miércoles, 14 de septiembre de 2011

EL BIBERÓN. SU HISTORIA Y ALGUNAS ANÉCDOTAS









La voz francesa “biberón”, que cruzó los Pirineos y se ganó una tilde, está presente en la lengua gala desde principios del siglo XIV, derivada del latín “bibere” (beber). Primero significó “gollete”, más tarde “borrachón” y a principios del XIX, la botellita con un pezón de goma para la lactancia de los críos.
FOTO 001 Biberón Victoriano

La lactancia materna
La lactancia materna ha sido, desde siempre, el modo habitual de alimentar a los bebés. Sin embargo las nodrizas y los biberones también han sido usados desde el comienzo de los tiempos.

El uso del biberón, hasta que no se mejoraron substancialmente los sucedáneos de la leche materna y se usaron medidas de higiene, tenía desastrosas consecuencias. A pesar de ello hay datos para constatar su uso desde tiempos muy antiguos.

Afortunadamente, aunque la lactancia materna es la mejor opción posible y cada vez hay más recursos que ayudan a las madres que desean amamantar, es un gran avance que los niños que, por el motivo que sea no pueden ser alimentados con la leche materna o leche de nodriza, puedan hoy recibir una nutrición segura.

La autora de este trabajo es Mª Teresa Miralles Sangro, Profesora del Departamento de Enfermería de la Universidad de Alcalá de Henares, Madrid (España). Lo publicó en la revista Temperamentvm 2007.
(http://www.index-f.com/temperamentum/tn5/t2646.php)

Resumen
Hay muchas formas de conocer la historia de una profesión, su evolución y los instrumentos utilizados. La autora ha elegido en esta ocasión reunir una serie de piezas muy representativas utilizadas para satisfacer las necesidades vitales, que muestran el cambio de las costumbres en cuanto al utensilio utilizado para la alimentación artificial de los niños, en nuestra cultura y en un periodo que abarca desde la Edad Media hasta nuestros días. La historia de la alimentación artificial a través de los biberones que la posibilitaron. El biberón puede ser un simple objeto del ajuar doméstico, pero en este caso, es también, el hilo conductor que nos permite unir su pasado con los actuales cuidados profesionales de enfermería. Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a la Dra. Isabel Mateo Gómez, profesora del Instituto de Arte del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), por su inestimable contribución en el análisis iconográfico de las imágenes.

Introducción y Concepto
Hay una Historia de los grandes acontecimientos, de la política, de las efemérides. También hay otra historia más pequeña, de la que somos autores; es una historia en minúscula: la historia que habla de lo cotidiano, de lo doméstico, de aquello cercano que no se encuentra en los grandes volúmenes. Es en esta pequeña historia, donde pretendo intercalar un hueco para incorporar la imagen que me viene a la mente cuando se menciona el biberón.

El biberón es un artilugio que despertó en mí curiosidad y admiración desde que lo utilicé por primera vez, para mimar y cuidar a mis hijos, y más tarde a los nietos. Pero en realidad del biberón lo ignoraba todo, ni origen ni evolución ni nada de nada, quizás por que lo viera muy cercano, sencillo y familiar. Me propongo con estas letras escribir un tramo de su historia, en la que se evidencie su existencia y valore su eficacia como utensilio que entrelaza los cuidados necesarios para satisfacer la necesidad de alimentación en el engranaje del mantenimiento de la vida.
FOTO 002 Biberones y Grabado de Meter Breughel

Un primer movimiento me llevó a la revisión de la bibliografía profesional. Constaté que los trabajos en los que se incluye el descriptor Biberón hacen referencia a temas como la informatización de las biberonerías, la relación entre la estancia hospitalaria y la nutrición del lactante, las características de la leche humana, la utilización de chupetes, la recomendación de lactancia materna como rutina hospitalaria, otro de los temas estudiados es la relación que se establece entre las caries y el uso del biberón.

Como dijo Geertz el hombre es un animal suspendido en redes de significado que él mismo ha tejido”, por lo que comencé mi análisis por el estudio etimológico del término.

Corominas, en su Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana especifica que la palabra biberón proviene del francés biberón, de probable entrada en el léxico castellano hacia el 1883, “gollete” (cuello estrecho que tienen algunas vasijas), derivado del latín bibere "beber"; en francés empezó por ser adjetivo aplicado (S. XV) a gente que bebe mucho.

El Diccionario de la Real Academia Española, en su edición duodécima del 1884 determina que el biberón (del fr. biberón; del lat. bibere, beber) es un “Instrumento para la lactancia artificial, que consiste en una botella pequeña de cristal o porcelana, con un pezón de goma elástica, de teta de vaca o de marfil reblandecido, para la succión de la leche”.

En su décima sexta edición, del 1939, detalla: biberón (del fr. biberón; del lat. bibere, beber) es un “Instrumento para la lactancia artificial: es una botella pequeña de cristal o porcelana, con un pezón, generalmente de goma elástica, para la succión de la leche”.

Y su vigésima primera del 1992, el DRAE especifica que biberón es un “utensilio para la lactancia artificial: es una botella pequeña de cristal, porcelana u otra materia, con un pezón, generalmente de goma elástica, para la succión de la leche”.

Ya iniciado el nuevo siglo, la Academia mantiene la misma definición, enunciándolo como “utensilio para la lactancia artificial que consiste en una botella pequeña de cristal, porcelana u otra materia, con un pezón, generalmente de goma elástica, para la succión de la leche”. (Diccionario de la Lengua Española. Real Academia Española Tomo I.- Vigésima Segunda Edición 2004).

En otro contexto, la Enciclopedia Médica escribe sobre el tema de la alimentación con el biberón y apunta que es una práctica muy antigua. Ciertamente el biberón es una imitación grosera del pecho de la madre o nodriza. Se compone esencialmente de un recipiente donde contener la leche en el que uno de sus extremos se estrecha formando el cuello para terminar en forma de pezón destinado a recibir los labios del lactante.

Sea como fuere su definición, desde nuestro puesto de vista, el objeto biberón, forma parte de ese cúmulo de utensilios que de una u otra manera se han utilizado en el entorno doméstico con objeto de solucionar el problema que suponía la imposibilidad, que por una causa u otra, suponía la imposibilidad de ofrecer lactancia materna al recién nacido. De donde se deduce que su función y administración están orientadas a dar respuesta de forma individual a la necesidad de alimento. Se trata pues, de establecer la armonía en todos los aspectos del pequeño ser humano, y por esto, participa del elenco de los cuidados básicos para la vida. Y por eso, tanto el instrumento biberón como su utilización, forman parte y están influenciados por la Cultura.

Desde el punto de vista de la enfermería, dar el biberón a un bebe tiene como base los mismos cuidados culturalmente establecidos para procurar armonía en todos los aspectos de la vida del pequeño ser humano. Partiendo de ahí, dar un biberón formará parte de los cuidados básicos profesionales. Se entiende como una actividad que requiere una intervención reflexionada y deliberada, con intención por parte del actor, el profesional enfermero, de satisfacer una necesidad elemental para mantener la vida. El protagonista de los cuidados será el que los recibe, el lactante.

Objetivo
Trata nuestro objetivo general de describir, en el lapso de tiempo que comprende desde la Edad Media hasta nuestros días, el biberón como objeto y su utilización como instrumento válido para la satisfacción de la necesidad de alimentación del lactante, cuya utilización permitirá cuidar de la vida del lactante de manera armónica y satisfactoria.

Para ello y conociendo la existencia de reseñas escritas sobre vasos de alimentación en Egipto, Grecia y Roma 4000 años a.C., he diseñado una secuencia de pasos que, partiendo de la Edad Media llegue hasta nuestros días:
Necesidad de alimentación artificial.
Biberones en la Edad Media. Alimentación de los pequeños en la Edad Media.
Biberones artesanales. Telas que recubren las duras tetinas de loza y metal. Siglos XVIII y XIX.
Biberones con dos elementos. La artesanía deja paso a la industria. Tetinas de goma. Finales del siglo XIX y primeros años del siglo XX.
El biberón moderno. La higiene será el objetivo principal de sanitarios y fabricantes. Nuevos materiales y nuevas formas. Serigrafía y marcas comerciales.

Puesto que partimos de la etimología y definición del biberón, podemos encuadrarlo en el entorno doméstico y femenino de los cuidados para la vida. Si buscamos en los libros de historia medieval, encontramos una pequeñísima presencia de mujeres. Sin embargo la historiografía no ha desmentido la calidad de sus cuidados, ni ha negado explícitamente la imagen de un sistema de salud medieval mantenido básicamente por las actividades realizadas por ellas. Por el contrario, ha mostrado cómo esas actividades de cuidados y atención a la salud y a la enfermedad son fundamentalmente desarrolladas por mujeres.
FOTO 003 Museo Asistencia pública de Paris. Biberón doble des Femmes de Francia y biberón Bois.

La mujer medieval ya intuyó que la leche humana tiene todos los nutrientes que el niño necesita para sobrevivir y crecer, que la leche materna era como la misma sangre de la madre, con todas las sustancias capaces de dar protección y defender al recién nacido contra males y enfermedades. También comprendió esta mujer que la relación afectiva creada entre madre e hijo durante la lactancia, es inigualable además de indestructible, entendiendo que en esto consistía que el niño estuviera bien cuidado, y el niño creciera seguro sintiéndose amado y protegido.

El sentido común incorporado a los vestigios históricos, nos hace suponer que las mujeres pronto llegaron a la conclusión de que la alimentación artificial sería la mejor solución para sacar adelante al recién nacido ante la eventual muerte de la madre. También serviría en el caso de una retirada prematura de la leche materna o ante una malformación de los pezones. Pero todo ello exigía un medio que pudiera sustituir el pecho de la madre.

Se dieron otras ocasiones que en las que también se propició la lactancia artificial, generalmente fueron los criterios defendidos por otros, los que incitaban a no dar de mamar ni durante los dos o tres primeros días de vida, ni durante el embarazo. La razón esgrimida era que tanto los calostros como la leche de mujer embarazada resultaban nocivos e indigestos para la criatura. Tampoco ante un parto múltiple, se aceptaba socialmente la lactancia materna, la razón esgrimida era el dar de mamar a más de una criatura.

En todas las circunstancias descritas los bebés tenían que ser alimentados mediante lactancia artificial. Ahora bien, si el contenido era evidente, la leche de mujer o en su defecto de animal doméstico; ya fuera cabra o vaca, fue bastante mas complicado encontrar un recipiente o continente adecuado donde el lactante pudiera succionar regularmente, sin ahogo ni extenuación.

Aquí es donde surge el equivalente medieval del biberón, en el ámbito doméstico. Se describe como un cornete o cucurucho, cuerno de vaca taladrado que se carga gracias a una “cabrita” esto es, un pequeño recipiente-vaso tubular, con cuello más o menos largo que hace las veces del biberón para niños bastantes mayores, porque ellos pueden sujetar el objeto y saben regular su succión. Para rellenar el cornete se recomienda recurrir, salvo en aquellos casos en los que se utiliza la leche de mujer extraída manualmente, a la leche animal, y preferentemente la de cabra, por ser más digestiva que la de vaca, de ahí el nombre a los vasos largos con cuello tubular.

Se han encontrado biberones de cerámica en tumbas romanas y griegas, en excavaciones americanas en Arizona y en otras expediciones arqueológicas que datan incluso del 1500 a.C. Los biberones de antaño solían ser de barro, piedra, metal y madera. Pero la gran pregunta sería ¿cuándo y porqué se usaban?
Sabemos que para las madres con dificultades de amamantamiento o hipogalactia (ausencia de leche) la opción valida a lo largo de la historia han sido las nodrizas, en algunos casos voluntarias (solidaridad madre a madre) o lactancia mercenaria a partir del Renacimiento, cuando las madres ricas no querían dar pecho ya que éste reduce las posibilidades de embarazo y se trataba de tener la máxima descendencia posible (tengamos en cuenta la alta mortalidad infantil).

En el biberón-cornete con cuello puede ser manufacturado en terracota, en estaño o en vidrio. Un tratado de ginecología del siglo XIII, escrito en el sur de Francia, “Los infortunios de Dinah”, señala que se hará beber al niño destetado “en un recipiente de vidrio que termina en forma de pezón y que se llama nad” término hebreo que el traductor transcribe por ablandado, por entumecido, pero que es posible que se refiera al cornete- biberón.

Pero lo más frecuente, por su facilidad, era fabricarlo en cuerno de animal, para lo que primeramente hay que vaciar un cuerno de vaca y taladrar o perforar la parte más distal y delgada. Ahora su interior vacío se puede ocupar con la ubre y pezón de la vaca. Para prolongar el buen estado del pezón y hacerlo duradero, se debe guardar mientras no se utilice, manteniéndolo sumergido en agua mientras, de esta manera se mantendrá durante meses enteros sin sufrir ninguna alteración.

Es interesante el texto que transcribo literalmente, del romance anónimo del siglo XII La espantosa y admirable vida de Roberto el Diablo, Burgos 1588, donde trata del biberón-cornete al que nos referimos:
"Et quand ce diable tête. Il mord toujours sa nourrice. Il hurle et rugit sans cesse. Il n'est jamais à son aise, s'il ne bougonne pa. Les nourrices avaient tellement peur De nourrir ce démon Qu'elles lui confectionnèrent une corne Et ne l'allaitèrent plus jamais".

Antecedentes domésticos utilizados para la lactancia artificial durante la edad media, fueron también los rodillos. Objetos similares a las mangas de pastelería actuales, en cuyo cuello se introducían un trozo de esponja natural que cubierta con una telilla o lienzo fino, servía para que el niño succionara a través de ella. Ciertos hospicios conservaron este método.
FOTO 004 Portada del Libro La espantosa y admirable vida de Roberto el Diablo y la portada del Libro de los medicamentos simples

El recurso al biberón (como contenido) o a la sopa, que se llamaba entonces “papilla”, se extendió no solamente en los casos de ser inexcusable la lactancia artificial. Se admitía dar biberón para evitar que los primeros dientes hiriesen el pecho de la madre, o simplemente cuando el bebe lloraba insistentemente. En este sentido, el Libro de los medicamentos simples nos revela que las mujeres del lugar hacían dormir a sus hijos con la ayuda de simientes de adormidera blanca mezcladas con su propia leche.

Este volumen al que hacemos referencia, es un códice que compila los saberes medievales europeos acerca de las sustancias de los tres reinos de la naturaleza que sirven para curar o aliviar las enfermedades. Dichos saberes procedían de la antigüedad clásica, cuyos conocimientos médicos en escritos griegos fueron recuperados en Europa a través de las traducciones latinas indirectas desde el árabe, al mismo tiempo que se enriquecían con los productos curativos aportados por el mundo islámico. Estas traducciones se iniciaron en el siglo XI y tuvieron como primer centro la ciudad de Salerno.

Otra reseña encontrada sobre el biberón, nos habla de que también se creyó necesario su utilización para dar al niño agua de fuente y zumo de fruta. Una princesita del siglo XIV, Margarita de Borgoña, nacida en octubre de 1374, casada el 12 de abril de 1385 con Guillermo IV de Baviera recibe así, a la edad de cuatro meses, “agua de moras frescas”. Por el contrario nada de vino debe de procurarse con en el biberón del bebé.

Por otro lado, para entender y conocer algo relativo a la alimentación en el contexto social de la edad media, no se puede obviar la literatura procedente de los monasterios, los escritos sobre la gastronomía monacal nos ofrecen una información preciosa sobre la composición de los caldos y sobre la alimentación del entorno infantil que estamos tratando. En sus discursos, clérigos y monjes comparan a los laicos con los becerros mamando la leche de la iglesia. En latín “nutrir” significa revitalizar, perpetuar, dar sentido, todo ello además de comida, alimento o sustento. Sin estas metáforas sabríamos poco de la alimentación de los niños lactantes en el medioevo. Así en el siglo XII el abad Adam de Perseigne explicaba que “Dios había querido que su persona en su forma divina, fuera alimento sólido de los ángeles, bajase y se sometiera por su encarnación hasta hacerse caldo de los más pequeños”.

En relación con la alimentación del niño lactante, otro autor en este caso de una Historia de la Pedagogía, Ramón Llull (1232-1316), nos explica en el Llibre d'Evast e Blanquerna, escrito a finales del siglo XIII, que la “pap” o “papilla”, consistía en pan o harina cocida en agua con o sin el agregado de leche, con una consistencia más líquida que los que hoy llamamos purés. Más adelante, durante el siglo XIV, se aconseja para el niño que todavía no tiene dientes, que la alimentadora le de el pan que previamente haya masticado y mezclado en su propia boca con la saliva. Ya en siglo XV descubrimos entre los refranes del Marqués de Santillana, aquel que hace alusión a la lactancia “lo que en la leche se mama, en la mortaja sale” y que recoge como sentencia una observación colectiva, en referencia a la lactancia artificial, es asumida a lo largo del tiempo por el pueblo. La importancia de los refranes radica precisamente en que forman parte del bagaje cultural, precisamente en un tiempo en que es la tradición oral la que hace llegar la sabiduría popular desde una generación a otra.

En este punto del estudio pretendimos buscar una imagen que nos sirviera para expresar todas las referencias descritas del objeto, haciéndolo real al implicar las circunstancias concretas de su uso. Para conseguirlo, examinamos la iconografía en busca de algún testimonio, estela o rastro que nos permitiera constatar nuestras palabras y es así como encontramos: “La cocina parva” es un grabado editado por Cock (y reimpreso diversas veces por otros) y realizado por Pieter van der Heyden (cuyas iniciales son visibles) según idea original de Brueghel fechada en 1563 (“Pieter Brueghel Inue”, y la fecha aparte: y “Brughel Inue 1563”).

En pleno siglo XVI Brueghel no se dedicó a decorar iglesias ni altares, tampoco palacios como era lo natural entre sus iguales, sino que simplemente pintó para los amigos. Estuvo en Italia, pero de aquella Italia verdaderamente regia, en la que trabajaban Miguel Ángel y Leonardo, no advirtió más que ciertos paisajes. Fue amigo de grabadores, cartógrafos e impresores en vez de serlo, de duques, reyes, cardenales y papas. Fue un hombre apacible, serio, de pocas palabras y gran trabajador. Brueghel fue el pintor del mundo campesino, descubriendo hasta el más pequeño detalle de sus costumbres y gestos.

El principio compositivo de Brueghel parte de un punto de vista subjetivamente colocado en lo alto y a lo lejos, la mirada desciende desde la cima de la galería de la vida sobre el espectáculo que se desarrolla abajo. En La cocina parva Brueghel representa la ambición. Describe la cocina como una parva de heno, donde cada cual coge lo que puede agarrar. Representa apartados, fuera del corro, los últimos aunque en primer término, a los más débiles del grupo, ellos no pueden coger. Representados por género y edad, mujer y anciana, y los jóvenes, el niño. Ella sentada dentro de la cuna de él, le protege y alimenta. Utilizando, lo que llegará más adelante a ser, un biberón, el cornete.

Sin embargo, en la historia de la lactancia artificial las primeras referencias escritas de nuestra época (existen reseñas de vasos de alimentación encontrados en Egipto, Grecia y Roma 4000 años a. C.) que hacen alusión a los instrumentos fabricados para contener y servir la leche al niño, son originales de Rusia, Alemania, Suiza y quizás Holanda o Inglaterra. Se derivan y parecen una adaptación del cornete primitivo anteriormente descrito. En su origen fueron de metal, plata o estaño, en otras ocasiones de madera torneada y en algunos casos de vidrio.

M. Thouret, Decano de la Facultad de Medicina de París, describe en un articulo redactado en 1790 para la Enciclopedia de Medicina algunos de los modelos primitivos de biberón: “Las gentes ricas y los burgueses, tanto en Inglaterra como en Holanda o Alemania y Suiza, utilizaban para la lactancia artificial de los niños de biberones de plata, estaño, madera o vidrio.

Los de plata y estaño tenían forma de bureta o tetera. Se obstruía el orificio de la boca mediante un tapón de corcho, que a su vez se perfora con un tubito de vidrio por donde podía bajar la leche a la boca del niño. En otros modelos, en vez del tubito de vidrio se utilizaba una hoja de pergamino y en casos extremos una tela o trapo”.

Al final del siglo XVII y durante la primera etapa del XVIII la utilización del biberón se reservó a las clases altas de la sociedad, donde existe una distinguida y adinerada capa social capaz de pensar en la necesidad y beneficio del biberón, y con posibilidad de explicar y describir cómo debe de ser aquello que yo quiero. Es un grupo social que puede sufragar al artesano una importante cantidad por su manufactura. Por el contrario, el pueblo llano, si recurría a algún utensilio para la lactancia artificial, seguía siendo el cornete, fabricado con cuerno natural.

Los biberones de plata se manufacturaron con formas muy parecidas a los de estaño, como buretas, rectas y altas. El tener la base ancha en relación con el cuello, le permitía un buen asiento. Es interesante reseñar que el material utilizado, la plata, es un metal que cuando se oxida se vuelve negra, ese negro nos indica que ha pasado a estado coloidal y tiende a desprender plata coloidal que es germicida. Es decir, la plata de los biberones actuaba como germicida natural.
FOTO 005 San Juanito y el biberón. Vírgenes amamantando (Greco)

En cuanto a los biberones tallados en madera a los que apuntamos anteriormente, hemos encontrado en el mismo repertorio de la obra de Breughel la composición titulada “Señores de visita en una granja” trabajo demostrativo que nos permite analizar la presencia del biberón de madera. Sus formas rectas son comparables a los biberones de estaño y al igual que ellos hacen su aparición alrededor del XVI. Como muchas de las pinturas de Breughel la obra tiene un significado plagado de costumbres. Leyendo despacito la imagen encontramos en un primer plano a un niño, que sentado en silla de mayores, con alto respaldo, amplio asiento del que sobresalen sus pies, el reposabrazos al que no alcanza, está bebiendo en su biberón ¿de madera?. Pensamos que para el pintor sería una escena habitual, que él la “vería” así, y que conocería el biberón y que cómo tal lo representó. Es una obra atribuida al maestro, Breughel el viejo (siglo XVI) señalada en la antigua Colección Dellafille de Amberes; pero de la que se ignora su paradero actual.

Aún hemos encontrado otra imagen que nos sirve para progresar en el discurrir de nuestro tema. Se trata de una composición pictórica de autor desconocido. Pudiera ser el fragmento recortado de una obra de mayor envergadura. Aunque a primera vista pudiera parecer que se trata de una representación de la Virgen María dando el biberón al niño Jesús, un análisis más detenido arroja distintas alternativas.

El hecho de que el niño de la imagen sostenga en su mano izquierda una copa de la que sobresale un dragoncillo, símbolo con el que se representa en la iconografía a San Juan Evangelista, junto a la literalidad de la inscripción, S.Johanes ev, refuerzan como primera hipótesis que se trata de San Juan Evangelista niño sentado en el regazo de su madre, María Salome. De ser así, probablemente se trate del fragmento de una “Santa Estirpe” (Heilige Sitte Stirpe), donde estuviera representada la llamada Parentela de la Virgen, modelo iconográfico con representación de gran arraigo en el arte europeo del siglo XV.

Otra opción es que nos encontremos ante una tabla desmembrada de algún retablo, tema recurrente en la época. Por destacar un ejemplo señalaremos el Retablo de los santos Juanes de Bernat Martorell, realizado hacia 1400-1452 y que se conserva en el Museo Diocesano de Tarragona.

Por último, el paisaje nevado por fuera del recinto, la dureza de los plegados de la toca y la rigidez de la musculatura del niño, a base de sombreados, evocan más una pintura alemana de mediados del s. XV, pero al mismo tiempo, el tipo de camisilla con que se cubre el niño es similar a las que aparecen en los niños de Pablo de San Leocadio (Valencia comienzos del XVI). No podemos olvidar que los pintores valencianos de la época solían utilizar copias de los grabados flamencos y de Durero para los fondos de sus pinturas, en cuyo caso se trataría de una escena religiosa, con carácter intimista y de estilo hispano-flamenco.

De cualquier manera parece una obra auténtica, la mano que sujeta el biberón no aparenta manipulación alguna. Por la disposición y actitud de las figuras podría estar inspirado en el grabado de Durero Sagrada Familia con San José. Por el tipo de biberón nos inclinamos a pensar que lo pintó alrededor del XVII. En aquella época el biberón forma parte de lo doméstico, y no durará ya mucho tiempo con estas características, porque evolucionará en su diseño, material y manufactura. En pocos años será un biberón completamente distinto.

Las dificultades sociales de los últimos años del siglo XVIII, el endurecimiento de las condiciones económicas y la progresiva pauperización de la población llevaron a un recrudecimiento de la marginalidad en las ciudades y junto con ello al incremento significativo de niños abandonados. Éste fue el desencadenante de la inevitable aunque beneficiosa lactancia artificial en nuestro país. El estado, como administración debía hacerse cargo y encontrar solución para alimentar a todos esos niños que llenaban las inclusas y orfanatos. Es a partir de este momento, cuando algunos autores se interesaron de manera significativa por la lactancia artificial, sus complicaciones y los objetos asociados.

La revolución industrial supuso un cambio en todos los aspectos, Europa está abandonando la artesanía y dando paso a la industria. Los biberones descritos hasta el momento, los de estaño, plata, cuero, madera, a veces de cerámica o de vidrio, todos ellos estaban construidos en una sola pieza, ciertamente muy difíciles, por no decir imposibles de limpiar. Ahora se les considera antihigiénicos. De igual manera, las tetinas que en un principio fueron de metal, madera, marfil, cerámica, cuero o esponja y telas, eran duras e incómodas. El desarrollo industrial llega hasta el biberón. Ahora se diseña en dos partes, con dos elementos, el cuerpo por un lado, lo que permite mantenerlo higiénicamente limpio y la tetina por el otro, que al ser de goma mejora tanto en figura como en textura, consiguiendo parecerse más al pezón humano.
FOTO 006 Amamantando al bebé

Muchos de estos biberones construidos en Europa tienen en común la novedad de no ser anónimos, ha llegado el momento de las marcas y cada fábrica estampa su distintivo en la pieza. Este cambio es el origen del biberón moderno, al pasar de ser un objeto artesanal a un producto industrial, que requiere comercio y publicidad asociados. Como ejemplo recogemos de La Gran Enciclopedia Francesa de finales del siglo XIX una descripción bastante fiel de los primeros biberones franceses fabricados por la industria.

Biberón Breton: Frasco de cristal perforado con un agujero para que el aire pueda entrar en el cuerpo del frasco, el cuello esta obstruido con un tapón de cristal esmerilado en forma de pezón y cubierto por una tetina de ubre de vaca ya preparada. Este biberón ofrece todas las condiciones de limpieza deseables.

El biberón Darbo: Ha tenido una gran reputación. El cuerpo está tallado en madera, marfil o corcho y al que se adapta un tapón en bisagra del mismo material. En el interior existe un pieza tallada de marfil con una ranura en espiral por la que cual llega la leche. Con una llave que regula o gradúa la salida del líquido.

El biberón Charrière: Lleva un pezón de marfil ablandado mediante acido clorhídrico que, a condición de mantenerlo en agua tibia, mientras no se utiliza, conserva la máxima limpieza y la flexibilidad del pezón natural.

El biberón Thiers: Lleva como característica, un tubo acodado y flexible que por una de sus extremidades desciende hasta el fondo del cuerpo y por el otro lleva un pezón en marfil con punta de corcho; un palillo atraviesa el agujero del tapón y puede regular la salida de la leche.

En los principales países industrializados de Europa, Inglaterra, Bélgica, Francia, Suiza, Alemania, Austria, se fabricaron biberones de distintas formas y modelos pero ya siempre con dos cuerpos y fáciles de limpiar. Hemos encontrado un variado muestrario de ellos recogido y expuesto en las vitrinas del Museo de la Asistencia Pública, en París.

El desarrollo social en España lleva otro ritmo. En los entornos familiares, cuando surge la necesidad de recurrir a la lactancia artificial, lo primero y más fácil era valerse de la cabra, costumbre más viable en las zonas rurales, pero es que la mayor parte del país lo era. Como testimonio de esta tradición citamos el monumento, “Hermanitos de leche” obra por la que recibió la Medalla de Honor en la Exposición Nacional de Bellas Artes su autor, Aniceto Marinas, y que estuvo expuesta en los jardines del palacio de la Biblioteca Nacional en Madrid hasta finales de los años noventa pasando desde entonces a forma parte de los fondos no expuestos del Museo del Prado.

Es curioso y está muy bien recogido el tema por el escultor. El hombre, suponemos que el padre, acompaña al recién nacido y le ayuda, le cuida en ausencia de la madre. Lo mejor que le puede ofrecer es la leche animal, la cabra, que acepta la boquita del niño junto con la de su propia descendencia, el cabrito.

La filatelia, espejo que nos devuelve el acontecer social, guarda la imagen y defiende la idea en una emisión postal de la última década del pasado siglo.

En los establecimientos a cargo de la administración del estado, como eran las casas de niños expósitos, la inclusa o los orfanatos, Espina Pérez dice: Crece el número de niños recogidos, con una crianza ordinaria de alrededor de quinientos niños. Son criados por amas de cría, con unos gastos de veintiocho mil ducados. El problema para alimentar a lactantes sin madres se ha multiplicado. La primera tentativa fue recurrir a las nodrizas. La administración corría con los gastos de manutención y alojamiento en caso necesario, además de abonar sus servicios pero en pocos años la situación se volvió insostenible por falta de mujeres dispuestas a ser nodrizas aunque fuese por dinero.

Por otro lado, conforme nos vamos recorriendo la soga del tiempo, los cambios en relación con la lactancia artificial, como en todas las cuestiones sociales, se sucederán cada vez más rápidamente. Durante los primeros años del siglo veinte, la esperanza de vida en España no llegaba a los 35 años, morían 18 de cada 100 de los recién nacidos. Los problemas de mortandad se debían principalmente al déficit alimenticio de los primeros días o semanas de la vida del niño y en muchas ocasiones éste mismo régimen era el que le llevaba a la muerte.

Entre los caminos que abrieron la pediatría moderna del siglo veinte, se encuentran, según Laín, la consideración ilustrada y prerromántica del niño, la atribución a éste de una serie de derechos y deberes, y la idea vitalista de que su organismo poseía una peculiaridad biológica tanto desde el punto de vista cualitativo como cuantitativo. El desarrollo de la pediatría puso de relieve la importancia de la alimentación y de la dietética del niño desde su nacimiento, aunando así la lactancia materna con su sustitutiva lactancia artificial.
FOTO 007 Monumento, “Hermanitos de leche” obra por la que recibió la Medalla de Honor en la Exposición Nacional de Bellas Artes Aniceto Marinas y sello conmemorativo

A nivel nacional la Sanidad tenía en esta veintena un exiguo presupuesto, pero se establece por Real Decreto de 1929 el primer seguro social de carácter sanitario, se trata del Seguro de Maternidad, que protege a la mujer trabajadora y aunque no llega a la mujer del trabajador es un inicio. Existen marcadas diferencias sociales que hacen enfrentarse de forma diferente el mismo problema, la lactancia artificial. Mientras unas madres tratan, utilizando distintos modelos de biberones o recurriendo a la nodriza poner a salvo a su hijo. Otras se tienen que resignar a que el padre de la criatura, por ejemplo o su abuela, utilicen la leche de cabra directamente del animal para sacar adelante al recién nacido.

El doctor Benavente, director de la inclusa de Madrid y conocido como “el médico de los niños” promocionaba, en el diario La Alianza de Valencia la venta de la harina lacteada. Certifico que tan excelente resultados ha dado en la inclusa de Madrid el uso de la farina lacteada del Sr. Nestlé, que puedo asegurar con gran satisfacción haber encontrado en esta sustancia un remedio que evitará en lo sucesivo todo conflicto por falta de nodrizas. Los niños que hasta la fecha han hecho uso de este alimento se han nutrido y han resistido a las causas morbíficas del establecimiento.

Mientras tanto en Europa la industria del biberón avanza imparable. Desde la década de los años cuarenta se modifica la forma del cuerpo del biberón que ahora volverá a ser vertical y cilíndrico, de aspecto elegante e higiénico. Y también el material con que se fabrica, casi siempre se elige el cristal templado (Pirex) por su resistencia al calor, facilidad de limpieza y comodidad de manejo. Se empieza a utilizar la Serigrafía, sistema de impresión mediante estarcido a través de un tejido, normalmente de seda o tela metálica muy fina, por la que un rodillo hace pasar la tinta o pintura y el material sobre el que se imprima puede ser desde papel, tela, metal, vidrio o cerámica, para graduar la cantidad de leche que se prepara. Los colores de la serigrafía junto con el diseño permiten particularizar las marcas. Industrias asociadas, Pirex, o los distintos fabricantes de la leche maternizada en polvo crean sus propios biberones, podemos recordar Nestlé, Nenuco, Mont-Blanc, Chicco, Maggi, etc.

Sin embargo en España la incipiente industria de los años veinte interrumpido su avance por la guerra, no se interesó por el desarrollo del biberón. La Guerra Civil centró el interés industrial en el armamento. Agudizando así las diferencias con el perfeccionamiento del biberón en Europa, donde después de la II Guerra Mundial, se primaron todas las iniciativas encaminadas al cuidado, la salud, la alimentación y la promoción de los más jóvenes.

Así como he encontrado múltiples documentos escritos y gráficos, dibujos, esquemas, apuntes, diseños, fotos sobre los biberones y su historia en Europa, no he conseguido nada equivalente en España, por lo que deduzco que su, importancia, interés o acaso su representación social no fue suficiente para mover la industria.

Tengo que acudir a la memoria y en ella buscar las imágenes de los biberones que se utilizaban en la década de los años cuarenta y cincuenta. Deduzco de mi repaso, que durante estos años el cuerpo del biberón queda en segundo término, y que la atención de los fabricantes se dirige únicamente hacia el sistema de succión, la tetina. El término biberón se aplica, por extensión, a la tetina. La tetina se fabrica en diferentes diámetros, de seis, siete u ocho centímetros, para que se acomode al tamaño de la boca del vaso, que es cualquier vaso o recipiente de la vajilla doméstica. El biberón, la tetina, se vende en la farmacia, es de goma, elástica y adaptable. Se hierve en un cazo con agua para su esterilización y se aplica a la boca de cualquier vaso de la vajilla.

Como excepción que confirma la regla, he encontrado un cuerpo o vasija de biberón que sospecho está fabricada en España. Es de grueso vidrio transparente, horizontal y oblongo, con orificio en la parte superior susceptible de ser taponado y que serviría para regular el flujo de la leche según trague el niño, además de para cargarlo. En el extremo de la boca, tiene un gollete donde se encaja la tetina de goma, para que no se escape al succionar el niño. He conseguido dos ejemplares. Ninguno de ellos está grabado ni tiene marca de fábrica. Entiendo que se hicieron en un taller de vidrio, en los primeros años del siglo veinte y de forma artesanal.

Superada la posguerra, a partir de la década de los cuarenta y entre los años cincuenta y sesenta, evolucionarán la industria y el mercado en España. En lo que al biberón se refiere, presentan mejores y más adecuados materiales, reproduciendo modelos europeos. Diseñadores en la industria están decididos a mejorar el artilugio. Empresas alimenticias entran a fabricar los biberones junto con nuevos productos lácteos, es el caso del Pelargón, “leche de confianza” que marca toda una generación a la que se le denomina hoy día la Generación Pelargón.
FOTO 008 Publicidad de biberones

Los tiempos han cambiado, ahora se trata de concienciar a los consumidores, a través de campañas publicitarias, sobre la necesidad de alimentar a la prole con responsabilidad, en cantidad y calidad. El desahogo económico y bienestar social trajeron consigo, entre otros hábitos, la costumbre de consumir leches artificiales en cómodos biberones. Todo ello ha contribuido al gran despegue de la fabricación de modernos biberones, que se utilizan indistintamente en el ámbito doméstico y en las instituciones sanitarias.

Algunos datos de nuestra historia
A principios del siglo XX la población española, la mayoría rural, era de unos 19 millones de personas. Con una esperanza de vida de 40 años los trabajadores realizaban jornadas de 60 horas semanales. Los salarios no alcanzaban los mínimos de subsistencia. Los españoles se hacinaban en viviendas insalubres y la alimentación era precaria. Y no sólo eso, las enfermedades infecciosas hacían estragos entre la población. Entre 1901 y 1910 medio millón de personas murieron a causa de gripe, tuberculosis y sarampión. Para los obreros que sufrían el desempleo, invalidez o envejecían sólo les quedaba la beneficencia y la llamada “sopa-boba”, un caldo que sobraba de los menús de cuarteles y orden institucionales. Miles de personas vagaban por nuestro país desvalidos, agotados, desesperados.
Nacían anualmente 17.000 niños muertos; 98.060 morían en el primer año y 170.000 niños no llegaban al los cinco años. Archivo General de la Administración.

Gota de Leche de San Sebastián
La Gota de Leche de San Sebastián fue de las primeras que se crearon en España, situada en la calle Loyola, empezó su andadura el 30 de septiembre de 1903, presidiendo la inauguración la reina madre María Cristina. La originalidad del centro donostiarra estuvo en que incorporó una consulta de pediatría. La idea original de las gotas de leche procedía de Francia, donde a fin de siglo empezaron a montarse instituciones de este tipo para atajar los problemas de desnutrición y la alta mortalidad infantil entre todas aquellas familias que no podían permitirse el lujo de tener nodriza. El médico Dupont había creado la primera gota de leche en 1894.

Entre nosotros, la creación de este servicio para lactantes, completado con un consultorio para niños pequeños, fue promovida por el diputado provincial Tomás Balbás. Supuso la primera obra social conjunta de las dos cajas de ahorro, la municipal y la provincial. En La Gota de Leche se desnataba y esterilizaba la leche procedente de las vacas que había adquirido la Diputación. El litro se vendía a 20 céntimos y era gratis para quienes no pudiesen pagarla. (José María Urkia Etxabe).
FOTO 009 Nodrizas. Rafa Zaragoza

Nodrizas
Desde el siglo XVII hasta el XIX las familias acomodadas adoptaron la práctica de amamantar a sus vástagos contratando a una nodriza. Las amas de leche proliferaron en Europa en buena parte por acto reflejo, ya que muchas casas reales se habían acogido a la práctica del amamantamiento por teta alquilada. La nobleza y las “casas buenas” tomaron enseguida el testigo y el hábito se extendía con rapidez.

Los Borbones, Alfonso XII, Alfonso XIII y Juan de Borbón, fueron también amamantados por robustas nodrizas (pasiegas, si es cierta la información a la que he tenido acceso). En el caso de España está documentado – algunas de las candidatas aparecían en una gran ciudad tras haber realizado el viaje a pie desde sus aldeas de origen. Era una prueba que sumaba muchos puntos, ya que ponía de manifiesto el fondo físico, la robustez de la futura amamantadora. Para ejercer la profesión había que certificar el origen, la profesión del marido, el entorno en el que habían crecido y la disponibilidad temporal, siempre sujeta a la decisión de la familia contratante. Algunas nodrizas reales quedaron vinculadas a palacio de por vida, como una especie de segundas madres de leche con las que el infante se negaba a romper el vínculo.

En un documento del siglo XVII queda registrada una práctica social muy curiosa: del mismo modo que el día del bautismo la familia del bebé celebraba una gran fiesta, el día del destete se celebraba otra igualmente importante. Aunque no se sabe si esta segunda fiesta era también de carácter religioso o simplemente social.

La expresión “tener mala leche” parece que proviene de la era de las nodrizas, ya que popularmente se pensaba que algo de la personalidad de la nodriza se transfería a la criatura a través de la leche. Si es verdad o no, es difícil saberlo, pero algo nos dice que podría tener su lógica.

Se hacen famosas algunas regiones por la excelente calidad de sus nodrizas
En España fueron las mejores “las pasiegas”; en Francia las de Morvan. A pesar de que en 1850 la industria empieza a producir sucedáneos de la leche materna, hasta alrededor de 1950 continúa existiendo el fenómeno nodriza y hermanos de leche.

AGRADECIMIENTOS
Mª Teresa Miralles Sangro

Dra. Isabel Mateo Gómez
Dr. José María Urkia Etxabe
Rafa Zaragoza
Fundación Index. Revista Temperamentvm
Diario Vasco de San Sebastián

AUTORES
Jesús Rubio Pilarte
Enfermero y sociólogo. Profesor de la E. U. de Enfermería de Donostia. EHU/UPV
Miembro no numerario de La RSBAP
jrubiop20@enfermundi.com

Manuel Solórzano Sánchez
Enfermero Servicio de Oftalmología
Hospital Donostia de San Sebastián. Osakidetza /SVS
Vocal del País Vasco de la SEEOF. Insignia de Oro de la SEEOF
Miembro de Eusko Ikaskuntza
Miembro de la Sociedad Vasca de Cuidados Paliativos
Miembro Comité de Redacción de la Revista Ética de los Cuidados
M. Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro no numerario de La RSBAP
masolorzano@telefonica.net

6 comentarios:

Xosé Manuel Meijome dijo...

Un repaso muy completo y bien estructurado. Muchas gracias.

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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La liga de la lechd dijo...

Muy bueno. Gtacias.