lunes, 13 de mayo de 2013

LAS ÓRDENES SEGLARES DE ENFERMERÍA



Al tiempo que se desarrollaban las órdenes militares y religiosas, aparecieron grupos de trabajadores que se unieron para formar órdenes semireligiosas. Estas órdenes no seguían los votos de la vida monástica, y a menudo se las ha descrito como “Órdenes Seglares de Enfermería”.

Hicieron grandes contribuciones a la enfermería y sirvieron a los enfermos, los pobres, los abandonados y los huérfanos en sus propias comunidades. En ocasiones también ejercieron la enfermería hospitalaria.

FOTO 001 Les Béguines de la ville de Goes, Hollande, à l'office de Cecil Jay

LAS BEGUINAS
El origen del movimiento Beguino es incierto, y la etimología del nombre permanece confusa. Se suele atribuir a un sacerdote de Lieja, Lambert le Bègue, quien promovió la instauración de “mulieres sanctae” en torno a su iglesia, entre las que había hijas de barones, de caballeros y de nobles, en lo que ha dado en llamarse el primer beguinaje. Estas mulieres sanctae eran particulares que se identificaban con un monasterio mediante la donación de parte de su patrimonio, si eran ricas o el servicio voluntario si eran pobres. No tomaban votos y vivían en sus propios hogares. Al pasar el tiempo estas mujeres empezaron a vivir en comunidad, realizando los votos de castidad y obediencia durante el tiempo que vivían juntas, pero no renunciaban a los derechos de propiedad ni a sus posesiones.

Eran libres de casarse y abandonar la comunidad en cualquier momento. Las Beguinas de Flandes constituyeron una de las órdenes seglares de enfermería más prominentes. Posteriormente muchas de estas comunidades se hicieron Terciarias de San Francisco o de Santo Domingo.

Su organización era extremadamente simple. Se reunían de dos a cuatro mujeres que vivían en pequeñas casas construidas en un recinto cerrado y agrupadas alrededor de una iglesia u hospital. Estos beguinajes eran de una simplicidad pintoresca. Los de Brujas (1184) y Gante (1234), en Bélgica son los más conocidos. Cada comunidad era autosuficiente y fijaba sus propias reglas, que debían ser aprobadas por el obispo de la diócesis. Su objetivo original era de carácter religioso; se esforzaban por alcanzar la perfección, la reforma de la Iglesia y la salvación de las almas. Había miembros ricos y pobres, nobles y humildes, y su trabajo variaba de unos a otros. Su atuendo dependía de la localización geográfica de la comunidad.

FOTO 002 LVDS, Beguinas, Monasterio St Elisabeth, postal de Bélgica 1913

Las Beguinas se mantenían a sí mismas enseñando, hilando y realizando otras labores de artesanía, aparte de cuidar a los enfermos en los hospitales. Iniciaron un servicio de enfermería domiciliaria y fijaron una cuota si la familia tenía dinero. El trabajo hospitalario se convirtió en uno de sus intereses primordiales, lo que dio lugar a la creación de sus propios hospitales, donde ejercían la enfermería. Uno de los más famosos fue el Hôtel Dieu de Beaune, Francia fundado en 1443. Estos hospitales contaban también con la colaboración de las Hermanas de Matilde, una orden establecida por las Beguinas para ese objetivo exclusivo. Durante las guerras, las épocas de hambre y las epidemias, sus miembros de la orden convertían sus casas en hospitales y también trabajaban como enfermeras en los campos de batalla.

Las Beguinas siempre fueron muy populares entre la población, pero sufrieron persecución por parte de las autoridades eclesiásticas, que vieron que perdían poder. Los clérigos no podían tolerar su independencia ni sus notorias innovaciones en la vida comunitaria. Fueron acusadas de herejía, y en 1215 el Papa prohibió la creación de nuevos grupos. A pesar de la prohibición, florecieron y se extendieron por toda Europa. Se estima que sus miembros llegaron a ser 200.000.

Hasta este año 2013 que ha fallecido la última beguina, se han mantenido durante todos estos siglos.
Según una fuente constituyeron …
una comunidad de mujeres de interés histórico sin par. La libertad e independencia de su original forma de existencia, su carácter autosuficiente, su dignidad irreprochable y la discreción, sencillez y utilidad de sus vidas siguen inalterables. Han atravesado vicisitudes y trances, pero siempre con seguridad. (Nutting y Dock, 1937; página: 271). Historia de la Enfermería. M. Patricia Donahue.

LAS BEGUINAS
Las beguinas eran una asociación de mujeres cristianas, contemplativas y activas, que dedicaron su vida, tanto a la defensa de los desamparados, enfermos, mujeres, niños y ancianos, como a una brillante labor intelectual. Organizaban la ayuda a los pobres y a los enfermos en los hospitales, o a los leprosos. Trabajaban para mantenerse y eran libres de dejar la asociación en cualquier momento para casarse. (Wikipedia).

El movimiento de las beguinas seduce porque propone a las mujeres existir sin ser ni esposa, ni monja, libre de toda dominación masculina

Cómo se organizaban
No había casa-madre, como así tampoco una regla común, ni una orden general; sino que cerca de los hospitales o de las iglesias donde establecían sus viviendas en sencillas habitaciones donde podían orar y hacer trabajos manuales, cada comunidad o beguinaje, estaba completa en sí misma, y organizaba sus propia forma de vida con el propósito de orar y servir como Cristo en su pobreza.

Una carta de 1065 menciona la existencia de una institución similar al beguinaje de Vilvoorde en Bélgica. Desde la región de Lieja el movimiento se difundió desde el siglo XII por otros países de Europa como Holanda, Alemania, Francia, Italia, España, Polonia y Austria. Algunos beguinajes, como los de Brujas, Gante y Colonia llegaron a contar con miles de integrantes. El extenso renacimiento religioso que originaron los beguinajes, también trajo sociedades similares para los hombres, los begardos. (Wikipedia).

El origen de su nombre
Sobre el origen de los nombres beguina y begardo hay varias hipótesis: por Lambert le Bègue, sacerdote de Lieja quien habría fundado la asociación; fue crítico de las costumbres del clero, traductor de los Hechos de los Apóstoles y las Epístolas de Pablo, autor de Antigraphum Petri, acusado de herejía, murió en 1180, después de haber fundado una iglesia y claustro para viudas y huérfanos de los cruzados en su pueblo nativo. El apelativo le bègue significaría “el tartamudo”. Otro origen puede ser el que deriva de la palabra beghen en flamenco antiguo, con el sentido de pedir (pedir al orar o tal vez peyorativamente, pese a que en realidad nunca fueron mendicantes). También podría ser por Bega, santo patrón de Nivelles, en donde, según una dudosa tradición, se estableció el primer beguinaje. Otro de sus orígenes podría ser por el hábito de color beige de lana burda, parecido al de los «humillados» de Italia. (Wikipedia).

FOTO 003 Beguinas. Eukleria

Las beguinas más ilustres
Las beguinas más ilustres: vale la pena recordar a María de Oignies, a Lutgarda de Tongeren, a Juliana de Lieja y a Beatriz de Nazaret, autora de Los siete grados del Amor. Se considera que las beguinas, junto con los trovadores y Minnesänger, fundaron la lengua literaria flamenca, francesa y alemana. Participaban en la apertura del saber teológico a los laicos, arrancándolo del latín clerical y vertiéndolo a las lenguas vulgares. La traducción de obras del místico alemán Johannes Eckhart y la divulgación de su propia obra le costó la hoguera a Margarita Porete en 1310.
Autora de El Espejo de las Almas Simples que dice:
Teólogos y otros clérigos / no tendréis el entendimiento / por claro que sea vuestro ingenio / a no ser que procedáis humildemente / y que amor y fe juntas / os hagan superar la razón, / pues son ellas las damas de la casa. (Wikipedia).

Intentaron condenarlas
La condena de Margarita Porete fortaleció a los enemigos de las beguinas y a instancias del Papa Clemente V fueron condenadas por el Concilio de Viena en 1312, que decretó que “su modo de vida debe ser prohibido definitivamente y excluido de la Iglesia de Dios”; pero esta sentencia fue mitigada por Juan XXII en 1321, quien permitió que las beguinas continuaran con su estilo de vida, ya que “habían enmendado sus formas”.
Posteriormente las autoridades eclesiásticas tuvieron frecuentes roces con las beguinas y begardos. Durante el siglo XIV los obispos alemanes y la Santa Inquisición condenaron a los begardos y varias bulas se emitieron para someterlos a la disciplina papal.

El 7 de octubre de 1452 una bula del Papa Nicolás V fomentó el ingreso de las beguinas a la orden Carmelita. Para colmo, Carlos el temerario, duque de Borgoña, decretó en 1470 que gran parte de los bienes de las beguinas pasaran a manos de las carmelitas. De una u otra forma, se presionó a las beguinas a ingresar a una comunidad de monjas o a disolverse. En el siglo XVI la desconfianza en las beguinas creció, pues fue frecuente que se unieran a la Reforma, especialmente al anabaptismo (una de las corrientes existentes dentro del cristianismo). En el siglo XVIII, se tomaron más medidas para frenar a las beguinas. (Wikipedia).

FOTO 004 Beguinaje de Saint – Amandsberg. Gante, Bélgica

MUERE LA ÚLTIMA BEGUINA

En la sección de obituarios de El PAÍS del día 24 de abril de 2013, y escrito por la periodista Alba Tobella, que es la autora, hace referencia a las beguinas, comunidades religiosas de mujeres al servicio de los enfermos que surgieron en Bélgica hacia el siglo XII y tuvieron su máxima expansión en el XIV.

La austeridad, el servicio a los más desfavorecidos y el sentimiento democrático que inspiraba sus reglas sorprenden mucho en una época en que la Iglesia católica desplegaba un poder social demasiado asfixiante. Tanto es así que muchas beguinas murieron víctimas de la Inquisición acusadas de herejía y hasta de brujería.

La semana pasada murió la última de estas mujeres. En Brasil he podido conocer movimientos similares de carácter asistencial, femeninos también, e incardinados en los propios barrios de favelas, muy al estilo de aquellas beguinas.

Está en:

Murió mientras dormía sin saber que cerraba la última puerta de la existencia de las beguinas. La Hermana Marcella Pattyn, fallecida el 14 de abril de 2013 a la edad de 92 años, era la última representante de una de las experiencias de vida femeninas más libres de la historia, según los expertos. En la Edad Media, entre la rigidez de los estamentos religiosos, empezaron a aparecer comunas de estas mujeres que iban por libre, eran democráticas y trabajaban para obtener su propio alimento y hacer labores caritativas. Eran comunidades de mujeres espirituales y laicas, entregadas a Dios, pero independientes de la jerarquía eclesiástica y de los hombres.

Surgieron en un momento de sobrepoblación femenina, cuando dos siglos de guerras habían acabado con una gran proporción de los hombres y los conventos estaban colmados como la alternativa al matrimonio o a la clausura. Corría el siglo XII y las comunidades de beguinas, mujeres de todas las clases sociales, empezaron a extenderse en Flandes, Brabante y Renania. Gracias a las labores que hacían para la comunidad, eran enfermeras para los enfermos y desvalidos y maestras para niñas sin recursos, e incluso fueron responsables de numerosas ceremonias litúrgicas, muchas familias adineradas les dejaban herencia y mujeres ricas se instalaban en beguinajes.

La mayoría de hermanas practicaban algún arte, especialmente la música -Pattyn tocaba el banjo, el órgano y el acordeón-, pero también la pintura y la literatura. Los expertos consideran a poetas como Beatriz de Nazaret, Matilde de Madgeburgo y Margarita Porete precursoras de la poesía mística del siglo XVI, además de las primeras en utilizar las lenguas vulgares para sus versos en lugar del latín.

Vivían en celdas, casas o grupos de viviendas, declaradas patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1998, y podían abandonarlas en cualquier momento para casarse y formar una familia, pero a nivel espiritual no se casaban con nadie más que con Dios y los más desfavorecidos. También formaban partes de estos grupos mujeres casadas que se identificaban con el deseo de llevar una vida de espiritualidad intensa en los beguinajes de sus ciudades.

Elena Botinas y Julia Cabaleiro definen el movimiento en Las beguinas: libertad en relación como lugar espiritual y pragmático a la vez, que rompe con la diferenciación que la Iglesia imponía entre la oración y la acción: “Un espacio que no es doméstico, ni claustral, ni heterosexual. Es una espacio que las mujeres comparten al margen del sistema de parentesco patriarcal, en el que se ha superado la fragmentación espacial y comunicativa y que se mantiene abierto a la realidad social que las rodea, en la cual y sobre la cual actúan, diluyendo la división secular y jerarquizada entre público y privado y que, por tanto, se convierte en abierto y cerrado a la vez”, explican.

Según la versión más extendida, un grupo de mujeres construyeron el primer beguinaje en 1180 en Lieja (Bélgica), cerca de la parroquia de San Cristóbal y adoptaron el nombre del padre Lambert Le Bègue.

FOTO 005 Beguinas. Eukleria

Otras versiones apuntan a que “beguina” significa, simplemente, rezadora o pedidora (de beggen, en alemán antiguo, rezar o pedir) e incluso, en la versión menos compartida entre los historiadores, a que su existencia se remonta al año 692, cuando santa Begge habría fundado la comunidad.

Tuvieron dos siglos de expansión rápida pero las denuncias de herejía las frenaron cuando la Iglesia empezó a ver que atraían donaciones “que les pertenecían”. Se instalaron en todas las grandes ciudades francesas y alemanas, pero la persecución las hizo volver a recogerse en Bélgica, de donde venían. Pagaron por las libertades que habían adquirido, económica, social y religiosa incluso con la muerte. Marguerite Porete fue quemada viva en 1310. Las acusaban de aturdir a los monjes y de encandilarlos cuando acudían a confesarse a los monasterios vecinos y las trataron como a las únicas mujeres libres de la época: las brujas.

“El movimiento de las beguinas seduce porque propone a las mujeres existir sin ser ni esposa, ni monja, libre de toda dominación masculina”, explica Régine Pernoud en el libro La Virgen y sus santos en la Edad Media. Y así como sedujo a las mujeres, inquietó a los hombres.

Con sus conquistas volvieron a casa. Regresaron a los Países Bajos y Bélgica, aunque resistieron algunos beguinajes alrededor de Europa. La mayor comunidad se recluyó en un gran beguinaje en Cortrique la población del sur belga donde murió Marcella Pattyn la semana pasada. Después de que su modo de vida sin reglas y sin amos hubiera enfurecido a los garantes del orden, renunciaron a cierto radicalismo y optaron por convivir con la Iglesia para asegurarse la subsistencia, durante siglos, hasta morir hoy en silencio. (EL PAÍS).

Mujeres libres en un mundo de hombres

“El movimiento de las beguinas es uno de los movimientos más interesantes y más curiosos que se han dado en la historia de la espiritualidad occidental. Las beguinas eran, generalmente, mujeres de la clase alta, o de clase media alta. En un momento en que se empieza a derrumbar el sistema tan estructurado de la iglesia y del mundo feudal aparece el deseo de una cierta libertad interior, libertad de conciencia, que cada persona se exprese por sí misma”.

“Las beguinas quisieron ser espirituales pero no religiosas, quisieron vivir entre mujeres pero no ser monjas ni canonesas, quisieron rezar y trabajar pero no en un monasterio, quisieron ser fieles a sí mismas pero sin votos, quisieron ser cristianas pero ni en la Iglesia constituida ni, tampoco, en la herejía”. (María Milagros Rivera).

No se casaron, pero tampoco hacían votos de castidad. Jamás estuvieron subordinadas a los hombres, ni como esposos ni como guías espirituales. Vivieron de sus rentas, si las tenían, y de su trabajo en la industria, la artesanía textil, la enfermería, el copiado de manuscritos, la enseñanza de las niñas y la asistencia a personas moribundas entre otras tareas.
Estas mujeres se caracterizan por una sólida formación cultural y teológica, unida a una experiencia mística personal profunda, con frecuencia, con experiencias visionarias. Una vida de radical austeridad y libertad de espíritu. (Eukleria).

IMÁGENES: Les Béguines de la ville de Goes, Hollande, à l'office de Cecil Jay.

Beguinaje de Saint-Amandsberg (Gante, Bélgica) © OUR PLACE The World Heritage Collection UNESCO

Fotografías de Internet

AGRADECIMIENTOS
EL PAÍS
Alba Tobella
Gloria Arbonés

BIBLIOGRAFÍA
Epiney-Burgard, Georgette & Zum Brunn, Emile (1998). Mujeres trovadoras de Dios. Una tradición silenciada de la Europa medieval. Barcelona: Paidós. ISBN 978-84-493-0485-9.
Hadewijch de Amberes (1999). El lenguaje del deseo. Madrid: Editorial Trotta. ISBN 978-84-8164-357-2.
Porete, Margarita (2005). El Espejo de las Almas Simples. Madrid: Ediciones Siruela. ISBN 978-84-7844-915-6.
(1995). El Espejo de las Almas Simples. Hermana Katrei. Barcelona: Icaria Editorial. ISBN 978-84-7426-242-1.
Sanz González, Ana Isabel (2002). Mujeres en la Edad Media: las raíces de la libertad. Madrid: Sociedad de Nuevos Autores. ISBN 978-84-932821-9-6
EL PAÍS. 24 de abril de 2013:

Dolors Sanahuja. Les Deodates de Santa María de Sales. Una petita Comunitat Medieval de Dones. (Las Deodatas de Santa María de Sales. Una pequeña comunidad medieval de mujeres). En Acta historica et archaeologica Medievalia. Departament d’História Medieval. Universitat de Barcelona. Barcelona 1992

Historia de la Enfermería. M. Patricia Donahue (Profesora adjunta del College of Nursing. The University of Iowa. Iowa City. EE. UU. Ediciones Harcourt. B-24.474-99

(Eukleria).

Un cajón revuelto. Gloria Arbonés

FOTO 006 Beguinato en Brujas, Bélgica

COLABORADORES:
Raúl Expósito González
Enfermero. Servicio de Salud de Castilla – La Mancha. Ciudad Real. Experto en Barberos, Ministrantes y Sangradores

Jesús Rubio Pilarte
Enfermero y sociólogo. Profesor de la E. U. de Enfermería de Donostia. EHU/UPV
Miembro no numerario de La RSBAP

Manuel Solórzano Sánchez
Enfermero Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. Osakidetza /SVS
M. Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro no numerario de La RSBAP