sábado, 8 de noviembre de 2014

ESCUELA DE AYUDANTES TÉCNICOS SANITARIOS HOSPITAL PROVINCIAL DE GUIPÚZCOA



1976 - 1980

34 años de la desaparecida Escuela de A. T. S. del Hospital Provincial de Guipúzcoa

De esta Escuela de Ayudantes Técnicos Sanitarios del Hospital Provincial de Guipúzcoa, salieron dos promociones de 30 alumnos cada una, en total 60 enfermeros/as, que hoy trabajan en los hospitales y clínicas, sobre todo del País Vasco y algunos en los diferentes centros sanitarios del Estado.

FOTO 1 Hospital Provincial 1960

Orígenes
Orden de 10 de Diciembre de 1976 por la que se autoriza el funcionamiento provisional de la Escuela Ayudantes Técnicos Sanitarios femeninos en el Hospital Provincial de Guipúzcoa (1).

Ilustrísimo Señor: El Presidente de la excelentísima Diputación Provincial de Guipúzcoa solicita de este Departamento, al amparo del artículo 2º del decreto de 4 de Diciembre de 1953 (BOE del 20), la creación de una Escuela Ayudantes Técnicos Sanitarios femeninos en el Hospital Provincial de Guipúzcoa, aportando para ello los documentos previstos en los números 26 y siguientes de la Orden ministerial de 4 de agosto de 1953, y teniendo en cuenta las circunstancias especiales que concurren en el caso,

Este Ministerio ha resuelto:
1º.- Autorizar el funcionamiento provisional de la Escuela Ayudantes Técnicos Sanitarios femeninos en el Hospital Provincial de Guipúzcoa, que quedará adscrita a la Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid.
2º.- Esta autorización queda condicionada a la ulterior resolución que recaiga en el expediente de reconocimiento de dicha Escuela, una vez ultimados los trámites preceptivos.
Lo digo a V.I. para su conocimiento y efectos. Dios guarde a V.I.
Madrid, 10 de Diciembre de 1976.
P.D., el Subsecretario Sebastián martín-Retortillo Baquer.
Ilustrísimo Señor Director general de Universidades (1).

Escuela de Ayudantes Técnicos Sanitarios de Guipúzcoa. Orden por la que se autoriza el funcionamiento provisional de la Escuela Ayudantes Técnicos Sanitarios femeninos en el Hospital Provincial de Guipúzcoa (2).

FOTO 2 BOE. Orden de 10 de diciembre de 1976

Por Real Decreto 2541/1977, de 23 de Septiembre, se modificaron los Distritos de las Universidades de Valladolid y Bilbao, extendiendo éste a las provincias de Vizcaya, Álava y Guipúzcoa (3). Por Orden Ministerial de 6 de Octubre de 1977. Se procedió a la incorporación a la Universidad de Bilbao de los Centros Universitarios de dichas provincias que dependían de la Universidad de Valladolid (4).

Orden de 6 de Julio de 1978 (21426) por la que las Escuelas de A.T.S. del “Hospital Civil Santiago Apóstol”, de Vitoria, y del “Hospital Provincial de Guipúzcoa”, en San Sebastián, pasan a depender de la Facultad de Medicina de la Universidad de Bilbao (4).

Y como quiera que las Escuelas de Ayudantes Técnicos Sanitarios del “Hospital Santiago Apóstol” de Vitoria y del “Hospital Provincial de Guipúzcoa” de San Sebastián, fueron adscritas en las respectivas órdenes ministeriales de creación, a la Facultad de Medicina de Valladolid, por estar enclavadas en localidades pertenecientes a dicho Distrito universitario, parece oportuno en virtud de la modificación de Distritos Universitarios llevada a cabo por el Real Decreto citado, el cambio de adscripción de dichas Escuelas para que pasen a depender de la Facultad de Medicina de la Universidad de Bilbao, en su virtud, y en base a la autorización contenida en el artículo 5 del Real Decreto 2541/1977, de 23 de Septiembre, este Ministerio ha dispuesto:
Primero: Las Escuelas de Ayudantes Técnicos Sanitarios del “Hospital Civil Santiago Apóstol” de Vitoria, con las Especialidades de psiquiatría, Análisis Clínicos, Urología y Nefrología, y del “Hospital Provincial de Guipúzcoa” de San Sebastián, pasan a depender de la Facultad de Medicina de la Universidad de Bilbao.
Segundo: Se autoriza a la Dirección General de Universidades para dictar las Disposiciones que sean precisas para el cumplimiento de la presente Orden.
Madrid, 6 de Julio de 1978. P. D., El Subsecretario, Antonio Fernández-Galiano Fernández (5).

FOTO 3 Habitación de 3 camas del Hospital Provincial 1970

EDIFICIO Hospital Provincial de Guipúzcoa
En 1957 se acordó utilizar como Hospital Provincial el pabellón que inicialmente estaba prevista para la Escuela de Enfermeras. Este Sanatorio – Hospital empezó a funcionar con 165 camas, el 19 de marzo de 1960, inaugurándose el mismo día que la Residencia Sanitaria Nuestra Señora de Aránzazu el 15 de agosto de 1960, junto al centro psiquiátrico construido unos años antes. La dirección del centro correspondía administrativamente al psiquiatra Luis Martín-Santos, director del sanatorio psiquiátrico, pero se optó por otro profesional, internista de gran prestigio y con capacidad de gestión: el doctor Carlos Elósegui, aunque se mantuvieron las jefaturas de servicio provenientes del Hospital San Antonio Abad o de Manteo. El sanatorio Psiquiátrico y el nuevo edificio, dependientes ambos de la Diputación Foral, constituyeron el Hospital Provincial de Guipúzcoa (7).

Fue un edificio moderno para su época, obra del arquitecto Muñoz Baroja y bien dotado con cuatro plantas y habitaciones de no más de cuatro camas cada una. Tenía también habitaciones para médicos internos, Escuela de Enfermería y comunidad de religiosas de la congregación de las Hermanas de la Caridad, que cuidaban a los enfermos (7).

Les dieron clase entre otros, el Dr. Goyo Urdapilleta Zugasti (Anatomía); Dr. Antonio Gastaminza Ibarburu (Microbiología) y Álvaro Aguirre (Farmacología).

1ª Promoción 1976 – 1979 (Primera)
2ª Promoción 1977 – 1980 (Segunda y última)

1955 CREACIÓN DEL PLAN DE ESTUDIOS
La creación del plan de Estudios para las nuevas enseñanzas de Ayudantes Técnicos Sanitarios, normas para la nueva organización, por la Orden de 4 de julio de 1955. BOE 2 de agosto de 1955 (6) (Anexo I)

MINISTERIO DE EDUCACIÓN NACIONAL
Orden 4 julio 1955 (BOE. de 2 de agosto de 1955)
AYUDANTES TÉCNICOS SANITARIOS
Normas para la nueva organización de sus estudios.

El Plan de Estudios para las enseñanzas de Ayudantes Técnicos Sanitarios, tanto masculinos como femeninos, y la extensión, intensidad y ritmo de las enseñanzas serán los siguientes(6) (Anexo I)

PLAN DE ESTUDIOS DE LA ESCUELA DE AYUDANTES TÉCNICOS SANITARIOS (A. T. S.) DEL HOSPITAL PROVINCIAL DE GUIPÚZCOA EN SAN SEBASTIÁN

PRIMER CURSO ASIGNATURAS
Religión
Moral Profesional
Anatomía funcional
Prácticas de la asistencia a enfermos
Biología e Histología
Microbiología y Parasitología
Higiene
Patología General

SEGUNDO CURSO ASIGNATURAS
Religión
Moral Profesional
Patologia Médica
Patología Quirúrgica
Prácticas Enfermería
Terapéutica y Dietética
Psicología
Historia de la profesión

TERCER CURSO ASIGNATURAS
Religión
Moral Profesional
Lecciones teórico-prácticas de especialidades quirúrgicas
Medicina y Cirugía de urgencia
Higiene y profilaxis de enfermedades transmisibles
Obstetricia y Ginecología
Puericultura e higiene de la infancia
Medicina social
Psicología diferencial aplicada
Prácticas Enfermería

FOTO 4 Nido del Hospital Provincial 1970

Los contenidos de los programas de las diversas asignaturas estaban influenciados también por la tendencia biomédica. De hecho, en nuestro país, los contenidos formativos de Enfermería, hasta el comienzo de la década de los ochenta, han estado encuadrados dentro de los que podríamos denominar Patología General y Patología Quirúrgica conforme el modelo biomédico asentado sobre los conceptos de síntoma, diagnóstico y tratamiento (8).

En esta etapa, lo que se aprendía por parte del alumno estaba al servicio de una práctica dependiente y dominada por las tareas en el cual el servicio de enfermería estaba sujeto estructuralmente a las órdenes médicas, las normas del hospital y los procedimientos de actuación profesional.

Según este modelo de enseñanza y práctica profesional, la actuación de enfermería ha de realizarse conforme a un patrón de intervención que tiene al médico como ordenante, la enfermera como cumplimentadora de órdenes y al paciente como receptor último del acto médico, bien directamente o por intermediación de la actividad enfermera (8).

En esta Escuela no estuvieron nunca las alumnas internas, todas fueron externas y la segunda promoción mixta.

El profesorado de las clases teóricas continuó siendo personal médico “preferentemente del propio hospital”. Para las demostraciones prácticas se contaba con “monitoras enfermeras”. Estas últimas también debían pertenecer a la plantilla del Hospital.

Por último, había un asesor religioso – “a propuesta de la autoridad eclesiástica competente” – para impartir la asignatura de Religión y ocuparse de la dirección espiritual y moral de las alumnas.

Directora:
Elena Gamborena Mekolalde

Monitoras:
Lidia Antón Martínez
Marivi Pagola
Mª Jesús Barandiaran Múgica

Secretaria:
Kati Lizarbe Parandiet (Caridad)

ALUMNOS PRIMERA PROMOCIÓN 1976 (77)- 1979
Mª Paz Abadías Calvo, Asunción Alcelay Echezarreta, Mercedes Apalategui Iglesias, Aranzazu Aranzábal Conde, Isabel Ayestarán Machindorena, Koro Esnaola Galdos, Mª José Estanga Jaimerena, Isabel Fariñas Gordoa, Mª Jesús Garrido Rivero, Mercedes García Gómez, Margarita García de Galdeano Gurucharri, Rosa Mª Hernández Mendez, Rosangeles Irazabal Meaurio, Amada Inchauspe Lopetegui, Amelia Iturriaga Sorarrain, Ione Labaka Arteaga, Rosario Lasaga Belategui, Juncal Lecertua Arrieta, Mª Carmen López Benito, Mª Carmen Lorenzo Anza, Mª Carmen Maiztegui Muñiz, Pilar Matías González, Lourdes Merino Cadenas, Miguel Muñoz Díaz, Mª José Palenzuela Miqueo, Mª Josefa Peña Ferreira, Lourdes Rementería Charola, Isabel Beatriz Sarasqueta Ibañez, Iciar Sáez Ciaran y Amaia Urizar Arregui. En total 30 alumnos (9).

Se creó la Escuela por Ángel Olaso, siendo director Agustín Ansa. Se le llamó a Elena Gamborena para que organizase y fuese la directora, hasta que llegó Baltasar Marín aduciendo que con la Escuela se perdía dinero y la clausuró, estando él de gerente.

Como era el último año que se podía hacer la carrera de enfermera con el 4º de Bachiller, hubo una gran avalancha de gente en todas las Escuelas. Era la segunda promoción. Se realizaba la entrada por examen, y se escogían las que tuviesen las mejores notas, ante notas iguales se miraba si eran hijas de viudas o no, y las primeras tenían preferencia.

FOTO 5 Uniforme 1ª Promoción. Modelo Claudia Bermejo Mangas

Al no poder entrar todas (el número era de 30) las que no entraron se encerraron en la Biblioteca, pasando los días, la gente se fue cansando y quedaron veinte descolgadas, por lo que se comprometió a darles clases y examinarlas con la venia de la facultad de Medicina de Valladolid el Dr. Alfonso Oliver Lechuga en la Clínica Martín Santos, hoy en día Quirón (10).

La 1ª Promoción 1976 – 1979
Empezó el curso el día 24 de enero de 1977, a marchas forzadas, había que recuperar el primer trimestre; en el mes de diciembre de 1976, Elena Gamborena organizó, las prácticas, enseñanzas, etc. Para poder empezar el curso (10). Se detalla posteriormente en recuerdos…

El Uniforme de la Primera Promoción
La primera promoción llevaba una bata color café con leche, con cuello blanco; el delantal de color blanco con cinturón blanco, era una copia muy parecida, del uniforme que utilizaban en el Hospital de Basurto, donde se había formado la directora. Se acompañaba de la cofia y de las medias blancas. El primer año llevaban el nombre bordado en el delantal, en la parte izquierda superior. En segundo curso se bordaba una barra debajo del nombre, y en tercero dos barras bordadas (11).

FOTO 6 Uniforme 1ª Promoción. Modelo Claudia Bermejo Mangas

Como se pertenecía a la Universidad de Valladolid, vinieron a finales de curso, Decanos y catedráticos de la Facultad de Medicina de Valladolid para el examen final. Había que asistir al examen final de primer curso vestidas con el traje de alumna de enfermera, con cofia y medias blancas, o sea el uniforme completo. También, Lourdes Merino se acordaba del Dr. Ricardo Landinez, que les examinó de microbiología, si no aprobaban esta asignatura, pero las demás calificaciones eran buenas, les hacía la repesca de modo oral. Yo salí nos cuenta Lourdes, encantada con el examen, y cuando llamaron para la repesca, a la primera que llamaron fue a mí. Me llevé tal susto, que al principio no quería entrar, pero entre el Dr. Antonio Gastaminza y las monitoras me convencieron de que entrase. Al entrar estaba él sentado en una silla y con las piernas encima de la mesa, con gafas de sol y bebiendo una cerveza. Todo esto él en el estrado, con lo cual yo desde abajo me sentí como una hormiguita. Me dijo que dibujara un virus a lo cual yo hice una especie de tirabuzón. Me dijo con estas palabras “¡¡eso no es un virus, eso es un tirabuzón de una Maite de San Sebastián!!" y la historia sigue, … pero al final la cosa es que no era repesca, sino que era porque tenía un sobresaliente y quería ponerme matrícula de honor (11).

ALUMNOS SEGUNDA PROMOCIÓN 1977 – 1980
Maite Romero, Lourdes Bergera, Mª José Korta, Paz Balerdi, Ane Olaizola, Inés Anton, Arantxa Cipitria, Miren Arejolaleiba, Ana Martínez, Gema Alononso, Fernando Caballero, Mª Jesús Ansa, Belén Ferreras, Pilar Novoa, Juan Iñiguez, Ana Mª Asin, Elena Legorburu, Edurne Olaizola, Josetxo Barandiaran, Mª Carmen Peña, Mª Asunción Rodríguez, Lourdes Echarri, Begoña Goikoetxea, Fernando Aramburu, Elena Garmendia, Elena Oronoz, Arrate Galo, Elena Azurmendi, Cristina Zubeldia y Mª Luz Izeta (relacción (12).

FOTO 7 Uniforme 2ª Promoción. Edurne Olaizola Iturrieta

2ª Promoción y última 1977 – 1980
La Escuela dependía de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid. Se encontraba ubicada enfrente del hoy edificio llamado Osatek, en el Edificio del Psiquiátrico. Tenía un aula para las clases y otra aula para las prácticas, donde estaban los muñecos de goma para aprender con ellos. El segundo año pasó a depender de la Facultad de Bilbao.

FOTO 8 Uniforme 2ª Promoción. Carmen Peña y Elena Legorburu

Para satisfacer los derechos de matrícula y Seguro escolar en la Facultad de Medicina de la Universidad de Bilbao, tenían que pagar 500 pesetas para el primer curso y 600 pesetas para el segundo. En el primer curso tenían que pagar en todas las mensualidades 1.500 pesetas y a partir de 1979 se duplicó la cantidad mensual a 3.000 pesetas. En el último curso, en tercero la matrícula subió a 900 pesetas, manteniéndose la mensualidad en 3.000 pesetas.

El Uniforme de la Segunda Promoción
La segunda promoción estrenó traje, un traje innovador y diferente de los que estábamos habituados a ver en los hospitales vascos. La Directora contacto con su homóloga de la Escuela de Valdecilla que ya lo portaban y fue parecido a aquel traje de ascendencia inglesa, recordaba que era una copia del de las enfermeras de Florence Nightingale de la Escuela que abrió ella en el Londres victoriano. A su vez con diferencias era una copia del uniforme de la Escuela de Valdecilla.

Consistía en una bata blanca de manga corta, sin delantal que se abría por delante y se cerraba con velcro, con cuello mao y en el cuello, mangas y bolsillos llevaban un bies azul marino (trozo de tela cortado en sesgo respecto al hilo que se aplica a los bordes de las prendas de vestir). Se acompañaba con un cinturón azul marino y en el cierre y en la hebilla estaba grabado en letras grandes “E H G” Escuela Hospital Guipúzcoa. Se acompañaba de medias blancas y zuecos del mismo color. Podían llevar si tenían frío una chaqueta de punto de color azul marino. El primer año llevaban el nombre bordado en el delantal, en la parte izquierda superior. En segundo curso se bordaba una barra debajo del nombre, y en tercero dos barras bordadas. El coste del curso al mes, era de 3.000 pesetas (12, 13).

Los libros
Entre apuntes y libros, quiero destacar uno de los más importantes para su consulta y estudio, que utilizaron las dos promociones y muchas Escuelas de Ayudantes Técnicos Sanitarios, por no decir todas, en aquella época.

“Tratado del Ayudante en Medicina y Cirugía”. Constaba de tres volúmenes, el primero de 899 páginas, el segundo volumen 967 páginas y el tercero de 869 páginas; uno tomo por cada curso. Hay que destacar que en los tres volúmenes el primer capítulo era de Formación Religiosa y Moral Profesional que ocupaba 93 páginas en el primer curso, 113 páginas en el segundo curso y 119 en el tercer curso. En cambio la Historia de la profesión enfermera con 20 páginas era suficiente en segundo curso. Y en la asignatura de higiene con 116 eran suficientes en el primer curso.

Muchos de los que habían realizado tan grande obra eran profesores y catedráticos de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, y era el libro oficial de texto de las Escuelas de Ayudantes Técnicos Sanitarios. Y la Formación religiosa y Moral profesional la realizaron los doctores P. Castañeda Delgado, Profesor de Historia de las Instituciones Canónicas Indianas de la Universidad de Sevilla y A. Pérez Delgado, Profesor de la Escuela de Ayudantes Técnicos Sanitarios Femeninos “Hijas de la Caridad”. Hospital Central del Ministerio del Aire.

Recuerdos de Lourdes
En primero y en segundo las prácticas se realizaban en las plantas del propio hospital de ocho de la mañana a doce del mediodía, dando paso luego a las clases teóricas hasta las tres de la tarde. Normalmente no se hacían prácticas a la tarde. En tercer curso se hicieron prácticas a la noche de diez a ocho de la mañana (12).

La gimnasia se hacía con la misma profesora que las alumnas de la Escuela de Ayudantes Técnicos Sanitarios femeninos de Nuestra Señora de Aránzazu con María Dolores (Lollo) Bräuer Gil, se realizaban en el antiguo Estadio de Anoeta a partir de las tres y media de la tarde y con una duración de una hora (12).

FOTO 9 Alumnos/as de la 2ª Promoción (mixta)

Había dos asignaturas a las que acudíamos poquísimas alumnas; una era la asignatura de Anatomía Patológica, impartida por el Dr. Antonio Gastaminza, que como persona y médico era majísima y como docente era infumable; y la otra asignatura era de oftalmología impartida por el Dr. Azcoaga.

Recuerdo a la Dra. Esther Uriarte, como profesora y docente especialmente muy buena en todo lo que nos enseñaba, nos daba la asignatura de microbiología (Lourdes Etxarri).

En general no puedo precisar en cual de los tres cursos que nos impartieron las clases teóricas estaban los siguientes médicos, pero creo que me aproximo mucho, aunque no lo podría asegurar a ciencia cierta.

En la clase de Anatomía, Roberto Goikoetxea, en Patología médica de primero y enfermedades infecciosas José Luis Barrio. Patología Médica de segundo curso José Manuel Merino, Maite Abellán y Gabriel Zubillaga (alguna clase). Patología Quirúrgica Santi Larburu, Luis Albaina, Goyo Urdapilleta y Goiko.

En Ginecología el impostor que llegó a ser Jefe de Servicio sin ser médico, ni especialista ni nada, José Luis Fernández Rivas.

Pediatría Garbiñe Anza, Mintegui y Paul Zubillaga (alguna clase). Quemados Carmen Azaldegui.

Las prácticas nos las impartían, las monitoras enfermeras: Marivi Pagola, Lidia Antón, Mariaje Barandiarán y en algunas ocasiones la propia directora Elena Gamborena.

En la sala de prácticas se encontraban los muñecos de goma que estaban acostados y metidos dentro de la cama, se utilizaban para aprender hacer las camas perfectamente, había que hacerlas muy bien, sin arrugas y con las esquinas marcadas y hacia dentro para que las sábanas no se movieran. Nos hacían examen con nota y entraban dentro de las prácticas de enfermería (12).

FOTO 10 Tratado del Ayudante en Medicina y Cirugía. 1º, 2º y 3º tomo

Yo creo que el uniforme de la segunda promoción estaba muy inspirado en el uniforme de la Escuela de Ayudantes Técnicos Sanitarios de Valdecilla de Santander, sobre todo porque ellas llevaban una placa muy significativa de esa Escuela tan prestigiosa, y nosotras la llevamos en nuestro cinturón. Lo que cuento son apreciaciones mías y pueden creer que es todo cierto al 100 %, a mí me parecieron que fueron así y por eso lo cuento, podría ser que alguna otra alumna me cuestionara lo que escribo y me lo podría rebatir, ya que sólo son mis recuerdos y los recuerdos son los que cada uno vive (12).

Lo que si pensábamos en general y nos tenía un poco mosqueados era la sensación que teníamos que simplemente éramos mano de obra barata para hacer lo que menos les gustaba al personal que en el hospital trabajaba. Por ejemplo en la cuarta planta, Medicina de hombres e Infecciosos, durante la semana, que estábamos los alumnos, era imprescindible la toma de constantes a primera hora de la mañana, los fines de semana sólo se les tomaba las constantes a los más graves. Nosotras llegamos a protestar argumentando que íbamos a aprender, y además pagábamos por ello y que ya lo sabíamos de sobra el tomar las constantes entre ellas la Tensión Arterial; no servía de nada. También ocurría los mismo con la medición de la diuresis y el vaciamiento y la limpieza de las botellas de orina, cuñas y escupideras (para las flemas).

No así, que cada vez que había un sondaje o cualquier técnica invasiva, teníamos que ir detrás de la “enfermera profesional titulada” para poder percatarnos de lo que hacían, ya que aunque había muchas enfermeras majísimas en las plantas que nos enseñaban mucho y con gran dedicación, la mayoría evitaba llamarnos para que viéramos el procedimiento y poder aprender una nueva técnica (supongo que hoy lo podría entender mejor, de lo que en su día lo pude comprender).

En general con las alumnas de la clase nos llevábamos bien y cada vez que teníamos un examen y mientras esperábamos al inicio, solíamos cantar, cantábamos y estos cánticos crispaban los nervios a un par de compañeras, pero el resto nos desgañitábamos; sobre todo para soltar adrenalina y liberar tensiones. La canción estrella era el “Aleluyaaaaa…” el tono te lo puedo dar en directo, por si os interesa; porque aunque sé seguro que todo el mundo sabrá leer el pentagrama, yo no sé escribirlo.

En algunas clases se nos incorporaba una paciente que estaba casi siempre, ingresada en el Hospital Psiquiátrico donde teníamos la sala de las clases teóricas y la sala de prácticas; se ponía de pie detrás de la última fila y allí permanecía hasta la finalización de las clases. Creo que el motivo principal era, que uno de los alumnos masculinos, le gustaba bastante, y con razón, porque, además de guapo era y sigue siendo un sol.

Lo que si es seguro y lo puedo afirmar, es que fuimos una promoción que nos quisimos mucho, muchísimo; y pasados todos estos años seguimos teniéndonos un afecto muy especial, que también compartimos con algunas de las alumnas de la 1ª Promoción.

Dentro de la 2ª Promoción estuvo cursando hasta segundo curso Sabino Goñi, excelente estudiante que al finalizar segundo curso lo dejó para realizar la carrera de Medicina, carrera que finalizó y desgraciadamente cuando se encontraba realizando una sustitución, sufrió un accidente de moto que acabó con su vida. Le lloramos con muchísima pena, porque seguía siendo uno más de los nuestros, a pesar de haber dejado en segundo curso la carrera de A.T.S. (12).

ENTREVISTA A LA DIRECTORA DE LA ESCUELA DE A. T. S. DEL HOSPITAL PROVINCIAL DE GIPÚZCOA

ELENA GAMBORENA (14)
En noviembre de 1976, estando de excedencia por un año de su trabajo, le llamó Maite Elorza que era la secretaria de Ángel Olaso, director de la futura Escuela de Ayudantes Técnicos Sanitarios del Hospital Provincial de Guipúzcoa, para comunicarle que quería que se encargase de la dirección. Ella había estado trabajando a sus 26 años de supervisora en la segunda planta del hospital que estaba dividida en dos secciones la de Ginecología que la llevaban los doctores Asuero y Goñi y la de Corazón y Pulmón que la llevaban los doctores Suquía y Germán (este último era cardiólogo).

Elena Gamborena había estudiado en la Escuela de Ayudantes Técnicos Sanitarios del Hospital de Basurto, que era un internado muy bueno, duro y severo.

En muy poco tiempo (lo que quedaba del mes y diciembre), tenía que tener a punto la nueva Escuela de A. T. S. para empezar el curso. Ella por su experiencia en la Escuela donde estudió, quería potenciar lo que creía importante y desterrar lo que no le había gustado de su formación (14).

FOTO 11 Alumnos/as de la 2ª Promoción (mixta)

Se tuvo que poner las pilas y se fue a la Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid con el Director del Hospital Agustín Ansa y con el Diputado de Cultura José Mari Azurza. Había que hacer las matrículas de las alumnas, tenía que pensar como se podía mejorar la formación de la nueva promoción, no quería que fuese tan rigurosa y severa como había sido la suya. El Dr. Ansa le dio manga ancha y puso en su mano cualquier cosa que necesitase para la Escuela.

El hospital había comenzado con 165 camas en 1960, llegando a contar en esta época con 290. No dio tiempo para que esta promoción fuese mixta, pero si lo fue la segunda. Hubo que poner un “numerus clausus” (número limitado) de alumnas, por lo que hubo que limitar el número a 30 plazas. Se presentaron más de 300 solicitudes.

Como no había tiempo, el uniforme de la primera promoción fue una copia del uniforme que portaban las alumnas de la Escuela de Ayudantes Técnicos Sanitarios del Hospital de Basurto.

Para el uniforme de la segunda promoción, quería que fuese diferente y se trasladó a Santander con la Directora de Enfermería del Hospital Provincial, Miren Salaverría, para hablar con la Directora de la Escuela de Valdecilla, y se trajo el modelo. Para la segunda promoción también había 30 plazas, pero como era el último año que se podía entrar en la Escuela con 4º de Bachiller; en esta ocasión hubo cerca de 400 solicitudes y hubo que descartarlos por examen como en la primera promoción. Los que no entraron se encerraron en la Biblioteca del Hospital y luego se encadenaron a la verja, encerrándose posteriormente en los salones de la Iglesia del Sagrado Corazón en el barrio de Gros. Tuvo gran repercusión en la prensa donostiarra (14).

Al finalizar el curso, el examen final se hacía en la Escuela del Hospital con un tribunal que venía de la Facultad de Medicina de la Universidad de Bilbao. La Escuela Mixta que se creó con los veinte alumnos que no pudieron entrar, también dependía dicha Escuela de la Escuela de Ayudantes Técnicos Sanitarios del Hospital Provincial de Guipúzcoa. Dependían para todo de ésta y le nombraron a Elena Gamborena Coordinadora de la Escuela creada.

En aquella época fueron unos años muy convulsos y muy politizados, viviendo una transición muy compleja.

Contaban para las prácticas con una monitora por planta (había tres plantas en el Hospital), siempre las monitoras en contacto con las supervisoras de cada planta y entre ellas estaban todas muy unidas. Se reunían todas para modificar y mejorar el funcionamiento de las prácticas de las alumnas, su educación y su formación. Las alumnas tenían que fichar a las ocho de la mañana, tenían que ser puntuales ya que a ellas les tocaba repartir la medicación de las ocho de la mañana a los enfermos hospitalizados. Se les impartía la formación y la responsabilidad de la puntualidad. Si alguna llegaba tarde, se dialogaba con ella explicándole la importancia de ser puntual para realizar las prácticas. A las alumnas se les ofreció también realizar las prácticas alguna noche para que viesen en que consistía el trabajo nocturno (14).

Era una época, que se protestaba por todo, había mucha rebeldía y siempre alguien intentaba crear algún que otro follón, pero con diálogo y conversando las cosas, se solucionaban.

Elena, estos años de Directora los recuerda con mucho cariño y a ella también le recuerdan con cariño las alumnas que hoy en día son profesionales de la Enfermería. A pesar de todos los problemas que tuvo que solucionar debido a su cargo, y de las tensiones del entorno en el que se vivía, lo recuerda con alegría y con mucho cariño.

Para ella fue un gran “Enriquecimiento personal”.

En aquel principio enloquecedor de la preparación de la Primera Promoción, para estar al día y modernizar la Escuela de A. T. S. se fue a Barcelona a aprender de la Directora de Enfermería del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau. Era la Escuela más moderna que existía y además era mixta. Allí se hizo con las referencias de los mejores libros para la formación y el estudio de los nuevos profesionales de A. T. S. además estaban muy avanzados en las nuevas ideas de cómo debía ser la Enfermería (14).

También tuvo contacto con la Directora de la Escuela de A. T. S. de Vitoria y con las Jefas de Enfermería y de la Escuela de A. T. S. de Txagorritxu. Con Silvia Fernández, Directora de la Escuela de Ayudantes Técnicos Sanitarios Femeninos de Nuestra Señora de Aránzazu, tuvo muy poco contacto, sobre todo por la diferencia de edad y la forma de ver la Enfermería. Por ejemplo intentó humanizar y poner al día, la asignatura Fundamentos de Enfermería, ya que creía que estaba muy anticuada y había que estar con el enfermo. No por o para, sino con él: “Estar con el paciente”.

FOTO 12 Laboratorio del Hospital Provincial 1970

Para terminar quiere recordar con mucho cariño a Agustín Ansa que fue un magnífico director, que le dejó hacer todo lo necesario para sacar adelante a estas dos promociones de alumnas. También dar gracias a la Diputación Provincial porque siempre tuvo su apoyo. Además tuvo todo el apoyo de las monitoras de la Escuela, quienes tenían una gran complicidad entre ellas, preparaban todo conjuntamente y estaban totalmente involucradas.

También tuvo todo el apoyo de dos ex Presidentas del Colegio Profesional de Enfermería, primero Lourdes Altuna y luego con María Jesús Zapiraín Mancisidor.

Cuando llegó el gerente Baltasar Marín, cerró la Escuela de Ayudantes Técnicos Sanitarios, porque sólo daba gastos al Hospital.

Estas nuevas Escuelas de Ayudantes Técnicos Sanitarios y sus directoras fueron las que modernizaron la enseñanza para las nuevas promociones de enfermeras, poniendo a la Enfermería al nivel que hoy se encuentran. Se pasó del mando riguroso de las monjas y religiosas con normas muy severas a una nueva y diferente estructura de los nuevos estudios de Diplomados y posteriormente Grados en Enfermería. Se pasó de ser unos simples ayudantes de los médicos a una Enfermería Universitaria (14).

MEMORIA DEL CURSO 1977 (25 DE ENERO – 23 JUNIO)
Escuela de A. T. S. Hospital Provincial de Guipúzcoa, adscrita a la Facultad de Medicina de Valladolid (15).

Al redactar esta primera Memoria Anual de la Escuela, permítaseme iniciarla con una breve exposición de los antecedentes de su creación, que expresan el desarrollo, desfasado con el habitual calendario escolar, de nuestros comienzos.

La Excelentísima Diputación de Guipúzcoa en sesión ordinaria del 26 de marzo de 1975, acordó la instalación de una Escuela de A. T. S. en el Hospital Provincial de Guipúzcoa.

Realizadas las oportunas obras, quedó establecida en los sótanos del Sanatorio Psiquiátrico; consta de dos Aulas para las clases teóricas, un Laboratorio y Cocina Dietética, una Sala Biblioteca, Oficina de Secretaría y de Dirección. Servicios de aseo y vestuario con capacidad para treinta alumnas.

La dotación mobiliaria, de material docente y de biblioteca, fue aportada el año 1976.

En el Pleno de la Diputación del 30 de Agosto de 1976, se aprobó el texto del Reglamento de la Escuela, el nombramiento del personal y la puesta en marcha de la Escuela.

El 27 de octubre de 1976, el Presidente de la Diputación, cursaba instancia al Ilustrísimo Señor Director General de Universidades, solicitando el reconocimiento y autorización del funcionamiento de nuestra Escuela.

El 10 de diciembre de 1976 el Ministerio de Educación y Ciencia, al Ilustrísimo Señor Decano de la Facultad de Valladolid, autorizaba el funcionamiento provisional de la Escuela de A. T. S. Femenino del Hospital Provincial de Guipúzcoa, adscrita a la Facultad de Medicina de Valladolid.

Una disposición transitoria vigente en aquellas fechas, es la causa de que la primera promoción de la Escuela sea exclusivamente femenina, y no mixta, como lo será en el futuro.

Convocada por el Señor Presidente la primera reunión de la Junta Rectora de la Escuela, el 5 de enero de 1977, acordaba la celebración de los exámenes de ingreso, su fecha y su difusión en la Prensa local, el nombramiento del Tribunal, redactor y calificador de los ejercicios, integrado por el Dr. José Luis Barrio Gamarra, Médico del Hospital y Profesor de la Escuela, Doña Elena Gamborena, Jefe de Estudios y el Director de la Escuela (16).

Dado el elevado número de inscripciones, 346 aspirantes, hubo que realizar los ejercicios, por falta de capacidad de la Escuela, en las aulas de E.U.T.G. cedidas para esta finalidad en la tarde del 10 de enero de 1977.

Distribuidas las candidatas en cuatro aulas, se procedió al examen escrito: dictado, preguntas y problemas, acoplados a las materias exigidas reglamentariamente. Recogidos los ejercicios, anónimos y bajo sobre cerrado con plica acompañante, se procedió a su calificación para formar la lista definitiva por orden de méritos. Abiertas las plicas correspondientes, se conocieron y adjudicaron los nombres de las aspirantes. Dichas listas, fueron expuestas al público en los tablones de Anuncios de la Diputación y de la Escuela de A. T. S. Todos los ejercicios quedan archivados en la Escuela de A.T.S.

El Tribunal hace constar la eficaz ayuda de las Monitoras María Jesús Barandiarán, Lidia Antón y de la Secretaria Kati Lizarbe que contribuyó al desarrollo con regularidad, rapidez y eficacia de estos exámenes.

FOTO 13 Sala de niños del Hospital Provincial 1970

Tras su solemne inauguración el 24 de Enero de 1977, el siguiente día 25, inició la Escuela de A. T. S. su labor docente, en régimen de externado, impartiendo las clases teóricas los Médicos del Hospital Provincial designados y las Clases prácticas en las Salas del Hospital, bajo en control de la Enfermera Jefe del mismo, la Jefe de Estudios y nuestras Monitoras (17).

Cubiertas las horas de docencia, se han realizado repasos, los exámenes parciales preceptivos y programas de especial dedicación para perfeccionar la preparación de las alumnas.

La redacción, reproducción y distribución de Apuntes, ha sido plenamente eficaz gracias  ala colaboración de todo el personal docente de la Escuela de A. T. S.

El período de vacaciones de Semana Santa, fue reducido al mínimo, del día 7, Jueves Santo, al día 11 de Abril, Lunes de Pascua.

El 23 de Junio se realizaron los Exámenes escritos finales de Curso, por el Tribunal Calificador integrado por los Catedráticos y Profesores de la Facultad de Medicina de Valladolid: Presidente, el Catedrático Inspector de esta Escuela, Dr. Francisco López Lara, Dr. Ricardo Landinez, Dr. Javier León y Dr. F. Fermoso, de las cinco asignaturas básicas de este primer curso a nuestras treinta alumnas.

Estas 150 calificaciones se desglosan en los resultados parciales siguientes: 9 Matrículas de Honor, 16 Sobresalientes, 26 Notables, 90 Aprobados y 9 suspensos.

Por ser este curso de solo cinco meses de duración, apretado de tiempo y teniendo en cuenta, que es la iniciación y el primero de nuestra conjunta labor docente, estos resultados los consideramos muy satisfactorios y halagüeños por las manifestaciones de los Señores Miembros del Tribunal Calificador, pues consideraron estos exámenes dentro de los de más alto nivel del Distrito universitario.

FOTO 14 Memoria del curso 1977. Cuadro

CUSO 1977 (25 de Enero – 23 Junio)
Asignatura y su correspondiente profesor:
Anatomía Funcional, Dr. Goyo Urdapilleta Zugasti (Gregorio)
Biología e Histología, Dr. Antonio Gastaminza Ibarburu
Microbiología y Parasitología, Dra. Esther Uriarte Isacelaya y Julián Laruscain Garmendia
Higiene General, Dr. José Luis Barrio Gamarra
Patología General, Dr. José Luis Barrio Gamarra

Religión y Moral Profesional, Miguel Azkárate Aguirrezábal, Capellán del Hospital
Enseñanza del Hogar, Margarita Briones
Formación Política, Mª Dolores Bräuer
Formación Física, Mª Dolores Bräuer

Han colaborado en las clases teóricas, desarrollando temas de sus respectivas Especialidades, los Médicos del Hospital Doctores José Ramón Ribera, Manuel Angoso, Martina Apalategui y Roberto Goicoechea.

Las alumnas que iniciarán su segundo curso el próximo octubre, están realizando sus prácticas en las Salas del Hospital desde el pasado día 19 de septiembre.

En estas fechas están ultimándose las obras de ampliación de la Secretaría, creación de nuevos aseos para los alumnos, Sala de Profesores, una Tercera Aula para clases teóricas y un almacén.

Han sido citadas en esta Memoria todas las personas responsables de la docencia, a todas ellas, agradecemos su entusiasta dedicación, su celo y atención pedagógica que nos ha permitido alcanzar estos satisfactorios resultados, y justo es decirlo, junto al esfuerzo, indudable, de la aplicación de nuestras alumnas.

A todos ellos, si lo hay, corresponde el mérito.
San Sebastián 30 de septiembre de 1977
El Director de la Escuela
Agustín Ansa

PARA 30 PLAZAS DE ALUMNOS DE A.T.S. SE PRESENTAN 349 ASPIRANTES (16)
Dentro de pocas fechas se inaugura la Escuela de A. T. S. del Hospital Provincial dependiente de la Facultad de Medicina de Valladolid. Para el curso inicial se han presentado 349 aspirantes a las 30 plazas que tiene la citada Escuela. La Escuela es para alumnas que tengan aprobado el cuarto curso de Bachillerato, o tengan el título de asistenta social o similar. El número de aspirantes al título de A. T. S. es significativo, en cuanto nos recuerda de forma permanente la necesidad de disponer de la Facultad de Medicina, que la perdimos por falta de prestar a la aspiración una atención más eficaz y oportuna. Todo ello, unido a las circunstancias de haber perdido también la posibilidad de contar la Escuela de A. T. S. para alumnado masculino en el propio Hospital Provincial, después de haber sido aprobado por decreto y tres días más tarde, anulado por otro decreto de rango superior. Sabemos que para esta Escuela había en San Sebastián doscientas solicitudes, por lo que la medida de suspensión causó el consiguiente disgusto entre quienes aspiraban a obtener el título profesional de A. T. S. (16).

INAUGURACIÓN DEL CURSO DE A. T. S. DEL HOSPITAL PROVINCIAL
En la mañana de ayer, en un salón de la Escuela de Enfermeras del Hospital Provincial, se celebró el acto oficial de apertura del primer curso de ATS., al que se presentaron 347 aspirantes para 30 plazas. El acto fue presidido por el diputado y presidente de la Comisión del Hospital Provincial, don Jesús María Azurza Ayerbe, con el director técnico del citado Centro, doctor don Ángel Olaso Villalba, los diputados señores Olaizola y Ayestarán; el doctor don Gabriel Zubillaga, director Médico del Hospital: doctor Don Agustín Ansa y doña Elena Gamborena, directora de la Escuela de Enfermeras del Hospital, y jefa de Estudios de la misma respectivamente (17).

FOTO 15 Alumnos/as de la 2ª Promoción (mixta)

PROYECTO DE REGLAMENTO DE LA ESCUELA MIXTA DE AYUDANTES TÉCNICO-SANITARIOS DE LA DIPUTACIÓN DE GUIPÚZCOA

Proyecto de Reglamento para Escuela A. T. S. en el Hospital Provincial

Comisión de Hospital:
Habiéndose adoptado por el Pleno de la Corporación en sesión de 26 de marzo de 1975 el acuerdo de llevar a efecto la instalación de una Escuela de Ayudantes Técnico-Sanitarios en el Hospital Provincial de Guipúzcoa, han venido realizándose las pertinentes actuaciones y trabajos en este orden, comprendido el proyecto de obras de instalación, su aprobación por la Comisión Central de Coordinación Hospitalaria y la correspondiente adjudicación del mismo (18).

Conforme a la normativa vigente en la materia, se hace preciso la elaboración del Reglamento para el régimen pedagógico y administrativo de la Escuela, tarea que ha venido siendo estudiada en diversas reuniones de la Comisión de Hospital y que culmina en el texto de proyecto que es objeto del presente dictamen, juntamente con otros extremos conducentes a la autorización y puesta en funcionamiento de la Escuela.

Por lo expuesto, el Pleno de la Corporación, a propuesta de la Comisión de Hospital,

ACUERDA:

1º.- Se presta aprobación al texto del proyecto del Reglamento de la Escuela Mixta de Ayudantes Técnico-Sanitarios de la Diputación de Guipúzcoa, que se acompaña como anexo al presente acuerdo.

2º.- Con carácter excepcional y para el curso 1976-77, los plazos a que se refieren los artículos 18, 19, 20 y concordantes sobre matrícula y pruebas de ingreso y curso escolar se entienden sustituidos por los que oportunamente se señalarán según las exigencias que implica la puesta en funcionamiento de la Escuela.

3º.- Se faculta al Presidente de la Corporación para el nombramiento del personal de la Escuela a que se refiere el reglamento, así como en general para todo lo necesario en orden de autorización y puesta en marcha de la misma (18).

PROYECTO DE REGLAMENTO DE LA ESCUELA MIXTA DE AYUDANTES TÉCNICO-SANITARIOS DE LA DIPUTACIÓN DE GUIPÚZCOA

I.- DEL RÉGIMEN ORGÁNICO Y ADMINISTRATIVO DE LA ESCUELA

CAPÍTULO I

Finalidad de la Escuela

Artículo 1º.- El fin específico de la Escuela será la formación integral de los alumnos conforme a los principios, plan de estudios y normas directrices establecidas por el Ministerio de Educación y Ciencia, que les capacite para ejercer la profesión de Ayudantes Técnico-Sanitarios.

Artículo 2º.- La Escuela estará ubicada en el Hospital Provincial de Guipúzcoa en el que se impartirán las enseñanzas teóricas y prácticas.

Artículo 3º.- La Escuela dependerá de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid, a la que estará vinculada por la naturaleza de sus estudios, así como a efectos académicos.

CAPÍTULO II

Organización y gobierno

Artículo 4º.- Serán Órganos de Gobierno de la Escuela su Junta Rectora y el Director, que actuarán conforme las directrices establecidas o que se establezcan por el Ministerio de Educación y Ciencia, sin perjuicio de las facultades que a la Diputación de Guipúzcoa competan.

En el ejercicio de las facultades de la Diputación, a que anteriormente se ha hecho mención, se procederá por la misma al nombramiento del personal docente, de Enfermera – Jefe y Secretaria de estudios.

Artículo 5º.- La Junta Rectora de la Escuela estará presidida por el que lo sea de la Diputación o Diputado provincial en quien delegue, salvo cuando asista el Catedrático Inspector, actuando como Vocales: Cinco representantes de la Diputación, el Director de la Escuela, el Director Técnico y el Director Médico del Hospital Provincial, la Enfermera-Jefe de la Escuela, la Enfermera-Jefe del Hospital Provincial y la Secretaria de estudios de la Escuela que actuará sin voto como secretaria.

En ausencia del Presidente de la Diputación y Catedrático Inspector, asumirá sus funciones de la presidencia el Director de la Escuela.

Artículo 6º.- Es competencia de la Junta Rectora:
1º.- Acordar la admisión de los alumnos.
2º.- Establecer las instrucciones permanentes y demás disposiciones de régimen interior de la Escuela, de acuerdo con las normas del Ministerio de Educación y Ciencia.
3º.- Asesorar al Director en sus funciones.
4º.- Garantizar la indispensable coordinación docente y administrativa con la Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid.
5º.- Señalar las orientaciones docentes y métodos pedagógicos.
6º.- Velar por el cumplimiento del Reglamento, por la buena administración de la Escuela y por la buena marcha de la enseñanza.
7º.- Sancionar las faltas graves o muy graves que cometan los alumnos.
8º.- Seleccionar previamente a los solicitantes para practicar las pruebas de ingreso en la Escuela, determinar el contenido de aquéllas y designar el Tribunal calificador así como la admisión de los aprobados.
9º.- Cuantas otras funciones le correspondan conforme a la legislación especial que regula el funcionamiento de estas Escuelas.

Artículo 7º.- La Junta Rectora de la Escuela celebrará las reuniones precisas para el cumplimiento de su cometido y cuando menos las siguientes:
1º.- Para acordar la admisión de alumnos.
2º.- Antes de comenzar el curso académico para conocer su programación y la planificación de las enseñanzas teórico-prácticas de régimen interior a que han de estar sometidos los alumnos durante el mismo.
3º.- Para aprobar la Memoria del curso escolar.

Artículo 8º.- Las sesiones de la Junta serán convocadas por su Presidente y las citaciones se cursarán, al menos, con cuarenta y ocho horas de antelación, expresando el lugar, día y hora en que se celebrarán. A todas ellas será convocado el Catedrático Inspector de la Escuela, según establece el número 24 de la Orden Ministerial de Educación y Ciencia de 4 de agosto de 1953, que presidirá las reuniones, siempre que asista a ellas.

Los acuerdos de la Junta se tomarán por mayoría de votos de sus miembros presentes, decidiendo en los casos de empate el Presidente.

De cada reunión se extenderá un acta por la Secretaría de la Junta que la autorizará con su firma el Presidente, en la que constará el lugar y fecha de su celebración, relación nominal de los asistentes y acuerdos adoptados.

Artículo 9º.- El Director de la Escuela será nombrado por el Decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid en la forma que previene el artículo 8º del Decreto de 27 de junio de 1952, que organiza los estudios de Enfermera.

FOTO 16 Notas finales firmadas por la Directora Elena Gamborena 1980

Artículo 10º.- Serán funciones del Director de la Escuela:
1º.- Ostentar la representación de la Escuela cuando no la ejerza el Presidente de la Diputación o persona en quien delegue.
2º.- Ejecutar los acuerdos de la Junta Rectora.
3º.- Procurar que los servicios y la enseñanza de la Escuela se presten con el más alto nivel técnico posible.
4º.- Impulsar el desenvolvimiento y protección académica y social de la Escuela.
5º.- Coordinar las enseñanzas prácticas de la Escuela.
6º.- Velar por el mantenimiento del buen orden y de la disciplina dentro de la Escuela.
7º.- Supervisar estrechamente el desarrollo de los programas y evaluar las enseñanzas que se imparten en la Escuela.
8º.- Inspeccionar el funcionamiento de los distintos servicios de la Escuela.
9º.- Proponer al Presidente de la Junta Rectora la convocatoria de reuniones y los asuntos a tratar en las mismas.
10º.- Convocar reuniones del claustro de profesores.
11º.- Redactar una memoria por cada curso académico que someterá a la aprobación de la Junta Rectora.
12º.- Cualesquiera otras que le atribuyan las disposiciones aplicables a la Junta Rectora, así como las que por su carácter urgente de las atribuidas a ésta deba adoptar, dando cuenta a la misma en su inmediata reunión para la resolución procedente.

Artículo 11º.- La vigilancia e inspección de la Escuela, en su labor docente, corresponde al Rectorado de la Universidad de Valladolid, que podrá ejercitarla directamente o delegarla en el Decano de la Facultad de Medicina de la misma, quien nombrará con carácter de Inspector permanente de la Escuela a un catedrático de dicha Facultad.

CAPÍTULO III

De los medios materiales y personales

Artículo 12º.- La Escuela dispondrá del personal, locales, mobiliario y material preciso para las enseñanzas de tipo teórico y práctico que tiene por misión impartir.

Artículo 13º.- Tanto el Hospital Provincial como en los demás centros asistenciales dependientes de la Diputación de Guipúzcoa y aquellos otros con los que expresamente se convenga, se podrán realizar las prácticas necesarias mediante un plan de trabajo establecido, de acuerdo con los respectivos directores o Jefes de Servicio.

Artículo 14º.- El personal docente estará integrado por los profesores médicos de las diversas disciplinas, los profesores para las asignaturas no médicas y las A.T.S. instructoras, siendo preceptivo la existencia de una A.T.S. Jefe de la Escuela y una A.T.S. Secretaria de estudios que cumplirán las misiones específicas que a tales cargos encomienda la legislación vigente.

Artículo 15º.- El Capellán o asesor eclesiástico de la Escuela, que tendrá a su cargo además de la dirección espiritual las enseñanzas de Religión y Moral, será nombrado, a propuesta de la autoridad eclesiástica competente, por la Diputación de Guipúzcoa.

Artículo 16º.- La Administración de la Escuela será llevada, a través de la A.T.S. Secretaria, bajo la dependencia de la Intervención general de fondos de la propia Diputación.

II – RÉGIMEN PEDAGÓGICO

CAPÍTULO I

De los cursos e ingresos de los alumnos

Artículo 17º.- Los estudios de Ayudantes Técnico-Sanitarios en la Escuela de la Diputación de Guipúzcoa tendrán una duración de tres cursos y año por año, en régimen de externado.
El número de plazas por curso académico se fija provisionalmente en treinta, pudiendo variar en más según las circunstancias.

Artículo 18º.- Para ingresar en la Escuela se requerirá:
a).- Cumplir como mínimo 17 años dentro del año natural en que se solicite el ingreso.
b).- Ser bachiller elemental general o técnico; maestro de primera enseñanza; perito mercantil; oficial, maestro o perito industrial en cualquiera de sus diferentes ramas; asistente social o graduado escolar.
c).- Poseer las condiciones físicas y de salud necesarias, que se comprobarán por medio de un reconocimiento médico efectuado en la Escuela.
d).- Ser presentado en la Escuela por dos personas de reconocida solvencia moral que consignarán su domicilio.
e).- Aprobar el examen de ingreso en la Escuela, que se realizará dentro del mes de septiembre ante un Tribunal designado por la Junta Rectora, y que versará sobre temas de cultura general, con especial orientación a los conocimientos de matemáticas aplicadas, física, química y otros que sean básicos para los estudios de Ayudantes Técnico-Sanitarios y pruebas que permitan apreciar que el aspirante posee condiciones físicas, morales e intelectuales y vocación suficiente para el ejercicio de la profesión.

En la selección previa de alumnos para el ingreso en la Escuela se tendrán en cuenta como méritos preferentes los títulos académicos que posean.

Los alumnos que ingresan en la Escuela estando en posesión del título de bachiller superior, bachiller laboral superior o perito mercantil, por el Plan de 1956 y similares, no tendrán que cursar las disciplinas de Formación Política y Educación Física durante los dos primeros cursos de estudios de A.T.S. Los alumnos que al ingresar en la Escuela no estén en posesión de los títulos indicados realizarán dichas disciplinas con arreglo a los programas aprobados oficialmente.

Los alumnos procedentes de otra Escuela podrán continuar sus estudios en ésta, con reconocimiento de las calificaciones obtenidas en la de su procedencia, siempre con autorización de la Junta Rectora. En ningún caso podrán ser admitidos en esta Escuela los alumnos expulsados de otra. En igualdad de condiciones de aptitud tendrán preferencia para el ingreso los alumnos cuya familia esté avecindada en la capital y provincia de Guipúzcoa.

Artículo 19º.- Los aspirantes entregarán en la Secretaria de la Escuela la solicitud de ingreso con la documentación siguiente:
a).- Partida de nacimiento legalizada, cuando proceda o testimonio notarial o fotocopia compulsada por la Facultad de Medicina de Valladolid.
b).- Copia del título que acredite el requisito del apartado b) del artículo anterior.
c).- declaración jurada de los estudios relacionados con los de Ayudantes Técnico-Sanitario que antes haya realizado y sus vicisitudes.
d).- Presentación por dos personas de reconocida solvencia moral, que consignarán su domicilio.
e).- Carta de puño y letra del solicitante en la que razonará por qué desea seguir los estudios de Ayudantes Técnico-Sanitario.

FOTO 17 Lourdes Etxarri Dambolenea con su familia

El período de admisión de solicitudes de ingreso estará abierto en la Escuela desde el 1º al 15 de septiembre de cada año, concediéndose un plazo excepcional hasta el día 25 de este mismo mes.

La Secretaría de la Escuela se encargará de formalizar las matrículas de aspirantes, una vez comprobada su documentación y abono de las tasas correspondientes (600 pesetas).

El examen de ingreso se celebrará dentro del mes de septiembre, ante el Tribunal designado por la Junta Rectora.

CAPÍTULO II

Régimen de estudios

Artículo 20º.- El curso escolar comenzará el 1º de octubre y terminará el 30 de junio siguiente.

Artículo 21º.- Las vacaciones de los alumnos serán iguales a las que rigen para los alumnos de la Facultad de Medicina de Valladolid.

Los alumnos serán considerados como tales y no como profesionales, a cuyo efecto no realizarán servicios de guardia ni velas con carácter obligatorio.

Artículo 22º.- Las fiestas escolares únicamente regirán a efectos de clases teóricas, ya que para las prácticas de entrenamiento asistencial en los servicios se regirán por la planificación hecha por la Junta Rectora, en la que corresponderá descanso a cada uno de los alumnos en los días determinados en el citado plan.

Artículo 23º.- Las clases que recibirán los alumnos son de dos modalidades: teóricas y prácticas.

Clases Teóricas: Son las expuestas por los profesores en el aula sobre temas del programa teórico.

Clases Prácticas: Son las que tienen por objeto ilustrar prácticamente conceptos explicados en las clases teóricas, pudiendo darse en las aulas o en los servicios hospitalarios, así como las prácticas de entrenamiento asistencias, que se realizarán junto al enfermo bajo la dirección de la A.T.S. Jefe de la Escuela o A.T.S. Instructoras y también en los Servicios de Quirófano, Maternidad, Radiología y laboratorio de análisis clínicos o anatomopatológicos.

Artículo 24º.- El plan de estudios para las enseñanzas será el siguiente:

PRIMER CURSO:
Enseñanzas teóricas:
Religión: Treinta horas, con una hora semanal.
Moral profesional: Treinta horas, con una hora semanal.
Anatomía funcional: Sesenta horas con seis horas semanales, desarrolladas en el primer período de curso, que habrá de terminar el 1º de febrero.
Biología general e Histología humana: Diez horas desde el comienzo de curso, con tres horas semanales.
Microbiológica y parasitología: Diez horas, con tres horas semanales a continuación de terminar Biología e Histología.
Higiene general: Diez horas, con tres horas semanales a continuación de Microbiológica y parasitología.
Nociones de Patología general: Treinta horas, con tres horas semanales, a continuación de acabar Anatomía funcional.
Formación política: Una hora a la semana.
Educación física: Seis horas a la semana.

Prácticas:
Técnicas de cuidado de los enfermos y conocimientos de material de laboratorio: Cuatro horas diarias como mínimo.

SEGUNDO CURSO:
Enseñanzas teóricas:
Religión: Treinta horas, con una hora semanal.
Moral profesional: Treinta horas, con una hora semanal.
Patología médica: Treinta horas, con una hora semanal.
Patología quirúrgica: Sesenta horas con dos horas semanales.
Nociones de Terapéutica y dietética: Cuarenta horas, con una hora semanal.
Elementos de Psicología general: Veinte horas, con una hora semanal.
Historia de la profesión: Diez horas.
Educación física: Seis horas a la semana.
Formación política: Una hora a la semana.

Prácticas:
Seis horas diarias en clínicas médicas y quirúrgicas y laboratorio.

FOTO 18 Haciendo prácticas en el nido del Hospital Provincial. Ana Zabala 1974

TERCER CURSO:
Enseñanzas teóricas:
Religión: Treinta horas, con una hora semanal.
Moral profesional: Treinta horas, con una hora semanal.
Lecciones teórico-prácticas de especialidades quirúrgicas: Treinta horas, con una hora semanal.
Medicina y Cirugía de urgencia: Treinta horas, con una hora semanal.
Higiene y profilaxis de las enfermedades transmisibles: Diez horas.
Obstetricia y Ginecología: Veinte horas.
Puericultura e Higiene de la Infancia: Quince horas.
Medicina social: Diez horas.
Psicología diferencial aplicada: Diez horas.
Formación política: Una hora a la semana.
Educación física: Seis horas a la semana.

Prácticas:
Seis horas diarias en clínicas hospitalarias correspondientes a todas las enseñanzas del curso.

En cada uno de los tres cursos, además de las disciplinas señaladas anteriormente, se cursará la enseñanza de Hogar con intensidad de una hora semanal para las alumnas y nociones de autopsia médico-legal para los alumnos.

El tiempo que resulte sobrante del curso, atendido el horario y ritmo de enseñanza, se dedicará al repaso de las asignaturas respectivas.

Artículo 25º.- La Escuela proveerá a cada alumno de un libro escolar, según modelo oficial, en donde deberá hacer constar cuantas enseñanzas teóricas y prácticas reciban y calificaciones merecidas en cada una.

Artículo 26º.- Los exámenes a final de curso, ante los Tribunales ordenados por el artículo 16 del Decreto de 27 de junio de 1952, serán convocados en los meses de junio (ordinario) y septiembre (extraordinario), realizándose conforme a las normas de la Orden de 4 de julio de 1955. Las calificaciones se harán por asignaturas. Existirán, además, los exámenes parciales que la Junta Rectora estime conveniente.

Dentro del primer trimestre del curso primero de estudios, la Escuela tendrá potestad para seleccionar a los alumnos matriculados y sólo permitirá continuar sus estudios a aquéllos que hayan demostrado poseer condiciones físicas, morales e intelectuales y vocación suficiente para el ejercicio de la profesión, con arreglo al informe suministrado por profesores, instructores y Jefes de Servicios.

Artículo 27º.- Las actas de exámenes se extenderán por triplicado. Un ejemplar quedará en la Escuela, otro se conservará en la Secretaría de la Facultad de Medicina de Valladolid y el tercero se remitirá al Ministerio de Educación y Ciencia.

Artículo 28º.- Los alumnos no presentados o no aprobados en la convocatoria de septiembre, caso de haber sido suspendidos en dos asignaturas fundamentales como máximo, excluidas las complementarias (que no se computarán para estos efectos), podrán matricularse del curso siguiente, con las pendientes de aprobación.

CAPÍTULO III

Del Profesorado

Artículo 29º.- Existirán los profesores de enseñanza fundamentales que sean necesarios para cumplir los planes de estudios, con la titulación que exige la legislación vigente para estas Escuelas.

Podrán nombrarse ayudantes de clases de prácticas, con título de licenciado en Medicina o del profesional de Ayudante Técnico-Sanitario.

Artículo 30º.- Son obligaciones del profesorado:
1º.- Cubrir el programa determinado por Orden Ministerial de 5 de julio de 1955 (Boletín Oficial del Estado de 8 de septiembre).
2º.- Asistir con puntualidad y asiduidad a las clases, solicitando autorización de la Dirección cuando hayan de ausentarse con causa justificada. La autorización proveerá la forma en que haya de suplirse o recuperarse la clase previa.
3º.- Calificar a los alumnos por exámenes parciales.
4º.- Dar cuenta a la Dirección, rellenando una ficha diaria según el modelo que se establezca, de las clases impartidas.

Artículo 31º.- Estarán obligados a asistir a la reunión del Claustro de profesores que convoque la Dirección, los de enseñanzas fundamentales, la Enfermera Jefe de vla Escuela y la Secretaria de estudios.

El Claustro de profesores asistirá a los actos solemnes de apertura y cierre del curso y otros académicos similares. Además será órgano consultivo de carácter exclusivamente técnico-pedagógico del Director de la Escuela y la Junta Rectora.

FOTO 19 Uniforme 2ª Promoción. Lourdes Etxarri Dambolenea

CAPÍTULO IV

De los alumnos

Artículo 32º.- Los alumnos de la Escuela estarán inexcusablemente obligados a la asistencia a las clases teóricas y prácticas correspondientes en los servicios que se les asignen en el Hospital Provincial.

Asimismo vienen obligados:
a).- A la adquisición y uso del vestuario que con carácter obligatorio se establezca.
b).- Al pago de la cuota que en la correspondiente Ordenanza fiscal se establezca por la Diputación como tasa de enseñanza, sin perjuicio de los derechos de matrícula y tasas académicas.

Artículo 33º.- La asiduidad y aprovechamiento, así como el buen comportamiento público y privado, serán exigidos a los alumnos rigurosamente.

Artículo 34º.- El régimen disciplinario de la Escuela, de aplicación para sus alumnos y el personal docente, facultativo y técnico en cuanto actúe al Servicio del Centro, será establecido por el Ministerio de Educación y Ciencia y el complementario que se apruebe por la Junta Rectora de la Escuela.

El personal propio de la Escuela, distinto del incluido en el párrafo anterior, quedará sujeto al régimen disciplinario que por su especialidad le corresponda.

Artículo 35º.- Las faltas que cometan los alumnos se clasificarán en leves, graves y muy graves.

Artículo 36º.- Se considerará falta leve toda infracción del presente Reglamento y de las normas de régimen interior, siempre que no ocasionen perjuicio al prestigio y decoro de la Escuela.

Artículo 37º.- Se considerará falta grave la reiteración por tercera vez de falta leve y todo cuanto atente a la disciplina y a la moralidad.

Se considerará falta muy grave la reiteración de falta grave y todas aquellas impropias de la convivencia y prestigio de la Escuela.

Artículo 38º.- Las faltas leves serán sancionadas por la Enfermera Jefe de la Escuela.

Las faltas graves o muy graves serán sancionadas por la Junta Rectora, a propuesta de la Dirección de la Escuela.

Artículo 39º.- Las faltas leves se sancionarán, según las circunstancias: Con amonestación privada, amonestación pública o expulsión temporal de clase, dando cuenta de ello al Director y éste a la Junta Rectora.

Artículo 40º.- Cuando las faltas de los alumnos revistan mayor gravedad, se incoará por la Junta Rectora el oportuno expediente, pasándose el pliego de cargos al interesado quien habrá de contestarlo en el plazo de diez días.

A la vista de lo actuado, la Junta Rectora aplicará la sanción que estime conveniente y en caso de que a juicio de ésta procediese la expulsión, se comunicará al Ministerio de Educación y Ciencia para su resolución definitiva.

DISPOSICIÓN FINAL

En cuanto a lo no previsto en el presente Reglamento será de aplicación la normativa vigente sobre cada materia (18).

FOTO 20 Marciana, Hija de la Caridad, Sor Cruz y Ana Mª. Delante de la fachada del Hospital Provincial. 1960. Cuestación del Domund. Foto cedida Inaxi Altuna

ANEXO I (6)

MINISTERIO DE EDUCACIÓN NACIONAL
Orden 4 julio 1955 (BOE. de 2 de agosto de 1955)
AYUDANTES TÉCNICOS SANITARIOS
Normas para la nueva organización de sus estudios.

El Plan de Estudios para las enseñanzas de Ayudantes Técnicos Sanitarios, tanto masculinos como femeninos, y la extensión, intensidad y ritmo de las enseñanzas serán los siguientes:

Primer curso. Enseñanzas teóricas:
Religión: treinta horas, con una hora semanal.
Moral profesional: treinta horas, con una hora semanal.
Anatomía funcional: Sesenta horas con seis horas semanales, desarrolladas en el primer periodo del curso que habrá de terminar en el primero de febrero.
Biología general e Historia humana: diez horas desde el comienzo del curso, con tres horas semanales.
Microbiología y Parasitología: diez horas con tres horas semanales, a continuación de terminar Biología e Historia.
Higiene general: diez horas con tres horas semanales a continuación de Microbiología y Parasitología.
Nociones de Patología general: treinta horas con tres horas semanales a continuación de acabar Anatomía funcional.
Formación política: una hora a la semana.
Educación física: seis horas a la semana.
Practicas: Técnica de cuidado de los enfermos y conocimientos de material de laboratorio, cuatro horas diarias como mínimo (6).

Segundo curso. Enseñanzas teóricas:
Religión: treinta horas con una hora semanal.
Moral profesional: treinta horas con una hora semanal.
Patología médica: treinta horas con una hora semanal.
Patología quirúrgica: sesenta horas con dos horas semanales.
Nociones de Terapéutica y Dietética: cuarenta horas con una hora semanal.
Elementos de Psicología general: veinte horas con una hora semanal.
Historia de la profesión: diez horas.
Educación física: seis horas a la semana.
Formación política: una hora a la semana.
Practicas: seis horas diarias en clínicas medicas y quirúrgicas y laboratorio.

Tercer curso
Religión: treinta horas una hora semanal.
Moral profesional: treinta horas una hora semanal.
Lecciones teóricoprácticas de especialidades quirúrgicas: treinta horas con una hora semanal.
Medicina y Cirugía de urgencias: treinta horas con una hora semanal.
Higiene y profilaxis de las enfermedades transmisibles: diez horas.
Obstetricia y Ginecología: veinte horas.
Puericultura e Higiene de la infancia: quince horas.
Medicina social: diez horas.
Psicología diferencia aplicada: diez horas.
Formación política: una hora a la semana.
Educación física: seis horas a la semana.
Practicas: seis hora diarias en clínicas hospitalarias correspondientes a todas las enseñanzas del curso.

14. En la Escuelas de Ayudantes Técnicos Sanitarios femeninos se cursara a demás de las disciplinas señaladas en el número anterior, de la Enseñanza de Hogar, en los tres cursos con intensidad de una hora semanal en cada uno de ellos.

En las de Ayudantes Técnicos Sanitarios masculinos se cursaran nociones de autopsia médico legal.

15. El tiempo que resulte sobrante en el curso, atendido el horario y ritmo de enseñanzas que disponen los dos números anteriores se dedicara al repaso de la asignatura respectiva.

16. Las Escuelas proveerán a cada alumno de un libro escolar, según modelo oficial, en donde deberán hacer constar cuantas enseñanzas teóricas y prácticas reciban y las calificaciones merecidas en cada una.

FOTO 21 Tratado del Ayudante en Medicina y Cirugía

17. Las Escuelas podrán organizar los exámenes parciales en su Junta Rectora estime convenientes.

18. Los exámenes de final de curso ante los Tribunales ordenados por el artículo 16 del Decreto del 27 de junio 1952 (R: 1064), serán convocados por la Facultades de Medicina de las que dependan las Escuelas en los meses de junio y septiembre (6).

Las pruebas de examen deberán comprender en sus preguntas y ejercicios, todas las disciplinas cursadas durante el año, de forma que resulte acreditada la formación integral de los alumnos. También se realizaran ejercicios prácticos.

19. Las actas de examen se extenderá por triplicado. Un ejemplar quedara en la Escuela, otro se conservara en la Facultad de Medicina y el tercero se remitirá a la Comisión Central de Ayudantes Técnicos Sanitarios.

20. Los alumnos no presentados o no aprobados en la convocatoria de junio podrán realizar examen en la de septiembre sin nueva matricula, pero deberán matricularse de nuevo repetir curso integro si no lo aprobasen totalmente entre las dos convocatorias.

No se permitirá repetir curso más de una vez quedando eliminados definitivamente en caso de no aprobar el curso repetido.

21. Será facultativo para cada Escuela admitir los alumnos procedentes de otra Escuela con reconocimiento de los estudios anteriormente cursados.
Cuando se aceptase el cambio de Escuela se dará cuanta a las Facultades de Medicina de que dependen las Escuelas interesadas a efectos de su constancia en el expediente académico del alumno y para el traslado del mismo cuando proceda.

FOTO 22 Orla de la 2ª Promoción Junio 1980

22. No podrá admitirse en ninguna Escuela a los alumnos que hayan sido expulsados de otra.

23. La aprobación de tercer curso de los estudios de Ayudante Técnico Sanitario capacitará para la obtención del titulo profesional de Ayudante Técnico Sanitario, masculino o femenino, que se expedirá por Ministerio de Educación Nacional.

En el título se consignara necesariamente la Escuela en la que el interesado haya terminado sus estudios de Ayudante Técnico Sanitario.

Este titulo no podrá expedirse sin acreditar estar en posesión del titulo académico correspondiente a los estudios justificados para el ingreso según el apartado b) del número tercero de esta Orden.

24. Disposición final. quedan derogados los números 1 al 23, en ambos inclusive de la Orden del 4 de agosto de 1953 (“Boletín Oficial del Estado de 1 de septiembre de igual año”) (R.1174); numero 1º, de la Orden de 1 de diciembre de 1953 (“Boletín Oficial del Estado de 1 de enero de 1954”) (R1954. 5), y Orden del 9 de enero de 1954 (“Boletín Oficial del Estrado de 1 de febrero”) (R.222) (6).

AGRADECIMIENTOS
Lourdes Merino Cadenas
Claudia Bermejo Mangas (Foto enfermera 1ª Promoción)
Mª Aránzazu Corcuera Gamecho
Mª José Palenzuela Miqueo
Edurne Olaizola Iturrieta
Elena Legorburu Barrioseta
Ione Labaka Arteaga
Lourdes Etxarri Dambolenea
Elena Gamborena Mekolalde
Ana Zabala Largo
Inaxi Altuna
Ana Otegi. Archivo General de Gipuzkoa
Archivo de la Administración. Diputación Foral de Gipuzkoa / Gipuzkoako Foru Aldundia
Elena Irazusta. Colegio de Médicos de Gipuzkoa
Colegio de Enfermería de Gipuzkoa

Juan Ignacio Valle Racero (Documentalista). Carlos Álvarez Nebreda (Documentalista). Colegio de Enfermería de Madrid. Jesús Rubio Pilarte. Raúl Expósito González. Fratxi López Landatxe. Biblioteca Koldo Mitxelena. Mª Luz Fernández Fernández. Escuela Universitaria de Enfermería de Valdecilla, Santander

BIBLIOGRAFÍA
1.- BOE del Estado Gaceta de Madrid. Año CCCXVII. Lunes 7 de Febrero de 1977. Número 32. Página 2995/3351. Documento cedido por Juan Ignacio Valle Racero

2.- BOE del Estado Gaceta de Madrid. Año CCCXVII. Lunes 7 de Febrero de 1977. Número 32. Página 2963/2955. Documento cedido por Juan Ignacio Valle Racero

3.- Real Decreto 2541/1977, de 23 de Septiembre. Documento cedido por Carlos Álvarez Nebreda

4.- Orden Ministerial de 6 de Octubre de 1977

5.- BOE núm. 198, de 19 de agosto de 1978, páginas 19454 a 19454 (21426). Orden de 6 de Julio de 1978

6.- B.O.E .2 de agosto de 1955. Orden de 4 de julio de 1955. Documento cedido por Juan Ignacio Valle Racero

7.- Colegio Oficial de Médicos de Gipuzkoa. Historia.

8.- Evolución histórica, visión antropológica. Marta Mas i Espejo

9.- Relación facilitada por Mª José Palenzuela Miqueo (Choche)

10.- Entrevista a la Directora Elena Gamborena

11.-Uniforme cedido y fotografíado por Lourdes Merino Cadenas, en los múltiples correos electrónicos que hemos compartido en este tiempo de estudio

12.- Relación facilitada por Lourdes Etxarri Dambolenea y Entrevista personal

13.- Datos facilitados por Edurne Olaizola Iturrieta y Entrevista personal

FOTO 23 Alumnas 2ª Promoción del Hospital Provincial. 3 de abril 1978

14.- Entrevista a la Directora Elena Gamborena, en la cafetería del Hotel Ezeiza el día 4 de noviembre de 2014.

15.- Memoria del Curso 1977 (25 de Enero – 23 de Junio). Documento cedido por Elena Gamborena

16.- Artículo publicado en el Diario Vasco, miércoles día 5 de enero de 1977, página 2. Biblioteca Koldo Mitxelena

17.- Artículo publicado en el Diario Vasco, martes día 25 de enero de 1977, página 2. Biblioteca Koldo Mitxelena

18.- Documento cedido por Ana Otegi, Archivo General de Gipuzkoa y Archivo de la Administración. Diputación Foral de Gipuzkoa / Gipuzkoako Foru Aldundia. Excelentísima Diputación de Guipúzcoa, Libro de Actas, página 338 a 348. En el Pleno de la Diputación del 30 de Agosto de 1976, se aprobó el texto del Reglamento de la Escuela, el nombramiento del personal y la puesta en marcha de la Escuela.

FOTOGRAFÍAS:
Fotos cedidas por: Lourdes Merino Cadenas. Edurne Olaizola Iturrieta. Elena Legorburu Barrioseta. Lourdes Etxarri Dambolenea. Ana Zabala Largo. Inaxi Altuna.
Archivo fotográfico Manuel Solórzano

FOTO 24 Tarjeta de notas de la Facultad de Medicina. Universidad de Bilbao

AUTOR:
Manuel Solórzano Sánchez
Diplomado en Enfermería. Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. Osakidetza- Servicio Vasco de Salud
Insignia de Oro de la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica 2010. SEEOF
Miembro de Enfermería Avanza
Miembro de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos
Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería
Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.
Miembro no numerario de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País. (RSBAP)


domingo, 2 de noviembre de 2014

MARI CURIE. MUJER INMORTAL



MARI CURIE. MUJER INMORTAL

La científica que logró el sensacional descubrimiento del radio

Trabajó como enfermera con su hija Irene en la Primera Guerra Mundial

FOTO 1 Marie Curie. La científica que logro el descubrimiento del radio

Por fin unas lucecitas azules brillaron en la oscuridad
En el otoño de 1902, María Curie era una mujer de treinta y cinco años con muchos problemas. Antes de nada debía de preocuparse de la economía del número 108 del bulevard Kellerman, en Paris. Allí vive con Pedro su marido; con una hija, Irene, de cinco años, y con su suegro Eugenio, médico octogenario y jubilado. Claro está que no habría gran problema si sus deberes fueran solamente los de un ama de casa. Pero María no debía limitarse a la economía doméstica y a la escrupulosa administración de los pocos francos disponibles.

Ordenar la casa, hacer las compras, llevar las cuentas y anotarlas en las distintas partes de la libreta (gastos del señor, gastos de la señora, gastos generales), es sin duda el más leve de sus trabajos. Se levanta todas las mañanas al amanecer y despacha apresuradamente los quehaceres domésticos para poder tomar el autobús y llegar a Sèvres, a mitad de camino entre Paris y Versalles, donde desde hace dos años enseña física a las jovencitas de la Escuela Superior. Pedro, entretanto, se traslada al P. C. N. de la calle Cuvier, un Instituto de Química, Física y Ciencias naturales, anexo, a la Sorbona. Terminadas las lecciones se encuentran en Paris en la calle Lohmond, donde les ha sido cedido un viejo cobertizo, con el techo estropeado y el pavimento desigual, para ciertos tenaces y fatigosos experimentos de física que implican el tratamiento de quintales de detritos minerales.

Por la tarde, cogidos del brazo, los esposos vuelven a su casa. Finalmente debería llegar la hora del reposo si no fuera porque María aún debe preparar la cena, y después, venciendo el sueño, contempla embelesada a su hija, Irene, dormida, para un poco más tarde entregarse de lleno a sus difíciles trabajos y publicaciones de Física y Química, indispensables para su tesis doctoral.

A la mañana siguiente, al amanecer, vuelta a empezar. Entre marido y mujer, los esposos Curie ganan alrededor de unos ochocientos francos, que apenas llegan para los gastos de la familia y para proseguir los experimentos en el miserable laboratorio de la calle Lohmond, que años antes utilizaban los estudiantes de Medicina como sala de disección, pero que desde hace tiempo se abandonó por inservible.

En estos extraños experimentos, María asume la faena más fatigosa: “la faena del hombre”. Mientras su marido se dedica a los experimentos más delicados, ella se reviste de una bata manchada por los ácidos y se pone a trabajar con los detritos de un raro mineral, la pecblenda, que solamente se puede encontrar en Bohemia, concretamente en Jachimov, en los Montes Metalíferos, y que ellos dos han podido conseguir nada menos que gracias a la intervención del emperador austriaco Francisco José, propietario de la mina.

Completamente sola, envuelta en humo que quema la garganta y los ojos, María se encarga de una labor que ocuparía a cuatro o cinco operarios. Debe llenar unos grandes crisoles con veinte kilos de mineral, transportar los recipientes, trasegar los líquidos, remover durante horas y horas la materia en ebullición en los grandes envases de hierro. En la primavera de 1898, María ha intuido que en aquel mineral existe una materia capaz de emanar radiaciones ignoradas. Durante cuatro años ha estado trabajando ahincadamente en el patio, sin arredrarse ante el frío del invierno ni ante los calores del verano; llegó a tratar, por medio de sucesivas fusiones, ocho toneladas de residuos de pecblenda, entre los cuales debería haber aparecido el misterioso elemento.

Otro químico, André Debierne, había tenido la buena suerte de descubrir entre aquellos mismos residuos un principio desconocido, el atinio. María, en cambio, a pesar de todos los esfuerzos realizados, no había logrado demostrar aún la verdad de lo afirmado el 12 de abril de 1898, en una memoria presentada a la Academia Francesa de Ciencias. Para entonces el trabajo más duro y enojoso ha concluido; María no debe permanecer por más tiempo en el patio siguiendo de cerca los experimentos, envuelta en los humazos que exhalan los grandes recipientes con el material en ebullición. Después de cuatro años de fatigas, ha llegado al estadio de la purificación y de la cristalización fraccionada de soluciones fuertemente radiactivas. Trabaja en el interior de la cochera, pero las dificultades continúan: por las mil y una rendijas penetrar partículas de hierro y de carbón; es muy difícil obtener el resultado cabal que María pretende. Aislar el radio, en aquellas condiciones, parece intentar el absurdo. Se han sucedido los días, los meses, los años.

María no sabe lo que es renunciar, aunque lagunas veces, en su casita de las afueras de Paris, se ha sentido cansada. Y en la lasitud física se acrecientan sus dudas. ¿Logrará aislar el misterioso elemento? ¿O, por el contrario, las absurdas condiciones de trabajo habían hecho baldío todo el enorme esfuerzo? Entretanto son ya las nueve de la noche. El viejo suegro se ha retirado a sus habitaciones. María ha bañado a la pequeña Irene. La ha metido en la cama y la arrulla mientras se duerme. Por fin llegó un momento de serenidad y de paz. Después, la mujer se vuelve al lado del marido, quien la espera impacientemente, casi celoso de las atenciones que dedica a su hija, y masculla:
Parece que sólo te preocupas de la niña, y te olvidas de mí.

María no responde; se sienta al lado de su esposo y se dispone a terminar la orla de un delantalito para la pequeña. Pedro no puede estar encerrado y pasea nerviosamente por la estancia. Después de algunos minutos de silencio, al fin se decide:
Lo siento María. ¿Qué te parece si vamos un momento allí? La esposa levanta los ojos de la costura. Ha comprendido el deseo de Pedro. El “allí” forma parte de su lenguaje familiar. María va a la habitación donde descansa su suegro, y le ruega que cuide a Irene. Después, del brazo de su esposo Pedro, van a pie y recorren las pobres calles de aquellos arrabales hasta la de Lohmond, donde está el laboratorio.

Ya han llegado. Atraviesan el oscuro corral; Pedro abre la desvencijada puerta. “No enciendas la luz” le pide María con ardor, pasándole la mano por el hombro. Después añade: “Pedro, recuerdo ahora un día que me dijiste: “¿Te gustaría que el radio tuviese un color precioso?” Los esposos empujan la puerta, se adelantan hacia la cochera con cuidado de no tropezar. Pero he aquí que los hermosos destellos del radio atraviesan los cristales, brillan azulados y fosforescentes, como colgados en las tinieblas:
“Mira, mira…¡qué maravilla! murmura María”.

Avanzan a tientas. María encuentra una silla de paja y se sienta, silenciosa, en la oscuridad. Pedro le acaricia con una mano sus rubios cabellos. Ambos miran los misteriosos destellos de aquella luz: el radio, su radio. Paladean sin una sola palabra la felicidad de su descubrimiento. Después, cogidos de la mano, los Curie abandonan el cobertizo, y lentamente tornan al bulevar Kellerman, por las calles a aquella hora desiertas. Una gran paz les envuelve, pero ellos no se percatan de nada. Sus corazones exultan de alegría. La larga espera se ha convertido en realidad. Su trabajo ha sido por fin coronado por el éxito.

Cerca de un año después, Pedro y María Curie reciben esta carta, escrita el 14 de noviembre por el profesor Aurivellius, de Estocolmo:
La Academia sueca de Ciencias, en su sesión del 12 de noviembre, ha tomado la decisión de otorgarles, por mitades, el Premio Nobel de Física de este año, como testimonio de su aprecio por vuestros comunes y extraordinarios experimentos sobre los rayos Becquerel. El 10 de diciembre, en la solemne reunión general, serán publicadas las decisiones (que hasta aquel momento deberán ser mantenidas en riguroso secreto) de las distintas comisiones encargadas de fallar los premios, y en la misma ocasión se entregarán los premios y las medallas de oro. En nombre de la Academia de Ciencias les invito a asistir a tales reuniones, para recibir personalmente el galardón que se les ha concedido”.

FOTO 2 La mesa de Madame Curie en el Instituto del Radio de París

Toda una vida de trabajo
María Curie, “física francesa, Premio Nobel de Física en el año 1903 y de Química en 1911”, según nos dice textualmente el sexto volumen de la última edición (1970) de la Enciclopedia Británica.

No hay error en esta parca nota que nos proporciona una información a todas luces insuficiente. María Curie es la misma María Sklodowska, nacida el 7 de noviembre de 1867 en Varsovia, en la plazuela de la calle Freta, donde había un pensionado de señoritas, dirigido en aquellos tiempos por su madre, nacida en Boguski y casada con el profesor de Física Vladislao Sklodowski, al cual le había dado ya un hijo y tres hijas. Sus padres eran polacos no sólo por nacimiento, sino también por origen. El hecho de que en aquel momento fueran considerados como súbditos rusos era sencillamente consecuencia de uno de los tres repartos que las grandes potencias habían realizado de aquel desventurado país entre 1772 y 1795. Ser polaco ya no era un derecho; era una condición desesperada y difícil, y no solamente para quien intentase dar a sus actividades un contenido político. Ser polaco era difícil para los escolares, peligroso para los profesores. Siguiendo un proceso típico de desnacionalización, su lengua había sido suprimida oficialmente.

El polaco aún se utilizaba, verdad es, en la intimidad del hogar, entre los distintos miembros de la familia, o con amigos de confianza. Pero en las escuelas los funcionarios rusos ejercían un inflexible, constante, inexorable control para que los profesores desarrollaran sus programas en lengua rusa. María crece, pues, en un ambiente en el cual la represión era imperiosa, si bien por su tierra edad no le supuso ningún perjuicio directo. Por el hecho de ser polaca, y de que su padre había sido premiado en San Petersburgo, éste encontró el modo de aprender perfectamente el ruso, y se lo había enseñado a sus hijos. Pero en realidad la exagerada imposición de la lengua del opresor y la circunstancia de que perteneciera a una familia en la que el estudio y los libros eran el pan de cada día, hacían más penosa e insoportable la injusta opresión.

Como María dominaba a maravilla el ruso, la pequeña era presentada como modelo cuando el odioso comisario llegaba por sorpresa a la escuela para una inesperada inspección. Por otro lado, su rápido progreso en los estudios y en la libre conquista del saber, encontraban obstáculos en las severas limitaciones impuestas por los ocupantes. A los niños, una vez acabados los estudios medios, no se les consentía continuar con los superiores o universitarios, a excepción de hacerlos en el totalmente rusificado Ateneo de Varsovia. Los libros que se podían conseguir legalmente eran solamente rusos: informaciones y saberes hallábanse sometidos a una severa censura, que con su control moroso retrasaba o impedía el acceso a cualquier linaje de conocimientos, especialmente los científicos.

La Providencia había dotado a la pequeña María de una precoz inteligencia (a los cuatro años había aprendido a leer sola) y de la manera de acercarse fácilmente a la cultura, pues el ambiente natural de su familia era la escuela. Pero desde niña su sensibilidad se avezó a exacerbarse ante “los miles de imposibilidades” que se interponían entre ella y su vehemente ansia de saber. Con pedagógica prudencia, sus padres intentaban inducirla al descanso y a los juegos al aire libre: lo propio de su edad. La pequeña, sin embargo, se sentía misteriosamente atraída por todo aquello que significase conquistar nuevos conocimientos. Pero más que otras maravillas, le fascinaba una vitrina del salón donde su padre, profesor de Física, había colocado cuidadosamente algunos de sus aparatos y algunas piezas de su colección científica: un barómetro, un electroscopio, tubos de vidrio, balanzas de precisión, moldes para vaciar minerales.

“Aparatos de Física, le había explicado su padre”; pero no bastaron aquellas palabras para satisfacer su curiosidad. Apretando la nariz contra la vitrina, María estaba incubando, desde pequeña, lo que sería el gran amor de su vida.

La juventud de María no fue de las más sosegadas y felices. A los nueve años conoce por primera vez el dolor. Su hermana mayor, Zosia, muere de tifus. Su familia pasa después estrecheces económicas, pues se han agotado todos los recursos, primero con los préstamos al cuñado para realizar inversiones extravagantes, después para curar a la madre, enferma de tuberculosis. Pero es inútil todo sacrificio: la señora Sklodowska muere en 1878, cuando la menor de sus hijas aún no había cumplido los once años.

María juzga el golpe incomprensible, duro, injusto. Se sentía separada del buen Dios al cual había pedido desesperadamente ayuda y protección en los años de la infancia, rezando con fervor en la iglesia de Santa María. Le falta la fe intrépida que necesitaría para aceptar con resignación y confianza aquellas tribulaciones a las cuales se añadió el trágico fin del hermano de una compañera suya de clase, Leonia Kiniska, acusado por los rusos de haber participado en un complot; y además su padre veía acrecidas sus dificultades pecunarias al ser despedido de un trabajo que le deparaba cierta tranquilidad: dramática situación que los rusos nunca conocieron.

María no cede; comprende claramente cuál es su deber y el 12 de junio de 1883 consigue el premio más importante, la medalla de oro, el premio del colegio, que es un broche maravilloso como remate a sus estudios. Pero algo parece haber cambiado en ella. Los dolores, las injusticias, los sufrimientos levantan en la joven una orgullosa indiferencia hacia todo lo que la rodea, cuando no se trata de su familia y de sus estudios. Se siente separada de los demás, olvida al Dios de sus padres porque permite tantas injusticias en su Polonia natal. Casi inconscientemente se separa de sus compañeras; ha sufrido tan lacerantes desgracias que comienza a nacer en ella una vocación fanática por lo que cree inalterable: por las ciencias exactas. Papá Sklodowski se da cuenta de que su última hija ha crecido con estrecheces y ha soportado responsabilidades enormes para su edad. Por tanto, decide que maría, ya terminado sus estudios, disfrute de unas largas vacaciones y la manda durante más de un año a visitar a los parientes que viven en Polonia, una familia patriarcal de la pequeña nobleza rural.

Aquí María siente la embriaguez despreocupada del nuevo ambiente; aquí retorna a los dulces años de la adolescencia, aquí va a aprender los bailes populares. Pero es solamente un breve paréntesis que debe ser olvidado. María piensa que es el momento de ser útil a la familia. Sobre todo, quiere ayudar a su hermana Bronia a realizar el sueño de su vida, es decir, ir a Paris a estudiar Medicina en la Sorbona, porque en Varsovia está prohibido a las mujeres. El plan de María es sencillísimo; dará clases a los niños del Instituto, hará valer su diploma con medalla de oro. Escribe a mano un anuncio y lo distribuye por todas partes: “Recién diplomada da clases de Aritmética, Geometría y Francés. Precios módicos”. Y así procura ganar cada año los cuatrocientos rublos necesarios para mantener a Bronia en Paris. Por desgracia, la áspera realidad es bien distinta; los anuncios no dan resultado; por el contrario, sobreviene la humillación de vanas esperas, de esperanzas perdidas, de nerviosas caminatas por las heladas calles de la ciudad. Pero de rublos nada. No obstante, maría había fijado su plan de acción y no lo abandona. Se presenta en una agencia de empleo y busca un puesto de institutriz con cualquier familia pudiente. Podrá comer gratis y tendrá un sueldo; por lo menos podrá ahorrar los 400 rublos anuales que necesita Bronia. En el porvenir, ni las privaciones ni el orgullo de los ricos harán flaquear las inquebrantables determinaciones de la indomable joven.

Desde enero de 1886 hasta la primavera de 1890, durante más de cuatro años, María se convierte en sencilla institutriz de una familia: En una de estas casas encontrará el amor, entorpecido por los señores, los cuales juzgan inconcebible que su primogénito quiera casarse con una muchacha sin dote y de una categoría social inferior. Quizá esta desilusión es la que lleva más tarde, después de una última explicación con el indeciso enamorado, a intentar a su vez el viaje a Paris. Entretanto Bronia se ha casado con un médico polaco, Casimiro Dluski, y María ya no tiene necesidad de la ayuda de su padre y de su hermana. Piensa en trasladarse definitivamente al extranjero, pero antes pretende restituir cuanto ha necesitado. En el invierno de 1889, trabajando en casa de una familia de Varsovia que le deja algún tiempo libre, María ha encontrado la manera de ayudar a hacer sencillos análisis de laboratorio, en una humilde habitación de un “Museo de Industria y Agricultura” que aparece, ante la mirada inquisitorial de los rusos, como un secreto cenáculo científico de los jóvenes polacos. Ha comprendido cuál es su obligación.

FOTO 3 Medallas conmemorativas de los dos premios Nobel y billetes con su cara

Se sobrepone incluso al dolor de tener que abandonar a su anciano padre, que se quedará solo en Varsovia. María ha decidido. Toma un billete de tercera (después pasará a cuarta clase con el fin de ahorrar algo); adquiere un baúl en el cual envía a Paris lo poco que posee (algunos objetos personales), y guarda los pocos rublos que le quedan. Marcha a Paris donde la esperan, en un piso de la calle de los Alemanes, su hermana Bronia y su cuñado Casimiro Dluski. Ahora que ya no debe sacrificarse por nadie, puede entregarse por completo al estudio.

PARÍS
En octubre de 1891, María tiene casi veinticuatro años y ha perdido cinco en ayudar a los demás y ganar unos pocos rublos. Aún no sabe bien cómo obrar, pero pensará solamente en sí misma, es decir, en la investigación científica que hasta ahora la había sido vedada. Desde su llegada a Paris desaparece por completo aquella persona que había sido María: una voluntariosa, pero desgraciada muchacha de Varsovia. Se matricula en los cursos para la licenciatura de Física, y firma la solicitud con este nombre: María Sklodowska. Desde el primer momento ha adoptado la grafía francesa; y es que, casi inconscientemente, intuye que esta tierra llegará a ser su única patria. Se encuentra angustiada por la convicción de que ha perdido demasiados años, teme que le falte la posibilidad de recuperar su baldía e inacabable espera. Ha conseguido estudios en la Sorbona, que en aquel fin de siglo era el centro más importante del saber, y debe aprobar. Se ha fijado un programa preciso. Descubre de pronto que viviendo en casa de los Dluski (donde se reúnen tantos emigrados polacos y donde se discuten múltiples temas y problemas) nunca podría realizar el plan que deliberadamente se había impuesto. Por ello prefiere alquilar una habitación en la calle Flatters, cerca de la Sorbona; y allí se encierra sola, en miserable aislamiento, en la inopia más absoluta.

Vive en la pobreza de una habitación donde no se ve más que una cama y una mesa para los libros. María se prepara para sus exámenes de licenciatura, perfeccionando sus conocimientos, haciendo progresos en francés y completando sus fragmentarios conocimientos científicos, adquiridos un poco confusamente sobre los textos más dispares.

En la soledad, nutre su tenacísima lucha por conquistar aquello que sabía que le había sido siempre negado; se olvida hasta de comer, renuncia a todo lo que es la vida para las mujeres jóvenes; sólo se acuerda, con afecto inalterable, de los familiares y de los pocos amigos que ha dejado en Polonia. La verdad es que parece increíble; por medio de este tremendo y solitario esfuerzo, concentrado en el anhelante quehacer de pocos meses, María, la expatriada polaca de cabellos rubios, que lleva una vida de ermitaña, logra en julio de 1893 el primer puesto en la licenciatura de Física. Gracias a una amiga polaca, la señora Dydynska, consigue una beca “Aleksandrovic”, dotada con seiscientos rublos, y puede quedarse en Paris y obtener en un solo año la licenciatura en Matemáticas, logrando el segundo puesto entre todos los estudiantes.

Gracias a sus extraordinarias calificaciones, la Sociedad para el desarrollo de la industria francesa la comisiona para que realice más estudios sobre las propiedades magnéticas del acero; de esta manera María podrá continuar sus investigaciones en París y no volver así definitivamente a Varsovia, como hubiera ocurrido si le faltaran los medios para vivir. Para llevara a cabo los trabajos que le han sido encargados, María necesita un pequeño laboratorio, donde puede efectuar sus experimentos. Providencialmente, el profesor Kowalski, un polaco que enseña en la Universidad de Friburgo, le presenta, mientras está de visita en París, a un joven científico francés, Pedro Curie, jefe de estudios de la Escuela de Física y Química, emplazada en la calle Lohmond. Quizás él podría encontrarle un sitio para que ella realice sus experimentos.

Esta relación puramente fortuita, determinada por una momentánea necesidad de trabajo, va a ser el arranque de un idilio maravilloso entre estos dos jóvenes que “quizá porque cada uno de ellos hubiese sufrido el desencanto del primer amor” han buscado en la ciencia el refugio para sus sueños y esperanzas.

Pedro ve acaso en la joven la mujer ideal, la compañera de estudios y experimentos, capaz de un impulso igual al que le anima a él, ideal para comprender y entender, gracias a su segura y completa formación científica, sus hipótesis y sus teorías.

A los treinta y cinco años, Pedro Curie es ya célebre en su ambiente, por sus estudios y descubrimientos hechos en colaboración con su hermano Jacobo o bien solo: del cuarzo piezoeléctrico hasta el principio de simetría, desde la balanza Curie a las leyes Curie. Pero Pedro teme que la joven polaca vuelva a Varsovia para siempre, intenta estrechar su amistad con ella, intenta hacerle prometer que retornará en el otoño a París. Finalmente le propone en matrimonio. Quizás temiendo ser herida una vez más, María no acepta la proposición, se excusa, pierde tiempo, y por fin sale para Varsovia, vuelve junto a su padre y a los suyos, casi para encontrarse de nuevo en el ambiente de su juventud, entre los afectos y los intereses que parecían perdidos; lo hace, en el fondo, para defenderse del inevitable, del apasionado, fiel y sincero amor de Pedro. Sin embargo, éste no cede, continúa escribiéndole, se dice incluso dispuesto a contentarse con una especie de “comunión científica” para que vuelva a París. Y María no sabe resistirse. Aquella obstinación “positivista” que hay en ella no puede hallar justificación alguna, porque el hombre que la ama es también un científico al que admira. En fin, María vuelve a parís, acepta la proposición de Pedro, acepta ser la compañera de su vida. El 26 de julio de 1895, en el municipio de Sceaux, la joven polaca se transforma en la señora María Curie. Con este nombre pasará a la historia.

FOTO 4 La casa donde vivió al enviudar en Sceaux, Francia

Los esposos pasan la luna de miel visitando la Isla de Francia, pasean en bicicleta, restauran su ingenua sed  de vivir el vagabundeo que se logra a la vera de la naturaleza que ellos tanto aman: serán éstas las humildes, únicas y alegres vacaciones de toda su vida. Después vuelven a París, se instalan en su piso de tres habitaciones en la calle Glacière, y comienzan su vida en común, su unión humana y científica.

Al cabo de un año, en julio, María se presenta a oposiciones para profesora de enseñanza media, y obtiene el número uno. Pero no se duerme en los laureles; todavía quiere proseguir. Para ella, toda etapa alcanzada es motivo y pretexto para superarla. No son impedimento los problemas familiares; no importa si debe ser al mismo tiempo ama de casa y científica; no importa si el 12 de septiembre de 1897 nace su primera hija, Irene Curie; no importa si su salud se quebranta, si incluso alguien teme que aquella frágil mujer fuerte pueda contraer la tuberculosis. María vence todos los obstáculos con una admirable fuerza de voluntad. Termina su monografía sobre la calamita, después se dedica al estudio del poder de ionización de los rayos del uranio, aplicando el método Curie. Se ha propuesto obtener cuanto antes el doctorado en Física, aunque tenga que llegar al último extremo de la escala de los sacrificios.

Interesada por una comunicación presentada en el 1896 en la Academia Francesa de Ciencias, por Henri Becquerel, María procura dedicar sus propios esfuerzos a esta apasionante, desconocida materia de las emanaciones naturales de algunos cuerpos. Becquerel había examinado las sales de uranio, verificando que emitían espontáneamente, sin la previa acción de la luz, ciertos rayos de naturaleza desconocida. Un compuesto de uranio, colocado sobre un clisé envuelto en papel negro, impresionaba el clisé a través del papel. Y, como los rayos X, estos de uranio descargaban un electroscopio, haciendo conductora la zona inmediata.

María se propone ahora descubrir de dónde proviene la energía que los compuestos de uranio emanan constantemente bajo forma de radiaciones. Pedro, después de muchos esfuerzos, había logrado que ella trabajara en un cuchitril de la Escuela de Física y Química. Consiguiendo un material exiguo (una cámara de ionización, un electrómetro Curie, un cuarzo piezoeléctrico), María examina tenazmente las pocas muestras de mineral de que dispone. Descubre que la insólita radiación es proporcional a la cantidad de uranio contenida en los componentes examinados, y que tal radiación, mensurable con precisión, no está influida por el estado de las combinaciones  químicas del uranio ni por circunstancias anteriores, tales como la luz o la temperatura. Sucesivamente procede al examen de todos los cuerpos químicos y comprueba que las sales de torio emiten rayos espontáneos, semejantes a los del uranio, y de análoga intensidad. María propone denominar radioactividad a esta propiedad, y radioelementos a los cuerpos que están de ella dotados. Prosiguiendo en su búsqueda, descubre que los minerales de torio y de uranio poseen radioactividad bastante más fuerte que aquella que cabría suponer partiendo de la cantidad de torio o de uranio que contengan.

Primero piensa en un error en el cómputo del experimento; después, tras cientos y cientos de comprobaciones, llega a la conclusión de que los minerales contienen en realidad una materia radioactiva que es al mismo tiempo un elemento químico todavía desconocido, un cuerpo nuevo. En una comunicación a la Academia Francesa de Ciencias, presentada por el profesor Lippmann y publicada en la sesión el 12 de abril de 1898, María Sklodowska Curie anuncia que dos minerales de uranio, la pecblenda (óxido de uranio) y la calcolita (fosfato de cobre y de uranita) son mucho más activos que el mismo uranio. El hecho exige atención e induce a creer que estos minerales pueden contener un elemento mucho más activo que el uranio.

Y éste es el primer anuncio del descubrimiento del radio: con su intuición, María ha revelado la existencia de una sustancia desconocida. Pero no bastan las palabras, no es suficiente la demostración lógica: necesita probar que el radio existe. Desde aquel momento, desde que los experimentos de su mujer han salido de la normalidad de unos estudios destinados a una tesis doctoral, para convertirse en una difícil y extenuativa investigación, Pedro Curie se une a María en el angosto y húmedo laboratorio de la calle Lohmond. Desde mayo de 1898, y durante ocho largos años, hasta la dramática muerte del científico, esta solidaridad de pesquisas y de estudios se desarrolla y se entrelaza de tal manera que es imposible y sería injusto distinguir cuál fue la aportación de uno y de otro en los sucesivos descubrimientos. Desde el momento en el que la relación científica se desarrolla bajo la fórmula “nosotros” o “uno de nosotros”, indica que la búsqueda, la investigación, el mérito de los descubrimientos son comunes, y en cierto sentido unívocos. Así lo quería María, inclusive  cuando continuó sola su intrépida lucha por la conquista científica.

Primer resultado: los Curie descubren que la radioactividad se encuentra en dos fracciones químicas de la pecblenda, en dos cuerpos distintos. El primero en ser aislado, en el verano de 1898, recibe el nombre de polonio en homenaje a la patria de María: constituye una especie de orgullosa afirmación de la nobleza intelectual y científica de su infortunado país natal. Los trabajos de los dos esposos, con la colaboración temporal de G. Bémont, progresan claramente, sobre todo cuando en la sesión del 26 de diciembre de 1898 pueden anunciar a la Academia Francesa de Ciencias: “Las diversas razones que habíamos enumerado nos inducen a creer que la nueva sustancia radiactiva es propiamente un elemento nuevo, el cual proponemos bautizar con el nombre de radio”.

La nueva sustancia radiactiva contiene ciertamente bario en una enorme proporción; sin embargo, la radioactividad es considerable. La radioactividad del radio debe ser, pues, enorme. Ahora el descubrimiento del radio está asegurado, aunque falta la manera de demostrarlo debidamente a la ciencia oficial. Polonio y radio están contenidos especialmente en la pecblenda, un mineral raro que se extrae de Sankt Joachimsthal (hoy Jachimov), los Montes Metalíferos de Bohemia. La región forma parte del imperio austro-húngaro. Los Curie suponen que el radio se encuentra en este mineral quizás en la proporción del 1 por 100; se necesitan, pues, grandes cantidades de pecblenda para poder aislar el polonio y el radio en cantidad apreciable. Se enteran de que una vez extraído el uranio para las necesidades de la industria del vidrio, en Santk Joachimsthal los residuos de pecblenda quedan amontonados en un terreno abandonado, al lado de un bosque de pinos.

Pedro y María no tenían nada, pero su fuerza de persuasión fue tal que allanaron todos los obstáculos. Después de muchas gestiones inútiles, obtuvieron finalmente para sus experimentos buena cantidad de madera abandonada en los alrededores del pequeño laboratorio de María, en la calle Lohmond. Aquello no le servía a nadie; de modo que el profesor Schutzenberger, director de la escuela de Física y Química, consiente que los esposos Curie la utilicen. También han escrito al profesor Süs y a la Academia de Ciencias de Viena, e inesperadamente llega la respuesta: admitiendo las sugerencias de los científicos, el Gobierno austríaco, propietario de la minería de Santk Joachimsthal, ha decidido poner a disposición de los investigadores franceses una tonelada de vidrio de pecblenda, a condición de que los interesados paguen los gastos del transporte. María y Pedro empeñan sus últimos bienes, y por fin, después de larga espera, de un carro de caballos se descargan, en el patio de la calle Lohmond, los sacos que contienen mineral de pecblenda.

Comienza aquel día heroico, el hercúleo trabajo de investigación. Solos, sin medios, sin ayudantes, Pedro y María Curie investigan desde 1898 a 1902 con aquella primera tonelada y con otras siete que han logrado procurarse sucesivamente. Pedro se encarga de precisar las cualidades del radio. María se dedica a los agotadores tratamientos químicos que permitían obtener las sales de radio puro.

Los esfuerzos, guiados únicamente por la intuición y por la pasión científica, duraron cincuenta y un meses. Cuatro años largos de sacrificios sobrehumanos, de fatigas materiales, de desesperantes desilusiones. Se sabrá más tarde que en los residuos de pecblenda la proporción del radio no es del uno por ciento, sino inferior al uno por millón. Como un peón, remueve y transporta María el material para calentar los recipientes de fusión; así se llega gradualmente a la purificación y a la cristalización fraccionada de soluciones intensamente radioactivas. Pero los resultados tardan en aparecer; en el 1900 un químico, colaborador suyo, André Debierne, descubre en los residuos de pecblenda un nuevo elemento, el atinio, mientras solamente en septiembre de 1902 los esposos Curie logran finalmente aislar un decigramo de radio puro y determinan en 226 el peso atómico de la nueva sustancia.

FOTO 5 Los hijos de los Sklodowski: Zosia, Hela, María, José y Bronia. Los esposos Curie con Irene

La increíble aventura de la joven polaca, que durante cuatro años había debido trabajar en empleos poco menos que serviles para sobrevivir y poder, siquiera, soñar; parece concluir de este modo, felizmente, como en el final de un folletín. En realidad, ya desde septiembre del 1900 María pudo contribuir a los gastos familiares, enseñando Física en la escuela de señoritas de Sèvres. Y entonces los dos esposos obtienen un crédito de 20.000 francos para proceder a la extracción del material radiactivo de costosos minerales: así pueden adquirir otras cinco toneladas de pecblenda. Ambos son invitados a dar una conferencia en Londres.

María termina la preparación de su tesis, y se presenta el 25 de junio de 1903 a la Sorbona, donde la mantiene: “Búsqueda de las sustancias radioactivas”, que le ha costado cinco años de sacrificios. El tribunal, presidido por su viejo maestro, el profesor Lippmann, le otorga el título de doctor en Ciencias Físicas con la nota “cum laude”. A los treinta y seis años, María ha alcanzado la meta que se había propuesto; pero, debilitada por los esfuerzos y por los sacrificios, no soporta  un segundo embarazo, y aborta. Convaleciente aún, no puede acompañar a su marido a Londres para la solemne entrega de la “Medalla Davy”, el primer reconocimiento oficial que el mundo de la ciencia otorga a los esposos. Ellos no han recogido en Francia el fruto de sus trabajos y descubrimientos, pues la ciencia académica, los viejos santones, intentan desalentarlos con la indiferencia y el desprecio. Se niega a Pedro la entrada en la Academia de Ciencias, lo que les aseguraría algún bienestar económico; en el preciso momento en que podrían y deberían proseguir sus investigaciones, los Curie no logran resolver sus problemas pecuniarios inmediatos. Pero en Suecia se reparará esta injusticia.

En la reunión del 12 de noviembre de 1903, la Academia de Ciencias de Estocolmo otorga el premio Nobel de Física, el cual comparten Henry Becquerel y los esposos Curie. Pedro y María no pueden presentarse en Suecia para la ceremonia oficial, pero el altísimo reconocimiento extranjero había resuelto inesperadamente todos sus problemas. El 2 de enero de 1904 llega a París desde Estocolmo la cantidad de 70.000 francos. Toda Francia, conmovida por aquel ejemplo emocionante, se interesa ahora por el inteligente científico y su extraordinaria esposa. Pedro Curie obtiene la cátedra de Física de la Sorbona, y lo que más le alegra; las pequeñas habitaciones para el laboratorio en la calle Cuvier; mientras María es nombrada su jefe de estudios con una asignación de 2.400 francos al año. Marido y mujer reciben otros 50.000 francos (mitad del premio Osiris). El 6 de diciembre de 1904 nace su segunda hija, Eva, que será quien escriba la grandiosa biografía de su madre. Los problemas aparecían ahora completamente resueltos.

Los esposos pudieron continuar trabajando sin más preocupaciones económicas en sus estudios sobre las sustancias radioactivas. Pedro, finalmente, ingresó en la Academia Francesa de Ciencias, que, como sabemos, lo había rechazado en un principio. María pudo vivir con su familia en una casa en las afueras, si no bonita, al menos con jardín para las niñas. Pudo pagar las cuentas, pudo ayudar a los que la habían querido bien, pudo devolver a la fundación Aleksandrovic los seiscientos rublos que le habían sido entregados doce años antes, y que le habían permitido conseguir su licenciatura en Matemáticas. Al mismo tiempo quiere realizar su ideal: ayudar a los jóvenes polacos, que deseaban recorrer el camino que ella había ya hecho. No es por vanidad por lo que los Curie rechazan, ahora que han alcanzado una fama mundial, los homenajes y los loores, sino por un hecho sencillo: la necesidad de contemplar el futuro con serenidad.

Pero esta increíble tranquilidad va a durar demasiado poco. En la tarde del 19 de abril de 1906, mientras se dispone a atravesar, bajo la lluvia, la pequeña calle del Delfín, Pedro Curie es atropellado por un gran carro, tirado por dos caballos normandos y conducido por un tal Louis Menin, y sucumbe bajo el carro sin que los caballos lo golpeen; pero una de las pesadas ruedas le machaca la cabeza. En un instante todo ha terminado. Hasta la noche, cuando volvió a casa después de hacer algunas compras, no se enteró María de la desgracia. Su mundo queda totalmente destruido; dijérase que un hado hostil quisiera castigarla por su éxito, por su descubrimiento, por su amor dichoso y afortunado. Son días terribles, pero hasta en la tragedia se revela el maravilloso valor de esta impávida mujer, que no duda en reemprender la lucha para alcanzar por sí misma los resultados que se había propuesto lograr ayudada por su esposo. Dificultades, incomprensiones, maldades, celos, tantas cosas que intentan romper los indomables propósitos de la polaca desde que obtuvo el encargo de continuar en la Sorbona los cursos de su marido.

FOTO 6 Irene y Marie Curie con trajes de enfermeras en la Primera Guerra Mundial. Pequeños Curie. María Curie al volante de su Renault radiológico

Más nadie logrará doblegarla. Compra una casa con jardines en Sceaux, a algunos kilómetros de París, para su viejo suegro y para las niñas. Resueltos los problemas familiares, empieza a luchar para lograr la creación del Instituto del Radio. Desde América le llega la concesión del premio Carnegie, que le permite prestar ayuda a los estudios de sus nuevos colaboradores. Su fama se consolida. Finalmente, en 1908 llega a ser titular de la Cátedra de Física de la Sorbona. Pero las fatigas, las tensiones, las desilusiones han sido excesivas. Una congestión pulmonar facilita que aparezca en ella el mismo mal que había matado a su madre. Sin embargo, maría incluso resiste y vence esta batalla. Entretanto, publica las obras de Pedro Curie, y en el 1910 el famoso Tratado sobre la radioactividad. Pasa un año y medio, y mientras, después de odiosas polémicas, la Academia Francesa de Ciencias no la admite entre sus miembros (se estima absurdo que una mujer obtenga tal reconocimiento), y una vez más la Academia sueca otorga a la científica los honores que en Francia se le niegan, concediéndole el premio Nobel de Química de 1911. Minada su salud, internada en una clínica, primero debido a una gran afección al riñón, después porque está a punto de perder la vista, María prosigue, imperturbable, su programa. En 1913, en su Varsovia nativa, logra que se empiece la construcción de un pabellón dedicado a los estudios de radioactividad. Al año siguiente, en Paris, tiene la alegría de ver terminados los edificios del Instituto del Radio en la calle Curie. Pero también esta vez la felicidad se disipa en seguida.

El 28 de julio de 1914, con la invasión de Servia por las tropas austríacas, comienza la Primera Guerra Mundial, que aniquila todo programa y toda esperanza. Pone a salvo a las dos niñas en el campo, y el preciosísimo gramo de radio que posee, en una banca de Burdeos. María se entrega con portentosa energía a las tareas de asistencia a los heridos como enfermera. Ya en agosto ha comenzado a hacer su aportación. Durante los cuatro años de guerra, al precio de esfuerzos inauditos, logrará poner en servicio veinte pequeños coches con un equipo Curie; se llaman “pequeños Curie” y llevan entre otras cosas doscientas sales radiológicas, que han sido preparadas personalmente por ciento cincuenta enfermeras técnicas en radiología. Y durante años, María, que se ha gastado todo el dinero del segundo premio Nobel en este trabajo, se afana, perseverante, vehemente, férrea, por llevar su ayuda a los heridos de guerra.

No hay un momento de calma en la vida de esta abnegada mujer. Terminada la contienda se desvive para poner de nuevo en pleno funcionamiento el Instituto del Radio, para continuar sus clases en la Sorbona, para preparar sus publicaciones científicas. María intenta también dar cima a la Fundación Curie; va a América para recibir del presidente Harding el gramo de radio que las mujeres le han regalado para que pueda proseguir sus estudios. Se ocupa activamente de la Academia de Medicina y del Comité de cooperación internacional, del cual ha sido nombrada colaboradora; contribuye a la realización del Instituto del Radio de Varsovia y vuelve a América para recibir del presidente Hoover otro gramo de radio, destinado a Polonia. Durante un decenio sufre varias operaciones en los ojos; después tiene graves trastornos de vesícula; pero nada puede amenguar su actividad; con ella colabora entonces su hija Irene y su futuro yerno Federico Joliot. Se renueva para estos dos jóvenes idéntica vida de amor que treinta años antes habían vivido María y Pedro; y la sabia anciana tendrá la alegría de asistir a su matrimonio y al progresivo aumento de sus descubrimientos científicos.

Sin embargo, María Curie no tuvo la satisfacción más grande, no llegó a ver la atribución del premio Nobel a su hija y a su yerno. Su salud continúa declinando, los efectos irreparables de la destrucción de los tejidos y de los órganos, ocasionada por el continuo contacto con el radio, aceleran el fin. En mayo del 34, María Curie deja el Instituto del Radio para disfrutar de un período de reposo y de cura que se espera puede ayudarla a superar la crisis. Pero no le servirán de nada las atenciones de los médicos. María muere el 4 de julio de 1934 en Sancellemoz. Dos días después sus restos serán sepultados en Sceaux, al lado de los de Pedro. Ninguna ceremonia, ningún duelo, ningún discurso. En la más completa modestia, como había vivido, María Curie abandona el teatro del mundo.

ENTRE REY Y PRESIDENTES
1905, en París. Comida de gala en el Elíseo; está invitada por el presidente de la República Emilio Francisco Loubet. María Curie se ha puesto para esta solemnidad el único vestido negro que posee. Durante la fiesta se le acerca una atractiva señora y le propone:
¿Quiere que le presente a S. M. Jorge I de Grecia?
María se queda un momento pensativa, desconcertada y después, con dulzura, responde:
Sinceramente, no veo la necesidad.
La señora se queda estupefacta e indignada. En ese momento María se acuerda de que se trata de su huésped, nada menos que la primera dama de Francia, señora Loubet.
Azorada, María rectifica:
Naturalmente, será como usted desea. Haré todo lo que quiera.

FOTO 7 La lección en la Sorbona

LA PRIMERA LECCIÓN
La primera lección de la señora Curie en la Sorbona es un acontecimiento mundano. Sugestionado por los periódicos, el gran público, el “todo París”, ha decidido no perderse la emoción y la novedad de una mujer científica. Hermosas damas, artistas, periodistas, diputados, todos buscan tarjeta de invitación. Al mediodía el aula está abarrotada: el público ha invadido los pasillos de la facultad de Ciencias, y mucha gente tiene que quedarse en la calle. Por primera vez en la historia una mujer hablará en la Sorbona; es una ocasión única en la cual “quien cuenta” no puede faltar.

A la hora fijada, se abre una puerta detrás de la tarima. Una pequeña mujer rubia, vestida de negro, sale a la Cátedra. Se oyen frenéticos aplausos. María arruga el entrecejo por todo saludo; después de pie, con las manos apoyadas en la gran mesa llena de aparatos, da a entender que debe terminar el aplauso. Esto no es una fiesta; es sólo una lección. Se hace un respetuoso silencio. María Curie se dirige a la concurrencia y dice: “Cuando se piensa en la progresión lograda en el campo de la Física en estos últimos diez años, no podemos menos de sorprendernos de las modificaciones que han sufrido nuestras ideas, singularmente en lo tocante a la electricidad y a la materia…”
Son las mismas palabras con que Pedro Curie, desde la propia cátedra, había terminado su última lección, en un lluvioso día de abril.

ÚNICAMENTE SE PREOCUPÓ DEL RADIO
Septiembre de 1914. Los alemanes han invadido Bélgica, han destrozado toda resistencia y ahora amenazan París. En el Instituto del Radio, María permanece sola: sus colegas y el personal del laboratorio están en el frente. Queda con ella únicamente Louis Ragot, su chófer enfermo del corazón y una doncella. María ha enviado a sus hijas a Bretaña, y ahora, ¿Qué debe hacer? ¿Huir también de la capital para reunirse con ellas, o quedarse en París para impedir que en el momento de la ocupación los alemanes asalten el Instituto y destruyan los delicados instrumentos del laboratorio?

FOTO 8 Aula del Instituto del Radio de París donde Marie Curie enseñaba

María toma una decisión. En una pesada caja de plomo coloca el precioso gramo de radio que ella misma ha aislado de la pecblenda y que ha donado al Instituto. Después va a la estación y se acomoda con la pesada caja en el vagón de un tren de prófugos que sale para Burdeos. La confusión es espantosa, pues se teme la llegada de los alemanes de un momento a otro. Quizá será éste el último tren hacia la libertad. Llegada a Burdeos, María consigna el precioso cofre en un Banco: puesto así a salvo su tesoro, vuelve a tomar el tren… con destino a París. Es la única que cree necesaria la presencia de una débil mujer para cooperar a la resistencia, para cuidar a los heridos, para salvar el Instituto del Radio.

Pero ni por un instante María pensó en tomar el camino más cómodo: la huida a la plácida Bretaña. La dulce, la sensitiva mujer polaca combatirá durante casi cuatro años, incluso en el frente, como cualquier “poilu” (“hombre de pelo en pecho”, como se dice en castellano), o “soldado francés de la Gran Guerra”.

“PODRÉ MORIR ESTA TARDE”
19 de julio de 1921, en Washington. Al día siguiente el presidente Harding entregará a María Curie el gramo de radio regalado por las mujeres de los Estados Unidos; gramo de radio obtenido por medio de una suscripción nacional.

Es por la tarde. La señora Meloney, que ha promovido la iniciativa de las mujeres americanas, visita a María en su casa y le muestra el pergamino de la donación. María lee atentamente, levanta la cabeza y dice:
“No, no puedo aceptar. Es necesario modificar este documento. El radio que América me ofrece debe pertenecer para siempre a la ciencia. Naturalmente, mientras viva, servirá para mis experimentos científicos. Pero si dejamos este documento tal y como está ahora, a mi muerte el gramo de radio será patrimonio de mi hija. Es absurdo. Deseo hacer pronto donación de él a mi laboratorio. ¿Podríamos hablar con un abogado?
Un poco contrariada y sorprendida, la señora Meloney contesta:
Ciertamente. Si usted lo desea así, nos ocuparemos de esta formalidad la próxima semana.
María, obstinada, contesta:
No, la semana próxima podrá ser demasiado tarde. El documento ha de ser modificado hoy mismo. La donación entrará enseguida en vigor. Puedo morir en cualquier momento. Mejor preverlo todo. La señora Meloney logra encontrar un abogado, el cual hace constar en un acta adicional que el gramo de radio pasa a ser propiedad del Instituto del Radio de Paris.

FOTO 9 Instrumentos que sirvieron para medir la intensidad de la radioactividad: electrómetro de cuadrantes, cuarzo piezoeléctrico y el cilindro cámara de ionización

BIBLIOGRAFÍA
Las Inmortales. 100 Mujeres Inmortales. Marie Curie. Prensa Española S. A. Presidente, Torcuato Luca de Tena y Brunet. Traducción, Blanca Luca de Tena y Benjumea. Volumen V. Noviembre 1971

AUTOR:
Manuel Solórzano Sánchez
Diplomado en Enfermería. Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. Osakidetza- Servicio Vasco de Salud
Insignia de Oro de la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica 2010. SEEOF
Miembro de Enfermería Avanza
Miembro de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos
Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería
Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.
Miembro no numerario de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País. (RSBAP)