domingo, 6 de noviembre de 2011

LA JERINGA OTRA HISTORIA






Etimología
El nombre de jeringa, proviene del latín “siringa” y este del griego “syrinx”: “cana o tubo”, consiste en un émbolo insertado en un tubo que tiene una pequeña apertura en uno de sus extremos por donde se expulsa el contenido de dicho tubo.
FOTO 001 Jeringa antigua y jeringa de cristal

Según el DRAE, una jeringa es un instrumento compuesto de un tubo que termina por su parte anterior en un cañoncito delgado; dentro del tubo juega un émbolo por medio del cual asciende, primero, y se arroja o inyecta, después, un líquido cualquiera. Y una jeringuilla es una jeringa pequeña en la que se enchufa una aguja hueca de punta aguda cortada a bisel, y que sirve para inyectar sustancias medicamentosas en tejidos u órganos.

Según el Diccionario de María Moliner, una jeringa es un utensilio de forma de bomba, empleado para diversos usos, como poner lavativas o rellenar embutidos. Particularmente, el de vidrio o plástico, de pequeño tamaño, que se emplea para poner inyecciones. Y una jeringuilla es una jeringa pequeña para inyecciones.

Según el Diccionario del español actual, de Manuel Seco, una jeringa es un instrumento sanitario compuesto de un tubo con una boquilla, dentro del cual juega un émbolo, y que sirve para aspirar un líquido y luego expelerlo o inyectarlo. Y una jeringuilla, es una jeringa pequeña a la que se enchufa una aguja hueca de punta aguda cortada a bisel, y que se emplea para inyectar medicamentos.

En este artículo, utilizaremos el término jeringa y no jeringuilla y nos referiremos únicamente a los instrumentos que sirven para inyectar medicamentos (omitiendo los que se emplean para lavativas, extracción de tapones de cera que se utilizan jeringas metálicas, u otros usos diferentes de la medicina. En otra época prevalecían las jeringas de vidrio (glass syringe), pero en nuestros días se han impuesto las de plástico (plastic syringe).

Según el Diccionario de la Lengua Española 2007 Larousse, jeringa, significa: Instrumento que consiste en un tubo hueco con un émbolo en su interior y con un extremo muy estrecho por el que se expulsan o aspiran líquidos o sustancias blandas.

Según el Diccionario de la Lengua Española Espasa Calpe 2005, dice de la jeringa que es un instrumento de vidrio, metal o plástico, para aspirar o impeler líquidos, compuesto de un tubo dentro del cual juega un émbolo.

Las jeringas son utilizadas para introducir pequeñas cantidades de gases o líquidos en áreas inaccesibles. Normalmente se la llena introduciendo la aguja en el líquido y tirando del émbolo. A continuación se coloca con la aguja hacia arriba y se presiona el émbolo para expulsar las burbujas de aire que hayan quedado, y posteriormente se introduce la aguja y se expulsa el líquido presionando el émbolo “Wikipedia”. El proceso de administrar una sustancia con una jeringa se llama inyección.

Su Historia
Desde la Antigüedad se pensó en evitar el dolor, introduciendo sustancias en el interior del organismo a través de la piel y directamente en los músculos o la sangre. Aunque hay que reconocer sin embargo que el primer antecedente de la jeringa es del siglo IX, instancia en que el cirujano iraquí egipcio Ammar Ali al-Mawsili técnicamente inventó la primera de ellas usando un tubo de vidrio hueco y la técnica de succión para remover las cataratas de los ojos de un paciente, una práctica que continuó en uso hasta el año 1230 y que luego volvió a utilizarse en el siglo XX.

Los griegos inventaron un instrumento rudimentario, una vejiga con una caña, que hacia finales del Siglo XV se transformó en las famosas lavativas. Los primeros intentos de usar algo similar a una jeringuilla se realizaron en el Siglo XVII, cuando se intentó inocular medicamentos analgésicos justo en el lugar afectado por el dolor.

En el año 1656 un famoso científico y arquitecto inglés Sir Christopher Wren, es conocido por su diseño de la Catedral de San Pablo en Londres, inspirándose en la Basílica de San Pedro de Roma. Mientras se encontraba ingresado en un hospital y le pasaban suero por vena, para sustituir los alimentos y líquidos que en forma natural se administran por la boca, comenzó a imaginar el diseño de la primera jeringa hipodérmica, para lo cual profundizó en los estudios realizados por Andrés Vesalius (Padre de la Anatomía Moderna) y una vez que el arquitecto completó los conocimientos que necesitaba, llegó a la conclusión de que los alimentos absorbidos en el tracto digestivo son llevados por la vía sanguínea a todos los órganos del sistema, por lo tanto, si se ponía la sustancia directa en un vaso sanguíneo, rápidamente se tendría el efecto esperado, de ello y de su particular ingenio nace la primera jeringa hipodérmica.

Se le ocurrió entonces usar una pluma de ave, la aguja se hizo de la sonda que forma el centro de la pluma que biselada en un extremo y atándole al opuesto una vejiga de un pequeño mamífero dio el equivalente de la jeringa rudimentaria, ésta fue llevada por la goma del opio, más agua de la llave y puesta en la vena hizo nacer una manera científica y útil de sustituir la vía oral. Este experimento se llevó a cabo en un perro al que se le inyectó vino y cerveza inglesa (inyectó vino a un animal con el cañón de una pluma de pájaro y una vejiga de cerdo), y después a un borracho que se encontraba en la propia catedral de Saint Paúl en Londres para quitarle el estado de embriaguez y al cual mantuvo dormido durante veinticuatro horas.
FOTO 002 Sir Christopher Wren

La primera medicación administrada por vía intravenosa data del año 1657, cuando Sir Christopher Wren inyectó opio a un humano, aunque poco se sabe de su técnica. A principios del siglo XIX se descubrió la morfina, sustancia que fue recibida con gran entusiasmo, siendo considerada “el medicamento más notable descubierto por el hombre”.

Otra anécdota que se cuenta es que: Cien años más tarde, un alquimista nombrado Jonathan, cuenta la entrada de un amigo, ligeramente indispuesto con el dolor de un cólico, al cuarto de un gran médico que adquiriendo fama por curar esta enfermedad de forma particular, había construido un fuelle con el cañón de un marfil ,que haciendo las veces de jeringa de viento debía extraer todo el aire interior para “purgar las entrañas que se hallaban atascadas”, pero por suerte o por desgracia en ese momento se puso a hacer la operación en un perro y este reventó al instante, cuya casualidad lo desconcertó del todo y no le dejaron realizar esta experiencia con la persona.

Haciendo referencia al uso de la jeringuilla en el tratamiento ginecológico contamos con la prueba que me dejó su albacea testamentario, Hunter. Al morir éste en 1793, entre sus documentos se encontró la descripción de una inseminación artificial practicada en Londres satisfactoriamente, en una paciente cuyo marido sufría de hipospadia, (este suceso se sitúa sin duda hacia 1776), Hunter se había servido de una jeringuilla calentada para extraer el semen del marido. Casi en el mismo tiempo, Pavia Spallanzani, investigaba la fecundación artificial en sapos, salamandras, etc. y en 1780 consiguió inseminar a una perra. En 1809 el médico francés Francois Magendie demostró por primera vez que era posible introducir medicamentos a través de la piel. Un siglo más tarde en el año 1842 se creó la jeringa de Davidson.

También se recoge en la historia que, conformada por un tubo de caucho armado con una boquilla apropiada, insertada en una pera compresible y un juego de válvula que permite que el líquido por compresión sea impulsado hacia el extremo de la boquilla, se creó la jeringa de Braum (1829-1911), empleada en la práctica ginecológica, que no es más que una jeringa de cristal con armadura metálica, provista de una cánula larga parecida a un histerómetro, en cuyo extremo se hallan tres o cuatro agujeros. Se sigue trabajando en el desarrollo de la jeringa y es en 1827, que Von Neurner diseñó un nuevo modelo destinado a la práctica oftalmológica en Veterinaria.
FOTO 003 Alexander Wood

En 1836, el médico francés G. Lafargue introdujo morfina bajo la piel, mediante el empleo de una lanceta que forzó en posición casi horizontal. En 1841, un norteamericano, Zophar Jayne, patentó una jeringa que tenía una aguja puntiaguda, pero su inserción en los tejidos se efectuaba mediante una incisión previa en la piel con una lanceta; tres años después el médico irlandés Frances Rynd de Dublín inició la administración de drogas vía subcutánea usando un complicado estilete (introdujo el uso de una aguja metálica para calmar el dolor de una paciente con neuralgia del trigémino), forzando la entrada de la solución en los tejidos por gravedad, aunque no era precisamente una jeringa hipodérmica, su acción era similar.

Siguiendo este desarrollo, en el año de 1839, los doctores Taylor y Washington, de Nueva York, presentaron por primera vez la forma de introducir una solución de morfina en los tejidos mediante la jeringa Anel, la cual fue predecesora del actual instrumento hipodérmico. Fue una jeringa de tamaño muy chico, hecha de plata Sterling, con pistón de cuero, alargado y delgado, originalmente diseñado para uso en el conducto lacrimal. Había que hacer una incisión en la piel para introducir la punta de la jeringa en el conducto lacrimal. Así se comenzaron a buscar soluciones basadas en la práctica médica por ejemplo: Anel, un reconocido cirujano, creó una jeringa de extremidad fina que usó para la inyección del conducto nasal y tratamiento de las afecciones de los conductos lagrimales, con un consecuente avance de la cirugía oftálmica.

El objetivo se consiguió definitivamente a mediados del siglo XIX, en el año 1849. Alexander Wood, Secretario del Real Colegio de Médicos de Edimburgo, en el Reino Unido, había estado experimentando con una aguja hueca para la administración de drogas en la corriente sanguínea (puso un punto cortante en la extremidad de esa jeringa para introducirlo debajo de la piel, sin necesidad de hacer incisión) y en 1853 inventó la jeringa hipodérmica. Su invento le permitió inyectarle morfina a su esposa, que padecía un cáncer incurable. La Sra. Wood fue la primera persona en recibir la droga por esa vía, pero también la primera en adquirir el “hábito de la aguja”. El buen Dr. Wood obtuvo el aplauso del mundo entero por su invención, pero pagó caro su descubrimiento. Tristemente, su esposa murió por una sobredosis de morfina. Mejoró la recién inventada jeringa hipodérmica, mencionándola en su libro “El nuevo método para el tratamiento de las neuralgias, aplicando directamente opiáceos a los puntos dolorosos”. Continuando con sus descubrimientos en 1854, Wood inventó la aguja metálica hueca.

En 1851, el cirujano Charles Gabriel Pravaz de Lyon, Francia, diseñó una jeringa hipodérmica similar, precursora de las actuales. La dosificación se conseguía dando vueltas al eje de un pistón. Pronto se popularizó el uso de la “Jeringa Pravaz” en diversas cirugías (la primera vez que la utilizó fue para la inyección intravenosa de anticoagulantes para el tratamiento del aneurisma). A través de su extremidad superior un orificio da paso al vástago del pistón y la graduación se halla inscrita sobre el vástago. En otros modelos el pistón es de amianto, de goma vulcanizada. En su cuerpo va la división en centímetros cúbicos y décimo en un cilindro de cristal esmerilado, que ajusta a la cavidad del cuerpo terminando éste en un tubo que en la jeringa pequeña se adapta al diámetro exterior del pabellón de las agujas y en las de mayor tamaño se emplea una pieza metálica que se llama raccord. Un tipo de jeringa especial es el de Barthelemy, jeringa de muy pequeño tamaño y división centesimal usada para inyectar medicamentos de pequeñas dosis (insulina y tuberculina).

El inglés Williams Fergusson simplificó la jeringa y el fabricante Luer la industrializó. Muchas dificultades que habían enfrentado quienes experimentaban con transfusiones de sangre desaparecieron con la invención de la jeringa hipodérmica, con su afilada aguja hueca. El invento propició el uso indiscriminado de la morfina como un remedio contra todo tipo de dolores. La trágica muerte de la Sra. Wood como consecuencia de su adicción debió haber sido una advertencia para los médicos, pero no sucedió así. Sin ninguna base científica, afirmaban que si administraban la morfina por vía oral, se originaban trastornos porque no sabían con exactitud qué dosis dar. En cambio, si lo hacían a través de la fina agujita del Dr. Wood, sabían exactamente cuánta inyectar, los resultados eran más rápidos y no producía hábito.
FOTO 004 Charles Gabriel Pravaz y su jeringa

Con la bendición de los médicos, la morfina se introdujo en las venas de todo paciente que sufría de gota, reumatismo o hasta dolor de muelas. Como analgésico insuperable, fue empleada masivamente para aliviar el sufrimiento de los heridos en la Guerra Civil de los Estados Unidos, pero muchos combatientes regresaron a sus hogares adictos a la morfina. Se calcula que esta contienda creó más de un millón y medio de morfinómanos. Para ahorrarse largos viajes, algunos médicos despreocupados aconsejaban a sus pacientes que consiguieran una jeringa hipodérmica para ponerse ellos mismos las inyecciones de morfina.

En el año de 1856, el doctor Baker, de Nueva York, en una visita a Edimburgo, conoció la jeringa Ferguson. Con este modelo, la compañía George Tiemann, de Nueva York, produjo la primera jeringa hipodérmica hecha en los Estados Unidos, y fue entonces cuando el uso de jeringas y agujas especialmente construidas, se hizo más común. Los primeros libros sobre medicamentos hipodérmicos muestran jeringas hechas por George Tiemann de Nueva York, Autenriewth de Cincinnati y Gemrig & Son y Letz & Sons de Filadelfia. Estas jeringas fueron hechas de diversos materiales, tales como vidrio, hule consistente, plata esterlina, celuloide y plata alemana. Los pistones fueron hechos generalmente de cuero. Con estos desarrollos en la fabricación llegamos al nacimiento de la jeringa hipodérmica como es conocida hoy en día

La guerra Franco-Prusiana de 1870 creó una situación idéntica en Europa. La “enfermedad del soldado” se disparó y la Medicina se encontró con el problema de desintoxicar a millones de adictos. (La enfermedad del soldado es el nombre que durante la segunda mitad del siglo XIX se le dio a la adicción a la morfina, especialmente en Estados Unidos. El nombre hace referencia al hecho de que en la Guerra de Secesión se administraba esta droga a los soldados para aliviar su dolor, con lo que muchos se hicieron adictos).

Esto era algo que los brillantes químicos y médicos no habían previsto: la morfina era un arma de dos filos. Muchos siglos antes, en la vieja China ya se había escrito con terrible claridad: “si bien sus efectos son rápidos, debe usarse con mucho cuidado porque mata como un cuchillo”.

Entonces, cuando los médicos supieron el daño que la morfina podía causar, se dio otro paso trágico. En 1898, el Profesor Heinrich Dreser comunicó al Congreso de Naturalistas y Médicos Alemanes que había creado un nuevo producto químico semejante a la morfina, pero que no producía hábito; incluso lo había usado para curar morfinómanos. Químicamente hablando, debería llamarse diacetilmorfina. Pero el nombre era demasiado complicado y llamó a esta heroica droga, “heroína”. Ningún medicamento fue recibido con más entusiasmo que la heroína, hasta que se comprobó que podía crear un hábito aún más infernal que el de la morfina.

Estas duras lecciones enseñaron a los hombres de ciencia y a los médicos la regla número uno para la investigación de nuevos medicamentos: “Nunca se administrará a un paciente droga alguna que sea más peligrosa que la enfermedad que padece”. Por otro lado, los legisladores tomaron nota de cómo dos sustancias consideradas milagrosas se convirtieron en una pesadilla y a principios del Siglo XX aparecieron leyes controlando la producción de narcóticos, para proteger a la población de sus peligros.

Años más tarde en 1870, Pierre descubrió el uso de hidrato de cloral endovenoso para dar analgesia durante la cirugía y así la técnica de administración endovenosa quedó establecida. Un cirujano inglés nombrado Alfred Higginson, creó en este siglo una jeringa con válvula para enemas al llegar al siglo XX este se lleva una lista asombrosa de realizaciones porque era un ambiente donde innovación y creatividad eran necesarias por la guerra, la situación económica y condiciones ásperas naturales.

Volviendo a la historia de las jeringas, durante el siglo pasado hubo importantes mejoras. Benjamin A. Rubin inventó la aguja de vacunación, una versión refinada de la aguja convencional. En 1904 se creó una jeringa de alta presión conocida como el calmante Wilcox Jewel actuando por el resorte de una hoja. En 1917 Harvey Scook ideó un sistema de cartucho para la protección del medicamento. La primera jeringa para inyección de insulina apareció en 1924, y ya en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, la jeringa cartucho permitió a los combatientes autoadministrarse morfina para evitar el dolor de las heridas.

En 1947 apareció el primer modelo con un tubo colector para sacar sangre. Hasta aquí se había avanzado significativamente, aunque el hecho de poder esterilizar las jeringas era todavía un procedimiento que había que tener en cuenta; en sus estuches metálicos se cubrían con agua y se las hacía hervir o se las pasaba por alcohol; métodos engorrosos y que no eran cien por ciento asépticos. El estadounidense Arthur E. Smith patentó una jeringa desechable en 1950. Cuatro años después, Becton, Dickinson y Compañía crearon la primera jeringa desechable en ser producida masivamente. Era de vidrio y fue desarrollada para la administración de la vacuna de la polio del Dr. Jonas Salk a un millón de niños en los Estados Unidos.
FOTO 005 Jeringas de cristal

Antes que se inventaran las primeras jeringas desechables, éstas estaban hechas de vidrio y tenían agujas separadas. Las agujas anteriores tenían que hervirse, y sumergirse en alcohol después de cada uso, además se tenían que afilar frecuentemente. A finales del siglo XIX, la jeringa de cristal ya estaba patentada.

Así fue que en 1954 la primera jeringa descartable salió al mercado hecha a base de polipropileno. En 1955, los Productos Roehr introdujeron una jeringa hipodérmica desechable de plástico llamada Monoject. Al año siguiente, el farmacéutico Colin Murdoch de Nueva Zelanda patentó otra jeringa plástica desechable. Murdoch también inventó las jeringas automáticas para vacunar animales y la pistola tranquilizadora. Entre los avances más recientes están la microaguja, que permite aplicar inyecciones indoloras. Fue desarrollada por el ingeniero químico Mark Prausnitz y el ingeniero eléctrico Mark Allen del Instituto de Tecnología de Georgia. El prototipo parece un parche.

Con el transcurso del tiempo fueron apareciendo nuevas enfermedades de transmisión por contacto con agujas contaminadas y para ello surgieron nuevas invenciones, creándose otros tipos de jeringuilla de seguridad y entre ellas, la diseñada por Jean Louis Brunet en el año 1990, jeringuilla de seguridad para extracciones de sangre e inyecciones que comprende un dispositivo que permite proteger a los usuarios de jeringas médicas. Este está constituido por un protector ranurado fijo y un manguito elástico sobre el cual se coloca la aguja impidiendo, por una parte, cualquier contacto con la punta de la aguja sucia, permitiendo, por otra parte, la colocación en paralelo de la aguja sobre el plano del brazo en el momento de la penetración y el control visual del reflujo sanguíneo durante la entrada de la aguja en la vena.

Otros de los tipos que se conocen fue la “jeringuilla de seguridad simplificada”, la misma posee un cilindro convencional, un émbolo unido a un vástago empujador, dotado de una prolongación susceptible de ensartar una pieza vinculada a la aguja, y una aguja unida a una hembrilla, dispuesta sobre una base no movible siendo dicha aguja fijada desde el exterior y al exterior del cilindro. Entre las más modernas se sitúa a la nueva “jeringa automática, antisida, antinfección” cuya invención consiste en una jeringa de uso único, formada por cilindro, émbolo, aguja y conectador de la aguja, poseyendo una cámara de aire en principio que coincide con la longitud del conectador de aguja, con la longitud del vástago del empujador del émbolo y con la longitud de la aguja, siendo el empujador igual o menos largo que el cilindro y teniendo aletas retráctiles en su extremo. La aguja se introduce con su cabezal en el interior del conectador y el embolo, su extremo y la aguja son de acero especial.
FOTO 006 Jeringas de cristal y Jeringas de Pravaz

Hoy en día
Cada año, más de 8 billones de personas usan la jeringa de forma poco segura y esta situación genera 1.3 millones de muertes al año. En muchos lugares del mundo como la India, las jeringas son rehusadas en el 62% de las veces, por personas y no por profesionales de la medicina y la gente confía en estas personas y permiten que se les administren medicamentos sin saber que se emplea la misma jeringa para muchas personas. En México se cuenta con la vigilancia y transporte de material punzo cortante, en la mayoría de los hospitales, sin embargo, en el hogar no tenemos esas medidas y miles de jeringas se utilizan cotidianamente y son desechadas al basurero sin tener conciencia que estos instrumentos que nos pueden ayudar a mejorar la salud, puedan ser reutilizados en otras personas sin saber su procedencia.

Por ello, hagamos conciencia y tengamos la precaución de destruir o inhabilitar la jeringa después de usarla y depositarla, si es posible en un sitio especial para ello y sólo utilizarla con fines terapéuticos.

AUTORES
Jesús Rubio Pilarte
Enfermero y sociólogo. Profesor de la E. U. de Enfermería de Donostia. EHU/UPV
Miembro no numerario de La RSBAP
jrubiop20@enfermundi.com

Raúl Expósito González
Enfermero. Servicio de Anestesia y Reanimación. Hospital “Santa Bárbara” de Puertollano. Ciudad Real. Experto en Ministrantes y Sangradores
raexgon@hotmail.com

Manuel Solórzano Sánchez
Enfermero Servicio de Oftalmología
Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. Osakidetza /SVS
Vocal del País Vasco de la SEEOF. Insignia de Oro de la SEEOF
Miembro de Eusko Ikaskuntza
Miembro de la Sociedad Vasca de Cuidados Paliativos
Miembro Comité de Redacción de la Revista Ética de los Cuidados
M. Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro no numerario de La RSBAP
masolorzano@telefonica.net

jueves, 3 de noviembre de 2011

Iª XORNADA DE CALIDADE DA ÁREA SANITARIA DE FERROL

I XORNADA DE CALIDADE DA ÁREA SANITARIA DE FERROL


A Área Sanitaria de Ferrol organiza, o día 17 do presente mes de Novembro, a I Xornada de Calidade da Área Sanitaria de Ferrol, ás 16,30, no Salón de Actos do Hospital Arquitecto Marcide.Constitúe esta unha magnífica oportunidade para coñecer o que representa un Sistema de Xestión da Calidade dentro do ámbito sanitario, o seu desenvolvemento, apl ...icación, e vantaxes.Asemade, os Servizos Certificados en Calidade da nosa Área exporán a súas experiencias nestes dez últimos anos, nos que veñen de manter a Certificación en Calidade ISO 9001.Gustaríanos contar coa vosa presenza, e pensamos, sinceramente, que esta e unha oportunidade moi interesante para tódolos que queirades asistir.


Para se inscribir na Xornada, deberá enviarse un correo electrónico ó enderezo unidade.calidade.area.ferrol@sergas.es no que consten os seguintes datos:


- Nome e Apelidos


- DNI


- Teléfono persoal


- Enderezo postal (para remitir o correspondente certificado de asistencia)


Tamén se poderá facer a inscrición o mesmo día de celebración da Xornada, na entrada ó Salón de Actos.

jueves, 27 de octubre de 2011

I JORNADAS DE ENFERMERÍA OFTALMOLÓGICA ZONA NORTE











LA ENFERMERÍA EN RETINA

Organizada por la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica. SEEOF con la colaboración de NOVARTIS, se ha celebrado el sábado día 22 de Octubre de 2011, de 8,30 a 15 horas en la Cámara de Comercio de Bilbao situada en la calle Alameda Recalde nº 50.

Con el título de la Jornada: “La Enfermería en Retina”, siendo el director y organizador del curso el enfermero Manuel Solórzano Sánchez del Servicio de Oftalmología del Hospital Universitario Donostia, y ayudado por Silvia Martín Asenjo (Novartis), Carolina Gil y Francisco Gabaldón de la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica. Los diplomas han sido firmados por el director del curso y por Montserrat Roura Oliver (Medical Advisor de Novartis Farmacéutica S.A.).
FOTO 001 Inauguración de la Jornada: de izquierda a derecha: Lourdes Aguado, Blanca Aramendia, Cristina Zapata, Francisco Valiente, Carmen Alfonso, Edurne Leanizbeascoa, Silvia Martín, Maider Lasa, Koldo Santisteban, Arantza Melgosa y Manuel Solórzano

Vino desde Madrid expresamente para la ocasión Francisco Valiente Orts, gerente de ventas de la línea Retina e Infección de Novartis Farmacéutica S.A. Desde aquí nuestro total agradecimiento, mío personal y de la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica.

En la inauguración y presentación de los ponentes habló Manuel Solórzano diciendo: “Egun on guztioi”. Buenos días compañeras y compañeros: La organización de cualquier actividad parte de una idea, en este caso, la necesidad sentida de reunirnos para compartir experiencias y conocimientos sobre enfermería oftalmológica, porque la transferencia de conocimientos es básica para el desarrollo de la ciencia. Pero para poder llevar a cabo cualquier idea es imprescindible contar con apoyos y financiación.

En una situación económica como la actual, en la que los recursos escasean es muy complicado conseguir financiación para cualquier proyecto, y todavía más si ese proyecto es de enfermería. Sin embargo, una empresa de nuestro ámbito de trabajo no lo ha dudado y ha apostado por nosotros, por la enfermería oftalmológica como área desarrollo, producción e innovación científica.

NOVARTIS, empresa que sobradamente conocéis no lo ha dudado y ha confiado en nuestra labor profesional y científica. Desde que el primer momento en que contacté con sus representantes para el Hospital Universitario Donostia, todo han sido facilidades para organizar esta jornada. Por eso, quiero mostrar mi más profundo agradecimiento a Silvia Martín Asenjo y Francisco Valiente Orts por su profesionalidad e implicación personal en este proyecto y a NOVARTIS en general por su apuesta por la enfermería oftalmológica, esperando poder contar con su colaboración en futuras ocasiones.

Y por último y no menos importante; nada es posible sin las personas, sin vosotras, las enfermeras. Porque sin la colaboración de todas las personas que están detrás de la logística de un acto de estas características, del enorme apoyo de la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica aquí representada por su Presidente Francisco Gabaldón, la secretaria de la sociedad Carolina Gil, de las Enfermeras que vienen a exponer sus investigaciones y experiencias, y todas las enfermeras y enfermeros que habéis venido para escuchar, compartir y aportar vuestro conocimiento, no tendría sentido estar aquí. Por todo eso, muchas gracias a todas y todos, bienvenidos a Bilbao y espero que esta jornada pueda satisfacer vuestras expectativas. ¡Eskerrik asko!

Para la inauguración de la Jornada contamos con el enfermero y vocal II del Colegio de Enfermería de Bizkaia y Académico de la Academia de Ciencias de Enfermería Koldo Santisteban Cimarro; también estuvo presente la Presidenta del Colegio Mª José García Etxaniz, además de 110 enfermeras más. Las enfermeras y enfermeros que acudieron a la jornada pertenecían a: Barcelona, Cantabria, Guadalajara, Huesca, Madrid, Navarra, Zaragoza y País Vasco.

Koldo nos deleitó con su trabajo sobre “libros antiguos” que trataban a la oftalmología desde hace muchos años, en su exposición empezó mostrando el libro “Instrucción de enfermeros para aplicar los remedios a todo género de enfermedades de 1664” y acudir a muchos accidentes, que sobrevienen en ausencia de los Médicos. Compuesto por los Hermanos de la Congregación del Hermano Bernardino de Obregón. En su capítulo V decía así: Como se ha de poner el colirio: “Tomando primero una pluma de gallina, ó de paloma, mojando en el dicho colirio, mandará el enfermero mirar al cielo al paciente, abriendo los ojos, y le irá echando tres, o cuatro gotas dentro. Esto bastará cada hora una vez. Advirtiendo que los colirios no se calientan, sino como vienen de la botica, si es verano, y si es invierno tibio”. No está nada mal que en un compendio de 220 páginas se le dedica un capítulo entero a la oftalmología. Allí lo tuvimos presente con los demás ejemplares que expuso.
FOTO 002 Carátulas y grabados de libros antiguos de 1664 y 1748

Siguió con el libro “Instituciones quirúrgicas y Cirugía completa universal de 1748” ilustrada con gran número de láminas finas, y muy fieles, que demuestran al natural, los más preciosos instrumentos, y operaciones de cirugía. Trabajo y estudio en que por más de 40 años se empleo el desvelo del Dr. Laurencio Heifter. Traducido de la lengua latina por Andrés Gracia Vázquez, varios títulos y Colegial fundador del Real Colegio de Cirujanos de Madrid. Esta obra se presenta en 3 tomos, el contenido sobre ojos esta en el tomo 2º, así como los buenísimos grabados que posee. De cómo se han de sacar aquellas cosas, que por casualidad cayeron o se entraron en los ojos. De la sangría o modo de sacar la sangre de los ojos.

El “Manual de Cirugía práctica de 1760”, recogemos de sus páginas: los tópicos que pueden usarse en las oftalmias, una de las recetas decía así: “Agua de flor de saúco, mucílago de simiente de membrillos, hecho con agua de esperma de ranas y azafrán”. Mézclese todo y pónganse paños mojados tibios sobre los ojos inflamados.

El clásico libro “Manual de la Enfermera”, editado por primera vez en 1932, fue el libro de texto de nuestras escuelas durante muchos años, hay ediciones de loa años 70, y como soporte gráfico se emplea la fotografía. El Dr. Manuel Usandizaga incluye en el capítulo 32, la oftalmología, en su página dos, habla sobre los defectos de refracción, estrabismo, catarata, glaucoma, cuerpos extraños, conjuntivitis, dacriocistitis, operaciones en los ojos y los Cuidados de los enfermos de oftalmología. En las reglas generales pone por ejemplo: Lavarse siempre las manos antes y después de hacer un tratamiento en un enfermo de los ojos. En otro capítulo habla de la instilación conjuntival de colirios. Irrigación. Compresas húmedas calientes. Aplicación de pomadas en los párpados. Aplicación de pomadas en el saco conjuntival. Extracción de cuerpos extraños conjuntivales. Examen de los ojos en un niño pequeño. Encima de la mesa estuvieron los libros antiguos para que los participantes los pudiesen ver y tocar estas reliquias de la enfermería oftalmológica.
FOTO 003 Portadas, carátulas y grabados de libros antiguos

Luego le tocó el turno a la enfermera de quirófano Arantza Melgosa, y le ayudaron en su presentación Eukene Olea, Begoña Azcunaga, Paula Blasco y Nagore Urrestarazu del Hospital Basurto de Bizkaia, su tema “Oclusiones vasculares venosas retinianas en Oftalmología”. Nos contó un caso clínico, sus antecedentes, motivo de consulta, las exploraciones realizadas, nos habló de los factores de riesgo de las oclusiones vasculares retinianas que ponen de manifiesto un proceso sistémico que aumenta la morbilidad y la mortalidad, Además la hipertensión arterial, diabetes, glaucoma de ángulo abierto, hiperlipidemias, el aumento de la masa corporal, la hiperviscosidad sanguínea, trombofília, y la terapia hormonal. En sus conclusiones nos decía que: la perdida de agudeza visual por oclusiones vasculares es un importante problema de salud en mayores de 60 años, que el tratamiento clásico del edema macular ha sido la fotocoagulación con láser con buenos resultados y la aparición en los dos últimos años de nuevos tratamientos como el antiVEGF Lucentis, ha sido una revolución, con resultados esperanzadores.

Le siguió la enfermera Edurne Leanizbeascoa y le ayudaron en la realización de su trabajo Eukene Olea, Arantza Melgosa, Begoña Azcúnaga y Paula Blasco del Hospital Basurto de Bizkaia, su tema: “Retinopatía diabética”. Empezó su disertación diciendo que esta enfermedad es una complicación de la diabetes y es una de las principales causas de ceguera en nuestra población. En los factores de riesgo destacó la duración de la diabetes y un buen control metabólico retrasa su desarrollo pero no lo evita. Los factores que hay que cuidar son la hipertensión arterial, el consumo de tabaco, la hiperlipidemias, la anemia y los cuidados en el embarazo. Destacó las diferentes etapas de la enfermedad. Los síntomas de la enfermedad no se perciben hasta que el daño es severo. Presenta diferentes síntomas como visión borrosa, vista nublada, pérdida gradual de la visión, moscas volantes, sombras, dificultad para ver de noche, etc. En su conclusión nos decía que “La curación de la diabetes NO existe!!. Sólo su CONTROL”.
FOTO 004 Ponentes de la primera mesa

El siguiente trabajo se titulaba “Degeneración Macular Asociada a la Edad. DMAE. Definición, síntomas, recomendaciones, pruebas diagnósticas y tratamiento”.Estuvo todo el equipo al completo desde las dos compañeras que las impartieron Blanca Aramendia y Cristina Zapata, apoyadas por María Luz Ortigosa, Nelson Arturo Rodríguez y la Dra. Marian Altarriba Freire oftalmóloga, que estuvo toda la jornada con nosotros, desde aquí le quiero agradecer su disponibilidad y su apoyo a la enfermería oftalmológica. Todas ellas del Centro de Consultas Príncipe de Viana. Complejo Hospitalario de Navarra, Pamplona. Su magnífico trabajo empezó con la definición de la DMAE, factores de riesgo, prevalencia, tipos y signos clínicos, diferencias entre la DMAE seca y húmeda, todo ello acompañado con vídeos para su buena exposición, diagnóstico, pruebas de visión, test de Amsler, exploración, pruebas diagnósticas, tratamiento, tratamiento preventivo, alimentación, antiangiogénicos, nuevos tratamientos, manejo de la baja visión, ayudas técnicas, papel de la enfermera en la baja visión, actuación de enfermería y calidad de vida. En sus conclusiones decía que: El principal papel de la enfermera en esta enfermedad será reconocer sus síntomas para poder identificar de forma precoz una sospecha y remitir al paciente al médico para que sea valorado en pocos días por un oftalmólogo y si es necesario se instaure con prontitud el tratamiento. Por lo que consideramos que un importante papel de la enfermería en oftalmología es también dar las directrices a enfermería de Atención Primaria para llegar a la población que puede resultar afecta por DMAE lo antes posible. Por lo que creemos conveniente extender este mensaje a todos los Centros de Salud. Extenso y muy completo el trabajo realizado por nuestras compañeras navarras.
FOTO 005 Diferentes momentos de la Jornada

Con el tema “Pruebas diagnósticas: Retinografía, AGF, ICG y Tto: Terapia Fotodinámica (TFD)”. Manuel Solórzano Sánchez enfermero del Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. Contó que es una angiografía, las indicaciones, cómo se recibe al paciente, información, consentimiento informado, material necesario para la realización de la prueba, técnica, todo ello expuesto con material fotográfico de alta definición, centrado de la imagen, fotografías previas y posteriores, angiograma, efectos secundarios, complicaciones locales y sistémicas leves y graves, contraindicaciones, angiografía oral, verde de indocianina. En la Terapia fotodinámica dio las indicaciones que se usan hoy en día, cómo es la técnica y en que consiste, material necesario, información antes y después de la prueba para el paciente y su familia, cuidados de enfermería.

También dio el trabajo premiado a la mejor comunicación de un socio de la SEEOF, en el Congreso Nacional de Enfermería Oftalmológica celebrado en septiembre de este año en Oviedo “¿Saben comer los pacientes diabéticos?”. La importancia de ponerse en el papel de paciente y demostrar lo que uno sabe o no sabe de cómo cuidar su enfermedad. Uno de los objetivos de este trabajo es concienciar a los profesionales de la Salud tanto médicos, como enfermeras, como nutricionistas y a todo el que se dedique a Educar en Salud, que una de las primeras actuaciones es que hay que darse cuenta si las personas diabéticas (que a largo o corto plazo pueden quedar ciegos) saben cuidarse y saben entender la dieta que tienen que llevar diariamente y para toda su vida.

En este trabajo uno de los datos más importantes que se recoge es que el 70 % de los hombres y el 68 % de las mujeres diabéticos mayores de 50 años no saben comer bien y toman alimentos que pueden dañar su salud y su visión. Que es muy importante que tanto la enfermera como el oftalmólogo cuando vean un caso en el que el paciente no sabe realizar su dieta adecuadamente lo deriven al endocrinólogo y éste a su vez a la consulta de Enfermería diabetológica.
FOTO 006 Ponentes de la segunda mesa

Después de un excelente café, la siguiente comunicación estuvo a cargo de Maider Lasa que estuvo ayudada por sus compañeras de hospital Teresa Ucin, Mª Ángeles Navaridas, Mirari Torres e Isabel De La Piedad del Hospital de Zumárraga de Gipuzkoa. Su tema “Tomografía de Coherencia óptica. OCT”. Nos contó cómo realiza esta prueba en su trabajo describiendo el servicio de oftalmología de su hospital, la actividad que realiza la enfermería: tensión ocular, campos visuales, biometrías, retinografías, OCT. Pero que es la OCT: es una técnica de diagnóstico por imagen, no invasiva, de fácil realización y no molesta para el paciente, que además no requiere contacto con el ojo, es rápida y sin efectos secundarios. También nos dijo que resultados daba, como se realiza, que estudia, registro del paciente, colocación, fijación de la mirada, optimización y escaneo de la imagen, resultado y verificación del resultado, patologías e inconvenientes de la OCT. Como son la poca o nula colaboración de la persona. Personas con movilidad limitada. Pupilas que dilatan muy poco o nada. Cuando el ojo presenta opacidad de medios resulta a veces imposible ver alguna imagen, o bien las que salen son de peor calidad. En sus conclusiones nos decía que es muy útil para el diagnóstico de las patologías retinianas. Es una técnica indolora, fácil y rápida. Y es una técnica susceptible de ser realizada por la enfermera oftalmológica.
FOTO 007 Enfermeras y enfermero del Hospital de Galdakao

A continuación con el tema “Evolución de las Inyecciones Intravítreas en la consulta de Oftalmología”. Lourdes Aguado Ortega enfermera del Hospital de Galdakao de Bizkaia. Nos decía en la definición de inyección intravítrea que es una inyección de un fármaco en el interior del ojo, en la cámara vítrea ubicada en la parte posterior de éste delante de la retina. Material necesario, ellas lo realizan en la consulta de oftalmología disminuyendo el impacto emocional del paciente y el gasto sanitario liberando el quirófano para otras enfermedades. Nos relata su experiencia desde el año 2006 que empezaron hasta la actualidad. Las normas que dispensan a los pacientes tratados con este producto siempre guiadas por las normas y guías prácticas de la Sociedad Española de Retina y Vítreo. Sus datos son 2.502 Inyecciones Intravítreas, en 750 pacientes inyectados y con una sola endoftalmitis bien resuelta. En sus conclusiones decía que: poner la inyección intravítrea en consulta o en quirófano es indistintamente. La técnica es sencilla y no costosa en la consulta y con seguridad. La realización en la consulta NO supone un aumento de la carga asistencial: la organización interna la lleva enfermería. Siempre la realiza el mismo equipo de trabajo. Y existe una buena relación Paciente/Enfermera/Familia en definitiva un ambiente de tranquilidad, confianza y seguridad. Al terminar quiso agradecer su trabajo y su ayuda a dos compañeras especiales a Tania Ruiz Salcedo y Josune Echevarria Molina.

Para terminar Carmen Alfonso Toribio enfermera de Atención Especializada en el ambulatorio de Gros en San Sebastián Su tema “Telemedicina en una consulta de Enfermería, tres años de experiencia”. Cribado de la Retinopatía diabética (RD) en Atención Primaria. Nos dio la definición de Telemedicina que dice “Uso de las telecomunicaciones y las tecnologías de la información en la atención de pacientes cuando existe una distancia física entre el que realiza la asistencia y el enfermo”. (Roine).
FOTO 008 Diferentes momentos de la Jornada

Las distintas aplicaciones que se usa para el telediagnóstico, la telemonitorización y la teleasistencia. En oftalmología es aplicable puesto que el diagnóstico se basa frecuentemente en interpretación de imágenes y está muy extendido su uso para el cribado de la Retinopatía Diabética. Nos habló de la prevalencia, de la importancia del cribado, la aparición y progresión de la RD que tiene directa relación con el tiempo de la evolución y el mal control glucémico, además de los factores de riesgo como son la hipertensión arterial, tabaquismo, sedentarismo, etc. Nos habló de la enfermedad, su clasificación. En que consiste y cómo se maneja un retinógrafo de 45º no midriático. Sus ventajas e inconvenientes, dificultades para su implantación. Protocolo de cribado de la RD establecido por el Hospital Universitario Donostia y la Comarca Este de Gipuzkoa (Ekialde), centros que operan con la telemedicina, circuito, criterios de inclusión y exclusión, equipo empleado, datos que hay que poner en el documento de interconsulta, procedimiento, identificación del paciente, valoración y registro, transmisión de datos, evaluación, formulario de volcado en Osabide y en función del resultado las recomendaciones y la periodicidad del seguimiento, criterios de derivación a la consulta de oftalmología. En sus conclusiones nos decía que: es posible realizar el cribado de la RP en pacientes DM mediante telemedicina. Tomando en consideración los criterios de calidad analizados, “Enfermería” es el cuerpo profesional más indicado para desarrollar esta actividad de esta consulta. La cobertura del programa ha sido amplia y los pacientes permanecen en el mismo. Sólo un 12,7 % de los pacientes valorados ha sido derivado a oftalmología, por tanto, en dos años y medio de seguimiento, se han evitado cerca de 6.000 consultas de oftalmología en el ambulatorio.
FOTO 009 Enfermeras Navarras con la Dra. Altarriba y Manuel Solórzano

No quiso despedirse sin agradecer la ayuda a la Dra. Ane Gibelalde González del Hospital Universitario Donostia, ya que ha sido un lujo trabajar con ella en el día a día, por su disposición, por sus enseñanzas, por su agradable forma de trabajar y por ser como es, siempre con una sonrisa. También quiso darle las gracias personalmente y en directo a Mª Eloisa Capetillo Arenaza, que es la enfermera que lleva la consulta del retinógrafo en el ambulatorio de Basauri, que se dedica a la Telemedicina y ha sido de quien han aprendido casi todas las profesionales que se dedican a ello. Fue una pionera en el País Vasco sobre Telemedicina, una estupenda docente y una gran compañera.

Para terminar se volvió a presentar el libro que ha realizado la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica “Tratado de Enfermería Oftalmológica” siendo su coordinador Enrique Cosme Pereira, Vicepresidente de la SEEOF y 64 co-autores que proceden de los mejores centros Oftalmológicos del País, en su mayoría enfermeros y enfermeras; optometristas y oftalmólogos.

Después de ruegos y preguntas y alguna pequeña discusión se dio por finalizada la jornada pasando a recibir una abundante y magnífica comida de trabajo, para terminar la jornada sobre las 15,30 horas.

Se dejaron ver por la jornada a Jesús Terrones, tan encantador como siempre, Carlos Morán y José Luis Medrano de Madrid; Susana Recouso de San Eloy; Rosa Fernández, Ana María Maroto y Cristina Cerdeira de Mondragón; Elena Elguea, Amalia Martínez y María Mendoza de la Clínica Universitaria de Navarra; Elena Merchán y Teresa Herrería de Laredo, Cantabria. Gorka Tapia del Hospital de Basurto y Óscar Larrinaga del Hospital de Galdakao. Iñake Arrondo, Beatriz Lizaso, Marisa Arcelus y Ana Isabel Elizondo del Hospital Universitario Donostia. María Pilar Broto y Lourdes Lanau de Huesca. Y muchas más compañeras enfermeras hasta un total de 110.
FOTO 010 Libro Tratado de Enfermería Oftalmológica, Manuel y Paco Gabaldón

Las personas que han asistido fueron dejando sus mensajes y dándonos las gracias por el gran éxito de la jornada, porque les había parecido todo excepcional, excelentes los ponentes, muy didáctico y bien presentada toda la jornada; ya preguntaban por la II Jornada de la Zona Norte.

También quiero agradecer a mi compañero y amigo Jesús Rubio Pilarte por su inestimable ayuda en todos mis trabajos y comunicaciones.

Para terminar volver a agradecer a todos los ponentes: Koldo Santisteban, Arantza Melgosa, Edurne Leanizbeascoa, Blanca Aramendia, Cristina Zapata, Maider Lasa, Lourdes Aguado, Carmen Alfonso, Manuel Solórzano y a Novartis, a Silvia Martín y a Francisco Valiente, sin su ayuda nunca se hubiese podido realizar con tanto éxito la I Jornada de Enfermería Oftalmológica Zona Norte.
FOTO 011 Francisco Valiente, Silvia Martín y Manuel Solórzano

Manuel Solórzano Sánchez
Enfermero Servicio de Oftalmología
Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. Osakidetza /SVS
Vocal del País Vasco de la SEEOF. Insignia de Oro de la SEEOF
Miembro de Eusko Ikaskuntza
Miembro de la Sociedad Vasca de Cuidados Paliativos
Miembro Comité de Redacción de la Revista Ética de los Cuidados
M. Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro no numerario de La RSBAP
masolorzano@telefonica.net

domingo, 23 de octubre de 2011

LA FIEBRE AMARILLA EN MÉXICO




La fiebre amarilla en México y Henry Saussure: una visión suiza del siglo XIX

Los Autores de este artículo son: Jesús Roberto Colin Ortiz, Técnico Académico Titular; José Cruz Pérez Serna. Profesor Docente Titular. Mª Guadalupe Díaz Cárabes, Profesora Titular B y Coordinadora de Planeación e Investigación del Departamento de Enfermería para la Atención, Desarrollo y Preservación de la Salud Comunitaria; Carlos M. Anguiano Garcia, Epidemiologo de La UMF y Marina Graciela Jimenez Ibarra, Técnico Académico Asociado, todos ellos pertenecientes al Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS) de la Universidad de Guadalajara en México.

Al iniciar este trabajo, es menester señalar que de la fiebre amarilla en la época del virreinato y hasta México independiente muchos personajes médicos y no médicos escribieron sobre ella; el siglo XVIII y el XIX están llenos de interesantes relatos de personajes que describieron sus experiencias o las experiencia de otros al viajar a las tierras de la Nueva España, algunos de estos relatos fueron recogidos a través de cartas, otros por reportes científicos, por entrevistas, otros más en trabajos novelados o artículos para la prensa de la época, y finalmente otros a través de los diarios personales.

Algunos de esos relatos del siglo XIX fueron compilados por Salvador Novo, este fino, distinguido, y elegante intelectual mexicano y presentados en su “Breve historia y antología sobre la fiebre amarilla”, libro editado por la Secretaría de Salubridad y Asistencia y Prensa Médica Mexicana en 1964; Salvador Novo presenta en ese opúsculo los testimonios vividos por una treintena de ellos, todos viajeros que visitaron México en el siglo el XIX, como Alexandro Von Humboldt, gran científico naturista alemán, personajes disímbolos como Eugenio de Aviraneta e Ibargoyen, diplomáticos como Joel Robert Poinsett y Brantz Mayer, escritores como Mathieu de Fossey y John Lloyd Sttephens, historiadores como William Parish Robertson, expedicionarios como George Francis Lyon y otros tantos personajes la mayoría de origen europeo, entre ellos: españoles, franceses, ingleses, belgas, austriacos, alemanes y algunos norteamericanos, todos con un común denominador, tuvieron contacto con Veracruz, o llegaron o salieron por el puerto, casi todos sabían del riesgo que corrían con la fiebre amarilla, casi todos coinciden en decir que la fiebre se presenta entre junio y octubre pero que puede iniciarse en mayo y que eventualmente puede haber casos en invierno, casi todos señalan que de octubre a noviembre en Veracruz hay vientos “nortes” y que en este periodo no hay casos de fiebre amarilla, todos coinciden en que para viajar no son estos meses los más adecuados por las circunstancias climáticas, pero coinciden que es cuando pueden llegar o salir de Veracruz sin riesgo alguno.

La mayoría refiere que los habitantes del lugar o los nacidos ahí no enferman y que los que llegan de otras partes incluyendo del mismo México tienen una alta probabilidad de enfermar, y la mayoría coincide en el cuadro agudo, las características del padecimiento su historia natural y la letalidad de la patología; en Europa en esa época la información que sobre el padecimiento se tenía era la que llegaba de estos viajeros, era la información más calificada, por lo tanto en esos países se tenía una idea aproximada de la patología, sabían en que meses era mayor su incidencia y tenían una estrategia para viajar a México más reflexiva; pero no en todos los países se tenía la misma información.
FOTO 001 Cuadro fiebre amarilla

¿Qué pasaba con Suiza?
En aquella época Suiza no tenía ningún interés en México, no era una potencia capitalista como Francia, España o Inglaterra, por lo tanto no había viajeros suizos como de estos países buscando conocer México e informar a sus conciudadanos y a sus gobernantes de lo que veían en lo que entonces era México. Henry Louis Frederic de Saussure era miembro de la elite científica de su país, por alguna razón la visita de este personaje no fue comentada por Salvador Novo en el libro de referencia, aunque si refiere lo que dijo de esta, otro naturista como Alexandro Von Humboldt, experto en ciencias naturales, geografía, mineralogía y en filosofía; Von Humboldt llego a México en 1803 y salió en 1804, cincuenta y un años después de este suceso arriba al país Frederic de Saussure con un interesante perfil, ya que era mineralogista, entomólogo, zoólogo, filosofo, especialista en el estudio del orden de la Himenóptera y Ortóptera y un prolijo taxónomo, este personaje nace en Ginebra el 27 de noviembre de 1829 y fallece el 20 de febrero en el mismo lugar en 1905, procede de una familia protestante de la aristocracia suiza, pero originaria de Lorena, Francia que se refugió en Suiza después del edicto de Nantes, varios de sus miembros destacan en la ciencia, fueron reconocidos en su país y en toda Europa. Su abuelo fue el geólogo Horace Benedict de Saussure (1740-1799), organizó en el siglo XVIII la primera expedición científica al Mont Blanc y a su vez era sobrino de Charles Bonnet. En 1858 fundó la Sociedad Geográfica de Ginebra, fue miembro del Comité de Dirección del Museo de Historia Natural de Ginebra donde sus colecciones de Himenóptera y Ortóptera se convirtieron en una de las mejores del mundo, en 1872 fue nombrado Miembro Honorario de la Sociedad Entomológica de Londres.

Después de estudiar en la universidad de Ginebra, de Saussure, obtuvo en 1852 una licenciatura en Ciencias naturales en la Sorbona. Fue durante ese periodo de su vida cuando descubrió en el museo de Paris las grandes colecciones zoológicas mexicanas jamás analizadas, en 1854 se doctoro en Filosofía por la Universidad en Geissen, Alemania. En 1855 en México descubre Cantona una zona arqueológica de doce kilómetros cuadrados situada entre los municipios de Tepeyahualco y Coyoaco, en Puebla. El nombre se deriva de la palabra náhuatl Caltonal que significa “La casa del sol”.

Sale de Southmton el 30 de noviembre de 1854 y llega a Veracruz el 3 de marzo de 1855, 3 meses y 3 días después; llegó a México justo cuando el dictador Santa Anna vivía sus últimos cinco meses como presidente de la republica; a su llegada a México, Henry Saussure tiene 25 años y viajan con él, como parte de su equipo Henri Peyrot de 20 Años el financiaba el cincuenta por ciento de la empresa, Francisco Sumichrast (naturista) y Marc Grosjean (el jardinero de la familia), a los dos días de desembarcar Saussure esta tiritando de fiebre, según Guy Rozat Dupeyron nuestro personaje “durante 3 días no escribe; solo retoma la pluma cuando su agotado organismo se lo permite. Sigue enfermo pero redacta para desenfadarse, además aprovecha para ordenar su ropa, limpiar las armas y preparar la expedición”. Comenta sobre la fiebre amarilla, “es menos gruesa de lo que se dice en Europa, aquí la gente se burla de ella, y en efecto no es más que una fiebre de aclimatación por la cual deben de pasar los extranjeros. Curada a tiempo y tratada adecuadamente se salvan 19 de cada 20 (digamos que la tasa de letalidad de acuerdo a de Saussure andaría en 5 fallecimientos por cada cien personas que enfermaran de esta enfermedad) y la enfermedad no se agarra dos veces, la fiebre amarilla no deja huellas y dura nueve día sin más. La razón de la mortalidad inmensa que se observa en cada epidemia proviene de que el pueblo, cuando enferma, sigue acudiendo a las cantinas y van al hospital demasiado tarde. Los soldados son muy propensos a morir a causa del servicio rudo que se les impone y el terror que inspira la enfermedad. Existen en efecto dos amigos de la fiebre que son sus auxiliares más poderosos, el alcoholismo y el miedo”, 6 días después del inicio del cuadro, el 11 de marzo se siente por fin “curado” y del resto del equipo se desconoce que paso con ellos si enfermaron o no.
FOTO 002 Henri Louis Frédéric de Saussure. Plancha de Biologia centrali-americana

Según el manual de Control de la fiebre amarilla de la Guía practica de la OPS (publicación científica y técnica No. 603, Washington DC E.U. pp 3-67) las manifestaciones clínicas de la infección por el virus de la fiebre amarilla son muy variables: desde las formas asintomáticas, pasando por modalidades leves con sintomatología específica, hasta la fiebre hemorrágica clásica de alta letalidad, el periodo de incubación varía de 3 a 6 días después de la picadura del mosquito infectado. En general la forma clásica se caracteriza por una enfermedad sistémica grave de alta letalidad, que se manifiesta por fiebre, postración, compromiso hepato- renal y cardiaco, manifestaciones hemorrágicas y choque.

La evolución de la enfermedad puede incluir tres periodos clínicamente evidentes: periodo de infección, periodo de remisión y periodo de intoxicación. El periodo de infección, que corresponde al inicio de los síntomas y que incluye la fase de la viremia, tiene comienzo abrupto, con fiebre elevada superior a 39° centígrados, escalofríos, cefalea, nauseas, mareo, malestar general y dolor muscular, especialmente en la parte baja de la espalda. Al examen físico, el paciente se encuentra febril, postrado y con congestión de las conjuntivas y la cara, “el periodo de infección tiene una duración aproximada de 3 a 6 días. En seguida se establece el periodo de remisión que puede durar de 2 a 48 horas, en el que los síntomas ceden y el estado general del paciente mejora. En las formas leves el paciente inicia la fase de recuperación, que dura entre 2 y 4 semanas. En general, los casos de fiebre amarilla resultan muy difíciles de diagnosticar cuando la enfermedad aun no ha progresado hacia el periodo de intoxicación”, “de un quince a un veinticinco por ciento de ellos, los síntomas reaparecen en forma más grave y sobreviene el periodo de intoxicación, la letalidad de los casos que evolucionan a periodo de intoxicación es del cincuenta por ciento”.
FOTO 003 Oficina de Jefatura de la Campaña Contra la Fiebre Amarilla en Mérida. Yucatán 1922

Es evidente que en los tiempos de Saussure no se tenía un conocimiento pleno de la fiebre amarilla, sin embargo había una idea aceptable del padecimiento, como lo reflejan las descripciones de los viajeros citados por Novo; de Saussure enferma a los dos días de su llegada a Veracruz, de acuerdo al Manual de OPS el periodo de incubación es de 3 a 6 días, sin embargo existe una duda razonable que haya enfermado al segundo día: la cantidad de picotazos, el tamaño del inoculo, la virulencia de este, la susceptibilidad del paciente; si consideramos 3 días mínimo, probablemente el enfermo venía en el barco de la Habana, en este lugar debieron subir víveres al barco, y barricas de agua probablemente contaminadas de larvas de artrópodos o bien estos pudieron haber viajado de polizontes y picar a de Saussure durante el viaje y entonces el periodo puede ser variable y extenderse hasta 6 días; en aquella época los viajes tardaban de la Habana, Cuba a Veracruz, México poco más de dos semanas. En su comentario de que la enfermedad es menos gruesa de lo que se dice en Europa, que la gente se burla de ella, que es una fiebre de aclimatación, es posible que haya antepuesto su experiencia personal como prototipo de la infección al sexto día está listo, correspondiendo además este sexto día a la primera etapa de la fiebre amarilla después viene la recuperación; si fue el caso de Henry el tiempo encaja, pero aun ahora está fase es compleja para hacer el diagnostico, sin embargo en aquella época debido a la alta incidencia los médicos debieron haber estado muy asertivos con estos padecimientos, es evidente que muchos mexicanos y en especial veracruzanos se burlen de ella, pues ellos son inmunes al padecimiento, no los mexicanos que llegan, es evidente que no es una fiebre de aclimatación, que no se trata de aclimatarse sino de evitar la infección pues la tasa de letalidad en la época era elevada, el riesgo de morir era alto, actualmente la tasa sea probablemente de un diez por ciento; lo doble de lo que señalaba de Saussure en sus cartas, y con los recursos actuales; en esa época la letalidad debió haber sido mucho mayor al diez por ciento señalado.

En poblaciones autóctonas se señala un cinco por ciento, pero en brotes puede alcanzar hasta un veinte o cuarenta por ciento, en relación a los segundos ataques efectivamente estos no existen, la enfermedad confiere inmunidad por largo tiempo y no se sabe que haya segundos ataques, en las zonas endémicas son comunes las infecciones leves no manifiestas, finalmente la llegada a Veracruz fue el 3 de marzo de 1955, de acuerdo al conocimiento que se tenía de su comportamiento, el final de octubre, noviembre, diciembre, enero, febrero, marzo no era época de fiebre amarilla, podría haber casos aislados en abril o mayo , pero es a partir de junio cuando esta se presentaba.
FOTO 004 Personal arriba y brigada bicicletera contra la fiebre amarilla

Estos autores llegan a la conclusión de que los comentarios de Henry Saussure, en relación al padecimiento fueron insuficientes, considerando a este personaje un científico y miembro de una familia de científicos se esperaban descripciones más precisas y objetivas del padecimiento, probablemente Suiza y la comunidad científica de aquella época se quedaron esperando algo más o probablemente se conformaron con esta descripción por el poco interés que les representaba México, en relación al padecimiento que refiere Henry que padeció aun hoy en día es difícil decidir que tuvo, pero por las fechas en que él lo refiere, y el periodo de incubación no parece ser fiebre amarilla, sin embargo, la duda es razonable; en todo caso podemos inferir que los Ae egypti no respetaron el titulo de entomólogo de Saussure, la indiferencia de este por los otros fue determinante.

A manera de epilogo deseamos resaltar la obra de Salvador Novo, que se adentra en la historia para buscar explicaciones, que llevaran a comprender porque la fiebre amarilla en la republica mexicana, sus razonamientos, su perspicacia, su conocimiento su vehemencia en involucrarse en un tema que aparentemente esta muy lejos de su let motiv, de las letras, de la literatura, de la historia, de la crónica, lo hace infinitamente más valioso, su obra “Breve historia y antología sobre la fiebre amarilla” es un documento trascendental no solo para los salubristas, al señalar la erradicación de la fiebre amarilla, un hecho histórico que impactó no solo a la sociedad de las naciones de América, sino al mismo pueblo mexicano, por la trascendencia de este padecimiento, y para aquellos que no son salubristas, pero que gozan de la lectura de la prosa, de la novela, este libro es todo. Ahora el reto es otro, pero semejante, estamos en época inusual de dengue, pero no dejamos de pensar en la fiebre amarilla ya que el vector es el mismo y el comportamiento de la mortalidad durante el 2009 no fue característico de dengue.

ENFERMEROS
Jesús Rubio Pilarte

Enfermero y sociólogo. Profesor de la E. U. de Enfermería de Donostia. EHU/UPV
Miembro no numerario de La RSBAP
jrubiop20@enfermundi.com

Manuel Solórzano Sánchez
Enfermero Servicio de Oftalmología
Hospital Donostia de San Sebastián. Osakidetza /SVS
Vocal del País Vasco de la SEEOF. Insignia de Oro de la SEEOF
Miembro de Eusko Ikaskuntza
Miembro de la Sociedad Vasca de Cuidados Paliativos
Miembro Comité de Redacción de la Revista Ética de los Cuidados
M. Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro no numerario de La RSBAP
masolorzano@telefonica.net

lunes, 17 de octubre de 2011

LA ENFERMERÍA ANTE EL ESPEJO

No me resisto a compartir con todos vosotros, el estupendo post del reputado sociólogo Juan F Hernandez Yáñez en su blog: "LA ENFERMERÍA ANTE EL ESPEJO", titulado:

¿Pero es que hay una epidemia de TOC entre los galenos?

En el artículo hace un análisis pausado y muy inteligente (pero desde la barrera) de la situación sanitaria actual y de la necesidad de generar un asituación de "conflicto" que algunos profesionales tratan de buscar como salida a su frustración o miedo a una hipotética ¿pérdida de estatus?.

Reproduzco a continuación una sola frase, que debería servir de reflexión:

"De esta manera, gente intelectualmente elevada se comporta como víctima de un trastorno obsesivo-compulsivo [TOC] que sólo sacia sus necesidades a base de exabruptos"

Os dejo aquí el enlace para que podais leer todo el post:

http://juherya.blogspot.com/2011/10/pero-es-que-hay-una-epidemia-de-toc.html

domingo, 16 de octubre de 2011

LA COFIA, SU HISTORIA









Etimología de la palabra “Cofia”
Hoy en día, la cofia es la malla que se ponen las personas que trabajan con el público (por ejemplo: enfermeras, cocineros, etc.), en la cabeza para cubrir su pelo, por motivos de sanidad. Pero en la edad media, era una malla que se ponían los guerreros debajo del casco. La palabra cofia viene del germánico kupja, y está relacionada con el árabe kufiyya = pañuelo que se ponen los árabes en la cabeza, en hebrero kóva = gorra, sombrero y cofia en latín de esa época.

En la Enciclopedia Salvat dice así:
COFIA (del latín tardío cofia). Red que se ajusta a la cabeza para recoger el cabello o parte de él. Tocado hecho de blondas, encajes y cintas que usaban las mujeres. Gorro pequeño, complementario del uniforme que llevan las enfermeras, camareras, etc. Birrete almohadillado que se llevaba debajo del yelmo de la armadura. Pieza de la armadura antigua que se atornillaba a la calva del casco para reforzarla, y de la que pendían tres ramales articulados para la defensa del cuello. Cubierta membranosa que envuelve algunas semillas. Capuchón de la cápsula de los musgos.
FOTO 001 Diferentes fotos y cofias

En otras enciclopedias y/o diccionarios dice así:
Cofia es el nombre de: un tipo de tocado femenino; o un gorro acolchado que se llevaba antiguamente debajo del yelmo.

En otra enciclopedia dice:
Cofia: 1º- prenda femenina de vestir para sujetar parcialmente el cabello que forma parte de ciertos uniformes, como el de enfermera, camarera o sirvienta. 2 - Redecilla para recoger el cabello. 3 - Extremo duro de la raíz de las plantas, en forma de dedal.

Origen de la cofia
Dentro de la historia de la enfermería cuentan que en la “época oscura de la Enfermería” cuando esa ocupación la ejercían las prostitutas, y cuando se quiso reivindicar la profesión (en parte, lo que le correspondió a Florence Nightingale) para que la población distinguiera a una enfermera de una prostituta, principalmente cuando trabajaba de noche se ponían la cofia y eso era suficiente para que se les respetara, ya que significaba un trabajo noble, y así poder salir a curar a los enfermos a cualquier hora de la noche.

Símbolos Históricos de Identidad Profesional de la Enfermería
A través de la historia de la enfermería, a ésta se le ha identificado por cuatro símbolos, que justifican su identidad, estos son: Vestido Blanco, Capa, Lámpara, y Cofia.

El uniforme significa el conjunto de cualidades que tienen las profesionales de la enfermería, enfocadas a dar a entender que poseen disciplina y una esmerada atención límpida hacia sus semejantes, tanto del alma como del cuerpo.
FOTO 002 Enfermeras Cruz Roja de San Sebastián principios de 1900

Vestido Blanco
Al principio las estudiantes no utilizaban uniforme, sin embargo con el paso del tiempo éste consistió en un sencillo vestido de percal y zapatillas cómodas, un delantal a la altura del tobillo de color blanco, como sinónimo de limpieza y pureza. El uniforme significo la integración de un conjunto de cualidades que tienen las profesionales de la enfermería, enfocadas a dar a entender que poseen disciplina y una esmerada atención, hacia sus semejantes, tanto del alma como del cuerpo.
FOTO 003 La Reina Victoria Eugenia con traje de la Cruz Roja. Enfermera con capa

Capa
Esta fue de tela de fieltro, se usó de este material debido a las bajas temperaturas, pues generalmente hacían guardias de 24 horas, siendo las noches largas y frías.

En una ceremonia especial se les imponía la capa, “ceremonia en la cual quedaban revestidas las enfermeras de su clásico distintivo. El significado de la capa es hacerles sentir el peso en sus hombros de la responsabilidad que han contraído con la sociedad al haber elegido la carrera de enfermera; al brindar cuidado, amor y dedicación, mismas que se han hecho evidentes y característicos de las Escuelas de Enfermería desde su creación.

Lámpara
Florencia Nightingale, se le ha considerado la precursora de la enfermería moderna, durante la guerra de Crimea en 1854. “… por las noches después de que se retiraban las demás enfermeras, hacía rondas en solitario y observaba el estado de los pacientes más enfermos. Estas rondas las hacía con su famosa lámpara, que tenía una pequeña mampara para que no se extinguiera la vela que llevaba en su interior (colocada en un candelero). Longfellow inmortalizó a esta dama llamándola “La Dama de la Lámpara”, o “Dama con una Lámpara”, en su poema de 1857”. De esta manera se ha distinguido a la enfermera con el símbolo de una lámpara, teniendo un gran significado y emotivo simbolismo de identidad profesional.

Cofia
La Cofia de color blanco, símbolo del honor, de la distinción y la responsabilidad, con la cual se identifica a la enfermera, entre los otros miembros del equipo de salud como el profesional dedicado al cuidado de las personas. Desde el punto de vista epidemiológico la cofia debe proteger el pelo de la enfermera para que no caiga sobre el campo de trabajo, por lo que el pelo debe estar recogido y colocado en el sobre interno de la cofia.

Algunas cofias de Enfermeras evocan a la de las religiosas, relacionada con la tradición católica, y puntualmente con el cuidado a los enfermos y el servicio humanitario (velo). Anteriormente también recibió el nombre de “Toca”, su diseño consistió en un “gorro”. Éste se remonta a la Edad Media, con el gorro se pretendía cubrir el cabello, ya que peinarlo constituía una larga y fastidiosa tarea que no se realizaba con más frecuencia de lo que se consideraba necesario. A la cofia se le ha considerado como signo de identidad. Entendiendo ésta como el resultado de un proceso ideológico, el cual exige un elemento de diferencia para poderse expresar, y en el que encontramos factores bien definidos como la pertenencia grupal o territorial.

Cierto es que la enfermera se distingue y tiene identidad profesional por sus conocimientos, por su capacidad para desempeñarse en cualquier área de su campo y por formar parte importante del equipo del área de la salud. No es la lámpara, la cofia, ni la capa, símbolos de identidad, sino que la identidad misma, la da la propia enfermera a través de su profesionalización constante y permanente.

Existiendo también un gran grupo de enfermeras militares protagonistas del cuidado a los heridos en las dos grandes guerras del siglo XX, cuya cabeza coronaban con cofias que delataban sus diferentes rangos, similares a las religiosas. Por otra parte las órdenes religiosas impartían cuidados tanto en hospitales civiles como militares.

La evolución en el modelo de las cofias de enfermeras desde la primera cofia religiosa hasta el abandono total de las mismas, refleja la historia de los cuidados. Las también denominadas tocas devienen en un elemento del rango y ciertos aditamentos como medallas, escudos y cruces condecoran el servicio prestado en las instituciones militares. Siendo las primeras dispensadoras de cuidados en muchos casos mujeres religiosas para los países colonizados, (quienes se cubrían la cabeza como parte de su hábito) no impidiendo que a nivel social existieran mujeres cuidadoras; parte del pueblo las que ofrecían los cuidados desde la transmisión de los conocimientos populares para realizar curaciones desde las ciencias de la naturaleza.

Estas últimas con saberes transmitidos de generación en generación a través de la tradición oral. Las mujeres en la familia dispensaban los cuidados de forma informal. En los primeros hospitales estaban empleadas quienes realizaban la limpieza en las que recaía ofrecer a los enfermos los cuidados rudimentarios, aún teniendo experiencia reconocida eran consideradas negligentes, llevaban cubierto los cabellos por un gorro (en razón de la tarea que cumplían).

La revolución que se produce a mediados del siglo XIX, en la práctica médica tiene un efecto profundo sobre los cuidados de la salud. Por la misma época, Florence Nightigale después de la guerra de Crimea a su vuelta a Gran Bretaña crea la primera escuela de Enfermería.
FOTO 004 Enfermeras de San Sebastián principios de 1900

Varias razones explican la desaparición de la cofia y de algunos uniformes de enfermeras a partir de la década del 70. La carrera de Enfermería poco a poco permite la profesionalización, el uso de la cofia continúa siendo parte de la vestimenta de las auxiliares, anteriormente la cofia confería autoridad y distinguía a las enfermeras diplomadas.

Desde los años 1960 a 1980 las escuelas hospitalarias dejan paso a las Escuelas Universitarias, el sistema de enseñanza basado sobre el progreso de las jerarquías había pasado hacia conceptos democráticos de la educación y el respeto; por consecuencia la cofia en tanto indicador de nivel de formación pierde su significación simbólica. La evolución de los modelos de cofias de Enfermeras, desde la cofia religiosa hasta el abandono del uso de las mismas, refleja la historia de los cuidados; en el cual las primeras graduadas vestían uniformes que las distinguían de las no graduadas.

Notas de Enfermería de Florence Nightingale
En el libro escrito por Florence “Notas de Enfermería” nos relata hablando sobre el uniforme de las enfermeras, que cuando una agrupación de enfermeras que rompió con las diferencias religiosas (agrupando a católicas, anglicanas y devotas de santos diferentes), cuya asistencia fue fundamental durante la guerra de Crimea. Exigió al gobierno inglés la confección de trajes de tweed gris, cofias de percal y capas de lana más una banda cruzada con el nombre del hospital. Cartas de la época destacan una rebelión de cofias, y el caso de una enfermera que en medio del trajín dijo: “Madam, de haber sabido que me iba a poner esto en la cabeza, nunca hubiera venido; es que esto no favorece a la forma de mi cara”. Una cláusula del manual de estilo prohibía el uso de flores y cintas de colores, aunque daba el visto bueno para llevar bonete de paja durante el verano. En su best seller Notas sobre enfermería (en 1867 tuvo seis ediciones consecutivas en inglés y otras tantas en varios idiomas) hizo severas críticas de los atuendos femeninos de la época: “Cada día es menos práctica y poética, y no se adapta a las necesidades de la vida doméstica, las faldas ampulosas pueden derribar muebles y la crinolina asemejan a sus usuarias a bailarinas de cabaret”. Sobre los zapatos, agregó que “las suelas hacen tanto ruido que pueden provocar en los enfermos efectos adversos y contrarrestar el efecto de las mejores medicinas”.

Aunque muchas voluntarias fueron expulsadas por ebriedad y conducta cuestionada por la jefa, al final de la guerra su número superó el centenar. Las improntas de las chicas Nightingale llegaron también a Estados Unidos, Canadá, Australia, Alemania, la India y asilos de lunáticos de todo el mundo, y las capitas fueron las prendas más copiadas por las posteriores asociaciones de enfermeras.

En otro artículo sobre la Cofia dice así:
Cofias. Ese artilugio que resulta simpático para quien no lo tiene que utilizar. Que en realidad no sirve para nada, pero que en determinadas esferas es exigido a sus empleadas para demostrar un extracto social alto. La cofia, artilugio hoy en día denostado y casi olvidado.

Sería interesante conocer un poco de su historia para poder comprender el motivo por el cual ha llegado a nuestros días algo que en la Edad Media era prenda lógica y de obligado uso en las mujeres independientemente al trabajo que desarrollaran.

Sobre su utilización en el medio sanitario hay varias versiones. Una de ellas es la estrecha relación que tiene la sanidad con las órdenes religiosas. Monjas y frailes fueron los primeros profesionales de la enfermería en la lejana Edad Media y en las primeras llevaban hábitos que cubrían desde la cabeza hasta los pies su cuerpo, dejando a la vista cara y manos. Las monjas hospitalarias pronto se vieron desbordadas de trabajo y acudieron a las seglares para ayudar en los múltiples trabajos que tanto entonces como ahora es preciso hacer en un hospital.

Naturalmente aquellas seglares no tenían ninguna relación religiosa. Es más, la mayoría incluso eran presas que cumplían sus penas en aquellos primitivos hospitales, y de alguna manera había que vestirlas teniendo en cuenta la moralidad exigida en la época y más en cuenta aún el serio trabajo a realizar, tan cerca de la gracia de Dios.

Suponemos que las monjas hospitalarias de la época no se habrán complicado mucho la vida para diseñar los “uniformes” de momento y lo más fácil para ellas y, además, garante de la moralidad evitando la coquetería femenina, era obligar a las seglares a cubrir sus cabezas con grandes tocas lacias, sin almidonar, después fueron almidonándose e incluso se fueron haciendo diversos diseños, siguiendo designios de la moda del momento, como pueden verse en diversos lienzos y grabados que han llegado hasta nuestros días gracias a famosos pintores.

Otra versión es la de que para distinguir a una “enfermera” de una “mujer de la vida” en sus rondas nocturnas camino de atender a algún enfermo en su domicilio, se ideo que las “enfermeras” llevaran una cofia almidonada en forma de cono, de color blanco y portaran siempre un farol con una llama encendida.
FOTO 005 Enfermeras, practicante y médico de La Cruz Roja principios de 1900

Otra versión más, la más generalizada, es la costumbre muy extendida en toda Centro Europa de cubrir la cabeza con peculiares diseños de tocas almidonadas y cofias de puntilla, ganchillo, etc. y diversas formas. Habitualmente se utilizaban para las faenas del hogar o del campo, guardando las más vistosas y perfectamente almidonadas para exhibir los domingos y festivos. Era una prenda tenida en más consideración en el norte y centro de Europa que en los países del sur, que siempre fue entendida como una prenda de trabajo y no como un tocado de adorno femenino.

En la Edad Media la mujer solía llevar grandes cabelleras y éstas dificultaban el trabajo, por lo que era imprescindible esta prenda y más aún si estamos hablando del trabajo en aquellos hospitales llenos de gente, humo de las linternas, parásitos, etc., y también como distintivo de quien está como trabajadora y quien no trabaja en el hospital.

Quizá ya desde aquellas lejanas épocas se trataba de dar, también, un sentido de distintivo característico de la profesión como “hospitalarias” no refiriéndose a las religiosas.

De todas las maneras en la Edad Media y posteriormente hasta casi principios del siglo XX, la cofia era una prenda que se utilizó con profusión en cualquier trabajo de los que se entendía como propios de la condición femenina: cocinera, doncella, “hospitalaria”, ama de leche, planchadora, institutriz, camarera, etc. Prueba del arraigo que ha tenido esta prenda es la diversidad de modelos que se exhiben en la región de Bretaña (Francia) hoy como prenda más del traje típico.

Poco a poco su uso se ha ido relegando al ámbito sanitario y es raro no asociar la palabra hospital a enfermera y ésta a delantal y cofia.
FOTO 006 Supervisora Mila Zapirain Gurrea, Dr. Fernando Pérez Iñigo, Itziar, Mila Arce Rodríguez y la secretaria Marimi Ocón Antero, en la Unidad Piloto de la Escuela de Enfermería 2º 2ª de la Residencia Sanitaria Nuestra Señora de Aranzazu 1975

En tiempo más modernos de los hasta ahora tratados, se ha cuidado mucho la presencia del personal de enfermería en casi todas las ocasiones sin considerar mucho lo cómodo o práctico del uniforme, pero siempre tratando de dar una imagen de pulcritud e incluso de superioridad. Uniformes complicados, como los que en los años 50 del pasado siglo utilizaban las enfermeras de la Cruz Roja Española (bata, delantal, manguitos y cofia fuertemente almidonados. Las mangas de la bata se medio desmontaban y se sujetaban con corchetes al hombro). En el Hospital General de Asturias (H.G.A.) hasta bien entrados los años 70 solían llevar el delantal almidonado al igual que los manguitos, cuellos, cinturón y cofias.

A comienzos de los años 80, tanto la Seguridad Social (INSALUD) como el Hospital General de Asturias coinciden en renovar el vestuario de su personal de enfermería y lo primero que hacen es hacer desaparecer como prenda inherente de la enfermera la cofia. Posteriormente la sanidad privada emprende la modernización de su vestuario y, salvo honrosas excepciones, no es fácil encontrar clínicas y consultorios privados en los que su personal femenino sea portador de cofia.

Quienes la han tenido que usar recordarán lo enojoso que era soportarla durante una dura jornada de trabajo, pero hoy le dedicarán una sonrisa cómplice como lo que es: un artículo antiguo, viejo, con poca o nula utilidad, transmisora de las más temidas infecciones nosocomiales, producto de infinidad de dolores de cabeza, enemiga de los caros servicios de peluquería y símbolo para distinguir quien es enfermera o auxiliar de clínica.

“Actualmente todo el personal sanitario viste el mismo uniforme, sin distinciones de ningún tipo o con distintivos casi invisibles o de diferentes colores que resultan desconocidos para quien no es personal sanitario”. Todo está muy bien socializado y aparentemente no existen distintivos jerárquicos, aunque el paciente nunca tiene muy claro quién le está atendiendo ni qué profesional le está practicando la técnica.
FOTO 007 Fotos de la colección de cofias de Ángel Martín Artime

Cofias de Enfermeras por Ángel Martín Artime
Mi gran amigo y compañero Ángel Martín Artime de Oviedo, al que me une la misma pasión por la Historia de la Enfermería, tiene una de las mejores colecciones de cofias que existen hoy en el mundo.

Ángel Martín Artime confiesa que lo suyo era estudiar enfermería, pero por cosas de la vida no pudo hacerlo en su momento. Más tarde ya no se animó a sacarse el título por mucho que le gustaran las materias a estudiar, así es que se quedó, siendo lo que él dice con humor, un ATS amateur.

Pero estamos seguros que no puede sentirse frustrado con una colección tan original como la que tiene, pues colecciona ¿quién puede dudarlo? material de enfermería. En realidad empezó con la colección de cofias de enfermera y, aunque luego fue ampliando el tema, hoy nos ocuparemos solamente de ellas.

Cuando le hemos preguntado cómo decidió hacer esta colección, Ángel nos ha explicado que todo empezó a finales de los años 70. Le llamó mucho la atención la uniformización en la vestimenta de las enfermeras y el control casi militar al que estaban sometidas. La Enfermera Jefe hacía unas inspecciones tan duras, para controlar la labor y hasta el aspecto de las enfermeras, que parecía una disciplina más propia de un ejército que de una institución sanitaria.

Una señora, que era familiar de Ángel, le habló del trabajo de las enfermeras que ella conocía bien y le contó anécdotas relacionadas con su mundo laboral, le enseñó el nombre de distintos objetos y sus utilidades y las normas de actuación que antaño se exigían a las enfermeras. Todo esto despertó aún más el interés de Ángel y decidió dedicarse a investigar sobre la Historia de la Enfermería y la Arqueología Industrial Sanitaria. Y entre otras cosas, se puso a estudiar el funcionamiento interno de los hospitales, especialmente los antiguos.

Un día su informadora le regaló una cofia muy bonita y almidonada y a partir de entonces esa pieza del uniforme de la enfermera fue su tema estrella. De hecho, a pesar del paso de los años, de las diferentes modas que se han seguido en la indumentaria femenina, de la diferencia de gustos y costumbres de unos países a otros y el hecho de que ya han caído en desuso, hay dos prendas que identifican siempre la iconografía de las enfermeras: las cofias y las capas que llevan sobre sus hombros.

No obstante, quizás esto ya se está perdiendo poco a poco porque, según ha observado Ángel, antes, cuando se quería copiar el traje de las enfermeras para vestir muñecas o hacer disfraces, las tres piezas distintivas eran el delantal, la cofia y la capa, pero ahora les cuelgan un fonendo del cuello y ya consideran que están representando a una enfermera.

Volviendo a la primera cofia que tuvo Ángel, nos explica que pertenecía a la Seguridad Social de finales de los años 70. Al cabo de unos meses consiguió la segunda cofia, que era de una auxiliar de clínica. Posteriormente tuvo otras también de la Seguridad Social, una de ellas de alumna y "picos de quirófano" y después consiguió una del Hospital General de Asturias, del que dice Ángel que nunca ha visto tanta variedad de uniformes como los que allí ha habido, pues ha llegado a contar seis uniformes distintos para casi el mismo trabajo, sin contar limpiadoras de zonas estériles, cocinas, etc.

Respecto a las cofias nos cuenta Ángel que la Seguridad Social siempre se ha decantado por modelos muy similares a nivel nacional y de muy simple manejo, pero las clínicas privadas y las antiguas instituciones sanitarias solían hacer llevar sobre sus cabezas a todas sus trabajadoras verdaderas esculturas de tela y almidón. Cada puesto de trabajo femenino tenía su correspondiente modelo de cofia totalmente distinta a la de otro puesto de trabajo, eran un indicativo del rango profesional.

Los orígenes de esta prenda son muy antiguos. Ángel nos ha explicado que en el año 580 el Obispo Masona fundó en Mérida (Badajoz) un xenodoquio, primer hospital español del que actualmente se tiene noticias. En él ya se encuentran datos y referencias de la labor de enfermería. En aquellos años las "enfermeras" que tenían que asistir a los enfermos de noche, debían desplazarse por las calles de la ciudad casi sin luz y con mucho peligro, así es que decidieron usar una cofia (así se llamaba entonces a los tocados femeninos) en forma de cono de color blanco y también llevaban una lámpara de aceite en la mano.
FOTO 008 Fotos de la colección de cofias de Ángel Martín Artime

De ahí que uno de los distintivos de las enfermeras sea la lamparilla de aceite o la vela en un portavelas. Esta referencia nos hace pensar en Florence Nightingale, precursora de la enfermería moderna, a la que se conocía como "Señora de la lámpara", precisamente porque se iluminaba con una de ellas mientras visitaba y cuidaba de los enfermos durante la noche.

Las cofias evocan, de forma simplificada, las tocas que llevaban algunas de las congregaciones religiosas, dedicadas durante siglos al cuidado de los enfermos. Por cierto, hay que señalar que hay muchos escritos dedicados a la labor de religiosos y religiosas en los hospitales de la Edad Media, junto con personal seglar.

Actualmente las cofias han desaparecido casi por completo y una de las causas de ello es a causa de las infecciones nosocomiales, es decir, las infecciones oportunistas que "viajan" en prendas que no se limpian a diario, como es el caso de las cofias. Las capas también han caído en desuso, pues antes se utilizaban mucho cuando las enfermeras tenían el turno de noche, ya que se las ponían para no pasar frío, ya que eran de fieltro y abrigaban bastante, pero ahora, afortunadamente, ya hay calefacción en todos los hospitales.

La colección la guarda en su casa, en una habitación que usa de despacho. Allí, dentro de un gran armario empotrado puede disponer de casi todo el material. Otros objetos más grandes los tiene expuestos como decoración o bien los utiliza para sus trabajos.

Ángel colecciona todo lo relacionado con la enfermería, por lo que dispone desde fotografías antiguas a insignias de hospitales, Cruz Roja o Escuelas de A.T.S., material médico y quirúrgico, bibliografía tanto académica como de asuntos que hace 50 años eran de interés, ropas de quirófano, uniformes, en fin, todo lo relacionado con el tema.

Una colección interesante, bonita, original...
FOTO 009 Fotos de la colección de cofias de Ángel Martín Artime. Hospital General de Asturias. Uniformes utilizados desde 1961 hasta 1980

Las fotos que componen la foto número 009 son del HOSPITAL GENERAL DE ASTURIAS, en estas fotos, además de las cofias se ven dos uniformes de dicho Hospital utilizados desde 1961 hasta 1980, en la que aparece con un gotero correspondía a enfermera Supervisora de un Servicio (por ejemplo Urgencias, Consultas Externas, etc.) y la otra a una Supervisora de planta, eran distintos por completo, hasta en el tono de la bata y TODOS los componentes blancos estaban MUY almidonados.

En caso de que dispongáis de fotografías de cofias de cualquier parte del mundo, os podéis poner en contacto con el autor de la colección Ángel Martín, que estará encantado de recibir nuevas fotos o cofias en tela o plástico de todos los compañeros y compañeras que le puedan ayudar en aumentar su colección. Su correo electrónico es: escultas@hotmail.com

AGRADECIMIENTOS
Ángel Martín Artime
escultas@hotmail.com
http://procoleccionismo.blogspot.com/2010/01/cofias-de-enfermera.html
Diario Vasco de San Sebastián
Raúl Expósito González
Fototeca Kutxa de San Sebastián
Mila Zapiraín Gurrea
Mila Arce Rodríguez
Marimi Ocón Antero
Fernando Pérez Iñigo

Juan Ignacio Valle Racero

Koldo Santisteban Cimarro
Fotografias Archivo personal de Manuel Solórzano Sánchez

AUTORES
Jesús Rubio Pilarte
Enfermero y sociólogo. Profesor de la E. U. de Enfermería de Donostia. EHU/UPV
Miembro no numerario de La RSBAP
jrubiop20@enfermundi.com

Raúl Expósito González
Enfermero. Servicio de Anestesia y Reanimación. Hospital “Santa Bárbara” de Puertollano. Ciudad Real. Experto en Ministrantes y Sangradores
raexgon@hotmail.com

Manuel Solórzano Sánchez
Enfermero Servicio de Oftalmología
Hospital Donostia de San Sebastián. Osakidetza /SVS
Vocal del País Vasco de la SEEOF. Insignia de Oro de la SEEOF
Miembro de Eusko Ikaskuntza
Miembro de la Sociedad Vasca de Cuidados Paliativos
Miembro Comité de Redacción de la Revista Ética de los Cuidados
M. Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro no numerario de La RSBAP
masolorzano@telefonica.net