martes, 26 de enero de 2010

MÁS DE 100 AÑOS DE NEUMOLOGÍA

El Dr. Jesús Sauret, neumólogo de profesión e historiador de vocación, como lo demuestra en sus colaboraciones habituales en la revista “Archivos de Bronconeumología” o en sus varios libros dedicados a la historia de las enfermedades respiratorias, ha escrito este libro “Cien años de Neumología. 1900 – 2000”, ameno y de muy fácil lectura, en el que nos va indicando el desarrollo del conocimiento de las enfermedades respiratorias del último siglo. La historia de la patología respiratoria es mucho más que el paso de la tisiología a la neumología actual. Incluso en los comienzos de la especialización, con el principio de siglo, se desarrollaron de forma importante los estudios funcionales con la espirometría, el estudio del consumo de oxígeno al ejercicio, o los tratamientos con las técnicas de inhalación o la rehabilitación respiratoria denominada entonces iatrogimnasia.
Por supuesto, la tuberculosis seguía siendo la enfermedad fundamental y el descubrimiento de los rayos X supuso un paso fundamental en el estudio de la enfermedad. Curiosamente, el siglo acaba como empezó, avances espectaculares en las técnicas de imagen y nuevos problemas con la tuberculosis pulmonar, aunque el conocimiento adquirido durante este siglo debe ayudar a resolver estos problemas antiguos que han renacido, así nos lo comentaba Víctor Sobradillo Peña, Presidente de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR).

Hace poco más de cien años, Otto von Leixner, en un interesante libro titulado Nuestro siglo, opinaba así: “Los descubrimientos hechos son tantos que es completamente imposible enumerarlos. En este período adelantaron todas las ramas de las ciencias naturales, y muchas de las conquistas más grandes de la ciencia moderna tienen su origen en los trabajos del fecundo período que va desde 1760 hasta 1820”.

La Medicina no ha ido a la zaga del resto de las ciencias, y la multiplicidad de logros conseguidos así lo atestigua. Uno de los más característicos del siglo XX, consecuencia directa de la complejidad de las técnicas y de la avalancha de conocimientos, ha sido el de la especialización; pero la Neumología, a diferencia de otras especialidades médicas o quirúrgicas que nacieron y evolucionaron sin experimentar cambios en su denominación y objetivos esenciales, tuvo que pasar por una fase previa: la Tisiología, circunstancia que le confiere una singular perspectiva histórica.

Los grandes doctores se dieron cuenta de que el Hombre no podía ser Universal, capaz de abarcar todas las ramas del conocimiento y de que no quedaba otro remedio que establecer fronteras, fue el comienzo de poner los cimientos de la especialización médica.
Los factores que de forma más directa influyeron en este fenómeno fueron: la avalancha de información, consecuencia del método fisiopatológico y del auge de los laboratorios; el descubrimiento de las bacterias causantes de las enfermedades infecciosas, y los avances tecnológicos que hicieron posible el poder disponer de instrumentos, provistos de sistemas ópticos, para explorar algunas cavidades internas y visualizar in vivo sus lesiones como el otoscopio, laringoscopio y litoscopio, por ejemplo.

A pesar de tales hechos, las únicas especialidades médicas más o menos reconocidas por aquella época eran la Dermatología, la Neurología y la Tisiología.

Por lo que respecta a las enfermedades pulmonares, el método de la percusión y auscultación torácica combinada, iniciado por Laennec, Covisart y Skoda, supuso un avance clínico muy importante y en pocos años se publicaron numerosos tratados sobre estas nuevas técnicas. Al primitivo esteatoscopio de Laennec, fabricado con tres pliegos de papel batidos y arrollados en forma de cilindro, pegados con cola y alisados con lima por sus dos extremidades, se le practicaron sucesivas modificaciones destinadas a mejorar la calidad acústica, cambiándolo por un estrecho tubo de madera o cobre con una extremidad inferior en forma de trompeta que se ponía sobre el tórax y una extremidad superior ancha y plana, de madera o de marfil, a la que se aplicaba el oído, hasta llegar finalmente a los de material flexible, más prácticos y manejables y sin los ruidos extraños producidos por la conducción del sonido a través del tubo rígido.

Los descubrimientos de Laennec
La historia de la invención de la "auscultación mediata" (por medio de un instrumento) por Laennec se parece a una fábula. Una mañana de septiembre de 1816, Laennec sale del hospital Necker y va caminando a visitar a una chica enferma del corazón. Como atraviesa el patio del Louvre, se queda observando a dos niños que están jugando: uno de los dos raspa con un alfiler la extremidad de una viga y el otro con la oreja contra la otra extremidad está escuchando y percibe el ruido reforzado. Para Laennec es la “Iluminación”. Al llegar a la casa de su paciente, Laennec enrolla un cuaderno de papel y lo utiliza para escuchar el ruido del corazón de la joven. Laennec acaba de descubrir el principio de la auscultación mediata.
En aquel entonces, el diagnóstico se establecía únicamente por un interrogatorio: el médico tomaba el pulso pero no lo contaba, se contenta con describirlo. Por eso, no había ningún dato objetivo sobre la enfermedad. Después de este descubrimiento, Laennec vuelve al hospital Necker y moviliza a sus estudiantes. Estos fabrican en serie cilindros de papel y luego de diversas maderas labradas a torno, y los llaman estetoscopio (del griego “veo en el pecho”). Con su maravilloso oído de músico, el maestro se pone a escuchar el pecho de los mil enfermos que hay cada año en sus cuatro salas de hospital. Toma notas, compara, sintetiza, y luego verifica atentamente durante las autopsias sistemáticas de los cuatro ciento enfermos que mueren cada año.
Así, el estetoscopio le permite describir los signos clínicos de enfermedades pulmonares. Se dedica a reconocer todos los ruidos normales y anormales de la respiración y de la transmisión de las voces en las diferentes enfermedades respiratorias y cardiacas. Ayudándose de la pectoriloquia (ruidos que revelan la existencia de cavidades pulmonares), relaciona estos signos con los caracteres clínicos de la enfermedad y gracias a la autopsia, los relaciona con las lesiones de los tejidos.
En aquella época, el conocimiento de las afecciones pulmonares es muy reducido. Se reagrupan muchas enfermedades bajo el nombre genérico de tisis. En un océano de ignorancia, el método de investigación se reduce a un reconocimiento del dolor y de los trastornos funcionales, el análisis de la respiración y de la expectoración. La tisis es, a la vez, tuberculosis y bronquitis, gangrena del pulmón y edema, enfisema y apoplejía. Se confunden pleuresía y pulmonía cuyos síntomas (fiebre, tos) se parecen. La congestión pulmonar no se conoce. En cuanto a los métodos, la palpación y la percusión solo dan muy pocos resultados. En lo que toca a las enfermedades del corazón, los conocimientos son aún más fragmentarios. No se cura, se observa a los enfermos y esperan su muerte.

Después, en 1819, a costa de una labor espantosa, Laennec escribe las 928 páginas de una obra que va a revolucionar el mundo de la medicina. Así, ha abierto el camino a la nueva medicina, y sus trabajos, enriquecidos desde entonces, nunca han sido discutidos.

La auscultación llegó a extremos de verdadero virtuosismo en un intento de diagnosticar precozmente las lesiones iniciales de la tuberculosis en los vértices pulmonares. Sucedía que la tuberculosis o sea la tisis pulmonar, destacaba como la enfermedad infecciosa con mayor mortalidad en Europa (7-8 de cada 100 defunciones), tenía una incidencia elevadísima y el tratamiento era decepcionante. En España, la mortalidad por tuberculosis se cifró en 500-600/100.000 habitante, llegando en el quinquenio 1901 a 1905 a la tasa astronómica de 962/100.000.

En determinados colectivos, por ejemplo el ejército, el hacinamiento en los cuarteles agravaba aún más si cabe el problema de la tuberculosis. Sin embargo, el misterioso origen de la enfermedad había sido desvelado en 1882 por Robert Koch, que consiguió por primera vez observar al microscopio y mantener vivos en cultivos adecuados, unos minúsculos microorganismos alargados como bastoncitos presentes en todas las lesiones tuberculosas, demostrando, además, sin ningún género de dudas, su especificidad etiopatogénica.
Quedando probada la etiología infecciosa de la tuberculosis, el paso siguiente era encontrar un fármaco para curarla, esa fue la hipótesis de Paul Ehrlich, en la búsqueda de su famosa “bala mágica”, es decir, el medicamento milagroso destructor de gérmenes sin lesionar las células del huésped; idea que le conduciría al descubrimiento del “salvarsán” para el tratamiento de la sífilis.

En 1854, el médico alemán Hermann Brehmer fundó en Göbersdorf (Silesia) el primer sanatorio destinado exclusivamente al tratamiento de los enfermos tuberculosos. La idea consistía en favorecer la curación mediante estancias prolongadas, por el efecto saludable del clima y del aire puro de las montañas. En pocos años los sanatorios proliferaron por toda Europa: Falkenstein (Alemania), Verter (Francia), Leysin y Davos (Suiza), etc. En España, antes de acabar el siglo XIX, funcionaban las colonias marinas de San Vicente de la Barquera y el sanatorio de Santa Clara en Chipiona. Aunque los principios en que se basaba la cura sanatorial eran muy simples, reposo psicofísico absoluto y sobrealimentación, el médico del sanatorio se convirtió en cierta manera en un especialista en enfermedades torácicas.
El Primer sanatorio destinado exclusivamente al tratamiento de los enfermos tuberculosos lo crea en 1854 el médico alemán Hermann Brehmer en Göbersdorf (Silesia hoy en día Polonia, perteneció a Alemania).
Mientras tanto, los sanatorios antituberculosos iban adquiriendo cada vez más relevancia, y algunos de ellos se convirtieron en grandes centros médicos – quirúrgicos dotados con todos los adelantos conocidos para tratar las enfermedades torácicas. No es casual el hecho de que en 1911 Spengler, director de un sanatorio en Davos, Suiza, publicara, junto con Brauer, los resultados de 102 casos tratados con neumotórax.

Al principio, siguiendo la idea de Forlanini de conseguir el máximo reposo posible del pulmón del enfermo, se practicaba el denominado neumotórax hipertensivo inyectando grandes cantidades de aire o de nitrógeno, pero en 1912 Ascoli demostró que no era necesario el colapso total para obtener el efecto deseado, dando así inicio al período de los neumotórax hipotensivos, e incluso en algunas ocasiones se realizaban neumotórax bilaterales simultáneos.

Poco tiempo después aparecieron en escena otras técnicas médico – quirúrgicas con las que se procuraba conseguir efectos similares a los del neumotórax. El neumotórax terapéutico contribuyó, además de otra manera al desarrollo de la Neumología.
El gran impulsor del broncoscopio fue el laringólogo norteamericano Chevalier Jackson. En 1890 inventó un esofagoscopio para extraer cuerpos extraños y pocos años después, gracias a su amplia experiencia en traqueostomías y manejo de estenosis traqueales postdiftéricas, comenzó a trabajar con broncoscopios no sólo con esta indicación, sino también para el diagnóstico y tratamiento de otras enfermedades como por ejemplo, el adenoma bronquial y las atelectasias postoperatorias. En 1917 fue uno de los fundadores de la American Bronchoscopic Society, y en 1919 obtuvo el reconocimiento a su labor con una cátedra de Broncoscopio y Esofagoscopia en la Universidad de Pensilvania.

Mientras tanto, la lucha contra la tuberculosis adquiría dimensiones de verdadera cruzada mundial. La creación de asociaciones y campañas nacionales, con amplio soporte político, económico y social, en Inglaterra (1898), Francia (1901) y Estados Unidos (1904), contribuyó también en gran manera al desarrollo y popularización de la Tisiología.

En el aspecto preventivo de la tuberculosis urbana destacaba el avanzado programa del Departamento de Higiene de la ciudad de Nueva York, iniciado en 1900, que consistía en la declaración obligatoria de todos los casos, organización de salas, pabellones y hospitales antituberculosos, y construcción de laboratorios municipales donde se practicaba gratuitamente el examen de esputo a los presuntos enfermos.
En las primeras décadas del siglo XIX se va a producir como ya hemos mencionado antes un curioso fenómeno sin precedentes en la historia. La tisis, la enfermedad maldita, azote despiadado de todos los pueblos europeos sin distinción de edades, sexo, ni clase social, contra la cual no hay remedio seguro, el mal que, en definitiva, podríamos considerar como el cáncer de la época, se transforma en una enfermedad “de moda” de la mano de escritores y artistas, que la convierten en terrible compañera de sus héroes y heroínas, por la que acabarán sucumbiendo trágicamente, pero sin la cual muchas de sus acciones carecerían de sentido.

La exaltación alcanzará tal grado que, incluso, se llega a considerar a la “sensibilidad tísica” como el motor y fuente de inspiración fundamental de algunos genios del Arte, la Música y la Literatura, segados en la flor de la vida por la guadaña cruel de la tuberculosis.

Los motivos de este cambio de actitud hay que buscarlos en una vigorosa corriente intelectual y filosófica, denominada Romanticismo, que se extiende rápidamente por toda Europa. Recuerdos del pasado, deseo en vez de placer, porvenir incierto, etc. He aquí los ingredientes fundamentales para la melancolía y la depresión, que serían, en cierta manera, los rasgos psicológicos típicos del Romanticismo, determinantes no sólo de su forma de ser y de pensar sino, incluso, del hábito externo: aspecto enfermizo, palidez anémica, laxitud, llanto fácil, desesperación ante las contrariedades, tristeza y obsesión por la muerte, que desemboca a menudo en el suicidio justificado por ideales incomprendidos o por amores imposibles.
Como ya hemos comentado antes, los estragos causados por la tuberculosis en las grandes aglomeraciones urbanas europeas hacían necesaria una atención preferente por esta enfermedad, no sólo por parte de los médicos sino también por los gobiernos de los países afectados. Empiezan a construirse los Sanatorios Antituberculosos para realizar allí las curas sanatoriales.

Una de las más fervientes defensoras de la eficacia de la cura al aire libre y de la sobrealimentación fue Florence Nightingale (1820 – 1910), conocida como “La Dama de la Lámpara” en recuerdo de su heroica y abnegada labor como enfermera en la guerra de Crimea, donde bajo el tenue resplandor de una linterna auxiliaba por las noches a los cientos y cientos de heridos hacinados en los hospitales de campaña.

Florence Nightingale es la impulsora de la moderna enfermería hospitalaria, se curó a sí misma una tuberculosis pulmonar mediante las reglas higiénicas y trató durante toda su vida de difundir este método.

Muchos médicos eran partidarios de que el tuberculoso se tratase en su región lo más cerca posible de su casa, sin necesidad de grandes desplazamientos y además otorgaban mucha importancia a la cura de reposo al aire libre bajo la acción benéfica de los rayos solares, para lo cual los sanatorios disponían de extensas terrazas abiertas, protegidas de la lluvia y de la nieve, donde los enfermos pasaban la mayor parte de su tiempo.

Las tres reglas fundamentales en las que se basaba la cura sanatorial eran: el reposo físico y psíquico, la exposición al aire puro de las montañas y la sobrealimentación. A este último aspecto se le concedía una gran importancia, llegándose incluso a administrar dietas monstruosas del orden de 6.000 calorías/día, complementadas con generosas dosis de alcohol, sobre todo coñac, que se consideraba muy beneficioso para el tratamiento.
Normalmente en casi todos los sanatorios funcionaban igual, vamos a poner el ejemplo del Sanatorio de Falkenstein: Se levantaban a las 7,30 horas, media hora para su aseo personal. A las 8 el primer desayuno que constaba de: café o té con leche, pan con mantequilla, más dos tazas de leche, descanso y reposo con cura de aire en la galería - solarium, a las 10,30 segundo desayuno que consistía en pan con mantequilla, huevos frescos, una taza de leche, seguían con una segunda sesión en la galería de reposo hasta la hora de comer sobre la una de la tarde.

En la comida había potaje, entremeses, asado de carne, pescado blanco, legumbres, queso y frutas. Agua y vino como bebidas. De las 14 horas hasta las 16 hacían cura de reposo, era la más importante y estaba prohibido hablar. Después la merienda que consistía en pan con mantequilla y una taza de leche. Hora y media de paseo por los jardines para estar recostados en las tumbonas hasta las 19, hora de cenar: potaje, ensalada, legumbres, dos platos de carne, compota y vino y agua como bebidas. De 20 a 21 horas sesión de reposo y las 21 horas una taza de leche con coñac y a las 22 horas a dormir. Algunos administraban carne cruda hasta 300 miligramos/día.

Estas tremendas dietas provocaban con frecuencia intolerancias gástricas, en especial a los enfermos ya dispépticos o anoréxicos por el síndrome tóxico – infeccioso, siendo necesario en algunas ocasiones la sonda gástrica.

Otro de los aspectos curativos positivos de tener a los pacientes recluidos en los sanatorios era la importante función de aislamiento de los enfermos contagiosos, causa principal del mantenimiento de la endemia tuberculosa.

Las medidas higiénicas y profilácticas se aplicaban rigurosamente. Cada paciente estaba provisto de un reservorio individual para recoger sus esputos, de los que se inventaron varios modelos, vaso metálico de aluminio, de boca ancha de cierre superior hermético pero con apertura sencilla, etc. Se esterilizaban diariamente por ebullición.
Los primeros sanatorios se parecían más a hoteles de lujo que a instituciones hospitalarias y las estancias prolongadas sólo estaba al alcance de economías potentes. Por tal motivo pronto se vio que poca incidencia tendrían en la lucha antituberculosa si no se creaban establecimientos asequibles para las clases sociales menos privilegiadas.
LA FIESTA DE LA FLOR 1912
A San Sebastián le cabe el honor de implantar por primera vez en España la que se denominó “Fiesta de la Flor”. Se trataba de una cuestación cuyos fondos se destinaban a la Lucha Antituberculosa. La idea fue lanzada por el representante del Uruguay, en el II Congreso Internacional contra la Tuberculosis, de 1912, que como acabo de decir, tuvo lugar en nuestra ciudad. Ese mismo año, gracias a la iniciativa del Dr. Emiliano Eizaguirre tuvo lugar la primera Fiesta de la Flor, y ciudades como Madrid y Bilbao, imitaron esta iniciativa donostiarra.
En La Voz de España con fecha 13 de agosto de 1947, se cita la recaudación que con motivo de “La Fiesta de la Flor” se ha recogido y como han distribuido la ayuda entre todas las entidades de Guipúzcoa:
Fiesta de la Flor 338.737,20 pesetas
Tómbola 94.344,03 pesetas

Y el dinero se reparte entre los Sanatorios de Nuestra Señora de las Mercedes, el Sanatorio 18 de Julio Andazárrate, el Pabellón Doker de Tuberculosos del Hospital Civil u Hospital de San Antonio Abad, Hospital Tolosa, Dispensario de la calle Prim, el Sanatorio Nueva España de Eibar y para el sostenimiento de 140 camas. En total había 2.109 camas para enfermos de tuberculosis en toda Guipúzcoa.

Y en el Diario Vasco del 4 de Agosto de 1955 reza así: “La Fiesta de la Flor” se celebrará el próximo día 15; se celebrará en nuestra ciudad de San Sebastián. La gran labor que realiza el Servicio Antituberculoso es de sobra conocida, gracias a la generosidad del pueblo donostiarra, junto a la que aporta la nutrida colonia veraniega.
El terrible mal de la tuberculosis es preciso atajarlo por todos los medios a nuestro alcance, y para ello nada mejor que ofrecer un donativo para que los servicios montados a tal efecto, puedan desarrollar su labor a plena satisfacción.
El próximo día 15 tendremos ocasiones de poner de manifiesto nuestra preocupación por los que sufren atacados por esta peligrosa enfermedad.
Seamos generosos.

En 1.970 se celebró en San Sebastián el 3º Congreso Nacional de la Sociedad Española de Patología Torácica (SEPAR), cuya organización recayó fundamentalmente en el equipo médico del hospital. Ese mismo año se incluyó en el Plan Nacional M.I.R., con docencia en neumología.
Historia y antecedentes del Hospital de Amara San Sebastián. Antiguo Sanatorio Antituberculoso.- Manuel Solórzano
http://www.enfersalud.com/amara/
http://www.euskonews.com/0227zbk/gaia22702es.html
Amarako Ospitalearen historia eta aurrekariak
http://www.euskonews.com/0227zbk/gaia22702eu.html

MÉDICOS QUE HAN PASADO POR EL HOSPITAL DE AMARA
Los Médicos que han pasado durante años por el hoy Edificio “Amara” del Hospital Donostia han sido:
José Luis Martínez de Salinas y Salcedo; Luis Fernando de Castro García; Germano Martínez de Salinas y Salcedo; Ángel Juan Fernández Gutiérrez; Manuel Juanes González; Eduardo Carlos Nafría Inciarte; José Francisco Javier Etura y Urruzmendi; Miguel Ángel Villameriel Meneses; Carlos Alberto Lacasa; Luis Marco Jordán; Javier Labayen Berdonces; Rosa Berdejo Lambarri; Vicente Candina; Gonzalo Vivanco; María Castillo; José Esteban Ciruelos; Javier Laparra; José Miguel Tirapu; Joaquín Lineo; Eduardo Clave; Eva Rua y Dra. Vidal, Carlos Salinas, Dr. Balenciaga; Itziar Izaguirre. Dr. Furest; Dr. Teller, Dr. Pinilla, Félix Esteban; José Eulogio Gutiérrez; Mª Asun Celaya; Fito Herrero; José Francisco Garmendia; Pedro Cosmes; Antonio Barrios; Antonio Cabarcos; Alejandro Joral; Felicitas Villas; Pedro Aranegi; Koldo Salinero; Paz Córdoba y Juan Aycart. Posteriormente vienen más facultativos. Boticario: Iñigo Aguirre Zubía. Microbiólogo: Javier Barrenetxea Maiztegi.

A.T.S Y ENFERMERAS
Remedios Ruiz Infantes; María Jesús Gorrochategui Zabarain; María Teresa Cabezas Fraile; Salustiana Nalda Gil; Sor Isabel Villanueva Erviti; Sor Gregoria Uranga Azcarreta; Sor Teresa Urteaga Iriberri; Sor Teodora Cortés Lasierra; María Rosa Besné Oliva; Ana María Ugarte Beguiristaín; María Pilar Muñoz Múgica; María Luisa Ayestarán Soroeta; Sor Josefa Fernández Pérez; Isabel Pedrosa Morillo; Sor Ana Francisca Peña Alberdi; Sor Amparo Atucha Urtizberea; María Mercedes Zapiain Atucha; María Bernarda Aguirrebengoa; María Asunción Sagredo Sanz; María Begoña Avalos Ochotorena; Pilar Baztarrica; Esperanza González; Carmen Oyón; Rosa Aguirre; Coro Alcorta; Nerea Txakartegi; Tere Beares; Emilio Casares; Cándi Cue; Charo Fernández; Ana Galán; Mª José García; Mª Ásun García; Cristina Goikoetxea; Agurtzane Insausti; Mª Jesús Inza; Isabel Izaguirre; Anunciación Jiménez; Carmen Loyarte, Pili Martín; Ana Mugika; Mª Sol Otegi; Rosa Pascual, Ana Redondo; Mª Mar Ruiz; Amparo Saldaña; Lourdes Saldaña; Mª José Santamaría; Txaro Sanz; Manuel Solórzano; Puri Tena; Ana Urresti, Mª José Zufiaurre; Nuria Durán; Elena Legorburu; Vicenta Nogales; Elena Pérez; Eugenia Garmendia; Elisabete Makazaga; Carmen González; Gurutze Arregui; Ana De Miguel; Leonor Munárriz (Directora de Enfermería). Después de estos años han trabajo muchas más enfermeras y enfermeros en dicho hospital.

Hoy en día el Edificio “Amara” del Hospital Donostia está totalmente reformado y habiendo cumplido ya sus primeros 50 años.
La apasionante historia de la medicina y la enfermería en Tolosa (Gipuzkoa). Artículo publicado el día 25 de abril de 2009
http://enfeps.blogspot.com/2009/04/la-apasionante-historia-de-la-medicina.html
Libros consultados
La Tuberculosis a través de la Historia. Jesús Sauret Valet
Historia de la Terapéutica Inhalatoria. Jesús Sauret Valet
Cien Años de Neumología. 1900 – 2000. Jesús Sauret Valet

Agradecimientos
Jesús Sauret Valet
SEPAR
Laboratorio Pfizer, S.A.
Laboratorio Ancora S.A.

Fotos: Las fotos están escaneadas de los mismos libros que cito, de Internet y de mi colección particular.

Manuel Solórzano Sánchez
Enfermero Hospital Donostia. Osakidetza /SVS
masolorzano@telefonica.net

viernes, 22 de enero de 2010

Notificación Fallo Jurado IV Edición Premios "Fundación Profesor Novoa Santos"

Tenemos la noticia de hace menos de 2 horas: Nuestro compañeros José Mª Rumbo y Luis Arantón, han sido los galardonados con el IV Premio Novos Santos de Investigación en la categoría de Enfermería, con el trabajo titulado "Calidad Clínica de las Unidades de las Unidades de Hsopitalización del Área Sanitaria de Ferrol".
Enhorabuena a los galardonados, suerte y ánimo a todos los que se hayan presentado, igual que la darles la enhorabuena a los demás ganadores, entre los que se encuentra otra enfermera, Ángeles Rodeño Abelleira, que ha participado en el Premio de la Categoría de Gestión, con el trabajo: "La convivencia profesional entre vínculos jurídicos diferentes en el área Sanitaria de Ferrol".

La entrega de los respetivos premios tendrá lugar el próximo viernes 29, durante la I Xornada de Investigación Clínica del Área. Allí nos veremos!!

domingo, 17 de enero de 2010

VII CONGRESO DE LA ASOCIACIÓN INTERNACIONAL DE TALASOTERAPIA

SAN SEBASTIÁN 1935

Ciertamente, y con justa razón, se viene llamando a San Sebastián la ciudad bella, así comenzaba su disertación Manuel Munoa en el prólogo de este congreso. No es corriente encontrar una urbe tan privilegiada, donde la naturaleza y la mano del hombre se pongan más de perfecto acuerdo para producir una obra llena de serenidad, bellas proporciones y poética armonía. Y es que, ante los ojos asombrados de nuestra imaginación, parece nacida del mar, entre diásporas brillantes, como una concha marina, acariciada por la espuma juguetona de las olas, que besan sus orillas con delicados susurros de amor.

Con ocasión del congreso se le pidió a Mariano Doporto, director del Observatorio meteorológico de Igueldo que dijese el número de horas de sol, que tenía San Sebastián en 1935, a lo cual él contestó que 1.740 horas al año.

También se encomendó a Manuel Vidaur, director del Instituto Municipal de Higiene que nos diese unos cuantos datos de La Sanidad en San Sebastián. Contaba en aquel año de 83.545 habitantes, con un presupuesto de 10.965.670 pesetas, destinando a Sanidad y Beneficencia la cantidad de 2.031.494 pesetas, o sea el 18,52 % de su presupuesto.

Los Servicios sanitarios. En 1904 fundó el Negociado Municipal de Higiene, primero creado en España y en 1907, organizó el Cuerpo de Policía Sanitaria cuya misión es vigilar la higiene en el interior de la vivienda. Desde el año 1925 funciona el Instituto Municipal de Higiene con sus tres secciones de Bacteriología y Desinfección, Laboratorio Químico y Servicios Veterinarios.

Beneficencia y Sanidad. Cuenta San Sebastián con un servicio completo de asistencia médica a domicilio para los pobres, con servicio de asistencia a partos a domicilio y una Maternidad modelo de instalación y organización. Su hospital capaz para 450 enfermos, hoy en día insuficiente y que pronto será sustituido por otro de nueva planta para 600 camas, ya en construcción y que será uno de los mejores de Europa. La lucha contra el cáncer se desarrolla con ímpetu que merece la obra y su Instituto Anticanceroso, es una prueba de su importancia. Además cuenta con un Dispensario Psiquiátrico, otro de lucha contra las enfermedades venéreas y un servicio perfecto de Casa de Socorro, para los casos de urgencia y asistencia Odontológica.

La protección a la infancia es intensa, con la Inspección Médico Escolar, Colonias escolares, Preventorios, etc.

La lucha contra la tuberculosis ha sido seguramente una de las más interesantes acometidas. Funciona con todas las normas científicas y sociales modernas, un Dispensario desde hace 23 años, habiendo sido reconocidas en el año pasado 2.400 personas. La hospitalización de tuberculosos está asegurada con más 100 camas en el Hospital y 80 de su Preventorio, para una mortalidad de 126 habitantes al año, sin contar la participación del Sanatorio Provincial de Andazarrate, que tiene 85 camas. La vacunación contra la tuberculosis por la B. C. G. es una gran obra del Instituto Provincial de Higiene y durante el año 1934 fueron vacunados más de 3.500 niños en toda la provincia.

El VII Congreso Internacional de Talasoterapia empezó bajo el Alto Patronato de S. E. El Presidente de la República Española Niceto Alcalá Zamora. El presidente del Comité Permanente y Profesor de la Academia de Medicina francesa de Paris el Profesor Marcel Labbé, Presidente de Honor el Profesor Gregorio Marañón y el Presidente del Comité Organizador el Dr. Emiliano Eizaguirre, Jefe del Servicio de Tuberculosos del Hospital San Antonio Abad y Presidente del Colegio Oficial de Médicos de Guipúzcoa.

Se leyeron los estatutos y reglamentos de las sesiones tanto en español como en francés, en la Sección A con el tema “Tratamientos de las adenitis cervicales” su presidente fue el Dr. Luis Ayestarán. En la Sección B con el tema “Indicaciones y contraindicaciones de los baños de sol”, su presidente fue el Dr. José Beguiristain.

El Congreso comenzó el sábado día 27 de julio con la Sesión inaugural del Congreso en el Salón de Actos del Instituto de Peñaflorida, bajo la presidencia de S. E. el Presidente de la República. A las 11 de la mañana discusión de las ponencias presentadas a las dos secciones antes citadas, y después de almorzar sobre las 15,30 se empezó la discusión de los diferentes temas. A las 18 horas visita guiada al Museo de San Telmo, Lunch y Concierto con el Orfeón Donostiarra, ofrecidos por la Excelentísima Diputación de Guipúzcoa y el Excelentísimo Ayuntamiento de San Sebastián. En dicho museo se encuentran las magníficas pinturas murales del gran artista español José María Sert.

El domingo 28 a las 9,30 de la mañana se realizó una excursión por la costa, saliendo del Gran Kursaal la caravana de coches conducidos por los congresistas, al abandonar la población por la carretera de Madrid se hallan las fábricas de jabones de Lizarriturry y Rezola y a continuación la de chocolates Suchard. A 5 kilómetros en Añorga se encuentra la fábrica de cementos Rezola. Entrando en Lasarte en primer término y a la izquierda el campo de Golf, al fondo el Hipódromo de Lasarte, en estos mismo terrenos se alzan las fábricas de Aceros de Lasarte y las de neumáticos Michelín. A continuación se divisa el histórico barrio de Zubieta, donde se reunieron las autoridades y fuerzas vivas de San Sebastián en el año 1813, acordando reedificar la Ciudad, incendiada durante la guerra de la Independencia. Posteriormente Usúrbil, Aguinaga, Orio, Zarauz, Guetaria, pueblo de pescadores y patria de Juan Sebastián de Elcano, cuyo monumento, obra de Victorio Macho, se halla en la entrada. Siguiendo hasta Zumaya.

Vuelta a comer a Zarauz donde el ayuntamiento ha dispuesto una cordial acogida a los congresistas, ofreciéndoles algunos característicos festejos vascos, en los que el “txistu” y el “tamboril” bordarán sus notas típicas, al son de las cuales pequeños “dantazaris” bailarán las clásicas danzas del país. Luego los “aizkolaris”, leñadores vascos, fuertes y hábiles, lucirán su vigor en homenaje a los Congresistas. Posteriormente les fue servido un atrayente aperitivo. El itinerario de regreso fue por Aya, Enfermería de Andazarrate, Asteasu, Villabona, Andoain y San Sebastián, para llegar a las 16 horas para ver la gran corrida de toros, la fiesta será presidida por distinguidas y bellas señoritas, hijas de médicos.

Se lidiará un toro como en los tiempos de “Martincho”, con zaguanete de alabarderos guardando la puerta del redondel. Luego seguiría la corrida ordinaria con La Serna, Manolo Bienvenida y Garza, tres matadores de acreditado renombre en el mundo taurino.

El lunes 29 de julio a las 10 horas siguieron debatiendo los dos temas principales del congreso para ir a las 12 del mediodía de visita al Balneario de la Perla del Océano, aperitivo ofrecido a los Congresistas por el Consejo de Administración del Balneario. Siguieron discutiendo a la tarde sobre los mismos temas y a las 10 de la noche Función de Gala en el Teatro Victoria Eugenia, con la participación de la Orquesta Filarmónica Donostiarra que dirige el Maestro Figuerido. Espectáculo de bello arte Folklórico nacional con el concurso de “El Embrujo de Andalucía”, fiestas andaluzas del Maestro “Realito”; “Katazka”: estampas, danzas y coros, por el Orfeón Donostiarra bajo la dirección del Maestro Gorostidi y el conjunto artístico aragonés dirigido por Felisa Galé y José Otto. Suplicada la etiqueta.

El martes 30 de julio y después de seguir con las sesiones acudieron a las 12 del mediodía a visitar el Instituto Radio-Quirúrgico y a la Casa de Maternidad. A las 15,30 continuación de las sesiones del Congreso, para realizar la clausura a las 19 horas. Y por fin a las 22 horas Gran comida de Gala, en honor de los Congresistas, en el Hotel de Londres e Inglaterra. Amenizarán esta fiesta distintos elementos artísticos y la orquestina “Good Star”.

El Discurso inaugural del Congreso fue pronunciado por el Presidente del Comité Organizador Dr. Emiliano Eizaguirre y empezó diciendo: La Asociación Internacional de Talasoterapia fundad en Paris por el Profesor Verneuil en 1895, tiene la misión de desarrollar los temas de terapéutica por el clima marino, que si ciertamente, desde la más remota antigüedad la Medicina se ocupó de determinar sus indicaciones, ha pasado por vicisitudes en las que el empirismo se enseñoreó e hizo olvidar que precisaba una atención importante. Cuenta Plinio el naturalista, que un tal Sergio Orata, hizo llevar el agua del mediterráneo a sus baños de Bahía, y este ejemplo fue seguido por Luculus, pero no se habla de la acción terapéutica de sus aguas, y no puede compararse este ejemplo con la acción del clima marino.

Quinientos años antes de Jesucristo, Herodoto y Eurípides, preconizaban el clima marítimo para la curación de la tuberculosis. Cicerón aseguraba que su curación era debida a los innumerosos viajes por el mar Mediterráneo. Celso, Areteo y Galeno recomiendan los viajes por mar para la curación de la tisis. Pero queda un paréntesis largo hasta que en la segunda mitad del siglo XVIII se ocupan en Inglaterra y Alemania de las indicaciones terapéuticas de la “Talasoterapia” y comienzan a levantarse establecimientos en las costas del mar del Norte, Báltico y de la Mancha, y más tarde a comienzos del siglo XIX se establecen en Francia, Dieppe y Boulogne, así como en España, Italia, Bélgica, etc.

En España, en el Código Penal de 1870 se citan reglas de decencia y seguridad en las playas y de las penalidades a los contraventores. En el año 1879 y 1883 se dictan instrucciones para la construcción de balnearios marítimos.

En San Sebastián se habla ya de los baños de mar en la Playa de la Concha en el año 1843 por Siro Alcain y cita que por esa época puso él, con Gabriel María Laffitte, abuelo de nuestro ilustre abogado y periodista del mismo nombre, la primera caseta de baños que pronto fue imitada y en el año 1845 se construyó una caseta para la entonces Reina niña doña Isabel II.

En el año 1867 se construyó un balneario de madera con servicio de balneoterapia médica y ya desde el año 1911 contamos con el actual establecimiento construido con todos los adelantos. Por último, en el año 1924 se retiraron las casetas de madera que por medio de ruedas transportaban a los bañistas hasta la orilla y hoy es modelo de playa la nuestra de la Concha, por sus perfectas instalaciones de cabinas no igualadas por ninguna playa extranjera.

En el tratamiento de las Adenitis Cervicales Tuberculosas, las conclusiones del Dr. Álvaro López Fernández nos decía así:
El tratamiento de la tuberculosis de los ganglios linfáticos del cuello, está influenciado por las aficiones y los medios en que se desenvuelven los distintos autores.
Con todos los múltiples medios empleados se obtienen un tanto por ciento de curaciones, si bien ninguno constituye un proceder específico.
A nosotros nos parece el más indicado, y con el que se obtienen resultados más satisfactorios y duraderos, cien por cien de curaciones, la permanencia en un Sanatorio Marino.
La aplicación de los baños de sol, es el mejor medio de tratamiento local, por lo menos es el que en nuestras manos dio los mejores resultados. Ahora bien, hemos de considerar que estamos, posiblemente en el punto de Europa de más horas de soleación al año.

En los casos fistulizados, el término medio de tiempo de curación fue mayor que en las formas no reblandecidas ni caseificadas.
Los resultados estéticos obtenidos con el método indicado fueron bastante agradables, de todas formas superiores a los que se tienen con el proceder quirúrgico.
Considerado costoso y difícil el ingreso de los enfermos en un Sanatorio del Estado, no lo es tanto la permanencia en Colonias Escolares de playa, costumbre muy difundida en España, y sería de desear fueran seleccionados estos enfermos para remitirles a las citadas Colonias.
El tratamiento radioterápico, capaz de dar un apreciable tanto por ciento de curaciones debe ser aplicado por persona enterada del asunto, con lo que el rendimiento será mucho mayor.
A nosotros no nos parece necesario el empleo de las inyecciones modificadoras, quedando reducido a las punciones evacuadotas en los casos de ganglios reblandecidos.
Creemos que en la actualidad el tratamiento quirúrgico debe ir siendo abandonado, y lo consideramos solo indicado en el caso de ganglios calcificados y grandes que constituyen una deformidad para el enfermo.
El mejor tratamiento de los queloides y cicatrices desfigurantes está constituido por la radiumterapia.

Este libro del VII Congreso de la Asociación Internacional de Talasoterapia de San Sebastián, 1935; acabóse de imprimir en los talleres tipográficos de la Editorial Itxaropena, S. L. de Zarauz en Guipúzcoa, el día 28 de diciembre de 1935.

Hoy en día en su lugar sigue La Perla. En el incomparable marco de la Bahía de La Concha se encuentra el Centro Talaso Sport La Perla, Un Centro de Talasoterapia y Deportivo situado a pie de playa que aúna los beneficios del mar con la puesta en forma. La Perla es la heredera natural de la “Belle Epoque” donostiarra. Hace más de un siglo la Reina María Cristina establece en la ciudad el centro de veraneo de la Casa Real. Los baños de mar formaban parte de los placeres refinados de los veraneantes. Actualmente en el Centro de Talasoterapia La Perla encontrará la más moderna tecnología en más de 4.500 m2 donde la salud y el bienestar es lo primordial. Características de las aguas: Agua de mar a una temperatura de 32 ºC a 37 ºC.

Indicaciones Terapéuticas: Programas terapéuticos, tratamientos de estética, de relax y antiestrés, salud y bienestar, programa físico deportivos y programa de dietética y nutrición. Programas personalizados. Sus servicio son: Circuito Talasoterapia de puesta en forma: Piscina de hidroterapia y relax, jacuzzi panorámico, baño de vapor con sala de hielo. Zona de contrastes con piscina y estanque de agua fría, baño de vapor marino, sauna seca y zona de descanso con tumbonas y camillas de infrarrojos. Tratamientos Individuales Terapéuticos, de Relax y de Estética: hidromasaje, chorros, duchas escocesas y circulares, envolturas de barros y algas o masajes bajo agua de mar. Consulta Médica, Estética y servicio de Dietética y Nutrición. Gimnasio: maquinas cardiovasculares y de musculación. Clases de aeróbic, Step, Fitness y ciclismo indoor, dirigido todo por profesionales y con acceso libre a la playa. Café – Restaurante: Situado en la misma playa, se convierte en un lugar paradisíaco donde disfrutar de una excelente cocina. Dos terrazas, cafetería con vistas al mar y Restaurante Mirador sobre la misma bahía.
http://www.la-perla.net/

Agradecimiento
Francis Tamayo
Olga Sánchez Sendin
Centro Talaso Sport La Perla

Fotos: Las fotos están escaneadas del mismo libro y de Internet. Hay también fotos del libro San Sebastián, en la tarjeta postal y en la “Belle Epoque”. 2ª edición de Paco Barrio Pangua

Manuel Solórzano Sánchez
Enfermero Hospital Donostia. Osakidetza /SVS
masolorzano@telefonica.net

domingo, 10 de enero de 2010

EL HOSPITAL DE NAVARRA Y EL DESARROLLO DE LA CIRUGÍA

1854 – 1968

Este libro realizado por el Dr. Javier Álvarez Caperochipi, nos trae buenos recuerdos de cómo empezó el Hospital de Navarra, y sus comienzos en la cirugía. Está editado por el Gobierno de Navarra y tiene 143 páginas.

Javier es doctor en Medicina y Cirugía, especialista en Cirugía General. Residente y Adjunto del Hospital de Navarra entre 1964 y 1975. Jefe Clínico en el Centro Ramón y Cajal de Madrid entre los años 1975 a 1982. Jefe de Departamento de Cirugía del Hospital Donostia desde 1982 hasta su jubilación en el año (30.11.2008). Ha sido Presidente de la Academia Médico – Quirúrgica de Gipuzkoa. Ha formado parte del Comité Científico de la Asociación Española de Cirujanos; del Comité Editorial de las revistas de Cirugía Española, Barcelona Quirúrgica y de “The World Journal of Hernia”. Autor de varios libros de cirugía, “Cierres de laparotomía”, “Cirugía de la pared abdominal” y de 86 artículos en revistas de la especialidad. Premio 2005 de la Fundación Sanitas de relatos literarios cortos. En el año 2007 presidió la XVI Nacional de Cirugía que se celebró en San Sebastián.

En su último libro hasta ahora conocido, nos dice en su dedicatoria el bonito agradecimiento a los compañeros que le precedieron y dice así: A la memoria de Fermín Irigaray, Juan Lite, Avelino Álvarez, “santo y seña” del Hospital durante más de medio siglo, y a cuantos participaron en el mismo empeño. (Avelino Álvarez fue su padre).

Nos decía que la “cirugía” es una especialidad de la medicina que tiene la particularidad de que su acción curativa se realiza a través de la mano del operador, por lo tanto, se dedica a estudiar de preferencia aquellas enfermedades, que en el transcurso de su evolución pueden beneficiarse de la actuación directa del cirujano.
La palabra cirugía – kheirourgia procede de kheir (mano) y ergon (obra). Aquí me quiero referir en todo momento, al citar el genérico el término cirugía, a la cirugía general como rama troncal principal, que unificaba a todo el cuerpo de conocimiento y de la que saldrán con el tiempo las especialidades.

Los antecedentes del Hospital de Navarra hay que buscarlos en el Hospital General de Pamplona de la Misericordia, en funcionamiento desde el siglo XVI, un antiguo y viejo hospital de múltiples funciones (hospital, albergue, asilo, venta ambulante y cementerio). En 1854 pasa a denominarse Hospital de Navarra y se convierte en un hospital estrictamente médico de ámbito provincial. Este edificio renacentista fue construido en 1547 y fue hasta 1932 el Hospital General de Nuestra Señora de la Misericordia, su portada plateresca y su iglesia renacentista con bóveda gótica estrellada fue levantada en 1550 y enriquecida con cuatro retablos.

Un siglo es un período largo, en el que acontecen muchas situaciones especiales que inciden en la vida del Hospital. Cuatro guerras civiles, dos conflictos mundiales, cambios en las políticas sanitarias, el Seguro Obligatorio de Enfermedad; descubrimientos brillantes de la ciencia, los antibióticos, anestesia general, las transfusiones de sangre y creación en vecindad de otros hospitales de alta calificación.

Para una ciencia que ha encontrado el camino de su desarrollo, ciento veinticinco años en casi un infinito. Heraclio de Éfeso, decía: “No puedes meterte dos veces en el mismo río porque nuevas aguas están constantemente fluyendo junto a ti” y Núñez Puertas hace pocos años afirmaba “El cirujano en el curso de su ejercicio profesional, se verá obligado a cambiar de dos a tres veces, todo su caudal de conocimientos”.
Leer y releer la historia de la Medicina, ha sido uno de los buenos consejos recibidos, ayuda a situarse, a entender mejor las enfermedades, a no repetir errores; Cushing instaba a sus discípulos a conocer toda la evolución de los conocimientos antes de ejercer y mucho antes de investigar; Marañón utilizaba los textos de historia de la Medicina, como libros de cabecera y reconocía que aparte de serenarle el ánimo, siempre le aclaraban las ideas.

En el prólogo su amigo y compañero José Miguel Lera Tricas, resumía aportando la pasión de Javier por su profesión y por la escritura reflejando en este libro un estilo ameno y eficaz que convierte en premonitoria y especialmente afortunada la primera frase del autor: “Tengo una bonita historia que contar…”. Sea en buena hora.

Es imposible e impensable que pueda resumir su magnífico libro en este pequeño trabajo en minúsculas, pero vamos a intentar resaltar lo que nos parece más relevante o más bonito para su lectura.

El siglo XIX fue una centuria nefasta, hubo de soportar epidemias graves como la fiebre amarilla, tifus, viruela, cólera, tuberculosis, etc. La cirugía apenas acababa de alcanzar la categoría de ciencia. En aquellos “felices días”, la vida de la mayoría en expresión de Thomas Hobbes era “mezquina, brutal y corta”. Muchos miles de personas morían cada año, de forma prematura, por culpa de la época que les había tocado vivir y del poco desarrollo de la medicina.

En la primera mitad del siglo XIX la cirugía era una rama menor de la medicina, con muy poca actividad, malos resultados, ubicada en los sótanos de los hospitales, en zonas de dudosa salubridad, atendida en el postoperatorio por personal no cualificado. El dolor era inevitable, el olor a “pus loable” era consustancial con el resultado inmediato de las operaciones, la sala de operaciones mal iluminada tenía en el suelo serrín para poder absorber la sangre y el pus.


En 1874 Sir John Erichsen, afirmaba: “Un cirujano sabio y humano, jamás operaría el abdomen, el tórax o el cerebro. En el actual estado de la cirugía, la idea de abrir el abdomen y cerrar la incisión es demasiado utópica”. Uno de los mejores cirujanos de la historia, Billroth, comentaba en 1883 “El cirujano que intente suturar una herida del corazón, debe perder para siempre, el respeto de sus colegas”.
En el último tercio de siglo, todo iba a cambiar; bastaron los primeros efluvios del éter y del cloroformo, para empezar lo que se denominó “victor dolore” (la victoria sobre el dolor) reforzada años más tarde con la aparición de los anestésicos locales. La sala de operaciones dejaba de ser un centro de tortura.

Louis Pasteur descubriría al mismo tiempo, que existían microorganismos causantes de infecciones, que se podía hacer desaparecer del campo operatorio. De los trabajos de Pasteur se deducía, que la infección quirúrgica y el famoso “pus loable”, no era por mala suerte ni por culpa del destino, sino que era debida a los gérmenes que pululaban por todos los lados y contra los que había que luchar con todos los medios. El propio Pasteur diría: “Si yo tuviera ese honor de ser cirujano, utilizaría instrumentos de una limpieza perfecta, lavaría mis manos con escrupuloso cuidado, y emplearía hilos, gasas o vendas, sometidos a una campana de aire caliente de más de 130 grados”. Había nacido uno de los pilares donde se asentaría la cirugía: La asepsia.

En este despertar de la cirugía, Navarra tuvo un representante muy destacado en la figura del Profesor Alejandro San Martín Satrústegui, de Larrainzar del valle de la Ulzama, Catedrático de Madrid, del Hospital San Carlos (1883 – 1908), primer maestro de maestros, que publicó su tratado de la especialidad “Curso de Patología Quirúrgica, lecciones de Cátedra”; compendio de todas las posibilidades de la especialidad. Libro de estudio obligado de la época, que será citado siempre por sus discípulos, entre ellos por el propio Gregorio Marañón.
Habían existido tres montañas insuperables, que habían retrasado el desarrollo de la cirugía: el dolor, la infección y la manera de evitar y resolver las pérdidas sanguíneas. Vencidos los tres escollos comienza en expresión de Jürguen Thorwald el “triunfo de la cirugía”, aunque otros prefieren el término “revolución quirúrgica”, o simplemente “cirugía científica”.

Los hospitales de la tradición medieval, tenían un significado diferente a los actuales, el término hospital deriva del latín hospidium – hospedaje. Eran establecimientos de atención a los pobres y necesitados, de ejercicio de la caridad; también se trataban las enfermedades de los pacientes sin medios económicos o sin apoyos familiares. No existía la cultura de hospitalización y los enfermos normales eran atendidos de preferencia en sus domicilios. Se puede añadir que además existía un cierto rechazo social y recelo a esta forma de “casa de acogida”. En la literatura nos encontramos con muestras claras de lo que acabamos de decir; se escribe del hospital como: “la mansión de la pena”, “la sima de la miseria”, “el lugar de horribles sufrimientos, con mendigos que yacen juntos y mueren agotados por el hambre y las necesidades”.

Durante el siglo XIX fue cambiando este concepto y se fue sustituyendo por el de hospital de fines estrictamente médicos, de atención exclusiva de la salud de todos los ciudadanos, no solo de los pobres o necesitados; y a finales de siglo se comenzaría a construir nuevos establecimientos con nuevos objetivos. Serán hospitales formados por pabellones independientes; edificios de dos o tres alturas, con salas para albergar sin agobios camas para treinta pacientes, con amplios ventanales para favorecer la ventilación la entrada de luz y sol, con patios y jardines para disfrutar de una vista agradable del entorno, construidos según las normas del Congreso de Higiene de Bruselas de 1875, y según modelo europeo (Hamburgo, Lieja) o americano (Baltimore).

El Hospital General de Pamplona también llamado Nuestra Señora de la Misericordia, fue fundado en 1556 por Remigio Goñi, ocupaba una superficie de 2.600 metros, dependía del Ayuntamiento, disponía de 400 a 600 camas, y en su interior estaban divididas en salas con nombres como estos: Santa Ana, Santa Marta, Convalecencia, Soledad, Padre Eterno, Santiago, distribuidas por edades y patologías: varones, hembras, niños, tísicos, convalecientes y dementes.
El hospital disponía de cementerio propio a un lado de la Iglesia y también en el subsuelo de la capilla. Estos hábitos se mantuvieron hasta 1808.

Este hospital ha sido referencia obligada de la vida de la ciudad durante varios siglos, ha sido al mismo tiempo: hospital, asilo, albergue, centro de acogida y también ha cubierto la crisis de otras instituciones. Su misión como hospital para pobres y necesitados no la perdió nunca, conforme fueron pasando los lustros fue poco a poco cumpliendo funciones de hospital asistencial de enfermos.

Entre las Ordenanzas del Hospital de 1730 se señalaban los deberes de los médicos y de los cirujanos. Los primeros son de una escala superior, y en relación a los cirujanos se dice: “Deberán ser aprobados por el Colegio San Cosme y San Damián de la ciudad y después seleccionados por un comité del hospital en atención a méritos e inteligencia. Una vez conseguida plaza. Deberán curar a los enfermos “por sí mismos”, dos veces al día los tendrán que ver, sin delegar en mancebos; actuarán con sosiego y caridad y consultarán entre ellos los casos difíciles”. Sin tener una dependencia completa de los médicos, recabarán su consentimiento para alguna de las prácticas. Por aquellas fechas el Protomédico Doctor Sagaseta denunciará el exceso de algunos cirujanos en practicar sanguijuelas sin permiso de los médicos. Se exigía a los cirujanos ser limpios de sangre, que significaba no tener entre los ascendientes: judíos, herejes, moros, penitenciados y agotes.

En 1757 la nomenclatura era diferente, por ejemplo al esófago le denominan tragadero y al estómago vejiga. Sin embargo los conocimientos de cirugía y sus técnicas operatorias son rudimentarias con expresiones como calenturas malignas, vómitos ígneos, cólicos compulsivos, desajuste de humores, etc.

En aquellas épocas los cirujanos se dedicaban a practicar sangrías, aplicar sanguijuelas, ungüentos, tratamiento y cura e las heridas, también realizaban amputaciones de dedos, pies o piernas; y también al afeitado y corte de pelo, los cirujanos barberos.
En 1849 se inaugura el Hospital Militar, empujado por las circunstancias bélicas asumirá desde su nacimiento un gran protagonismo. En sus primeros años de guerras carlistas, en los tiempos de Nicasio Landa, será referencia universal de comportamientos humanitarios de la guerra “La Caridad en la contienda”, también en las técnicas del traslado de los lesionados, en los primeros auxilios y en los tratamientos en los centros de internamiento.

A partir de 1854 pasa a depender de la Diputación de Navarra, no pudiendo escoger peor momento para hacerse cargo, van a suceder una serie de calamidades consecutivas que no van a dejar espacio para una buena planificación, algunos lo dominaran como hospital de epidemias o “delirio de guerras tifoideas”.

Este hospital estaba formado por dos pabellones rectangulares unidos en forma de escuadra, con planta baja y tres alturas y la Iglesia de la Misericordia, en paralelo con una de las alas del hospital. En el sótano estaba la botica, en el bajo las cocinas y el lavadero, y en las tres plantas las salas de hospitalización. Junto a la Iglesia estaba el antiguo cementerio, que ya se encontraba fuera de uso. Lo primero que hicieron los gestores en 1871 fue hacer el reglamento de régimen interior, que luego lo fueron modificando.

En uno de los artículos dice: los cirujanos son responsables de todo el personal auxiliar que acuda eventualmente a la sala de operaciones. Queda claro que las operaciones se realizaban de cuando en cuando, no existiendo personal fijo para su atención; este había que improvisarlo sobre la marcha. Se cita la figura del “Practicante Mayor”, encargado de la conservación del instrumental operatorio, que puede llegar a sustituir al cirujano jefe en la visita a la sala y que en alguna ocasión llegaría a atribuirse funciones de operador, teniendo que ser llamado al orden.

Nicasio Landa Álvarez, hijo de Rufino Landa, será el fundador de la Cruz Roja, un personaje que eclipsará a todos los de su época. Era médico militar y sus acciones vendrán dirigidas desde el Hospital Militar de Pamplona, pero su fuerte personalidad y los graves conflictos en Pamplona, le facultarán para extender sus decisiones hasta el Hospital Provincial.

Nicasio en el encabezamiento de uno de sus informes decía: Desde el momento que un soldado cae herido, la pie de su bandera, se convierte en un ser sagrado.
Con ocasión de la batalla de Oroquieta, se pone por primera vez en práctica, el espíritu de neutralidad del herido, estos, sean del ejército de la nación o carlistas, son trasladados al Hospital Militar. Cuando se encuentra saturado, sin sitio, se habilitaran otros centros de la ciudad. El Hospital provincial dedica una sala entera para los heridos y la atención a los mismos es llevada directamente por Nicasio Landa y otros médicos cirujanos. Las guerras carlistas no sólo produjeron heridos, también aportaron calamidades. Las tropas carlistas cortaron el suministro de agua a Pamplona (1874), y los ciudadanos se vieron forzados a abastecerse sin control sanitario del agua del río Arga y de pozos particulares; la consecuencia fue una grave epidemia de disentería tífica y paratífica con alta mortalidad. Afortunadamente Salvador Pinaqui solucionó pronto el problema al encontrar un nuevo manantial de agua potable cerca del río, que fue bombeada a la ciudad.

La guerra carlista terminaría, pero apareció con gran virulencia en 1885 el cólera. En España con una población de 15 millones fallecieron 800.000 y en Navarra en particular este brote afectó a 12.896 personas, falleciendo 3.161.

A principios de siglo, comienzan unos años de tranquilidad social, de desarrollo industrial, de avance de la construcción, de asentamiento en Pamplona de varias órdenes religiosas femeninas. “El Hospital” se ha convertido en un centro asistencial puro consolidado, especializado en el tratamiento de enfermedades de atención médica, apoyado en una administración eficiente.

La tranquilidad no va a ser completa, otra enfermedad antigua grave, va a incidir de forma importante en el cambio de siglo y se va a instalar hasta después de finalizada la guerra civil española de 1936, se trata de la tuberculosis, también conocida como tisis o peste blanca, menos espectacular que el cólera pero más dañina. Afectará de forma endémica a todo el país, será una de las causas más importantes de mortalidad de la población, 40.000 muertes por año en España, equivalente al 10 % de todas las defunciones.
El cirujano siempre había sido un obrero menor dentro de la profesión sanitaria, en los primeros años sin estudios “cirujano – barbero”, después con una titulación de menor categoría que la del médico. La figura académica del cirujano se potenciará en la segunda mitad del siglo XIX, al igualar los estudios con los médicos. En 1886 un Real Decreto del Ministerio de Fomento, unifica y simplifica los estudios de Medicina, desapareciendo las diferentes titulaciones. Con este decreto todos los licenciados en medicina, son a la vez médicos – cirujanos.

Por ello dejan las antiguas funciones de médico – barbero en manos de los “practicantes”.

Los “Practicantes” serán unos personajes importantes en la vida del hospital, sobre todo después de que los cirujanos equiparen su titulación con los médicos. Esta última coyuntura hará que los practicantes asuman alguna de las funciones de los antiguos cirujanos y además se conviertan en los mejores colaboradores de los mismos. En 1885 conseguirían su título oficial.

Se conocían dos ramas de Practicantes, los “aparatistas” que se encargaban de dietas, curas, baños, y los “topiqueros” que acompañaban en la visita, realizaban las sangrías y aplicaban las sanguijuelas; también había “practicantes de farmacia” que elaboraban los medicamentos que se prescribían, a las órdenes del farmacéutico.

Manuel Ajarnaute, Nicolás Labayen, Benito Moratel, Créspulo Segura, son alguno de los nombres de practicantes de cirugía que hemos encontrado en los Archivos. En 1924 el sueldo de los practicantes era de 2.000 pesetas brutas al año y en un comunicado interno se anotaba, que era más práctico contratar a las monjas que hacían el mismo trabajo pero resultaban mano de obra mucho más barata.

Capítulo aparte es el llamado “Practicante Mayor”, profesor de cirugía de segunda clase, encargado del mantenimiento y cuidado de la sala de operaciones. El primero de ellos fue José María Larrayoz.
Entre 1880 y 1940 se instalaron en Navarra 54 órdenes religiosas que se dedicarán de preferencia a la enseñanza y al cuidado de los enfermos. Destacarán Las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl y Las Siervas de María.

Con anterioridad a las órdenes religiosas organizadas existieron: Freires, beguinas, beatas, mulieres sanctae; se trataba de organizaciones seglares sin votos, que cumplieron voluntariamente y durante muchos años unas misiones muy necesarias.

En una entrevista realizada por el Diario Vasco a Javier nos decía que: Antes. «El cirujano antiguo era un hombre muy especial. Tenía que ser muy rápido cuando operaba, porque si no los enfermos se morían por la anestesia. Era muy agresivo, un poco orgulloso y vanidoso» ¿Y su repercusión social? «La sociedad lo adoraba porque lo veía como un ser muy importante. No deja de ser curioso que cuando la gente se moría de apendicitis, hace unos cien años, el cirujano era el profesional más importante. Eso sí, no era un científico».

Agradecimiento: Lurdes Ubetagoyena Amado. Responsable de Prensa de Sanidad de Gipuzkoa y Jefe de Comunicación del Hospital Donostia.

Fotos: Las fotos están escaneadas del mismo libro y de Internet.

Manuel Solórzano Sánchez
Enfermero Hospital Donostia. Osakidetza /SVS
masolorzano@telefonica.net

sábado, 2 de enero de 2010

LAS MARGARITAS. ENFERMERAS DEL PARTIDO CARLISTA

En abril de 1919, acabada ya hace tiempo la última guerra carlista, se crea en Pamplona la “Asociación de Margaritas de Navarra”, que pretendía aglutinar las actividades de todas las mujeres que, bajo el nombre y modelo de doña Margarita de Borbón, esposa de Carlos VII, es llamada el “Ángel de la Caridad” por sus labores sanitarias en los hospitales de campaña, principalmente en el del Monasterio de Irache, cerca de Montejurra, la “Montaña Sagrada de la Tradición”. El 22 de mayo de ese mismo año quedaba inscrito oficialmente en el Registro de Asociaciones del Gobierno Civil de Pamplona y se constituía una Junta Directiva de la que formaban parte la presidencia, secretaria y tesorera, y siete vocales. Para ingresar, cada aspirante debía de contar con el aval de dos socias y ser aceptada por la Junta.
Las margaritas realizaban generalmente sus actividades en los domicilios e instituciones benéficas de la ciudad como las Hermanitas de los Pobres, la Casa de Misericordia y el Hospital Provincial.

Las margaritas navarras no eran ajenas a los ecos pre-bélicos que se vivía en su ciudad, se sabía que la guerra se aproximaba, pero no sabían cuando. En febrero de 1936, el Secretariado Nacional de Margaritas envió desde Madrid una circular a su delegación de Navarra en la que se ordenaba la organización urgente de cursillos clandestinos de enfermeras en las localidades donde se contaran con suficiente infraestructura, es decir, un local y algún médico de confianza y afín a la organización y dispuesto a impartirlo. De este modo comenzaron en marzo los cursillos sobre nociones básicas de enfermería y primeros auxilios en al menos cuatro localidades navarras: Pamplona, Estella, Sangüesa y Artajona.
Una de las asistentes a estos cursillos nos decía: nos dieron lecciones sobre inyecciones, vendajes, curas, las principales medicinas, etc. Otras margaritas viendo como se iba complicando la situación se incorporan por propia iniciativa al cursillo de “Damas Enfermeras” que la Cruz Roja de Pamplona organizó a comienzos de 1936. “Nos preparábamos para enfermeras, cantineras, y ángeles de la caridad”, lo recordaba la activa margarita María Rosa Urraca Pastor. En diferentes Círculos Carlistas se dieron los mismos cursillos, unos más precipitados que otros. Nos decían una margarita que en su cursillo se enseñó lo indispensable para las curas de urgencia, no dio tiempo ni para darnos un título o certificado, ya que los acontecimientos se precipitaron. Otros médicos impartieron lecciones sobre vendajes y desinfección de heridas, al mismo tiempo que se adquiría un sencillo botiquín. Concluidos los apresurados cursillos, los organizadores indicaron a las margaritas asistentes que confeccionaran sus propios uniformes blancos de enfermera.

El comienzo de la contienda, supuso un nuevo impulso en la movilización de las margaritas navarras, que debe encuadrase en el contexto sociológico que el alzamiento provocó en el importante sustrato social carlista de Navarra y, en general, en amplios sectores católicos de la provincia.
Las Margaritas se les llamaban a las militantes del carlismo, que apoyaban a los requetés y a la vez difundían “un modelo femenino en contraposición al de las sociedades liberales, republicanas o izquierdistas”, es decir “Fiel Guardiana de las Tradiciones Familiares y Valedora de la Integridad Familiar”. Eran las principales agentes movilizadotes de la sociedad nacional, acentuando el encuadramiento y movilización social de la retaguardia, ejerciendo de paso las labores tutelares de la familia, que el carlismo cree que corresponde a la mujer.

La labor de estas mujeres se concretaba principalmente en la confección de uniformes, el avituallamiento de las columnas de requetés que partían de Pamplona y su incorporación a los hospitales militares como enfermeras. Hay algunas asociaciones de margaritas que empiezan a cuestionar el papel tradicional que hasta entonces tiene la mujer en la guerra dedicada a labores asistenciales y a la caridad. Las Margaritas de Catarroso hacen un comunicado diciendo: “ofrecemos nuestra persona y nuestra vida para lo que haga falta, si nos necesitan en los hospitales, de enfermeras; en la línea de fuego, para guisar o para manejar el fusil”.

El diario carlista en su primera página y a columna completa nos decía las virtudes que en su opinión debía poseer la margarita: “no es soldado, porque es mujer, y por temperamento y por vocación no aspira a herir, sino a curar, no ha disparar el fusil como una miliciana, sino a orar y trabajar como una cristiana”.

De la memoria del Hospital Alfonso Carlos de Pamplona de 1940, y editada en los talleres gráficos de Laborde y Labayen de Tolosa, decía así:
Las Enfermeras
A pesar del volumen que alcanzó nuestro Hospital Alfonso Carlos, nunca estuvo a falta de personal femenino adecuado a lo que sus servicios reclamasen. Una llamada telefónica a la Asociación de Margaritas, daba inmediatamente respuesta a la petición y las necesidades se hallaban remediadas. Ya por marzo de 1936, dentro de la Ciudad alegre y confiada, que era entonces gran parte de la sociedad española, preocupadas ellas por la tragedia del porvenir que sabían segura, se preparaban austeras y aplicadas en talleres, propagandas y sobre todo en cursillos para enfermeras, que en nuestros Centros de la capital y de los pueblos se habían organizado, siendo muchas las que procurando más completa formación obtenían títulos oficiales de enfermeras del Estado en las Facultades de Madrid, Zaragoza, etc.; así se comprende cómo cada nueva sala que se abría en el Hospital, quedaba inmediatamente servida como también las diversas especialidades que se iban instalando.

Una enfermera de título oficial llevaba la dirección de cada sala o servicio, siendo secundada por las que fueran necesarias, enfermeras también, preparadas en los cursillos antes descritos y aptas por tanto al desempeño de sus funciones. Pero si la asistencia fue perfectamente cumplida, todos los médicos que actuaron en el “Alfonso Carlos” pueden dar fe de la ayuda inteligente, eficaz y discreta que encontraron en sus enfermeras, aún más cumplida fue la asistencia moral y espiritual. El ambiente claro y luminoso que el cariño y alegría, tacto y admiración de nuestras admirables “Margaritas” supieron crear en aquellas salas donde el dolor era consuelo, porque a la vez que manos hábiles vendaban sus miembros desgarrados, corazones compasivos compartían tristezas y almas apostólicas disipaban ignorancias y recordaban deberes.
Por todas partes flores, plantas, esmero y limpieza y en cada sala un altar donde reinaba el Sagrado Corazón entronizado y la imagen de la Santísima Virgen que a porfía embellecían los hospitalizados con ingenuas habilidades y artísticos adornos.

Y siempre y en todo momento, la correspondencia asidua a las familias, la enseñanza del catecismo, los coloquios largos y piadosos a la cabecera de los que más sufrían, el cuidado minucioso en la elección de las lecturas, en la organización de los juegos, la porfía generosa por cuidar de los infecciosos, el cariño solícito con que seguían a nuestros soldados en su cambio de hospitales, en su vuelta al frente, y cuando a alguno le llegaba su última hora ¡con qué pena henchida de caridad le rodeaban sus enfermeras! ¡Qué bien podía creerse el moribundo entre su Madre y Hermanas que en aquellos momentos supremos estaban allá para entregarlo a los ángeles que llegaban a su encuentro!. Y con que minuciosidad recogían objetos, recordaban dichos y circunstancias y escribían cartas sin esfuerzo sentido, pero con esfuerzo pensadas, para hallar la frase más consoladora que había que llevar la triste nueva a la familia ausente.
Y es que las enfermeras al llegarse cada mañana al Hospital, venían dispuestas a entregar el don magnífico de su corazón hecho ansias de caridad, de piedad y de sacrificio.
Así el “Alfonso Carlos” aún más que hospital, fue clínica de almas y finca de recreo del Sagrado Corazón. Por eso, al terminar sus actividades quedará siempre su recuerdo y cuando a través de la vida se encuentren los que allí convivieron, no habrá para ellos país ni condición social que los distancie, será el suyo, encuentro de Hermanos, a todos alcanzará la sombra de aquella Cruz monumental que constituyendo la fachada del Hospital, fue su signo. Y aquella Cruz que acogió miserias del cuerpo y del alma, resoluciones heroicas, abnegaciones calladas, esfuerzos cotidianos, bendecirá siempre a los soldados Cruzados y a las Enfermeras Margaritas que, ángeles de la caridad como fue su Reina, supieron cumplir su misión con fortaleza de mujer española, ternuras de madre y virtudes cristianas.

Este hospital disponía de 150 camas, distribuidas en 6 salas corridas de los tres pisos del pabellón Oeste del edificio del Nuevo Seminario. Contaba con dos salas de medicina y 4 de cirugía, quirófano, farmacia, una sala de recreo equipada con radio, comedor, capilla y próximamente tenía previsto crear también servicios de radiología, mecanoterapia y electroterapia. El personal femenino lo componían varias religiosas “Franciscanas del Buen Consejo”, algunas de la “Comunidad de la Esperanza”, la practicante Gloria Biurrun, siete margaritas diplomadas en enfermería y algunas otras encargadas de los servicios auxiliares, limpieza y alimentación. También había unas sesenta personas, médicos y practicantes que habían formado parte anteriormente de la plantilla del “Hospital de las Dominicas”, algunos requetés enfermeros del “Hospital de Sangre de Lecaroz”, el practicante Pedro Biurrun y varias margaritas enfermeras que habían realizado su servicio en el “Botiquín del Círculo Carlista”. Todo el personal era voluntario, es decir se habían ofrecido de forma espontánea para trabajar gratuitamente en el hospital; con excepción de los médicos y de las comunidades religiosas, los demás tenían filiación carlista o afinidad con la Comunión Tradicionalista.
Agradecimiento al Dr. José Danón y a la Fundación Uriach 1838, de Barcelona, por su ayuda en conseguir semejante documento.
En el relato que nos hace Gloria Solé Romeo, en su trabajo “Mujeres carlistas en la república y en la guerra (1931 – 1939). Algunas notas para la historia de las Margaritas de Navarra”. En relación con las actividades que realizaban las Margaritas en la Guerra Civil, diremos que trabajaban en los Hospitales y puestos sanitarios, talleres roperos, para confeccionar uniformes, comedores y almacenes de alimentos. En Servicios sociales de atención a huérfanos, presos, organización de entierros, etc. Además de estas actividades “organizadas” había otras muchas: acompañamiento en algún caso a una partida de requetés toda la guerra, distribución de medallas y “detentes” o “detente bala”, escribir a los requetés como madrinas de guerra, almacenamiento y fabricación de armas y explosivos, servicio como “cartero” en pueblos donde había muerto éste, visitas a los tercios para darles ánimo, etc.

La delegada nacional de los “Servicios de asistencia a Frentes y HospitalesMª Rosa Urraca, enfermera riojana que participó muy activamente en todas las actividades propagandísticas, electorales y sanitarias. Ella nos decía que “debe haber perfecto enlace entre la vanguardia y la retaguardia”. Vosotras debéis proporcionarles a los que luchan ropas y abrigos, atenderles en los hospitales y desempeñar además una misión educadora y de amor, siendo además las madres de los huérfanos…”.
La Ordenanza de las Margaritas era específica para ellas, dando un modelo de mujer que toda Margarita debía realizar, concretándose los principios y aplicaciones prácticas para la vida familiar, religiosa, social y política, de acuerdo con su lema “Dios, patria, Rey”. Esta Ordenanza decía así:
En los puntos incluidos en el capítulo de Dios, se analiza cómo debían vivir la fe, la esperanza, la caridad, la pureza, la fortaleza, con referencias especiales a la oración, la familia, los pobres, los huérfanos, la enseñanza, los espectáculos, las modas, la prensa y los hospitales.
Se lamentaba también de la situación actual del país, fruto del liberalismo, el laicismo y el paganismo, y proponía un futuro distinto, en una España católica, unida bajo el soberano legítimo, foral, gremial, imperial y fuerte.
Era patente la inspiración religiosa de todo el quehacer de las Margaritas en defensa de la familia, la tradición, la pureza de costumbres. Se hacía referencia también a la Virgen del Pilar porque en marzo de 1936, las margaritas la habían elegido su Patrona, y al Apóstol Santiago Patrón.
Terminaba la Ordenanza con un Apéndice sobre la Boina. Las margaritas llevaban al principio una boina blanca, y luego roja, como los requetés. En ambos casos simbolizaba “uniforme, hábito y mortaja”.

LAS MARGARITAS EN SAN SEBASTIÁN
El Hospital del Partido Carlista en San Sebastián, estaba en la esquina de lo que es hoy Ramón María Lili y la Avenida de la Zurriola, enfrente del Kursaal. Se llamaba Hospital de Nuestra Señora de los Dolores (Carlista).
Autor de la fotografía: Javier Garayalde Velaz
En el portal nº 1 de la calle Ramón María Lili, todavía se conserva hoy un cuadro muy grande de la “Virgen de los Dolores” que presidía la entrada por donde todos los días llevaban a los heridos para su ingreso en el hospital. El portal y el cuadro siguen igual que aquel 1936 cuando se creó dicho hospital. Dicho hospital ocupaba todo el primer piso, y estaba dividido en dos salas para enfermos, quirófano, despacho médico y botiquín.
El Coronel de Sanidad de los Requetés era en esa época Don Benigno Oreja Elósegui, que fue su director y contaba con la plantilla de los médicos de la Clínica San Ignacio. Fue Presidente del Colegio de Médicos de Gipuzkoa en dos ocasiones, 1920 a 1924, y la segunda de 1940 a 1946, fue el primer presidente terminada la guerra.
Como Presidenta de las Margaritas de Gipuzkoa en 1936, fue Doña Inés Egoscozabal Brunet. Y los Requetés celebraban el día de su Patrona y el día de Artillería, en el Cuartel de los Requetés que estuvo ubicado en el antiguo edificio del Kursaal. Allí acudían las Margaritas concentrándose en el Hotel Kursaal dos veces al día, de 10 de la mañana a la una del mediodía y a la tarde desde las 3,30 hasta las 7 de la tarde, debiendo atender al combatiente en sus descansos en la retaguardia y actuando como punta de lanza en las movilizaciones sociales en beneficio del soldado, tales como limpieza de los locales utilizados por la tropa; provisión de comida y alojamiento o las prendas de abrigo necesarias. Las enfermeras acudían en sus turnos a trabajar al Hospital Nuestra Señora de los Dolores, que estaba enfrente del edificio, pudiendo así colaborar en los trabajos propios de la mujer en el Kursaal y los de enfermera en particular en el Hospital.
El aumento de la actividad en retaguardia, desplaza de la Sede de las Margaritas desde el Gran Kursaal al Hotel México, donde se instala la Intendencia del Requeté, punto clave para la movilización y el encuadramiento. Allí se instala un taller confección para todo tipo de prendas invernales: jerseys, capotes, mantas, trajes, etc. La publicidad de estas labores, enfatiza el trabajo cualitativo de la Margarita de evidente significación ideológica para el carlismo, destacando su apostolado social. Su militancia en retaguardia se refrenda con la boina roja y la cruz aspada del Requeté, reunión simbólica y síntesis de los principios religiosos y sociales carlistas, ejemplo de su labor guerrera y apostólica en la sociedad nacionalista, ofrecida con locura y amor a las tres veces Santa Causa.
Su papel de agente social adquiere valía por momentos en los primeros meses de guerra, sobre todo con la dilatación de un conflicto que se preveía corto. Sus labores de consuelo a los veteranos pobres, el soporte económico de las familias leales, atención a los heridos y muertos por la Causa, demuestra que sus cometidos no tienen fin.

A mediados de septiembre de 1936, en San Sebastián son frecuentes los llamamientos y convocatorias en pro de los trabajos de las Margaritas para el esfuerzo de guerra, con creciente importancia al prolongarse el conflicto. Este es el caso del llamamiento a todas las que posean el título de enfermeras, para que acudan a los hospitales, en el frente o en la retaguardia.

La atención al herido es para la Margarita el compromiso de la mujer carlista con la sociedad. En los primeros momentos la organización carlista crea hospitales de sangre como el Alfonso Carlos de Pamplona, modelo de organización sanitaria tradicionalista, extensión de una amplia gama de estos centros destinados a los combatientes. Para cubrir las necesidades del hospital se organizan colectas, siendo el tope 150 pesetas por persona. Con este dinero en efectivo se compra mantas, todo tipo de ropa blanca, colchones, almohadas, etc.
En San Sebastián se crean dos nuevos establecimientos en febrero de 1937, de la mano de los Requetés de Guipúzcoa: la Policlínica y el Sanatorio Quirúrgico, instalado en Ayete. Este centro fue posteriormente el hospital de los falangistas, que estaba situado en el Cerro de San Bartolomé, donde hoy está ubicado el cuartel de la Policía Nacional. Ambos son montados con los últimos adelantos médicos y quirúrgicos. El acto de inauguración cuenta con las máximas autoridades de la Junta de Guerra de Guipúzcoa, oficiales del Requeté y la bendición de los locales, con misa celebrada en el Sanatorio.

La presencia de las Margaritas se da por descontado, máxime cuando las actividades bélicas del frente norte se reanudan con la ofensiva sobre la cornisa cantábrica. La propaganda carlista realiza una descripción de los centros así como de sus funciones, comprendiendo la Policlínica consulta diaria y hospitalización de pacientes con tratamiento largo. El Sanatorio está destinado a los heridos en combate y/o enfermedades que requieran tratamiento quirúrgico. En la descripción del personal de ambos centros, se pone el acento en su pertenencia a la Delegación de Sanidad Carlista, junto al plantel de señoritas donostiarras que prestan servicios en calidad de enfermeras.

Se hace saber a la opinión pública donostiarra que: “La Comunión Tradicionalista, que mantiene en los frentes de batalla a millares de requetés, realiza en la retaguardia una labor digna de todo encomio, inaugurando centros como este que hoy nos ocupa, que bastan y sobran para acreditar el talento y capacidad organizadora de sus dirigentes”.
En abril de 1937 la Junta Nacional Carlista de Guerra inaugura un curso de enfermeras, integrado por trescientas señoras y señoritas, con una duración de dos meses y con un nivel alto de enseñanza teórico y práctico, impartido por profesionales adscritos al Requeté y con un examen final para obtener el diploma de enfermeras. En el acto inaugural se dijo de la importancia del envío de miles de hombres al frente y la importancia de la creación de múltiples organizaciones sanitarias para que no queden desatendidos. Recuerda a las futuras enfermeras, el recato y el porte que deben presentar y que se reflejará en la blancura de su uniforme, especie de hábito que representa a la Caridad, el Sacrificio, la Lealtad, la Prudencia y la Vigilancia, todas ellas virtudes que deben adornar a la enfermera en su cometido diario. Considerada como auxiliar del médico en el trabajo del hospital, tiene como misión principal curar y aliviar al enfermo en su dolor físico y espiritual, sustituyendo a la madre, guiando su conducta y el pensamiento de Dios y Patria. En diciembre de 1936 llega a Pamplona, Sevilla y San Sebastián una importante cantidad de lana con destino a la confección de calcetines destinados a las milicias y tropas regulares.

Encontramos en la calle 31 de Agosto de San Sebastián, la Biblioteca del Doctor Camino, Obra Social de Kutxa el siguiente documento.
Conferencia dada por Juan Olazábal y Ramery a las Margaritas de Tolosa, en el Círculo Tradicionalista, el día 29 de enero de 1933, conmemorando el 40 aniversario de la muerte de la reina Doña Margarita de Borbón y editado por la editorial Itxaropena de Zarauz (1933 Signatura: S.M. 1 – A. Nª 42). El manuscrito tiene una dedicatoria en la parte posterior de la hoja que dice: A Don Serapio de Múgica en testimonio de nuestra antigua y buena amistad. Juan de Olazábal. Mundain 20 – 2 – 33
Al levantarse el Sr. Olazábal es largamente aplaudido.
AL hacerse el silencio, comienza diciendo, que a pesar de su veteranía, se levantaba a hablar con verdadero miedo (grandes risas). Si; miedo, aunque no lo creáis, por la magnificencia del recuerdo de aquella egregia señora, todo abnegación y sacrificio, que hoy hace cuarenta años entregó su alma a Dios, y se llamó en vida Doña Margarita de Borbón; y cuyos ejemplos base fundamental de la organización de las “Margaritas”, a quienes dedico la conferencia, dan margen inacabable, a consideraciones tales y tan hermosas, que realmente me encuentro empequeñecido. Unid a esto el que tengo que hablar después de haber oído el elocuente discurso de vuestro dignísimo presidente Sr. Barrenechea, el precioso y notabilísimo pronunciado por la señorita Baleztena, y el de altos vuelos del Sr. Alberdi, Presidente de la Juventud, y comprenderéis, que mi temor degenere en pavor (más risas).

El Reglamento de las enfermeras
María Isabel Baleztena
realizó la redacción del reglamento específico que potenciara y delimitara el papel de las enfermeras Margaritas dentro del Hospital Alfonso Carlos. El reglamento era uniforme para todas las salas y en él se fijaban los horarios y cometidos del cuerpo de enfermeras. Constaba de dos partes diferenciadas: una referida a las enfermeras auxiliares o sin titulación, a las que se denominaban simplemente “enfermeras”, y otra para las enfermeras tituladas, que ostentaban el cargo de “Jefas de Sala”. Para las primeras, el reglamento fijaba dos turnos diferentes de media jornada de 8 a 14 y de 14 a 20 horas, sin incluir las guardias nocturnas. Estos turnos eran alternos, primero una jornada de tarde y al día siguiente de mañana, con objeto de que la enfermera no perdiera contacto con el paciente. Entre dos y tres enfermeras por turno cubrían el servicio de cada sala, en función del número de camas. Durante el cambio de turno se dedicaban unos minutos a comunicar las incidencias.
La “Jefa de Sala” que debía poseer como requisito indispensable la titulación oficial de enfermería, considerando como tales los de Enfermera del Estado, de Sanidad Militar o de las Damas Enfermeras de la Cruz Roja. Su jornada era completa, de mañana y tarde, y estaba al mando y cargaba con toda la responsabilidad de la sala, teniendo a su cargo a las enfermeras, enfermeros y religiosas de sala. Su trabajo incluía todo lo referente a enfermería, organización, supervisión de la visita médica diaria, la formación del personal femenino.

El reglamento introducía cambios sustanciales con otros hospitales de España, por ejemplo la participación en la realización de las curas por parte de las enfermeras, la realización de la historia clínica, tareas que se consideraban propias de los médicos y practicantes, además de la supeditación de las monjas de sala a la enfermera jefe. Tras el Reglamento, se le dio mucha categoría a la enfermera, habiendo una gran transformación en su figura pública.

Con este nuevo reglamento entraba en juego la Formación de las nuevas Enfermeras, ya que en cada una de las Salas debía haber una Enfermera Jefe con titulación oficial al frente. Empezaba a complicarse la ampliación del Hospital y de sus Salas con el uso del nuevo Reglamento debido a la escasez de enfermeras tituladas entre las Margaritas Navarras.

El 22 de abril de 1937 se abre el plazo de inscripción para formar parte del “Nuevo Cuerpo de Enfermeras del Requeté”. En él tendrán preferencia para ocupar los puestos de cabecera aquellas margaritas que poseyeran titulación oficial de enfermería o que hubiesen prestado servicio en hospitales de campaña. Para ello según informaba “El Pensamiento Navarro” el 22 de abril de 1937, decía las aspirantes debían enviar un certificado de su pertenencia a las margaritas cursado por la presidenta de su asociación local y otro que demostrar la posesión de algún título de enfermería, considerando como tales los expedidos por las Facultades de medicina, Sanidad Militar y Cruz Roja.
El 28 de abril de 1937 se inauguraba uno de los proyectos más ambiciosos y con mayor trascendencia de la historia del Hospital Alfonso Carlos, “El Curso de Enfermeras” dirigido por los médicos pamploneses Agustín Madoz y Emilio Huarte Mendicoa y con 155 margaritas apuntadas. Las clases tendrían lugar en el aula de enseñanza del hospital en dos turnos diferentes: a las 8 de la noche para las enfermeras con servicio de tarde, y a las siete para el resto, incluyendo a las margaritas integradas en otros hospitales. Este curso duró alrededor de cuatro meses, mejorando considerablemente la formación de su cuerpo de enfermeras, obteniendo para todas ellas la titulación de diploma de “Enfermera del Requeté”, este título no llegó nunca a tener validez oficial. La Facultad de Medicina de Zaragoza ofertó un curso para oficializar con un examen teórico y práctico el titulo anteriormente expedido por los carlistas, consiguiéndolo algunas enfermeras que se presentaron.

La organización de cursos para nuevas enfermeras fue un fenómeno relativamente frecuente en la retaguardia de ambos bandos durante la guerra civil. En total, se reconocieron durante este periodo 12.307 titulaciones entre auxiliares y enfermeras diplomadas.
Los meses comprendidos entre abril de 1936 y junio de 1939 constituyeron en definitiva el periodo de mayor intensidad formativa en el campo sanitario que la mujer Navarra y seguramente la de toda España. Había conocido hasta aquel momento. Por primera vez muchas mujeres jóvenes tanto de las ciudades como del ámbito rural y que no pertenecían exclusivamente a familias acomodadas, pudieron por fin acceder a una rápida formación y ejercicio de la enfermería, marcada por las trágicas circunstancias de la guerra.
El semanario diocesano pamplonés “La Verdad”, en un artículo titulado “La Enfermera” publicado en diciembre de 1938, se hacía eco del profundo y acelerado cambio que estaba sufriendo la composición social de la Enfermería en España:

La toca blanca es hoy un símbolo y una realidad. Hasta que advino el Movimiento, ser enfermera era una cosa de postín, el uniforme resultaba vistoso y era espejo de sacrificio bien recibido en los medios aristocráticos. Conocíamos las enfermeras por las fotografías que aparecían en los periódicos al final de sus cursos entre títulos de abolengo y figuras de sangre azul. Pero llegó el momento de demostrar que todo aquel aparato exterior servía para mucho. La aristocracia y el Palatinado, la señorita y la joven de clase humilde se unieron en un solo afán: ser enfermeras verdad con los heridos de España. Y lo cumplen de maravilla.

Las “Margaritas” fueron para los Requetés, el ser más querido y respetado de la Tierra. En ellas están incluidas sus Madres, Hermanas, hijas y Enfermeras, y cuando no, sus novias, promesa de un futuro venturoso en el cual se prolongue, gracias a ellas, el linaje fecundo de los Carlistas.

Mira, cuando vas al campo
no pises las “Margaritas”
que es la flor más estimada
que tenemos los Carlistas.

Si vas al monte Oriamendi
no pises las “Margaritas”
que están regadas con sangre
de los Requetés Carlistas.

Que guapa eres
que bien está
la boina blanca
la colorá.

Libros y Bibliotecas consultadas
“El Carlismo, la República y la Guerra Civil”. Margaritas carlistas. Tercios Requetés de la Guerra Civil Española. Juan Carlos Peñas Bernardo de Quiros.
Entre el frente y la Retaguardia. Pablo Larraz Andía.
Mujeres carlistas en la república y en la Guerra (1931 – 1939). Algunas notas para la historia de las “Margaritas” de Navarra. Príncipe de Viana, año LIV. Anejo 15-1993. Segundo Congreso General de Historia de Navarra. Gloria Solé Romeo
Cartas de un Requeté del Tercio del Rey: José María Erdozáin. Ricardo Ollaquindia.
Diario de campaña de un requeté pamplonés (1936 – 1939). Manuel Sánchez Forcada.

Biblioteca Del Doctor Camino, Obra Social de Kutxa
Biblioteca Pública Koldo Mitxelena
Biblioteca. Museo Vasco de Historia de la Medicina y de la Ciencia
Fototeca Kutxa, permiso para publicación de fotografías, 9 de diciembre de 2008
Caja de Ahorros Kutxa


Agradecimientos
Loli Casteres
Javier Garayalde Velaz
Begoña Madarieta
Nuria Montero
Javier Onrubia Revuelta
Benigno Oreja del Río
Juan Ignacio Valle Racero
Museo Vasco de Historia de la Medicina y de la Ciencia


Agradecimiento especial al Dr. José Danón y a la Fundación Uriach 1838, de Barcelona.

Fotos:Las fotos están escaneadas de los libros antes citados, de Internet y de la Fototeca Kutxa de San Sebastián.
El autor de la fotografía del cuadro de la Virgen de los Dolores es de Javier Garayalde Velaz
Manuel Solórzano Sánchez
Enfermero Hospital Donostia. Osakidetza /SVS
masolorzano@telefonica.net