HACE 500 AÑOS…
El
Barbero Hernando
de Bustamante, natural de Mérida; se puede considerar el primer profesional sanitario en dar la vuelta al mundo
(7)
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1 Sanlúcar de Barrameda, alfa y omega de la primera vuelta al mundo, 1519 -
1522
Hay
que comprender y entender que dicho tema hay que incluirlo en el periodo en que
se desarrolla, la expedición de Juan Sebastián Elcano fue en un periodo
histórico donde la medicina, la enfermería y la sanidad estaba contemplada de
otra forma, y se regía por otras normas y otros conceptos y no como la vemos hoy
en día.
En
el periodo histórico en el que transcurre la expedición, la Armada de Sevilla
en 1519, han pasado 27 años desde la llegada de las naves de Cristóbal Colón a
un Nuevo Mundo.
Cuando
se pusieron en contacto las personas de ambos lados del Atlántico, dos
poblaciones separadas durante miles de años, con diferentes enfermedades y
modos de vida, lo que tuvo devastadoras consecuencias sobre todo para la
población indígena, que se llevó la peor parte, al padecer las enfermedades
infecciosas transmitidas por los europeos que estaban en gran medida
inmunizados contra ellas.
Se
han descrito cuatro grandes enfermedades epidémicas que ocasionaron una gran
mortalidad, desde la primera de Gripe ocurrida durante el segundo viaje de
Colón en la isla de La Española en diciembre de 1493, hasta la devastadora de
Viruela que se inició en 1520, el sarampión asimismo en 1520 y el Tifus
Exantemático que apareció en 1524.
Por
otro lado la población europea sufrió, aunque en menor medida, la aparición de
nuevas enfermedades, la más conocida de las cuales es la Trepanomatosis en su
forma clínica de Sífilis.
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2 Magallanes y Elcano, en un azulejo conmemorativo en la ciudad de Sanlúcar de
Barrameda, Cádiz. Sobre la nao “Victoria”, tras ellos, la frase en latín “Primus
circumdedisti me” (Fuiste el primero que la vuelta me diste)
Formación
La
Medicina era considerada como una Filosofía de la Naturaleza o Física, y de ahí
en nombre de “físico” que recibía el médico. Al grado de Bachiller se accedía
tras los dos años de aprendizaje teórico más otros dos de prácticas junto a un
médico con experiencia reconocida. El Corpus Hipocraticum, las obras de Galeno
y el Canon de Avicena son los textos más estudiados e influyentes.
El
marco teórico se trata de una medicina especulativa y escolástica. La doctrina
es la consabida “Teoría Humoral de los Cuatro Elementos” enunciada por Empédocles
de Agrigento. Pero estamos en pleno Renacimiento y ya hay indicios de
renovación y revisión de los conocimientos médicos todavía sustentados en la
medicina greco-latina e islámica.
El
médico realiza el diagnóstico por medio de la toma del pulso y por la observación
de excretas: heces, sudor, vómitos, esputos y particularmente la orina. La
observación de la sangre en la bacía del barbero después de la sangría, era un
pozo de conocimientos.
La
orina se observa en el orinal o en una redoma de vidrio transparente. En la
orina están representadas todas las partes del cuerpo. La observación de la
lengua habla del estado de las digestiones y del estado del hígado.
De
entre todos los profesionales, los médicos eran los más propensos a parecer
seguros de lo que estaban haciendo, tanto para dar confianza a sus pacientes
como, si ha de creerse a los escritores satíricos, para mantener su altiva
arrogancia. Anastasio Rojo Vega describe la Triste Figura la del Médico
Renacentista:
“Hombre vestido de manera lujosa, con largas
ropas de terciopelo, grandes barbas, grandes anillos – la ausencia de barba,
anillos y cadenas de oro es sospechosa de médico nuevo y sin experiencia – entre
ellos uno con una gran esmeralda en el pulgar, una buena mula y un criado
encargado de que no la roben, cuando entra a visitar en una casa”.
Cirujanos y Barberos
Entre
los cirujanos figuraban aquellos con formación universitaria que tras haber
estudiado previamente Medicina prefieren la labor de manos a las especulaciones
librescas, son los llamados Cirujanos Latinos. Sin embargo la mayoría de los
cirujanos, los llamados Cirujanos Romancistas, se formaban fuera de las
universidades, en hospitales o junto a Maestros o Maeses cirujanos con los que
se conciertan los aprendices mediante contratos de asiento. Un caso particular
es el Hospital de Guadalupe donde se formaron numerosos profesionales.
Los
cirujanos se dedicaban a curar y cauterizar las heridas, la amputación de
miembros, sajar abscesos, y en general tratar lesiones de las partes
superficiales del cuerpo. Utilizaban como herramienta básica la Lanceta así
como distintos Hierros, tales como legras, cauterios, tenazas de cortar y sacar
huesos, cuchillas de cortar carne, agujas para dar puntos, tijeras de varios
tipos, trépanos y sierras; aplicaban ungüentos y polvos sin número, algunos de
los cuales llegaron a hacerse famosos como el conocido ungüento de Aparicio,
ampliamente utilizado.
El
mundo de los cirujanos no universitarios es enormemente complejo y desconocido,
a pesar de que la mayor parte de la población estaba en sus manos.
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3 La Primera vuelta al mundo 1519 – 1522
Los
cirujanos de menor prestigio son los llamados Cirujanos – Barberos y en su escalafón más bajo se encuentran los Barberos a secas, cuya formación es
semejante, en cuanto a método, a la de los cirujanos romancistas,
diferenciándose en que aquí el maestro concertado lo es en Barbería. En su
actividad profesional, como ocurría en el ámbito rural hasta hace muy pocos años,
compaginaban su actividad sanitaria con el afeitado y cuidado del cabello.
El
arma terapéutica más utilizada en aquella época era la evacuante: sangrías,
enemas y purgantes son los remedios habituales. En cuanto a la farmacología se
fundamenta en Dioscórides. Los boticarios preparan electuarios, píldoras,
trociscos, jarabes, ungüentos, aceites, aguas, emplastos, polvos, con todo tipo
de hierbas.
Dieta y Régimen de vida
El
régimen de vida, la dieta y la higiene constituyen la segunda herramienta
terapéutica destinada a recobrar y mantener la salud. Luis Lobera de Ávila,
Protomédico de Carlos I, en “Vanquete de
nobles caballeros”, da semblanza del régimen de vida ideal para un
caballero del siglo XVI:
Para conservar la salud
y prevenir la enfermedad lo mejor es trabajar lo menos posible, usar poco de
coitos y baños, alimentarse de buenos mantenimientos: perdices, pollos, yemas
de huevo, gallinas, cabrito, ternera, carnero y frutas pasas y beber los
mejores vinos posibles.
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4 Grabado del siglo XVI de la colocación de una pierna dislocada
La Sanidad Naval en el
Siglo XVI
La
atención sanitaria en la Armada está constituida por cirujano y barberos. De
escasa formación teórica y experiencia más o menos amplia, el barbero
constituye la primera instancia de atención a enfermos y heridos. Venda e
inmoviliza heridas y fracturas y además se encarga del cuidado de cabellos y
barbas. El cirujano se instalaba con su ayudante en la enfermería, que era un
espacio bajo cubierta, con literas, un brasero de fuego y sus herramientas,
además de estopa, huevos, trementina y paños de lienzo como vendas, así
dispuestos para atender a los heridos.
La
Armada que partió de Sevilla el día 10 de agosto de 1519 constaba de cinco naos
llamadas:
Trinidad.
Nave capitana al mando del propio Magallanes. De 110 toneladas de capacidad y
unos 64 hombres a bordo.
San Antonio.
La mayor de todas ellas con 120 toneladas y 56 hombres al mando de Juan de
Cartagena. De maestre iba el guipuzcoano Juan de Elorriaga y el grupo más
numeroso de vascos.
Concepción.
De 90 toneladas y 45 hombres y cómo capitán llevaba al castellano Gaspar de
Quesada, de maestre al guipuzcoano Juan Sebastián Elcano y a Juan de Acurio de
Bermeo, como contramaestre.
Victoria.
De 85 toneladas y llevaba 45 hombres y a Luis de Mendoza como capitán.
Santiago.
De 75 toneladas, se trataba en realidad de una carabela y estaba al mando del
capitán y piloto Juan Serrano. Iban en ella 31 hombres.
Entre
los embarcados figuraban un cirujano y tres barberos que debían aportar los
instrumentos propios de su oficio y no les estaba permitido: Llevar dineros por la cura.
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5 Un grabado de la Nao Victoria fechado hacia 1580, con
los retratos en medallón de Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano
Juan Morales, cirujano
Cirujano
y máxima autoridad sanitaria en la Armada, vecino de Sevilla y embarcado en la
Trinidad, se le nombra en sendos documentos como bachiller y cómo físico y
cirujano; de serlo, ya que no tenemos información sobre su formación, estaría
entre los denominados cirujanos latinos que como vimos se distinguían de los
llamados romancistas por haber cursado sus estudios en una universidad.
Los Barberos de la
Armada
Marcos de Bayas.
Barbero vecino de Sanlúcar de Alpechín, va en la Nave capitana Trinidad.
Pedro Olabarrieta.
Barbero natural de Bilbao, embarcó en la carabela San Antonio.
Hernando de Bustamante
Carrero. Barbero, aparece como natural de Mérida y vecino
de Alcántara. Embarcó en la Nao Concepción.
En
las naos Victoria y Santiago, no embarcan ni cirujano, ni barbero.
Lo
primero que llama la atención al inicio del viaje es la presencia de un control
sanitario sobre los candidatos a embarcar, para evitar que lo hicieran con
enfermedades que pusieran en peligro al resto de navegantes y a la expedición
entera. Poco antes de zarpar al grumete Pedro
de Basozabal no se le permitió embarcar por estar doliente de bubas. El mal de
bubas, conocido unos años más tarde como sífilis, es una enfermedad de
reciente introducción desde el primer viaje de Cristóbal Colón al continente
americano y que, por entonces, año 1519, era ya bien conocida en Sevilla.
Juan
de Morales se enfrenta al viaje con los conocimientos propios de una época en
cambio. Las tareas que corresponden al cirujano Morales y a los Barberos, ante
la imposibilidad de evacuar a enfermos y heridos que requieren amplios
conocimientos de cirugía y remiten esencialmente al tratamiento de heridas,
fracturas y congelaciones.
La
traumatología no se consideraba como actividad de cirujanos y barberos, sino de
empíricos llamados algebristas, sin embargo, en estas circunstancias tanto la
traumatología como las demás disciplinas médico-quirúrgicas recaían sobre
ellos. Se ocupan asimismo los barberos del uso de la lanceta para las sangrías,
primera arma terapéutica, bajo la indicación del cirujano y también de la
extracción y limpieza de dientes y el cuidado de barbas y cabellos.
Cómo se vivía en la
nave
El
barco es el espacio donde se va a desarrollar la vida de los navegantes durante
un tiempo incierto, no menor de dos años. Las dimensiones de las naves
oscilaban entre los 210 metros cuadrados de la nao San Antonio y los 131 metros
cuadrados de la carabela Santiago. En este reducido espacio se trabaja, se
descansa, se come y se realizan las elementales necesidades fisiológicas.
Los
tripulantes se refugian de las inclemencias del tiempo y en sus horas de reposo
bajo las sobrecubiertas del puente o tolda a popa y el castillo de proa. Además
la tripulación comparte esos espacios con el cabestrante y diversos aparejos,
junto a las cajas o cofres con las pertenencias que cada uno transporta, además
del espacio para el fogón. La caja es el mueble más común y además de su
función de baúl sirve de mesa o silla. Para dormir se turnan y acomodan en el
espacio libre disponible, sobre una colchoneta o transportín y cubiertos por
una manta.
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6 Grabado del siglo XVII de la amputación de una pierna
El
capitán y los oficiales disponen de algo más de espacio. Sobre la tolda se
levanta la toldilla, destinada a cámara del capitán, y en su caso maestre y
piloto. También existen varias cámaras de reducidas dimensiones en una segunda
cubierta entre la principal y la bodega. La indumentaria consiste en amplios
ropajes para la marinería, para no entorpecer los movimientos. Camisa y
calzones hasta el tobillo llamados zaragüelles, blusones con capucha por encima
o un sayo de paño anudado a la cintura. De abrigo el capote de mar de color
azul y para proteger la cabeza los característicos gorros de lana de color rojo
llamados bonetes. Los oficiales podían usar prendas más elegantes jubón, calzas
y gorras de terciopelo o seda.
La
higiene es precaria, las letrinas no existen, las evacuaciones se realizan
sobre la borda si el tiempo lo permite, o más habitualmente en la sentina,
cuyas aguas y residuos resultan espantosamente hediondos, además cuando el agua
escasea, el aseo y la limpieza de la ropa son inviables. A esto hay que añadir
la inevitable infestación por piojos, chinches y cucarachas y la convivencia
con los inevitables roedores. Así vemos a los sufridos navegantes hacinados en
cubierta, sucios y cubiertos de piojos, sometidos a la constante humedad marina
y a las inclemencias del tiempo, insuficientemente preparados para soportar
tanto el inclemente calor de los trópicos como el no menos inclemente frío
austral, sin olvidar el almadiamiento, o el vértigo propio de las navegaciones.
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7 Ilustración del libro de Luis Lobera de Ávila, en la que se aprecia al
cirujano curando unas llagas en la pierna
La comida
Como
todas las expediciones se preparaban para largos periodos de tiempo, a su
comida se le llamaba más propiamente dicho la
ración marinera. El despensero se encarga de aportar las raciones por peso
y talla. La comida se calienta en el fogón, construido en cubierta, junto al
palo mayor con ladrillos refractarios y sobre un lecho de arena, la llamada isleta de las ollas. Con mal tiempo se
mantiene apagado, así como durante las horas de oscuridad, de tal modo que en
numerosas ocasiones la comida se toma fría.
La
ración diaria se reparte en tres comidas, vino y bizcocho en el desayuno, la
comida principal en el almuerzo y la cena antes de anochecer. La tripulación
come en cuadrillas, según afinidades, reunidos en ranchos delimitados por las
cajas. Los oficiales superiores comen aparte y disponen de alimentos de mayor
calidad, frutos secos y dulces de postre.
La
ración diaria de estos alimentos que suponían para los dos años que se presumía
iba a durar la expedición hacen:
600
gramos de bizcocho y harina.
1
litro de vino.
43
ml. de aceite.
1,5
litros de agua.
A
la dieta básica hay que añadir las legumbres o menestras, garbanzos, lentejas y
habas, el arroz o menestra fina y carnes y pescados en salazones. La dieta es
correcta en cuanto al número de calorías, porque supone entre 3.500 y 4.000
calorías, sin embargo se encuentra desequilibrada en vitaminas y minerales por
la ausencia de alimentos frescos, en especial frutas y verduras.
Especialmente
es deficitaria en ácido ascórbico que se contiene en unos pocos alimentos
secundarios – cebollas, ajos, ciruelas y membrillos – en cantidades
insuficientes para evitar su carencia sin recurrir a recolectar alimentos
frescos a lo largo del viaje. Por otra parte hay que tener en cuenta la pérdida
de las condiciones de los alimentos, la pudrición y la insalubridad de los
bastimentos embarcados por efecto del tiempo, la humedad y las deficientes
condiciones de conservación de los alimentos.
Enfermedades y
fallecimientos durante el viaje
Desde
el día de su salida del puerto hasta el día en que atraviesan el estrecho de
Magallanes y salen al Océano pacífico transcurren catorce meses y fallecen 16
hombres, dos más quedan desterrados: 6 fallecen de muerte violenta; 5 de
enfermedad; 5 ahogados y 2 desterrados.
El
Maestre Antonio Salomón fue el primer fallecido de la armada, ajusticiado en
las costas del Brasil por un verdugo encapuchado, condenado a pena de horca y
cuchillo al haber sido sorprendido por mantener relaciones con un grumete.
Cinco personas más fallecieron por muerte violenta. El marinero de Bilbao
Sebastián de Olarte falleció de una patada en una pelea entre marineros. El
sublevado capitán Mendoza murió de varias puñaladas durante el motín. Al
también sublevado capitán Gaspar de Quesada se le cortó la cabeza y fue
posteriormente descuartizado. Diego Barrasa murió de manera rápida al ser
alcanzado en la ingle por una flecha con punta de piedra de los indígenas
patagones, bien desangrado o bien a consecuencia del veneno que podría contener
la flecha. Finalmente el Maestre de la Nao San Antonio, Juan de Elorriaga murió
a consecuencia de las heridas de arma blanca que le asestó Quesada durante el
motín.
Cinco
de los tripulantes murieron ahogados, entre ellos el carpintero de Deva Martín
Pérez. Otros cinco fallecieron por enfermedad. A estos hay que sumar los dos
desterrados por su participación en el motín, y nunca más se supo de ellos.
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8 Título de barbero-flebotomiano de Juan de Castro, año 1591. Archivo
Provincial de Ourense. Cedido por Isidoro Jiménez C. E. Toledo
Durante
la exploración del estrecho de Magallanes, se va a producir la deserción de la
Nao San Antonio que seis meses después regresó a Sevilla con 54 hombres entre
los cuales numerosos navegantes vascos iban en ella. El Barbero Pedro
Olabarrieta, el despensero Juan Ortiz de Goperi y los calafates Pedro de Bilbao
y Martín de Goytisolo de Baquio, el carpintero Pedro de Sartúa de Bermeo, el
ballestero Joan de Menchaca y los grumetes Martín de Aguirre de Arrigorriaga,
el guipuzcoano Joanes de Irún Iranzo y Juan de Orúe de Murguía.
Pasaron
muchas penalidades entre ellas nos cuenta Pigafetta lo siguiente:
“Durante tres meses y veinte días no pudimos
conseguir alimentos frescos… Pero la mayor desgracia de todas fue que a algunos
hombres se les inflamaron las encías de tal modo que no podían comer y se
morían. A causa de esta enfermedad murieron diecinueve hombres de los nuestros,
el gigante y un indígena de la tierra de Verzín. Veinticinco o treinta hombres
padecieron los dolores en los brazos, en las piernas o en otros lugares, de
modo que pocos quedaron sanos”.
Ginés
de Mafra aporta su testimonio:
“Por aquí navegaron al Ponientes derechos y
consumieron tres meses en esta navegación. En este tiempo los bastimentos,
parte por gastados y parte corrompidos, se disminuían, y en toda la gente había
enfermedades, especialmente que con la vascosidad de las malas comidas se les
hinchaban tanto las encías tanto que les impedía el comer, y se morían, lo cual
visto por la gente tenían cuidado de con orines y con agua de la mar lavárselas
y tenerlas limpias, lo cual fue especial remedio para aquel mal”.
Al
fin alcanzan las islas de las Velas Latinas y unos días después llegan al
archipiélago filipino, donde consiguen alimentos frescos.
“Vinieron los indígenas, con dos barcas
cargadas de cocos, naranjas dulces, un odre con vino de palmera y un gallo…
Permanecimos allí ocho días y el capitán saltaba diariamente a tierra para
visitar a los enfermos, a los que llevaba vino de cocotero que les sentaba muy
bien”.
Así
se pudo establecer el diagnóstico retrospectivo de “escorbuto” durante la
travesía del Pacífico. Apoyan este criterio las descripciones clínicas de
hinchazón de encías, la imposibilidad de comer y los dolores óseos, asociados a
la ausencia de alimentos frescos durante 110 días y su rápida resolución cuando
consiguen alimentos frescos. Aunque comían pescado entre ellos el tiburón y la
deshidratación la paliaban recogiendo el agua de lluvia, durante los aguaceros
del clima tropical.
Es
de destacar la importancia de la palmera y de su fruto el coco, así como su
vino que les sentaba muy bien, alimento esencial en la recuperación de muchos
tripulantes.
En
Tidore, cargan las dos naos de clavo y bastimentos. Además embarcan pan de
medula de palmera llamado sagú y arroz, cabras, gallinas, cocos, bananas, caña
de azúcar, y alimentos frescos entre los que se encuentran naranjas y limones.
A
finales de diciembre parten en la nao Victoria, bajo el mando de Juan Sebastián
Elcano, 47 castellanos y trece moros de Borneo. Pigafetta refiere la presencia
de la enfermedad conocida como “mal de
bubas o mal francés”:
“En todas las islas de este archipiélago
hemos encontrado la enfermedad de San Job y más aún en ésta isla; la llaman for
franchi, esto es el mal portugués”.
Fin de la travesía
Llegan
a Sanlúcar el 6 de septiembre de 1522. Culminan la circunnavegación 18 castellanos
y tres moros. Fueron cuatro vascos, tres andaluces, un sevillano y dos de
Huelva, un extremeño, un gallego, un cántabro de Cueto, un portugués, tres
italianos, tres griegos de Rodas y un alemán los primeros en dar la vuelta al
mundo (1).
Son
los vascos:
Juan
Sebastián Elcano. Capitán. Natural de Guetaria (Gipuzkoa).
Juan
de Acurio. Contramaestre. Natural de Bermeo.
Juan
de Arratia. Grumete. Natural de Bilbao.
Juan
de Zubileta. Pajee natural de Baracaldo. El más joven de la expedición.
El
barbero Hernando de Bustamante, se
puede considerar el primer profesional sanitario en dar la vuelta al mundo (1).
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9 El 6 de septiembre de 1522, llega a Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, Juan
Sebastián Elcano, con una sola nave y 18 hombres, después de dar la primera
vuelta al mundo
Reglas para la higiene
en las embarcaciones
Hacia
mediados del siglo XVI (noviembre de 1554), se fijan las primeras reglas para
la higiene de las embarcaciones, que se reducen a las obligaciones de barrer y
limpiar cada mes sobre cubierta y bajo cubierta, y perfumar con romero una vez
por semana. Treinta años más tarde se toma conciencia de esa misma
necesidad en los barcos de la Armada (2).
En
el transcurrir del siglo XVII aunque se producen incipientes mejoras en las
condiciones sanitarias de las naves, es por ello la presencia mayoritaria de
cirujanos que teniendo buena experiencia de trabajo carecían de la preparación
que proporcionaba la academia. Había diferentes acepciones: cirujanos
romancistas, cirujanos plebeyos, cirujanos
de heridas o cirujanos de ropa corta. Sus
superiores en cuanto a posición social adquirida a través de la preparación
universitaria se les llamaba cirujanos latinos o cirujanos
de ropa larga.
Recordaremos
a Jerónimo de Silva, nacido en
Oporto, y fallecido en San Juan de Ulúa, fortaleza frente a las costas del
puerto de Veracruz en la Nueva España
en 1590. Es el caso de este barbero y
cirujano de Nao de quien sabemos que fue hijo de Juan y de Catalina
González, casado con Isabel Rodríguez, vecina de Sevilla, a quien nombró en su
testamento heredera universal.
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10 Barbero - Sangrador
También
recordaremos a Hernando de Alba, barbero y cirujano de la Nao Almiranta de la flota a
cargo de Fernando de Souza. Cuando las naves emprendían el regreso a España y a
punto de embarcarse en la de su destino también falleció en la fortaleza de San
Juan de Ulúa en 1623.
En
las ordenanzas fundacionales del cuerpo de cirujanos aprobadas en 1728 se
mantenía la distinción profesional entre cirujanos
y barberos-sangradores de la armada,
distanciamiento que se había iniciado con la real orden de 1703. De esta forma, los barberos-sangradores o
cirujanos-barberos quedaban subordinados a los cirujanos (médicos) quienes los
seleccionaban y concertaban un convenio para su embarco. De resultas de
estos contratos, el cirujano-barbero cobraba el importe del recorte de las
barbas a la marinería y oficialidad durante la travesía, pagando al barbero lo
estipulado.
En
las ordenanzas de 1728 aparecían las obligaciones
que tenían que realizar los cirujanos y
sangradores de la marina a bordo de los navíos, las obligaciones del empleo
del cirujano primero se resumían en:
1.-
Llevar un cuaderno diario con los nombres de los ingresados en la enfermería.
En él debían figurar las fechas de baja y de alta de cada paciente, tipo de
enfermedad y por supuesto los fallecimientos en caso de que los hubiera.
2.-
Realizar las curas en la enfermería a las 7 de la mañana acompañado del segundo
cirujano y del sangrador. Acabada ésta debía realizar la curación a la
tripulación que no estuviera sujeta a dieta, anotando todo ello en su cuaderno
diario. También debía presenciar el acto de las comidas y las cenas. Una
segunda visita a la enfermería estaba prevista a las 3 y media de la tarde.
3.-
Cuidar que los instrumentos de cirugía se conservaran limpios, en caso de
negligencia, la posterior limpieza correría a su cargo, descontando de su
sueldo el doble del coste de la misma.
4.-
Vigilar que el segundo cirujano y el sangrador cumplieran sus cometidos, dando
parte al ayudante del cirujano mayor de la escuadra en caso contrario (2).
Era
competencia del Barbero - Sangrador de
la Armada embarcado:
1.-
Asistir a todas las curas y visitas llevando dos cuadernos diarios. En uno de
ellos anotar todos los medicamentos y remedios tópicos recetados por el
cirujano primero, y en el otro los alimentos y dietas estipulados.
2.-
Procurar que los alimentos y dietas fueran de buena calidad y velar por la
puntualidad en su servicio, asistiendo también, a todas las comidas y cenas
(2).
La comida en el Siglo
XVIII
En
cuanto a la comida a bordo del navío, había tres clases
de raciones en los buques. La primera
se llamaba de carne salada o cecina y tocino; la segunda de bacalao, aceite y vinagre, y la tercera de queso y aceite. Con cada una de estas raciones se
suministraba bizcocho, vino, menestra fina, agua y sal. Para los grandes
viajes, los animales son embarcados vivos, destinados a mejorar la dieta del
estado mayor y a abastecer el "caldo de ave" que revitaliza los
enfermos y los heridos. Por otro lado, una parte importante de las calorías es
aportada por el alcohol: un litro de vino al día y por hombre, completado por
una porción de aguardiente, pudiendo ser utilizado para recompensar a los
hombres, galvanizar a los combatientes o reconfortar a los heridos (2).
Las enfermedades de a
bordo de un navío
La
gran amenaza para la vida de un marino era las enfermedades de a bordo. La
mortalidad por enfermedad es bastante superior a la causada por los combates y
los naufragios. Las patologías más comunes son las referidas a la alimentación
(escorbuto, daños gastrointestinales provocados por el alimento salado, los
salazones podridos, la mala dentición, al agua (la bebida corrompida era caldo
de cultivo del tifus) y a la falta de higiene favorable en la proliferación de
enfermedades contagiosas: cólera, sarampión, viruela y enfermedades
transmitidas por parásitos: tifus, enfermedades de piel. El mar puede agravar
las enfermedades pulmonares (tuberculosis), las afecciones articulares
(artritis, artrosis, reuma articular agudo con complicación
cardio-respiratorio; los estados "preescorbúticos" favorecen traumas
del tipo de "artrosis crónica " con dolores y rigideces). Al
escorbuto se sobrepone el tifus y la tifoidea, que deja impotente la medicina
del momento. Pero es el escorbuto lo más temido, como demuestra su sobrenombre "peste del mar”. Por empirismo, los
británicos descubren la eficacia del zumo de limón para luchar contra el
escorbuto, pero éste pierde su eficacia al cabo de algunos días, y los
marineros son reticentes a su consumo. La solución fue encontrada, por un
cirujano de Nelson, que lo añade al aguardiente de caña, el ron (2).
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11 Instrumental que utilizaban los Barberos y Sangradores. Koldo Santisteban
Cimarro
Protobarberato 1500
Es
en 1500 cuando se crea el Protobarberato
como órgano examinador con independencia absoluta del Protomedicato, Protocirujanato
y Protofarmacéutico. Por la Pragmática Sanción de los Reyes Católicos
dictada en Segovia el 9 de abril, se establece en su preámbulo: “los exámenes de los barberos; y pena de los
que sin requisito pusieran tienda para sangrar, y hacer las demás operaciones
que se expresan”. Es ilustrativo que en el primer párrafo cuando se refiere
a los criterios establecidos con respecto al intrusismo dice: “Mandamos, que los Barberos y exâminadores
mayores de aquí en adelante no consientan ni den lugar, que ningún barbero no
otra persona alguna pueda poner tienda para sajar ni sangrar, ni echar
sanguijuelas ni ventosas, ni sacar dientes ni muelas, sin ser exâminado
primeramente por los dichos nuestros barberos mayores personalmente…” (3).
Con
la aparición de la Congregación de
Cirujanos y Sangradores y su incorporación a la Hermandad de San Cosme y San Damián, estos se fueron haciendo
fuertes frente a los Barberos, interponiendo continuas demandas por intrusismo
ante el Consejo de Estado que les fueron quitando competencias a los Barberos y dándoselas a los Sangradores (3, 4, 5 y 6).
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12 Los Barberos Sangradores y la Odontología. Siglo XVII. Colegio de Enfermería
de Cádiz
Bibliografía
1.-
Javier Almazán. Doctor en Medicina por la Universidad Autónoma de Madrid. Real
Sociedad Bascongada de los Amigos del País / Euskalerriaren Adiskideen
Elkartea. Boletín LXXIV. 1 -2, 2018. Donostia – San Sebastián
2.-
Barberos Cirujanos. Manuel Solórzano Sánchez; Jesús Rubio Pilarte y Raúl
Expósito González. Publicado el día 12 de junio de 2009
3.-
Barberos y cirujanos en las provincias de Gipuzkoa, Navarra y Almería. Manuel
Solórzano Sánchez; Jesús Rubio Pilarte y Raúl Expósito González. Publicado el
domingo día 13 de noviembre de 2011
4.-
Barberos y Otros Oficios. Manuel Solórzano Sánchez; Jesús Rubio Pilarte y Raúl
Expósito González. Publicado el domingo día 20 de noviembre de 2011
5.-
Barberos. Cofradías de San Cosme y San Damián. Manuel Solórzano Sánchez; Jesús
Rubio Pilarte y Raúl Expósito González. Publicado el lunes día 15 de julio de
2013
6.-
Historia de los Barberos, Cirujanos y Practicantes de la Armada. José Manuel
Mateo Lozano. Publicado el lunes día 2 de junio de 2014
6ª.-
Barbero, Cirujano, Dentista, Sangrador en Gipuzkoa. Manuel Solórzano Sánchez. Publicado
el lunes día 9 de febrero de 2015
7.- Félix Pinero, periodista y escritor.
Hernando de Bustamante, el Barbero de Mérida, que dio la vuelta al mundo.
Manuel Solórzano Sánchez
Osakidetza,
Hospital Universitario Donostia, Donostia, Gipuzkoa.
Graduado en
Enfermería
Insignia
de Oro de la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica 2010. SEEOF
Miembro de
Enfermería Avanza
Miembro de Eusko
Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos
Miembro de la
Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro de la
Red Cubana de Historia de la Enfermería
Miembro
Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en
México AHFICEN, A.C.
Miembro no numerario
de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País. (RSBAP)
Académico
de número de la Academia de Ciencias de Enfermería de Bizkaia –
Bizkaiko Erizaintza Zientzien Akademia. ACEB – BEZA
Insignia
de Oro del Colegio Oficial de Enfermería de Gipuzkoa 2019
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