jueves, 7 de mayo de 2026

Escuela de Damas Enfermeras de la Cruz Roja de San Sebastián 1917

 

Antecedentes de la Cruz Roja. El Dispensario Médico de Santa Isabel

 

La formación profesional y reglada de las Damas Enfermeras de la Cruz Roja se instauró, a principios del siglo XX, gracias al interés personal de la Reina María Cristina.

 

Foto 1 Dispensario de Santa Isabel de San Sebastián. Imagen recreada por IA

 

Existía un precedente en San Sebastián, en la creación del Dispensario Médico de Santa Isabel gratuito para los pobres de San Sebastián fundado, en el año 1909, por los médicos franceses Carlos Vic, Michel Leremboure y Augusto Harriet. Este dispensario de caridad disponía de un cuadro de médicos especialistas y un amplio grupo de damas aristocráticas que se formaron como enfermeras voluntarias recibiendo clases teóricas y prácticas rotando por las diferentes especialidades, realizando curas y vendajes, aplicaciones de inyectables, etc. Se formaron por la proximidad, siguiendo el programa de las Damas Enfermeras de la Cruz Roja Francesa (1).

 

La Reina María Cristina visitó varias veces este dispensario para pobres, durante sus veraneos en la ciudad de San Sebastián y, entusiasmada con la idea, decidió crear una red de hospitales-dispensarios en los que formar y crear las Escuelas para las Damas Enfermeras de la Cruz Roja Española, la cual comenzó a funcionar en el año 1917 a 1918.

 

Este proyecto de las Escuelas de Enfermeras de la Cruz Roja, se inició en San Sebastián y en poco tiempo se extendió por todas las ciudades españolas, impulsadas por el entusiasmo de la Reina María Cristina y sus colaboradoras, entre ellas Carmen Angoloti y Mesa, Duquesa de la Victoria.

 

En 1909 la ya endémica guerra de Marruecos adquirió mayor virulencia y el nombre del Gurugú se hizo famoso en toda la geografía española, así como los actos de heroísmo que en aquella acción se registraron. Fue entonces cuando algunas señoras y señoritas de San Sebastián quisieron ayudar a los médicos militares en sus tareas. Pero no tenían ningún conocimiento sanitario, ninguna noción del papel de las enfermeras y, entonces, surgió la idea de reunir a aquellas señoras, que tan buena voluntad de ayuda mostraban, instruirlas y aprovechar la oportunidad para crear en la ciudad un centro gratuito de consultas médicas (1).

 

Foto 2 Escuela de Enfermeras Dispensario de Santa Isabel de San Sebastián. Imagen recreada por IA

 

La carencia en la ciudad de un grupo o cuerpo de señoritas enfermeras como el de Vic conocía allende el Bidasoa, formadas según las normas establecidas por la Cruz Roja Internacional, siguiendo los programas de las enfermeras de la Cruz Roja Francesa. Durante varios meses, se impartieron cursos de mañana y tarde y cuando se creyó que aquel grupo de señoras y señoritas estaban capacitadas, se fue a la creación de un dispensario médico a beneficio de los enfermos pobres de la ciudad.

 

Le impulsó a crear una pequeña escuela alquilando un local en la Plaza Easo esquina con el número 27 de la calle Larramendi, el local era pequeño y fue ampliado más tarde, para que dichas enfermeras practicasen en un Dispensario gratuito para los necesitados. Siempre contó con la valiosa colaboración de las Madres Dominicas, cuya superiora era la Madre Mauricia, que prestó toda clase de ayudas, pudiendo contar con todo el material médico y quirúrgico desde el sábado 11 de junio de 1910.

 

Estas enfermeras se formaron a partir del programa de las Damas Enfermeras de la Cruz Roja francesa, precisando para ello: ser súbdita española, mayor de diecisiete años y pertenecer como asociada a la institución.

 

La Dama enfermera antes de decidirse a serlo ha de reflexionar seriamente, ya que su misión será muy difícil. Necesita unos conocimientos sólidos, teóricos y prácticos, piadosa abnegación, espíritu de severa disciplina, cristiano amor al prójimo, dulzura atrayente y paciencia ejemplar e inagotable con los enfermos y que vale más no ser enfermera que serlo sólo de nombre.

 

Foto 3 Escuela de Enfermeras Dispensario de Santa Isabel de San Sebastián. Imagen recreada por IA

 

La mujer posee cualidades que le dan el privilegio de endulzar los dolores y pone su corazón fácilmente de acuerdo con la razón cuando desea consagrarse al cuidado de los enfermos. Desde luego ha de reconocer la necesidad de someterse en el Hospital o Dispensario a una rigurosa disciplina en tiempos de guerra y de una buena organización en el Dispensario en tiempo de paz.

 

La experiencia de Pasteur ha demostrado que los peligros por los que durante tanto tiempo han pasado los heridos y operados podían evitarse. Entre las reformas impuestas por esta experiencia, figura en primer lugar la enseñanza del personal que está al servicio de los hospitales y dispensarios.

 

La asistencia perfecta de nuestros enfermos, heridos u operados solo puede obtenerse si en el lugar que ocupen todo está subordinado a la realización absoluta de la asepsia y antisepsia. Para ello es indispensable contar con enfermeras suficientemente instruidas, bien acostumbradas y penetradas de sus deberes.

 

De aquí la razón de nuestros Dispensarios – Escuelas; la enseñanza que en ellos se recibe, la disciplina que se impone, tienen por objeto principal asegurar en absoluto la destrucción de los gérmenes mórbidos en el material de curas y del instrumental, es decir su perfecta esterilización; procurar de una manera indudable su conservación en estado estéril, acostumbrase a tomar tanto con los enfermos como consigo misma, y con las personas que las rodeen el conjunto de precauciones rigurosas que impiden transmitir o inocular los agentes contaminantes.

 

Foto 4 Consultorio del doctor Carlos Vic y Damas Enfermeras aristocráticas de San Sebastián

 

La Dama enfermera cuando está bien instruida, colabora de la manera más útil al trabajo de los médicos y cirujanos, siendo ella la que ha de responder de la perfección y seguridad del material de curas y muy especialmente en las salas de operaciones donde su papel es más indispensable aún.

 

La Dama enfermera ha de saber cómo se prepara todo el material de curas y como se ejecutan estas, estar familiarizada con todos los detalles técnicos. Es necesario, también, que esté plenamente convencida que, en la manera de hacer o colocar un vendaje, estriba el que se eviten accidentes locales, como dolores, hemorragias y complicaciones infecciosas.

 

Ha de estar convencida de que en muchas ocasiones la vida o curación de un herido es obra de los primeros cuidados que ella pudo darle. Cohibir una hemorragia, evitar graves complicaciones y tal vez salvar miembros, depende de un vendaje bien hecho.

 

El papel de los Dispensarios – Escuelas es, pues, importantísimo. En ellos ha de formarse la enfermera y para conseguirlo se impone que a las órdenes del Director haya, constantemente una Superiora Diplomada, la cual se encargará de la vigilancia sin intermitencias de las Damas alumnas repitiéndoles las lecciones teóricas que reciban del profesor y vigilando las curas que hagan a los enfermos, la esterilización del instrumental y material de curas, lo cual harán las alumnas por turnos hasta quedar bien instruidas.

 

Foto 5 Grupo de Damas Enfermeras de la Cruz Roja, Practicantes y Médicos con la religiosa dominica Superiora Madre Mauricia en las nuevas dependencias del Dispensario Santa Isabel. Fotografía publicada en la Revista Azul de San Sebastián en 1925

 

En resumen:

 

La Dama enfermera y todo el personal auxiliar, deben tener una enseñanza sabiamente adecuada y uniforme para lo cual precisa de un modo absoluto, que aquellas personas que estén encargadas de ayudar al médico en la instrucción de las Damas y Enfermeras profesionales, estén formadas en un plan único también, y bajo la vigilancia de un personal médico competente y penetrado de esta importancia (1).

 

Sanatorio San Ignacio de Alza 1898

 

Entre los finales del siglo XIX y principios del XX, en la Cruz Roja Española se producen sucesivas reformas que dan pie a una Cruz Roja más operativa. Así, en 1898 se lleva a cabo en Tudela (Navarra) el primer ensayo de movilización general de Cruz Roja Española y dos años más tarde se crea la Asamblea Suprema como órgano rector, cuyo primer presidente y Comisario Regio sería el general Polavieja (2).

 

De 1896 a 1900 se le encomendaría a esta Institución la repatriación de los soldados españoles que habían combatido en Cuba y Filipinas, en cuya misión cumplió un papel ejemplar.

 

En 1876 los Practicantes de la Cruz Roja de San Sebastián eran Antonio Egaña Areizaga y Antonio Ayestarán, Vicepresidente 3º de la Comisión Provincial de Guipúzcoa editado 31 de julio de 1897 (2).

 

Foto 6 Sala del Sanatorio San Ignacio de Alza de 1898. Imagen recreada por IA

 

La Cruz Roja se constituye en San Sebastián el 20 de octubre de 1893, en aquellas fechas las colonias españolas luchan por su independencia, que la consiguen después de pasar por grandes calamidades, derivadas de las guerras (2).

 

Vuelven a la patria los militares, heridos y enfermos por las necesidades que han padecido, por heridas de guerra y por epidemias. Cargados de estos dolores vienen estos soldados que un día marcharon a Cuba y Filipinas, deseosos de sanar o de morir en su tierra con los suyos.

 

Llegan a San Sebastián en el mes de septiembre de 1898, y es necesario abrir un Hospital y además hacen falta muchas manos para atenderlos. En San Sebastián se había constituido el día 14 del mes de julio la Junta de Damas de la Cruz Roja, y a ellas se les pidió ayuda para este menester.

 

El Sanatorio Hospital se organiza en las dependencias de la fábrica que poseían los señores Marticorena de Alza, cobrando 2.000 pesetas para veinte meses de arrendamiento y se denomina “Sanatorio San Ignacio” en recuerdo del santo patrón de Guipúzcoa, San Ignacio de Loyola (2).

 

Foto 7 Sala del Sanatorio San Ignacio de Alza de 1898. Imagen recreada por IA

 

Este Sanatorio que poseía 25 camas, alojó hasta 43 soldados en camas y hamacas desde el día que se habilitaron las habitaciones; el martes 13 de septiembre de 1898, inaugurándose el jueves día 15 de septiembre de 1898. El impulso de toda esta organización y de conseguir el espacio necesario para la creación de este Sanatorio fue encomendada a la Hija de la Caridad Sor Ignacia Alberdi, dicha comunidad de religiosas estaba ubicada en la Cárcel de San Sebastián en Ondarreta. Dicha religiosa trabajó afanosamente con la Junta de Señoras de la Cruz Roja de San Sebastián y con un practicante Antonio Ayestarán, para la realización de las curas e inyecciones para los soldados heridos y enfermos y prestar todos los servicios de su profesión. Contaban también con el médico donostiarra Sabino Ucelayeta Mendizábal presidente de la Cruz Roja de Guipúzcoa. Las presidentas de la Junta de Damas eran Concha Gaytan de Ayala y Eladia Altube de Luzunariz.

 

Los farmacéuticos Nazabal, padre de Sor Susana Nazabal que también trabajó en el Sanatorio y Fernández Velasco enviaron como donativo los medicamentos necesarios para el Sanatorio (2).

 

El 2 de enero de 1899, tras la clausura del Sanatorio San Ignacio una vez finalizada la contienda, la Madre Superiora de las Hijas de la Caridad —congregación a cargo de la cárcel de Ondarreta en San Sebastián— solicitó el retorno de las hermanas que habían sido cedidas como refuerzo sanitario. Con su misión concluida, las religiosas se reintegraron a su destino original en el penal. Por su parte, los soldados heridos y enfermos que aún no habían recibido el alta fueron trasladados al Hospital Civil San Antonio Abad o de Manteo, en el barrio de Gros, donde la Cruz Roja se hizo cargo de su alimentación y cuidados médicos (2).

 

Foto 8. Hospital San Antonio Abad, u Hospital Civil o de Manteo. 1886. Foto: Cristina López Alonso

 

La Cruz Roja con los enfermos y heridos repatriados ante el cierre del Sanatorio San Ignacio “crean un piso en la calle Legazpi” de San Sebastián, donde han socorrido a 74 personas, han comprado 23 trajes de abrigo, 35 mudas enteras, 5 bufandas, 5 trajes, 18 kilos de pan, 25 kilos de carne y 24 litros de leche.

 

El 22 de marzo de 1899 acuerdan vender todos los enseres del Sanatorio San Ignacio. Muchos de ellos fueron cedidos a otros establecimientos y el resto se vendió. Decidiendo también regalar un obsequio a las Hermanas de la Caridad (2).

 

Hospital de la Cruz Roja y Escuela de Damas Enfermeras

 

El recrudecimiento periódico de las campañas en la Guerra de África impulsó una profunda reorganización de la Cruz Roja Española. En este contexto, uno de los mayores anhelos de la Reina Doña María Cristina fue la creación de un pequeño hospital que funcionara, a su vez, como Escuela de Damas Enfermeras. Como presidenta de la institución en San Sebastián y plenamente dedicada a su labor, la soberana comprendía que era imposible consolidar un cuerpo de profesionales bien instruidas sin un centro propio donde centralizar su formación y prácticas (3).

 

Foto 9 Clínica Hospital Villa María Cristina, 1918

 

Tras consultar al doctor Luis Egaña —a quien ya conocía por sus servicios médicos a sus nietos en Palacio— y con el respaldo de la Junta de Damas, Doña María Cristina se propuso hallar un local adecuado cerca de la ciudad. El objetivo era ambicioso: instalar una clínica que albergara también un dispensario de asistencia gratuita para las clases desfavorecidas. En un gesto de generosidad hacia el pueblo donostiarra, Su Majestad adquirió con su propio patrimonio un chalé en el barrio del Antiguo, al que llamó “Clínica María Cristina”, cuya reforma integral encargó al arquitecto Luis Elizalde.

 

El Hospital María Cristina es Escuela de Damas Enfermeras de la Cruz Roja de San Sebastián. Consta de una Clínica operatoria con diez camas y un Consultorio – Dispensario donde se verifican consultas en número ilimitado.

 

Fue fundado por S. M. la Reina Doña María Cristina con objeto de que las Damas Enfermeras que hubieran obtenido el título de aptitud para el cargo pudieran hacer prácticas constantemente y que el día en que, por su misión, fuesen llamadas a prestar servicios a la Patria y a la humanidad, no fueran enfermeras solamente de nombre.

 

Se ha limitado a diez el número de camas por ser estas suficientes para el fin que se persigue y porque dad la carestía de la vida, no era prudente comprometerse a sostener mayor número sin contar con recursos fijos.

 

En cambio, el servicio de Consultorio-Dispensario es ilimitado por considerar que en él es donde más práctica adquieren las Damas Enfermeras y porque su sostenimiento es menos costoso que el de la Clínica.

 

Foto 10 Primeras enfermeras de la Clínica María Cristina de la Cruz Roja

 

De acuerdo con los Estatutos de la Cruz Roja Española de 1917, modificados por S.M. la Reina, el artículo 4 otorgaba a la Sección de Señoras la competencia para organizar e instruir un Cuerpo de Damas Enfermeras. Este mandato se ajustaba a las necesidades del plan general y contemplaba la creación de hospitales destinados a la enseñanza del personal o, en su defecto, el aprovechamiento de establecimientos ya existentes (3).

 

La Junta de Damas de la Cruz Roja de San Sebastián, nombrada por la reina María Cristina, estaba integrada por las siguientes señoras:

 

Presidenta: S. M. la Reina María Cristina.

Vicepresidenta: Excelentísima Señora Inés de Brunetti.

Secretaria: Señorita Pilar Jordán de Urries.

Tesorera: Señora Teresa Barcáiztegui. Viuda de Zappino.

Vocal: Señora Concepción de B., Viuda de Gaytán de Ayala.

Vocal: Señora Eladia Luzunáriz de Altube.

Vocal: Señora Eugenia Luzunáriz de Moyúa.

Vocal: Señora María Lizarriturry de Elósegui.

Vocal: Señora Eugenia Petit de Meurville de Satrústegui.

Vocal: Señora Casilda de Alzaga y Emparan, Marquesa Viuda de Rocaverde.

Vocal: Señora Maria Josefa de Areizaga e Irusta, Condesa Viuda de Peñaflorida.

Vocal: Señora María Ortega de Pradera.

Vocal: Señora María Londáiz de Gaytán de Ayala.

Vocal: Señora Luisa Lizarriturry de Rezola.

Vocal: Señora Teresa H. de Bermingham.

Vocal: Señora Condesa de Torre – Múzquiz.

Vocal: Señorita Carmen Resines Gardeazábal.

 

Esta junta organizó el primer curso para Damas Enfermeras, impartido en el Hospital Civil San Antonio Abad por los doctores Luis González Ayani y Mariano Echáuz. Ambos eran, a su vez, profesores del Dispensario para Pobres de Santa Isabel y basaron el programa en el modelo utilizado por la Cruz Roja Francesa (3).

 

Foto 11 Acto solemne celebrado en el salón de actos del Instituto Peñaflorida (actual sede del Centro Cultural Koldo Mitxelena), presidido por la Reina Madre María Cristina de Habsburgo-Lorena, a las Damas Enfermeras de la Cruz Roja

 

El 28 de julio de 1917, el Instituto Peñaflorida acogió las primeras pruebas para Damas Enfermeras de la Cruz Roja. En esta sesión se evaluó teóricamente a las candidatas que ya prestaban servicios en el Dispensario de Santa Isabel y realizaban sus prácticas en el Hospital Civil San Antonio Abad. El tribunal calificador estuvo integrado por un médico militar, uno de la Marina, los doctores Luis González Ayani y Mariano Echáuz, y el inspector de la Cruz Roja, don Rafael Gordón. La entrega de títulos, insignias y brazaletes se celebró el día de San Ignacio (3).

 

Los exámenes fueron presididos por S. M. la Reina Doña María Cristina, siendo aprobados y recibiendo el brazal las señoras y señoritas siguientes:

 

Victoria Amilibia, Cristina Sánchez Juárez, Mercedes Jordán de Urríes, María Luisa Jordán de Urríes, María Juantegui, Señora Luisa L. de Rezola, María Laffitte, Señora Luisa Ruiz de Díaz Montenegro, Consuelo Machimbarrerna, María Luisa Martínez de Aguiar y Pedroso, Blanca Martínez Molins, Clara Pardiñas, Señora de Ochoa, Ana Oliva, Rosa Orbegozo, Señora de Tejada y Señora de Zala.

 

Foto 12 El salón de actos del antiguo Instituto Peñaflorida —espacio que hoy late como el Centro Cultural Koldo Mitxelena— se vistió de gala para un acontecimiento sin precedentes. Bajo la augusta presidencia de la Reina Madre, María Cristina de Habsburgo-Lorena, se celebró el acto solemne de la primera promoción de las Damas Enfermeras de la Cruz Roja. Aquel encuentro no solo simbolizó el compromiso de la aristocracia con la asistencia sanitaria, sino que consolidó a San Sebastián como el epicentro de la vanguardia social y humanitaria de la España de principios de siglo

 

En un anuncio publicado por La Voz de Guipúzcoa de San Sebastián, con fecha de 16 de noviembre de 1917, se convocaba al nuevo curso para Damas Enfermeras de la Cruz Roja en el Hospital Civil San Antonio Abad. El texto rezaba lo siguiente:

 

Cruz Roja. El primes lunes del próximo mes de diciembre, darán comienzo los cursos teóricos para enfermeras de la Cruz Roja, en el Hospital Civil San Antonio Abad de esta ciudad, bajo la dirección de los señores doctores de este benéfico establecimiento.

 

A las señoras y señoritas que deseen ser enfermeras, se les ruega tengan a bien inscribirse a la mayor brevedad, en el domicilio de la secretaria, señorita Pilar Jordán de Urries, en la calle Prim número 14 de San Sebastián”.

 

S.M. la Reina María Cristina sostenía que, en tiempos de paz, los hospitales de la Cruz Roja debían servir a la población general como dispensarios de caridad. En caso de conflicto bélico, estos centros garantizarían una atención moderna y actualizada para los militares heridos o enfermos. Además, concebía estas instituciones como una escuela permanente para la formación práctica, tanto de enfermeras profesionales como de Damas Enfermeras voluntarias (3).

 

Bajo la presidencia de S.M. la Reina Doña María Cristina, el 5 de agosto de 1918 se celebraron los exámenes de la segunda promoción de Damas Enfermeras de la Cruz Roja en San Sebastián. El curso fue impartido por el doctor Modesto Huici, quien contó con la colaboración de los doctores Luis González Ayani y Mariano Echauz.

 

Fueron aprobadas y recibieron el brazal las señoras y señoritas siguientes: Señora Concepción Mercader de Espada, María Londáiz de la Quintana, María Belén Machimbarrena, Dolores de la Peña, Carmen Merry del Val, Señora Asunción Resines de Arancibia y Carmen Resines.

 

Foto 13 S.M. la Reina Doña María Cristina junto a la segunda promoción de Damas Enfermeras de la Cruz Roja. La imagen fue captada en el patio de la Clínica María Cristina el 5 de agosto de 1918

 

En octubre del mismo año pudo S. M. la Reina Doña María Cristina inaugurar su Hospital, que iba a funcionar bajo la dirección de los doctores Luis Egaña y Modesto Huici. Fue nombrado médico de guardia el doctor José Goiburu.

 

El 27 de noviembre de 1918, previa bendición del edificio y la entronización del Sagrado Corazón de Jesús, S.M. la Reina inauguró el Hospital “Clínica María Cristina” en San Sebastián (3).

 

Teniendo lugar la primera operación el 28 de noviembre de 1918 y fue verificada por el doctor Luis Egaña.

 

Durante el año 1920 siguió el Hospital funcionando con la misma regularidad de siempre, esforzándose los doctores en dar enseñanzas teóricas y prácticas que las Damas Enfermeras aprovechaban con todo celo y entusiasmo.

 

Queriendo dar mayor impulso a los trabajos de este Centro, el doctor Luis Egaña presentó a S. M. la Reina Doña María Cristina un grupo de doctores que, desinteresadamente, se ofrecían a formar la Policlínica del mismo y que en la actualidad siguen prestando sus valiosos servicios, en bien del Hospital, de las Damas Enfermeras y de la humanidad doliente.

 

Se hizo presente a la Junta la necesidad de ampliar la sala de operaciones y la sala de curas, pues el número de enfermos que acudía al Dispensario era cada vez mayor y también muy numerosas las Damas Enfermeras que asistían a las operaciones. En consecuencia, se decidió una pequeña reforma, quedando con ella el Hospital muy bien dispuesto para las necesidades antes citadas. Se instaló calefacción por agua caliente para la sala de operaciones y la sala de curas (3).

 

Foto 14 De izquierda a derecha: Damas de la Cruz Roja Paulita Echeverría, Carlos Doussinague, Luis Arcaute, Tía Baldomera, Concha Zavala, Ambrosia Arriola. Sentada: La Reina Doña María Cristina, Juanita Tuduri, Hna. de Paulita Echeberría, Justa Echaniz, Marichu Elósegui. Atrás: Tere Bandrés, Pochiqui, Laborde, Florita Doussinague. Carte Postale: Jaime y Cía, Calle Miramar nº 3, San Sebastián. 19 de enero de 1919

 

La Junta de Damas acordó distribuir raciones anuales de aceite de hígado de bacalao entre los niños del barrio durante tres meses. Aunque la iniciativa fue bien recibida desde el principio, el tiempo confirmó su éxito rotundo: actualmente se reparten más de 400 raciones diarias. Los beneficios son evidentes, pues los niños muestran una notable mejoría en su peso y desarrollo. Esta labor es posible gracias a la colaboración de voluntarias que, de manera altruista, se encargan personalmente de la distribución (3).

 

El curso del año de 1920 estuvo a cargo del doctor Luis Ayestarán, examinándose y obteniendo el brazal las señoras siguientes: Sor Concepción Aguilar, Sor Juana Lapeira, Felisa Celaya, Carmen Escolar, Señora Condesa de Fuentecilla, Señora María Paz Montoya de Lamuela, Milagros Jordán y Carmen Masdeu.

 

Tras los trágicos sucesos de Marruecos en 1921, la Reina Doña María Cristina, decidida a que su hospital fuera de los primeros en atender a los soldados heridos en África, dispuso la militarización y ampliación del centro. Secundada con entusiasmo por la Junta, en pocos días se instaló un nuevo pabellón anexo en la Villa Chillardegui. Dicha finca fue cedida a la Reina por sus propietarios, los señores de Iturria, y por los señores de Gurruchaga, que la ocupaban en aquel momento.

 

Foto 15 Hija de la Caridad y Damas Enfermeras de la Cruz Roja en el Hospital Txillardegi con los soldados heridos, 1921

 

Tal como estipula el reglamento para tiempos de guerra, los hospitales de la Cruz Roja deben ser militarizados. En cumplimiento de esta norma, el doctor Justo Díez Tortosa fue nombrado director militar, compartiendo el mando del centro con el doctor Luis Egaña, cirujano de la Cruz Roja.

 

A finales de año, mientras el paludismo causaba estragos entre las tropas en África, se apeló de nuevo a la Junta de Damas de San Sebastián. Se les solicitó ampliar sus instalaciones hospitalarias con el fin de acoger a un centenar de nuevos enfermos.

 

El curso de 1921 estuvo a cargo del doctor José Goiburu. Se examinaron y recibieron el brazal las Hermanas de la Caridad y las señoras y señoritas siguientes: Sor Pilar Romeo, Sor Amparo, Sor Micaela, Sor Máxima, Sor María, Señora Luisa Artola de Martínez, Señorita Mercedes Camps, Señorita Amparo Lassala, Señorita Luisa Martínez Artola, Señorita Juana Martínez Artola, Señora de Merino, Señorita de Merino y Señora de Rodríguez Arias.

 

A partir de 1918, la ciudad de San Sebastián contó con dos Escuelas de Damas Enfermeras: Escuela de Enfermeras del Dispensario Santa Isabel, que seguía el programa de la Cruz Roja Francesa introducido por facultativos formados en dicha escuela, y la Escuela de Damas Enfermeras María Cristina, que se regía por el programa oficial de la Cruz Roja Española.

 

A pesar de su carácter pionero en España, este dispensario no recibió el reconocimiento institucional que merecía. El centro mantuvo su actividad hasta 1960, coincidiendo con el fallecimiento de su director, Augusto Harriet. Durante décadas, fue sostenido por el compromiso de prestigiosos especialistas locales y por la entrega de numerosas Damas Enfermeras, cuya labor vocacional fue clave para el cuidado y bienestar de la población.

 

El Dispensario de Santa Isabel clausuró sus instalaciones en 1960, coincidiendo con la inauguración de la Residencia Sanitaria Nuestra Señora de Aránzazu —perteneciente al Seguro de Enfermedad— y del Hospital Provincial de la Diputación de Guipúzcoa. La puesta en marcha de estos modernos complejos hospitalarios provocó que la antigua clínica perdiera su vigencia y razón de ser en el nuevo mapa sanitario.

 

Foto 16 Damas Enfermeras e Hija de la Caridad con los soldados enfermos en el Palacio de Miramar de San Sebastián, convertido en Hospital Militar. 1921

 

El Cuerpo de Damas Enfermeras de la Cruz Roja, integrado en su mayoría por mujeres de la alta sociedad, desempeñó una labor crucial que salvó cientos de vidas tanto en la Guerra de Marruecos como en territorio nacional. Estas mujeres dedicaron gran parte de su existencia —a menudo de forma altruista— a una misión puramente vocacional. Lejos de ser una labor superficial, muchas alcanzaron un alto nivel profesional gracias a una formación integral. Si bien inicialmente se emplearon manuales de la Cruz Roja francesa, pronto se desarrollaron textos propios en San Sebastián, como el Consultor de la dama enfermera. Su capacitación constaba de cursos de dos años que combinaban semestres de teoría con rotaciones prácticas en hospitales, dispensarios, laboratorios y farmacias.

 

Llegada de los primeros heridos

 

El 9 de febrero de 1922, el hospital tuvo el honor de recibir la visita de S. M. el Rey, quien acudió acompañado por el Duque de Miranda. A su llegada, fue recibido por las autoridades, la Junta de Señoras, la comunidad de religiosas, las Damas Enfermeras y los doctores Luis Egaña, Justo Díez Tortosa, Luis Ayestarán y José Goiburu. Durante su recorrido por las instalaciones, el monarca se detuvo ante cada cama, dedicando palabras de aliento y bondad a aquellos valientes muchachos que convalecían en el centro.

 

Foto 17 Damas Enfermeras de la Cruz Roja y médicos en los jardines del Palacio de Miramar convertido en Hospital Militar, 1922

 

El 22 de septiembre, tras la llegada de dos oficiales del Regimiento de Ingenieros, arribó una expedición de soldados heridos. S. M. la Reina Doña María Cristina acudió personalmente a la Estación del Norte para recibirlos, llegando incluso a trasladar a dos de ellos en su propio automóvil. El traslado de los soldados heridos al hospital se realizó con ejemplar orden en vehículos cedidos por particulares, mientras que los Caballeros de la Cruz Roja, encabezados por su presidente el señor Pavía, ejercieron de camilleros

 

En la Villa Chillardegui aguardaban los facultativos, los miembros de la Junta, las religiosas y las damas enfermeras. Cada uno, desde su cometido, se esmeró en demostrar a aquellos valientes que habían defendido la Patria que en el Hospital de la Cruz Roja hallarían el afecto y los cuidados necesarios para mitigar sus sufrimientos.

 

Las autoridades civiles y militares, que habían escoltado a la expedición desde la Estación del Norte, presenciaron la instalación de los soldados heridos y sus primeras curas. Apenas dos horas después de su llegada a San Sebastián, aquellos valientes soldados, cuya recuperación se nos había encomendado, descansaban ya tranquilos en las dependencias de Chillardegui.

 

Bajo la dirección del doctor Luis Egaña, el hospital se rige por la Junta de Hospital constituida el 22 de febrero de 1922. S.M. la Reina Doña María Cristina, en su calidad de Presidenta, delega sus funciones en la señorita Inés de Brunetti y en la Marquesa de Caviedes. Completan este cuadro directivo Sor Pilar Romeo como superiora, la señorita Carmen Resines en la tesorería y la señorita Pilar Jordán de Urries como secretaria.

 

Foto 18 En 1922, S.M. la Reina Doña María Cristina acudió personalmente a la Estación del Norte para recibir a los soldados heridos, llegando al extremo de trasladar a dos de ellos en su propio automóvil. En el Palacio de Miramar, la comitiva fue recibida por las Damas Enfermeras de la Cruz Roja y los doctores Luis Egaña, Modesto Huici y Luis Ayestarán

 

Las Damas Enfermeras y las Hermanas de la Caridad compartían con esmero el cuidado de los enfermos. Los servicios se organizaron de tal modo que la presencia de las voluntarias fuera constante en el hospital; allí permanecían desde las ocho de la mañana hasta las nueve de la noche, turnándose para realizar guardias nocturnas siempre que la gravedad de los heridos lo requería.

 

Con esta nueva incorporación, la Cruz Roja de San Sebastián contaba con tres centros hospitalarios, organizados de la siguiente manera: el Hospital-Escuela María Cristina, dedicado a la atención de oficiales; la Villa Chillardegui, reservada para los soldados heridos en combate; y el Palacio de Miramar, habilitado para el resto de los enfermos.

 

Al frente de cada hospital, la Superiora designó a una Hermana de la Caridad como responsable, quienes contaron con el apoyo de otras religiosas llegadas de distintas casas para reforzar el limitado contingente de la Cruz Roja de San Sebastián. La labor de las Hijas de la Caridad —ejemplo de virtud y abnegación— es de sobra conocida y no necesita elogios; sin embargo, es deber de esta Junta dejar constancia de su profundo agradecimiento por la inestimable ayuda prestada en aquellos momentos críticos.

 

Las Damas Enfermeras de la Cruz Roja organizaban su labor en ciclos de siete mañanas o siete tardes consecutivas, seguidos de una semana de descanso. El turno matutino se extendía de 8:00 a 13:00, mientras que el vespertino cubría de 15:00 a 21:00. Ante la falta de personal para atender simultáneamente los tres centros, se aceptó el generoso ofrecimiento de distinguidas damas locales. Estas voluntarias se integraron en servicios auxiliares de alimentación, costura y planchado; una colaboración que, en una institución con cien hospitalizados, alivió notablemente la carga de trabajo de las enfermeras y las Hermanas de la Caridad.

 

Foto 19 En las Caballerizas del Palacio de Miramar habilitado como hospital a causa de un brote de paludismo entre los soldados que luchaban en la guerra de África, S.M. el Rey Don Alfonso XIII se encontraba acompañado por las Damas Enfermeras de la Cruz Roja y los doctores Luis Egaña, Modesto Huici y Luis Ayestarán, 1922

 

El curso de 1922 estuvo también a cargo del doctor José Goiburu, examinándose y obteniendo el brazal las señoritas siguientes: Modesta Acha, Consuelo Acha, María Luisa y Martina Yurrita, Leonor Guirao, Irene Ormaechea y Asunción Morazo.

 

Lamentablemente, no todos los heridos lograron recuperarse. El hospital hubo de llorar la pérdida de dos jóvenes soldados, víctimas del paludismo que agravó dolencias previas. Ante la imposibilidad de salvar sus vidas, se facilitó la llegada de sus padres, quienes tuvieron el consuelo de acompañarlos en sus últimas horas. Confortados por los auxilios de la religión, entregaron su alma al Señor. Sus restos descansan hoy en el cementerio de Polloe, en San Sebastián, en un terreno propiedad de la Cruz Roja.

 

Al ser dados de alta, cada soldado recibía como obsequio una muda completa y un donativo en metálico. Durante su estancia, los Caballeros de la Cruz Roja los acompañaron asiduamente, amenizando sus horas y actuando como secretarios de quienes, por la gravedad de sus heridas o la falta de instrucción, no podían escribir por sí mismos. En el mes de julio, la llegada de doce oficiales heridos puso a prueba la capacidad del centro; algunos de ellos ingresaron en estado crítico, requiriendo complejas intervenciones quirúrgicas para salvar su vida.

 

Foto 20 Hospital de Sangre en el Casino de San Sebastián, hoy Ayuntamiento. De las señoritas aristocráticas se decía: «En las salas donde triunfó la frivolidad destacó un ambiente de humanidad», recogía la prensa tras la orden de acoger y cuidar a los soldados heridos y enfermos de la Guerra de África»

 

En 1923, tras el cierre de los hospitales de Txillardegui y el Palacio de Miramar, el centro recuperó su actividad habitual, reanudando las consultas de clínica y dispensario. Esta nueva etapa trajo consigo una actividad mucho más intensa y la incorporación de especialidades de vanguardia como terapéutica física, radiología y estomatología. Las Damas Enfermeras mantuvieron su compromiso con la misma asiduidad, adaptando su labor a las nuevas necesidades asistenciales. Cada año, un número creciente de señoras acude al hospital para formarse en sus aulas, entregando su trabajo desinteresado al alivio de miles de enfermos necesitados.

 

El curso de 1924 contó con el alto honor de ser presidido por la Reina Madre quien, tras finalizar el periodo de exámenes, procedió personalmente a la imposición de insignias y brazaletes de la Cruz Roja a las nuevas Damas Enfermeras: Ángeles Angulo, Jacinta Alcorta, Laura Basterra, Dolores Castresana, Josefina Cogollor, Dionisia Eizaguirre, Felisa Iturralde, María Luisa Lusarreta (Fue Jefa de Enfermeras de la Maternidad de San Sebastián), Teresa Ormazábal, Silvina Pérez, Concepción Querejeta y Julia Zalacaín.

 

En 1924, la Cruz Roja solicitó ampliar sus instalaciones para cubrir las necesidades de la campaña de África. Tras dirigirse a la Sociedad del Gran Casino, obtuvo la cesión de su magnífico edificio, que fue transformado en un hospital con capacidad para trescientas camas. Así, entre 1924 y parte de 1926, el Gran Casino funcionó como un espléndido hospital de sangre, donde se atendió con esmero a 1.030 soldados heridos procedentes de Marruecos.

 

Foto 21 En la entrada del Hospital de Sangre en el Casino de San Sebastián, hoy Ayuntamiento. Damas Enfermeras de la Cruz Roja, Hijas de la Caridad, Practicantes y médicos atendiendo a los soldados heridos y enfermos de la Guerra de África, 1924

 

Con el cierre de las instalaciones del Casino en 1926, la Cruz Roja retomó su actividad habitual, reanudando su labor asistencial en favor de las personas más necesitadas.

 

El 30 de octubre de 1928, la Cruz Roja sufrió una irreparable pérdida con el fallecimiento del doctor Luis Egaña, director del hospital desde su fundación y a cuya gestión se entregó con desvelo incesante. Su recuerdo permanece imborrable entre quienes colaboramos con él durante años y fuimos testigos de su celo y amor por la institución. Tiempo después, la dirección del hospital fue asumida por el reputado cirujano Leandro Martín Santos.

 

Tras la decisión de la Asamblea Suprema de la Cruz Roja de erigir en esta ciudad un hospital que cumpliera con los estándares necesarios, S.M. la Reina Doña María Cristina cedió para su demolición el chalé que había adquirido en 1918. Además, aportó nuevos terrenos que consideró imprescindibles para su futura expansión, confiando el proyecto de edificación al arquitecto señor Elizalde.

 

El 6 de febrero de 1929, una noticia tan inesperada como luctuosa sumió en el dolor a todo el personal del Hospital de la Cruz Roja: el fallecimiento de S.M. la Reina Doña María Cristina, nuestra generosa fundadora y presidenta ejemplar. Confiamos en que sus excelsas virtudes y sus incesantes desvelos por este hospital hayan hallado su justa recompensa, mientras que, para nosotros, su recuerdo permanecerá como un ejemplo perenne. Tras su pérdida, S.A.R. la Infanta Doña Beatriz asumió la presidencia del Hospital de la Cruz Roja en San Sebastián.

 

Foto 22 Damas Enfermeras de la Cruz Roja de San Sebastián en la terraza del Hospital de Sangre en el Casino de San Sebastián, 1924

 

En 1930 culminó la construcción del nuevo hospital en la calle Matía, destinado a brindar un inmenso servicio a la humanidad doliente a lo largo de los años. El 1 de octubre, con la asistencia de las máximas autoridades, se inauguraron oficialmente sus dependencias, procediéndose a la bendición del centro y a la entronización del Sagrado Corazón de Jesús.

 

En julio de 1936 se desencadenaron acontecimientos que llenaron nuestra alma de un profundo pesar. No es necesario esforzarse para recordar los detalles, pues permanecen grabados con nitidez en nuestra memoria. Aquel periodo de dolor se prolongó hasta 1939, cuando finalmente concluyó la Guerra Civil.

 

El ilustre doctor don Carlos Elósegui, jefe del Servicio de Transfusión de Sangre de la Cruz Roja de Madrid, se encontraba en San Sebastián cuando estalló la contienda. El mismo día de la liberación de la ciudad, se presentó en el Hospital de la Cruz Roja con el firme propósito de organizar un Servicio de Transfusión de Sangre. Su objetivo era socorrer a los heridos del frente mediante una técnica de preparación especial que permitía conservar y transportar la sangre extraída en San Sebastián hasta el campo de batalla.

 

Foto 23 Inauguración del nuevo Hospital de la Cruz Roja de San Sebastián, 1930

 

Cuadro Médico del Hospital de la Cruz Roja

 

Director.- Dr. José María Zuriarráin Mutiozábal

Cirugía.- Huesos y articulaciones: Dr. José María Zuriarráin Mutiozábal.

Cirugía digestivo: Dr. Leandro Martín Santos.

Cirugía general: Dr. Miguel Kutz Igarzábal.

Cirujano y médico de guardia: Dr. Mario Senra Calvo. Ayudantes de cirugía: Drs. Manuel Quintana Carasa, Ramón Azpiroz y Manuel Vasallo Maculet.

Neurología.-Dr. Ricardo Bueno Ituarte.

Oftalmología.-Dr. Enrique Albisua Elcoro.

Dermatología y urología.-Doctor Román Aramburu.

Ginecología.-Dr. Agustín Uzcanga.

Odontología.-Dr. Carmelo Balda. Ayudante: Dr. Enrique Sancho.

Laboratorio.- Doctores Luis Irizar Urcelay y Emilio Solavarrieta Aramberri.

Enfermedades infancia y puericultura.- Doctores Aurelio Maeso Elorrio y Alfredo Quintana Carasa.

Otorrinolaringología.- Dr. Fernando Castañeda Odriozola.

Digestivo.- Dr. José Larrañaga.

Radiología.- Dr. Antonino Nafría.

Servicio de transfusión.- Dr. Alfredo Quintana Carasa.

Practicante Martín Galparsoro

 

Finalizada la contienda, el hospital recuperó su actividad habitual, registrando en los últimos años un incremento notable en su labor asistencial, tal como se detalla en el resumen al pie de esta Memoria. Desde 1939, la formación de enfermeras estuvo bajo la dirección de los doctores José María Zuriarráin y Miguel Kutz. Al concluir el último curso, lamentamos profundamente el fallecimiento del doctor Kutz, profesional sumamente querido por todos. En cuanto a la labor docente, entre 1940 y 1943 se incorporaron un total de 98 nuevas enfermeras, distribuidas en promociones anuales de 25, 24, 19 y 30 tituladas, respectivamente (3).

 

Foto 24 Damas Enfermeras de la Cruz Roja de San Sebastián, 1927

 

La labor de esta benemérita institución no habría sido posible sin el sacrificio constante de las damas enfermeras, voluntarias y auxiliares; la abnegación ilimitada de las Hijas de la Caridad, y la noble entrega de quienes pusieron su ciencia al servicio del desvalido. A ellos se suman las instituciones provinciales y municipales, las Cajas de Ahorro, la industria, el comercio y el vecindario entero. Toda esa generosidad no fue en vano: gracias a ella, muchos recobraron la salud, el sustento para sus hijos y el bienestar de sus hogares, devolviendo así la dicha a sus familias (3).

 

Las aspirantes a damas enfermeras continuaron acudiendo con la asiduidad y entrega habituales, bajo la preparación del director médico. De su excelente formación puede dar fe el doctor Manuel Celaya Cendoya, quien, en su calidad de jefe local de Sanidad, formó parte del tribunal examinador en los cursos de 1934 y 1935. Dicho tribunal estuvo presidido por el doctor Leandro Martín Santos y compuesto por los doctores Miguel Kutz, Federico Muguruza, Ramón Castañeda y Benigno Oreja.

 

El hospital de la Cruz Roja, tal como se conoció durante décadas, cerró sus puertas el 27 de abril de 2001 para iniciar una profunda transformación. Tras una remodelación integral realizada entre 2002 y 2003, el centro —ubicado en el barrio del Antiguo— reabrió sus puertas reconvertido en un Centro Sociosanitario. Actualmente, funciona en concierto con la Diputación Foral de Gipuzkoa, especializado en la atención de media y larga estancia (3).

 

Foto 25 Escuela de Damas Enfermeras de la Cruz Roja en San Sebastián, 1917. Imagen recreada por IA

 

Bibliografía

1.- Dispensario de Santa Isabel de San Sebastián. Manuel Solórzano Sánchez. Publicado en la semana del 19-29 de marzo de 2003

http://www.euskonews.com/0235zbk/gaia23504es.html

 

1 a.-. Dispensario Médico de Santa Isabel Gratuito para los Pobres de San Sebastián 1909. Manuel Solórzano Sánchez. Publicado el domingo día 4 de diciembre de 2022

https://enfeps.blogspot.com/2022/12/dispensario-medico-de-santa-isabel.html

 

 

2.- Sanatorio San Ignacio de Alza, 1898. Perteneciente a la Cruz Roja de Guipúzcoa. Manuel Solórzano Sánchez. Publicado el sábado día 7 de abril de 2018.

http://enfeps.blogspot.com.es/2018/04/sanatorio-san-ignacio-de-alza-1898.html

 

3.- Hospital María Cristina. Escuela de Damas Enfermeras de la Cruz Roja de San Sebastián. Manuel Solórzano Sánchez. Publicado el sábado día 18 de febrero de 2017

http://enfeps.blogspot.com.es/2017/02/hospital-maria-cristina-de-san-sebastian.html

 

Foto 26 Damas Enfermeras donostiarras de la Cruz Roja, en la exaltación del I año triunfal. Ayuntamiento San Sebastián, 1938

 

Enciclopedia Wikipedia

Manuel Solórzano Sánchez. Grado en Enfermería

https://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Sol%C3%B3rzano_S%C3%A1nchez

Día 20 de octubre de 2022, jueves

 

Entziklopedia Wikipedia en Euskera

Manuel Solórzano Sánchez. Erizaintzako Gradua

https://eu.wikipedia.org/wiki/Manuel_Sol%C3%B3rzano_S%C3%A1nchez#Ibilbidea

Día 27 de octubre de 2022, jueves

 

La Voz de Enfermería en la Enciclopedia Auñamendi

Jesús Rubio Pilarte y Manuel Solórzano Sánchez

Primera parte: http://www.euskomedia.org/aunamendi/39190

Segunda parte: http://www.euskomedia.org/aunamendi/39190/132780

 

Foto 27 Escuela de Damas Enfermeras de la Cruz Roja en San Sebastián, 1917. Imagen recreada por IA

 

Manuel Solórzano Sánchez

Graduado en Enfermería. Enfermero Jubilado

Insignia de Oro de la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica 2010. SEEOF

Premio a la Difusión y Comunicación Enfermera del Colegio de Enfermería de Gipuzkoa 2010

Director y Miembro del Blog de Historia de Enfermería “Enfermería Avanza”

Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería

Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería

Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.

Académico de número de la Academia de Ciencias de Enfermería de Bizkaia – Bizkaiko Erizaintza Zientzien Akademia. ACEB – BEZA

Comisión de Historia de la Enfermería del Colegio Oficial de Enfermería de Gipuzkoa / Gipuzkoako Erizaintza Elkargo Ofiziala

Insignia de Oro del Colegio Oficial de Enfermería de Gipuzkoa. Años 2019 y 2022

Sello de Correos de Ficción. 21 de julio de 2020 y 31 de diciembre de 2022

Premio a la Visibilización de la ACEB. 15 de mayo de 2024. Deusto Bilbao

Amigo de Número de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País. 7 de marzo de 2026. (RSBAP)

masolorzano@telefonica.net

 

 

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