastián. Años de postguerra. Fuentes y Bibliografía. Finalizando el libro con: Medikuntzako Akademia Nazionala, Donostian, 1937 – 1939. In Memoriam: Juan Antonio Garmendia. Del profesor José María Urkia.

RESUMEN: Al igual que venía ocurriendo en otros focos culturales y científicos de nuestro país, a mediados del siglo XVIII va a surgir en Madrid una tertulia de médicos, cirujanos y farmacéuticos, reunidos periódicamente en la rebotica de la Oficina de Farmacia de D. José Ortega, en la calle de la Montera nº 19, donde, en las últimas horas de la tarde, conversaban informalmente acerca del adelantamiento y cultivo de las facultades médica, quirúrgica y farmacéutica. Una aventura que trasluce el afán de renovar la medicina madrileña y a la que pronto, el 12 de julio de 1733, se quiere dar carácter oficial con la denominación de Tertulia Literaria Médica Matritense.

Este modesto origen es solo el núcleo de un mayor impulso que, un año más tarde, el 12 de agosto de 1734, da lugar, por modificación de sus primeros Estatutos, a su conversión en Academia Médica Matritense, aprobada por Real Decreto de Felipe V un mes después: la nueva institución se va a caracterizar, de una parte, por el apoyo real, que desde entonces no va a faltarle y que le permitirá utilizar el calificativo de Regia; de otra, por la ampliación del número de sus socios, de tal modo que sus actividades se amplían dentro de los campos de la historia natural, la química, la física y la botánica. Buen ejemplo del interés borbónico por dirigir desde el Trono la vida académica es el nombramiento de Director de la Academia en la persona del Dr. José Cervi, en la época el más eminente médico al servicio de la Corona (1).

FOTO 003 Gaceta médica. Sebastián Recasens

Hubo dos épocas en su pasado por las consecuencias que provocó en la vida académica la guerra contra la invasión napoleónica y el régimen político fernandino concluido el conflicto bélico y que condujo a una primera disolución de la Academia en 1824; su restauración cuatro años más tarde daría vida a una Institución bien diferente de la que clausuró Fernando VII.

Suceso similar en sus consecuencias tuvo la proclamación de la segunda República en 1931, etapa que encontró su término en la guerra civil iniciada en julio de 1936 y que ocasionó una nueva disolución de la Academia por decreto de la República de 1936 y a su restauración por el gobierno de Burgos en diciembre del siguiente año.

Concluida la guerra y recuperada para la Academia su sede oficial en Madrid, la Institución vive las consecuencias derivadas del conflicto bélico, que pueden considerarse inicialmente superadas con la aprobación de los Estatutos de 1954.

El Año 1930
La fecha de 1930 supuso el término de un ciclo político protagonizado por los herederos de Cánovas y Sagasta y que fueron alejados del poder por la dictadura impuesta en 1923 con asentimiento de Alfonso XIII. El ideario político que impuso Primo de Rivera encontró en la comunidad académica adhesiones y rechazos. El grupo académico que aceptaron el régimen dictatorial lo encabezaban dos médicos políticos de la Monarquía, Carlos María Cortezo y Amalio Gimeno Cabañas. Cortezo gobernó la vida de la Academia desde 1914 a 1928. Al cesar Cortezo, la Institución le otorgó el título de Académico de Honor y la Corona el Toisón de Oro. Amalio Gimeno ocupó distintas carteras ministeriales y de Alfonso XIII recibió título de nobleza.

En el grupo de detractores estaban Gustavo Pittaluga Fattorini, diputado en las Cortes disueltas por la dictadura. La orden de destierro con la que se castigaba a Miguel de Unamuno, suscitó críticas de Gregorio Marañón, Eduardo García del Real.

FOTO 004 Amalio Gimeno. Catálogo Academia Nacional de Medicina

La participación personal de Gregorio Marañón en el cambio político al comienzo de los años treinta, cobró plena realidad al crearse la “Agrupación de Intelectuales al servicio de la República”, que anticipó el artículo de Ortega y Gasset “Delenda est Monarchia” publicado en el diario El Sol. Presidiendo la Agrupación Ortega, Marañón y el novelista Pérez de Ayala, su primer acto público lo organiza en Segovia en febrero de 1931 el poeta Antonio Machado. La labor pública de Marañón sería reconocida al otorgarle el nuevo Régimen en 1933 la Gran Cruz de la Orden de la República.

La Academia Republicana
La Institución perdía su tradicional vinculación a la Corona, no sometida a la mudanza política. La reacción inicial fue de desconfianza y quedó reflejada en una suspensión de sus sesiones científicas, que prolonga el descanso veraniego. El retorno a la normalidad fue requerida por la Presidencia el 24 de octubre al recordar a los académicos “la conveniencia de reanudar las sesiones clínicas”.

Su actividad funcionó normalmente hasta su disolución en septiembre de 1936 por Decreto del Ministerio de Instrucción Pública.

El recuerdo al más grave suceso provocado por la parcelación ideológica de los académicos durante los años treinta, nos conduce al otoño de 1934, cuando la Institución cumple el trámite de elegir a quien debía ocupar el sillón académico vacante por la muerte de Cajal. La importancia de lo que entonces sucedió justifica su examen individualizado.

FOTO 005 Portada del libro de Enrique Suñer y su fotografía

San Sebastián
La Academia se establece en la ciudad de San Sebastián ocupando local cedido en el Museo de San Telmo. Su elemental organización administrativa, que dirige Santiago Carro, cuenta con la ayuda de Francisco Javier Cortezo y Collantes, quien ya era en Madrid oficial de la Secretaría. Las obligaciones de Leonardo de la Peña, que dirige el Hospital Militar de Medina del Campo, hizo imposible cumplir el cometido de Tesorero, siendo designado para este cargo Ramón de Luis Yagüe, académico de número que había establecido su residencia en San Sebastián.

El cometido propio de la Academia fue cumplido de modo irregular, como lo confirman las actas que se conservan, y lo explica la dispersión de los académicos. Se mantuvieron vigentes los Estatutos y el Reglamento de 1933. La Junta de Gobierno fue convocada en cuatro ocasiones; más frecuentes fueron las reuniones de la “Mesa”. Las actas recuperadas informan de las actuaciones que llegaron a celebrarse. A la inauguración del año académico de 1939 se le otorgó especial solemnidad por incluir un homenaje a los académicos fallecidos desde 1936.
 
FOTO 006 Visita del Dr. Gonzalo Rodríguez Lafora al Seminario de Historia de la Medicina del Profesor Luis Sánchez Granjel, Salamanca 16/06/1963

La ausencia de actividad de la Academia, se buscó paliarla con la organización de un curso de “Expansión cultural” durante los meses de enero y febrero de 1938; participaron los académicos García Tapia y Vicente Gimeno, los profesionales vascos Benigno Oreja, Miguel Vidaur y Victoriano Juaristi y los doctores que la guerra había llevado a San Sebastián Vicente Carulla y Ramón San Vicente. La conferencia inaugural la pronunció el cirujano norteamericano Enstmann Sheehan, del que hizo presentación Santiago Carro destacando su labor en los hospitales de guerra. La Academia autorizó al doctor Blanco Soler, también refugiado en la capital guipuzcoana, dictar un curso de Endocrinología. Para la organización de aquella actividad el Ministerio ofreció a la Academia un apoyo económico de 6.589 pesetas.

En el mes de mayo de 1939 vuelve la Academia a su sede de Madrid.

FOTOS
Escaneadas del libro: La Academia Nacional de Medicina en la Segunda República. (La Academia en San Sebastián).

AGRADECIMIENTOS
José María Urkia Etxabe
Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Gipuzkoa
Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Salamanca
Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Valladolid

BIBLIOGRAFÍA
1.- Real Academia Nacional de Medicina: http://www.ranm.es/historia.html
2.- La Academia Nacional de Medicina en la Segunda República. (La Academia en San Sebastián).
Edita: FUNDAZIOA. Colegio Oficial de Médicos de Gipuzkoa.
ISNB. 978-84-695-7357-O. Depósito Legal: SS-557-2013


Manuel Solórzano Sánchez
Enfermero. Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. Osakidetza /SVS
Colegiado 1.372. Ilustre Colegio de Enfermería de Gipuzkoa
Miembro de Enfermería Avanza
Miembro de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos
Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería
Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.
Miembro no numerario de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País. (RSBAP)

viernes, 1 de noviembre de 2013

CARIDAD EN EL ARTE



Dedicatoria de este trabajo:

A todas las enfermeras y enfermeros del mundo, que con su magnífica profesión, siguen realizando los “Cuidados de Enfermería”, en todos los lugares.

En la Universidad, en los hospitales, clínicas, dispensarios, cárceles, ambulatorios y centros de salud. En los hogares de niños y ancianos. En los psiquiátricos y centros de salud mental.

Con buenos trabajos y otros no tan buenos. En los países ricos y en los países pobres, en las ONG y en las misiones. En tiempos de paz y en tiempos de guerra. En los países con hambruna.

Destacar aquellas enfermeras que defienden su profesión, cuando no son respetadas ni como mujeres, ni como enfermeras; donde el trabajar en un hospital árabe les puede suponer vejaciones y abandonos por no entender este trabajo sus maridos. A todas aquellas enfermeras que tienen que abandonar su profesión cuando se casan como es el caso de Japón.

A las que nuestra profesión enfermera les puede costar su propia vida, como es en las guerras, en las trincheras, en primera línea de tiro, en las exposiciones químicas y físicas, en las grandes epidemias.

A las que cuentan con todo lo necesario para realizar su trabajo y a todas aquellas que tienen que dar incluso su propia comida, por que no tienen ningún recurso.

A las que cuidan pacientes de alto riesgo como son el VIH, la lepra, y otras enfermedades infecto - contagiosas.

Para todas ellas y ellos, les quiero dedicar esta frase que ya la empleó anteriormente Florence Nightingale:La Enfermería es una de las bellas Artes, casi diría la más bella de todas las bellas Artes”.
Un abrazo
Manuel Solórzano Sánchez
Enfermero de San Sebastián
1 de Noviembre de 2013


MONJA Y ENFERMA

En: Jordi Vigué y Melisa Ricketts en La Medicina en la pintura. El arte médico. Ars Medica. Barcelona 2008. Página 195.

FOTO 001 Antoni Casanova (1847 – 1896). Cuadro realizado en 1893. Óleo sobre tabla de 12 x 21 cm. Colección Privada.

Nacido en Tortosa (Tarragona) en 1847, Antoni Casanova i Estorach se formó como pintor en la Escola de Llotja de Barcelona, y en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, donde aprendió a realizar grandes composiciones históricas al gusto de la época. Por sus méritos en este género, la Diputación de Barcelona le otorgó una pensión para completar sus estudios en Roma, donde quedó impresionado por los grandes maestros, pero también por las obras de temas anecdóticos de Marià Fortuny (1838 – 1874), otro pintor catalán afincado en la ciudad.

En 1875, se trasladaría a Paris, donde, al ritmo de medallas y reconocimientos, permanecería hasta el fin de sus días.

Esta obra es muy diferente de las grandes pinturas históricas que hicieron famoso a Casanova, no sólo por su pequeño tamaño, sino también por el carácter anecdótico e íntimo del tema tratado.

La escena parece transcurrir en un hospital atendido por religiosas, y se concentra en la atención de una monja a una enferma postrada en la cama. La monja es una mujer joven que viste un delantal blanco sobre el hábito y sostiene en sus manos una taza de caldo o bien una infusión de hierbas, remedios ambos provenientes de la tradición monástica que tienen como fin reconfortar el ánimo y devolver las fuerzas perdidas tras, por ejemplo, un ataque de fiebre.

La enferma parece agotada. Vestida con camisón blanco que le cubre castamente hasta el cuello, apenas puede levantar la cabeza, que permanece apoyada sobre dos mullidos almohadones.

Sin embargo, es capaz de dirigir una mirada y una sonrisa de agradecimiento hacia la persona que la atiende. Con ello, el pintor deseó expresar que, además del tratamiento curativo, es la ayuda espiritual la que verdaderamente reconforta al enfermo durante las etapas de dolor y sufrimiento. En España, a falta de reglamentar sobre la profesión de enfermera (se reglamenta en 1915), como ya había ocurrido en otros países, eran las monjas las que comúnmente se encargaban de esta tarea, significando para los enfermos verdaderos ángeles de la guarda, ya que su ayuda, además de generosa, era desinteresada.

La habitación parece acusar el paso del tiempo y, se adivina, de recursos, si bien la luz entra en ella ampliamente, eliminando cualquier aspecto sórdido. En una de las paredes, junto a la puerta, hay una cartela en la que se leen, seguramente, algunas frases de ánimo para los enfermos.

CIENCIA Y CARIDAD

En vísperas de 1898, un año trágico para la historia de España, pues se certificaba la definitiva pérdida de los territorios americanos y asiáticos tras una dura guerra contra los Estados Unidos, un joven pintor malagueño conseguía una mención en la Exposición Nacional de Bellas Artes con el lienzo “Ciencia y Caridad. Ese estudiante, que ya creaba como un maestro, se llamaba Pablo Ruiz Picasso (1881-1973), y era el hijo mayor de José Ruiz Blasco, profesor de dibujo en Málaga, que le había iniciado en tierras gallegas en la pintura a la temprana edad de diez años. En 1895, el adolescente Pablo fue admitido en los cursos superiores de pintura al natural en la Escuela de Bellas Artes de la Lonja de Barcelona. Con el tiempo llegaría a ser uno de los grandes pintores españoles del siglo XX (1).

La figura de la Caridad humaniza a la Ciencia, y ésta debe situarse al lado de aquella: idea que parece desprenderse de la visión del cuadro. El siglo XIX fue la centuria de la Medicina, la época de mayor desarrollo de esta ciencia en toda su historia moderna, que puso las bases de su extraordinaria difusión y progreso en el siglo XX.

El médico representó mejor que ningún otro la figura del científico, a ojos de la mayor parte de la sociedad, al estar en contacto con todas las capas sociales. Si bien importante y definitivo para la revolución industrial, el trabajo de los físicos, químicos e ingenieros parecía demasiado lejano para las clases medias y populares, frente a la cotidianeidad del médico, del “doctor. Y es precisamente ese médico de cabecera –la cabecera de la cama- el que aparece en este cuadro, junto a la monja (1).

Numerosas órdenes religiosas femeninas, de acuerdo con su idea de asistencia y dedicación a la sociedad, se especializaron en el trabajo en hospitales y dispensarios. La simpática figura de la monjita en los pasillos y galerías hospitalarias relajaba el carácter sumamente científico y serio de los médicos, y a ambos unían –o debía unir- un sincero humanitarismo y caridad.

FOTO 002 Sello de correos de Picasso. Boceto. Cuadro del revés. La visita de la madre

Hoy en día, el término de caridad resulta estar muy mal entendido, y se prefiere el de “justicia social” aunque, en el fondo, coincidan en algunos aspectos, aunque en otros le supera: la caridad debe ser solidaridad, entrega generosa, desinteresada y total hacia los demás, hacia todos los hombres, ayudándoles directamente, yendo más allá de los justos límites.

Por eso pienso que el título de esta obra no debe cambiar, no puede “actualizarse”, pues su mensaje continua siendo fundamental para que la Ciencia nunca abandone su misión como actividad siempre en beneficio y entrega sincera, total y generosa a la mejora de la Humanidad (1).

En: Jordi Vigué y Melisa Ricketts en La Medicina en la pintura. El arte médico. Ars Medica. Barcelona 2008. Página 199.

Se trata de un ambicioso óleo que Picasso realizó durante su juventud y que fue presentado en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid, donde obtuvo una mención honorífica. El tema y la composición, de corte académico, fueron ideados por su padre, el pintor José Ruiz Blasco, con el objetivo de conseguir un premio en dicha muestra. Picasso lo ejecutó en el taller que éste le había alquilado en el número 4 de la barcelonesa calle de la Plata.

Muestra a un médico y a una monja con un niño que atienden a una enferma postrada en cama, seguramente la madre del bebé. El médico encarna la “Ciencia” y la monja, un personaje habitual en los hospitales, la “Caridad”. El médico le está tomando el pulso, mientras la monja le ofrece un tazón de caldo o alguna infusión. Picasso parece explicar, a tono con la moral de la época, que la unión de ambas es necesaria para la recuperación del enfermo, que necesita tanto de la ayuda científica como de la espiritual.

FOTO 003 Pablo Picasso (1881 – 1973). Obra realizada en 1897. Óleo sobre tela de 197 x 249,5 cm. Museo Picasso de Barcelona.

A finales del siglo XIX, la Medicina experimentó un gran desarrollo, siendo el médico su máximo representante sobre cualquier otro científico –biólogos, químicos, físicos-, ya que constituía una figura cotidiana y conocida por todas las capas sociales, que tarde o temprano, reclamarían sus servicios.

Sin embargo, en la mayoría de los hospitales, aún eran las monjas las que asistían a los enfermos, movidas por la idea de servicio y asistencia desinteresada a los desvalidos. Su presencia resultaba reconfortante en una sociedad en la que la religión condicionaba su moral y sus valores.

Esta obra se encuentra dentro de las corrientes tradicionales de moda en la época, que buscaban la enseñanza moral y humanista. Técnicamente, se advierten ecos del Realismo por la modestia de la alcoba y del Impresionismo por la atención a los efectos luminosos, así como de algunos resabios academicistas que recaen en la estructura rígida de la composición y en el uso de una paleta de colores ocres con toques de malva, blanco y lila.

Cabe señalar quiénes fueron los modelos de la obra. El médico era el padre del artista, mientras que la monja era una mendiga que pedía limosna en la calle contigua al estudio. Picasso le prometió diez pesetas por sesión, además de golosinas para el niño. El vestuario de la monja fue cedido por sor Josefa González, monja paulina que estaba agradecida de las atenciones recibidas por Salvador, el tío de Picasso, que era médico y que acogió de buen grado esta pintura.

AGRADECIMIENTO
Jordi Vigué. Estudió medicina en la Universidad de Barcelona. Historiador del Arte por La Sorbona. Paris.
Melisa Ricketts. Licenciada en historia del Arte por la Universidad de Zaragoza. España.
El rincón de la ciencia. Antonio del Moral

BIBLIOGRAFÍA
La Medicina en la pintura. El arte médico. Jordi Vigué y Melisa Ricketts. Ars Medica. Depósito Legal: M.40.757-2007. Páginas 195 y 199.

1.- El rincón de la ciencia. Antonio del Moral.

Manuel Solórzano Sánchez
Enfermero. Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. Osakidetza /SVS
Colegiado 1.372. Ilustre Colegio de Enfermería de Gipuzkoa
Miembro de Enfermería Avanza
Miembro Comité de Redacción de la Revista Ética de los Cuidados
Miembro de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos
Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería
Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.
Miembro no numerario de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País. (RSBAP)