Antecedentes
de la Cruz Roja. El Dispensario Médico de Santa
Isabel
La formación
profesional y reglada de las Damas Enfermeras de la Cruz Roja se instauró, a
principios del siglo XX, gracias al interés personal de la Reina María
Cristina.

Foto 1 Dispensario de
Santa Isabel de San Sebastián. Imagen recreada por IA
Existía un precedente
en San Sebastián, en la creación del Dispensario Médico de Santa Isabel
gratuito para los pobres de San Sebastián fundado, en el año 1909, por los
médicos franceses Carlos Vic, Michel Leremboure y Augusto
Harriet.
Este dispensario de caridad disponía de un cuadro de médicos especialistas y un
amplio grupo de damas aristocráticas que se formaron como enfermeras
voluntarias recibiendo clases teóricas y prácticas rotando por las diferentes
especialidades, realizando curas y vendajes, aplicaciones de inyectables, etc.
Se formaron por la proximidad, siguiendo el programa de las Damas Enfermeras de
la Cruz Roja Francesa (1).
La Reina María Cristina
visitó varias veces este dispensario para pobres, durante sus veraneos en la
ciudad de San Sebastián y, entusiasmada con la idea, decidió crear una red de
hospitales-dispensarios en los que formar y crear las Escuelas para las Damas
Enfermeras de la Cruz Roja Española, la cual comenzó a funcionar en el año 1917
a 1918.
Este proyecto de las
Escuelas de Enfermeras de la Cruz Roja, se inició en San Sebastián y en poco
tiempo se extendió por todas las ciudades españolas, impulsadas por el
entusiasmo de la Reina María Cristina y sus colaboradoras, entre ellas Carmen
Angoloti y Mesa, Duquesa de la Victoria.
En 1909 la ya endémica
guerra de Marruecos adquirió mayor virulencia y el nombre del Gurugú se hizo
famoso en toda la geografía española, así como los actos de heroísmo que en
aquella acción se registraron. Fue entonces cuando algunas señoras y señoritas
de San Sebastián quisieron ayudar a los médicos militares en sus tareas. Pero
no tenían ningún conocimiento sanitario, ninguna noción del papel de las
enfermeras y, entonces, surgió la idea de reunir a aquellas señoras, que tan
buena voluntad de ayuda mostraban, instruirlas y aprovechar la oportunidad para
crear en la ciudad un centro gratuito de consultas médicas (1).

Foto 2 Escuela de Enfermeras Dispensario de Santa Isabel de San
Sebastián. Imagen recreada por IA
La carencia en la
ciudad de un grupo o cuerpo de señoritas enfermeras como el de Vic conocía
allende el Bidasoa, formadas según las normas establecidas por la Cruz Roja
Internacional, siguiendo los programas de las enfermeras de la Cruz Roja
Francesa. Durante varios meses, se impartieron cursos de mañana y tarde y
cuando se creyó que aquel grupo de señoras y señoritas estaban capacitadas, se
fue a la creación de un dispensario médico a beneficio de los enfermos pobres
de la ciudad.
Le impulsó a crear una
pequeña escuela alquilando un local en la Plaza Easo esquina con el número 27
de la calle Larramendi, el local era pequeño y fue ampliado más tarde, para que
dichas enfermeras practicasen en un Dispensario gratuito para los necesitados.
Siempre contó con la valiosa colaboración de las Madres Dominicas, cuya
superiora era la Madre Mauricia, que prestó toda clase de ayudas, pudiendo
contar con todo el material médico y quirúrgico desde el sábado 11 de junio de
1910.
Estas enfermeras se
formaron a partir del programa de las Damas Enfermeras de la Cruz Roja francesa,
precisando para ello: ser súbdita española, mayor de diecisiete años y
pertenecer como asociada a la institución.
La Dama enfermera antes
de decidirse a serlo ha de reflexionar seriamente, ya que su misión será muy
difícil. Necesita unos conocimientos sólidos, teóricos y prácticos, piadosa
abnegación, espíritu de severa disciplina, cristiano amor al prójimo, dulzura
atrayente y paciencia ejemplar e inagotable con los enfermos y que vale más no
ser enfermera que serlo sólo de nombre.

Foto 3 Escuela de
Enfermeras Dispensario de Santa Isabel de San Sebastián. Imagen recreada por IA
La mujer posee
cualidades que le dan el privilegio de endulzar los dolores y pone su corazón
fácilmente de acuerdo con la razón cuando desea consagrarse al cuidado de los
enfermos. Desde luego ha de reconocer la necesidad de someterse en el Hospital
o Dispensario a una rigurosa disciplina en tiempos de guerra y de una buena
organización en el Dispensario en tiempo de paz.
La experiencia de
Pasteur ha demostrado que los peligros por los que durante tanto tiempo han
pasado los heridos y operados podían evitarse. Entre las reformas impuestas por
esta experiencia, figura en primer lugar la enseñanza del personal que está al
servicio de los hospitales y dispensarios.
La asistencia perfecta
de nuestros enfermos, heridos u operados solo puede obtenerse si en el lugar
que ocupen todo está subordinado a la realización absoluta de la asepsia y
antisepsia. Para ello es indispensable contar con enfermeras suficientemente instruidas,
bien acostumbradas y penetradas de sus deberes.
De aquí la razón de
nuestros Dispensarios – Escuelas; la enseñanza que en ellos se recibe, la
disciplina que se impone, tienen por objeto principal asegurar en absoluto la
destrucción de los gérmenes mórbidos en el material de curas y del
instrumental, es decir su perfecta esterilización; procurar de una manera
indudable su conservación en estado estéril, acostumbrase a tomar tanto con los
enfermos como consigo misma, y con las personas que las rodeen el conjunto de
precauciones rigurosas que impiden transmitir o inocular los agentes
contaminantes.

Foto 4 Consultorio del
doctor Carlos Vic y Damas Enfermeras aristocráticas de San Sebastián
La Dama enfermera
cuando está bien instruida, colabora de la manera más útil al trabajo de los
médicos y cirujanos, siendo ella la que ha de responder de la perfección y
seguridad del material de curas y muy especialmente en las salas de operaciones
donde su papel es más indispensable aún.
La Dama enfermera ha de
saber cómo se prepara todo el material de curas y como se ejecutan estas, estar
familiarizada con todos los detalles técnicos. Es necesario, también, que esté
plenamente convencida que, en la manera de hacer o colocar un vendaje, estriba
el que se eviten accidentes locales, como dolores, hemorragias y complicaciones
infecciosas.
Ha de estar convencida
de que en muchas ocasiones la vida o curación de un herido es obra de los
primeros cuidados que ella pudo darle. Cohibir una hemorragia, evitar graves
complicaciones y tal vez salvar miembros, depende de un vendaje bien hecho.
El papel de los
Dispensarios – Escuelas es, pues, importantísimo. En ellos ha de formarse la
enfermera y para conseguirlo se impone que a las órdenes del Director haya,
constantemente una Superiora Diplomada, la cual se encargará de la vigilancia
sin intermitencias de las Damas alumnas repitiéndoles las lecciones teóricas
que reciban del profesor y vigilando las curas que hagan a los enfermos, la
esterilización del instrumental y material de curas, lo cual harán las alumnas
por turnos hasta quedar bien instruidas.

Foto 5 Grupo de Damas
Enfermeras de la Cruz Roja, Practicantes y Médicos con la religiosa dominica
Superiora Madre Mauricia en las nuevas dependencias del Dispensario Santa
Isabel. Fotografía publicada en la Revista Azul de San Sebastián en 1925
En resumen:
La Dama enfermera y
todo el personal auxiliar, deben tener una enseñanza sabiamente adecuada y
uniforme para lo cual precisa de un modo absoluto, que aquellas personas que
estén encargadas de ayudar al médico en la instrucción de las Damas y
Enfermeras profesionales, estén formadas en un plan único también, y bajo la
vigilancia de un personal médico competente y penetrado de esta importancia (1).
Sanatorio San Ignacio de Alza 1898
Entre los finales del
siglo XIX y principios del XX, en la Cruz Roja Española se producen sucesivas
reformas que dan pie a una Cruz Roja más operativa. Así, en 1898 se lleva a
cabo en Tudela (Navarra) el primer ensayo de movilización general de Cruz Roja
Española y dos años más tarde se crea la Asamblea Suprema como órgano rector,
cuyo primer presidente y Comisario Regio sería el general Polavieja (2).
De 1896 a 1900 se le
encomendaría a esta Institución la repatriación de los soldados españoles que
habían combatido en Cuba y Filipinas, en cuya misión cumplió un papel ejemplar.
En 1876 los
Practicantes de la Cruz Roja de San Sebastián eran Antonio Egaña Areizaga y Antonio
Ayestarán,
Vicepresidente 3º de la Comisión Provincial de Guipúzcoa editado 31 de julio de
1897 (2).

Foto 6 Sala del
Sanatorio San Ignacio de Alza de 1898. Imagen recreada por IA
La Cruz Roja se
constituye en San Sebastián el 20 de octubre de 1893, en aquellas fechas las
colonias españolas luchan por su independencia, que la consiguen después de
pasar por grandes calamidades, derivadas de las guerras (2).
Vuelven a la patria los
militares, heridos y enfermos por las necesidades que han padecido, por heridas
de guerra y por epidemias. Cargados de estos dolores vienen estos soldados que
un día marcharon a Cuba y Filipinas, deseosos de sanar o de morir en su tierra
con los suyos.
Llegan a San Sebastián
en el mes de septiembre de 1898, y es necesario abrir un Hospital y además
hacen falta muchas manos para atenderlos. En San Sebastián se había constituido
el día 14 del mes de julio la Junta de Damas de la Cruz Roja, y a ellas se les
pidió ayuda para este menester.
El Sanatorio Hospital
se organiza en las dependencias de la fábrica que poseían los señores
Marticorena de Alza, cobrando 2.000 pesetas para veinte meses de arrendamiento
y se denomina “Sanatorio San Ignacio” en recuerdo del santo
patrón de Guipúzcoa, San Ignacio de Loyola (2).

Foto 7 Sala del
Sanatorio San Ignacio de Alza de 1898. Imagen recreada por IA
Este Sanatorio que
poseía 25 camas, alojó hasta 43 soldados en camas y hamacas desde el día que se
habilitaron las habitaciones; el martes 13 de septiembre de 1898, inaugurándose
el jueves día 15 de septiembre de 1898. El impulso de toda esta organización y
de conseguir el espacio necesario para la creación de este Sanatorio fue
encomendada a la Hija de la Caridad Sor Ignacia Alberdi, dicha comunidad de religiosas estaba ubicada en
la Cárcel de San Sebastián en Ondarreta. Dicha religiosa trabajó afanosamente
con la Junta de Señoras de la Cruz Roja de San Sebastián y con un practicante Antonio
Ayestarán,
para la realización de las curas e inyecciones para los soldados heridos y
enfermos y prestar todos los servicios de su profesión. Contaban también con el
médico donostiarra Sabino Ucelayeta Mendizábal presidente de la Cruz
Roja de Guipúzcoa. Las presidentas de la Junta de Damas eran Concha Gaytan
de Ayala y Eladia Altube
de Luzunariz.
Los farmacéuticos Nazabal, padre de Sor Susana Nazabal que también trabajó en
el Sanatorio y Fernández Velasco enviaron como donativo
los medicamentos necesarios para el Sanatorio (2).
El 2 de enero de 1899, tras la clausura del Sanatorio San Ignacio una vez finalizada la
contienda, la Madre Superiora de las Hijas de la Caridad —congregación a cargo
de la cárcel de Ondarreta en San Sebastián— solicitó el retorno de las hermanas
que habían sido cedidas como refuerzo sanitario. Con su misión concluida, las
religiosas se reintegraron a su destino original en el penal. Por su parte, los
soldados heridos y enfermos que aún no habían recibido el alta fueron
trasladados al Hospital Civil San Antonio Abad o de Manteo, en el barrio de Gros,
donde la Cruz Roja se hizo cargo de su alimentación y cuidados médicos (2).

Foto 8. Hospital San
Antonio Abad, u Hospital Civil o de Manteo. 1886. Foto: Cristina López Alonso
La Cruz Roja con los
enfermos y heridos repatriados ante el cierre del Sanatorio San Ignacio “crean
un piso en la calle Legazpi” de San Sebastián, donde han socorrido a 74
personas, han comprado 23 trajes de abrigo, 35 mudas enteras, 5 bufandas, 5
trajes, 18 kilos de pan, 25 kilos de carne y 24 litros de leche.
El 22 de marzo de 1899
acuerdan vender todos los enseres del Sanatorio San Ignacio. Muchos de ellos
fueron cedidos a otros establecimientos y el resto se vendió. Decidiendo
también regalar un obsequio a las Hermanas de la Caridad (2).
Hospital de la Cruz Roja y Escuela de Damas Enfermeras
El recrudecimiento
periódico de las campañas en la Guerra de África impulsó una profunda
reorganización de la Cruz Roja Española. En este contexto, uno de los mayores
anhelos de la Reina Doña María Cristina fue la creación de un pequeño hospital que
funcionara, a su vez, como Escuela de Damas Enfermeras. Como presidenta de la
institución en San Sebastián y plenamente dedicada a su labor, la soberana
comprendía que era imposible consolidar un cuerpo de profesionales bien
instruidas sin un centro propio donde centralizar su formación y prácticas (3).

Foto 9 Clínica Hospital
Villa María Cristina, 1918
Tras consultar al
doctor Luis Egaña —a quien ya conocía por sus servicios médicos a sus nietos en Palacio— y
con el respaldo de la Junta de Damas, Doña María Cristina se propuso hallar un
local adecuado cerca de la ciudad. El objetivo era ambicioso: instalar una
clínica que albergara también un dispensario de asistencia gratuita para las
clases desfavorecidas. En un gesto de generosidad hacia el pueblo donostiarra,
Su Majestad adquirió con su propio patrimonio un chalé en el barrio del
Antiguo, al que llamó “Clínica María Cristina”, cuya reforma
integral encargó al arquitecto Luis Elizalde.
El Hospital María
Cristina es Escuela de Damas Enfermeras de la Cruz Roja de San Sebastián.
Consta de una Clínica operatoria con diez camas y un Consultorio – Dispensario
donde se verifican consultas en número ilimitado.
Fue fundado por S. M.
la Reina Doña María Cristina con objeto de que las Damas Enfermeras que
hubieran obtenido el título de aptitud para el cargo pudieran hacer prácticas
constantemente y que el día en que, por su misión, fuesen llamadas a prestar
servicios a la Patria y a la humanidad, no fueran enfermeras solamente de
nombre.
Se ha limitado a diez
el número de camas por ser estas suficientes para el fin que se persigue y
porque dad la carestía de la vida, no era prudente comprometerse a sostener
mayor número sin contar con recursos fijos.
En cambio, el servicio
de Consultorio-Dispensario es ilimitado por considerar que en él es donde más
práctica adquieren las Damas Enfermeras y porque su sostenimiento es menos
costoso que el de la Clínica.

Foto 10 Primeras
enfermeras de la Clínica María Cristina de la Cruz Roja
De acuerdo con los
Estatutos de la Cruz Roja Española de 1917, modificados por S.M. la Reina, el
artículo 4 otorgaba a la Sección de Señoras la competencia para organizar e
instruir un Cuerpo de Damas Enfermeras. Este mandato se ajustaba a las
necesidades del plan general y contemplaba la creación de hospitales destinados
a la enseñanza del personal o, en su defecto, el aprovechamiento de
establecimientos ya existentes (3).
La Junta de Damas
de la Cruz Roja de San Sebastián, nombrada por la reina María Cristina, estaba
integrada por las siguientes señoras:
Presidenta: S. M. la
Reina María Cristina.
Vicepresidenta:
Excelentísima Señora Inés de Brunetti.
Secretaria: Señorita
Pilar Jordán de Urries.
Tesorera: Señora Teresa
Barcáiztegui. Viuda de Zappino.
Vocal: Señora
Concepción de B., Viuda de Gaytán de Ayala.
Vocal: Señora Eladia
Luzunáriz de Altube.
Vocal: Señora Eugenia
Luzunáriz de Moyúa.
Vocal: Señora María
Lizarriturry de Elósegui.
Vocal: Señora Eugenia
Petit de Meurville de Satrústegui.
Vocal: Señora Casilda
de Alzaga y Emparan, Marquesa Viuda de Rocaverde.
Vocal: Señora Maria
Josefa de Areizaga e Irusta, Condesa Viuda de Peñaflorida.
Vocal: Señora María
Ortega de Pradera.
Vocal: Señora María
Londáiz de Gaytán de Ayala.
Vocal: Señora Luisa
Lizarriturry de Rezola.
Vocal: Señora Teresa H.
de Bermingham.
Vocal: Señora Condesa
de Torre – Múzquiz.
Vocal: Señorita Carmen
Resines Gardeazábal.
Esta junta organizó el
primer curso para Damas Enfermeras, impartido en el Hospital Civil San Antonio
Abad por los doctores Luis González Ayani y Mariano Echáuz.
Ambos eran, a su vez, profesores del Dispensario para Pobres de Santa Isabel y
basaron el programa en el modelo utilizado por la Cruz Roja Francesa (3).

Foto 11 Acto solemne
celebrado en el salón de actos del Instituto Peñaflorida (actual sede del
Centro Cultural Koldo Mitxelena), presidido por la Reina Madre María Cristina
de Habsburgo-Lorena, a las Damas Enfermeras de la Cruz Roja
El 28 de julio de 1917,
el Instituto Peñaflorida acogió las primeras pruebas para Damas Enfermeras de
la Cruz Roja. En esta sesión se evaluó teóricamente a las candidatas que ya
prestaban servicios en el Dispensario de Santa Isabel y realizaban sus prácticas
en el Hospital Civil San Antonio Abad. El tribunal calificador estuvo integrado
por un médico militar, uno de la Marina, los doctores Luis González Ayani y
Mariano Echáuz, y el inspector de la Cruz Roja, don Rafael Gordón. La entrega
de títulos, insignias y brazaletes se celebró el día de San Ignacio (3).
Los exámenes fueron presididos por S. M. la Reina
Doña María Cristina, siendo aprobados y recibiendo el brazal las señoras y
señoritas siguientes:
Victoria Amilibia, Cristina Sánchez Juárez, Mercedes
Jordán de Urríes, María Luisa Jordán de Urríes, María Juantegui, Señora Luisa
L. de Rezola, María Laffitte, Señora Luisa Ruiz de Díaz Montenegro, Consuelo
Machimbarrerna, María Luisa Martínez de Aguiar y Pedroso, Blanca Martínez
Molins, Clara Pardiñas, Señora de Ochoa, Ana Oliva, Rosa Orbegozo, Señora de
Tejada y Señora de Zala.

Foto 12 El salón de actos del antiguo Instituto
Peñaflorida —espacio que hoy late como el Centro Cultural Koldo Mitxelena— se
vistió de gala para un acontecimiento sin precedentes. Bajo la augusta
presidencia de la Reina Madre, María Cristina de Habsburgo-Lorena, se celebró
el acto solemne de la primera promoción de las Damas Enfermeras de la Cruz
Roja. Aquel encuentro no solo simbolizó el compromiso de la aristocracia con la
asistencia sanitaria, sino que consolidó a San Sebastián como el epicentro de
la vanguardia social y humanitaria de la España de principios de siglo
En un anuncio publicado por La Voz de
Guipúzcoa de San Sebastián, con fecha de 16 de noviembre de 1917, se
convocaba al nuevo curso para Damas Enfermeras de la Cruz Roja en el Hospital
Civil San Antonio Abad. El texto rezaba lo siguiente:
“Cruz Roja. El primes lunes del próximo mes de
diciembre, darán comienzo los cursos teóricos para enfermeras de la Cruz Roja,
en el Hospital Civil San Antonio Abad de esta ciudad, bajo la dirección de los
señores doctores de este benéfico establecimiento.
A las señoras y señoritas que deseen ser
enfermeras, se les ruega tengan a bien inscribirse a la mayor brevedad, en el
domicilio de la secretaria, señorita Pilar Jordán de Urries, en la calle Prim
número 14 de San Sebastián”.
S.M. la Reina María Cristina sostenía que, en
tiempos de paz, los hospitales de la Cruz Roja debían servir a la población
general como dispensarios de caridad. En caso de conflicto bélico, estos
centros garantizarían una atención moderna y actualizada para los militares
heridos o enfermos. Además, concebía estas instituciones como una escuela
permanente para la formación práctica, tanto de enfermeras profesionales como
de Damas Enfermeras voluntarias (3).
Bajo la presidencia de S.M. la Reina Doña María
Cristina, el 5 de agosto de 1918 se celebraron los exámenes de la segunda
promoción de Damas Enfermeras de la Cruz Roja en San Sebastián. El curso fue
impartido por el doctor Modesto Huici, quien contó con la colaboración
de los doctores Luis González Ayani y Mariano Echauz.
Fueron aprobadas y recibieron el brazal las
señoras y señoritas siguientes: Señora Concepción Mercader de Espada, María
Londáiz de la Quintana, María Belén Machimbarrena, Dolores de la Peña, Carmen
Merry del Val, Señora Asunción Resines de Arancibia y Carmen Resines.

Foto 13 S.M. la Reina Doña María Cristina junto a
la segunda promoción de Damas Enfermeras de la Cruz Roja. La imagen fue captada
en el patio de la Clínica María Cristina el 5 de agosto de 1918
En octubre del mismo año pudo S. M. la Reina Doña
María Cristina inaugurar su Hospital, que iba a funcionar bajo la dirección de
los doctores Luis Egaña y Modesto Huici. Fue nombrado médico de
guardia el doctor José Goiburu.
El 27 de noviembre de
1918, previa bendición del edificio y la entronización del Sagrado Corazón de
Jesús, S.M. la Reina inauguró el Hospital “Clínica María Cristina” en San Sebastián (3).
Teniendo lugar la primera operación el 28 de
noviembre de 1918 y fue verificada por el doctor Luis Egaña.
Durante el año 1920 siguió el Hospital
funcionando con la misma regularidad de siempre, esforzándose los doctores en
dar enseñanzas teóricas y prácticas que las Damas Enfermeras aprovechaban con
todo celo y entusiasmo.
Queriendo dar mayor impulso a los trabajos de
este Centro, el doctor Luis Egaña presentó a S. M. la Reina Doña María
Cristina un grupo de doctores que, desinteresadamente, se ofrecían a formar
la Policlínica del mismo y que en la actualidad siguen prestando sus valiosos
servicios, en bien del Hospital, de las Damas Enfermeras y de la humanidad
doliente.
Se hizo presente a la Junta la necesidad de
ampliar la sala de operaciones y la sala de curas, pues el número de enfermos
que acudía al Dispensario era cada vez mayor y también muy numerosas las Damas
Enfermeras que asistían a las operaciones. En consecuencia, se decidió una
pequeña reforma, quedando con ella el Hospital muy bien dispuesto para las
necesidades antes citadas. Se instaló calefacción por agua caliente para la
sala de operaciones y la sala de curas (3).

Foto 14 De izquierda a
derecha: Damas de la Cruz Roja Paulita Echeverría, Carlos Doussinague, Luis
Arcaute, Tía Baldomera, Concha Zavala, Ambrosia Arriola. Sentada: La Reina Doña
María Cristina, Juanita Tuduri, Hna. de Paulita Echeberría, Justa Echaniz,
Marichu Elósegui. Atrás: Tere Bandrés, Pochiqui, Laborde, Florita Doussinague.
Carte Postale: Jaime y Cía, Calle Miramar nº 3, San Sebastián. 19 de enero de
1919
La Junta de Damas
acordó distribuir raciones anuales de aceite de hígado de bacalao entre los
niños del barrio durante tres meses. Aunque la iniciativa fue bien recibida
desde el principio, el tiempo confirmó su éxito rotundo: actualmente se
reparten más de 400 raciones diarias. Los beneficios son evidentes, pues los
niños muestran una notable mejoría en su peso y desarrollo. Esta labor es
posible gracias a la colaboración de voluntarias que, de manera altruista, se
encargan personalmente de la distribución (3).
El curso del año de 1920 estuvo a cargo del
doctor Luis Ayestarán, examinándose y obteniendo el brazal las señoras
siguientes: Sor Concepción Aguilar, Sor Juana Lapeira, Felisa Celaya, Carmen
Escolar, Señora Condesa de Fuentecilla, Señora María Paz Montoya de Lamuela, Milagros
Jordán y Carmen Masdeu.
Tras los trágicos sucesos de Marruecos en 1921,
la Reina Doña María Cristina, decidida a que su hospital fuera de los primeros
en atender a los soldados heridos en África, dispuso la militarización y
ampliación del centro. Secundada con entusiasmo por la Junta, en pocos días se
instaló un nuevo pabellón anexo en la Villa Chillardegui. Dicha finca
fue cedida a la Reina por sus propietarios, los señores de Iturria, y por los
señores de Gurruchaga, que la ocupaban en aquel momento.

Foto 15 Hija de la
Caridad y Damas Enfermeras de la Cruz Roja en el Hospital Txillardegi con los
soldados heridos, 1921
Tal como estipula el
reglamento para tiempos de guerra, los hospitales de la Cruz Roja deben ser
militarizados. En cumplimiento de esta norma, el doctor Justo Díez Tortosa fue
nombrado director militar, compartiendo el mando del centro con el doctor Luis
Egaña, cirujano de la Cruz Roja.
A finales de año,
mientras el paludismo causaba estragos entre las tropas en África, se apeló de
nuevo a la Junta de Damas de San Sebastián. Se les solicitó ampliar sus
instalaciones hospitalarias con el fin de acoger a un centenar de nuevos
enfermos.
El curso de 1921 estuvo
a cargo del doctor José Goiburu. Se examinaron y
recibieron el brazal las Hermanas de la Caridad y las señoras y señoritas
siguientes: Sor Pilar Romeo, Sor Amparo, Sor Micaela, Sor Máxima, Sor María, Señora
Luisa Artola de Martínez, Señorita Mercedes Camps, Señorita Amparo Lassala, Señorita
Luisa Martínez Artola, Señorita Juana Martínez Artola, Señora de Merino, Señorita
de Merino y Señora de Rodríguez Arias.
A partir de 1918, la
ciudad de San Sebastián contó con dos Escuelas de Damas Enfermeras: Escuela de Enfermeras del
Dispensario Santa Isabel, que
seguía el programa de la Cruz Roja Francesa introducido por facultativos
formados en dicha escuela, y la Escuela de Damas Enfermeras María Cristina, que se regía por el programa oficial de la Cruz
Roja Española.
A pesar de su carácter
pionero en España, este dispensario no recibió el reconocimiento institucional
que merecía. El centro mantuvo su actividad hasta 1960, coincidiendo con el
fallecimiento de su director, Augusto Harriet. Durante décadas, fue sostenido
por el compromiso de prestigiosos especialistas locales y por la entrega de
numerosas Damas Enfermeras, cuya labor vocacional fue clave para el cuidado y
bienestar de la población.
El Dispensario de Santa
Isabel clausuró sus instalaciones en 1960, coincidiendo con la inauguración de
la Residencia Sanitaria Nuestra Señora de Aránzazu —perteneciente al Seguro de
Enfermedad— y del Hospital Provincial de la Diputación de Guipúzcoa. La puesta
en marcha de estos modernos complejos hospitalarios provocó que la antigua
clínica perdiera su vigencia y razón de ser en el nuevo mapa sanitario.

Foto 16 Damas
Enfermeras e Hija de la Caridad con los soldados enfermos en el Palacio de
Miramar de San Sebastián, convertido en Hospital Militar. 1921
El Cuerpo de Damas
Enfermeras de la Cruz Roja, integrado en su mayoría por mujeres de la alta
sociedad, desempeñó una labor crucial que salvó cientos de vidas tanto en la
Guerra de Marruecos como en territorio nacional. Estas mujeres dedicaron gran
parte de su existencia —a menudo de forma altruista— a una misión puramente
vocacional. Lejos de ser una labor superficial, muchas alcanzaron un alto nivel
profesional gracias a una formación integral. Si bien inicialmente se emplearon
manuales de la Cruz Roja francesa, pronto se desarrollaron textos propios en
San Sebastián, como el Consultor de la dama enfermera. Su capacitación constaba
de cursos de dos años que combinaban semestres de teoría con rotaciones
prácticas en hospitales, dispensarios, laboratorios y farmacias.
Llegada de los
primeros heridos
El 9 de febrero de 1922, el hospital tuvo el
honor de recibir la visita de S. M. el Rey, quien acudió acompañado por el
Duque de Miranda. A su llegada, fue recibido por las autoridades, la Junta de
Señoras, la comunidad de religiosas, las Damas Enfermeras y los doctores Luis Egaña,
Justo Díez Tortosa, Luis Ayestarán y José Goiburu. Durante su recorrido por las
instalaciones, el monarca se detuvo ante cada cama, dedicando palabras de
aliento y bondad a aquellos valientes muchachos que convalecían en el centro.

Foto 17 Damas Enfermeras de la Cruz Roja y
médicos en los jardines del Palacio de Miramar convertido en Hospital Militar,
1922
El 22 de septiembre, tras la llegada de dos
oficiales del Regimiento de Ingenieros, arribó una expedición de soldados
heridos. S. M. la Reina Doña María Cristina acudió personalmente a la Estación
del Norte para recibirlos, llegando incluso a trasladar a dos de ellos en su
propio automóvil. El traslado de los soldados heridos al hospital se realizó
con ejemplar orden en vehículos cedidos por particulares, mientras que los
Caballeros de la Cruz Roja, encabezados por su presidente el señor Pavía,
ejercieron de camilleros
En la Villa Chillardegui aguardaban los
facultativos, los miembros de la Junta, las religiosas y las damas enfermeras.
Cada uno, desde su cometido, se esmeró en demostrar a aquellos valientes que
habían defendido la Patria que en el Hospital de la Cruz Roja hallarían el
afecto y los cuidados necesarios para mitigar sus sufrimientos.
Las autoridades civiles y militares, que habían
escoltado a la expedición desde la Estación del Norte, presenciaron la
instalación de los soldados heridos y sus primeras curas. Apenas dos horas
después de su llegada a San Sebastián, aquellos valientes soldados, cuya
recuperación se nos había encomendado, descansaban ya tranquilos en las
dependencias de Chillardegui.
Bajo la dirección del
doctor Luis Egaña, el hospital se rige por la Junta de Hospital constituida el 22 de
febrero de 1922. S.M. la Reina Doña María Cristina, en su calidad de Presidenta, delega sus
funciones en la señorita Inés de Brunetti y en la Marquesa de Caviedes.
Completan este cuadro directivo Sor Pilar Romeo como superiora, la señorita
Carmen Resines en la tesorería y la señorita Pilar Jordán de Urries como
secretaria.

Foto 18 En 1922, S.M.
la Reina Doña María Cristina acudió personalmente a la Estación del Norte para
recibir a los soldados heridos, llegando al extremo de trasladar a dos de ellos
en su propio automóvil. En el Palacio de Miramar, la comitiva fue recibida por
las Damas Enfermeras de la Cruz Roja y los doctores Luis Egaña, Modesto Huici y
Luis Ayestarán
Las Damas Enfermeras y las Hermanas de la Caridad
compartían con esmero el cuidado de los enfermos. Los servicios se organizaron
de tal modo que la presencia de las voluntarias fuera constante en el hospital;
allí permanecían desde las ocho de la mañana hasta las nueve de la noche,
turnándose para realizar guardias nocturnas siempre que la gravedad de los
heridos lo requería.
Con esta nueva incorporación, la Cruz Roja de San
Sebastián contaba con tres centros hospitalarios, organizados de la siguiente
manera: el Hospital-Escuela María Cristina, dedicado a la atención de
oficiales; la Villa Chillardegui, reservada para los soldados heridos en
combate; y el Palacio de Miramar, habilitado para el resto de los
enfermos.
Al frente de cada hospital, la Superiora designó
a una Hermana de la Caridad como responsable, quienes contaron con el apoyo de
otras religiosas llegadas de distintas casas para reforzar el limitado
contingente de la Cruz Roja de San Sebastián. La labor de las Hijas de la
Caridad —ejemplo de virtud y abnegación— es de sobra conocida y no necesita
elogios; sin embargo, es deber de esta Junta dejar constancia de su profundo
agradecimiento por la inestimable ayuda prestada en aquellos momentos críticos.
Las Damas Enfermeras de
la Cruz Roja organizaban su labor en ciclos de siete mañanas o siete tardes
consecutivas, seguidos de una semana de descanso. El turno matutino se extendía
de 8:00 a 13:00, mientras que el vespertino cubría de 15:00 a 21:00. Ante la
falta de personal para atender simultáneamente los tres centros, se aceptó el
generoso ofrecimiento de distinguidas damas locales. Estas voluntarias se
integraron en servicios auxiliares de alimentación, costura y planchado; una
colaboración que, en una institución con cien hospitalizados, alivió
notablemente la carga de trabajo de las enfermeras y las Hermanas de la
Caridad.

Foto 19 En las
Caballerizas del Palacio de Miramar habilitado como hospital a causa de un
brote de paludismo entre los soldados que luchaban en la guerra de África, S.M.
el Rey Don Alfonso XIII se encontraba acompañado por las Damas Enfermeras de la
Cruz Roja y los doctores Luis Egaña, Modesto Huici y Luis Ayestarán, 1922
El curso de 1922 estuvo también a cargo del
doctor José Goiburu, examinándose y obteniendo el brazal las señoritas
siguientes: Modesta Acha, Consuelo Acha, María Luisa y Martina Yurrita, Leonor
Guirao, Irene Ormaechea y Asunción Morazo.
Lamentablemente, no
todos los heridos lograron recuperarse. El hospital hubo de llorar la pérdida
de dos jóvenes soldados, víctimas del paludismo que agravó dolencias previas.
Ante la imposibilidad de salvar sus vidas, se facilitó la llegada de sus
padres, quienes tuvieron el consuelo de acompañarlos en sus últimas horas.
Confortados por los auxilios de la religión, entregaron su alma al Señor. Sus
restos descansan hoy en el cementerio de Polloe, en San Sebastián, en un
terreno propiedad de la Cruz Roja.
Al ser dados de alta,
cada soldado recibía como obsequio una muda completa y un donativo en metálico.
Durante su estancia, los Caballeros de la Cruz Roja los acompañaron
asiduamente, amenizando sus horas y actuando como secretarios de quienes, por
la gravedad de sus heridas o la falta de instrucción, no podían escribir por sí
mismos. En el mes de julio, la llegada de doce oficiales heridos puso a prueba
la capacidad del centro; algunos de ellos ingresaron en estado crítico,
requiriendo complejas intervenciones quirúrgicas para salvar su vida.

Foto 20 Hospital de
Sangre en el Casino de San Sebastián, hoy Ayuntamiento. De las señoritas
aristocráticas se decía: «En las salas donde triunfó la frivolidad destacó un
ambiente de humanidad», recogía la prensa tras la orden de acoger y cuidar a
los soldados heridos y enfermos de la Guerra de África»
En 1923, tras el cierre
de los hospitales de Txillardegui y el Palacio de Miramar, el centro recuperó
su actividad habitual, reanudando las consultas de clínica y dispensario. Esta
nueva etapa trajo consigo una actividad mucho más intensa y la incorporación de
especialidades de vanguardia como terapéutica física, radiología y
estomatología. Las Damas Enfermeras mantuvieron su compromiso con la misma
asiduidad, adaptando su labor a las nuevas necesidades asistenciales. Cada año,
un número creciente de señoras acude al hospital para formarse en sus aulas,
entregando su trabajo desinteresado al alivio de miles de enfermos necesitados.
El curso de 1924 contó
con el alto honor de ser presidido por la Reina Madre quien, tras finalizar el
periodo de exámenes, procedió personalmente a la imposición de insignias y
brazaletes de la Cruz Roja a las nuevas Damas Enfermeras: Ángeles
Angulo, Jacinta Alcorta, Laura Basterra, Dolores Castresana, Josefina Cogollor,
Dionisia Eizaguirre, Felisa Iturralde, María Luisa Lusarreta (Fue Jefa de
Enfermeras de la Maternidad de San Sebastián), Teresa Ormazábal, Silvina Pérez,
Concepción Querejeta y Julia Zalacaín.
En
1924, la Cruz Roja solicitó ampliar sus instalaciones para cubrir las
necesidades de la campaña de África. Tras dirigirse a la Sociedad del Gran
Casino, obtuvo la cesión de su magnífico edificio, que fue transformado en un
hospital con capacidad para trescientas camas. Así, entre 1924 y parte de 1926,
el Gran Casino funcionó como un espléndido hospital de sangre, donde se atendió
con esmero a 1.030 soldados heridos procedentes de Marruecos.

Foto
21 En la entrada del Hospital de Sangre en el Casino de San Sebastián, hoy
Ayuntamiento. Damas Enfermeras de la Cruz Roja, Hijas de la Caridad,
Practicantes y médicos atendiendo a los soldados heridos y enfermos de la
Guerra de África, 1924
Con
el cierre de las instalaciones del Casino en 1926, la Cruz Roja retomó su
actividad habitual, reanudando su labor asistencial en favor de las personas
más necesitadas.
El 30
de octubre de 1928, la Cruz Roja sufrió una irreparable pérdida con el
fallecimiento del doctor Luis Egaña, director del hospital desde su fundación y
a cuya gestión se entregó con desvelo incesante. Su recuerdo permanece
imborrable entre quienes colaboramos con él durante años y fuimos testigos de
su celo y amor por la institución. Tiempo después, la dirección del hospital
fue asumida por el reputado cirujano Leandro Martín Santos.
Tras
la decisión de la Asamblea Suprema de la Cruz Roja de erigir en esta ciudad un
hospital que cumpliera con los estándares necesarios, S.M. la Reina Doña María
Cristina cedió para su demolición el chalé que había adquirido en 1918.
Además, aportó nuevos terrenos que consideró imprescindibles para su futura
expansión, confiando el proyecto de edificación al arquitecto señor Elizalde.
El 6
de febrero de 1929, una noticia tan inesperada como luctuosa sumió en el dolor
a todo el personal del Hospital de la Cruz Roja: el fallecimiento de S.M. la
Reina Doña María Cristina, nuestra generosa fundadora y presidenta ejemplar.
Confiamos en que sus excelsas virtudes y sus incesantes desvelos por este
hospital hayan hallado su justa recompensa, mientras que, para nosotros, su
recuerdo permanecerá como un ejemplo perenne. Tras su pérdida, S.A.R. la
Infanta Doña Beatriz asumió la presidencia del Hospital de la Cruz Roja en San
Sebastián.

Foto
22 Damas Enfermeras de la Cruz Roja de San Sebastián en la terraza del Hospital
de Sangre en el Casino de San Sebastián, 1924
En
1930 culminó la construcción del nuevo hospital en la calle Matía, destinado a
brindar un inmenso servicio a la humanidad doliente a lo largo de los años. El
1 de octubre, con la asistencia de las máximas autoridades, se inauguraron
oficialmente sus dependencias, procediéndose a la bendición del centro y a la
entronización del Sagrado Corazón de Jesús.
En julio de 1936 se
desencadenaron acontecimientos que llenaron nuestra alma de un profundo pesar.
No es necesario esforzarse para recordar los detalles, pues permanecen grabados
con nitidez en nuestra memoria. Aquel periodo de dolor se prolongó hasta 1939,
cuando finalmente concluyó la Guerra Civil.
El ilustre doctor don
Carlos Elósegui, jefe del Servicio de Transfusión de Sangre de la Cruz Roja de
Madrid, se encontraba en San Sebastián cuando estalló la contienda. El mismo
día de la liberación de la ciudad, se presentó en el Hospital de la Cruz Roja
con el firme propósito de organizar un Servicio de Transfusión de Sangre. Su
objetivo era socorrer a los heridos del frente mediante una técnica de
preparación especial que permitía conservar y transportar la sangre extraída en
San Sebastián hasta el campo de batalla.

Foto 23 Inauguración
del nuevo Hospital de la Cruz Roja de San Sebastián, 1930
Cuadro Médico del Hospital de la Cruz Roja
Director.- Dr. José María Zuriarráin
Mutiozábal
Cirugía.- Huesos y articulaciones: Dr. José
María Zuriarráin Mutiozábal.
Cirugía digestivo: Dr. Leandro Martín Santos.
Cirugía general: Dr. Miguel Kutz Igarzábal.
Cirujano y médico de guardia: Dr. Mario Senra
Calvo. Ayudantes de cirugía: Drs. Manuel Quintana Carasa, Ramón Azpiroz y
Manuel Vasallo Maculet.
Neurología.-Dr. Ricardo Bueno Ituarte.
Oftalmología.-Dr. Enrique Albisua Elcoro.
Dermatología y urología.-Doctor Román
Aramburu.
Ginecología.-Dr. Agustín Uzcanga.
Odontología.-Dr. Carmelo Balda. Ayudante: Dr.
Enrique Sancho.
Laboratorio.- Doctores Luis Irizar Urcelay y
Emilio Solavarrieta Aramberri.
Enfermedades infancia y puericultura.-
Doctores Aurelio Maeso Elorrio y Alfredo Quintana Carasa.
Otorrinolaringología.- Dr. Fernando Castañeda
Odriozola.
Digestivo.- Dr. José Larrañaga.
Radiología.- Dr. Antonino Nafría.
Servicio de transfusión.- Dr. Alfredo Quintana
Carasa.
Practicante Martín Galparsoro
Finalizada la
contienda, el hospital recuperó su actividad habitual, registrando en los
últimos años un incremento notable en su labor asistencial, tal como se detalla
en el resumen al pie de esta Memoria. Desde 1939, la formación de enfermeras
estuvo bajo la dirección de los doctores José María Zuriarráin y Miguel Kutz. Al concluir el último
curso, lamentamos profundamente el fallecimiento del doctor Kutz, profesional
sumamente querido por todos. En cuanto a la labor docente, entre 1940 y 1943 se
incorporaron un total de 98 nuevas enfermeras, distribuidas en promociones
anuales de 25, 24, 19 y 30 tituladas, respectivamente (3).

Foto 24 Damas
Enfermeras de la Cruz Roja de San Sebastián, 1927
La labor de esta
benemérita institución no habría sido posible sin el sacrificio constante de
las damas enfermeras, voluntarias y auxiliares; la abnegación ilimitada de las
Hijas de la Caridad, y la noble entrega de quienes pusieron su ciencia al
servicio del desvalido. A ellos se suman las instituciones provinciales y
municipales, las Cajas de Ahorro, la industria, el comercio y el vecindario
entero. Toda esa generosidad no fue en vano: gracias a ella, muchos recobraron
la salud, el sustento para sus hijos y el bienestar de sus hogares, devolviendo
así la dicha a sus familias (3).
Las aspirantes a damas
enfermeras continuaron acudiendo con la asiduidad y entrega habituales, bajo la
preparación del director médico. De su excelente formación puede dar fe el
doctor Manuel Celaya Cendoya, quien, en su calidad de jefe local de Sanidad, formó parte del tribunal
examinador en los cursos de 1934 y 1935. Dicho tribunal estuvo presidido por el
doctor Leandro Martín Santos y compuesto por los doctores Miguel Kutz, Federico Muguruza, Ramón
Castañeda y Benigno Oreja.
El hospital de la Cruz
Roja, tal como se conoció durante décadas, cerró sus puertas el 27 de abril de 2001 para iniciar una profunda transformación. Tras
una remodelación integral realizada entre 2002 y 2003, el centro —ubicado en el
barrio del Antiguo— reabrió sus puertas reconvertido en un Centro
Sociosanitario. Actualmente, funciona en concierto con la Diputación Foral de
Gipuzkoa, especializado en la atención de media y larga estancia (3).

Foto 25 Escuela de Damas Enfermeras de la Cruz Roja en San
Sebastián, 1917. Imagen recreada por IA
Bibliografía
1.- Dispensario de Santa
Isabel de San Sebastián. Manuel Solórzano Sánchez. Publicado en la semana
del 19-29 de marzo de 2003
http://www.euskonews.com/0235zbk/gaia23504es.html
1 a.-.
Dispensario Médico de Santa Isabel Gratuito para los Pobres de San Sebastián
1909. Manuel Solórzano Sánchez. Publicado el domingo día 4 de
diciembre de 2022
https://enfeps.blogspot.com/2022/12/dispensario-medico-de-santa-isabel.html
2.- Sanatorio San Ignacio de Alza, 1898.
Perteneciente a la Cruz Roja de Guipúzcoa. Manuel Solórzano Sánchez. Publicado el sábado día 7 de abril de 2018.
http://enfeps.blogspot.com.es/2018/04/sanatorio-san-ignacio-de-alza-1898.html
3.- Hospital María
Cristina. Escuela de Damas Enfermeras de la Cruz Roja de San Sebastián. Manuel Solórzano Sánchez. Publicado el sábado día 18 de febrero de 2017
http://enfeps.blogspot.com.es/2017/02/hospital-maria-cristina-de-san-sebastian.html

Foto
26 Damas Enfermeras donostiarras de la Cruz Roja, en la exaltación del I año
triunfal. Ayuntamiento San Sebastián, 1938
Enciclopedia Wikipedia
Manuel Solórzano Sánchez. Grado en Enfermería
https://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Sol%C3%B3rzano_S%C3%A1nchez
Día 20 de
octubre de 2022, jueves
Entziklopedia Wikipedia en Euskera
Manuel Solórzano Sánchez. Erizaintzako Gradua
https://eu.wikipedia.org/wiki/Manuel_Sol%C3%B3rzano_S%C3%A1nchez#Ibilbidea
Día 27 de octubre de 2022, jueves
La Voz de
Enfermería en la Enciclopedia Auñamendi
Jesús Rubio Pilarte y Manuel Solórzano
Sánchez
Primera parte: http://www.euskomedia.org/aunamendi/39190
Segunda parte: http://www.euskomedia.org/aunamendi/39190/132780

Foto 27 Escuela de
Damas Enfermeras de la Cruz Roja en San Sebastián, 1917. Imagen recreada por IA
Manuel
Solórzano Sánchez
Graduado en Enfermería. Enfermero Jubilado
Insignia de Oro de la Sociedad
Española de Enfermería Oftalmológica 2010. SEEOF
Premio a la Difusión y
Comunicación Enfermera del
Colegio de Enfermería de Gipuzkoa 2010
Director y Miembro del Blog de Historia de
Enfermería “Enfermería Avanza”
Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de
la Enfermería
Miembro de la Red Cubana de Historia de la
Enfermería
Miembro Consultivo de la Asociación Histórico
Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.
Académico de número de
la Academia de Ciencias de Enfermería de Bizkaia – Bizkaiko Erizaintza Zientzien Akademia. ACEB – BEZA
Comisión de Historia de la
Enfermería del Colegio Oficial de Enfermería de Gipuzkoa / Gipuzkoako
Erizaintza Elkargo Ofiziala
Insignia de Oro del Colegio Oficial de
Enfermería de Gipuzkoa. Años 2019 y 2022
Sello de Correos de Ficción. 21 de julio de 2020
y 31 de diciembre de 2022
Premio a la
Visibilización de la ACEB. 15 de mayo de 2024. Deusto Bilbao
Amigo de
Número de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País. 7 de marzo de
2026. (RSBAP)
masolorzano@telefonica.net