lunes, 15 de julio de 2013

BARBEROS. COFRADÍAS DE SAN COSME Y SAN DAMIÁN



Los Barberos. Recordando a nuestros antepasados

Los profesionales del arte del curar se erigen en cofradía según en que partes del estado sobre 1496, bajo el patrocinio de San Cosme y San Damián y se atribuyen el monopolio de las licencias para ejercer su profesión. No es extraño ver las fricciones que resultaron entre las cofradías y el Protomedicato, ya que algunas de sus funciones se solapaban. (Pedro Gil-Sotres).

FOTO 001 San Cosme y San Damián

En Europa, la primera norma legal conocida que reguló la práctica médica data de 1140, cuando Roger, rey de las Dos Sicilias, decretó que todo médico que quisiera ejercer en su Reino debía solicitar la autorización preceptiva a los oficiales Reales. A esta normativa se sumó otra sobre el currículum profesional. Fue el emperador Federico II, quien en 1240 exigió al futuro médico los estudios de tres años de filosofía y cinco años de enseñanza médica teórica. A los que había que sumar un año de aprendizaje práctico bajo la tutoría de otro médico aprobado. Este monarca también fue el primero en separar la medicina de la farmacia, especificando las funciones y la forma de trabajar de los boticarios (1).

En cada uno de los reinos hispánicos, la regulación del ejercicio profesional de médicos, boticarios y cirujanos siguió una pauta diferente según fueran los poderes públicos, municipales o reales, o los gremiales.

Alfonso X fue el rey peninsular que primero dictó normas reguladoras, a través del Fuero real de 1255, donde establece que los médicos y cirujanos no pueden ejercer sin haber sido aprobados previamente por los físicos establecidos donde van a trabajar o, en su defecto, por los alcaldes de la villa. Esta norma especifica además, que no se trate a ninguna mujer antes de obtener el consentimiento del marido o familiar responsable directo. Esta última prohibición, de origen visigótico, estaba contenida en el Fuero Juzgo del año 687 al 708.

FOTO 002 Alfonso X el Sabio. Miniatura de Las Cantigas de Santa María (Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, Madrid). Alfonso XI el Justiciero. Moneda

La preocupación de Alfonso X por regular el ejercicio de la medicina en su reino, no terminó con lo legislado en el Fuero Real. Las Partidas, redactadas entre 1256 a 1265, contienen disposiciones sobre las condiciones que deben reunir, así como los castigos que deben recibir en caso de mala práctica y las cualidades de los médicos y cirujanos reales. Pero no tuvo fuerza legal hasta 1348, cuando Alfonso XI promulgó el Ordenamiento de Alcalá. Hay que reconocer al Rey Sabio, ya que durante su reinado se potenció la universidad castellana de Salamanca. En el Reino de Aragón fue Alfonso III (1285 – 1291) quien estableció que los físicos y cirujanos no pudieran ejercer sin haber pasado previamente un examen ante notables y expertos del lugar (1).

Los barberos, aunque estaban citados ya en el Fuero Juzgo, seguían ejerciendo sin que se les aplicase la legislación hasta bien entrado el reinado de los Reyes Católicos. Con la unión de los Reyes Católicos, se crea el Tribunal del Protomedicato.

La cofradía
Fue fruto del espíritu espontáneo de asociación, basado en la sociabilidad humana. No se movía por inercia, sino a impulsos siempre de un móvil, y ese móvil es el religioso, unido al beneficio y también al profesional. De la configuración de uno, dos o tres factores nacen la Cofradía religiosa, la religiosa-benéfica y la gremial.

La Cofradía surge por acuerdo mutuo entre los hombres, sin intervención de poderes extraños, ni intromisiones de los mismos, y sí sólo con la aprobación y el beneplácito de la Iglesia.

La Cofradía concedía el auxilio más a título de gracia que de derecho y siempre supeditado a la pobreza del cofrade. El auxilio de enfermedad varía la posición de las distintas cofradías frente al riesgo de enfermedad. Algunas cofradías prescribían, bien que los médicos y boticarios pertenecientes a las mismas, visitasen gratis a los enfermos y los auxiliasen, bien que los mayordomos se preocupasen de que no careciesen de uno y otro los enfermos.

En Andalucía y Navarra, por ejemplo, era corriente que el cofrade enfermo fuese alojado en el hospital propio y allí atendido por los médicos del mismo y alimentado hasta su restablecimiento, a cuenta de la Hermandad. A finales del siglo XVII se acercaban a 20.000 las cofradías organizadas en los Reinos de la Península Ibérica.

La Cofradía de los Molineros de agua de Palma de Mallorca, hacía extensivos los socorros en los casos e enfermedad a la familia. La Cofradía abarcaba a todas las clases sociales: labradores, profesiones liberales, artesanos, mercaderes, etc. Fue tan magnífica la floración del espíritu de fraternidad entre los trabajadores andaluces, que se puede afirmar que en la Sevilla del reinado de los Reyes Católicos casi todos los trabajadores estaban asegurados contra los riesgos de enfermedad y accidente. (2)

El gremio
Nace como una consecuencia del estado social de la época en que la escasez de habitantes y de numerario, el aislamiento de los centros de población, el estado de indisciplina civil y la vida pobre y escasa en gustos, etc., trajeron como lógica derivación una economía rudimentaria, en la que cada centro se limitaba a producir tan sólo aquello que consumía y a consumir lo que producía.

El sistema gremial tendía a convertir en soberano más bien al productor experto y especializado que al consumidor. Esta fue una de las fuentes de la ideología del profesionalismo que emergió en el siglo XIX. Es uno de los aspectos del problema general de mantener la autonomía profesional dentro de la estructura social. En algunos casos, como la medicina, el estado del conocimiento profesional no proporcionaba mucha base para una especialización. Las técnicas e instrucción médicas de un médico estaban limitadas principalmente al arte de escribir complicadas recetas. Puede que tuviese una cultura en literatura y cultura clásica, pero se basaba sobre todo en sus modales de caballero, su comportamiento impresionante y la ignorancia de su cliente para desarrollar su trabajo como médico (2).

Las Hermandades o Cofradías de Socorro
Si hasta entonces la Cofradía practicó un seguro embrionario en beneficio de los humildes y de los débiles, a partir de ahora la Hermandad amparará con un derecho pleno, taxativo y determinado a cuantos a la misma se asocien. Por ello, ya no cabe hablar de un socorro o de un auxilio, más o menos generoso, de la Cofradía, a sus miembros, sino de un seguro con todas sus características esenciales.

La mutualidad nacía, espontáneamente por acuerdo expreso de los asociados, que establecían entre ellos una regla que a todos obligaba por igual. Esta era la ordenanza. En ella aparecían reguladas las admisiones y expulsiones, las cuotas y las derramas, los cargos de gobierno y admisión, el manejo de caudales y distribución de fondos, y, con mayor detalle, las prestaciones que cada socio había de recibir en los distintos riesgos: enfermedad, invalidez, muerte, prisión, etc.

FOTO 003 Cofradías medievales

Dentro de las Hermandades de Socorro existieron diferentes clases o agrupamientos. Hubo Hermandades de Socorro generales, profesionales, de labradores, de profesiones liberales, gremiales, de ciegos, etc. Y en cuanto a los seguros que practicaron se dividen fundamentalmente en dos: las Hermandades de Socorro de muerte y las Hermandades de Socorro de enfermedad. Las primera aseguraban al asociado contra los gastos de entierro y lutos con cantidades y prestaciones fijas y determinadas; mientras que las segundas aseguraban contra los riesgos de enfermedad, accidente, invalidez, muerte, maternidad, prisión y en casos excepcionales, los de vejez y supervivencia, en algunas existían también el seguro total y el auxilio contra el paro, aunque éste era rarísimo y embrionario, a manera de caridad, pues no era problema ni riesgo que acuciase extraordinariamente a los artesanos y obreros en estos siglos (2).

Las asociaciones sanitarias medievales
Durante la edad media se observa un incremento de estas asociaciones, asistiendo en Europa al nacimiento de múltiples gremios o cofradías.

Bajo esta denominación se agrupaban los practicantes de un oficio determinado que, encomendados a uno o varios santos, contraían una serie de compromisos. Las obligaciones adquiridas eran de tipo religioso, fundamentalmente de culto; de tipo social y de tipo profesional, estableciendo las condiciones para ejercer el oficio de que se tratase (1).

Hay constancia de las cofradías aragonesas detectan que la formación de dichas entidades corresponden en exclusiva a los que practican un oficio sanitario determinado. Así nos encontramos con el Colegio de Barberos y Cirujanos mallorquines, que queda constituido en 1441, pero sus primeros pasos datan de 1329 (Granjel, L.S. 1968). Aunque durante el siglo XIV, solo hemos localizado una Cofradía en la que se asocien las tres facultades sanitarias; la Cofradía de Médicos, Especieros y Barberos de Gerona de 1366, a la que se refiere Massons, J.M. (1981). Durante el siglo XV aparece la Cofradía de Barberos y Cirujanos de Barcelona (3)

La Cofradía de San Cosme y San Damián de Pamplona
En 1496 siendo Navarra reino independiente surge la primera Cofradía sanitaria. Estando Navarra en una guerra de banderías, los profesionales de la capital encabezados por el médico, el cirujano y el boticario de los Reyes, celebran una reunión el día 31 de enero, de donde salen las ordenanzas por las que se regirán en lo sucesivo los médicos, boticarios, cirujanos y barberos que pretendan ejercer en Pamplona (Núñez de Cepeda).

La Cofradía siguiendo con la costumbre eligen una iglesia como sede, no solo para cumplir con sus obligaciones religiosas sino además poderse juntar para sus reuniones. Eligieron la capilla del convento del Carmen donde se reunieron durante su existencia. De la lectura del acta se extrae el número de profesionales existentes en Pamplona en enero de 1496. Nueve barberos, cuatro boticarios, dos cirujanos y un físico. Llama la atención que para 5.000 habitantes que poblaban Pamplona solo estaba el médico de los Reyes, Juan de Elizondo. Se da a entender en los documentos encontrados que para ejercer las profesiones sanitarias no bastaba con superar un examen, sino que además era imprescindible pertenecer a la Cofradía. También les decían que el que quisiese abrir tienda de botica o de barbería deberá tener antecedentes morales intachables. Este requisito es probablemente, el primer precedente de lo que posteriormente se llamará “limpieza de sangre”. También se aclara que el aspirante a barbero debe ser avalado por un médico y los diputados, pero el examen de suficiencia lo realizarán colegiadamente los propios barberos (1).

Ordenanzas de la Cofradía de San Cosme y San Damián de Pamplona
Fechadas el 7 de junio de 1496
Empiezan así “In nomine domini amen. Manifiesto a cuantos las presentes verán y oirán. En el año de la natividad de nuestro señor mil cuatrocientos noventa y seis… Ordenanzas hechas por los médicos de los reyes nuestros señores, apotecarios, cirujanos y barberos de presente teniente botigas en la ciudad de Pamplona las cuales con autoridad de los dichos reyes se han de observar y guardar”.

Ordenanza 14
Al que ejerza sin licencia se le impondrá una multa de 15 florines, 5 para el delator y 10 para la Cofradía y diputados. Si reincide, “que le fagan correr la ciudat, comfíscando todo lo que obiere”.

Ordenanza 16
El barbero examinado y aprobado que desee poner barbería, una vez conocidos sus antecedentes, abonará a la Cofradía 10 florines si es extranjero y ha aprendido el oficio en otra parte, 8 florines si ha hecho el aprendizaje en Pamplona y 6 florines si es hijo de cofrade.

Ordenanza 17
El aspirante a barbero, deberá ser presentado “por el físico de dicha ciudad y los diputados”, realizando, seguidamente, un examen teórico y práctico ante “todos los Maestros de la dicha arte”.

Ordenanza 18
Si cumple satisfactoriamente todas las condiciones, pueda abrir tienda.

Ordenanza 19
Disposición transitoria por 10 años, para admitir a examen a los que hayan cumplido con provecho su aprendizaje, aunque no sepan leer. Se impone como condición no realizar curas peligrosas sin asistencia de otro maestro. En caso contrario, pagará una multa de 1 florín y lo que haya recibido por la cura.

Ordenanza 20
Ordenamos que ningun maestro, obrero, soldadero (asalariado) o aprendiz haga barbas en domingo, dias solemnes, dias de Corpus Christi, todo santos, viernes sanctos hasta ser acabado el oficio, ni dias de Niestra Señora a causa de la feria, ni en las fiestas de nuestros patronos San Cosme y San Damian”. Si fuera perjuro, pague a la Cofradía 1 florín, sin mercede alguna.

Ordenanza 21
Si un cofrade pide ayuda a otro para una cura peligrosa, debe pagarle de sus honorarios, so pena de 1 florín. Si el paciente es pobre, debe continuar la cura según mandato del arte y por caridad. Si un cofrade inicia una cura y el paciente acude a otro cofrade, este no debe verle, o verle solo una vez. Si el caso es grave, hasta que el primer cofrade no haya cobrados sus honorarios, o de permiso. La multa por no cumplir esta condición será de 2 florines más lo que haya cobrado por la cura.

Ordenanza 22
En el caso de un paciente sea atendido en primera instancia por dos o tres maestros y luego este paciente sólo quiere uno o dos, puede elegir a quien quiera, pero el escogido no debe verle hasta que haya pagado su trabajo a los otros. La tarifa de una llaga simple será de 10 blancas y la de una llaga compuesta, 5 groses. El que no cumpla estas reglas, será multado con 1 florín.

Ordenanza 23
Ningún aprendiz intente cambiarse de maestro, “so pena de dos florines, o mas segunt por los Diputados será adjudicado”, a no ser con conocimiento y permiso del primero. La condición para que esta norma sea válida es que el primero enseñe el oficio correctamente “a vista de los dichos Diputados”.

Ordenanza 24
Si aconteciera morir algún Maestro de las dichas artes”, se autoriza mantener la tienda abierta a las viudas “viviendo en su honesto y casto viudage”, poniendo al frente de ella a un aprendiz o a un hijo que domine el oficio. Como condición, en consultas de cirugía, deben estar acompañados “por alguno de los otros maestros del arte”. La multa por no cumplir esta regla será de 1 florín y el importe de la cura.

FOTO 004 Gremios y Cofradías

Ordenanza 25
Si muere la viuda, se cerrará la tienda.

Ordenanza 28
Nombran examinadores de médicos, cirujanos, barberos y boticarios a Juan de Elizondo, Pedro de Lizásoain, Miguel de Spinal y Martín de Artieda.

Termina diciendo: “Don Joan por la gracia de Dios Rey de navarra Duque de Nemox de Gandia de Montblanc de pennafiel, Conde de Fox, señor de Vearne, de Ribagorza, de pontiebre de peyregord, Vizconde de Limoges par de francia y señor de la Ciudad de Valaguer, y donna Cathelina por la misma gracia propietaria de dicho Reyno duquesa de los dichos ducados, condesa de los dichos condados y señorios. A quantos las presentes verán salud”. (…) “En testimonio de lo cual habemos mandado dar las presentes (ordenanzas) selladas del sello de la Chancillería. Dada en nuestra ciudad de pamplona a siete días del mes de junio año mil cuatrocientos y noventa y seis. Johan. Cathelina. Por el Rey y por la Reyna en su consejo Martin de Annox Secretario. Joan de Jassu doctor. (1) (El Protomedicato Navarro y las Cofradías de San Cosme y San Damián, página 315 a 317).

En la Propuesta del doctor Echandi sobre reforma del Protomedicato y creación de un Colegio de Medicina Cirugía y Farmacia en Pamplona (1780 – 1785), queremos destacar en el:
Título 32. De la supresión de Barberos
Artículo 1.- Se acusa a los barberos de practicar intrusismo, opinando que es un oficio superfluo.
Artículo 2.- Se expresa la conveniencia de no examinar ni conceder títulos de barbero durante 8 años.

Título 33. De las parteras
Artículo 1.- Se expresa la deficiente cualificación de las parteras y el intrusismo observado en este oficio.
Artículo 2 y artículo 3.- Describe las malas actuaciones que realizan.
Artículo 4.- Propone que en adelante sufran el examen que expone en el plan complementario.

Título 34. De las exenciones de los Cirujanos Latinos
Artículo 1.- Para fomentar la cirugía, las plazas de examinadores y de catedráticos de Cirugía, solo podrán ser ocupadas por cirujanos latinos.
Artículo 2.- Una vez haya suficiente número de cirujanos latinos, se prohibirá el ejercicio de cirujanos romancistas en poblaciones superiores a los 200 habitantes. El romancista que no obedeciera esta orden sería suspendido en su profesión por 6 meses.
Artículo 3.- Como los cirujanos latinos no podrían sobrevivir en Pamplona, y en otros lugares, sin hacer barbas, se les permite, siempre que las hagan sus mancebos.
Artículo 4.- A los cirujanos latinos que obtuvieran el título en el Colegio de Pamplona, se les dará el grado de Bachiller, al igual que los que estudian en los colegios de Barcelona y Cádiz. (1) (El Protomedicato Navarro y las Cofradías de San Cosme y San Damián, página 325).

En Valladolid, “el 18 de Setiembre de 1578, se erigió la Cofradía de los Santos Mártires San Cosme y San Damián, y se aprobó por el Abad en 26 del mismo mes y año. Los Cofrades son todos barberos: sus efectos consisten en un censo de 82 reales de réditos, y varias limosnas, que según el cargo último sube todo á I&200 los que se invierten en una función de Animas, sufragios y propinas entre los mismos” (4).

En Madrid en 1753, encontramos otra referencia de la Cofradía que dice así: “El Colegio de Madrid era promovido por T. Dischenay, primer cirujano del Rey, y otros destacados cirujanos de la corte y la familia real. Antes que un centro educativo se presentaba como un Colegio profesional que frente a la desacreditada Cofradía de San Cosme y San Damián, agrupase a la élite profesional con el objetivo de lograr un mayor prestigio social. Su peculiaridad residía en que la mera pertenencia al Colegio, según privilegio fundacional, facultaba para el ejercicio de la cirugía; para evitar la presencia masiva de miembros de la Cofradía, impusieron un durísimo examen de ingreso que, de hecho, muy pocos cirujanos españoles podían afrontar con éxito. Estas dos características le enfrentarán abiertamente con el Protomedicato, que deseaba recuperar el privilegio de otorgar licencias, y con la Cofradía de San Cosme y San Damián que perdía el monopolio de la organización profesional madrileña” (5).

El Protomedicato, aunque admitía que los aprobados por el Colegio poseían amplios conocimientos acreditados, reclamaba el cumplimiento de la formalidad del examen ante el Tribunal. Por su parte, el Colegio alegaba que esta prueba era absolutamente inútil ya que los examinadores de oficio, en su mayoría médicos latinistas, no sabían nada de cirugía. Oídos todos los informes, el Consejo de Castilla resolvía a favor de la institución central castellana, manifestando su voluntad de racionalizar la iniciativa estatal en materia de control sanitario.

FOTO 005 Barbero sacamuelas

Los miembros de la Cofradía, en su mayoría barberos y cirujanos romancistas, al ser rechazados en su aspiración a ingresar en el Colegio, ven seriamente minado su prestigio como cirujanos, ya que, en la práctica, la nueva institución se presentaba como una alternativa con aspiraciones a controlar la asistencia quirúrgica en Madrid. Desde su aparición, los enfermos de la corte disponían de un criterio claro de demarcación entre <> y <> profesionales. La acción del Protomedicato en este conflicto se limitó a exigir del Colegio una significativa reducción de los rigores del mencionado examen de ingreso. Sin embargo, cualquier iniciativa que directa o indirectamente mermase el poder gremial, era bien recibida tanto por el Protomedicato, como por la Administración central. Así, el Colegio de San Fernando comienza a impartir docencia en 1753, mientras la Cofradía, un año más tarde, pierde el privilegio de conceder licencias para el ejercicio profesional. En esta misma línea, quedará reducida en 1767 a una mera organización fraternal que promueve actos sociales y religiosos (5).

En Gipuzkoa, el número de hospitales llegó a ser tan crecido en la Provincia que en una visita de inspección, girada en 1586, se encontraron edificios de este género en casi todos los pueblos de alguna consideración, como: Alegría, Anzuola, Deba, Hernani, Segura, Fuenterrabía, Lezo, Orio, San Sebastián, Tolosa, Usurbil, Vergara y Villafranca, aunque la mayoría de ellos no tenían comodidades para el destino que se les daba, ni contaban con rentas bastantes para sostenerse.

Sobre 1530 había pocos médicos y barberos. Isasi dice: que los naturales de esta Provincia no tenían afición a esta facultad, y que nadie seguía esta carrera «sino era por maravilla», debido, sin duda, añadimos nosotros, a la escasa retribución que en el país se obtenía con estas profesiones (6).

Además de Médicos, había también Cirujanos. La carrera de éstos era más abreviada, y todavía en el siglo XVIII no se les exigían más estudios que la asistencia a un curso de Anatomía práctica y dos años de audición de los tratados quirúrgicos, con más tres años de práctica en los hospitales. Estos tales eran conocidos generalmente en el país con el nombre de Barberos, porque además de la obligación de la asistencia facultativa a los enfermos, tenían la de rasurar semanalmente a los igualados, conforme se ve en las escrituras de ajuste que otorgaban en los pueblos. Por un celemín o dos de trigo al año, asistían a todos los individuos de la familia en sus dolencias y quitaban la barba a los varones cada semana (6).

Los saludadores se dedicaban a curar las mordeduras de los perros, de las culebras y de otros bichos malignos por medio de la succión y emplastos. Era creencia general, que cuando un matrimonio tenía siete hijos varones seguidos, el séptimo hijo tenía una cruz en la lengua y en ella virtud curativa especial, y aunque éstos eran considerados los más aptos para dedicarse a este oficio, otros, sin reunir aquella condición, se dedicaban también a explotar la ignorancia de las gentes. La Provincia prohibió el ejercicio de este oficio por acuerdo de 1743, que fue confirmado en 1757 (6).

El Corregidor le encarga en 1590 al doctor Arzallus que, además de las boticas, extendiera la visita de inspección a los Cirujanos, Barberos y Algebristas de los pueblos de Gipuzkoa.

Hay pueblos que carecen de médico y en estos son asistidos por Practicantes, cuyos conocimientos en la actualidad consisten en cuatro semestres de estudios - teóricos y dos cursos de prácticas.

Antiguamente existió en San Sebastián una Cofradía de San Cosme y San Damián, formada por los Médicos, Cirujanos, Barberos y Boticarios que residían en esta población. No hace muchos años todavía, debieron conmemorar este día en San Sebastián, con una solemne función religiosa, muchos señores pertenecientes a las clases citadas, que acudieron de diferentes pueblos de Guipúzcoa, pero no existe la Cofradía ó Hermandad que en lo antiguo tenían (6).

En la revista “antzina” encontramos: “Curar es”, según el diccionario de autoridades de 1729: “Aplicar al enfermo las medicinas convenientes, según la enfermedad que padece: lo que es oficio propio de los médicos y cirujanos”. Pero no solo ellos, hay muchos oficios ligados al arte de curar. Algunos han desaparecido o han evolucionado, como los sangradores, algebristas (el que “concierta huesos dislocados”), hernistas (“el cirujano que entiende con particularidad de hernias”), curadores de la tiña, curanderos, nodrizas, parteras, barberos que sacan muelas. Otros se han mantenido hasta nuestros días: es el caso de las profesiones sanitarias, la medicina (medicina y cirugía se unificaron en 1829), la enfermería y la farmacia (7).

FOTO 006 Grabado de la época. En él se ve la Bacía de Barbero en el lado izquierdo

Una anécdota que cuenta Carmen de Burgos del médico de Corella (Navarra), Mariano Larra que decía: “Los doctores de la salud pública que hacen mejores curas son: El doctor Tiempo, el doctor Paciencia y el doctor Dieta Rigurosa” (7).

Según Santiago Cruz que dice: Los barberos de Mallorca habían constituido una cofradía-gremio con examinadores a finales del siglo XIV. En la Edad Media todos los que atendían a los enfermos de cada comunidad formaron una cofradía. Los barberos no sólo atendían las barbas y rasuras, también los problemas dentarios; los flebotomianos, quienes realizaban preferentemente las sangrías; los algebristas quienes componían los huesos; los cirujanos que tenían a su cargo toda enfermedad externa y se internaban en el cuerpo humano para extraer tumores y cálculos o para realizar las disecciones con fines docentes. Los médicos, quienes si bien no compartían con los anteriores el mismo status profesional y social, seguramente se unieron a la cofradía con la intención de salvaguardar su labor frente a la intrusión de extraños (8).

La referencia más antigua nos viene de León donde antes de finalizar el siglo XIV, se constituyó una cofradía de cirujanos (descrito por Agustín Albarraicín en el Médico interactivo), esta cofradía fue confirmada por Juan I de Trastámara en 1392. También nos dice el mismo Agustín que ya antes existía la Cofradía de barberos y cirujanos mallorquines, que habían ya constituido un Colegio con examinadores. Todas estas Cofradías recibieron el nombre de San Cosme y San Damián, aunque existen algunas con diferentes nombres como la de San Lucas. También aparece en 1408 en Barcelona la existencia de una Cofradía de cirujanos y barberos, la cual fue elevada a categoría de Colegio en 1485 por Alfonso V de Trastámara, llamado “El Magnánimo”. En el mismo Reino de Aragón, en la ciudad de Valencia encontramos otra cofradía en 1443. En Huesca la Cofradía de San Lucas y los Santos médicos Cosme y Damián agrupa a “físicos, cirujanos y especieros o meges, apotecarios e cirúgicos”. Sus estatutos fueron aprobados en junio de 1480 y en ellos se nombran como cuidar a los enfermos: tratar a los enfermos, comportamiento en los hospitales, la jerarquía entre los diferentes facultativos: médicos, cirujanos y boticarios; las obligaciones religiosas y las penas por no obedecer las regulaciones. Tempranamente se convirtió en Colegio y confirmó sus ordenanzas el rey Fernando el Católico en 1508 (8).

Los ciudadanos de Zaragoza hacen lo mismo en 1495 y bajo la misma advocación. Sus constituciones son explícitas: “Ningún físico ni cirujano del Colegio de San Cosme y San Damián concurra, ni pueda concurrir dentro de la ciudad de Zaragoza en la práctica tanto de medicina como de cirugía, con otro médico o cirujano, aunque fuese graduado, sin que sea cofrade y tenga juradas las ordenaciones, bajo la pena de 20 sueldos” (8).

FOTO 007 San Cosme y San Damián. Torredonjimeno. Foto José M.

Los Santos Médicos Cosme y Damián fueron los patrones de los médicos, cirujanos, boticarios y barberos. Se les invocaba contra la peste, pero sobre todo, se les invocaba contra el muermo, la inflamación de las glándulas, la tiña, las afecciones renales, los cálculos, las inflamaciones de vientre y la incontinencia urinaria infantil. También se convirtieron en patrones de los hospitales y se crearon cofradías en nombre de San Cosme y San Damián (9).

Cosme y Damián nacieron en Arabia en el siglo III D.C. Eran hermanos gemelos y tanto ellos como sus otros tres hermanos perdieron a su padre cuando eran pequeños. Su madre, una mujer de grandes virtudes cristianas, los educó en la fe cristiana. Nos cuenta la leyenda que ambos aprendieron medicina en Siria y que ejercieron esta noble profesión en Egea, Cilicia. Allí aplicaron sus conocimientos médicos tanto a personas como a animales y con gran pericia curaban cualquier tipo de enfermedad (9).

Aun así, cuando todo les fallaba su fe ciega en Dios les favorecía para poder obrar milagros. Éste don atrajo a muchas personas deseosas de curarse, fuesen éstas cristianas o no. De hecho, muchos de sus pacientes no creyentes se convirtieron a la fe cristiana después de su curación. Cosme y Damián ejercían su profesión más por devoción que por las ganancias que podían obtener ya que se negaban a cobrar por sus servicios. Los hermanos vivieron en tiempos del emperador Diocleciano (284 - 305), uno de los perseguidores más acérrimos que ha conocido la historia del cristianismo. En ésta época, Lisias, el gobernador de Egea, estaba bajo órdenes estrictas de Diocleciano de neutralizar a los cristianos. La fama y la reputación que rodeaba a los médicos milagrosos no podían pasar desapercibidas para el gobernador quien les hizo llamar junto con sus otros tres hermanos, Antimo, Leoncio y Euprepio.

Siguiendo el Edicto en Contra de los Cristianos decretado por Diocleciano, Lisias les dio la opción de apostatar o morir. Sin embargo, con la pretensión de que renegaran de su fe, los hermanos fueron sometidos a toda clase de torturas, físicas y morales. Pero ni los intentos de ahogar a los hermanos ni de quemarlos ni descoyuntarlos ni de crucificarlos y lapidarlos obraron efecto ya que un ángel siempre les salvaba. Tan sólo la decapitación pudo con ellos. Después de muertos también obraron milagros, contándose entre los más famosos la presencia de un camello en su entierro para explicar a los allí reunidos cómo enterrarlos y el trasplante de una pierna que realizaron los hermanos (9).

FOTOS
Foto 001

Foto 002 Alfonso X el sabio
Alfonso X el Sabio. Miniatura de Las Cantigas de Santa María (Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, Madrid)
Alfonso XI el Justiciero. moneda

Foto 003 Cofradías medievales

Foto 004 Gremios y Cofradías

Foto 005 Barbero sacamuelas

Foto 006 Barbero. Grabado, imagen escaneada del libro: El Protomedicato Navarro y las Cofradías de San Cosme y San Damián. El control social de las profesiones sanitarias en Navarra (1496 – 1829). Julio Sánchez Álvarez. Temas de Historia de la Medicina (número 9). Gobierno de Navarra. 2010

Foto 007 San Cosme y San Damián. Patronos de Torredonjimeno. 9-9-2012. Foto de José M.

BIBLIOGRAFÍA
1.- El Protomedicato Navarro y las Cofradías de San Cosme y San Damián. El control social de las profesiones sanitarias en Navarra (1496 – 1829). Julio Sánchez Álvarez. Temas de Historia de la Medicina (número 9). Gobierno de Navarra. 2010

2.- Historia de la Enfermería Española. Francisco Ventosa Esquinaldo

3.- García Ballester, L.

4.- Parroquia de Santiago, folio 117, número 56. Memorias Políticas y Económicas. Tomo XXIII de la Ciudad de Valladolid. Por D. Eugenio Larrua. Año MDCCXCII

5.- El proceso de renovación de la cirugía en la Corte, así como las actuaciones del Protomedicato, el Consejo de Castilla, los médicos de Cámara de la Academia Médico-Matritense, ha sido excelentemente estudiado por M. E. Burke, The Royal College of San Carlos. Surgery and Spanish Medical Reform in the Late Eighteenth Century (Durham, N. C., 1977). Esta obra, sin duda, constituye uno de los estudios más serios y completes sobre la ciencia española de la Ilustración. Libro Temas de Nuestro Tiempo. Ciencia y Sociedad en España. José Manuel Sánchez Ron. Universidad Autónoma de Madrid.

6.- Noticia de las cosas memorables de Gipuzkoa, por Gorosabel. Y Compendio historial de Gipuzkoa). Libro: La editorial catalana Alberto Martín publicó entre los años 1915 y  1921 una obra titulada Geografía General del País Vasco-Navarro, realizada bajo la dirección de Francesc Carreras i Candi. Consta de seis volúmenes. Provincia de Navarra, volúmenes 1 y 2, escritos por Julio Atadil. Provincia de Vizcaya, volumen 3, obra de Carmelo Etxegaray. Provincia de Álava, volumen 4, redactado por Vicente Vera. Y por último la Provincia de Guipúzcoa, volumen 5, encargado a Serapio Múgica y para terminar el Volumen 6, País Vasco-Navarro.

7.- El Oficio de Curar. Conchi Ainciburu. Antzina. Junio 2006. http://www.antzinako.org

8.- Libro o trabajo: La Cofradía-Gremio durante la Baja Edad Media y Siglos XVI y XVII, el caso de la Cofradía de Cirujanos, Barberos, Flebotomianos y Médicos en España y la Nueva España. María Luisa Rodríguez-Sala Gómezgil. Universidad Autónoma de México. Barataria. Revista Castellano-Manchega de Ciencias Sociales número 10, páginas 149-163, 2009. ISSN: 1575-0825, e-ISSN: 2172-3184.

9.- Los Santos Médicos Cosme y Damián. Mónica Ann Walker Vadillo. University of Waterloo. Department of French Studies. Revista Digital de Iconografía Medieval, vol. III, número 5. 2011. Páginas 51 – 60.

AGRADECIMIENTO
Biblioteca Koldo Mitxelena de San Sebastián

AUTORES:
Raúl Expósito González
Enfermero. Servicio de Anestesia y Reanimación. Hospital “Santa Bárbara” de Puertollano. Ciudad Real. Experto en Barberos, Ministrantes y Sangradores

Jesús Rubio Pilarte
Enfermero y sociólogo. Profesor de la E. U. de Enfermería de Donostia. EHU/UPV
Miembro no numerario de La RSBAP

Manuel Solórzano Sánchez
Enfermero. Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. Osakidetza /SVS
Colegiado 1.372. Ilustre Colegio de Enfermería de Gipuzkoa
Miembro de Enfermería Avanza
Miembro de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos
Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería
Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.
Miembro no numerario de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País. (RSBAP)