miércoles, 8 de julio de 2026

Tres Historias de Practicantes y Enfermeros en las Milicias Universitarias

Los Practicantes Militares de Farmacia

 

Sanitarios desconocidos del Ejército de Tierra

 

Regulación normativa y finalización del Cuerpo

 

Estos militares de Sanidad no son los sanitarios que nos encontramos en los campos de batalla, ni en los acuartelamientos; pero, las sustancias, principios activos y fórmulas magistrales, en las que intervienen sí estarán presentes, en todos aquellos lugares donde se precisan para combatir el dolor y el sufrimiento.

 

Foto 1 Botiquín Sección de Sanidad

 

Como antecedente inmediato, la primera regulación de estos sanitarios fue la del Cuerpo de Practicantes Militares de Farmacia, que se crea por Real Orden-Circular de 31 de julio de 1929, que organizó y reglamentó dicho Cuerpo, con el personal que se encontraba en el Laboratorio Central de Farmacia, Depósitos de Medicamentos, Inspección y Negociado de Farmacia, Junta Farmacéutico-administrativa, Subinspecciones regionales, y las farmacias de los Hospitales militares. El ingreso se realizará por oposición.

 

Sus funciones profesionales: «Los practicantes militares de Farmacia estarán subordinados y dependerán del jefe farmacéutico del establecimiento al que sirven. Cuidarán de la conservación y limpieza del material farmacéutico y del orden y conservación de los medicamentos, teniendo a sus órdenes para estos servicios a los mozos y sanitarios, respondiendo de la policía y limpieza de los Centros, establecimientos o dependencias en que sirvan. Auxiliarán como escribientes al farmacéutico en los trabajos de documentación».

 

En principio, alcanzaban las siguientes categorías y consideración, pero sin asimilación a ningún empleo militar:

 

Practicante de Farmacia de primera, con la consideración de oficial.

 

Practicantes de segunda, con la consideración de oficial.

 

Practicantes de tercera, con la consideración de suboficial.

 

Foto 2 Emblemas de Practicantes de Farmacia de primera, segunda y tercera categoría

 

Dichas consideraciones conllevaban los mismos beneficios que los militares profesionales, en lo relativo a viajes por ferrocarril, hospitalizaciones, dietas y alojamientos, pero no necesitaban autorización para contraer matrimonio, como el resto de los militares. Otro dato importante, al ascender no estaban obligados a cambios de destino -lo que era una gran ventaja-, pudiendo permanecer durante toda su vida militar en el mismo lugar. El retiro estaba previsto a los 60 años, pero si las necesidades lo requerían se prorrogaba la marcha.

 

Vestían el uniforme igual que el resto de oficiales de Sanidad Militar y portaban como divisas la copa y el áspid del emblema del Cuerpo de Farmacia, bordada en oro y sin los ramos, en el cuello de la guerrera. Todo ello, regulado mediante Orden de 4 de agosto de 1929.

 

Además, en la manga izquierda y sobre la flexura del brazo, se repetía el emblema señalado de la copa y el áspid, coincidiendo con la bisectriz de un ángulo agudo con el vértice abajo para los de tercera; de dos ángulos para los de segunda; y de tres para los de primera. Estos ángulos estarán formados por cordoncillos de oro. Estas divisas se llevaban solamente en el frente de la gorra y en el brazo izquierdo.

 

Pocos años después, mediante la Ley 13 de mayo de 1931 se crea el Cuerpo Auxiliar Subalterno del Estado (CASE) y se declara a extinguir este Cuerpo de Practicantes Militares de Farmacia (en vigor de 1929 a 1931), integrándose estos militares en el mismo, hasta que muchos años después se separan de dicho ente subalterno y nacerá otro nuevo Cuerpo auxiliar, que tendrá un tiempo de vigencia mayor, de 1945 a 1989.

 

Como hecho curioso, pues se mezclan las «consideraciones» anteriores con empleos, señalar que en 1939 nos encontramos con un practicante de Farmacia de segunda, con el empleo de sargento honorífico, y que se puede observar -dicha consideración- en el emblema que porta en el lado derecho de la guerrera, en la imagen siguiente.

 

Foto 3 Portada e interior de un documento de identidad del «practicante militar de Farmacia de segunda, sargento honorífico». Foto: Archivos del autor

 

El Cuerpo auxiliar definitivo

 

Continuando con la evolución de este cuerpo sanitario, nos encontramos que en 1945 y mediante Ley 17 de julio se crea el Cuerpo Auxiliar de Practicantes de Farmacia Militar, pues las autoridades del momento basados en experiencias anteriores, consideraron la necesidad de contar con personal de Practicantes de Farmacia que tuvieran la preparación técnica adecuada a las exigencias de los nuevos tiempos.

 

Aspecto muy importante, dadas las competencias que se iban incorporando al Ejército, como laboratorios farmacéuticos propios, de análisis clínicos, químicos y bacteriológicos, botiquines farmacéuticos y farmacias hospitalarias, en todos los Hospitales Militares de España, que venían a ser uno por provincia más las plazas africanas.

 

Las competencias profesionales de los Practicantes de Farmacia, como en la mayoría de estos Cuerpos auxiliares, estaban un tanto desdibujadas, si bien más concretas que las asignadas a sus antecesores de 1929, resultando de la siguiente forma: «Tendrá como misión la de auxiliar en sus funciones peculiares a los Jefes y Oficiales Farmacéuticos, quedando subordinados a ellos en todos los órdenes y cualquiera que sea su categoría».

 

Además, auxiliaban -entre morteros, matraces, balanzas y probetas- a la elaboración de las fórmulas magistrales, pues en aquella época la mayoría de la medicación se hacían por este procedimiento, al estar poco industrializado el sector. También colaboraban en la preparación de las distintas técnicas, para el desarrollo de los análisis químicos y bacteriológicos.

 

Inicialmente el nuevo Cuerpo se constituyó con el personal que venía del primer cuerpo de Practicantes de Farmacia y los integrados en el CASE que de forma voluntaria solicitaron ingresar en el escalafón por antigüedad. Luego, el ingreso se realizó por oposición ante un Tribunal constituido por jefes y oficiales farmacéuticos, en la Academia de Farmacia Militar.

 

Ante igualdad de conceptuación, tenían preferencia a los sargentos y cabos primeros del Cuerpo de Farmacia Militar, que acreditaran «haber practicado durante un año, por lo menos, en una Farmacia Militar y que hayan merecido informe favorable de la Junta Facultativa de la misma». Los que aprobaban seguían un curso de conocimientos militares y capacitación profesional en la Academia y establecimientos de Farmacia.

 

Foto 4 Emblemas de Farmacia Militar y Practicantes de Farmacia

 

Una vez superado éste, los aptos eran promovidos a la categoría de Practicantes de tercera, obteniendo el ascenso a la de segunda y primera por antigüedad y ocasión de vacante. En realidad, los empleos y su asimilación eran:

 

Practicante de Farmacia de primera, con asimilación de teniente.

 

Practicante de Farmacia de segunda, con asimilación de brigada.

 

Practicante de Farmacia de tercera, con asimilación de sargentos.

 

Vestían el mismo uniforme que los oficiales y suboficiales del Ejército de Tierra, llevando como distintivo el del Cuerpo de Farmacia Militar: una copa rodeada de un áspid, orlada por corona de laurel, sobre color carmesí en forma de rombo. Bajo este en segundo término y separado del mismo, las iniciales PM (Practicante Militar) entrelazadas.

 

Comparando con el primer cuerpo y omitiendo el oscuro periodo del CASE, pues en este tiempo sólo en algunos supuestos existieron asimilaciones a empleos militares, veremos que con anterioridad -el Cuerpo de 1929- tampoco tenían asimilación, pero sí la consideración de oficial para los de primera y segunda y de suboficial para los de tercera. Ahora solo serán oficiales los de primera.

 

En relación con la «asimilación», podían obtener todo tipo de recompensas, condecoraciones y beneficios de toda índole que se le otorgaban al resto del personal de las Armas y Cuerpos del Ejército, usando como se dijo el uniforme, emblemas e insignias que para caso se determinaron. La plantilla inicial de este Cuerpo la integraron 117 practicantes, de los que 24 eran de primera, 47 de segunda y 46 de tercera.

 

Foto 5 Cuadro “RIF 1909” del pintor Augusto Ferrer-Dalmau. Homenaje a la Sanidad Militar Española

 

El personal procedente de Practicantes de Farmacia del CASE que ingresaron en este nuevo Cuerpo, se les conservó la asimilación o consideración que tenían en su momento, hasta que en el de nueva creación le correspondiera una mayor. También se les respetó el sueldo y quinquenios que tuviera en ese instante, hasta que en el nuevo cuerpo auxiliar de Farmacia le correspondieran unos devengos mayores.

 

Igualmente, para aquellos que pudieran tener la consideración de oficial en el anterior cuerpo del CASE, si al ingresar en este nuevo Cuerpo no le alcanzaba la asimilación de teniente, por no existir plazas vacantes, conservaban dicha consideración hasta que por ascenso le correspondiera plaza de esa categoría.

 

De igual forma se respetó a todo el personal de Practicantes de Farmacia del CASE que optó por seguir en esa Escala, estando sujeto a su legislación específica y declarándose a extinguir, pues hubo profesionales que no tenían muy claro el cambio al nuevo Cuerpo por posibles pérdidas de destinos u otras dudas similares.

 

Nuevos empleos y extinción del Cuerpo

 

Mediante Resolución de 20 de mayo de 1965, se crean las nuevas categorías de sargento primero y subteniente para los Practicantes de Farmacia, pues estos empleos ya se habían establecido en el Cuerpo de Suboficiales del Ejército de Tierra, mediante Ley de 21 de julio de 1960, modificación que se aplicó con cinco años de retraso para estos suboficiales especializados.

 

También y dadas las características peculiares de reclutamiento del personal de este cuerpo, el tiempo que habían servido como sargentos en cualquier arma o cuerpo del Ejército, les computaba a efectos del ascenso a sargento primero. En aplicación de las normas citadas, las categorías (empleos) que podían alcanzar en lo sucesivo serían:

 

«Artículo 2º.- La nueva categoría de sargento primero se alcanzará al cumplir los diez años de antigüedad en el empleo de sargento.

 

Artículo 3º.- La nueva categoría de subteniente se alcanzará al cumplir los diez años de antigüedad en el empleo de brigada».

 

Visto lo anterior, en adelante los suboficiales de este Cuerpo verán incrementados los empleos, resultando:

 

Practicantes de Farmacia de segunda, con asimilación a brigada y subteniente.

 

Practicantes de Farmacia de tercera, con asimilación a sargento y sargento primero

 

Con independencia a lo mencionado anteriormente, cuando se estaba asimilado a los nuevos empleos (sargento primero y subteniente) no se le exigía tiempo mínimo de permanencia en éstos, pues si le correspondía el ascenso a practicante de segunda o primera (brigada o teniente) lo materializaban al ser estos por antigüedad y solamente con ocasión de vacante. El ascenso de la categoría de tercera a segunda se tardaba bastante más de diez años, lo que demuestra la lentitud de los mismos.

 

Foto 6 Esta unidad móvil realizó su primera salida oficial el 20 de enero de 1873, partiendo desde la capital guipuzcoana con la bandera desplegada hacia el pueblo de Usurbil para socorrer y trasladar heridos. Practicantes y Sanitarios de la Cruz Roja

 

La evolución de este cuerpo auxiliar de Farmacia, tuvo un itinerario diferente al de otros Cuerpos auxiliares. En este supuesto, con la creación de la Escala Básica de Suboficiales (EBS) y la Escala de Jefes y Oficiales del Ejército (EE) , se declaró a extinguir el Cuerpo Auxiliar de Practicantes de Farmacia Militar, aunque sus integrantes pudieron optar por continuar en ella o ingresar en la nueva Escala que se creó dentro de los Especialistas, como Rama de Farmacia, que serán los herederos de estos Practicantes de Farmacia.

 

Con independencia de estos especialistas de la Rama de Farmacia, existieron otros miembros del Cuerpo de Suboficiales de Farmacia y perteneciente también como los primeros a la EBS, pero cuya misión era solamente el mando de las tropas en las unidades del Cuerpo de Farmacia Militar, no la elaboración de medicamentos como los anteriores.

 

Con la entrada en vigor de la primera ley de personal militar de los tres Ejércitos y los Cuerpos Comunes de la Defensa (Ley 17/1989), desapareció la especialidad auxiliar de Farmacia Militar, integrándose en la Escala Básica del Cuerpo de Especialistas del Ejército, tanto los procedentes de la Escala Básica de Suboficiales de Farmacia, como los del Cuerpo de Suboficiales de Farmacia.

 

Y aquí acaba la Historia de este cuerpo singular del Ejército de Tierra (1).

 

El primer soldado sanitario laureado

 

Pedro Gutiérrez de Diego, héroe en la operación de Tizza

 

Foto 7 Pedro Gutiérrez de Diego, imagen recreada por IA

 

Nació en Melgar de Fernamental (Burgos), el día 29 de abril de 1901, ingresó en el Ejército de Tierra como soldado voluntario en 1920, destinándosele al Regimiento de Infantería «Valencia 23», de guarnición en Santander. Dada su condición de Practicante en Medicina, se le destinó al botiquín de dicha Unidad como sanitario.

 

Tizza se trataba de un caserío de poca importancia a unos diez kilómetros de Melilla. En septiembre de 1921, la Comandancia General de Melilla mantenía diversas posiciones rodeando el territorio no perdido en las batallas de ese verano. Entre ellas, y con la idea de cerrar el camino hacia Melilla se encuentra la posición de Tizza. El día 26 de ese mes fue imposible llevar el convoy de víveres al lugar. Totalmente rodeada de rebeldes se defendía con dificultad, pues había en torno a unos 500 harqueños asentados en Beni bu Gafar, un campamento a poca distancia de Tizza.

 

La situación de acoso originaba situaciones de enorme dificultad para el abastecimiento -aguadas- de puntos estratégicos como el de esta posición. Hubo varios intentos fallidos de socorrerles, por lo cual el nuevo comandante general de Melilla, el general de división José Calvancanti Albuquerque (01/XII/1871-03/IV/1937), planificó un nuevo convoy para finales de mes. Dicho militar, que procedía del Arma de Caballería, muy popular en Melilla desde 1909, que protagonizo la famosa carga de Taxdirt, que humilló a 1.500 rifeños con 65 jinetes, evitando una gigantesca masacre.

 

EI día 29, el comandante general en persona decide ponerse al frente de dos columnas; una, formada en la base del fuerte Reina Regente, con el cometido de ocupar las alturas y desalojar a los numerosos enemigos, que eran en torno a cinco mil harqueños; la otra, constituida por unos infantes en el puente de Farhana, con la misión de ocupar los poblados, a fin de permitir el paso del convoy eliminando las defensas del enemigo y llegar a Tizza.

 

Con anterioridad, el 23 de septiembre de 1921, había llegado el soldado practicante Pedro Gutiérrez de Diego a Melilla, formando parte de la primera compañía del Regimiento de Infantería «Valencia 23», incorporándose a ese convoy de abastecimiento y relevo a la posición ubicada en Tizza. A las once de la mañana, las tropas quedaban detenidas no lejos de la posición. Los mandos de las columnas no sabían cómo progresar, pues un mínimo movimiento mal efectuado podría desembocar en una tragedia.

 

Se inician combates y después de varias horas de fuego, los moros, ante el tremendo ataque de nuestras columnas, emprendieron la retirada escalonada, no obstante, las tropas españolas con extraordinario arrojo iniciaron el asalto con el general Cavalcanti y su Estado Mayor a la cabeza, y en medio de un diluvio de balas es cuando interviene nuestro personaje el soldado practicante Pedro Gutiérrez.

 

Como responsable de la bolsa sanitaria de compañía, se encontraba «curando a los heridos en la primera línea de fuego, recibió tres heridas graves de bala en ambas piernas y en la mano izquierda», a pesar de lo cual continuó desempeñando «su misión eficazmente hasta que otra bala perforando el fémur le hizo perder el conocimiento, y llevó su abnegación al extremo que al recobrarlo y pedir auxilio, al llegar este, indicó con el dedo que fuese evacuado otro soldado, herido mortalmente, de los que allí se encontraban…».

 

El lugar donde desarrollaba su labor sanitaria era tan peligroso «que en el flujo y reflujo del combate se llevaron los moros a algunos de los soldados heridos que tenía que atender» y otros individuos combatientes -probablemente para asesinarles- «sin que por ello el citado soldado ni perdiera la serenidad, ni dejo de ocuparse de la curación de los soldados heridos» mientras tuvo conocimiento.

 

Foto 8 Cruz Laureada de San Fernando

 

De todo lo anterior, existe un informe emitido por el Consejo Supremo de Guerra y Marina, y qué mediante Real Orden de 26 de abril de 1926, concedió al expresado Pedro Gutiérrez de Diego la Cruz Laureada de San Fernando «por su heroico comportamiento y el mérito que ha contraído como practicante, en la operación realizada para llevar un convoy a Tizza». Una vez recuperado de sus lesiones y por la importancia de las secuelas, ingresó en el Cuerpo de Inválidos del Ejército, haciéndolo con el empleo de cabo. En 1933, fue ascendido a sargento del Cuerpo de Inválidos.

 

Homenajes al Practicante laureado: Santander y Burgos

 

Como se dijo, por la heroica hazaña se le recompensó con la máxima condecoración que se concede en tiempos de guerra, la Laureada, y que le sería impuesta en Santander por el también caballero laureado y -en ese momento- capitán general de la Sexta Región Militar, José Cavalcanti de Alburquerque y Padierna, Marqués de Cavalcanti, pues éste ilustre militar como hemos visto había participado en aquella acción de guerra, donde habían herido al practicante en Medicina (Garate, 1969). Este general estaba casado con Blanca Quiroga, que era hija de la ilustre escritora Emilia Pardo Bazán.

 

Según aparece en la crónica que, desde Santander remitía el corresponsal, el Diario de Burgos, en su edición del 7 de junio de 1926, señalaba que «Esta tarde en el tren mixto, llegará el cabo del Cuerpo de Inválidos don Pedro Gutiérrez de Diego a quien se le va a imponer mañana solemnemente la Cruz Laureada de San Fernando, que le ha sido concedida, con los trámites reglamentarios, con motivo de su heroico comportamiento en la acción de Tizza».

 

Llegó acompañado de su padre y «una comisión de siete concejales, en representación del municipio de donde era oriundo el militar. Por la noche, se celebró una verbena en su honor en la Alameda de Jesús de Monasterio, siendo amenizada por la Banda del Regimiento Valencia 23», al que pertenecía el homenajeado y que había estado en Melilla cuando los combates de Tizza.

 

Foto 9 Emblemas del Arma de Infantería y de Cabo del Cuerpo de Inválidos

 

Al día siguiente, estaba prevista con toda solemnidad «la imposición de la medalla, que se verificará en la plaza de La Libertad, frente a la estatua de Velarde, que le impondrá la misma el capitán general». En dicho lugar se instaló una tarima para «celebrar una misa de campamento que será oída por todas las fuerzas de la guarnición», instalándose también otras tarimas para las autoridades civiles y militares, reservándose un espacio amplio de terreno para el público que quisiera acudir al acto.

 

Según el periódico ABC, del 8 de junio de 1926, informa sobre el acto el día anterior, que el obispo dijo una misa de campaña, y después, el capitán general, marqués de Cavalcanti, que como se ha dicho estuvo en dicha operación de guerra, «impuso las insignias al bizarro soldado, al que abrazó y fue aplaudido con entusiasmo por el gran gentío que aclamó al laureado. El general Cavalcanti pronunció patriótica arenga». Una vez impuesta la Laureada y finalizado el acto protocolario, se realizó un desfile por la fuerza militar ante las autoridades y el público asistente.

 

Unos meses después, en Melgar de Fernamental (Burgos), la Federación Sanitaria rinde homenaje al laureado Pedro Gutiérrez. Concretamente, el 22 de agosto, se dieron cita en la localidad natal «las primeras autoridades de la localidad y un nutrido grupo de significados sanitarios» de otras provincias, a fin de reconocer al «cabo Practicante Gutiérrez de Diego, fiel al juramento patrio, en trágicos momentos supo sobreponer su valor frío al peligro inminente en ocasión de encontrarse en la posición de Tizza en trance apuradísimo, que mereció la cruz de San Fernando», señala el boletín de los Practicantes españoles.

 

El evento se organiza por parte del burgales Gregorio Escolar, presidente del Colegio de Farmacéuticos de Sevilla y por el presidente de la Federación Sanitaria de Castilla la Vieja, Luis Valero, que iniciaron la suscripción en favor del «sanitario-héroe». Al acto asistieron representantes de la Iglesia, el Ejército, las Corporaciones provincial y municipal y los Colegios de Médicos, Farmacéuticos, Veterinarios y Practicantes.

 

Al entregar el doctor Valero al heroico Practicante, el pergamino por el cual se le confiera la elevada «distinción de Sanitario honorario de la Federación de Castilla la Vieja, que visiblemente emocionado, las lágrimas surcaban el pequeño cauce de sus mejillas, las mujeres del pueblo y, delante de ellas, su propia madre, se hincaron de rodillas y, con sollozos que salían del alma, elevaron la más sentida y fervorosa plegaria al infinito», manifestaba el boletín sanitario.

 

Pedro Gutiérrez de Diego continuó residiendo en Melgar de Fernamental, quien desde 1933 era sargento del Cuerpo de Inválidos -como se dijo-, y desempeñó el cargo de concejal en su ayuntamiento, desde 1949 hasta 1955. De igual forma, durante ese tiempo ocupó el cargo de Juez de Paz en esa localidad. Falleció como consecuencia de muerte súbita, el día 15 de septiembre de 1956 (2).

 

La Enfermería en las Milicias Universitarias, la IMEC

 

Hasta el año 1971 estos profesionales no podían acceder a esta modalidad para realizar el Servicio Militar Obligatorio

 

Con anterioridad a la fecha señalada, momento en que se crea la Instrucción Militar Escala de Complemento (IMEC), existía otra modalidad que era la antigua IPS (Instrucción Premilitar Superior). En esta modalidad los Ayudantes Técnicos Sanitarios (ATS) no podían realizar su SMO en dicha Escala.

 

La ventaja era que mientras el resto de los mozos españoles hacían su servicio militar durante quince o dieciocho meses -según época o Ejército- éstos lo hacían mediante unos campamentos en el verano o en el primer trimestre del curso académico, no obstaculizando sus estudios y al final de esa formación obtenían el empleo de alférez o sargento, ejerciéndolo durante cuatro o seis meses.

 

Este fue el caso de un enfermero, cuya vida profesional se desarrolló en un hospital y como especialista en Enfermería del Trabajo. Recogemos el ciclo vital de este profesional que fue uno de los primeros que inauguró esta posibilidad para la Enfermería española.

 

Foto 10 Sargentos de IMEC, A.T.S. de Sanidad

 

Miguel Ángel Robledo Seco (Astorga - León, 1951), realizó el primer campamento durante los meses de octubre a diciembre, en el CIR nº 15, en Hoya Fría, Tenerife, (1974); el segundo ciclo al año siguiente, de julio a septiembre, en la Escuela de Aplicación de Sanidad Militar, en Campamento, Madrid (1975), y las prácticas en el Regimiento de San Marcial en Burgos, entre los meses de marzo y julio de 1978, como sargento-ATS de Sanidad Militar. Al preguntarle ¿por qué se apuntó en la IMEC?, indica «porque me era más cómodo para compatibilizarla con los estudios, además para evitarle seguir pidiendo prorrogas».

 

Quizás otro motivo fueron los antecedentes familiares, «ya que mi padre, una vez acabada la Guerra Civil, continuó en el Ejército de Tierra, en Artillería, alcanzando el empleo de teniente, siendo su último destino en el Regimiento de Artillería de Astorga, en León, pasando a situación ajena al servicio activo pocos años después». Como hecho curioso, su padre don Juan Robledo Juárez falleció con 101 años, en 2014.

 

Recuerda lo duro que fue el primer campamento en Hoya Fría «donde íbamos a paso ligero a todas partes, así como de la horrorosa pista americana, con la que aún de vez en cuando sueño con ella. Pero, valió la pena, pues físicamente volví a la Península en plena forma, hecho un toro».

 

Foto 11 El distintivo pertenece a la categoría de ATS militar, que debían portar en el uniforme -además del de la IMEC- los que ocupaban plaza específica de sanitario. Foto M. A. Robledo

 

Sin embargo, de su estancia en Sanidad en Madrid lo menciona como «una canonjía, por las mañanas preparábamos la re-jura de bandera y algún ejercicio táctico-sanitario. Tras el almuerzo, siesta y unos días teníamos gimnasia y clases otros. Algunas tardes teníamos paseo y los fines de semana libres». Reitera, qué salvo el horroroso calor madrileño de julio y agosto en Madrid, «una canonjía».

 

Menciona algunas anécdotas sobre lo que les contaba a sus compañeros en Madrid, en relación a su estancia en Hoya Fría pues «les decía que cuando nos dejaron los aviones militares en el aeropuerto de Los Rodeos, nos recogieron en camellos y desde allí al CIR fuimos en estos animales», incluso de que les nombraban servicios de «camellero y de cabo camellero, según comportamiento y dotes de mando, y así les seguía fabulando a los pardillos de mis compañeros que añoraban no haber ido allí», lo que no les recordaba era la pista americana y el ir a todas partes a paso ligero.

 

Foto 12 Rombo de Sanidad Militar; derecha, sargento Robledo, durante sus prácticas en Burgos. Foto: M. A. Robledo

 

Actuaciones sanitarias castrenses

 

En relación a sus prácticas en el Regimiento de Infantería en Burgos, señala como hecho inaudito lo siguiente: «Allí conocí por primera vez como eran las ladillas, pues tuvimos que tratar a todo el Regimiento. Rasurar y empolvar toda la zona púbica de aquellos pobres chicos que se deshacían rascándose las partes nobles. También tuvimos que tratar dos casos muy severos de parafimosis. Esto, desde el punto de vista médico-quirúrgico, fue lo más serio, pero se resolvieron satisfactoriamente».

 

Foto 13 Equipo sanitario del Regimiento de Infantería San Marcial, en 1978, donde se encuentran varios sargentos y dos alféreces de IMEC, junto al teniente médico del Cuerpo de Sanidad Militar. El A.T.S. Robledo, tercero por la izquierda. Foto cedida por M. A. R

 

El resto de actividades desarrolladas en el «Botiquín», como se conoce coloquialmente al Servicio Sanitario de la Base, son las rutinarias: consulta médica diaria, asistencia a encamados en las diferentes compañías, remitir hacia los diferentes servicios de especialidades del hospital militar, aquellos soldados que lo requirieran por sus patologías, vacunaciones, curas de heridas por accidentes menores durante la instrucción o prácticas deportivas, pequeñas intervenciones quirúrgicas, «así como las maniobras, que en esta actividad podías tener patologías menores o casos graves como sucedió en alguna ocasión, si bien pocas veces para la cantidad de hombres que realizaban las mismas».

 

Foto 14 Con la ambulancia, junto al alférez médico. Foto cedida por M. A. R.

 

Miguel Ángel Robledo, que por traslado familiar se instaló en Valencia en 1957, donde ha permanecido toda su vida allí. En la actualidad, se encuentra jubilado, tras haber desarrollado una intensa vida laboral como profesional de Enfermería, donde ejerció cargos de Supervisor General de Enfermería de Tardes-Noche, Supervisor de planta y como enfermero en el quirófano de Urgencias y en la unidad de hospitalización del Servicio de Cirugía General, en el Hospital Peset de Valencia, dependiente de la Agencia Valenciana de Salud (Generalidad valenciana).

 

También, compatibilizando el anterior empleo con la Enfermería de Empresas (Servicios Médicos de Empresa), en importantes empresas de confección de ropa de caballero, en el Aeropuerto de Manises y en una multinacional de construcción de locomotoras.

 

AUTOR: Jerónimo González Yanes (Tenerife, 1953) es un destacado profesional con una trayectoria multidisciplinar que abarca el Derecho, la Historia, el Periodismo y la Enfermería. Doctor en Historia, Licenciado en Periodismo y Diplomado en Enfermería, ejerce actualmente como abogado, faceta a la que dedica su actividad principal tras una dilatada carrera en el sector sanitario y los medios de comunicación.

 

En el ámbito castrense, ostenta el empleo de Teniente (RV) del Cuerpo Militar de Sanidad (Cuerpos Comunes de la Defensa), una labor que vincula estrechamente con su intensa actividad investigadora y divulgativa. Durante más de tres décadas, desarrolló una sólida trayectoria en el ámbito de la Enfermería, desempeñándose inicialmente como sanitario local de APD y, posteriormente, en Atención Primaria. Tras un periodo dedicado al ejercicio del periodismo, se centró en la abogacía, sin abandonar su firme compromiso con la defensa de la profesión enfermera y sus profesionales.

 

Como historiador, destaca por su prolífica labor editorial, siendo autor de más de una decena de libros especializados en la historia de la Enfermería Militar y de la Defensa. Su aportación académica y técnica se completa con la publicación de numerosos artículos, entrevistas y reportajes en revistas especializadas, consolidándose como una figura de referencia en el estudio de la sanidad en el ámbito castrense.

 

Foto 15 AUTOR: Jerónimo González Yanes

 

Bibliografía

1.- Jerónimo González Yanes. ARES revista de Historia. Año 18. Número 107. Páginas 8 a la 12.

 

2.- Jerónimo González Yanes. ARES revista de Historia. Año 18. Número 105. Páginas 62 a la 64.

 

3.- Jerónimo González Yanes (2026): Sargentos de la IMEC. Gallandbooks. Valladolid. Páginas 43 a la 47.

 

4.- Practicantes de Farmacia y Manual del Practicante de Farmacia 1933. Manuel Solórzano Sánchez. Publicado el jueves día 10 de octubre de 2019

https://enfeps.blogspot.com/2019/10/practicantes-de-farmacia-y-manual-del.html

 

Foto 16 Practicantes de Sanidad Militar, imagen recreada por IA

 

Enciclopedia Wikipedia

Manuel Solórzano Sánchez. Grado en Enfermería

https://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Sol%C3%B3rzano_S%C3%A1nchez

Día 20 de octubre de 2022, jueves

 

Entziklopedia Wikipedia en Euskera

Manuel Solórzano Sánchez. Erizaintzako Gradua

https://eu.wikipedia.org/wiki/Manuel_Sol%C3%B3rzano_S%C3%A1nchez#Ibilbidea

Día 27 de octubre de 2022, jueves

 

La Voz de Enfermería en la Enciclopedia Auñamendi

Jesús Rubio Pilarte y Manuel Solórzano Sánchez

Primera parte: http://www.euskomedia.org/aunamendi/39190

Segunda parte: http://www.euskomedia.org/aunamendi/39190/132780

 

Manuel Solórzano Sánchez

Graduado en Enfermería. Enfermero Jubilado

Insignia de Oro de la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica 2010. SEEOF

Premio a la Difusión y Comunicación Enfermera del Colegio de Enfermería de Gipuzkoa 2010

Director y Miembro del Blog de Historia de Enfermería “Enfermería Avanza”

Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería

Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería

Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.

Académico de número de la Academia de Ciencias de Enfermería de Bizkaia – Bizkaiko Erizaintza Zientzien Akademia. ACEB – BEZA

Comisión de Historia de la Enfermería del Colegio Oficial de Enfermería de Gipuzkoa / Gipuzkoako Erizaintza Elkargo Ofiziala

Insignia de Oro del Colegio Oficial de Enfermería de Gipuzkoa. Años 2019 y 2022

Sello de Correos de Ficción. 21 de julio de 2020 y 31 de diciembre de 2022

Premio a la Visibilización de la ACEB. 15 de mayo de 2024. Deusto Bilbao

Amigo de Número de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País. 7 de marzo de 2026. (RSBAP)

masolorzano@telefonica.net

 

 

 

 

 

lunes, 29 de junio de 2026

Clínica San Antonio de Egia 1928

 

El domingo 26 de febrero de 1928. La zona alta del paseo de Atocha se vio desbordada por una afluencia inusual de vehículos y público selecto.

 

La institución: Se presenta como un “establecimiento modelo”, destacando sus modernas comodidades, como las habitaciones de primera clase equipadas con cama para acompañantes, un detalle de vanguardia para la época.

 

 

Los anfitriones: La inauguración estuvo liderada por un grupo de destacados doctores de la época: Ignacio Urbina y Luis Urbina. Juan María Zurriaraín. José Larrañaga. Enrique de la Riva y Pablo Molano.

 

 

En 1928, la bendición de unas nuevas instalaciones (especialmente de carácter asistencial) por parte de autoridades eclesiásticas era un paso obligatorio y central. La presencia de Don Vicente Barrena, párroco de San Vicente, junto con los Padres Franciscanos, subraya la relevancia social y la legitimidad institucional que se buscaba dar al nuevo centro médico.

 

 

La mención específica a la Casa Suchard es un detalle histórico sumamente interesante. En aquella época, Suchard ya era una marca de gran prestigio (su fábrica en San Sebastián era un icono industrial). Que la empresa enviara bombones como regalo para la inauguración refleja: La estrecha relación entre el tejido empresarial de la ciudad y las nuevas instituciones.

 

 

El estatus que la Clínica San Antonio proyectaba desde su primer día al contar con obsequios de marcas de renombre.

 

 

La modernidad como valor añadido: Al insistir en que el edificio fue construido “de nueva planta”, el autor está destacando una ventaja competitiva crucial para la época. A diferencia de las clínicas que se instalaban en pisos o edificios antiguos adaptados, la Clínica San Antonio fue diseñada específicamente para el uso médico, lo que permitía una mejor distribución, higiene y especialización en los servicios.

 

 

La legitimación a través de la prensa: Se observa cómo el medio informativo se hace eco de su propia labor de difusión, reforzando la narrativa de que el establecimiento no es solo “un centro más”, sino un “establecimiento modelo”. Esta técnica narrativa era muy común para generar confianza en la población y en la clase médica, asegurando que las instalaciones cumplían con los estándares más exigentes del momento.

 

 

Se destaca que la clínica posee la “proximidad a la población” (accesibilidad urbana) pero goza de las “ventajas de los edificios situados en pleno campo” (aire puro, silencio y aislamiento). Esta combinación era el “santo grial” de los centros médicos de la época, que buscaban alejarse de los núcleos densos y contaminados, pero sin quedar aislados del centro urbano.

 

 

La mención a que “domina con mucho los edificios más próximos” (como la Iglesia de los Padres Franciscanos) enfatiza la elevación. En esa época, se creía firmemente en los beneficios curativos de las corrientes de aire, la ventilación cruzada y la exposición solar, todas ellas facilitadas por una posición dominante sobre el resto del entorno urbano.

 

 

El valor paisajístico como terapia: La referencia a las vistas sobre “toda la población, sobre el mar y sobre el valle de Loyola” no es solo un detalle estético. La terapia del entorno (poder observar el paisaje desde las galerías) era considerada un elemento activo en la recuperación de los enfermos. Un paciente que podía mirar al mar y al valle era, teóricamente, un paciente con mejor pronóstico mental y físico.

 

 

El uso de “colores claros” y la referencia a una “quinta de recreo” (una casa de campo de lujo para el ocio) busca romper con la estética hospitalaria tradicional. El objetivo era que el paciente, al entrar, no se sintiera “enfermo”, sino “huésped”.

 

Se plantea la arquitectura como una forma de terapia. Al alejar “la idea del dolor y de abatimiento” mediante la luz (sol), la ventilación (brisas marinas) y la belleza, el edificio se convierte en una herramienta médica más.

 

 

Al integrar el “aire campestre” y las vistas, el diseño reconoce que el entorno físico influye directamente en la recuperación del paciente.

 

 

Al situar la clínica a solo 300 metros del Puente de Santa Catalina, los autores están comunicando que el centro no estaba “lejos” de la actividad urbana. Era un enclave perfecto: lo suficientemente cerca del centro neurálgico de San Sebastián para ser accesible, pero lo suficientemente retirado para mantener la privacidad y tranquilidad de los pacientes.

 

 

Hablar de una finca de 6.000 metros cuadrados nos da una idea clara de la envergadura de la inversión. Contar con una parcela de esa magnitud en una zona tan próxima al centro permitía esa “arquitectura de recreo” de la que hablábamos antes, con jardines y espacios abiertos que rodeaban el edificio principal.

 

 

El detalle de la “carretera recién afirmada” es un guiño a la modernidad. En 1928, el coche privado ya era el medio de transporte de la clase alta. Asegurar que los pacientes podían llegar “hasta el mismo pórtico de la clínica” con facilidad garantizaba la comodidad del enfermo y el prestigio del establecimiento.

 

 

La aclaración entre paréntesis —(hoy Duque de Mandas)— es un dato revelador. El Paseo de Atocha de 1928, con sus cuestas y su conexión hacia Egia, era una arteria clave en la expansión urbana de la ciudad, y este cambio de nombre es un recordatorio de cómo la topografía urbana de San Sebastián ha evolucionado en el último siglo.

 

 

La intervención humana sobre la naturaleza: La frase “Lo que la naturaleza no ha puesto por sí misma lo ha añadido la mano de los directores y jardineros” subraya el control absoluto que la dirección quería ejercer sobre el entorno. No dejaron nada al azar: cada rincón, mirador y sombra estaba dispuesto para optimizar la salud mental del paciente.

 

 

 

En los años 20, la convalecencia era un periodo largo. Ofrecer al paciente “miradores deliciosos” para la “contemplación” era una forma de tratamiento preventivo contra el aburrimiento y la depresión, estados que se consideraban contraproducentes para la recuperación física.

 

 

Elegir un estilo neorrenacentista para un centro médico no era casual. En el contexto de la época, el Renacimiento se asociaba con el orden, la proporción, la armonía y la seriedad institucional. Transmitía una sensación de solidez y prestigio que alejaba al edificio de la imagen de un hospital austero o rudimentario.

 

La terraza para “baños de sol”: Este es un detalle técnico muy avanzado para la época. La helioterapia (el uso terapéutico de la luz solar) estaba en pleno auge en la medicina de principios del siglo XX, especialmente para tratar afecciones como la tuberculosis o simplemente para acelerar la convalecencia. Integrar una terraza diseñada específicamente para este fin sobre el pórtico demuestra que el proyecto estaba a la vanguardia científica.

 

 

La descripción del “hall sobriamente decorado en estilo español” nos traslada a la atmósfera de los hoteles de gran lujo de la época (como el María Cristina o el antiguo Hotel Continental). El uso de “vidrieras artísticas” y una decoración sobria buscaba tranquilizar al visitante. Se quería evitar que el paciente o el familiar se sintieran abrumados al entrar; el diseño estaba pensado para que la clínica fuera un espacio de distinción y calma.

 

 

 

Tecnología diagnóstica y terapéutica:

 

Rayos X: La radiología era una tecnología relativamente reciente en el ámbito clínico privado, y contar con una sala dedicada marcaba un nivel superior de diagnóstico.

 

Diatermia: Era una terapia revolucionaria en los años 20, utilizada para producir calor profundo en los tejidos mediante corrientes eléctricas de alta frecuencia, considerada muy efectiva para dolencias musculares y articulares.

 

Lámpara de Cuarzo: Hacía referencia a las lámparas de rayos ultravioleta (tipo lámpara de Hanau), muy populares en la época para el tratamiento de diversas patologías, incluyendo el raquitismo, enfermedades cutáneas y para fortalecer a los convalecientes.

 

 

Protocolo quirúrgico y ética del paciente:

 

División entre salas “sépticas” y “asépticas”: Esta separación era el estándar de oro de la cirugía moderna de principios de siglo para evitar la contaminación cruzada y las infecciones hospitalarias, un problema que causaba alta mortalidad en la época.

 

La sala de anestesia separada: Este es el detalle más humano y revelador del texto. El hecho de preparar una sala específica para la anestesia, aislada visualmente del quirófano, demuestra una sensibilidad psicológica hacia el paciente poco habitual en la medicina de aquel entonces.

 

El objetivo, según el texto, era evitar el impacto visual "siempre un poco temible" del instrumental quirúrgico antes de perder el conocimiento. Es un precursor de lo que hoy conocemos como "humanización de la asistencia sanitaria".

 

 

El hecho de destinar el piso alto casi en exclusiva a la comunidad religiosa responde a razones logísticas y de estilo de vida muy claras:

 

 

Recogimiento y privacidad: Ubicar a la Comunidad de las Religiosas Carmelitas Terciarias en la planta superior les proporcionaba un espacio privado, separado del bullicio de las visitas sociales del hall, de la zona de administración y del ajetreo médico de los quirófanos.

 

Al residir en el mismo edificio en el que trabajaban, la clínica se aseguraba una cobertura de cuidados y vigilancia las 24 horas del día, algo vital para el prestigio de un centro donde las convalecencias solían ser largas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El cierre de la Clínica San Antonio en 1984 marcó el fin de una etapa asistencial privada en la ciudad. La rehabilitación iniciada en 1989 fue fundamental para adaptar una infraestructura hospitalaria antigua a las necesidades administrativas y técnicas de un centro especializado en seguridad laboral.

 

 

Al convertirse en un Organismo Autónomo, OSALAN dejó de ser una entidad centrada exclusivamente en la inspección básica para adoptar un enfoque integral de prevención de riesgos laborales, formación, asesoramiento técnico y promoción de la salud en el entorno de trabajo.

 

 

 

 

 

 

 

 

Bibliografía

Clínica Operatoria San Antonio. Eguía. San Sebastián 1928. Manuel Solórzano Sánchez. Publicado el lunes día 28 de septiembre de 2020

https://enfeps.blogspot.com/2020/09/clinica-operatoria-san-antonio-en-san.html

 

Basado en la obra de investigación de Manuel Solórzano Sánchez, Graduado en Enfermería.

 

Obra: Clínica San José de San Sebastián 1922

 

Fotografías: Archivo personal de Manuel Solórzano. Fotos recreadas por Gemini

 

Diseño visual inspirado en la estética del Manga Histórico

 

Enciclopedia Wikipedia

Manuel Solórzano Sánchez. Grado en Enfermería

https://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Sol%C3%B3rzano_S%C3%A1nchez

Día 20 de octubre de 2022, jueves

 

Entziklopedia Wikipedia en Euskera

Manuel Solórzano Sánchez. Erizaintzako Gradua

https://eu.wikipedia.org/wiki/Manuel_Sol%C3%B3rzano_S%C3%A1nchez#Ibilbidea

Día 27 de octubre de 2022, jueves

 

La Voz de Enfermería en la Enciclopedia Auñamendi

Jesús Rubio Pilarte y Manuel Solórzano Sánchez

Primera parte: http://www.euskomedia.org/aunamendi/39190

Segunda parte: http://www.euskomedia.org/aunamendi/39190/132780

 

 

 

Manuel Solórzano Sánchez

Graduado en Enfermería. Enfermero Jubilado

Insignia de Oro de la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica 2010. SEEOF

Premio a la Difusión y Comunicación Enfermera del Colegio de Enfermería de Gipuzkoa 2010

Director y Miembro del Blog de Historia de Enfermería “Enfermería Avanza”

Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería

Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería

Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.

Académico de número de la Academia de Ciencias de Enfermería de Bizkaia – Bizkaiko Erizaintza Zientzien Akademia. ACEB – BEZA

Comisión de Historia de la Enfermería del Colegio Oficial de Enfermería de Gipuzkoa / Gipuzkoako Erizaintza Elkargo Ofiziala

Insignia de Oro del Colegio Oficial de Enfermería de Gipuzkoa. Años 2019 y 2022

Sello de Correos de Ficción. 21 de julio de 2020 y 31 de diciembre de 2022

Premio a la Visibilización de la ACEB. 15 de mayo de 2024. Deusto Bilbao

Amigo de Número de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País. 7 de marzo de 2026. (RSBAP)

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