domingo, 1 de noviembre de 2015

AGNES. LA NOVIA ENFERMERA DE ERNEST HEMINGWAY



AGNES VON KUROWSKY STANFIELD

Agnes von Kurowsky Stanfield, nació el 5 de enero de 1892 en Germantown, Filadelfia, Pensilvania y murió en el mismo lugar el 25 de septiembre de 1984. Fue una enfermera estadounidense, que fue la base para el personaje de «Catherine Barkley» en el libro de Ernest Hemingway en “Adiós a las armas”.

FOTO 1 Agnes en Milán en el Hospital de Treviso en 1918 (foto cortesía de la Fundación Hemingway)

Los padres de Agnes se conocieron mientras su padre que había nacido en Alemania, enseñaba idiomas en la escuela Berlitz en Washington, D.C. Aunque su familia se mudaría muchas veces durante su infancia, Agnes llegó a considerar Washington como su casa. Asistió al Seminario Fairmont y a un programa de formación de la biblioteca pública en Washington, donde obtuvo su primer trabajo, en 1910, como catalogadora de esa biblioteca. En 1914, decidió dejar la biblioteca y asistir a la Escuela de Enfermería. «La biblioteca era un trabajo lento y sin incidentes. Mis preferencias se decantaban por algo más emocionante».

Asistió al programa de formación de Enfermeras Bellevue en Nueva York, donde se graduó en 1917. Se enroló en el servicio con la Cruz Roja Americana, y el 15 de junio de 1918, embarcó hacia Europa. Fue allí, en su primera misión de la Cruz Roja en el Hospital Treviso del Ejército en Milán, durante la Primera Guerra Mundial, donde conoció a Hemingway (1, 2, 3).

Uno de sus tíos era el famoso arquitecto de Chicago, William Holabird y su abuelo materno fue el general Samuel Beckley Holabird, quien fue intendente en el ejército de los Estados Unidos.

Agnes y Hemingway
En 1918 Agnes fue la enfermera que cuidó de Hemingway cuando estuvo herido y éste se enamoró de ella. Hubiera perdido su pierna de no ser por su enfermera Agnes que cuidó de él hasta su curación. Se comprometieron, pero nunca se casaron. Después de la guerra, Hemingway regresó a los Estados Unidos y esperó a Kurowsky para casarse allí con ella, pero en lugar de acudir, Kurowsky le envió una carta finalizando la relación en el año 1919. A pesar de que Kurowsky regresó a los Estados Unidos, nunca se volvieron a encontrar. Esto afectará en la vida a Hemingway.

FOTO 2 Agnes von Kurowsky y Ernest Hemingway herido

La identidad de Agnes como base para el personaje de ficción no era un dato muy conocido hasta que el hermano de Hemingway, Leicester, publicó un libro en 1961 sobre su hermano. Leicester Hemingway visitó a Agnes en Key West, mientras investigaba para su libro. Agnes le dio algunas fotografías de su libro de recuerdos que ahora residen en la Fundación Hemingway.

Hemingway utilizó sus experiencias en Italia como base para diez cuentos. En estos cuentos, entre los que están “Un cuento muy corto” y “Las nieves del Kilimanjaro” aparecen personajes ficticios basados en Agnes von Kurowsky, así como en “Adiós a las armas”.

Agnes von Kurowsky se casó dos veces. Primero con Howard Preston Garner («Pete») el 24 de noviembre de 1928 mientras se encontraba con la Cruz Roja en Haití. Completada su misión en Haití obtuvo un divorcio rápido. Se casó por segunda vez con William Stanfield en 1934. Stanfield era gerente de un hotel, viudo y con tres hijos.

Durante la Segunda Guerra Mundial, su marido y uno de sus hijastros sirvieron en la Marina. Agnes y sus dos hijastras se fueron a Nueva York, donde Agnes trabajó en el Banco de Sangre de la Cruz Roja en la Quinta Avenida. Permaneció casada con Stanfield hasta su muerte en 1984, tenía 92 años de edad (4).

Actualmente sus restos se encuentran en el «United States Soldiers' and Airmen's Home National Cemetery» (Cementerio Nacional de Soldados y Aviadores de los Estados Unidos) en Washington DC.

Fue condecorada por «su valiente y encomiable servicio» con la Cruz Roja durante la Primera Guerra Mundial (1, 2, 3).

FOTO 3 Ernest Hemingway paseando junto a dos enfermeras, en el Hospital Treviso de Milán, en otoño de 1.918 y a su izquierda su amiga, Agnes Von Kurovsky. Museo de Kobarid, Eslovenia.

HEMINGWAY EN EL AMOR Y EN LA GUERRA

El diario de Agnes von Kurowsky

El diario de tiempo de guerra de Agnes, “cuya existencia nadie conocía”, tal vez ni siquiera su propio marido, es un volumen adquirido en Italia y encuadernado en tela con la etiqueta de “Agenda 1918, con un frontispicio en el que figura un calendario con la lista de santos y un espacio (en blanco) en la parte posterior para las notas mensuales. Está muy sucio y deshilachado y muestra los estragos del tiempo, pero sus páginas conservan en buena parte la claridad de su contenido, primorosamente escrito a mano. De vez en cuando el diario, con dos días por página, más parece una historia continua que una crónica de los acontecimientos en las fechas exactas en que ocurrieron. Da por tanto la impresión de una narración seguida (5).

La imagen que surge de él es la de una joven en busca de aventuras, profundamente interesada en las personas y el mundo que la rodean, dotada de un gran sentido del humor y deseosa de divertirse. Una mujer que descubre el atractivo que ejerce en los hombres y que disfruta de su compañía, aunque no da nada de sí misma hasta que inicia una relación amorosa con Hemingway. No le gusta estar sola. Es sensible al romanticismo de Italia, la “luna, la suave música” y el vino. Reconoce que está alterada emocionalmente y le remuerde la conciencia porque no siente nada por el médico con quien había estado saliendo en Nueva York.

FOTO 4 Agnes von Kurowsky. Un joven Ernest Hemingway, con apenas 19 años, durante su participación en la Primera Guerra Mundial

Sobre el trasfondo de los acontecimientos cotidianos del hospital “incluida la dolorosa pérdida de un paciente”, destaca con toda claridad su compromiso con el deber. Cualquiera que fuera el alcance de sus relaciones con el conductor de ambulancias herido, al que cariñosamente llama “el niño”, éstas nunca tuvieron prioridad sobre el trabajo en el extranjero para el que se había ofrecido voluntaria.

Pese a que iba creciendo su afecto por Ernie a medida que iban pasando las semanas, es curioso señalar que Agnes nunca utilizaba la palabra “amor” en su diario, en contraste con la sinceridad del que suelen hacer gala los diarios personales de este tipo.

Las circunstancias que llevaron al descubrimiento del diario empiezan con una carta que R. J. Costanzo le escribió a Bill Stanfield, el marido de Agnes: “Lamento tener que comunicarle que la normativa vigente en el Cementerio Nacional no permitirá la inhumación de su esposa en el Cementerio Nacional del Hogar de los Soldados, al lado de sus padres y abuelos. Siento que mi respuesta a su petición no haya podido ser favorable. La normativa para la inhumación o el depósito de urnas en los cementerios nacionales del Ejército es muy estricta, y yo carezco de autoridad discrecional en este asunto”.

Más tarde resultó que la jurisdicción estaba en otro sitio, en el Consejo de Comisarios del Hogar de los Soldados y Pilotos de Aviación de Estados Unidos. Cuando un par de años después ejercí toda la influencia que pude para atender la petición de los Stanfield, no tenía ni la más remota idea de lo que todo ello me iba a reportar a cambio (5).

Cuando el Consejo anuló la resolución inicial, Bill y Agnes se mostraron intensamente agradecidos. “A esta hora ya habrá usted recibido la buena noticia, me escribió Bill el 24 de enero de 1983. Tanto Agnes como yo le damos nuestras más expresiva gracias por su decisiva ayuda”. Unas semanas después, el 17 de febrero, me escribieron: “Todo fue muy bien gracias a usted”. Agnes no tenía familia ni descendientes, de ahí que a la muerte de Agnes, Bill decidió entregarme todas sus cartas y recuerdos, consciente del vínculo que se había creado entre nosotros muchos años atrás durante la Primera Guerra Mundial. “Haga usted lo que considere oportuno con este material, que incluía el diario de 1918, pues yo no quiero destruir nada. Algunas cosas quizá las quiera usted enviar a los Archivos Kennedy. Por favor, haga lo que estime más oportuno”. Siguiendo su sugerencia, lo entregué todo a la Biblioteca John F. Kennedy de Boston, donde ahora forma parte de la Colección Hemingway.

Algunas partes de la Agenda 1918

Viernes 19 de julio.
Nada digno de mención. El señor Rochfort habla mucho y me mantiene ocupada con sus preguntas pero creo que ya está mejor. Esta noche me eh sentado en la terraza del hospital con los pacientes. Están todos muy animados, por lo menos los que se encuentran medianamente bien, 2 están enfermos.

Sábado 20 de julio.
El capitán me ha vuelto a acompañar a casa y esta vez ha entrado. Al parecer, nuestro Hospital le ha encantado y ha simpatizado mucho con el señor Hemingway, que tiene el honor de ser el primer norteamericano herido en Italia (fue herido el 8 de julio de 1918 por fuego de mortero). Tiene metralla en las rodillas, aparte numerosas heridas superficiales.

Domingo 21 de julio.
Se ha celebrado el cumpleaños del señor Hemingway y todos nos hemos vestido con nuestras mejores galas, hemos tomado gelati en la terraza y hemos tocado el fonógrafo. Después el señor Seely le ha traído una enorme botella de coñac de 5 estrellas y todos se han puesto muy alegres. No sé qué ocurre pero últimamente no consigo acostarme temprano. Cada noche empiezo muy pronto, me pongo a hablar con alguien y me dan las 12 de la noche sin darme cuenta.

Lunes 22 de julio.
Esta tempestuosa manera de cortejar de los italianos es realmente aterradora. Me dice que me quiere mucho y cuando yo le digo pero yo a usted no lo quiero, se queda desconcertado un momento pero después vuelve a la carga. Y sin embargo cuando no habla de esa manera me gusta mucho, canta muy bien, tiene una bonita voz y mucha expresión.

FOTO 5 Agnes y su diario “Agenda 1918” y sus cartas

Martes 23 de julio.
Hoy, en el pequeño cuarto de vestir donde yo me siento cuando el señor Rochort duerme, el capitano no me ha dado un susto, pero me lo hubiera podido dar si yo hubiera estado lejos de cualquier ayuda. Y sin embargo no me puedo enfadar con él porque otras veces parece un niño.

Miércoles 7 de agosto.
Bueno esta noche el capitán se ha vuelto a presentar. Acaba de regresar del Frente donde el lunes sufrió un accidente de automóvil en el que por poco se mata. Me he arrepentido del trato que le dí el sábado. Hemos mantenido una larga conversación en la que me ha parecido más brillante que de costumbre. Creo que tiene muy buenas cualidades aunque está demasiado acostumbrado a no controlarse. De todas formas, siento mucho que me tenga tanto aprecio.

Jueves 8 de agosto.
He pedido permiso para el sábado por la noche porque tengo una cita para cenar con el capitano. El señor Hemingway aprecia mucho a ese hombre y ambos se cuentan el uno al otro todos sus secretos. Todos mis demás pacientes están mejorando. Uno de ellos, el teniente Darling, es justo lo que dice su nombre (amable), un buen chico. Cree que miento sobre mi edad. Ésa no es la razón de que me guste aunque lo parezca. Aunque en realidad todo el mundo lo aprecia. El señor Hemingway tiene celos de la atención que recibe pues él también está muy mimado (5).

Viernes 9 de agosto.
Hoy ha venido la signorina Pirelli. Yo me había pasado toda la tarde sin poder dormir y he salido con ella a comprarle unas almendras al señor Hemingway. Entonces ha llegado el capitano y el señor Hemingway le ha dicho que yo había salido. Por consiguiente no me he enterado de que estaba arriba hasta después de cenar. Más tarde él se ha comportado de una manera muy rara, se le veía dolido porque esperaba que fuera a cenar con él, apenas me contestaba cuando le hablaba y entonces yo me he enfadado y he salido de la habitación. Al final el señor Hemingway me ha llamado cuando el capitano ya se iba, nos hemos dado explicaciones y finalmente yo le he prometido ir a cenar con él mañana por la noche.

Sábado 10 de agosto.
Esta mañana a primera hora han operado al señor Hemingway, la primera operación que se hace aquí. Todo ha ido muy bien. El médico italiano miraba sonriendo a su alrededor y ha aprendido unas cuantas palabras inglesas como “aguja… fuerte… suficiente”. Después yo me he tomado mi media noche libre y el capitano ha venido a recogerme a las 6 de la tarde. Hemos ido al Parco y hemos visto el monumento al Monte Grappa. Después hemos ido a un restaurante “Sempioncius” donde al principio parecía que éramos los únicos clientes. Hemos probado 2 mesas de la terraza, y al final me ha cogido frío y él me ha hecho pasar a un saloncito privado, aunque a mí no me gustaba en absoluto la idea. No obstante, me ha acompañado a casa temprano.

Martes 13 de agosto.
No hay palabras para describirlo. El paciente ha llegado a las 7 de la mañana y a las 6 he probado a darle al señor Allen una dosis de Olio di Ricino. ¡La que se ha armado! Aún estaba durmiendo y ha vomitado el aceite, el café y la leche malteada sobre la cama y el suelo. Yo iba un poco sucia cuando he terminado el turno. El aceite de ricino no es precisamente un adorno del uniforme y de mis zapatos blancos, mejor no seguir. Estos zapatos italianos tienen una forma rarísima. Cómo se reirían en Nueva York si vieran mis tacones de goma redondos.

Miércoles 21 de agosto.
Llevo una semana sin escribir el diario, por lo que ahora no puedo ordenar los acontecimientos con exactitud y me limitaré a escribir las cosas tal como las recuerdo. He tenido una semana muy ocupada y a pesar del calor he procurado dormir de día. El miércoles fui al Maggiore y vi a la señorita Pirelli. Las bolsas de abalorios no estaban listas, por consiguiente tendré que volver la semana que viene.

Caí en la tentación y encargué una bolsa preciosa de 65 liras y también un cinturón de abalorios azules y gris acero. Después fui a la Galleria y me enamoré de una blusa preciosa que vi en una tienda. Salí con dos blusas, 1 vestido y un salto de cama muy bonito de crespón de seda. Un capricho horrible, pero el salto de cama es una maravilla y no me arrepiento. Al volver a casa con mis compras, Cavie me ha preguntado si estaba preparando el ajuar para ir a París con el capitano.

El señor Hemingway y yo esperábamos al capitano el miércoles porque nos había escrito una postal diciendo que vendría pero no vino y he estado todas las noches tan ocupada que me alegré de que no viniera, pero el Niño se preocupó mucho. Estaba seguro de que “nos” había dejado plantados. Al final ha venido esta noche vestido de borghese (paisano), el aliento le olía a cerveza, llevaba el cabello más rizado que nunca y se había puesto un perfume más fuerte que de costumbre. Estaba muy deprimido porque se tiene que ir el lunes y me da mucha pena. Echará de menos todo lo de aquí. Mi apreciado señor Darling se fue el viernes. Y también se irá el señor Michels, un oficial pagador de la Marina (Aviación) que me hacía desesperadamente la corte.

FOTO 6 Obituario

Domingo 25 de agosto.
Ahora Ernest Hemingway se ha encaprichado conmigo, o por lo menos lo cree. Es un muchacho encantador y muy simpático. Nadie se explica que me haya vuelto tan famosa en los últimos seis meses. Debe de ser porque me estoy volviendo muy frívola. Hoy tengo que ir a un té que ha organizado la Cruz Roja Italiana en honor de la señorita Shaw.

Lunes 26 de agosto.
¡Gracias a Dios que han terminado las viejas relaciones! Me sentía un poco tonta con tantas enfermeras italianas y sin poderles decir ni una sola palabra en su idioma.

Agnes von Kurowsky. Cartas a Ernest Hemingway

Introducción de Henry S. Villard
Las numerosas cartas que Agnes le escribió a Ernest Hemingway representan sólo una faceta de una correspondencia que algunas veces siguió el vertiginoso ritmo de una carta al día e incluso de dos en la misma fecha. Después, tras un vacío de tres años, se produce una comunicación final que marca el término de aquel episodio de tiempo de guerra. La colección revela el afecto de Agnes por un conductor de ambulancias de la Cruz Roja de diecinueve años que había resultado herido. Las expresiones de cariño que tanto abundan en las cartas contrastan vivamente con su posterior empeño en quitar importancia a la relación y despacharla como un simple coqueteo.

Siempre se ha dado por sentado que la relación fue más ardiente por parte de Hemingway que por la de Agnes y que, pese a que ella correspondía a sus sentimientos, no está claro en absoluto que se hubiera enamorado con la misma temeraria fogosidad con que lo hizo él. De hecho, sin la confirmación que nos ofrecen tanto el diario como las cartas, es muy posible que resultara difícil calibrar hasta que extremo ella había elegido a Ernie de entre todos los demás pacientes del Hospital Treviso de Milán para hacerlo objeto de su especial atención. Sin embargo, las cartas constituyen una prueba más que evidente de su interés y su afecto. En comparación con la relativa circunspección que preside la crónica de acontecimientos cotidianos del hospital, las cartas derraman un verdadero torrente de amorosa solicitud.

Además de la diferencia en el tono y el contenido, las cartas ofrecen otro contraste con el diario. En el diario, Agnes escribe sólo para sí misma, anotando pensamientos que no hubiera revelado a otra persona. En cambio, en las cartas abre su corazón sobre el papel: “Nunca pensé que pudiera escribir lo que siento con tanta claridad y sinceridad… Una vez escrito ya no puedes retirar lo que has dicho”. Espontáneas, rebosantes de naturalidad y ternura, estas cartas son como las que cualquier otra joven de aquel determinado período de la historia hubiera podido escribir a su enamorado. Y como tales deben ser consideradas.

Es una lástima que no nos hayan llegado las cartas que Hemingway le escribió en respuesta. Sólo cabe deducir que por lo menos igualaban la intensidad de los sentimientos que ella expresaba en las suyas. En una época posterior de su vida. Agnes confesó que había entregado las cartas de Hemingway a Domenico Caracciolo, su nuevo amor, cuando Hemingway regresó a Estados Unidos, y que éste las había quemado. Se ignora por tanto el paradero de la parte epistolar correspondiente a Hemingway, incluso de las tres cartas que Agnes, en la carta que me escribió en 1962, dijo haber recibido de manos de Mary Hemingway (5).

Niño, mi Niño, acabo de estar en tu habitación ¡y he recordado eso que se dice de que a veces las sillas hablan! La habitación me obsesionaba tanto que no he podido permanecer en ella. Por consiguiente me he limitado a retirar tus galletas y otras sobras y por la mañana trasladaré los envases vacíos a la habitación del señor Lewis pues tengo entendido que la señorita De Long quiere limpiar tu casa en tu ausencia. Pero no sabes cuánto me gustaría tenerte aquí esta noche porque me he enfadado mucho con Mac y necesito un hombro sobre el que derramar mis lágrimas de rabia. Verás, es que ella nunca me deja subir durante el día a preparar algo para sus pacientes (25 de septiembre de 1918).

FOTO 7 ST. Peterburg Times. Sunday 2 de diciembre de 1984

Se ha aprovechado miserablemente de mí, ha subido y le ha preparado una limonada caliente al teniente Lewis y cuando yo se lo he reprochado recordándole que ella nunca me permite hacer nada durante el día me ha contestado que él se la había pedido a la señorita De Long y entonces yo me he retirado hecha una furia. Después ha venido para decirme que podía llevarle la limonada al paciente y yo le he contestado, “Gracias, Mac, pero no”. Se ha mostrado tan amable conmigo durante el resto de la tarde que creo que se arrepiente, pero me ha dolido. ¡No merece la pena perder los estribos por tan poca cosa pero me parece tremendamente injusto!

Pero volvamos a lo nuestro, el tema más importante; si donde estás ahora hay veladas tan divertidas como las de aquí, te lo debes de estar pasando muy bien. Cavie se quedó levantada y jugamos al 500 con el señor Allen y el señor Rochefort hasta que este último se retiró en favor de la señorita Fisher. Después vino el teniente Mitlis, pero la partida se deshizo muy pronto cuando ella y Mac lo acompañaron a la peluquería de abajo.

Me gustaría que hubieras visto a Edward. Estuvo muy gracioso jugando con Cavie, que no es una experta científica en este juego que él juega con precisión matemática, poniendo toda su alma en las cartas. “Ahora el comodín vale más, ¿verdad? ¿Y después vienen las dos sotas? ¡Qué lastima que no tenga ninguna!”, dice ella. Y acababa de apostar 7 en diamantes. Él le replicó que lo haría muy bien si usara la cabeza. Qué cruel es este chico (5).

Es una noche maravillosa para una gran sopera de minestrone y aquí tengo suficiente para dos. Lástima que me lo tenga que comer yo sola.

Esta tarde he conocido a los señores Walker y Maxwell. Ha habido una gran confusión pero yo he hecho como que no me daba cuenta. Después el señor Walker, con palabras entrecortadas por la vergüenza, me ha pedido disculpas por el terrible error cometido y yo le he dicho que era “ilegible” y que estaba todo olvidado.

Bueno, como siga escribiendo acabaré en la filigrana pues no te imaginas lo lúgubre y triste que resulta este papel no pautado. La amenaza de mal tiempo de esta mañana contribuye a mi estado de ánimo.

No te olvides de volver junto a mí, Muchacho mío porque te echo terriblemente de menos.

Ahora te toca a ti y la prueba ya está en marcha; por consiguiente “que siga el baile y que nadie nos quite la alegría”.

Tuya hasta que Termine la Guerra. (De las cartas de amor de un Recluta).
Aggie

26 de septiembre de 1918
Mi querido Muchacho:
Estoy tan muerta de sueño que apenas puedo ver pero tengo que darte la noticia porque mañana seguro que no me va a dar tiempo. Hoy me van a sustituir en el turno de noche y por consiguiente no me he ido a la cama y como era el cumpleaños de la enfermera Cavie, el Detective y yo nos hemos pasado la tarde recorriendo la ciudad en busca de pequeños regalos para los asistentes a la cena.

Todo ha ido muy bien y Cavie ha estado muy contenta, por consiguiente creo que he alcanzado mi objetivo pero estoy cansadísima. La señorita De Long ha empezado pidiendo que todos jugáramos al 500… lo cual significa que ha sido una velada muy movida.

FOTO 8 ST. Peterburg Times. Sunday 2 de diciembre de 1984

El teniente Eckling (ése de la Cruz Roja que tocaba piezas de Louis Bernstein) ha asistido a la fiesta y el teniente Mitchell también. La fiesta ha estado muy concurrida desde luego. Fisher hacía el turno de noche y ya ha cometido una falta pues esta tarde hubiera tenido que dormir y en cambio ha salido con Mac. Como era de esperar, la señorita De Long y yo nos hemos tropezado con ellas en el Corso.

Si hoy no hubiera estado tan ocupada, hubiera llorado de soledad.

Cavie me ha dicho esta noche que no cree que te eche de menos porque se me ve muy despreocupada, por consiguiente la he sacado de su equivocación y le he dicho que jamás en mi vida había echado tanto de menos a nadie.

Estoy tan cansada que ya no puedo escribir más y ser legible… o creíble.

O sea que hasta la vista mi niño y cuídate mucho. Puede que no te vuelva a escribir si descubro que mis cartas tardan demasiado en llegar.
Bendito seas,
Agnes
(tengo una carta para Jhon Miller, se la guardo)

FOTO 9 Carta

Sin fecha
Mi vieja y querida caldera,
Eso es peor que lo de costumbre, pero ten en cuenta el mal tiempo, mi escasa imaginación, la hora que es y mi valor al intentar escribir unos ligeros versos para mi señor, y deja después que la compasión ablande tu viejo corazón de piedra.

A veces soy capaz de hacer cosas mucho peores, lo cual forma parte de un oscuro pasado que todavía no ha sido revelado a tu inquisitiva mirada.

Oh, Maestro, gustosamente me sentaría a tus pies (tras haberle dedicado la debida atención y haberles puesto unos calcetines limpios) para recoger las perlas de la auténtica literatura que brotan en cascada de tu máquina de escribir. Estoy recogiendo los fragmentos desechados de la papelera y tejiendo con ellos un relato imaginario.

FOTO 10 ST. Peterburg Times. Sunday 2 de diciembre de 1984

Mira, es que ahora tengo frío y necesito entrar un poco en calor. Puedes ver el efecto en mi errante intelecto. Por cierto, ¿dónde está mi errante cerebro esta noche? Enchufado a la Tormenta como la corriente eléctrica. Me parece que eso se va a convertir en una costumbre, ya lo verás. No sé cómo lo hago, pero lo hago. No sé cómo lo digo cuando lo digo, pero no pasa ni un solo día sin que le alegre el corazón a alguien y sin que oiga que alguien me dice, “¡Menuda cabeza tiene!”

Querido bambino, creo que ésta va a ser la última carta porque tú jamás vas a querer soportar una repetición de este tormento. Pero a pesar de este día tan húmedo, yo no me siento mojada sino ilegible y tú tendrás que hacerme el favor de no tenérmelo en cuenta porque no puedo evitar soltarlo. Eso es lo que ocurre cuando se rechaza y desprecia a una persona. La Mujer lo Paga. Qué asco. Pero yo te quiero igual, por consiguiente adiós y te veré dopo.
Agnes

8 de octubre de 1918. Vía Manzoni nº 10. Milano
Esta tarde he estado casi a punto de pelearme con Cavie porque no se quería creer lo que yo le redicho sobre la manifestación de anoche… le he repetido algunas cosas que tú me dijiste. En cambio Casey, también llamada Detective, cree todo lo que yo le dije y parece que todo el mundo lo corrobora en sus últimas afirmaciones, o sea adiós.

De todos modos, como supongo que el cablegrama americano sobre la petición de armisticio tiene algún fundamento, es bonito hacer planes descabellados para el Año Nuevo. Por consiguiente me iré a la cama soñando con un futuro feliz y no permitiré que estés mucho tiempo triste, como has estado estas últimas noches. Después puede que esta noche veamos quién de los dos tiene el plan soñado más bonito, más descabellado y más imposible para el Viejo Futuro que forjaremos juntos, nést-ce-pas?

Ah, mi querido señor Niño, como te atreves a permitir una sola vez que esa expresión de absoluta desolación vuelva a aparecer en tus brillantes ojos… bueno, no te digo lo que pienso hacer, pero lo más seguro es que no puedas comparecer ante la presencia de las Bellia cuando vuelvan a la ciudad.

No quiero que pienses que ya no estoy celosa pues en tal caso insinuarías inmediatamente que ya no te quiero. ¿No piensas alguna vez que ojalá pudiéramos saltarnos un año? Si lo hiciéramos, supongo que nunca dejaríamos de lamentar este tiempo perdido y diríamos que todas las cosas bonitas que no ocurrieron seguramente hubieran ocurrido aquel año. Y también le echaríamos la culpa de todas las desgracias. No sé si lo que digo tiene sentido o no…

Querido, prométeme que no te pondrás enfermo. En tal caso puede que podamos burlarnos de algunas de tus corazonadas. Recuerda el terrible ejemplo del capitán Graves. Pero no quería recordártelo.

En cuanto te animes un poco y contemples la vida con tus habituales gafas de color de rosa, escribiremos una nueva edición de lujo de una carta a las 3 singulares Niñas Exploradoras de la Sección 4, las que nos escribieron aquella cartita tan preciosa con dibujos originales de pájaros salvajes y cosas por el estilo. ¡Muy instructivo! ¡Dios mío, cómo han cambiado los tiempos y las costumbres desde que yo era pequeña! (5).

Tu algo idiota (pero sin embargo tuya, o sea que no puedes protestar) Von (también llamada Ag, Aggie, Agonía, Inculta, Bicho Raro, Vonny… Agnes, Niña, Señora Niña y algunos nombres más).

BIBLIOGRAFÍA
1.- Biografía de Agnes von Kurowsky Stanfield

2.- ST. Peterburg Times. Sunday 2 de diciembre de 1984

3.- Fundación Hemingway

4.- Historia de la Enfermería. M. Patricia Donahue. Versión española de la obra original “Nursing. The Finest Art. An Illustrated History”, publicada por The C. V. Mosby Company. B-24.474-99

5.- Henry S. Villard & James Nagel

Manuel Solórzano Sánchez
Diplomado en Enfermería. Servicio de Traumatología. Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. OSI- Donostialdea. Osakidetza- Servicio Vasco de Salud
Insignia de Oro de la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica 2010. SEEOF
Miembro de Enfermería Avanza
Miembro de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos
Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería
Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.
Miembro no numerario de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País. (RSBAP)

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