martes, 22 de noviembre de 2016

LA CREACIÓN DE LA FIGURA DE LA PRIMERA DIRECTORA DE ENFERMERAS



Sanidad y la II República Española (1931-1936)

AUTORES:
Profesor Dr. Francisco Javier Castro Molina. Natalia Rodríguez Novo y Felisa Vanesa Martín Casañas. Enfermeros de Tenerife.

FOTO 1 Título del trabajo

INTRODUCCIÓN
Uno de los momentos claves para la Sanidad Española, fue el que se desarrolló durante el gobierno de la Segunda República, cuya gestión estuvo definida por un marcado intento de modernización de España.

Tras la abdicación del Rey Alfonso XIII se procedió a la proclamación del gobierno republicano, breve periodo que se vio truncado por el alzamiento militar liderado por Francisco Franco y que concluyó con el fatal desenlace de la Guerra Civil Española.

Caracterizado este momento político por un desarrollo poco uniforme; es durante el gobierno del Frente Popular, cuando se busca concluir las reformas que el régimen de Miguel Primo de Rivera, habían puesto en funcionamiento (1).

Centrada básicamente en la creación de infraestructuras sanitarias acordes a los tiempos y en una organización sin precedentes de los recursos, su política se pivotó en torno a una activa voluntad preventiva, en el que la figura de la Enfermera se consolidó como “profesional de los cuidados y de la prevención” dentro de un equipo que comenzaba a mutar hacia el modelo multidisciplinar.

FOTO 2 Ley de Bases de Régimen Sanitario de 1934

Estos avances en el campo sanitario y social fueron adaptados al “ideario del Franquismo”, reinterpretándolos y adjudicándoselos como propios, y siempre con un control férreo desde los órganos centrales de gobierno (2). Como un remedo de lo que acaecía en el resto del territorio nacional, en Canarias se apostó por una renovación de la red asistencial existente, en la que jugó un papel destacado la "desacralización" del espacio sanitario, apoyada en el cientificismo imperante tras la Revolución Industrial.

Dejando atrás los nosocomios fundamentados en la filosofía escolástica y los preceptos galénicos, se abrió el camino hacia el hospital como "Máquina de Sanación", donde se efectuó un giro copernicano tanto en su continente como en su contenido. En este, en su contenido, es donde surge una primacía, la Directora de Enfermeras, figura desconocida hasta la fecha que no distó en atribuciones, estatus y gobernanza a las que en la actualidad acampan en los diferentes hospitales que están diseminados por la red asistencial española (3).

Palabras clave: Historia; Enfermería; Directora de Enfermeras; Gestión; Canarias; II República Española.

METODOLOGÍA.
El proceso de investigación del presente estudio constó de tres fases: primeramente se realizó un “examen exhaustivo” de la documentación custodiados en el Archivo del Excelentísimo Cabildo Insular de Santa Cruz de Tenerife, Sección de Beneficencia (expedientes de las cajas 6544, 6545, 6546, 7088). Posteriormente se procedió a una revisión bibliográfica de las publicaciones existentes en lengua española desde tres ópticas diferentes claramente definidas: la socio-histórica, la sanitaria y la antropológica (tesis doctorales y libros publicados presentes en la bibliografía). Y finalmente, se realizó una búsqueda en los diferentes recursos electrónico y bases de datos (CUIDEN, SCIELO y PubMed) atendiendo a las palabras Historia, Ciencias de la Salud, Enfermería, Directora de Enfermeras, gestión sanitaria y II República Española.

FOTO 3 Metodología

RESULTADOS
El primer tercio del siglo XX en España constituyó una de los tramos históricos en los que “el intento de cambio” fue una constante. Desarrollado entre las dos dictaduras que estuvieron presentes en este siglo, la dirigida por Miguel Primo de Rivera (1923-1930) y la personificada por Francisco Franco (1939-1975), el momento de la II República Española constituyó un experimento político que nos colocó, constitucionalmente, por delante de numerosas naciones democráticas europeas. La finalidad de la propuesta republicana tenía como única meta la modernización de un país anclado en un modelo sociopolítico medieval.

Tras la abdicación de Alfonso XIII y la proclamación del “representativo y popular gobierno rojo” su acción intensa se centró en buscar la homogeneidad de la población española mediantes políticas que igualaran los derechos. Durante el “Bienio Reformista”, comprendido entre 1931 y 1933, las acciones renovadoras fueron tibias y poco uniformes, constituyendo una continuación de las iniciadas por Miguel Primo de Rivera. Inicialmente tres fueron los pilares en los que se basaron: búsqueda de una descentralización del Estado, gestionado por gobiernos autonómicos; la reforma agraria, con las expropiaciones forzosas y la instalación de comunidades campesinas; y por último, la reforma religiosa, que comprendía la laicidad del Estado (separación Iglesia-Estado), el sustento propio de ésta y la instauración del matrimonio civil y el divorcio. A ellas se les unieron cambios en otras áreas como la política, la educativa y la sanitaria (4).

FOTO 4 Resultados 1

La primera centró su interés en la instauración del voto femenino, mientras que la segunda, la reforma educativa, trajo como novedoso una educación obligatoria, pública y gratuita, ajena al mundo eclesiástico. La última, buscó reorganizar las infraestructuras sanitarias existentes, así como la creación de nuevos recursos sanitarias con una activa “voluntad preventiva”. Fundamentado en los principios de los modernos sistemas sanitarios (universalidad, solidaridad y equidad), el Estado dispuso los recursos económicos necesarios en los Presupuestos Generales, aumentándolos de manera progresiva: de 6.619.300 pesetas en el año 1920 se pasó a 9.990.082 pesetas en 1931, 15.582.807 pesetas en 1932 y llegando a doblar la cantidad al año siguiente con una partida de 31.432.690 pesetas (4, 5).

Tanto las infraestructuras sanitarias como los recursos humanos no eran los adecuados. Los primeros habías quedado obsoletos y eran inapropiados para su finalidad; los segundos, precisaban de una reorientación en la que se definieran sus funciones y en la que se diera el protagonismo merecido tanto a la docencia como a la investigación, campos que habían quedado en un segundo plano (se da un marcado énfasis a la formación de los profesionales sanitarios basados en un cientificismo imperante en toda Europa, corriente que costó considerablemente instalar en nuestro país).

La Dirección General de Sanidad creó nuevas secciones técnicas con el ánimo de poner en funcionamiento su proyecto: la Secretaria General Técnica, la Sección de Ingeniería y Arquitectura Sanitaria, la Sección de Higiene Social y Propaganda, la Sección de Higiene de la Alimentación, la Comisión Permanente de Investigaciones Sanitarias, la Sección de Higiene Infantil, el Departamento de Mortalidad materna, Morti-natalidad e Higiene Prenatal y Preescolar y, finalmente, la Sección de Psiquiatría e Higiene Mental (1, 4).

FOTO 5 Resultados 2

En 1934, con la Ley de Bases de Régimen Sanitario y la posterior Orden Ministerial de 13 de febrero de 1936 relacionados con la creación de un sistema sanitario, se enfatizó la intervención estatal en la organización de los servicios sanitarios locales, además de la reestructuración de los “desconocidos” centros primarios y secundarios de Higiene Rural. Ambos textos normativos buscaban la constitución de una red asistencial sanitaria, en la que se primara la prevención, la educación para la salud, la curación, la rehabilitación y la reinserción del individuo. Para lograr su objetivo, se dispusieron dispositivos sanitarios como los Centros Primarios y Secundarios de Higiene Rural (reorganizados y con una nueva interpretación), los Servicios de Higiene Infantil dependientes de los Institutos Provinciales de Higiene, los dispensarios móviles de Higiene Infantil, los dispensarios y sanatorios para la lucha antituberculosa-antivenérea, la Escuela Nacional de Sanidad, así como la creación de una Escuela Nacional de Enfermeras Visitadoras (6, 7).

Este último, el proceso de formación de las enfermeras y de los practicantes, desde un primer momento se vio mediatizado por todos aquellos cambios que progresivamente se fueron incorporando (8, 9). La intención en éste área se pivotaba a partir de la profesionalización e institucionalización de este colectivo. La cualificación de la Enfermera no fue un proceso fácil. Técnicamente, se había logrado una ampliación del saber y de lo concerniente a su campo profesional de actuación. Hasta la fecha, la piedra angular profesional había girado en torno a unos “cuidados instintivos y de carácter natural”, donde género y religión, en este caso la Católica, catalizaban cualquier actividad asistencial.

FOTO 6 Resultados 3

Existió en todo momento una preocupación considerable por el cuerpo del conocimiento y la formación de las Enfermeras. Fruto de ello fueron los numerosos textos editados, que no solo aportaban el “saber preciso”, sino que establecían y remarcaban las funciones de éstas. Aglutinaban materias como la Anatomía, la Fisiología y la Patología, además de abordar temas como la Higiene, las Técnicas Médicas, la Química, la Farmacología, la Dietética, la Fisioterapia y la Puericultura. Junto a ellas, las exigencias ético-morales que en ese preciso momento constituían un requisito para ser una “buena enfermera”, entre las que se encontraban la bondad, la afectividad, la fortaleza, la paciencia, la puntualidad, la evidencia, el sacrificio y sobre todo, el secreto profesional (6, 8).

Esta nueva forma de ver la profesión enfermera progresivamente fue dando sus frutos. La mutación del proceso formativo unido a la consolidación de la figura de las cuidadoras favoreció el avance hacia lugares nunca imaginados. Canarias no fue ajena a esta situación.

En 1936, el consejero y médico del Excelentísimo Cabildo Insular de Tenerife, D. Manuel Bethencourt del Río, propuso un nuevo reglamento para el Hospital de Nuestra Señora de los Desamparados, posteriormente denominado Hospital Civil, con la pretensión de reorganizar los departamentos y la estructura orgánica interna, así como las funciones de cada una de las figuras de los profesionales que desempeñaban su labor en él.

FOTO 7 El Cuerpo de enfermeras estará formado

Primeramente, se estableció la creación de 6 plazas de practicantes numerarios y 2 supernumerarios, que debían distribuirse en el nosocomio equitativamente: 2 en Cirugía general (uno en cada servicio); 1 para Medicina Interna, Gastroenterología, Nutrición y Endocrinología; 1 para Tuberculosis, Enfermedades Infecciosas, Desinfección y Desinsectación; 1 en Ginecología, Urología y Dermatosifiliografía; y por último, 1 en Otorrino, Oftalmología, Odontoestomatología, Pediatría y Radioelectrología.

La oposición era la única puerta de entrada a esta categoría, cuyo proceso contaba de un tribunal formado por el Director del Hospital, 3 Jefes de Servicio numerarios y 1 Practicante numerario que actuaba de Secretario. La prueba estaba formada por 2 ejercicios, el primero práctico eliminatorio, y el segundo teórico. Éste último, exigía la resolución de 3 de los 50 temas consignados en tan solo media hora (10, 11).

El citado reglamento, establecía además, las funciones del Practicante, articuladas en todo momento en el auxilio del médico y del cumplimento de sus prescripciones. A ellas se les unía el encargo del control y gestión de la Farmacia, la ejecución de intervenciones quirúrgicas de menor calado, las necroscopias y la gestión de las altas hospitalarias. De igual manera, cualquier candidata a ocupar una plaza de Enfermera debía pasar un proceso selectivo. El requisito principal para acceder a la prueba evaluatoria era poseer la titulación con validez oficial. Una vez superada el ejercicio, la seleccionada podía optar por una actividad laboral con carácter interno o externo (10).

La nueva organización del Hospital insular modificaba el organigrama previo. El cuerpo de las Enfermeras estaba conformado por 1 Directora de Enfermeras, 1 Enfermera Jefe para cada servicio del Hospital y tantas Enfermeras como se precisara para atender a los enfermos ingresados.

FOTO 8 La Directora de Enfermeras

Para ser Directora de Enfermeras, la candidata debía ser titulada con preparación superior a la de las Enfermeras Jefes de Servicio. Ésta, la Directora, pertenecía a los miembros de la Junta Rectora, situación inédita hasta la fecha, y además se encargaba de velar por el cumplimiento del reglamento interno de Hospital en lo referente a su área de gestión y al cuidado de los enfermos. Incluso, coordinada tanto con el Director como con la Junta Rectora, era la responsable de confeccionar el horario y la distribución de las Enfermeras (cuadrantes), y de ser el referente de los médicos para la resolución de conflictos (10, 11).

Jerárquicamente, las diferentes Enfermeras Jefe existentes en las dependencias hospitalarias estaban bajo el mando de la Directora de Enfermeras. Tenían el encargo de la gestión tanto de las salas como de las Enfermeras, las alumnas de Enfermeras que recibían su formación y las Enfermeras Subalternas. Estas últimas, las Enfermeras Subalternas, estaban responsabilizadas de la limpieza de la cocina, del orden y organización de la ropería, de la actividad propia de los lavaderos y la limpieza general del Hospital (10).

CONCLUSIONES
Desconocer el pasado, lo que ya sucedió, obliga a que se repitan situaciones semejantes. Pero conocer la Historia, y en este caso, la de nuestra profesión, nos ayuda a tener argumentos para construir y consolidar nuestro futuro. La Enfermería, a diferencias de otras muchas profesiones, posee un camino breve en lo referente a su actividad laboral, lo que hace que carezca del reconocimiento social que se merece. Esto da pie a que los historiadores de la Enfermería prosigamos realizando descubrimientos en torno a ésta, que consolidan el cuerpo de la disciplina y permiten hacernos conscientes del camino ya hecho.

FOTO 9 Conclusiones

Algunos autores han establecido dentro de nuestra historia dos “momentos” que han marcado un considerable avance de la Enfermería en España, la creación de las Consultas de Enfermería, que facilitaron la relación enfermera-usuario estableciendo una autonomía superior a la que estuvo presente durante la II República Española, y la creación de la figura de la Dirección de Enfermería, con iguales competencias que la Dirección Médica o la de Gestión, favoreciendo así el “autogobierno”.

Esto último momento, siempre ha sido ubicada cronológicamente en la década de finales de los ochenta del siglo XX (12), pero es tras el hallazgo realizado en la isla de Tenerife, expuesto en el presente trabajo de investigación, el que deja claro que la historia actual difiere considerablemente de la “real”. El reglamento estudiado establece el primer momento en el que se crea la figura de la Directora de Enfermeras, coincidente con el “ocaso republicano”, facultándola y atribuyéndola con semejantes “poderes” que los adquiridos tras la Constitución de 1978, igualando su estatus al de las otras direcciones que tradicionalmente se han considerado capacitadas para su autogestión.

FOTO 10 Francisco Javier Castro Molina y Manuel Solórzano Sánchez. Granada 2016

BIBLIOGRAFÍA
(1) Castro Molina, FJ. (2013). Arquitectura, asistencia y cuidados. Manicomio Provincial de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife: Colegio Oficial de Santa Cruz de Tenerife, pp. 38-42.
(2) Matesanz Santiago, MA. Pasado, presente y futuro de la Enfermería: una aptitud constante. Revista Administración Sanitaria 2009;7(2):243-60. Disponible en < http://www.elsevier.es/es-revista-revista-administracion-sanitaria-siglo-xxi-261-articulo-pasado-presente-futuro-enfermeria-una-13139761?redirectNew=true#affa> [Consultado el 10 de junio de 2016].
(3) Herrero Rodríguez, F. Notas sobre la Historia de la Enfermería en España (1977-2002). Iluil, volumen 26, 2003, 157-163. Disponible en articulo/831836.pdf> [Consultado el 5 de junio de 2016].
(4) Huertas, R. Política Sanitaria: De la Dictadura de Primo de Rivera a la II República. Revista Especial de Salud Pública, 74 , 2000, pp. 35-43.
(5) Castro Molina, FJ. Enfermería: ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos? Revista Presencia 2015 ene-jun, 11(21). Disponible en [Consultado el 5 de mayo de 2016].
(6) García Castillo, N. Un análisis educativo de la formación enfermera en España durante la Segunda República, de JA Vera Pérez y JM Hernández Conesa [comentario de texto]. Temperamentvm 2012, 16.
Disponible en [Consultado el 5 de junio de 2016]
(7) Alberdi Castell, RM. (2016) Retrospectiva. Una reflexión sobre la profesión enfermera y el trabajo comunitario en España desde los inicios hasta 1994. Madrid: Asociación Nacional de Enfermería de Salud Mental (ANESM), pp. 91-115.
(8) Segura López, G.; Hernández Conesa, J. M.; Beneit Montesinos, J. V. (2013). Los sistemas formativos enfermeros durante la guerra civil Española (1936-1939). Arte y ciencia de la Sanación. Historia de la educación. Murcia: Diego Marín, Librero Editor.
(9) Castro Molina, FJ.; Rodríguez Gómez, JA. (2012). Uniformes e imagen social de los cuidadores profesionales. Santa Cruz de Tenerife: Colegio Oficial de Enfermeros de Santa Cruz de Tenerife, pp. 29-34.
(10) Archivo del cabildo Insular de Tenerife (ACIT). Sección de Beneficencia, caja 6544, 6545, 6546, 7088.
(11) Rodríguez Gómez, JA; Ochoa Díez, L.; Castro Molina, FJ. (2012) Centenario del Ilustre Colegio Oficial de Enfermería de Santa Cruz de Tenerife (1912-2012). Santa Cruz de Tenerife: Colegio Oficial de Santa Cruz de Tenerife, pp. 77-92.
(12) Hernández Martín, F. (1996). Historia de la Enfermería en España: desde la Antigüedad hasta nuestros días. Madrid: Síntesis, pp. 309-323.


Manuel Solórzano Sánchez
Diplomado en Enfermería. Servicio de Traumatología. Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. OSI- Donostialdea. Osakidetza- Servicio Vasco de Salud
Insignia de Oro de la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica 2010. SEEOF
Miembro de Enfermería Avanza
Miembro de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos
Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería
Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.
Miembro no numerario de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País. (RSBAP)