domingo, 3 de abril de 2011

En Beasaín, una titulada “Junta de Guerra Carlista” es la encargada de ordenar los fusilamientos



“¿Qué eran tus hijos?”, preguntaron a una loca. “Comunistas como yo”. Al día siguiente apareció el cadáver de la infeliz mujer


A todas las enfermeras que sirvieron en hospitales republicanos se las cortó el pelo y se las desnudó en la plaza pública


Artículo aparecido en el periódico de Madrid “La Voz”, año XVIII, número 5.107, jueves 6 de mayo de 1937


FOTO 001 Cabecera del periódico


Este artículo es simplemente para recordar que todas las guerras solo producen muerte, destrucción, horror, terror, sufrimiento… que da igual el bando, el lugar del mundo o la época, todos los contendientes cometen excesos y atrocidades, como las que vemos en cualquier informativo. Podemos aprender de nuestra experiencia, aunque sea dolorosa, para resolver cualquier conflicto sin tener que recurrir a la violencia.


El artículo dice así: (Baiona) Siguen llegando evadidos de la zona facciosa de Guipúzcoa. Últimamente lo hicieron varios de Beasaín, populosa villa inmediata a San Sebastián. Afirman estos evadidos que en Beasaín no quedan hombres de veinte a treinta y siete años. Los que no han sido víctimas de las pistolas en las cunetas del camino a San Sebastián, han sido arrancados a palos de sus casas y llevados a las líneas de fuego de los frentes rebeldes. Los que rebasan de estos años, han de ir desde las siete de la mañana a las siete de la noche a trabajar en la fábrica de vagones, donde no cobran jornal alguno. Como recompensa a su agotadora labor se les facilitan dos ranchos inmundos al mediodía y por la tarde. Las mujeres tienen que trabajar en iguales circunstancias. El campo está abandonado, sin cultivar, y la miseria es espantosa. Los comercios están intervenidos, y los que no, se hallan en ruina, pues no hay ventas, porque la carencia de dinero es absoluta.


La actuación de la “Junta de Guerra Carlista” Apenas entraron los fascistas en Beasaín, fue nombrado alcalde del pueblo José Luis Guridi, y comandante militar, Roberto Mariones, teniente retirado, natural de Pamplona, los cuales nombraron, a su vez, una titulada “Junta de Guerra Carlista”, integrada por los falangistas Epifanio Argiñano, Agustín Mendía, Juan Ezquiega (dueño de una imprenta), Juan Asla y Fermín Pérez, encargado de delatar a los republicanos y nacionalistas. Los crímenes perpetrados por esta Junta son elevadísimos. Entre ellos los siguientes:


En Beasaín habitaba desde hace años la familia Igartus, naturales de Bilbao. Primeramente fueron ejecutados el padre y dos hijos. En la lucha sostenida por los leales, antes de llegar los fascistas a la villa, resultó herido otro de los hijos, llamado José Luis. Después de curado estuvo detenido y trasladado a Pamplona. Se le puso en libertad, y al llegar a Beasaín, fue asesinado en la misma puerta de su casa. Otro de los hijos, José María, después de haber estado detenido, una madrugada lo llevaron a las cercanías de la mina “Mutilos”, lo hicieron desnudar a fuerza de culatazos, dejando acribillado a balazos, junto a una cuneta.


Gregorio Bagué trata de huir, lo detienen durante quince días, le dejan en libertad, mediante el pago de una multa de 500 pesetas, y luego lo asesinan en su propia casa, ante sus cuatro hijos, el mayor de quince años.


El Presidente de la Sociedad Recreativa es delatado por Fermín Pérez. Lo sacan de su casa, lo conducen hasta las tapias del caserío Zapatari, junto al cementerio, y allí lo acribillan a balazos. Al moldeador de la Compañía Auxiliar de Ferrocarriles Luis González lo arrastran hasta el mismo lugar que el anterior, y allí le vacían la cabeza a tiros. El cadáver, al encontrarlo, estaba desnudo.


Habían desaparecido, dos directivos de las Juventudes Socialistas, Vergara y San Martín. Apelaron a una estratagema. Aseguraron que iban a bombardear La Casa del Pueblo, y ordenaron, que salieran todos los vecinos. Los dos muchachos, de dieciocho y veintiún años, aparecieron, y entonces fueron detenidos y fusilados en la misma puerta. Al comerciante Guillermo Ugarte, de filiación carlista, por el sólo hecho de advertir a una patrulla de pistoleros fascistas que acababan de incendiar un auto que tuvieran cuidado, porque allí había una fábrica de productos químicos, lo asesinaron a tiros de fusil. Otra víctima del furor fascista fue el carnicero Andrés Izaguirre, carlista, porque se hizo responsable de un muchacho que habían detenido, llamado Crespo. Ambos fueron ejecutados.


Otro vecino de filiación carlista llamado Evaristo Mendía, fue acusado de tener luces sospechosas que orientaban al enemigo. A culatazos lo condujeron al cementerio, y a un hijo suyo de diecinueve años le hicieron abrir la fosa. Después de matar al padre, se llevaron al muchacho, enviándolo a uno de los grupos de choque del frente de Burgos. Un tal Onésimo, conocido por el “Hijo del periodista”, lo destrozaron a machetazos, desvalijando después su casa.


También fusilaron junto al cementerio al guarda de la fábrica de vagones Uribe, a dos factores del ferrocarril hijos de una vecina llamada Carlota, y a una pobre mujer enloquecida llamada “La mata”. Esta, al ver asesinar a sus dos hijos, perdió la razón y pasaba día y noche por el pueblo, rompiéndose las ropas y preguntando por los que no habían de volver.


“¿Qué eran tus hijos?” le dijeron una noche los falangistas de una patrulla. “Comunistas como yo”, respondió la pobre loca. Acto seguido la llevaron al cementerio y la mataron a tiros.


Al entrar los fascistas en Beasaín encontraron a cuatro guardias civiles leales que había heridos en el hospital. Uno era gallego; otro, un brigada recién ascendido. Los otros dos, navarros. A los cuatro los sacaron de las camas y los llevaron al caserío Zapatari, y después de asesinarlos quemaron los cadáveres. También han sido asesinados un tal Albania de Vitoria; Chinchurreta, Lanciego, Manuel Larzábal, Redondo, Soto, un cobrador del Banco de San Sebastián, Oñativia, el escribiente de la Compañía, auxiliar, Domingo Martínez; el tabernero Olavaria y el criado de un derechista que se llamaba Samaniego.

FOTO 002 Anagrama central del Diario

Con las mujeres se ha extremado la crueldad. A todas las enfermeras que prestaron servicio a las tropas republicanas se las cortó el pelo al rape, y las hacían desnudarse en plena plaza pública. Han “desaparecido” once vecinas que simpatizaban con los leales a la República.


Del pueblo han sido expulsados cinco sacerdotes nacionalistas; cuatro de parroquias inmediatas, entre éstas Lecaroz, y uno de Beasaín, D. Pedro Mori, fueron fusilados. (Argos)



FOTO 003 Enfermeras


BIBLIOGRAFÍA


LA VOZ, Diario independiente de la noche fundado por D. Nicolás M. Urgoiti en 1920. Redacción: Larra número 8, Apartado 249, Teléfono 32610. Madrid. Precio 15 céntimos. Año XVIII. Número 5.107. Jueves 6 de mayo de 1937.


AGRADECIMIENTO


Javier Alonso Antón, Unidad de Comunicación del Hospital Donostia de San Sebastián.


AUTORES


Jesús Rubio Pilarte *


Enfermero y sociólogo. Profesor de la E. U. de Enfermería de Donostia. EHU/UPV


Miembro no numerario de La RSBAP


jrubiop20@enfermundi.com


Manuel Solórzano Sánchez **


Enfermero Servicio de Oftalmología Hospital Donostia de San Sebastián. Osakidetza /SVS


Vocal del País Vasco de la SEEOF


Miembro de Eusko Ikaskuntza


Miembro de la Sociedad Vasca de Cuidados Paliativos


Miembro Comité de Redacción de la Revista Ética de los Cuidados


M. Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería


Miembro no numerario de La RSBAP


masolorzano@telefonica.net