sábado, 8 de agosto de 2009

DOROTHEA LYNDE DIX Y LA ENFERMEDAD MENTAL

Al estallar la Guerra de Secesión Americana, la Unión no contaba con un cuerpo de enfermería militar, servicio de ambulancias, servicio hospitalario de campo ni cuerpo médico organizado. Todavía no había ningún grupo estructurado de enfermeras, pero tras las primeras batallas se hizo imperativa su necesidad. Muchas órdenes religiosas se prestaron voluntarias y ofrecieron sus servicios, proporcionando Cuidados de Enfermería en sus propios hospitales, en los hospitales militares y en el campo de batalla.
Dorothea Lynde Dix, nació el 4 de abril de 1802 en el pequeño pueblo de Hampden en el estado de Maine. Hija de María y José. Murió el 17 de julio de 1887, en el Hospital Trenton, Nueva Jersey, que ella había fundado.

Fue profesora en diferentes pueblos y escuelas. Inspiró a legisladores de 15 estados en Estados Unidos y Canadá para organizar los hospitales para pacientes mentalmente enfermos.

El de 10 de junio de 1861 fue designada “superintendente de enfermeras” de todo el ejército del Norte, para el servicio Civil en la Guerra de Secesión Americana.

Su padre José, había realizado y publicado varios escritos religiosos. Era un predicador itinerante, alcohólico, fanático de la religión y con una personalidad débil. Su esposa, María, sufría depresión y estaba considerada como enferma mental, era incapaz de hacer frente a los problemas diarios de una existencia empobrecida. Creó una existencia triste en casa para Dorothea y su hermano, José, cuatro años menor que ella, y el bebé, Charles. Este ambiente familiar le llevó a trasladarse a Boston, en el estado de Maine, para vivir con su abuelo, que describe como una persona con fuertes convicciones sociales y políticas y un gran sentido de la conciencia social, el doctor Elías Dix.

Dorothea tuvo que dormir en el ático de su pequeña cabaña. Desde el momento en que ella tuvo la edad suficiente para enhebrar una aguja, tuvo que sentarse todo el día trabajando empujando la aguja a través de un papel doblado pesado y de muy difícil costura, para realizar la montura de los libros religiosos escritos por su padre, para venderlos. Solamente recuerda en las primeras etapas de su vida las visitas de su amado abuelo Dix. Su abuelo fue asesinado cuando ella tenía sólo siete años, pero los recuerdos de aquellos buenos tiempos nunca los perdió.

Sus padres se mudaron de su pueblo en Hampden para cambiarlo por un pueblo más monótono, en Worchester, Massachusetts. A los doce años le llama para que viva con ella su abuela Dorothea de la que lleva su nombre, en la ciudad de Boston. La abuela fue una mujer muy exigente durante toda su vida. No obstante le dio una buena educación y formación.
Dorothea era una ávida (ansiosa) lectora y una rápida aprendiz. Estuvo viviendo durante un tiempo con una tía en Worchester, a la edad de catorce, donde abrió su propia escuela para niños pequeños. Ella se hizo con una buena reputación, como maestra capaz y con estricta disciplina. A la edad de diecinueve años en Boston, abrió una escuela formal para niños de más edad, en un edificio propiedad de su abuela. No tuvo nunca problemas por falta de estudiantes.
Aunque la salud de Dorothea no era muy buena, la joven maestra nunca dejó su trabajo en la enseñanza además de escribir varios libros. Estuvo siempre con los niños y los libros. Poco a poco fue conocida en todo Boston por las religiosas y la comunidad intelectual.

Su trabajo en la escuela le dio una fuente de ingresos para vivir que le permitió mantener a su madre viuda y a sus dos hermanos. Sin embargo, Dorothea sufría ataques intermitentes de lo que entonces se denominó "problemas de pulmón" y depresión. Enfermó y se derrumbó por completo en 1836, por lo que su escuela se vio obligada a cerrar. Durante la mayor parte de su vida, fue pura energía y determinación, parecía que iba a superar con facilidad su enfermedad causada por la tuberculosis.

Más tarde ese mismo año, después de haberse recuperado parcialmente de su enfermedad, navegó a Europa para realizar un descanso y recuperarse de su enfermedad con el cálido sol italiano. Nunca llegó a ver la ciudad de Roma. A su llegada a Inglaterra nuevamente cayó enferma, pero tuvo la suerte de ser atendida por un amigo inglés que ya conocía William Rathbone III, que cuidó de su espalada y de su enfermedad pulmonar. Este amigo era muy humanitario (cuáquero). Se relacionó con Elyzabeth Frye, reformadora de prisiones y con Samuel Tuke que era el que cuidaba los problemas mentales en el “York Retiro” fundado por su padre. Samuel Tuke ha publicado también consejos prácticos sobre la construcción y la economía de los manicomios pobre Lunatic (1815).

El Retiro, conocido comúnmente como el Retiro de York, es un lugar en Inglaterra para el tratamiento de las personas con enfermedades mentales. Situado en la colina Lamel en York y opera como una organización de caridad y sin ánimo de lucro. Inaugurado en 1796, es famoso por haber sido pionero en el tratamiento humano y moral, que se convirtió en un modelo de los manicomios en todo el mundo.
Dorothea aprendió nuevas teorías de la atención a los dementes, como el tratamiento moral, aislamiento de la familia y la sociedad, menos uso de las restricciones mecánicas y tareas útiles para mantener ocupados a los pacientes. Mientras está en Inglaterra mueren su madre y su abuela.

Cuando regresó a Boston en 1838 encontró que su forma de vida había cambiado. Su abuela le dejó un cómodo patrimonio con lo que podía ser autónoma. En los próximos años, su ritmo de trabajo fue más lento; prefirió visitar amigos y viajar a diferentes centros hospitalarios y casas de dementes y puntos de interés.
El domingo, 28 de marzo de 1841 fue un día muy frío en Boston. Dorothea se había ofrecido para dar clases en una Escuela Dominical de veinte mujeres reclusas en la cárcel de Cambridge, Massachussets, era un centro de mujeres con problemas de salud mental.
Después de haber terminado la clase, fue caminando por los pasillos de la prisión con fuertes objeciones por parte del carcelero. Bajó al nivel más bajo del edificio. Allí se encontraban las mazmorras donde los pacientes considerados locos estaban encadenados a la pared y a los camastros. Vio miseria, brutalidad, salvajismo, estaban encerrados en corrales desnudos, sucios, desnutridos sin calor, dormían muchos de ellos en el mismo suelo de piedra.
Las condiciones en las que vivían las personas allí recluidas le impactaron tanto que decidió visitar otros centros, asilos, cárceles y correccionales. Tomó nota de los lugares que visitó, y denunció las condiciones deplorables, las quejas, los hacinamientos, y los abusos físicos, psíquicos y sexuales que anotó durante las visitas que realizó a prisiones, asilos, manicomios, hospicios, etc.
A raíz de esta visita, la vida de Dorothea cambia, empieza a trabajar para mejorar las condiciones de estos enfermos mentales. Comienza una campaña para que fueran colocadas estufas en las celdas y los internos fueran totalmente vestidos. Además luchó contra toda forma de perjuicio, no dio ninguna tregua hasta que hizo triunfar su objetivo. En ese momento decide estudiar de primera mano todas las condiciones de locura que presentan los enfermos en todo el estado de Massachussets. Discretamente comenzó a viajar de condado en condado, para reunir pruebas e interpelar a la Legislatura de Massachusetts para cambiar las condiciones lamentables y el trato a los enfermos mentales. De su estado natal, viajó a otros estados de Nueva Inglaterra y finalmente por toda la nación.

A través de los siglos, la superstición, el miedo y una falta total de comprensión de la naturaleza de las enfermedades mentales y de métodos eficaces para su tratamiento, hacían que se evitasen a estos enfermos escondiéndolos de la sociedad. Eran encerrados en casas o en las prisiones locales, a menudo en condiciones peores que cualquier criminal o animal. La sabiduría popular nos decía que habían dejado de ser plenamente humanos.

Era ampliamente aceptado que los dementes eran incapaces de diferenciar el frío y el calor, sobretodo las temperaturas extremas, por ello creían que no había que protegerlos ni vestirlos y así los tenían a todos desnudos.

A principios del siglo XIX en muchas comunidades, los indigentes, los enfermos mentales, las personas con condiciones físicas pobres y los huérfanos eran agrupados en asilos y prisiones.

Los indigentes y dementes habían vivido habitualmente en escandalosas condiciones. Algunas comunidades habían depositado a sus "indigentes" en los bloques de subastas. Su arrendamiento era perfecto, "la debilidad de sus mentes contrastaban con sus fuertes cuerpos" que servían para trabajar y eran dados al licitador que presentaba la mejor y más atractiva oferta en la ciudad o en el condado.
Dorothea mientras enseñaba en la escuela dominical para mujeres prisioneras, se familiarizó con las condiciones deplorables en las que se obligaba a vivir a los pacientes mentales encarcelados. Las prisiones y asilos para pobres eran usados por lo común para encerrar a estos pacientes.

En uno de los muchos libros que nos cuentan la vida de esta mujer, nos relataba:
La norteamericana Dorothea Dix, oriunda de una familia de la clase media de Boston, sintió desde su más tierna infancia un deseo ardiente de proteger al desvalido, pero sus pocos recursos la daban mucha tristeza. La Providencia, que vio en ella un instrumento para el bien, le proporcionó sin embargo los medios de llevar a cabo los sueños de su niñez. Permitióle primero ejercitar su entendimiento y ganar experiencia de la vida en una escuela para niñas desvalidas que fundó en su casa, y para la cual escribió algunos libros pedagógicos que nunca quiso firmar; después heredó una fortuna, la cual le resolvió emplear de la manera más provechosa posible.
Como ella comprendía que la ciencia de hacer el bien es muy difícil, y que es preciso estudiarla a fondo, resolvió pasar a Europa (1834) a estudiar a fondo las instituciones de beneficencia del viejo mundo.
Tres años gastó en visitar, estudiar y aun vivir largos meses en los establecimientos de beneficencia y corrección de los principales países europeos. En 1837 regresó a Boston, llevando un inmenso caudal de datos y enseñanzas desconocidas en Norte América. Inmediatamente emprendió su marcha de provincia en provincia, de ciudad en ciudad, con el objeto de visitar las prisiones, las casas de asilo y de corrección de toda la República Unida. Notó que la parte más descuidada de la legislación de su patria era todo lo concerniente a las casas de locos y asilos de mendigos, y resolvió reformarlo.

En cada ciudad buscaba a las personas más importantes de ellas, las reunía, les dirigía sentidos discursos y no salía de la población hasta no ver fundado un asilo, un hospital, una casa para recoger a los locos; y si ya los había y estaban mal organizados, trabajaba hasta reformarlos, asearlos y darles rentas.
Dorothea Dix había leído cuanto se había escrito acerca de la beneficencia; así que su erudición y conocimiento de la materia que la ocupaba era tan profundo, que llevaba el convencimiento a todos los corazones. Ella no sólo hacía conferencias en todos los lugares por donde pasaba, sino que escribía sin cesar artículos en los periódicos, cuya elocuencia despertaba el entusiasmo.

Una vez que tuvo conocimiento exacto de las necesidades de las casas de dementes, a lo cual tuvo al fin que dedicarse, por no poder abarcar con fruto todos los ramos de la beneficencia, envió un memorial al Congreso de 1849, en el cual pedía ciertas tierras baldías para acrecentar las rentas de las casas de orates; pero el Congreso no le hizo caso. Al año siguiente, escribió un nuevo memorial más extenso, más completo que el primero, pero en vano: los padres de la patria no se fijaron en él.

Dix había viajado miles de millas de un estado a otro en todos los medios de transporte que se pudieran utilizar, así fue en tren, autocar, coche y por el río en barco, siempre recopilando todos los hechos acaecidos para luego poderlos presentar a las autoridades y poderles convencer para cambiar los cuidados de enfermería, las necesidades de los enfermos mentales y así poder cambiar la legislación vigente. Después de ver por ella misma todas las situaciones de estos enfermos mentales y describir las condiciones en que los había visto vivir, prepararía urgentemente un “manifiesto” y establecería unas normas para que fuesen apoyadas por el estado. Trabajó fuertemente para la aprobación del proyecto de ley, presentando patrocinadores y juntando el máximo número de personas que les pareciese bien cambiar la legislación.
Su esfuerzo logró la creación de numerosas instalaciones nuevas, hospitales y reformas importantes, y principalmente impulsó una nueva actitud hacia los enfermos mentales, deficientes, reclusos e indigentes.
Una de sus apelaciones más conocida es la realizada a la legislatura de Massachussets en sus comienzos, en donde insistía en la obligación del estado de ofrecer servicios humanos a sus ciudadanos retrasados mentales o enfermos mentales y terminar con la barbarie legalizada de tanto maltrato, ultrajes y abusos a estas personas. Exigió que el estado asumiese la responsabilidad de hacerse cargo de sus enfermos mentales. Dorothea Dix dijo: como Estado tenéis la imperiosa obligación de terminar con tantos abusos y ultrajes y acabar con tanta maldad.

Esta apelación, fue presentada por Samuel Gridley Howe, ya que en aquella época era imposible que una mujer se dirigiese personalmente a un organismo gubernamental. Howe presentó el alegato original de Dorothea Dix, y declaró que después de visitar varios asilos sólo podía añadir que el informe de la señorita Dix era correcto. Howe se refería a todas las depravaciones, hacinamiento, abusos que detallaba Dix en los informes que había recogido en sus visitas a los asilos, el informe fue apoyado por George Sumner, médico estadounidense.
Recordemos que Samuel G. Howe fue en su época un destacado impulsor de la educación de los niños invidentes, el pionero de la educación de ciegos en Estados Unidos, además de su gran interés por la educación de los retrasados mentales.
El primer hospital construido como resultado de sus esfuerzos fue realizado en Trenton, Nueva Jersey. Durante los siguientes cuarenta años, Dix, trabajó sin descanso por los enfermos mentales. Hizo campañas para reformar la legislación y recaudar fondos para establecer hospitales mentales y manicomios apropiados para el manejo de dichos pacientes.

Tuvo que interrumpir su trabajo por un tiempo debido a su mala salud. Contrajo la malaria, pero ella siguió desde su casa trabajando y dando su vida por tratar de mejorar la vida y la suerte de los enfermos mentales de todo el mundo.

En 1850 comenzó un largo viaje que le llevaría por los siguientes países: Islas Británicas, Francia, Grecia, Rusia, Canadá, Japón y los Estados Unidos, llevando su trabajo y sus ideas a los hospitales ya establecidos para mejorar la vida de los enfermos mentales

Ambas cámaras aprobaron el proyecto de ley pero el Presidente Franklin Pierce lo vetó. Pero se organizó eventualmente un hospital para enfermos mentales en Estados Unidos el Hospital Santa Isabel de Washington, DC.
A Dorothea Lynde Dix y a otras personas que trabajaron incansablemente por la reforma de estas instituciones se les reconoce como los promotores, los impulsores incansables de una nueva era en el trato a las personas con deficiencias.

En enero de 1843, Dix presenta a la legislatura de Massachusetts un informe detallado sobre sus investigaciones. Sus ideas influyeron en la reforma de la Worcester manicomio. Su libro, Observaciones sobre las prisiones y la disciplina en la prisión de los Estados Unidos se publicó en 1845 En 1854 Dix había ayudado a establecer los hospitales psiquiátricos en once estados. Ella también había fundado hospitales en Rusia, Turquía, Francia y Escocia.

En 1851, sin impacientarse, perseverante como todo el que tiene fe en la bondad de la causa que defiende, presentó un tercer memorial, que tuvo la suerte de los anteriores. Viendo que se le cerraba aquel camino, se propuso obtener de los gobernantes de cada Estado los fondos que se necesitaban para fundar las casas de dementes en las principales ciudades de La Unión. Esta vez sus esfuerzos tuvieron el éxito que pretendía. Con una energía imponderable, con una constancia maravillosa, y con una fuerza de voluntad que nada doblegaba, obtuvo al fin que se fundasen hospitales de dementes en Pensilvania, Nueva Jersey, Rhode Island, Indiana, Illinois, Luisiana y Carolina del Norte. Logró que se protegiese a las familias abandonadas de los locos, de los mendigos y desvalidos, y se fundasen escuelas para prevenir los vicios que producen la miseria y las enfermedades.

Dorothea Dix, con su celo y laboriosidad, su grandísima y noble inteligencia, su gran corazón, acabó por cambiar la suerte de los dementes en los Estados Unidos.

Con la edad de 39 años, comenzó su segunda carrera, cuando se embarcó en la carrera de enfermera. Dix no fue educada como una enfermera, la enfermería moderna aún no existía. De hecho, Dix se convirtió en una de las pioneras de la enfermería moderna, siguiendo el valor fundamental que impulsa la prestación de cuidados de enfermería a todos los demás y dar su apoyo a los pacientes.
Una semana después del ataque sobre Fort Sumter, Dix, a la edad de 59, se ofreció como voluntaria para formar un Cuerpo de Ejército de Enfermería. El de 10 de junio de 1861 Dorothea Lynde Dix fue nombrada “Superintendente de Enfermeras del Ejército de la Unión” por la Secretaría de Guerra. Esta acción permitió la organización de un cuerpo de enfermeras voluntarias bajo su dirección. A Miss Dix se la autorizó para establecer hospitales donde cuidar a los soldados heridos y enfermos, contratar enfermeras y supervisar y regular las donaciones hechas especialmente para las tropas. Miss Dix tenía más de 60 años cuando fue nombrada. No se le otorgó rango militar, al igual que sucedió con los miembros de su cuerpo. Aunque no tenía una preparación formal de enfermería, poseía las dotes de organización necesarias, acumuladas en su anterior esfuerzo humanitario en el campo de la salud mental.
La circular nº 7 de la oficina del cirujano general del Departamento de Guerra indicaba:
Con el fin de que las actuaciones de Miss Dorothea L. Dix como superintendente de las enfermeras de los hospitales resulten lo máximo de efectivas, y para que la contratación de tales enfermeras se realice de acuerdo con las leyes existentes …, el Departamento de Guerra ha confiado a Miss Dix la tarea de seleccionar enfermeras y asignarlas a los hospitales militares generales o permanentes. Las enfermeras no deben ser empleadas en dichos hospitales sin su sanción y aprobación, excepto en casos de extrema urgencia…. Las mujeres que deseen un empleo como enfermeras deberán dirigirse a Miss Dix o a sus agentes autorizados. Las regulaciones del ejército permiten una enfermera por cada diez pacientes (camas)”.
Los requisitos que Miss Dix exigía a las candidatas se especificaban en la circular nº 8, con fecha de 14 de julio de 1862. No se tomaría en consideración a ninguna candidata a la plaza de enfermera a menos que tuviera entre 35 y 50 años. Tendrían preferencia las personas de aspecto sencillo, maduro y con experiencia, las que poseyeran estudios superiores y aquellas que mostraran una disposición seria. Los hábitos de pulcritud, orden, sobriedad y laboriosidad eran requisitos indispensables. A todas las aspirantes se les exigía la presentación de certificados de cualificación y buen carácter, firmados por al menos dos personas de confianza que pudieran avalar su moralidad, integridad y capacidad para el cuidado de los enfermos. La obediencia a las reglas y la conformidad con las regulaciones especiales eran exigidas y obligatorias. El vestido debería ser sencillo (de color negro, marrón o gris) y sin adornos. Las mujeres que fueran aceptadas deberían servir durante un mínimo de 6 meses o lo que durara la guerra. Su remuneración sería de 40 centavos diarios más mantenimiento. Muchas mujeres que no pudieron satisfacer estos requisitos los ignoraron y prestaron su servicio durante la guerra sin ningún tipo de reconocimiento oficial ni remuneración. Al concluir la contienda, se suprimió la oficina de la superintendente y Dorothea Dix regresó a su vida civil de trabajo a favor de la reforma de las instituciones públicas.
Cuando terminó la guerra, reanudó sus viajes para ayudar activamente en la rehabilitación de las instalaciones en los estados del sur que habían sido abandonados o dañados durante la guerra.

A la edad de 80, se retiró a un apartamento privado, reservado para ella en el Hospital Estatal de Nueva Jersey, el primero de los hospitales que había fundado. Durante sus últimos seis años de vida se dedicó a escribir y apoyar todas las cruzadas que defendían a los enfermos mentales. Allí en su apartamento permaneció hasta su muerte el 17 de julio de 1887.
En Francia, Philippe Pinel (1745-1826), médico, fue puesto a cargo de La Bicêtre, un hospital para hombres locos en París. Pinel instituyó lo que llegaría a conocerse como el "Movimiento de tratamiento Moral". Ordenó que quitaran las cadenas a los internos, reemplazó los calabozos con cuartos soleados, alentó el ejercicio al aire libre en los jardines del hospital y trató a pacientes con amabilidad y con la razón. Para sorpresa de muchos incrédulos, los pacientes liberados no se volvieron violentos; al contrario, este tratamiento humanitario pareció fomentar la recuperación y el mejoramiento de la conducta. Pinel instituyó después reformas igualmente exitosas en la Salpêtriere, un gran hospital mental para mujeres en París.

En Inglaterra William Tuke (1732- 1822), prominente cuáquero mercader de té, estableció un refugio en York para el "tratamiento moral" de pacientes mentales. En esta finca campestre, los pacientes trabajaban, oraban, descansaban y hablaban de sus problemas, todo en un ambiente de amabilidad y de comprensión muy distinto a los manicomios de la época.

En Estados Unidos, tres individuos hicieron contribuciones importantes a la evolución del tratamiento moral: Benjamìn Rush, Dorothea Dix y Clifford Beers. Benjamín Rush (1745-1813) ampliamente proclamado como el padre de la psiquiatría estadounidense, intentó entrenar a médicos para tratar a los pacientes mentales e introducir políticas de tratamientos más humanos en los hospitales mentales. Insistía en que se les otorgara respeto y dignidad a los pacientes y que tuvieran empleos con sueldo mientras estaban hospitalizados, una idea que se anticipó al concepto moderno de "terapia de trabajo". Pero Rush no dejó de ser influenciado por las prácticas y creencias establecidas de su tiempo: sus teorías fueron influidas por la astrología y sus remedios incluían las sangrías y las purgas.
Clifford Beers (1876- 1943). Filántropo estadounidense. En un intento de aplicar los principios preventivos de la Salud Pública a la enfermedad mental fue el Movimiento de Higiene Mental. Surgió en Estados Unidos en 1908, a raíz de la publicación de la autobiografía de un ex-paciente psiquiátrico, Clifford Beers ("The Mind Who Found Itself"), junto con la influencia de las teorías ambientalistas de Adolf Meyer. Creció por todo Estados Unidos como un movimiento voluntarista y filantrópico que preconizaba la promoción de la salud mental principalmente por intervención pedagógica en las escuelas.

En España y en Valencia, en el año 1409, el padre mercedario Jofré Galabert, creó la primera casa para orates (dementes), que indudablemente fue pionera en su clase.
En el cuadro de Sorolla, se ve al padre mercedario Jofré Galabert, creador del primer hospital psiquiátrico del mundo, llamado Hospital de Ignoscents, folls e orats (inocentes, locos y dementes). Posteriormente aparecieron otras casas similares en Zaragoza en 1425, en Barcelona y en Sevilla en 1436, en Toledo en 1483, en Valladolid en 1489, etc.

Fotos: Las fotos están escaneadas de los libros de Historia de la Enfermería y de Internet.

*Manuel Solórzano Sánchez; **Jesús Rubio Pilarte y ***Raúl Expósito González
* Enfermero Hospital Donostia. Osakidetza /SVS
** Enfermero y sociólogo. Profesor de la E. U. de Enfermería de Donostia. EHU/UPV
*** Enfermero Servicio de Medicina Interna del Hospital General de Ciudad Real
masolorzano@telefonica.net
jrubiop20@enfermundi.comraexgon@hotmail.com