miércoles, 22 de junio de 2016

LA ENFERMERÍA EN LA GUERRA HISPANO - ERICANA



La guerra con España proporcionó a las Enfermeras norteamericanas su primera experiencia con la enfermería militar. Por desgracia, la Guerra Hispano-Americana también sirvió para ilustrar gráficamente las deficiencias de los Estados Unidos, como la falta de un servicio de enfermería de la Cruz Roja, la necesidad de un cuerpo de enfermería del ejército y la carencia de reservas para estados de emergencia.

FOTO 1 W. A. Rogers, Un Mensaje de Casa. Escena de un hospital durante la Guerra Hispano-Americana. The Bettmann Archive, Nueva York

En 1898 el Departamento Médico del Ejército de los Estados Unidos estaba compuesto por unos 983 miembros, pero su prestigio era nulo. Sin duda, esta cifra era inadecuada para cuidar a los 28.000 miembros del ejército regular. Las bajas norteamericanas en las batallas de esta guerra fueron escasas, pero los campamentos, levantados apresuradamente y sin condiciones, fueron devastados por la fiebre tifoidea, la malaria, la disentería y las intoxicaciones alimentarias (1).

Las enfermedades epidémicas causaron diez veces más muertes que las balas. Se necesitaban enfermeras desesperadamente. La Nurses´Associated Alumnae of the United States and Canada (rebautizadas como American Nurses´Association en 1911) ofreció su ayuda, pero el ejército la rechazó. La principal objeción a este organismo fue que tenía una existencia relativamente corta y que no estaba reconocido como portavoz de las Enfermeras. Por otra parte, la oferta había llegado un día tarde. Las Hijas de la Revolución Americana ya se habían ofrecido voluntarias, y Anita Newcomb McGee (1864 – 1940), su vicepresidenta y médico sin ninguna experiencia administrativa previa, fue puesta al mando del Servicio de Enfermería del Ejército. A la Dra. McGee se le otorgó el cargo de cirujano ayudante en activo del ejército de los Estados Unidos.

Los heridos y las bajas causados directamente por la fuerza de las armas fueron irrelevantes; sin embargo, los norteamericanos sí que tuvieron muchas bajas por las epidemias: disentería, malaria, tifus y toxi-infecciones alimentarias (2).

FOTO 2 Las Hijas de la Revolución Americanas, 22 de febrero de 1892

El Congreso autorizó la contratación de mujeres Enfermeras con un sueldo de 30 dólares mensuales más alojamiento y manutención. Sin embargo, el contrato no les aseguraba el cuidado personal si caían enfermas. La Dra. McGee prefirió a “Enfermeras graduadas” con los avales de sus Escuelas y sugirió que todas las aspirantes fueran examinadas y alistadas a través de las Hijas de la Revolución Americana (The Daughters of the American Revolution) (1 y 2).

Se contrató a unas 8.000 enfermeras voluntarias, que en esencia constituyeron el fundamento del actual Cuerpo de Enfermería del Ejército. Sirvieron casi 1.600 enfermeras graduadas; las órdenes católicas también estuvieron representadas en gran número, especialmente las Hijas de la Caridad o Hermanas Grises. Después de aprobar el examen y realizar un breve cursillo les enviaron a los hospitales (2). Las primeras enfermeras, seleccionadas en mayo de 1898, fueron destinadas a hospitales militares en los Estados Unidos, Puerto Rico, Cuba, Hawái y las islas Filipinas. Además, sirvieron en el buque hospital UUS Relief. Este barco llevaba provisiones de medicamentos, vendajes y equipo para abastecer un hospital de 750 camas durante 6 meses. Seis mujeres enfermeras estaban a bordo cuando partió del puerto de Tampa (1).

Los hospitales del ejército habían sido atendidos por hombres del mismo cuerpo que carecían de formación y experiencia. Eran reclutas, generalmente la escoria de las unidades, sin la mínima disposición para el cuidado de los enfermos y acostumbrados a prácticas antihigiénicas, como utilizar el mismo cubo para los alimentos y los excrementos, lo cual contribuía a propagar la enfermedad por los campamentos. En consecuencia, cuando llegaron las enfermeras se encontraron ante una situación catastrófica. A menudo trabajaban día y noche con provisiones y cobijo inadecuados. Con el tiempo se ganaron el respeto y el reconocimiento, no sólo de los soldados sino también de los cirujanos, que al principio habían mostrado prejuicios contra ellas. Durante esta guerra fallecieron trece enfermeras mientras prestaban su servicio.

FOTO 3 Enfermeras a bordo del buque Hospital “Relief” cerca de Cuba. La Cruz Roja durante la Guerra Hispano-Americana, 1898. National Library of Medicine, Bethesda, Maryland

Durante la Guerra Hispano-Americana el ejército estuvo expuesto continuamente a las fiebres tifoideas y a la fiebre amarilla. Por ello, comenzaron a realizarse investigaciones para averiguar la causa y la forma de propagación de las fiebres tifoideas. Un comité encabezado por el comandante Walter Reed determinó que las moscas y las prácticas antihigiénicas eran las fuentes obvias de la enfermedad. La fiebre amarilla también fue muy virulenta y causó un gran número de fallecimientos. Un equipo de médicos, formado por el Dr. James Carroll, el Dr. Aristides Agramonte, el Dr. Jesse W. Lazear y el comandante Reed, fueron enviados a Cuba por el Gobierno de los Estados Unidos para encontrar la forma de controlar el problema.

El comandante Walter Reed y el Dr. Agramonte consultaron con el Dr. Carlos Finlay, un médico de La Habana, sobre su teoría (de 19 años) de que la fiebre amarilla era causada por un mosquito autóctono común. A continuación procedieron a realizar experimentos, en los que personas voluntarias eran picadas por mosquitos bajo unas condiciones controladas a fin de poder estudiar las reacciones. Los primeros voluntarios fueron médicos; algunos sobrevivieron, otros no. Estos experimentos demostraron que el mosquito Aedes aegypti era el portador de la fiebre amarilla y abrieron el camino para el control de la enfermedad.

La última persona que se sometió al experimento de la fiebre amarilla con el mosquito Aedes aegypti, fue una enfermera voluntaria Clara Louise Mass, que murió a causa de la enfermedad (1 y 2).

FOTO 4 Sobres de primer día en honor a la enfermera Clara Louise Maass, que fueron patrocinados por RN MAGAZINE y el Clara Maass Memorial Hospital para celebrar el centenario de su nacimiento. Cortesía de Howard B. Hurley

Así la recordaba el oficial médico encargado del hospital donde se produjo su fallecimiento:

En numerosas ocasiones durante la Guerra Hispano-Americana, las enfermeras mostraron un heroísmo y un sentido del deber iguales a los de cualquier soldado o marino. La mayoría de las que estaban conmigo en el Hospital de las Ánimas de La Habana no habían tenido la fiebre amarilla, y sin embargo, atendieron sin inmutarse a los casos malignos de dicha enfermedad, permaneciendo hasta el final junto a los que morían, intentando aliviar su sufrimiento y salvar su vida, con sus vestidos, sus manos e incluso a veces sus rostros cubiertos de sangre y vómito negro.

Una de aquellas enfermeras de las Ánimas fue Miss Clara Maass, entregó su joven vida por un alto sentido del deber. Pensó que sería más útil como enfermera en Cuba después de haber padecido la fiebre amarilla, y pidió ser picada por mosquitos infectados con el fin de contraer la enfermedad y así inmunizarse. Yo intenté disuadirla de que diera ese paso, diciéndole que su vida era demasiado valiosa para exponerla a un riesgo tan grande… No obstante, ella insistió, y le aplicaron en el brazo los fatales mosquitos. Tres o cuatro días más tarde se le desencadenó un caso hemorrágico maligno de fiebre amarilla que le causó la muerte una semana después. (Citado en Frank, 1953, página 259).

Tras su fallecimiento se interrumpieron los experimentos, aunque éstos ya habían avanzado lo suficiente como para que se empezara a controlar la enfermedad.

FOTO 5 Los conquistadores de la fiebre amarilla. Dean Cornwell. Cortesía de Wyeth Laboratories, Filadelfia, Pennsylvania. Los médicos Jesse Lazear, James Carrol, Carlos Finlay y el comandante Walter Reed investigando la enfermedad producida por un mosquito en Cuba después de la Guerra Hispano-Americana, 1900

Clara Lousie Maass (1876 – 1901) se graduó en la Christina Trefz Training School for Nurses del Newark German Hospital en 1895. Posteriormente este hospital fue rebautizado con el nombre de Clara Maass Memorial Hospital. Miss Maass fue una de las cinco primeras estudiantes que se graduaron con el programa de dos años. Permaneció como miembro del personal y tres años más tarde se convirtió en enfermera jefe. Se ofreció como enfermera voluntaria para el ejército de los Estados Unidos durante la Guerra Hispano-Americana y sirvió en Florida, Georgia, Cuba y las Filipinas. Tras haber completado su período de servicio, Clara Louise se ofreció voluntaria en respuesta al llamamiento hecho por el comandante William C. Gorgas para reclutar enfermeras para La Habana, donde se estaban llevando a cabo experimentos sobre la fiebre amarilla. Cuidó a las víctimas de esta enfermedad durante la primavera de 1901. El 4 de junio de ese mismo año permitió ser picada por un mosquito. Sufrió un ataque leve de fiebre amarilla, se recuperó y volvió a ser picada de nuevo el 14 de agosto. Dudaba de que la febrícula que había padecido la hubiera inmunizado contra la enfermedad. El segundo ataque resultó ser fatal, y falleció 10 días más tarde a la edad de 25 años.

Clara fue la única norteamericana y la única mujer que falleció durante los experimentos. Tras su muerte se interrumpieron éstos, pero finalmente acabó por vencerse la enfermedad. El cadáver de Clara fue enviado al cementerio de Fairmount, en Newark, para ser enterrado con todos los honores militares. Tanto Cuba (1951) como los Estados Unidos de América (1976) han emitido sellos conmemorativos en su honor. Este fue el primer sello de los Estados Unidos dedicado a una enfermera individual. Además, la casa de acuñaciones Franklin realizó una medalla especial con motivo del centenario de su nacimiento.

FOTO 6 En el Good Samaritan Hospital, se formaron muchas enfermeras, 1910

La experiencia de la guerra demostró sin lugar a dudas la superioridad de la enfermera preparada sobre la voluntaria sin formación e impulsó la constitución de un cuerpo permanente de enfermeras. Inmediatamente después de la guerra, tanto la Nurses´Associated Alumnae, con el apoyo de ciudadanos influyentes, como la Dra. McGee propusieron proyectos para la instauración de un cuerpo de enfermería profesional sancionado legalmente a perpetuidad. Estos proyectos no fueron aceptados.

Finalmente, en 1900, después de que varios cirujanos hubieran hablado favorablemente en el Congreso sobre el trabajo realizado por las enfermeras, se presentó el Acta de Reorganización del Ejército, que institucionalizaba un cuerpo permanente de enfermeras como parte del Departamento Médico del Ejército; el cuerpo estaría integrado por enfermeras con una formación completa (graduadas en Escuelas hospitalarias) bajo el mando de un director competente. Antes de su aprobación el 2 de febrero de 1901, se añadió al Acta una enmienda según la cual la supervisora del Cuerpo de Enfermeras debía estar graduada por una Escuela hospitalaria. El Acta declaraba que el salario de las Enfermeras del ejército sería de 40 dólares al mes en caso de servicio en los Estados Unidos y de 50 dólares mensuales si éste se prestaba fuera del país.

FOTO 7 Soldados americanos haciendo punto en el Walter Reed Hospital, 1918

En 1918 se adoptó el nombre definitivo de Cuerpo de Enfermeras del Ejército. Su lema ha sido: “Allá donde van las tropas de los Estados Unidos, allá van las enfermeras del ejército”.

Puesto que la Dra. McGee no era enfermera, se vio obligada a dimitir cuando se estableció el Cuerpo de Enfermeras del Ejército. La sucedió en el cargo Dita H. Kinney, enfermera Jefe del hospital militar de Fort Bayard, Nuevo México. La condición de las enfermeras del ejército ha seguido una progresión lenta pero continua. Varios acontecimientos han contribuido a este proceso: en 1920 se acordó un rango relativo para las enfermeras del ejército; en 1926 tuvieron acceso a los beneficios del retiro; en 1947 las enfermeras se convirtieron en parte del ejército regular con los mismos derechos, salario y beneficios que los oficiales varones.

Una sucesión de líderes sirvieron en el puesto de superintendente, entre las que destacan Jane Delano, Isabel McIsaac y Dora Thompson, la primera que sirvió como militar. En 1908 se fundó el Cuerpo de Enfermeras de la marina de los Estados Unidos de América como una unidad integral de la Marina (1).

FOTO 8 Superintendente enfermera Jane Delano

Clara Lousie Maass
Clara Louise Maass nació el 28 de Junio de 1876 en East Orange, Nueva Jersey, Estados Unidos. Fue la mayor de 9 hermanos. Sus padres, Hedwig y Robert Maass, eran inmigrantes alemanes luteranos. Ellos debieron haber llegado junto con otros inmigrantes a mediados del siglo XIX, probablemente alrededor de 1848. Durante ese período, los alemanes emigrantes se establecieron principalmente en los estados de Nueva York, New Jersey, Pennsylvania, Maryland, Ohio, Indiana, Illinois, Texas y Dakota del Norte. Mayormente granjeros, era natural que, después de su llegada a los Estados Unidos, hayan escogido la misma ocupación. Robert, quien también llevaba sangre holandesa, debió haber trabajado al inicio en lo mismo que lo demás emigrantes, pero después trabajó en una fábrica de sombreros en Orange, pues en el Siglo XIX, en Newark y sus suburbios, la fabricación de sombreros era una industria importante.

Los Maass extrañaban el trabajo de la granja así que, cuando Clara tendría 11 o 12 años, la familia se mudó a una de ellas en Livingston, un municipio del condado de Essex, en el mismo estado de Nueva Jersey. Desafortunadamente no tuvieron éxito y, después de dos años, la familia regresó a East Orange y el papá de Clara trabajó de nuevo en los sombreros, abriendo más tarde una pequeña tienda de abarrotes (Artículos alimenticios y domésticos, como conservas, bebidas, papel, especias, velas, etc.) (3 y 4).

Clara acudió en su infancia a la escuela pública de Northfield, una escuela de sólo una sala, además de ayudar en el cuidado de sus hermanos menores. En cuanto llegó a la adolescencia tuvo que ayudar al soporte familiar, Clara trabajó como mamá auxiliar con otra familia, donde le pagaban y le daban alojamiento, todo esto mientras terminaba su escolarización. A los 15 años empieza a trabajar en el Orfanato Asilo de Newark; ganaba 10 dólares al mes por los siete días de la semana, desempeñando la labor de atender a los niños. En dicho orfanato se recibían huérfanos desde los dos hasta diez años de edad, y Clara dio grandes muestras de espíritu de servicio, compasión y caridad, auxiliando emocional y psicológicamente a sus semejantes.

FOTO 9 Superintendentes enfermeras Isabel McIsaac y Dora Thompson

Formación Profesional
En 1893, cuando Clara tenía 17 años, entró en la recientemente creada Escuela de Formación de Enfermeras Cristina Trefz, del Hospital Alemán de Newark. En esa época sólo había cuatro escuelas de enfermería en New Jersey y en Newark era la primera. Fue la señora Cristina Trefz quien consiguió el local donde fue construido el Trefz Hall, como se le designó a la Escuela de Enfermería, la cual fue abierta el 30 de noviembre de 1893 y funcionaba en el Hospital Alemán de Newark, New Jersey. Las primeras maestras procedían de la Cruz Roja alemana. Clara se graduó en 1895 como parte de la primera generación de estudiantes que concluyeron el curso, después de dos años de trabajo intenso. A su salida se dedica a la práctica privada de la enfermería en su comunidad y, posteriormente, se incorpora a trabajar en el duro quehacer de la enfermería en el Hospital Alemán de Newark.

El sistema hospitalario de los Estados Unidos, haciendo a un lado las instituciones mentales, emergió en una serie de tres fases más o menos coherentes. La primera de ellas, se inicia en 1751 y dura un siglo aproximadamente, presenció la formación de dos tipos de instituciones: hospitales voluntarios, operados por comités laicos de caridad, ostensiblemente no pertenecientes a ninguna religión, aunque de hecho eran protestantes, y hospitales públicos, descendientes de las casas de caridad, operados por municipios y condados y, en el caso de hospitales para marinos mercantes, por el gobierno federal. En la segunda fase, que empezó hacia 1850, se constituyó una variedad de hospitales más “particularista”. Fundamentalmente se trató de instituciones religiosas o étnicas, así como hospitales especializados para ciertas enfermedades o categorías de pacientes, mujeres y niños, por ejemplo. También los homeópatas, crearon hospitales.

FOTO 10 Grupo de enfermeras en un hospital para pacientes con fiebre amarilla. Franklin, Lousiana, 1898. Enfermeras en una sala de camas aisladas en el Walter Reed Hospital de Washington DC. National Library of Medicine, Bethesda, Maryland. Monjas católicas cuidando a los enfermos

El Hospital Alemán u Hospital Luterano, surge en esta fase. Fue inaugurado el 13 de febrero de 1868. Su primer presidente fue Louis Berner, cuya propuesta de trabajo fue la admisión libre a cualquier paciente de cualquier clase social y de cualquier creencia. La ciudad proporcionaba 625 dólares cada tres meses para el tratamiento médico de aquellos que no podían pagar, y una donación anual para continuar con la práctica de dar cerveza gratis a los pacientes. El hospital ingresaba dinero por el internamiento de pacientes en cuartos aislados. Este hospital fue el primero en Newark en tener cuartos de aislamiento para pacientes infecto-contagiosos que presentaban enfermedades tales como cólera, difteria, fiebre tifoidea y tuberculosis. La tercera fase de evolución, que abarca de 1890 a 1920, vio el advenimiento y la propagación de hospitales que buscaban la utilidad pecuniaria, los cuales fueron operados por médicos, ya fuera individualmente o en sociedad, e incluso en corporaciones.

Dicha evolución hacia la búsqueda de mayores ingresos financieros no fue accidental. La formación de hospitales por instituciones religiosas después de 1850 reflejó la llegada de grandes números de inmigrantes católicos. El crecimiento de hospitales concesionados después de 1890 indicó la nueva tendencia hacia el provecho económico, el cual se debió al adelanto de la cirugía. Intervino también una dialéctica interna. En cuanto se establecía un hospital general, los médicos interesados en crear instituciones buscaban fondos y pacientes con bases más parciales, por ejemplo, afiliaciones étnicas, categorías especiales de enfermedades, ideas médicas sectarias.

FOTO 11 Enfermeras y pacientes en el Buque Hospital UUS Relief. Enfermeras Norfolk Naval Hospital 1919

Al igual que los hospitales concesionados, estas instituciones se establecían en respuesta a la estructura cambiante de oportunidades, y Clara vivió esta época de transición, tanto la del ingreso libre de pacientes donde el estado aportaba para su atención, así como cuando aparece el carácter monetario de la atención hospitalaria. Asimismo, le tocan las innovaciones quirúrgicas y los nuevos abordajes para pacientes infecto-contagiosos, tanto como alumna y como jefa de enfermeras; en 1898, tres años después de su egreso de la escuela, a la edad de 21 años, alcanzó la Jefatura de Enfermeras en la Institución y era reconocida como una persona trabajadora y dedicada a su profesión. Sin embargo, en este puesto no estuvo mucho, pues en abril de ese año Maass se ofrece como enfermera voluntaria de contrato para el Ejército de los Estados Unidos (el Cuerpo de Enfermería del Ejército todavía no existía). En esa época, Estados Unidos interviene en la guerra hispano-cubana y Clara, 6 meses después ya estaba en el Ejército.

Trabajó en el Ejército
Estados Unidos interviene en la guerra hispano-cubana, cuando ésta tocaba ya a su fin con la victoria de los mambises cubanos, Clara Luisa se brindó como enfermera voluntaria y sirvió en el Séptimo Cuerpo del Ejército de los Estados Unidos, del 1° de octubre de 1898 al 5 de febrero de 1899. Durante ese tiempo fue enviada a los campamentos de infecciosos en el Sur de Estados Unidos, estuvo en Jacksonville, Florida; después, en Savannah, Georgia y, finalmente, en Santiago de Cuba, donde ella debió haber tenido contacto con enfermos de fiebre amarilla. Al terminar este contrato de casi 5 meses, se incorpora nuevamente a la práctica privada, pero antes de que terminara el año, responde de nuevo a otro llamado para enfermeras de contrato en el Ejército, así que el 20 de noviembre ingresa en el Octavo Cuerpo que se encuentra en guerra en las Filipinas “ella ofreció sus servicios al Cirujano General de las Fuerzas Armadas, argumentado su preferencia por el clima tropical y que gozaba de excelente salud y de buena constitución, además de estar acostumbrada a las condiciones adversas que significaban los servicios de campaña”. Aceptada por el Ejército, trabajó en el Hospital de Reserva de Manila en Filipinas desde noviembre de 1899 hasta mayo de 1900.

Allí atendió toda clase de lesiones en las batallas, pero la mayor parte de sus deberes de enfermería se orientaron hacia la asistencia médica de soldados que sufrían de enfermedades infecciosas tales como la tifoidea, el paludismo, el dengue y la fiebre amarilla.

Ella misma enferma de dengue en Manila y, por ese motivo, es enviada a su casa en Newark para su recuperación.

En el otoño de 1900, el Mayor William Gorgas, Oficial en Jefe de Sanidad en La Habana durante el gobierno de ocupación norteamericano en Cuba, y miembro de uno de los equipos que se formaron para encontrar el agente etiológico, el vector, el mecanismo de trasmisión y la vacuna contra la fiebre amarilla, envió desde La Habana, una convocatoria para enfermeras voluntarias de contrato. En octubre, cinco meses después de haber dejado Manila, y ya repuesta del cuadro de dengue, Clara estaba de nuevo respondiendo a la llamada del Ejército. Fue destinada a prestar sus servicios en el “Hospital de las Ánimas” en La Habana, donde se recluía a los enfermos infecciosos.

FOTO 12 Enfermeras Hijas de la Revolución Americanas

En aquella época se debatía la comprobación del descubrimiento del sabio cubano, Dr. Carlos Juan Finlay de Barres, originario de Camagüey, Cuba, quien desde 1881 había dado a conocer al mundo en una Conferencia Sanitaria Internacional y en la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, su teoría metaxénica (la trasmisión de una enfermedad de un enfermo a un supuesto sano, susceptible, por medio de un agente biológico), y había señalado al mosquito Aedes aegypti como el agente transmisor de la fiebre amarilla, enfermedad epidémica que causaba miles de muertes.

La cuarta Comisión de Fiebre Amarilla de los Estados Unidos
En junio de 1900, el Mayor Walter Reed, fue enviado a Cuba como presidente de una junta para estudiar las enfermedades infecciosas del país, pero sobre todo la fiebre amarilla. Asociados con él estaban los Cirujanos asistentes interinos: James Carroll, Jesse W. Lazear y Arístides Agramonte. La Comisión estadounidense se reunió por primera vez el 25 de junio de 1900 en las barracas de Columbia, Marianao, donde entonces existía un brote epidémico de fiebre amarilla. El primer acuerdo de sus integrantes fue la selección de los médicos que ayudarían. Según este, los casos de fiebre amarilla en el centro de la ciudad de la Habana serían atendidos por los médicos del “Hospital de las Ánimas”, cuya actividad se controlaría por una Comisión adjunta nombrada por el Departamento de Salubridad a la que debían enviar todos los sujetos sospechosos de padecer la enfermedad para su diagnóstico.

Esta Comisión adjunta, compuesta por los doctores Carlos Finlay, Juan Guiteras Gener, Antonio Díaz Albertini y William C. Georgas, mantendría estrecho contacto con la Comisión de Reed. El examen de los casos de Marianao y del campamento Columbia serían vistos por esta última Comisión. Bajo la influencia decisiva del Dr. Reed, predominó como punto de partida del estudio la comprobación de la hipótesis del bacilo icteroides de Sanarelli; los resultados fueron negativos. En vista de ello, el 1 de agosto de 1900, el Dr. Reed decidió examinar la teoría sobre la trasmisión de la fiebre amarilla por el Culex mosquito (hoy conocido como Aedes aegypti), sostenida por el Dr. Carlos Finlay desde 1981, motivo por el cual lo visitó ese día en su domicilio de la calle Aguacate 110, acompañado por los doctores Carrol y Lazear.

FOTO 13 Carlos Juan Finlay (1833-1915). Clara Louise Maass. Las Animas hospital ambulancia. La Habana 1900

Finlay puso a disposición de ellos todos los datos acerca de sus investigaciones, además de varios ejemplares y huevos de la especie de mosquitos responsables de la fiebre amarilla con los que había inoculado hasta entonces a un total de 104 sujetos. Después de discutirlo, la Comisión acordó hacer la prueba de campo para verificar la veracidad de la teoría finlaísta, falleciendo en esta etapa, el 25 de septiembre del 1900, Jesse W. Lazear, como consecuencia del trabajo realizado en la investigación. En honor a él se puso su nombre a un campamento diseñado especialmente para los experimentos, situado de 3 a 4 millas de La Habana. El personal de dicho campamento se componía de dos médicos, tres enfermeras y nueve personas no inmunes, todas en el servicio militar. Finalmente, la teoría finlaísta se comprueba.

En febrero de 1901, el Oficial en Jefe de Sanidad de La Habana, el Mayor W. C. Gorgas, del Ejército de los Estados Unidos, instituyó medidas para erradicar el padecimiento basadas en las conclusiones de la Comisión. Se demostró que la picadura del mosquito por sí solo no produce inmunidad y que sólo bajo ciertas condiciones era trasmitida la enfermedad, ya que el virus circulaba en la sangre durante los tres primeros días de padecerla. El mosquito debería picar al enfermo durante este período, y aún así, no trasmite la enfermedad de inmediato, sino hasta pasar el período de incubación dentro del insecto, el cual es de 12 días. Sin embargo, mientras todo esto sucedía en el equipo de la Comisión de Walter Reed, el equipo del Dr. Guiteras, que se encontraba en el “Hospital de las Ánimas”, seguía con sus investigaciones.

Los nativos americanos en la Guerra Hispano-Americana
Cuatro Hermanas Sioux de Fort Berthold en Dakota del Sur, sirvieron como enfermeras durante la Guerra Hispano-Americana en 1898. Fueron asignadas al Hospital Militar en Jacksonville, Florida, y posteriormente las trasladaron a La Habana en Cuba (5).

Al menos 14 mujeres aborígenes sirvieron en el Cuerpo Médico estadounidense durante la Gran Guerra, dos de ellas fueron a Europa. La enfermera Cora E. Sinnard, se graduó de la Escuela de Enfermería en Filadelfia y estuvo ocho meses en Francia. La enfermera Edith Charlotte era iroquesa, originaria de Canadá.

Durante esa guerra, las mujeres indias americanas comenzaron a servir como enfermeras del ejército. Las Hijas de la Revolución Americana del Hospital Corps formaron cuatro mujeres Lakota, la enfermera Susan Burdeos (Reverenda Madre M. Anthony), Ella Clark (La reverenda Hermana M. Gertrude), Anna B. Pleets (La reverenda Madre M. Bridget), y Josephine Dos osos (La reverenda Hermana M. Joseph). Además de su formación sanitaria, también la recibieron en sus prácticas en los hogares y hospitales locales bajo la supervisión del reverendo Francis a partir de 1895. Cuando estalló la guerra en 1898, Francis Craft ofrece al servicio del ejército a las cuatro enfermeras Lakota. Durante el conflicto bélico, cuidaron a los soldados heridos y enfermos en los campamentos de Cuba Libre, Jacksonville, Florida, y en el campamento Ornward en Savannah, Georgia.

Estas enfermeras vivían en tiendas de campaña durante la guerra y recibían una paga de 30 dólares al mes, un buen sueldo para aquel tiempo. Las Cuatro enfermeras Lakota recibieron cada una de ellas “la Cruz de la Orden de las Enfermeras de la Guerra Hispano-Americana”.

FOTO 14 Cuatro Hermanas Sioux de Fort Berthold en Dakota del Sur, sirvieron como enfermeras durante la Guerra Hispano-Americana en 1898

Después de la guerra, las enfermeras trabajaron en un orfanato en Cuba. Una de ellas, Susan Burdeos (Reverenda Madre M. Anthony), murió de una neumonía en octubre de 1899 y fue enterrada con honores militares en el cementerio Militar Nacional de Arlington.

A pesar de haber pasado muchísimos años de opresión, los nativos americanos respondieron a la llamada de la guerra. Para muchas de ellas, el servicio militar provenía de una larga tradición guerrera familiar. Muchas de ellas tenían la esperanza de obtener un mejor nivel socioeconómico.

La guerra ayudó principalmente a crear un clima mucho más saludable en las relaciones entre los blancos y los nativos americanos (5).

Bibliografía
1.- Historia de la Enfermería. M. Patricia Donahue. Versión española de la obra original “Nursing The Finest Art. An Illustrated History”, publicada por The C. V. Mosby Company. B-24.474-99

2.- Historia de la Enfermería. José Siles González, 1999 y 2008. Editorial Aguaclara. ISBN: 978-84-8018-164-8. Depósito legal: A-1062-2004

3.- En la Revista Enfermería Científica, está el artículo publicado en marzo de 2011: “La Enfermera en la investigación: Clara Maass y la fiebre amarilla”. Sus autores son estudiantes, profesores y enfermeras mexicanas. MDH Mª Guadalupe Díaz Cárabes, Profesora Titular B y Coordinadora de Planeación e Investigación del Departamento de Enfermería para la Atención, Desarrollo y Preservación de la Salud Comunitaria. Dr. J. Roberto Colín Ortiz. Técnico Académico Titular. Dr. José Cruz Pérez Serna. Profesor Docente Titular. Daniel Ortiz Anguiano. Estudiante de la Licenciatura de Enfermería y la Maestra María de la Paz Hernández Rivera. Profesora Docente Asociada, todos ellos pertenecientes al Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS) de la Universidad de Guadalajara en México.

4.- Clara Louise Maass, contribución a la profesión de enfermería y a la humanidad. Publicado el sábado día 3 de Septiembre de 2011

5.- Mujeres autóctonas

Manuel Solórzano Sánchez
Diplomado en Enfermería. Servicio de Traumatología. Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. OSI- Donostialdea. Osakidetza- Servicio Vasco de Salud
Insignia de Oro de la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica 2010. SEEOF
Miembro de Enfermería Avanza
Miembro de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos
Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería
Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.
Miembro no numerario de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País. (RSBAP)