domingo, 9 de octubre de 2011

LOS CUIDADOS DE ENFERMERÍA DEDICADOS POR LOS HOMBRES EN CUBA







AUTORA
Licenciada Eduarda Ancheta Niebla, Enfermera cubana. Profesora Principal de Historia de Enfermería. Facultad de Ciencias Médicas “Enrique Cabrera”. Miembro Titular y de la sección de historiadores de la SOCUENF. Miembro de la Sociedad Historia de la Medicina. Miembro de la AMECA. Miembro del Consejo Editor de la “Revista Temperamentum. Granada, España”. Miembro del Comité Científico Internacional de la “Revista Uruguaya de Enfermería”.

FOTO 001 Eduarda Ancheta en la Universidad de Cuba

Me gustaría dedicarle unas palabras a esta gran amiga y enfermera, a sus años sigue estudiando e investigando la Historia de los enfermeros y enfermeras de su país Cuba, como si tuviese sus primeros dieciocho años y su alegría, su ilusión de ver y vivir la enfermería, de compartirla y publicarla. Creo que es un ejemplo a seguir para todos sus compatriotas, por ello me encantaría que desde su propia Universidad le hiciesen un homenaje; como yo le rindo desde muy lejos pero muy cerca de mi corazón y le deseo que siga con la misma ilusión por seguir vinculada a nuestra profesión, otros por menos motivos les han dado y nombrado Doctores de la Enfermería (Doctor Honoris Causa). Gracias Eduarda por seguir estudiando y trabajando por nuestra querida profesión enfermera.

Introducción
Siboney: el término aborígenes cubanos se refiere a los pueblos y etnias que poblaban Cuba a la llegada de los españoles. La principal fuente de información sobre los habitantes precolombinos de Cuba son los relatos y crónicas de los llamados “cronistas de las Indias”, por lo que está matizada por la visión europeizante y cristiana de los mismos. Uno de estos cronistas, Bartolomé de las Casas, distinguió tres tipos de culturas diferentes en cuanto a rasgos étnicos, lingüísticos y de desarrollo tecnológico y social, las cuales llamó guanahatebey, siboney o sibuney y taína. La primera podría remontarse a las primeras migraciones desde América Central (Belice, Golfo de Honduras), mientras que las otras dos procederían a diferentes oleadas de grupos arawak desde el Norte de América del Sur.

El behique
La medicina de los siboneyes “dentro del tipo de medicina parecida a la de cualquier otro pueblo primitivo” evidenciaba la influencia de una cultura superior; ellos veían la enfermedad como una concepción mística del castigo divino y le daban participación activa al aparato digestivo en la génesis de sus enfermedades y como consecuencia practicaban el uso de la medicina adecuada. Sus purgantes y vomitivos eran numerosos: el polvo de la caoba servía para producir la borrachera necesaria para sus ritos mágicos, el sasafrás lo usaban para los dolores dismenorreícos, el aceite de ricino lo sabían preparar igual que recomendaba Dioscórides.

El señor Antonio Bachiller y Morales en su obra “Cuba Primitiva” nos dice: “en el dominio de las enfermedades de las mujeres tampoco estaban desprovistos de remedios, pues usaban el betún (nafta) para curar ciertas dolencias del útero y colocarlo en su lugar; el tabaco y el sasafrás para combatir los dolores dismenorreícos y otras afecciones de la matriz; la cebadilla para expulsar la placenta retenida en la cavidad uterina y el feto muerto in útero, así como también la xutola, planta dedicada a las parturientas”.

Los behíques viejos eran los profesores de los muchachos escogidos de sus poblados quienes andando el tiempo, se convertían en los nuevos behíques. Desde muy jóvenes les enseñaban los secretos de su magia y de las medicinas. Su educación terminaba en el aislamiento y soledad de los bosques durante dos años, sin comer cosa de sangre, ni ver mujer, ni siquiera a sus padres, ni salir de sus chozas o cuevas. (La Medicina en La Habana). Los behíques eran personas muy respetadas en las tribus, que tenían a su cargo las funciones de médico y cuidado de los enfermos, farmacéuticos, dentistas, así como jueces y sacerdotes, pues en esta etapa prehistórica no había división en estas actividades. A estos behíques se les puede considerar también como los primeros “enfermeros”, ya que eran los encargados de aplicar los tratamientos y administrar las “medicinas” que indicaban, así como fueron los primeros “profesores de enfermería” ya que enseñaban a sus sucesores todo lo que sabían.

El Behique era un personaje que tenía a su cargo las artes religiosas; además de hechicero o brujo, médico y enfermero. El behique era necesario dentro de la comunidad y ocupaba una posición privilegiada en la estructura social, situado inmediatamente luego de los caciques y nitaínos. Las funciones de este brujo consistían en: organizar el culto, comunicar las tradiciones tribales, ser consejero de los caciques y educar a sus hijos y además curar a los enfermos, la cual era la más importante.

Los behiques poseían un “poder sobrenatural” que los convertía en personas respetables y temidas. Para los fines curativos, los behiques preparaban “brebajes mágicos”, que ellos mismos fabricaban partiendo de hierbas y plantas. Si un enfermo moría y era pariente del cacique u otro principal, se hacían pruebas para determinar si el behique era culpable de la muerte, por no haber observado el difunto ayuno obligatorio.

FOTO 002 Behique. Bartolomé de las Casas

Para probar la culpabilidad del behique se hacían dos pruebas:
1).- Se le cortaban las uñas y cabellos al muerto. Se hacían polvo y se unían con el jugo de una determinada planta, se le daba al muerto por la boca esta poción, hasta que respondiera las preguntas que se le formulaban sobre su enfermedad y muerte.
2).- Echar al muerto en una hoguera tapada con tierra y esperar hasta que hablara diez veces. Cuando se determinaba la culpabilidad del behique, los familiares del muerto lo golpeaban hasta dejarlo muerto o casi muerto.
Como el behique casi siempre salía vivo de la masacre de golpes, los taínos creían que él poseía una clase de cemí en forma de culebra que lo resucitaba de los golpes. Puesto que casi siempre el behique no moría recibiendo golpes, los familiares le arrancaban los ojos y los testículos para asegurar la muerte de este. El hecho de la venganza contra los behiques, era un derecho exclusivo de los caciques y principales, esto refleja el grado de jerarquía existente en la sociedad taína y la subordinación del behique al cacique.

El Behique: El que Cura a los enfermos: Esta última los distinguía en mayor medida que las demás debido a su vasto conocimiento en botánica, medicina, y otras ramas; lo cual les confería el privilegio de ser los únicos encargados de este oficio. Por supuesto que estos “médicos o enfermeros” de la tribu no poseían conocimientos científicos de anatomía o fisiología, eran puramente intuitivos. “Parecen haber tenido ciertos conocimientos en relación con los cinco sentidos principales, teniendo en cuenta que estas funciones le ponían en contacto con el medio externo, el peligro y la supervivencia.

El cuidado a las personas enfermas brindada por los religiosos
El historiador Isabelo Macías Domínguez relacionado con la fundación del Hospital San Felipe y Santiago dio la siguiente versión de este establecimiento: “El hospital, que desde ese momento la Población empezó a llamar de San Juan de Dios, no tuvo unos comienzos muy felices, pues el obispo Cabezas Altamirano se opuso a la concesión de los dos hospitales (viejo y nuevo) a los Hermanos de San Juan de Dios. Argumentaba el prelado que la Cédula presentada por los citados Hermanos solo les concedía poder para pasar a las Indias, pero no para que se les hiciera entrega de las referidas construcciones; quejándose, además, de que no se había tenido en cuenta su dignidad eclesiástica. Sin embargo, estaba dispuesto a dar la posesión del nuevo hospital siempre que los religiosos lo recibieran por su superior y quedara para seminario el edificio antiguo. Aunque aquellos no aceptaron tal propuesta, el obispo se apropió de dicha casa, donde estableció su pretendido seminario. Ello no duraría mucho, pues la Corona ordenaba rápidamente su retorno a los frailes”. (El Padre Olallo, un cubano testigo de la misericordia).

La aprobación de la entrega del edificio y huerta se realizó el 29 de septiembre de 1603, y se hizo efectiva el 14 de octubre de 1603. Los cuatro primeros Hermanos que tomaron posesión del hospital de La Habana fueron los frailes: Diego de la Fuente, Andrés Alcaraz, Gonzalo González y Andrés de la Paz. Con la llegada de estos religiosos se inició la asistencia de enfermería en los hospitales, pues estos Hermanos tenían preparación para cuidar enfermos. Esta orden religiosa permanecería hasta 1854 (251 años brindando cuidados de enfermería). El 16 de enero de 1610 era prior del hospital fray Sebastián de Aragón, según consta en una libranza expedida por este Hermano en esa fecha. El 28 de mayo de 1666 era prior del hospital. San Felipe y Santiago fray Francisco de Sosa y el 22 de agosto de 1692, fray Diego de Gusquita. En 1704 lo era fray Francisco Barradás.

El 8 de marzo de 1736, el Cabildo de La Habana procedió al examen y concesión del título y licencia de cirujano al Hermano de la orden de San Juan de Dios, José Coimbra de San Antonio. En 1761, se desencadenó una fuerte epidemia de fiebre amarilla al parecer como consecuencia de la llegada a La Habana de un grupo de galeotes procedentes de México. Los Hermanos acogieron en el hospital a los afectados de la epidemia. Con ocasión de esta epidemia fue habilitado un hospital provisional con el nombre de “San Carlos de la Caridad” o también Hospital de “La Carraca”, en las inmediaciones del Astillero y Factoría de Tabacos, para que sirviera a los enfermos de marina y donde se habilitarían hasta 300 camas, también bajo el cuidado de los Hermanos; hubo que ampliar con casas existentes en las inmediaciones del hospital para curar a los soldados del ejército. Los Hermanos que hicieron frente a esta epidemia fueron los frailes: el prior Alejandro de Fleites y los Hermanos: Miguel Barroso y Reyes, Francisco Cardoso, Marcos de Aguiar, Gabriel Ballejos, Simón Pérez, Juan Antonio Mena, Nicolás Medina, Esteban Pérez, José de Zamora y Miguel Más.

El 1 de junio de 1787, el Vice Real Patrono y diocesano nombró un administrador en este hospital con carácter de síndico y un mayordomo depositario de las rentas. El nombramiento recayó en Tomás Mateo Cervantes el 21 de mayo de 1793, quien terminó la iglesia e introdujo otras mejoras y ampliaciones notables como un segundo claustro de celdas y otras dos salas de enfermería. En 1795, era enfermero mayor y cirujano Tomás Álvarez y el segundo enfermero Mauricio Eduardo.

En 1819, se declaró una nueva epidemia de fiebre amarilla y viruela en La Habana. El Hospital de “San Ambrosio” no fue suficiente para acoger a los militares afectados por la epidemia y fue este hospital el que habilitó salas provisionales para atender a los contagiados. Estas salas permanecieron abiertas desde el 4 de septiembre hasta el fin de año, en esta época el hospital estaba en manos de las autoridades civiles; los Hermanos siguieron atendiendo a los ingresados (Hospitales y Centros Benéficos en Cuba Colonial). En el mes de abril de 1854, encontré documentada la muerte del que fue el último Prior del Convento Hospital de La Habana Fray Francisco Pacheco en el libro 10 de defunciones de blancos (1851-1861) folio 109 de la Iglesia del Santo Ángel Custodio

FOTO 003 Certificado de defunción del último prior del hospital de San Juan de Dios

Esta es la última cita y fecha de la estancia de algún Hermano al servicio de este hospital. Las consecuencias del cese obligatorio de los Hermanos Hospitalarios las menciona César Mena refiriéndose al historiador Mario del Pino y de la Vega: “......y al fin, el remedio resultó peor que la enfermedad que se pretendía curar, pues el estado del hospital fue tan lamentable y la falta de atención y limpieza tan acusadas, que los vecinos de La Habana rehuían acercarse al viejo caserón porque por encima de sus tapias, se expandía una pestilencia insoportable”. Hasta nuestro patriota y novelista Cirilo Villaverde, en su novela costumbrista “Cecilia Valdés”, describe prudentemente estos hechos: “Por las altas y cuadradas ventanas, siempre deja salir el vaho caliente de los enfermos…”. (Delgado García G.)

En 1795 aparece en la “Guía del Forastero de la siempre fiel Isla de Cuba” una lista con los principales empleados del Hospital San Ambrosio:
Inspector: Cayetano Reyna
Contralor 1º: Baltasar Velásquez
Contralor 2º: Bartolomé Parraga
Capellán Mayor: Doctor Diego Carrillo
Capellán: Melchor Rivero Segundo
Mayordomo: Francisco Figueroa
Médico principal por MS: Doctor José Caro
Médico segundo: Doctor Nicolás del Valle
Médico tercero: Doctor José Julián Ayala
Practicante Mayor: Lorenzo Hernández
Cirujano Mayor: Ldo Francisco de Córdova
Cirujano segundo: Miguel Suárez
Cirujano tercero: Joaquín Muñoz
Practicante Mayor: Ignacio Puentes
Practicante segundo: Francisco Potestad
Inspector de medicinas: Rafael Pérez
Enfermero mayor: Casimiro Flores
Enfermero segundo: Mariano Blanco
Y 7 Practicantes más.

En 1857 se declaró Hospital de primera clase y se amplió el personal facultativo y administrativo; entre otros cargos se encontraban:
1 Médico Mayor con 2.400 pesos fuertes de salario, 15 primeros médicos con 2.100 pesos fuertes, 1 ayudante inamovible con 960 pesos fuertes, 7 médicos con 825 pesos fuertes, 25 practicantes de primera clase con 408 pesos, 40 Hermanas de la Caridad con 240 cada una, 2 cabos enfermeros, 408 pesos uno y otro 240, y enfermeros menores 290 pesos fuertes. (Guía de Forasteros de la siempre fiel Isla de Cuba)

Convalecencia de “Nuestra Señora de Belén”
Según el padre Ismael Testé y Pérez su primera actuación fue en un hospital bajo el título de “Nuestra Señora de Belén”, pero con la denominación de Convalecencia, esta característica estuvo motivada por el gran interés de su fundador (el padre Compostela), al ver las recaídas y la mala suerte de los enfermos que no bien salidos de la enfermedad eran puestos en la calle sin lugar ni método para su convalecencia.

Esta institución se levantó a finales del siglo XVII por el obispo Diego Hurtado (conocido por Diego de Compostela por ser oriundo de esa provincia española) en el lugar conocido por “la huerta de San Diego“, en una pequeña ermita erigida por este obispo, quien murió sin ver logrado su propósito. Los frailes betlemitas que él hizo venir a La Habana con ese objetivo lograron la terminación de la edificación de la vasta obra; se debió especialmente a la munificencia del alférez de las milicias de La Habana, Juan Francisco Carballo, que era además un rico comerciante. Desde alrededor de 1720 este lugar no solo sirvió para el fin creado por el obispo, sino también para obras benéficas: distribución de alimentos todos los días a las personas más necesitadas de la población y enseñanza gratuita a los niños pobres. En tiempos de guerra, los betlemitas ayudaron notablemente al cuidado y hospitalización de los heridos militares; y según Pezuela: “Durante el sitio de La Habana, desde el 6 de Junio hasta el 13 de Agosto de 1762, ni un solo betlemita abandonó su puesto, y todos prodigaron su asistencia a los heridos de la guarnición, pasando de 300 los que salieron curados de sus manos”. En 1842 por los decretos de secularización, desapareció, con el convento de betlemitas, el Hospital de “Convalecientes”, que según el mismo Pezuela, era “cómodo, ventilado y espacioso”. Esta edificación estaba situada en la Habana Vieja, en el lugar conocido como el “Arco de Belén”, donde hoy esta la iglesia del mismo nombre.

FOTO 004 Billete de doscientos cincuenta pesos fuertes

Otros hospitales en el interior de país
Puerto Príncipe: Hospital de San Lázaro
En 1813 llegó a Puerto Príncipe procedente de Trinidad, fray José de la Cruz Espí, destinado al “Lazareto de San Lázaro”. El padre Valencia se dispuso a terminar el trabajo y muy pronto se notó el cambio. El 11 de agosto de 1815 se iniciaron las obras de construcción del nuevo lazareto, pero hubo que detenerlas. El padre Valencia (le llamaban así por ser natural de esa provincia española), fue capellán del “San Lázaro” desde el 16 de mayo de 1816 y cuentan los que lo conocieron que al anochecer invitaba a los enfermos al santo rosario y a veces, ya entrada la madrugada se le veía recorriendo las celdas de los enfermos ya dormidos musitando su habitual jaculatoria: “Da mihi animas, coetera tibi tolle” (Dadme almas: lo demás déjalo para ti). El padre Valencia falleció en olor de santidad el 2 de mayo de 1838. Con la muerte del padre Valencia se trastocó el ritmo económico del hospital y en pocos años se redujeron los lazarinos hasta su desaparición y su sustitución por dementes. Al finalizar el siglo XIX, estaba extinguido el hospital (Historia Eclesiástica en Cuba).

Hospital Militar
En 1822 empezó a utilizarse en este hospital una de las dos enfermerías levantadas por Gaspar Betancourt y Cisneros para alojamiento de los militares enfermos. El hospital empezó a funcionar con el personal militar necesario y bajo la denominación de Hospital Militar disponía de un contador, un mayordomo, un médico y la servidumbre necesaria; a este personal facultativo había que agregar practicantes de enfermería.

Hospital de San Juan de Dios
En 1756, el Obispo Pedro Agustín Morell de Santa Cruz y Lora, realizó una visita eclesiástica a Puerto Príncipe, durante ella dijo: “El hospital que avía en esta Villa, era una hermita con algunas pocas oficinas para enfermos. El Reverendo Obispo Gerónimo Valdés con acuerdo del Capitán General y Oficiales Reales de La Habana, lo encomendó a los Religiosos de San Juan de Dios. Esto sucedió por el año 1728, desde entonces corren con la administración, y al presente tratan de establecerse con formalidad: el número ordinario se reduce a seis o siete hermanos con el prior que los gobierna”. (La Visita Eclesiástica 1756)

En abril de 1835 llegó a la ciudad de Camagüey fray José Olallo Valdés, junto con los frailes José de la Luz Valdés, José Escobedo, Agustín González y José Saldivar que vivían conjuntamente con una comunidad de franciscanos El padre José Olallo Valdés a partir de esta fecha comenzó a laborar como enfermero, trabajando hasta su muerte ocurrida en 1889. En este año, el hospital contaba con 100 camas.

El Padre Olallo y su relación con El Mayor
René Ibáñez Varona cuenta la siguiente versión de una anécdota del padre Olallo durante la Guerra de los Diez Años: “Al amanecer del día 12 de mayo de1873, una columna española se detiene en la plaza del Hospital de San Juan de Dios, para dejar algunos heridos, y a la vez trae un cadáver atravesado y amarrado sobre el lomo de una bestia, que por los documentos que se le han ocupado en una cartuchera creen que es el cabecilla Mayor General Ignacio Agramonte y Loynaz. Dos soldados desamarran las sogas y casi dejan caer al suelo el jinete inerte (.....). Expuesto a la vista de todos los vecinos y curiosos ha quedado en el suelo, hasta que la bondad cristianísima de Fray Olallo Valdés facilita una camilla y es llevado por dos esclavos al interior del hospital para su identificación (....). Pero como el cadáver estaba con el rostro ensangrentado y algo enlodado de la tierra de Jimaguayú, fray Olallo extrajo un pañuelo de su bolsillo y limpió el rostro al patriota inmaculado”.

La suerte determinó que el padre José Olallo Valdés fuera de los pocos cubanos que tuvieron acceso al cadáver de El Mayor, así como Esteban del Castillo y Varona, empleado del hospital, que pudo cortar unos mechones de los largos cabellos del héroe y los hizo llegar a doña Filomena Loynaz, Amalia Simoni y Ángela del Castillo. Precisamente esta última mostró a José Martí dicha reliquia”.El padre Olallo murió a las 9 de la noche del 7 de marzo de 1889. La ciudad de Puerto Príncipe siente por él una veneración extraordinaria. A partir de su muerte los Hermanos de San Juan de Dios ya no prestaron más servicios en Cuba.

Hasta 1840 en que vuelven y prestan sus cuidados en las instituciones siguen La haba Hogar de Ancianos San Rafael Hospital San Juan De Dios y en Camagüey en el Hogar de Ancianos San Juan de Dios La partida eclesiástica de defunción del 8 de marzo de 1889 está registrada en el Libro 13 de Defunciones de Blancos, en el folio 21, partida 120, Parroquia Mayor de Camagüey; el certificado de defunción civil está en el tomo XIII folio 113, inscripción número 3221 y la constancia de enterramiento está en el tomo I, Bóveda 49, Nicho 3, del 10 de marzo de 1889.

Hombres que se dedicaron a cuidar enfermos
Es de suponer que en los primitivos hospitales tuvo que haber hombres dedicados a cuidar enfermos, pero no encontré sus nombres en los documentos revisados. Desde que se construyó el primer hospital tenía que haber personas que cuidaran a los enfermos; estos primeros hospitales eran dirigidos y administrados por religiosos por lo que ellos mismos ejercían esa función; posteriormente cuando se empezaron a construir hospitales militares fueron los soldados quienes tuvieron a su cargo la labor de cuidar a los enfermos. El historiador César Mena en su libro “Historia de la Medicina en Cuba” menciona que en la provincia Pinar del Río, en el Hospital Militar, trabajaba Juan Díaz como mayordomo y enfermero mayor en 1860, y en ese mismo año menciona que también Manuel Pérez Girón trabajaba como enfermero mayor junto con tres enfermeros más; en el “Hospital de Santa Susana” trabajaba como enfermero practicante M. Iturraldes y en Isla de Pinos el enfermero mayor Bartolomé Jauco con cuatros enfermeros más.

En 1795, estaban de enfermeros de este hospital Tomás Álvarez como enfermero mayor y cirujano y como segundo enfermero Mauricio Oduardo, en 1842 era enfermero mayor Francisco de Paula Escarrá y como segundo enfermero Manuel Pitt.

Nuestro Héroe Nacional José Martí Pérez actuó como enfermero en la guerra de 1895, de esta experiencia dijo: “y cuando dieron la orden de dormir y reposar, hurgué en mi jolongo y saqué de él medicinas, a uno que del jugo del tabaco de apretar tanto el cabo en la boca, se le habían desprendido los dientes, le di un sorbo de marrasquino. Cuando llega el agua fresca con Paquito Borrero, de tierna ayuda, me puse a curar de un soldado la herida narigona. La bala le había entrado en el pecho y le había salido por la espalda. En una de las bocas, la de entrada, le cabía un dedal; en la otra la de salida una avellana, se la lavé y le apliqué yodoformo y algodón fenicado. Habilidades de médico me habían salido, y por piedad y por casualidad se me habían juntado en el bagaje más medicinas que ropas, no para mi, pues nunca me sentí más sano sino para los demás, y en las curas tuve aciertos por lo que gané un poco de reputación, sin mas que llevar conmigo el milagro del yodo y el del cariño, que es otro milagro, el que apliqué con mucho tacto y con rienda severa, no fuera a parecer lo humanitario vergonzosa adulación, aunque no era rara la claridad del alma, y como finura en el sentir que embellecía por entre las palabras y disputas y fritos y guisos aquella vida del campamento”.

Cuando vamos a escribir sobre las personas que se dedican a la profesión de cuidar a los necesitados de Atención de Salud no me gusta hacer separación entre sexo pues la enfermería es una sola no importa si la brinda un hombre o una mujer. (MARTÍ PÉREZ J.: De Cabo Haitiano a Dos Ríos. Obras Completas).

Desarrollo. Formación de enfermeros
Aunque no se menciona en esta lista oficial la escuela del Hospital de Dementes, esta fue fundada en 1900 y era de ambos sexos; en la Oficina del Historiador de la Salud Pública existe un documento sobre la biografía de Isolina Fontanills Ugarte donde dice que se matriculó en esa escuela en diciembre de 1900. (Oficina del historiador de Salud Pública, file Enfermería). También encontramos en el Libro de registro de títulos del Archivo de Docencia Medica Media Ciudad Habana, que Rafael Yánez y Oliva se graduó el 7 de julio de 1903 en el Hospital para Enajenados. El 21 de julio de 1902, la Junta de Sanidad y Beneficencia legalizó la escuela de enfermeras del “Hospital de Dementes”, otorgándole el carácter oficial de que carecía; esta escuela era de ambos sexos (al no estar legalizada no aparecía en la lista oficial de apertura de las escuelas de 1900-1901). (Boletín de la Junta de Sanidad y Beneficencia 1900- 1908, p492). El director del “Hospital Número Uno” solicitó en 1902 se creara una escuela para enfermeros en ese hospital; la Junta acordó pasarlo a la Comisión respectiva, no apareció posteriormente ningún documento para saber si se autorizó o no abrir dicha escuela (Boletín de la Junta de Sanidad y Beneficencia 1900- 1908, p.591).

Creación de las escuelas libres de enfermeros
Según aparece en el folleto “Historia del Centro La Covadonga”, en 1910, se abrió en ese centro de salud una escuela libre de enfermeros, por la necesidad que tenían de que fueran hombres los que atendieran a los enfermos ingresados, ya que en las Sociedades que tenían los españoles residentes en Cuba no estaba permitido el ingreso de mujeres. En 1908, se gradúa Ramón Torrado en la escuela del centro benéfico sanitario español “La Benéfica”, nótese que si la carrera duraba tres años el ingreso de el fue en 1905 en esa escuela y esto demuestra que aunque no tenían oficialización pues esta ocurre en 1915, estas escuelas ya funcionaban en esa fecha y los enfermeros que se graduaban recibían sus títulos al igual que el resto de las escuelas oficializadas (Libro de registro de títulos Archivo de Docencia Medica Media Ciudad Habana y Entrevista a Caridad Torrado por Eduarda Ancheta Niebla).

Fundación de la Asociación Nacional de Enfermeros de Cuba
El 31 de enero de 1912 se fundó la Asociación Nacional de Enfermeros de Cuba, cuyo primer presidente fue Ramón Contín y se eligió como secretario a Alberto Ojeda; aunque no fue hasta 1913 en que verdaderamente empezó a funcionar esta Asociación, por lo que volvieron a realizarse elecciones y se eligió a Ramón Torrado (tuve la oportunidad de entrevistarme con su hija). La Asociación estuvo analizando la problemática de los enfermeros empíricos que trabajaban en las centrales azucareras, las fábricas y los centros particulares, pues eran plazas que debían ocupar los enfermeros graduados (Revista “El Enfermero Cubano”, Órgano Oficial de la Asociación Nacional de Enfermeros, agosto, 1930).

Legalización de las escuelas libres de enfermeros
Las escuelas libres de enfermeros fueron legalizadas por un decreto presidencial el 3 de noviembre de 1915, gracias a la gestión del doctor Enrique Núñez. Así quedaron debidamente oficializados el plan de estudio y el reglamento de estos centros y publicado en la Gaceta Oficial por decreto 1465. (Boletín de la Junta de Sanidad y Beneficencia Tomo I: 1915).

En las escuelas libres de enfermeros no se quería reconocer el carácter oficial que tenía desde 1902 la escuela de enfermeros del “Hospital de Dementes”; esta se regía por el reglamento y plan de estudio de la escuela de enfermeras de ese hospital y ellos querían que se rigiera por los documentos de sus escuelas que se habían oficializado en 1915. (Boletín de la Junta de Sanidad y Beneficencia 24 Julio 1930).

FOTO 005 Dioscórides y sus libros

Publicaciones de enfermería
La Asociación Nacional de Enfermeros comenzó a publicar la revista “El Enfermero Cubano” en 1926, pero actualmente solo se conservan a partir de 1929. Su objetivo fundamental era dar a conocer las actividades que realizaban los enfermeros y alumnos sobre todo en las escuelas libres, las graduaciones y las dificultades que tenían, también abogaban por que se cumpliera el plan de estudio y el reglamento que no se respetaba como estaba establecido; además trataban temas de cursos de superación, pues se quejaban de la mala preparación que recibían en las escuelas; también publicaban temas científicos, para la superación de los graduados y problemas laborales, sobre todo los relacionados con el empirismo que había en fábricas, centros de trabajos e instituciones privadas.

Esta revista, en 1930, recibió la Medalla de Plata en la Exposición Iberoamericana en España. (Revista El Auxiliar Médico”, Órgano Oficial del Colegio Nacional de Enfermeros, mayo 1938:23). En 1932 la revista dejo de editarse y en 1939 El Colegio Nacional de Enfermeros analizó la necesidad de volver a publicar una revista que se encargara de orientar a sus afiliados y en esa fecha se empezó a publicar “El Auxiliar Médico” con el mismo perfil de la anterior, que se estuvo publicando hasta finales de la década del 1950.

Enseñanza en las escuelas Libres de enfermeros
Las escuelas libres de enfermeros que funcionaban en los distintos centros de salud de asociaciones españolas, en las que estudiaban sus miembros o sus hijos no cumplían con lo establecido para este tipo de enseñanza, ya que los alumnos se ubicaban en una sala o departamento (consulta externa, laboratorio, salón de operaciones), y allí permanecían los tres años de la carrera, lo que les impedía adquirir otros conocimientos o prácticas, así como hábitos y destrezas necesarios para una vez graduados poder trabajar en cualquier especialidad, la dirección no tenia interés en su ubicación en otros servicios, pues una vez graduados serian empleados por ellos. Esto ocurría porque a dichos centros les convenía que un estudiante se entrenara sólo en un servicio, para no tener que adiestrar cada cierto tiempo a otro, es decir que no pensaban en los estudiantes sino en sus intereses; con ello demostraban la poca visión futura de lo que sería este estudiante una vez graduado y que tuviera que prestar servicio en una especialidad para la cual no fue entrenado.

Recibían el título al igual que los demás, algo que preocupaba mucho, sobretodo a las enfermeras, pues mientras ellas recibían un salario de $30,00; $40,00 y $50,00, ellos eran empleados por estos centros y ganaban $80,00 y $100,00; ya desde esta etapa se pedía que este tipo de escuelas fueran cerradas. (Revista “El Enfermero Cubano”, Órgano Oficial de la Asociación Nacional de Enfermeros, agosto 1930: 5 y marzo 1931: 20).

La Asociación Nacional de Enfermeros a través de la revista “El Enfermero Cubano” convocaba a cursos que se impartían en la misma Asociación o en otros lugares, como por ejemplo el que se realizó por los hermanos Pedro y Luís Fariñas, en la especialidad de rayos X del cual se graduaron nueve enfermeros. Al mismo tiempo invitaban a los alumnos a los distintos cursos que la Asociación impartía sobre Anatomía, Vendajes, Ética profesional y especialidades medicoquirúrgicas que no recibían en las escuelas. (Revista “El Enfermero Cubano”, Órgano Oficial de la Asociación Nacional de Enfermeros, abril, 1931: 9).

Cambio de nombre de las Asociaciones Nacionales de Enfermería
Estas asociaciones a partir de 1932 y 1933 por el Decreto Ley # 2990 comenzaron a llamarse Colegio Nacional de Enfermeras de Cuba y Colegio Nacional de Enfermeros de Cuba, los dos trabajaban como organizaciones independientes, aunque siempre por parte de los enfermeros solicitaban que se unieran, pero las dirigentes de enfermería no aceptaron nunca esta condición.

Modificaciones en el plan de estudio
En la entrevista que realicé a la enfermera Ada Ríos Álvarez me dio esta información:
Desde el inicio de la carrera, los documentos rectores seguían sin modificaciones sobre todo el de los requisitos para el ingreso, donde se exigía una mediana instrucción como escolaridad; ante la necesidad de una mejor preparación académica, pues los adelantos científicos eran muchos y por lo tanto, exigían un grado de instrucción mayor, se empezó a pedir el octavo grado o el ingreso al bachillerato para poder comenzar la carrera de enfermería a partir de 1938. Se convocaba a los jóvenes que deseaban estudiar esta carrera para que presentaran el certificado acreditativo porque en este tiempo todavía no se exigía el examen de ingreso, ni había una fecha fija para comenzar los estudios, sino como decía el reglamento, cualquiera en cualquier fecha del año era admitido”. Como ya se habían graduado un grupo de profesoras, la asignatura Disciplina Profesional l se cambió por Enseñanza Práctica de Enfermería impartida por una de profesora de enfermería y no por la superintendente, como se establecía en el reglamento.

FOTO 006 Billete de doscientos pesos fuertes

En entrevista a Olivia Amor Medina me dijo:
“A partir de 1944 empezaron los “Cursillos de Aspirantes” previos al ingreso a la escuela. También en esta etapa comenzaron los exámenes de ingreso que tenían un carácter secreto y consistían en la presentación de los documentos exigidos (chequeo médico, carta de moralidad, solicitud de ingreso, certificación de escolaridad) y concurrir al examen citado; si resultaba aprobada, se escogían de acuerdo con un escalafón la cantidad de estudiantes que tenía asignada cada escuela para comenzar este cursillo; las aspirantes seleccionadas comenzaban y se les impartían clases teórico - prácticas de enfermería durante tres meses, rotando por diferentes salas para adquirir habilidades y hábitos; una vez concluido este cursillo se citaba a un nuevo examen donde estaban presentes: la superintendente de la escuela, la profesora de enfermería y un profesor designado por el claustro de profesores. Si el alumno resultaba aprobado se escogía por orden de escalafón el número de plazas que la escuela tenía asignado y se conformaba el grupo de estudiantes que comenzaba la carrera. Se graduaban tres años después de su fecha de ingreso. Se fijaba el mes de julio como comienzo del curso escolar, pero todo comenzaba en el mes de septiembre del año anterior a la fecha de ingreso. El examen de grado era realizado en la Escuela de Medicina de la Universidad de La Habana, se pagaba este examen que su costo era de $5.00, que expedía el título; todo este proceso se estuvo efectuando hasta 1961, en que se produjeron una serie de cambios en la enseñanza de enfermería. Esto era valido tanto para las Escuelas de mujeres como para la de hombres.

Apertura de la Escuela Nacional de Enfermeros
Las escuelas libres de enfermeros persistían en no reconocer la escuela de enfermeros del Hospital de Dementes aunque se les reiteró su carácter legal desde 1902. En el file “Enfermería” de la Oficina del Historiador de la Salud Pública, aparece un escrito de 1937 en el que se menciona una resolución ministerial sin número, donde se disponía la no aceptación de más estudiantes en las Escuelas Libres de enfermeros con el fin de hacerlas desaparecer.

En 1937 cuando se organizó la Escuela Nacional de Enfermeros de la que su primer director fue Apolonio Cepero, estuvo como superintendente miss Elizabeth Walker y como profesora de Enseñanza Práctica de Enfermería, Crispina Moran. (Revista El Auxiliar Médico”, Órgano Oficial del Colegio Nacional de Enfermeros Noviembre 1947:22). En 1939, al producirse la primera graduación de la escuela nacional de enfermeros del Hospital de Dementes de Cuba invitaron al presidente del Colegio Nacional de Enfermeros para que formara parte del tribunal del examen. (Revista El Auxiliar Médico”, Órgano Oficial del Colegio Nacional de Enfermeros julio 1939:15). En 1930, se abrió una Escuela Libre de Enfermeros en Cienfuegos, pero sólo se conserva el dato de que dos de sus estudiantes visitaron en La Habana la Asociación de Enfermeros. (Revista “El Enfermero Cubano”, Órgano Oficial de la Asociación Nacional de Enfermeros Diciembre 191931: 20).

Demandas laborales
Los enfermeros cubanos desde que se constituyeron en Asociación comenzaron a demandar a los organismos laborales varias exigencias: el fin del intrusismo en las instituciones privadas así como en las fábricas y centrales azucareras. Además desde aproximadamente 1938 pedían el pago del sueldo mínimo de $60,00, sobre todo por parte de las enfermeras que ganaban sueldos irrisorios de $30.00 mensuales. A este efecto se nombró una comisión que fue recibida por el secretario de Sanidad y Beneficencia, pero no se logró tan justo reclamo hasta 1940 en que esta batalla fue ganada por los enfermeros en general (Revista El Auxiliar Médico”, Órgano Oficial del Colegio Nacional de Enfermeros noviembre 1947:1, 2,9, enero 1939:1 y diciembre 1947:14, 15).

Los dos colegios reclamaron, ante los organismos superiores la “Ley de Retiro”, pero a la Cámara de Representantes le fue muy difícil legislar para abrir dos cajas de retiro para un mismo gremio. Este reclamo tan necesario, no fue logrado hasta 1953, después de muchas vicisitudes y reuniones en que ambos colegios se pusieron de acuerdo para que existiera una sola “Caja de Retiro” y se aprobara dicha ley. Se volvió a reclamar el cierre de las escuelas libres de enfermeros, refiriéndose a ellas como “un atentado a la enseñanza de Enfermería”.

La Asociación Nacional de Enfermeros estaba muy preocupada por la formación de los estudiantes en las escuelas libres y solicitó a los enfermeros de las salas que cumplieran con lo establecido en el artículo 44 del reglamento de estas escuelas referente a que los jefes de salas estaban obligados a enseñar a sus alumnos todos los conocimientos prácticos que correspondían en donde estuvieran situados, siguiendo las instrucciones del jefe de enfermeros. Esta petición se hacía pues en estas escuelas nunca hubo instructores de enseñanza de enfermería y aunque se graduaron hombres como instructores, no existen datos que confirmen que alguno estuvo situado en ellas.

Cursos posbásicos
El Instituto Finlay, que se había fundado el 1 de abril de 1927, se encargaba de impartir cursos para médicos y enfermeros y en 1938 se ofrecían las siguientes especialidades: dietética y alimentación, higiene infantil y escolar, enfermeras sanitarias visitadoras, estudios de laboratorios y rayos X, estos dos últimos eran los que con mas frecuencia realizaban los enfermeros.

Congreso de enfermería
En 1944, se celebró el I Congreso Cubano de Enfermería; desde que se iniciara la carrera de forma profesional, no se había celebrado ningún congreso y los días 14, 15, 16 y 17 de diciembre del referido año se convocó para tan magna cita. Participaron en la organización de este foro Alberto Rodríguez Sust, Jorge Refa Lias, José Lueje Alea, José Vila Doval, Dionisio Collazo y Froilán Duranza. A este congreso asistieron las enfermeras unidas a los enfermeros y se presentaron temas de interés para el desarrollo de la profesión. En el acto de clausura usó de la palabra Lázaro Peña, Secretario General de la CTC, quien habló a nombre de la clase obrera.

Curso post básico
Después de 1932 no se volvieron a realizar más cursos de instructoras y ya algunas de ellas se estaban retirando, por lo que los enfermeros solicitaron que se volviera a impartir, así que en 1946, la jefa del Negociado de Enfermería, Hortensia Pérez Llerena, convocó a este curso en el que se matricularon: Elvira Guin-Achao Sandoval, Aurora Sánchez Pérez, Ester Alfonso Castellanos, Andrea Nardo y los enfermeros Hidalgo y Laudeiro de quienes tenemos solamente sus apellidos y carecemos de información sobre si trabajaron después en alguna escuela de enfermeros o no. Este curso no volvió a impartirse hasta el triunfo de la Revolución.

Prestigio de los enfermeros cubanos
La Clínica “Hermanos Mayo” de Manchester, era muy famosa ya en 1930 y como conocían la alta calificación técnica y científica de las enfermeras y enfermeros cubanos, solicitó a través de las Asociaciones Nacionales el envió de personal calificado para trabajar en esta prestigiosa institución, en la década de 1950 uno de los enfermeros que laboro en esta institución fue Jorge O. Vellido de Luna.

Cierre de las escuelas de enfermeros y de las escuelas libres de enfermeros
Por decreto ministerial, número 4 del 14 de febrero de 1962, y publicado en la Gaceta Oficial el 16 de febrero de 1962, página 2.109, fueron suspendidas las escuelas de enfermeros y las escuelas libres de enfermeros, por lo que quedó derogada la orden militar número 2 del 3 de enero de 1902 y también el decreto 1.465 de 1915 de estas escuelas.

Otros cursos posbásicos
Por resolución ministerial número 163, del 10 de agosto de 1962, se autorizó a la dirección de Docencia y Perfeccionamiento en el Instituto “Carlos J. Finlay” para impartir un curso para enfermeros graduados de Auxiliares de Anestesiología.

Cursos de enfermería naval
En 1970, se iniciaron los cursos de enfermería naval, por la necesidad que tenía el ministerio de Marina Mercante y Puertos de que las tripulaciones de la flota cubana estuvieran atendidas por un personal plenamente calificado. La encargada de confeccionar el plan de estudio para esta especialidad fue la enfermera Natividad Rojas Vega, así como de los programas de las diferentes especialidades. Para asesorar estos cursos, la empresa de Navegación Mambisa envió a enfermeros graduados que ya trabajaban desde hacía varios años navegando en los barcos y sabían la problemática que se podía presentar en alta mar, uno de ellos fue Manuel Blanco Martín que trabajaba como profesor y en coordinación directa con la responsable del curso.

Apertura de los cursos de enfermería para varones
Desde 1962 en que se cerró la escuela nacional de enfermeros no se impartían cursos para varones. A finales de la década de los 70 volvieron a impartirse en las mismas escuelas de enfermeras, con el mismo plan de estudios y los mismos requisitos así como el mismo reglamento.

Graduación de los primeros licenciados de enfermería
En 1980, se graduaron los primeros licenciados en enfermería, junto con los demás estudiantes de la Facultad de Ciencias Médicas, ellos fueron: Gladys Pérez Suárez, quien resultó el primer expediente del grupo; Sara Rodríguez Díaz; Nancy Yenochik Luna; Gladys González; Eduarda Ancheta Niebla; Anaida Varela Cárdenas, Yamina Marrero Herrera, María Fenton Tait; Gloria Popoca Ortega y el único varón del grupo Néstor Núñez Blanco.

Licenciatura en enfermería para egresados de preuniversitario
Se inició la elaboración de un nuevo plan de estudio de licenciatura en enfermería de nivel universitario con cinco años de duración para alumnos provenientes de preuniversitario sin estudios previos de enfermería. Este plan se implantó de forma experimental en el Centro Nacional de Perfeccionamiento Técnico y Profesional (CENAPET) “Dr. Fermín Valdés Domínguez” en el curso escolar 1987-1988 y en el curso siguiente se trasladó a la Facultad de Ciencias Médicas “Julio Trigo” del Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana, extendiéndose posteriormente a los institutos de Villa Clara, Camagüey y Santiago de Cuba. Los primeros 40 estudiantes de este plan de estudio regular diurno se graduaron en el mes de agosto del año 1992; extendiéndose dicho plan al resto del país desde el curso 1989-1990.

Se elaboró un nuevo plan de estudio de Licenciatura en Enfermería en el ámbito universitario por cursos por encuentros para trabajadores; es decir, para enfermeros técnicos en ejercicio de la profesión, con duración de cuatro años, y posteriormente se aumentó a cinco años, extendiéndose este plan de estudio a todos los Centros de Educación Médica Superior. Tanto al Curso Regular Diurno como al de trabajadores (C P T) tenía derecho al ingreso a los mismos tanto de hombres como de mujeres. (Nuevo Diseño Curricular para la formación de Licenciados en enfermería. Plan D. Modelo del profesional).

Perfeccionamiento y superación
La superación del personal de enfermería se intensifica grandemente con la realización de Diplomados y Maestrías en diferentes ramas de especialidades pedagógicas y de la salud, además se logró poner al alcance de los licenciados en enfermería la Maestría de su propia especialidad. Como un logro de trascendental importancia en el 2006 fue aprobado el Doctorado en Enfermería y ya existe un pequeño grupo de licenciadas en enfermería que han hecho el doctorado en otras ciencias, entre ellas las Licenciadas Dalila Aguirre Raya y Marisela Torres Esperón que recién recibió el título de Doctora en Ciencias de la Salud; .posteriormente lo recibiría la Licenciada Omaida Urbina y posteriormente, el licenciado Carlos León Román. En estos momentos están un grupo de enfermeros en proceso de discusión de sus tesis de Maestrías y Doctorado.

FOTO 007 Eduarda Ancheta en la Universidad de Cuba

Como punto de espera para siguientes investigaciones citamos una carta de nuestro Apóstol de enero de 1890 dirigida a Gonzalo de Quesada, que decía así: “La más noble de las ocupaciones, y quien sabe si la más grata es la de Enfermero”.

ENFERMEROS
Jesús Rubio Pilarte

Enfermero y sociólogo. Profesor de la E. U. de Enfermería de Donostia. EHU/UPV
Miembro no numerario de La RSBAP
jrubiop20@enfermundi.com

Manuel Solórzano Sánchez
Enfermero Servicio de Oftalmología
Hospital Donostia de San Sebastián. Osakidetza /SVS
Vocal del País Vasco de la SEEOF. Insignia de Oro de la SEEOF
Miembro de Eusko Ikaskuntza
Miembro de la Sociedad Vasca de Cuidados Paliativos
Miembro Comité de Redacción de la Revista Ética de los Cuidados
M. Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro no numerario de La RSBAP
masolorzano@telefonica.net