miércoles, 7 de octubre de 2009

EL COLEGIO DE ENFERMERÍA DE MADRID. CIEN AÑOS DE HISTORIA

Gracias a mi buen amigo Carlos Álvarez Nebreda que se ha traslado hasta San Sebastián para hacerme entrega del Libro de “El Colegio de Enfermería de Madrid. Cien Años de Historia”. El mejor regalo que me podía traer de la capital del reino. El libro realizado por el Colegio de Enfermería de Madrid y sus autores son Paloma Barreiro Pereira y José María Bermejo.

Este libro ha sido posible al esfuerzo de la Junta de Gobierno del Colegio de Enfermería de Madrid con su presidente al frente Pedro Bejarano Soleto, Sara Gascó González (secretario), Federico Jiménez González (tesorero) y los vocales: Jorge Andrada, María Freire Calvo, María Luisa Cornejo Alonso, María Dolores Yeste Martínez, Juliana Calzada Benito y José Manuel Freire.

El libro consta de 278 páginas divididas en los orígenes, la profesión en el siglo XIX, el colegio de practicantes de medicina y cirugía de Madrid, auxiliares en medicina y cirugía: a la búsqueda de identidad, las clases auxiliares durante la segunda República, el auxiliar médico en la post-guerra y la guerra de los A.T.S.

En la segunda parte del libro trata sobre la equiparación de enfermeras y A.T.S., entre la integración y la autonomía, la inquietud por el futuro profesional, la batalla por la licenciatura, para terminar hablando sobre un nuevo siglo lleno de esperanza.

En el prólogo el presidente Bejarano nos dice: fiel a la doctrina emanada por Protomedicato, Protocirujanato y Protobarberato, instituciones reconocidas por todos como predecesoras de lo que hoy entendemos como organización colegial, se marcan como objetivos la protección del ciudadano mediante su implacable lucha contra el intrusismo, que por entonces practicaban curanderos y charlatanes, velaban por la formación y la buena praxis de los profesionales, informando los planes de estudios, asesorando a las administraciones públicas generando una importante formación continuada y orientando a los Tribunales de Justicia para cuando eran requeridos.

Reflejan también los autores de forma meridiana, las diferencias y contradicciones producidas en lo que entonces se denominaba como “la clase”, en referencia a la de los Practicantes, así como las diferencias surgidas con las enfermeras cuando el doctor Rubio y Gali creó en el año 1896, la primera escuela de enfermeras de España en Madrid, la Real Escuela de Enfermeras de Santa Isabel de Hungría y, sobre todo cuando la administración le dio carta de naturaleza publicando su plan de estudios en el año 1915.

Para más información sobre la Primera Escuela de Enfermeras de Santa Isabel de Hungría, está el artículo de Carlos Álvarez Nebreda, en Tribuna Sanitaria en 2007:
http://www.codem.es/tribuna/ptribuna.asp?nrevista=206&nApartado=6

La historia de un Colegio Profesional es la historia de una aventura humana que viene de muy lejos y que, en un momento dado, cristaliza entorno a una idea: defender la dignidad de una profesión, equilibrar derechos y deberes y, en definitiva, fijar un futuro. Rastreando la historia del Colegio de Practicantes de Madrid, hoy en día Colegio de Enfermería, en sus 100 años de vida, nos vienen al recuerdo unos versos de Antonio Machado que podrían resumir el estado de ánimo de practicantes, matronas y enfermeras, sobre todo en lo que respecta a la primera profesión, llamada expresivamente “la Clase”:

Hora de mi corazón:
La hora de una esperanza
Y una desesperación


La figura, más o menos confusa del médico, el cirujano, el barbero, el curandero, el mago o el sangrador, es una constante en la literatura occidental: profesiones admiradas o criticadas, debido a su trascendencia social en el misterio que es la vida: preciosa y frágil. Aquí nos interesa recordar, brevemente, la historia de la cirugía, porque esa antigua especialidad está en la génesis de la profesión de practicante, y en gran parte del desarrollo académico de la carrera.

En un principio, no había distinción clara entre Medicina y Cirugía. La separación de ambas disciplinas se empezó a definir a mediados del siglo XIII, en algunos países europeos, como Francia, donde surgió una profesión, la de los cirujanos de bata larga, distinta a la profesión de los cirujanos barberos o cirujanos de bata corta, formándose en varios países las corporaciones o gremios que serían el origen de la colegiación moderna.

Tenemos constancia de los primeros estatutos de los Barberos de Montpellier, fechados en 1242, cuando esa ciudad pertenecía a la Corona de Aragón. La cofradía de Barberos y Cirujanos de Valencia también presentaba sus primeros estatutos ante el rey. Los médicos contaron con examinadores propios desde 1329, un privilegio que lograrían igualmente Cirujanos y Barberos, profesiones que también tenían una gran fuerza social. El movimiento gremial experimentó un fuerte impulso a partir del siglo XV, con Barberos y Cirujanos a la cabeza. Tenemos constancia de la aprobación real, otorgada por Martín I en 1408, a favor de la Cofradía de los Cirujanos y Barberos de Barcelona, a la que seguirían, en el campo de la medicina y la farmacopea, otras asociaciones similares de médicos, físicos, boticarios, drogueros y especieros.

En el año 1500, los Reyes Católicos regularon el ejercicio de barberos y sangradores. En las Ordinacions o Reglamentos del Hospital de la Santa Cruz de Barcelona, se describen minuciosamente las tareas propias de los enfermeros. En esos albores de la edad moderna, barberos sangradores, y barberos flebotomianos gozaron de un cierto prestigio en el campo de la medicina empírica, asentada sobre la sangría o el arte de sanar, una técnica delegada de la medicina que llegó a ser muy discutida. Los sangradores se encontraban, profesionalmente, en una situación ambigua, a medio camino entre los profesionales titulados médicos y cirujanos latinos o de primera clase y otros advenedizos escasamente preparados. En general, el nivel social de los médicos en esa época equivalía al de los boticarios, y se situaba por encima de cirujanos y albéitares y por debajo de notarios, abogados y juristas.

La invención de la imprenta, a mediados del siglo XV, supuso un avance portentoso para la difusión de la ciencia y de la cultura. España dotó a las nuevas colonias americanas una medicina profesionalizada y una organización sanitaria eficiente. Desde 1570 funciono en todos los territorios conquistados la institución del Protomedicato, consejo presidido por un médico y que tenía las siguientes funciones: examinar y regular el ejercicio de médicos, cirujanos, apotecarios y comadronas; inspeccionar boticas y hospitales y establecer cuarentenas en caso de epidemias. Del Protomedicato surgió una sección específica, la del Protobarberato, que sería suprimida por Real Cédula de Carlos III, en 1780, pero que da idea de la fuerza que tenía la clase emergente vinculada a la cirugía empírica. En 1541 aparecía un manual impreso con el curioso título de Libro del Arte de las Comadres o madrinas y del regimiento de las preñadas, escrito por el doctor mallorquín Damián Carbón y Malferit y dedicado a la instrucción de las matronas. En 1552, el hermano Antón Martín de la orden hospitalaria de San Juan de Dios creaba en la calle Atocha de Madrid, el hospital del Amor de Dios, primer nosocomio de afectos externos de la capital, que, posteriormente albergaría una escuela de cirujanos menores y ministrantes.

Felipe II, tan interesado en la destilación de medicamentos químicos y en la alquimia en general, contrató, 1558, al sanador Francisco de Somovilla para que tratase a la familia real, con un salario equivalente al de los médicos reales.

A lo largo del siglo XVII, se trató de impulsar el conocimiento de los auxiliares sanitarios, mediante la publicación de manuales, como la Instrucción de Enfermeros, para aplicar los remedios a todo género de enfermedades, y acudir a muchos accidentes que sobrevienen en ausencia de los médicos, manual de Enfermería elaborado por la Mïnima Congregación de los Hermanos Enfermeros Pobres o Hermanos Obregones en 1617, que sería ampliado en 1625 por el Hermano Andrés Fernández. Y en 1638, se editaba en Zaragoza El Libro del parto humano, escrito por el doctor Francisco Núñez para instruir a comadres y parteras.

Recordando, a grandes rasgos, los avatares de las distintas profesiones sanitarias, y retrocediendo en el tiempo hasta el Siglo de las Luces, encontramos por primera vez, el término de “practicante” en una Real Cédula de Felipe V, fecha el 29 de enero de 1717; en ellas se asignan al practicante las funciones que hasta el momento venían desempeñando los barberos y otros “profesionales” menos definidos, pero que requerían una mayor destreza técnica, citaremos entre ellas flebotomías, sangrías extracciones dentarias, etc. Posteriormente estos profesionales serían conocidos como cirujanos menores o ministrantes y practicantes de hospitales, debiendo realizar cuatro años de prácticas en un hospital para acceder al título por la Real Orden del 29 de junio de 1846. Siendo el camino emprendido el estar cada vez mejor preparados nace en 1728 en el Hospital del Rey de Cádiz, la Escuela de Practicantes de la Cirugía de la Marina, una iniciativa de Juan Lacomba que marcó un hito en la historia de la enfermería de la armada.

En el reinado de Fernando VI se registraron algunos hechos notables, como la regulación de la profesión de comadres parteras, a través de una Real Cédula de 21 de julio de 1750, o la publicación, ese mismo año de un nuevo manual escrito por el doctor Antonio Medina y titulado Cartilla nueva, útil y necesaria para instruirse las matronas, que vulgarmente se llamaban comadres en el oficio de partear. En 1760 las Ordenanzas de las constituciones de los Reales Hospitales General y de la Pasión de Madrid definían los puestos de Enfermero Mayor, Practicante Mayor, Practicante y Barbero. El oficio de sangrador se convirtió en una especialidad, ya que el acceso a dicha plaza requería el título de practicante. En 1770, apareció un nuevo libro de instrucción escrito por el cirujano donostiarra José Oyarte, bajo el título de “Avisos a las obstetrices o parteras”. Y apenas iniciado el siglo XIX; ya en las postrimerías del reinado de Carlos IV, una Real Cédula de 6 de mayo de 1804, regulaba la normativa profesional de matronas, sangradores y cirujanos.

Si queremos seguir con esta época de la historia, tenemos otro trabajo muy bien realizado de nuestro compañero Raúl Expósito González enfermero y documentalista de Ciudad Real, en esta dirección: “Apuntes Históricos sobre el origen del Colegio de Enfermería de Ciudad Real. Publicado el 31 de Enero de 2009”
http://enfeps.blogspot.com/2009/01/apuntes-historicos-sobre-el-origen-del.html

También encontramos otro artículo interesante “La enfermera en el monumento madrileño, y dentro de él, que nos habla de La Duquesa de la Victoria y la enfermería española de Mª Teresa Miralles Sangro y Marta Durán Escribano:
http://scielo.isciii.es/scielo.php?pid=S1132-12962005000300014&script=sci_arttext

También me gustaría destacar de este libro lo bien documentado que se encuentra sobre un periodo que hay muy poco escrito y que todavía nos queda mucho por saber, y es la época de la II República. ¿Qué pasó con las Clases auxiliares? Comienza en 1931, pues supone el final del Régimen de Primo de Rivera y la proclamación de la II República. Los días 22 y 23 de enero se celebran las elecciones para formar la nueva junta de gobierno del Colegio Oficial de Madrid, saliendo elegido presidente Luis Panero Tóres. El mismo 23 de enero y capitaneados por Eliseo Cobo de Blas funda el Ateneo de Practicantes de Madrid con el propósito de profundizar en la formación personal y profesional.

En 1932, la Confederación de Clases Sanitarias apoya decididamente a los profesionales que reclaman la creación de un Ministerio de Sanidad. Por su parte, el doctor Jesús Centeno reitera su llamamiento “a todos los sanitarios españoles para reconstruir las Federaciones Sanitarias”.

Llega el desastre de la guerra civil y los dos bandos existentes convocan apresuradamente Cursillos para Damas enfermeras, provocando las protestas de los practicantes. Se tuvieron que realizar a prisa y corriendo para dotar sobre todo en el bando nacional, enfermeras para sus hospitales. Posteriormente a la guerra se van sucediendo hechos muy importantes para la enfermería española, todavía hay desencuentros entre practicantes, matronas y enfermeras.

Empiezan las reformas, aparece la Ley del Seguro de Enfermedad, la ampliación de los estudios en la carrera, la reorganización colegial, llegando a 1947 implantando el servicio de practicantes en los pueblos. Se escriben las atribuciones de las enfermeras llegando a 1953 donde aparece la denominación de Ayudantes Técnicos Sanitarios (A.T.S.).

Magnífico libro del Colegio de Enfermería de Madrid, donde nos cuenta en sus páginas esos primeros 100 años cumplidos. Darles la enhorabuena a todos los compañeros y compañeras de Madrid por tener tan bello ejemplar, para poderlo consultar y tenerlo cerca en el trabajo y que nos sirva a los profesionales para mejorar nuestro trabajo diario y a los futuros profesionales para que lo puedan consultar en sus universidades.

Agradecimientos:
Carlos Álvarez Nebreda
Mª Teresa Miralles Sangro

Colegio de Enfermería de Madrid

Fotos: Las fotos están escaneadas del propio libro. Las ilustraciones de los libros pertenecen al Libro de Carlos Álvarez Nebreda titulado: Catálogo Bibliográfico de Publicaciones Enfermeras 1541 – 1978.
http://enfeps.blogspot.com/2008/08/catlogo-bibliogrfico-de-publicaciones.html

*Manuel Solórzano Sánchez; **Jesús Rubio Pilarte y ***Raúl Expósito González
* Enfermero Hospital Donostia. Osakidetza /SVS
** Enfermero y sociólogo. Profesor de la E. U. de Enfermería de Donostia. EHU/UPV
*** Enfermero Servicio de Medicina Interna del Hospital General de Ciudad Real
masolorzano@telefonica.net
jrubiop20@enfermundi.com
raexgon@hotmail.com





1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola, soy enfermera desde hace 30 años quiero dejar mi malestar porque en pleno siglo XXI, un colegio de profesionales universitarios todavía siga funcionando con el paternalismo de tiempos de los años de postguerra.

No comprendo que invierta nuestro dinero de cuota de colegiados para circos, campamentos, juguetes, etc.de los hijos de colegiados.Yo no tengo hijos y desde luego nunca se ha consultado a los colegiados sobre la inversión de nuestra cuota.¿Por qué tengo que pagar caprichos de los hijos de colegiados?

Soy colegiada porque me obligan para poder ejercer.Esto no es una fundación o asociación de carácter benéfico.

Me parece que con ese dinero se podría financiar desde subvenciones para clases de inglés de los colegiados que no viven al lado del la sede del Colegio. El colegio está al servicio del colegiado y la vida privada de cada uno que se la administren es sus casas pero no a mi costa