lunes, 8 de marzo de 2010

SAN JUAN DE DIOS. PATRÓN DE LA ENFERMERÍA ESPAÑOLA

San Juan de Dios. 8 de Marzo de 2010
Patrón de la enfermería española

El día 8 de marzo de 2010, en San Sebastián, ya no se festeja este día, como patrón de los practicantes y enfermeras. Sólo lo festeja el cuerpo de Bomberos. Anualmente la enfermería española, el 12 de mayo festeja el día de la muerte de Florence Nightingale.

Según reza, cuando buscamos información sobre San Juan de Dios y encontramos “Juan de Dios confesor, fundador de los Hermanos de San Juan de Dios y patrono de los practicantes y bomberos”.
FOTO 001
En su biografía pone: San Juan de Dios, fundador de los Hermanos Hospitalarios, nació en Montemayor el Nuevo (Portugal) el 8 de marzo de 1495 y murió en Granada el 8 de marzo (actual día de su fiesta) el año 1550. Así, cuentan sus biógrafos que al nacer el santo, su casa se inundó de una gran claridad y las campanas de la ciudad resonaron por sí solas. Fue en Granada, oyendo la predicación del beato Juan de Ávila, donde el joven Juan Ciudad, que se dedicaba al ejercicio de las armas, se dejó tocar por la gracia de Dios de tal manera, que vendió cuanto tenía y lo repartió a los pobres.

Juan a los 22 años se enrola en el ejército como soldado en los tercios del rey de España Carlos I, en la guerra contra Francia y estuvo en la plaza fuerte de Fuenterrabía (Guipúzcoa). Juan lo contaba así: “Siendo mancebo de veinte y dos años me dio voluntad de irme a la guerra, y asenté en una compañía de infantería de un capitán llamado Ioan Ferruz, que a la sazón enviaba el Conde de Oropesa en servicio del Emperador para el socorro de Fuenterrabía, cuando el Rey de Francia vino sobre ella; movido yo con deseo de ver mundo y gozar de libertades, que comúnmente suelen tener los que siguen la guerra, corriendo a rienda suelta por el camino ancho, aunque trabajoso de los vicios, donde pasé muchos trabajos, y viví en muchos peligros”.

Tuvo la fortuna de ser tomado por loco y encerrado en un manicomio, por lo que tuvo ocasión de ver cuán mal se trataba a estos enfermos, lo que le determinó a consagrar su vida a mejorar la condición de éstos. Con permiso de su confesor Juan de Ávila, reunió limosnas para fundar en Granada un amplio y bien dotado hospital, y atrajo generosos compañeros que le ayudaron en su empeño, con lo que colocó los cimientos de su futura Orden. Sucedió en este hospital que, habiéndose declarado un incendio, Juan de Dios pasó entre las llamas a salvar uno a uno a todos los enfermos, y no contento con esto, siguió transitando entre las llamas para salvar sus lechos.

Juan cada mañana toma el timón de su obra hospitalaria – humanista – cristiana y ordena su rumbo:
“Salía de su celda en amaneciendo, y decía en alta voz donde lo oyesen todos de la casa: Hermanos, demos gracias a nuestro señor, pues las avecicas se las dan; y rezábales las cuatro oraciones, y luego salía el sacristán, y por una ventana por donde todos lo oyesen, decía la doctrina cristiana, y respondían los que podían; y otro la decía en la cocina a los peregrinos, y luego baxaba a visitallos antes que se fuesen, y a los que estaban desnudos repartía de la ropa que dexaban los difuntos, y a los mancebos que veía sanos decíales: Ea, hermanos, vamos a servir a los pobres de Iesu-Cristo. Y él, con ellos, ibanse a la sierra y cogían leña, y traía cada uno su haz para los pobres, y desto tuvo mucho tiempo, que con mucha caridad y voluntad se ejercitaban en este oficio de traer leña cada día. Era tan grande el gasto que en todo lo dicho hacía, que no le bastaba la limosna que en la ciudad llegaba; y a esta causa se empeñaba en trescientos y cuatrocientos ducados con su mucha caridad”.

Los últimos días de su vida teníale postrado en cama la enfermedad. Más no sintiéndose digno de morir en una cama como sus enfermos, cuando vio llegada la hora de su muerte se postró en el suelo, y ahí quiso morir, apretando con su mano contra el pecho un crucifijo. En esta actitud permaneció durante seis horas. Toda la ciudad de Granada le despidió rindiéndole un multitudinario tributo de agradecimiento.

El 1 de enero de 1571, el papa san Pío V aprobó solemnemente la Orden de los Hermanos Hospitalarios.

Fue beatificado por el papa Urbano VIII en 1630 y canonizado por Alejandro VIII en 1690, aunque la bula de canonización fue publicada por su sucesor, Inocencio XII, el 15 de julio de 1691, fijándose la celebración de su fiesta el 8 de marzo. León XIII, el 22 de junio de 1886, le declaró junto con San Camilo de Lelis, “Patrón de los hospitales y de los enfermos”, incluyendo su nombre en las letanías de los agonizantes. Pío XI el 28 de agosto de 1930, le nombró “Patrón de las enfermeras y de sus asociaciones”. Su festividad se conmemora el 8 de marzo, siendo también “Patrón de los Practicantes”.
FOTO 002
Muchos años después de su muerte y hasta nuestros días, la orden de los Hermanos Hospitalarios había fundado hospitales en gran parte de Europa, en México, en Chile, en el Perú y en todas las "Indias Occidentales"; en Filipinas, en Asia y en África. Y siguió hasta el día de hoy su crecimiento. He ahí un gran hombre que hizo grande su nombre por su entrega a una gran obra Pueden legítimamente sentirse orgullosos de él quienes lo llevan

SAN JUAN DE DIOS. SAN SEBASTIÁN

Como Sanatorio de San Juan de Dios de Santa Agueda fue inaugurado el 1 de junio de 1898 con el ingreso del primer enfermo, el oñatiarra Luciano Galdós Aracama. Desde entonces han sido atendidas 8.713 personas distintas; es decir, que en la estadística quedan excluidos los reingresos.

En 1945 la Orden de los Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios que regía el conocido como Manicomio de Santa Agueda (Arrasate-Mondragón) incluido en el capítulo siguiente fundó en la capital un centro titulado Sanatorio Quirúrgico Ortopédico de San Juan de Dios gratuito para niños lisiados sin recursos económicos que en 1977 se convirtió en Centro Médico Quirúrgico de San Juan de Dios con 130 camas en funciones hoy en día merced al convenio concertado con el Servicio Vasco de Salud - Osakidetza. (Prensa Local Diario Vasco 1945)
FOTO 003 Foto propiedad del Hospital San Juan de Dios y cedida por el Hermano Marcial.

El domingo 24 de Agosto de 1952, se inauguró la clínica cuyo proyecto era del arquitecto e ingeniero Don Ricardo Olaran Añíbarro, siendo Don Pedro González Elorza y Don José María Igoa los aparejadores. El acto inaugural fue presidido por la esposa del Jefe del Estado, Doña Carmen Polo de Franco; el ministro de Asuntos Exteriores, Don Alberto Martín Artajo; el nuncio apostólico de Su Santidad, Monseñor Cicognani; el obispo de la diócesis, Don Jaime Font y Andreu, y las autoridades locales.

Tras la bendición de la clínica por el obispo de San Sebastián y realizar una visita por las diversas dependencias de la misma, el procurador general de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, fray Higinio Aparicio, hizo una exposición del desarrollo de la obra desde su iniciación hasta el término de la misma, destacando la generosidad con que habían ayudado a su realización las corporaciones municipales y provincial, cajas de ahorros, entidades bancarias, empresas y particulares. (Prensa Local Diario Vasco 1952)

En el Diario Vasco, el miércoles 25 de Agosto de 1.999, en la sección de Koxkas decía así:
“La Clínica de San Juan de Dios. En Errondo, dominando un bello panorama, se halla la clínica que levantaron con su esfuerzo y las muchas ayudas recibidas, los Hermanos de la Orden de San Juan de Dios, donde se atiende y se cura a los niños lisiados pobres de Guipúzcoa, sin que sus familiares tengan que perder la esperanza de verles algún día completamente curados y repuestos y en aptitud suficiente para unirse al ritmo normal de la vida social.

Los Hermanos de San Juan de Dios estaban acostumbrados a tareas hospitalarias, ya que su Orden se consagró a ellas en todos los continentes, como lo prueba el hecho de que en el seno de unos 245 establecimientos sanitarios estaban acogidos 60.000 niños en el momento de inaugurarse la clínica de San Sebastián. Además de los Hermanos, un cuadro de competentes médicos, practicantes y enfermeras, iban a prestar sus servicios en todas las especialidades.

Hasta que se inauguró la clínica de San Sebastián, los niños guipuzcoanos pobres cuyos miembros lisiados les reducían al dolor y a la inutilidad para cualquier actividad, habían de optar por uno de estos tres caminos: o resignarse mal llevar en su estrechez e medios económicos la enfermedad, o buscar un remedio a su mal en clínicas particulares, o tratar de hallar un hueco en sanatorios de otras provincias, lejos de sus familiares. Cuando se abrió la clínica donostiarra, en el Asilo de san Rafael de Madrid, similar al que sería el de aquí, cinco niños guipuzcoanos estaban allí acogidos”. (Prensa Local Diario Vasco 1999)

También aparecía referencia de esta fiesta en el periódico de la ciudad “El Diario Vasco” y con fecha del 9 de marzo de 1954 y en el de 1955 decía así: “La Benemérita Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, de la clínica ortopédica para niños lisiados pobres de Guipúzcoa, celebró solemnemente la festividad de su santo Patrón. Tuvieron una misa cantada a la que asistió el Cuerpo de Bomberos, que así, también honró a su patrón, y obsequiaron a los niños acogidos con una comida extraordinaria. Por la tarde hubo una solemne función religiosa, predicando con gran elocuencia el Reverendísimo Padre Muro, sacerdote jesuita, y oficiando en la Reserva del Santísimo, el señor obispo de la Diócesis, doctor Jaime Font Andreu” (1954)
FOTO 004 Foto propiedad del Hospital San Juan de Dios y cedida por el Hermano Marcial.

“La Fiesta de San Juan de Dios”. 1955

“Con gran solemnidad se celebró ayer en nuestra ciudad la festividad de San Juan de Dios.
Ayer se celebró en nuestra ciudad la festividad de San Juan de Dios. Fundador de la benemérita Orden de los Hermanos Hospitalarios, que tan brillante labor vienen realizando en nuestra ciudad. En la enfermería de la Clínica Infantil del Alto de Errondo, tuvo lugar una misa de comunión general, recibiendo el Pan de los Ángeles, todos los niños y niñas acogidos en dicho Centro y numerosos vecinos del citado Alto de Errondo. A las 11, se celebró la misa solemne, oficiada por el M. I. señor canónigo maestrescuela de la S.I. Catedral del Buen Pastor, don Román Laspiur, y, por la tarde, y como clausura en honor de San Juan de Dios, hubo una función eucarística, oficiada por el excelentísimo y reverendísimo señor Obispo de la Diócesis, doctor don Jaime Font Andreu, que al final de la ceremonia impartió la Bendición Papal a los fieles
”.
FOTO 005 Mario Cantinflas, todos los años en los que acudía al Festival Internacional de Cine de San Sebastián, de su apretada agenda, siempre sacaba un día para acudir a ver a los niños ingresados en el Hospital San Juan de Dios del Paseo Errondo de San Sebastián. Foto propiedad del Hospital San Juan de Dios y cedida por el Hermano Marcial.

Y en el Diario Vasco del 8 de marzo de 1995 decía así:
“Hoy, San Juan de Dios”
Portugal, Austria, Roma, Granada, etc. celebran a partir de hoy el quinto centenario del nacimiento de San Juan de Dios. En esos puntos suspensivos, Guipúzcoa tiene perfecto derecho a unirse a las efemérides, sobre todo en los casos de Santa Agueda y San Sebastián. Este año (1995) se cumple el quinto centenario del nacimiento del santo de enfermos y pobres.

Juan Ciudad Duarte en su filiación personal, reconocido como San Juan de Dios en el santoral eclesiástico, da nombre al Hospital Psiquiátrico de Santa Agueda donde hoy se echará la casa por la ventana para que los 370 enfermos mentales acogidos en el establecimiento celebren el día de principio a fin.
FOTO 006 José Manuel Ibar Azpiazu “Urtain”. Boxeador. Siempre que podía acudía a ver a los niños ingresados en el Hospital San Juan de Dios del Paseo Errondo de San Sebastián. Foto propiedad del Hospital San Juan de Dios y cedida por el Hermano Marcial.

El despertar será con un pasacalles para abrir un programa en el que se incluye la celebración de una misa, la disputa del partido de fútbol entre las selecciones de dos pabellones, la degustación de pintxos de txistorra y morcilla al simbólico precio de un duro por cada banderilla, las finales de las competiciones (mus, tute, damas, ajedrez, pelota y soka-tira) que se han venido celebrando en los días precedentes. Llegará la hora de la comida; anoten este menú: jamón serrano, chorizo, salchichón y puding de merluza como entrantes; consomé a la tapioca; bacalao a la vizcaína y cordero asado con ensalada como platos principales; pasteles y helado en plan de postres; café y como bebida sidra. Y después de ágape tan especial, el parque central del sanatorio se verá animado con verbena amenizada por toda una orquesta.

Como Sanatorio de San Juan de Dios de Santa Agueda fue inaugurado el 1 de junio de 1898 con el ingreso del primer enfermo, el oñatiarra Luciano Galdós Aracama. Desde entonces han sido atendidas 8.713 personas distintas; es decir, que en la estadística quedan excluidos los reingresos.
FOTO 7 Bomberos del Parque de San Sebastián, un hermano de San Juan de Dios, practicante y un niño, el día del patrón de los dos colectivos, en el Hospital San Juan de Dios del Paseo Errondo de San Sebastián. Foto propiedad del Hospital San Juan de Dios y cedida por el Hermano Marcial.

En estos momentos el centro hospitalario se encuentra a tope con sus 370 camas ocupadas. De su atención se encargan 12 religiosos de la Orden de San Juan de Dios y 135 empleados.

La jornada también será celebrada en lo que hoy en día es el Hospital San Juan de Dios, de San Sebastián, fundado en 1952 como Clínica Ortopédica dedicada a la atención de niños lisiados pobres. Hasta hace aproximadamente 10 años funcionó como tal gracias a benefactores y a las limosnas que por la ciudad se encargaban de recoger los Hermanos de San Juan de Dios.
Desde hace una década es hospital abierto y mantiene concierto con Osakidetza para las 100 camas que dispone en su área quirúrgica; y acuerdo con la Diputación para las 22 camas restantes que están dedicadas a residencia asistida de ancianos.
Este hospital donostiarra que tiene un archivo de más de 100.000 historiales clínicos, tanto como niños o personas adultas han pasado por él, cuenta con 8 religiosos de San Juan de Dios y una plantilla de alrededor de 200 empleados.
El inicio del quinto centenario del fundador de la Orden no hará variar la línea diaria. Pero además de que la fiesta se dejará ver en las bandejas de las comidas, los 22 ancianos y otros hospitalizados que puedan abandonar la cama tendrán una misa a las 5 de la tarde en la capilla del propio centro. Una Eucaristía que con asistencia del obispo José María Setién se renovará a las 8,30 de la tarde para unos empleados que después se reunirán en una cena de hermandad.

OTROS TRABAJOS RELACIONADOS
Ese Gran Hombre “Cecilio Eseverri Chaverri”. Publicado el domingo día 22 de noviembre de 2009
http://enfeps.blogspot.com/2009/11/ese-gran-hombre.html

(I) Cuidados Psiquiátricos de Enfermería en España. Siglos XV y XVI. Publicado el sábado día 5 de diciembre de 2009
http://enfeps.blogspot.com/2009/12/i-cuidados-psiquiatricos-de-enfermeria.html

(II) Cuidados Psiquiátricos de Enfermería en España. Siglos XV y XVI. Publicado el jueves día 10 de diciembre de 2009
http://enfeps.blogspot.com/2009/12/ii-cuidados-psiquiatricos-de-enfermeria.html
FOTO 008 Catedral del Buen Pastor de San Sebastián, el 8 de marzo día de su patrono San Juan de Dios en los años 1950 y 1952. Restaurante del Hotel Príncipe de Saboya de San Sebastián

Hoy en día el Hospital San Juan de Dios está dedicado a Psiquiatría.
FOTO 009 Estado actual del Hospital San Juan de Dios

Bibliografía
El mendigo de Granada (San Juan de Dios). W. Hünermann. 1952
Historia de la vida y de las Santas Obras de San Juan de Dios y de la Institución de su Orden y principios de su hospital.
Artículos del Periódico Diario Vasco de San Sebastián, desde 1950.

AGRADECIMIENTOS
Hermano Marcial
. Hospital San Juan de Dios de San Sebastián
Izaskun Antizar. Hospital San Juan de Dios de San Sebastián
Saúl Pérez Rodríguez. Ciempozuelos, Hospital San Juan de Dios de Madrid
José Ignacio Elizegi. Enfermero
Familia de Luis Mari Elicegui. Practicante
Mª Ángeles Portu. Practicante – Enfermera
Familia Rua – Portu
Luis Mari Aguirreolea Esteban. Practicante
Raúl Expósito González. Enfermero
Jesús Rubio Pilarte. Enfermero y Sociólogo
Dámaso Sánchez. Médico
Orden Hospitalaria de San Juan de Dios
Diario Vasco de San Sebastián
Gabriel Sarasola. Biblioteca de la Escuela de Enfermería de San Sebastián. EHU/UPV.

FOTOS
FOTO 001.- Foto de Manuel Solórzano, sacada en Granada, en “La Casa de los Pisa”, el día 23 de Octubre de 2004 celebrándose el VII Congreso Nacional y II Internacional de Historia de la Enfermería

FOTO 002.- Foto de Manuel Solórzano, sacada en Granada, en “La Casa de los Pisa”, el día 23 de Octubre de 2004 celebrándose el VII Congreso Nacional y II Internacional de Historia de la Enfermería

FOTO 003
Fotografía de la inauguración del Hospital San Juan de Dios de San Sebastián, en el Paseo de Errondo, foto propiedad del Hospital San Juan de Dios y cedida por el Hermano Marcial.

FOTO 004
Fotografía de la sala de niños del Hospital San Juan de Dios de San Sebastián, en el Paseo de Errondo, foto propiedad del Hospital San Juan de Dios y cedida por el Hermano Marcial.

FOTO 005
Mario Cantinflas en el Hospital San Juan de Dios de San Sebastián, en el Paseo de Errondo, foto propiedad del Hospital San Juan de Dios y cedida por el Hermano Marcial.

FOTO 006
José Manuel Ibar Azpiazu “Urtain”, en el Hospital San Juan de Dios de San Sebastián, en el Paseo de Errondo, foto propiedad del Hospital San Juan de Dios y cedida por el Hermano Marcial.

FOTO 007
Bomberos del Parque de San Sebastián, un hermano de San Juan de Dios, practicante y un niño, el día del patrón de los dos colectivos, en el Hospital San Juan de Dios del Paseo Errondo de San Sebastián. Foto propiedad del Hospital San Juan de Dios y cedida por el Hermano Marcial.

FOTO 008
Fotos cedidas por José Ignacio Elizegi y Mª Ángeles Portu. Catedral del Buen Pastor de San Sebastián, el 8 de marzo día de su patrono, Festividad de San Juan de Dios en los años 1950 y 1952. Restaurante del Hotel Príncipe de Saboya de San Sebastián.

FOTO 009
Foto de Manuel Solórzano, sacada en San Sebastián en Marzo de 2006. Estado actual del Hospital San Juan de Dios en el Paseo de Errondo de San Sebastián.


Manuel Solórzano Sánchez
Enfermero Hospital Donostia. Osakidetza /SVS
masolorzano@telefonica.net
Etiqueta: Historia de la Enfermería

sábado, 6 de marzo de 2010

HOSPITAL DE ESCUTARI Y LA DAMA DE LA LÁMPARA

Cuando el médico sube al barco el 20 de noviembre de 1854 con destino a Constantinopla, en la costa europea del Bósforo, lucía al sol la silueta del cuartel turco de Escutari (Turquía). Por entonces, dicho cuartel hacía las veces de hospital central del cuerpo expedicionario inglés de la Guerra de Crimea. Anthony Hillary, traficante y logrero de la guerra, residente en Constantinopla, que me había facilitado el permiso para entrar en el lazareto, me dijo:
Anda usted muy equivocado, joven, si cree que el éter y el cloroformo convierten un hospital en un lugar de placer. Pueden echarles a los heridos por las narices el correspondiente producto y los tíos se callarán sin duda mientras les cortan los brazos y las piernas, pero después morirán sin remedio de fiebre purulenta o de gangrena e irán a parar al gran montón de cadáveres.

Así era, a la cirugía le quedaba otro enemigo, cruel, antiquísimo, conocido de siempre y desde siempre temido, enemigo que, con el progreso que suponía la anestesia, parecía cobrar fuerzas de un modo enigmático. Este enemigo era uno sólo, con independencia de los diversos nombres con que se les designará: fiebre traumática, fiebre purulenta, piemia, septicemia, erisipela, gangrena, hemotaxia o, como podría llamársele hoy, infección traumática.
FOTO 001
Cuando llegué al hospital, con sus grandes salas, húmedas y mugrientas paredes. Mis vacilantes pasos espantaron unas ratas que, enfurecidas, reaccionaron lanzándose contra mí y mordiéndome los zapatos, hasta que pude ahuyentarlas. De pronto me encontré en un gran corredor en cuyo suelo, lleno de suciedad, yacían unos junto a otros, multitud de hombres medio desnudos, algunos de los cuales se tapaban meramente con un capote. Todos tenían la piel al descubierto. Deliraban, gemían, juraban, suplicaban y descansaban la cabeza, en el mejor de los casos, sobre una polaina o un mal andrajo.

No encontré ningún enfermero hasta llegar a la siguiente sala, en la que el suelo estaba cubierto al menos con una capa de paja. Los enfermeros se hallaban alimentando con humeante leña verde el fuego que ardía debajo de una enorme caldera de cobre. Cocían pedazos de carne que arrojaban a los enfermos. Éstos a su vez los devoraban hambrientos.

Pregunté a dichos enfermeros por la sala de operaciones y por los médicos. Uno de ellos me miró estupefacto como si yo hubiese caído de otro mundo. De pronto se puso a relinchar de risa. Por lo visto la expresión “sala de operaciones” le había resultado en extremo divertida. Allí todo tenían el cólera y si no me daba prisa en salir de aquella sala, también yo me contagiaría. Hacía ya ocho días que no habían visto la cara a ningún médico.
FOTO 002
Seguí adelante y me encaminé hacia otro corredor. El espectáculo que mis ojos presenciaban se repetía idéntico por doquier. Aunque de vez en cuando veía también algún herido aislado, en general sólo encontraba enfermos de cólera y tifus, cuya vida iba apagándose sin esperanza de salvación.

Al entrar en una pieza en la que encontré por primera vez a enfermos que, en lugar de yacer sobre el desnudo suelo de piedra o encima de paja sucia, estaban acostados sobre sacos llenos de ésta, vi a una mujer que se movía en medio de aquel infierno. Iba embutida en un astroso vestido gris a manera de bata y en una blusa también gris y no menos grotesca de burdo paño. Llevaba una cofia blanca que en aquel ambiente tenía un aspecto ridículo. Supuse que se trataba de una de las enfermeras de Florence Nightingale. Iba de saco en saco sirviendo vino de oporto a los pacientes. Me miró alarmada cuando le pregunté donde estaban los médicos y la sala de operaciones. Únicamente pude comprender su actitud más adelante, cuando me hablaron de la hostilidad con que se había recibido allí a Florence, pero también, en cambio, de la férrea energía con que la señorita Nightingale mantuvo unida su poco disciplinada hueste de enfermeras, con el fin de no ofrecer a los médicos un flanco fácilmente vulnerable.
FOTO 003
El traslado allí de miles de heridos y enfermos fue lo que indujo al mayor Hillary y al doctor Menzies a aceptar la colaboración de aquellas mujeres y a abrirles el paso a salas, corredores y pasillos. Para empezar y justo en el momento de su llegada, dispusieron que Florence y sus compañeras se alojaran en una habitación donde yacía, desde algunos días antes, el cadáver de un general ruso. Sólo después de insistir varias veces me contestó aquella enfermera que no me molestase en buscar la sala de operaciones. No había ninguna en todo el hospital. También se carecía de instrumental quirúrgico. Los cirujanos operaban en una sala en la que había también multitud de heridos. No se disponía siquiera de una mampara con que poder separar a los recién operados del resto de los heridos.

Llegué a otra sala semioscura llena de un aire espeso. En medio de aquella pieza trabajaban los cirujanos. Los heridos estaban echados sobre tablas horizontales apoyadas en caballetes. En el suelo y alrededor de esta “mesa de operaciones” yacían multitud de recién operados mientras iban llegando sin cesar nuevos heridos que los turcos llevaban allí desde los barcos.

Después de estar operando todo el día el doctor McGrigor le invitó a realizar la ronda con él. Como no había agua para lavarse las manos, me las restregué por los pantalones y le acompañé. Me detuve ante una puerta que abrió de un empujón, el cirujano se dirigió al enfermero: ¿Qué novedades?. Veintidós muertos, señor. Y allá abajo hay algunos que piden a gritos un sacerdote. El cirujano contestó, y mañana por la mañana otros veintidós, y a la tarde otros tantos. En estos momentos de cada 100 operados con técnica correcta y sin dolor, mueren 70. Algo debe de haber en el hecho de que la fiebre traumática sea constante y de índole maligna desde que se opera con cloroformo y gracias a ello podamos cortar con más libertad y más a fondo. El cloroformo no sería, después de todo, la última novedad tras la cual se ocultara el diablo.
FOTO 004
Encendió otra lámpara que pendía junto a la puerta y pasó a lo largo de la fila de heridos. Por encima de las yacijas flotaba un penetrante olor a podredumbre. Los operados yacían apretadamente unos contra otros. Vendajes hediondos manchados por la supuración, rostros pálidos, amarillentos, ojos hundidos, pómulos salientes, manos que en el término de pocos días se habían vuelto esqueléticas, respiración acelerada de estertor, síntomas todo ello de lo que entonces se sabía indicador de las distintas especies de fiebres traumáticas y que “al igual que el dolor en tiempos pasados”, se consideraba como un mal enigmático y fatal.

Al salir al corredor, pasaron unos enfermeros trasladando cadáveres y recién operados. En la otra sala el enfermero de turno contestó: “Diez muertos, señor”. La señora Florence Nigthingale estuvo aquí con dos de sus mujeres enfermeras distribuyendo té y vino. “Desde entonces los pacientes se encuentran más tranquilos”.

Al doctor McGrigor, el oír el nombre de “la señora” le ponía de muy mal humor. Fueron a la sala vecina y les dijo a sus acompañantes en esta todos tienen la erisipela, es inútil que pasemos, ya no se puede hacer nada por ellos. Sin embargo llamó a la puerta y cuando el enfermero de turno hubo abierto, le dirigió, atragantándose, la consabida pregunta de: ¿Qué novedades?. En el centro de la habitación, en el suelo, había una lámpara y junto a ella una tetera con la que una mujer alta y en extremo delgada iba llenando copas y se las pasaba a otras dos mujeres vestidas con la misma ropa gris y tosca que las cubría a manera de saco. Estas dos mujeres se acercaban a los lechos de los heridos y, alzándoles la cabeza, les daban a beber el té. Aunque yo no había visto nunca a Florence Nightingale, comprendí que debía ser la que estaba junto a la lámpara.
FOTO 005
Los heridos no han comido ni bebido nada caliente desde ayer “dijo con una voz todo dulzura, pero bajo cuya apacible vibración parecía ocultarse, a punto de surgir, un tono de mayor dureza”. Hemos traído té y vino tinto. Espero que no tenga usted nada que objetar, doctor McGrigor.

El doctor McGrigor dijo: “Tierna como una niña, gruñó con un acento de protesta que, no obstante, envolvía quizás un matiz de admiración. Pero su espíritu es duro como el acero. ¿Qué se adelanta con repartir té, preparar sopas y acariciar cabezas?”. El que se ve atacado por la fiebre traumática se muere lo mismo con la señorita Nightingale que sin ella.

Rendidos de cansancio y sin prestar atención al ruido de las ratas, nos echamos a dormir en una cama turca. Al mediodía siguiente regresé con paso vacilante al embarcadero. Mi experiencia de Escutari sirvió para que tuviera idea clara de la época en que, liberada la cirugía del dolor, habría de luchar con su segundo gran enemigo: la infección traumática.

LA DAMA DE LA LÁMPARA. CENTENARIO 12 MAYO 2010

Al estallar las luchas en Crimea, la armada inglesa estaba deficiente en soldados y en material de guerra. (Al final del primer año, la mitad del ejército inglés estaba incapacitado por enfermedad).

El 18 de Octubre de 1.854, Florence Nightingale recibió el nombramiento de Superintendente del cuerpo femenino de enfermeras de las fuerzas inglesas establecidas en el hospital general inglés de Turquía.

La obra de Florence se resume en un párrafo que dice:

“Yo utilizo la palabra enfermería a falta de otra mejor. Se ha limitado a significar poco más que la administración de medicamentos y la aplicación de cataplasmas. Pero debería significar el uso apropiado del aire, la luz, el calor, la limpieza, la tranquilidad y la selección de la dieta y su administración, y con el menor gasto de energía por el paciente”.

Desarrolló toda una serie de necesidades, las cuales son importantes tanto para el enfermo como para el no enfermo.
FOTO 006
La ventilación y la calefacción, está basada en la necesidad de mantener el aire que respire el enfermo puro, ya que en muchos sitios existe la costumbre de airear la habitación de manera que el aire que penetra en ella es el procedente del pasillo, el cual está comunicado con el aire de las salitas y de otras habitaciones, por lo que dicho aire estará contaminado con humos, gases e inhalaciones, y nunca puede ser igual que el aire que proceda desde el exterior, que realmente será mucho más puro; todo ello sin olvidar ocuparse cuidadosamente del calor. Cuando ella llega con sus enfermeras al Hospital de Escutari, se encuentra con grandes salas sin ventilación y sin ventanas.

Toda casa u hospital debe disponer de aire puro, agua pura, desagües eficaces, limpieza y luz. Resaltando la importancia de la limpieza, tanto dentro como fuera de la casa, ya que si no hay limpieza, la ventilación no sirve para nada, pues lo único que se logra es trasladar la suciedad de un lugar a otro.

Cuidar los pequeños detalles. Hay que ser puntual a la hora de realizar todas las tareas de enfermería, y el silencio es fundamental que se mantenga a partir de las 22 horas. Una habitación deshabitada puede ser un foco de contaminación al carecer de ventilación y limpieza. Dar confianza al enfermo e información, la falta de información puede causar en el paciente desconfianza.

Evitar el ruido innecesario o el ruido que crea inquietud en la mente y daña al paciente. Hay que evitar que el ruido despierte al paciente, ya que si está en su primer sueño, seguramente no podrá volver a dormirse. Hay que asegurarse que las puertas y ventanas no chirrían o que las persianas o cortinas no sean movidas por el viento.

Hay que evitar dar alimentos sólidos antes de las 11,00 de la mañana, pues tendrán la boca seca y les costará tragar. Hay que dar el alimento con la frecuencia y puntualidad que requieran. De igual modo no hay que dejar la comida que no se come el paciente al lado de la cama con la esperanza de que se la coma antes de que traiga la siguiente (hay que retirarla se la haya comido o no). Hay que evitar hablar al enfermo mientras come, o que hable él. De igual modo hay que mirar cuanto ha comido y cuanto debería haber comido. Así hay que procurar que la taza tenga los bordes limpios y no esté mojada por debajo, pues se puede manchar el enfermo.
FOTO 007
Variedad en la alimentación: No hay que centralizar la alimentación en la carne, sino que también hay que darles vegetales, leches y sus derivados. La jalea, al contrario de lo que se cree, no nutre y tiene tendencia a producir diarrea, en cambio el caldo de carne es muy nutritivo, sobre todo si se añade a otros alimentos. No se debe de dar té o bebidas excitantes después de las 17 horas, pues puede producir insomnio.

El cuidado de la cama y de la ropa de cama. El enfermo suda, y esa humedad con materia orgánica se va acumulando en las sábanas. Así, hay que tener un buen somier, que permita el paso del aire hacia el colchón. Siempre es mejor poner la cama limpia a un paciente que ponerle una cama ancha, para que se vaya moviendo de un lado a otro. La cama no debe nunca estar pegada a la pared, pues la enfermera debe tener fácil acceso a ambos lados y alcanzar fácilmente cualquier parte del cuerpo del enfermo. Igualmente, esta debe estar en el sitio más iluminado de la habitación y tener una ventana a través de la cuál se pueda mirar hacia afuera.

La limpieza en las habitaciones y salas. Hay que quitar el polvo de la habitación siempre con un paño húmedo, pues sino se esparce por toda la habitación. Nunca debe haber alfombras en la habitación del enfermo, pues estas acumulan suciedad. Las paredes no deben estar empapeladas ni enyesadas, sino que deben ser de cemento blanco no absorbente, cristal o baldosín glaseado.

La falta de limpieza en habitaciones y salas se puede originar por:
- El aire sucio que entra de fuera.
- El aire sucio que procede del interior de la casa, debido al polvo, etc.
- Aire sucio procedente de alfombras.

Limpieza y aseo personal del paciente y enfermo. La piel hay que lavarla y cambiarla de ropa, ya que muchas enfermedades se purifican a través de la piel. Después de una buena limpieza el enfermo se encuentra mucho más a gusto. La enfermera debe lavarse las manos varias veces al día para evitar trasladar las enfermedades de un paciente a otro. Siempre limpia más el agua caliente con jabón que el agua fría. Hay que frotar bien la suciedad con una toalla, pues sino no saldrá bien la suciedad. Después de una buena limpieza, la piel absorbe agua, se hace más suave y transpira mejor.

HISTORIA DEL LAVADO DE LAS MANOS

El entreacto de la historia de la cirugía durante el cual no existían ya dolores operatorios, no tenía que haber durado forzosamente algo más de tres decenios. Porque el sombrío poder de la fiebre purulenta habría podido ser descubierto y combatido en sus causas, pocos años después del descubrimiento de la anestesia; puesto que el hombre que comprendió estas causas y sus fatales consecuencias, el hombre que sospechó y vio claramente después el camino que conducía al infierno de la fiebre y de la muerte por supuración y además de verlo lo proclamó desesperadamente ante sus contemporáneos, este hombre existió, vivió efectivamente. Pero se rieron, se burlaron de él y de sus descubrimientos, exactamente de la misma manera como lo habían hecho con las ideas de Horase Wells.

Aquel hombre se llamaba Semmelweis. La historia de la vida de Ignaz Philipp Semmelweis se considera en nuestros días como uno de tantos monumentos de oprobio levantados por médicos y hombres de ciencia, por obra y gracia del menosprecio con que acogieron conocimientos de superior calidad y verdades recién descubiertas.

Es posible que, a pesar de mi juventud, fuese yo uno de los primeros hombres de Estados Unidos que conoció el nombre de Semmelweis. Es muy posible que fuera yo, en virtud de uno de los singulares caprichos del azar que tantas veces han influido en mi vida.
FOTO 008
El 9 de agosto de 1848, es decir, pocos meses después de mi regreso a América procedente de Escocia, recibí inopinadamente una carta de Alemania, que contenía, entre otras, las siguientes frases.

“Un joven médico llamado Ignaz Semmelweis, que trabajaba en el hospital de obstetricia de Viena, sostiene, en oposición a todas las ideas clínicas de nuestra época, que la fiebre puerperal es consecuencia de la transmisión de las llamadas sustancias infecciosas por las manos de médicos y estudiantes, que, después de practicar autopsias, no se las han lavado convenientemente. Semmelweis niega validez a todo el sistema doctrinal de nuestra medicina y sostiene la necesidad de una rigurosa limpieza de las manos con agua dorada para ahuyentar la fiebre puerperal de los hospitales”.

Dejé la carta a un lado.
No estreché la mano que el destino me tendía. Yo, testigo del descubrimiento de la anestesia, el joven médico que gracias a ella se había convertido en creyente del progreso, no comprendí la importancia de la noticia del descubrimiento de la “infección por contacto” de Semmelweis, que entonces ya, después de haberse vencido los dolores operatorios, habría sido capaz de combatir, en los quirófanos de los hospitales de todo el mundo, a la nidada homicida de las enfermedades infecciosas de las heridas, de las fiebres purulentas, y las epidemias de erisipela y tétanos.

Lo comprendí en medida tan escasa como los prestigiosos médicos que ocupaban las cátedras más insignes de Europa y se burlaban literalmente del joven Ignaz Philipp Semmelweis y que, condenando su doctrina, guardaban los informes de su descubrimiento en los archivos del olvido, como yo había a mi vez arrinconado la carta de Kiel, para no acordarme más de ella.

Hoy, esto parece incomprensible; pero demuestra hasta qué punto todos “con raras excepciones”, somos esclavos de ideas arraigadas o cunado menos de uso común, y cuán difícil nos resulta admitir alguna novedad, sobre todo si ésta nos parece excesivamente sencilla para solucionar arduos problemas.
FOTO 009
La historia de este descubrimiento se nos presenta como una epopeya extraordinariamente trágica.

El húngaro-alemán Ignaz Philipp Semmelweis, natural de Ofen, que a los veintidós años de edad, en febrero de 1846, ocupó el cargo de ayudante en la primera clínica de obstetricia de Viena, nunca se había ocupado con anterioridad de esta disciplina científica. Cuando Semmelweis empieza su trabajo, la fiebre puerperal no es para él otra cosa que un concepto médico, una consecuencia nefasta y no siempre evitable del parto. La obstetricia de entonces no sabía nada concreto acerca de las causas de la fiebre puerperal, ni del origen de las afecciones de las heridas quirúrgicas. Esta ignorancia y esta resignación es transmitida a Semmelweis por sus maestros, como una fatalidad irremediable, de una manera perfectamente lógica, hasta que él mismo se enfrenta personalmente con la terrible dolencia.

La sección de obstetricia del Hospital General de Viena era, por los años 1840, un nido de incubación de la fiebre puerperal. En el primer mes en que Semmelweis se hace cargo de su puesto, en las salas de obstetricia mueren no menos de 36 madres sobre 208. Las parturientas que ingresan en este hospital forman casi siempre parte del grupo designado con el nombre de “indigentes”, con frecuencia destinadas a ser madres “sin la bendición de la Iglesia”.

En aquellos tiempos, las mujeres que se respetaban traían sus hijos al mundo en sus propios hogares. El profesor Klein, director de la Clínica, que veinte años antes había reemplazado al famoso profesor Johann Boer “que entonces era, sin lugar a dudas, el primer especialista de Europa en su ramo”, adopta frente a la fiebre puerperal una actitud estática e indiferente. El propio Boer llamaba a Klein el “menos capacitado entre los incapacitados”, pero no pudo evitara que la protección cortesana designara para un cargo tan importante a un hombre tan falto de imaginación.
FOTO 010
La sección de obstetricia del Hospital General de Viena se halla dividida en dos subsecciones. La primera, que es donde trabaja Semmelweis, está destinada a las clases de obstetricia de los estudiantes de medicina. En la segunda, éstos no tienen acceso. Está destinada a la formación de las comadronas. Semmelweis comprueba que la primera subsección pierde más del 10 % de parturientas por fiebre puerperal, mientras que la segunda tiene por lo regular un porcentaje de víctimas inferior al 1 %. Semmelweis llega a la conclusión de que si la fiebre puerperal fuese lo que se designa con el nombre de epidemia, el número de víctimas de ambas secciones tendría que ser más o menos igual. Semmelweis no puede explicarse la razón de la diferencia existente. Ante tales razonamientos, Klein se limita a encogerse de hombros.

Semmelweis empieza a investigar las causas de lo inexplicable, una y otra vez se dirige con los estudiantes al depósito de cadáveres y practica la autopsia en cuerpos de mujeres. Y siempre descubre el mismo cuadro: supuraciones e inflamaciones en casi todas las partes del cuerpo; no sólo en la matriz, sino también en el hígado, el bazo, las glándulas linfáticas, peritoneo, riñones y meninges. El cuadro sindrómico tiene un notable parecido al de las afecciones purulentas y quirúrgico-purulentas de las heridas. Después de terminar las correspondientes autopsias, se dirige a la sala de las mujeres, con los estudiantes. Las examina cuidadosamente, tanto a las que en breve van a dar a luz, como a las que están de parto o ya paridas. Enseña a los estudiantes, en cuyas manos está adherido aún el olor dulzón del depósito de cadáveres, los métodos usuales de exploración en aquella época. Pero impulsado por un ardiente e irresistible deseo de saber, practica las exploraciones de una forma mucho más minuciosa de lo que en general es costumbre.

Sin embargo, el resultado de su celo no es precisamente la adquisición de mayores conocimientos sobre la enfermedad. Se manifiesta, por el contrario, en un aumento repentino del número de enfermas y moribundas y justo sólo en su primera sección, por lo demás preferida ya de la muerte. La cifra de defunciones de su sección se convierte en el terror de las mujeres que no tienen hogar donde dar a luz y pasar la primera semana del puerperio. Se resisten desesperadamente a ser llevadas a “la sección de la muerte”.
FOTO 011
El carácter de Semmelweis cambia, discute con todo el mundo, se aferra a su trabajo, presa de desesperación, discute a las noches con su compañero de habitación Markusowsky, también discute con Kolletschka, catedrático de medicina legal, que trabaja con él todas las mañanas en el depósito de cadáveres. A finales de 1846, la mortalidad de su sección llega hasta el 11,4 %, en la sección segunda sólo el 0,9%.

Después de torturarse sin poder descubrir la diferencia entre las dos secciones, escribiría quince años después: “Todo quedaba sin la menor explicación, todo era dudoso. Sólo el gran número de muertes era una realidad indudable”.

Estando Semmelweis descansando en un viaje obligado a Venecia, a su vuelta se entera que el profesor Kolletschka ha fallecido por culpa de un corte insignificante que le produce un estudiante con el bisturí en el brazo en la sala de autopsias. Cuando pide ver el acta de la autopsia, observa que es la misma que si fuese la autopsia de una mujer recién parida.

Y Semmelweis se pregunta: ¿no serán también las mismas causas de la muerte de Kolletschka y de las víctimas de la fiebre puerperal? Éste había fallecido a causa de una lesión en la que el bisturí había introducido rastros de sustancias cadavéricas en descomposición.

¿Llevaron él mismo y sus estudiantes con las manos las mismas sustancias al vientre lesionado de las parturientas, al trasladarse de su trabajo en la sala de autopsias al reconocimiento en las salas de aquéllas? Él se inculpaba y decía: “… sólo Dios sabe el número de mujeres que por mi causa han bajado a la tumba prematuramente”.

El 15 de mayo, bajo su responsabilidad y sin consultar con Klein, fija en la puerta de la clínica un anuncio que dice: “A partir de hoy, 15 de mayo de 1847, todo médico o estudiante que salga de la sala de autopsias y se dirija a la de alumbramientos, viene obligado antes de entrar en ésta a lavarse cuidadosamente las manos en una palangana con agua dorada dispuesta en la puerta de entrada. Esta disposición rige para todos. Sin excepción. I. P. Semmelweis”.
FOTO 012
Semmelweis no sabe todavía nada de bacterias, se descubrirán treinta años después, pero él ha dado con el secreto de su transmisión por las manos e instrumentos médicos y cirujanos, secreto que tres decenios después se convertiría en la base de la asepsia.

El jabón, el cepillo de uñas y la cal dorada hacen su entrada en su sección, hay muchos compañeros que creen que “el lavado es exagerado”, y él tiene que estar vigilante para que todos cumplan las normas de lavarse las manos. Reiteradamente se da cuenta de la desidia que tienen sus compañeros y los estudiantes de hacer caso omiso de la norma de lavarse las manos, y provocan en él ataques de furor que de bondadoso le convierten de la noche a la mañana en un odiado tirano. A finales de 1847 consigue bajar la mortalidad en su sala de un 12,4 % a un 3,04 %.
FOTO 013

¿Pero cuando se había alcanzado antes una cifra tan baja de mortalidad? ¡NUNCA!

Bibliografía
El siglo de los cirujanos. Jürgen Thorwald. Mayo 2005
La Dama de la Lámpara. Florence Nigthingale.

FOTOS
FOTO 001.- Hospital de Scutari. Turquia. Florence Nigthingale
http://www.thekidswindow.co.uk/images/CMScontent/Image/8545-004-DB630AA5.jpg

FOTO 002.- Hospital de Scutari con heridos. Turquia. Florence Nigthingale
http://lacasavictoriana.files.wordpress.com/2010/01/florence-nightingale.jpg

FOTO 003.- Hospital de Scutari con heridos. Turquia. Florence Nigthingale. 1855
http://tradingsuccess.com/blog/wp-content/uploads/2008/06/florence-nightingale.jpg

FOTO 004. Hospital Florence Nightingale
http://lgimages.s3.amazonaws.com/data/imagemanager/11504/florence_nightingale.jpg

FOTO 005.- Hospital de Scutari con heridos. Turquia. Florence Nigthingale
http://www.magnetstorehouse.com/image/florence-nightingale-in-the-military-hospital-at-scutari_1342550.jpg

FOTO 006.- Hospital de Scutari con heridos. Turquia. Florence Nigthingale
http://i.telegraph.co.uk/telegraph/multimedia/archive/01522/florence_1522160c.jpg

FOTO 007.- Hospital de Scutari con heridos. Turquia. Florence Nigthingale. Médico militar y enfermeras.
http://cache2.asset-cache.net/xc/50615015.jpg?v=1&c=IWSAsset&k=2&d=E41C9FE5C4AA0A14D02649B144B0CE4B4724D44D8EF643467CB7B06FDD7F3FFCB01E70F2B3269972

FOTO 008.- Ignaz Philipp Semmelweis. 1818 – 1865. En 1847 descubrió una de las causas de la infección de las heridas en la suciedad de las manos de los médicos.

FOTO 009.- Desinfección y esterilización en una consulta de glaucoma de los tonómetros y las lentes de Goldman. Errores adversos. Trabajo presentado por Manuel Solórzano el 2 de julio de 2005 en Marbella, obteniendo el Primer Premio del VIII Congreso Nacional de Oftalmología de la Sociedad Andaluza de Enfermería Oftalmológica.

FOTO 010.- El llamado “blocao” del Hospital General de Viena, donde trabajó Rokitansky.

FOTO 011.- Desinfección y esterilización en una consulta de glaucoma de los tonómetros y las lentes de Goldman. Errores adversos. Trabajo presentado por Manuel Solórzano el 2 de julio de 2005 en Marbella, obteniendo el Primer Premio del VIII Congreso Nacional de Oftalmología de la Sociedad Andaluza de Enfermería Oftalmológica.

FOTO 012.- Óleo, cuadro del lavado de manos de Semmelweis. Desinfección y esterilización en una consulta de glaucoma de los tonómetros y las lentes de Goldman. Errores adversos. Trabajo presentado por Manuel Solórzano el 2 de julio de 2005 en Marbella, obteniendo el Primer Premio del VIII Congreso Nacional de Oftalmología de la Sociedad Andaluza de Enfermería Oftalmológica.

FOTO 013.- Óleo, cuadro del lavado de manos de Semmelweis
https://www.imss.org/shop/img/big/semmelweis.jpg

FOTO 014.- Sellos y monedas conmemorativas.
FOTO 014

Manuel Solórzano Sánchez
Enfermero Hospital Donostia. Osakidetza /SVS
masolorzano@telefonica.net
Etiqueta: Historia de la Enfermería

viernes, 5 de marzo de 2010

CURSO: COMPETENCIAS SOBRE NUTRICIÓN EN EL MANEJO DE PACIENTES

Abierta la inscripción para el curso online de Competencias sobre Nutrición en el Manejo de Pacientes.
El curso, organizado por FUNDACIÓN MAPFRE y FUNDADEPS, será impartido por profesionales de la Unidad de Dietética y Nutrición del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, dirigido por la Dra. Clotilde Vázquez.
Está dirigida a profesionales de la Medicina, la Enfermería y la Dietética y Nutrición y tiene una duración de 100 horas, que se desarrollarán desde el 12 de abril al 12 de julio.

Formación acreditada con 6,5 créditos por la Comisión de Formación Continuada de las Profesiones Sanitarias del Ministerio de Sanidad y Política Social.

Hasta el 8 de abril se encuentra abierta la inscripción al I Curso E-learning de Formación Continuada de Competencias sobre Nutrición y Dietética en el Manejo de Pacientes, dirigido a profesionales de la Medicina, la Enfermeríay la Dietética y Nutrición que trabajen en la Atención Primaria y en la Especializada, que organizan de forma conjunta FUNDACIÓN MAPFRE y la Fundación de Educación para la Salud (FUNDADEPS) en el marco del Proyecto Vivir en Salud de promoción de hábitos saludables en materia de alimentación y actividad física. El curso ofrece un conjunto de conocimientos teórico-prácticos para la intervención sanitaria basados en las experiencias y la investigación clínica desarrolladas por el Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid.

El objetivo es dotar a los profesionales sanitarios (médicos, enfermeros, nutricionistas y dietistas) de las competencias necesarias para el mejor desempeño de sus funciones, a la vez que facilitar una formación básica para afrontar con eficacia las relaciones con los pacientes en su actividad diaria. Debido al éxito de participación en las dos ediciones anteriores realizadas de forma presencial en el Hospital Ramón y Cajal y con el fin de satisfacer la demanda de los profesionales de distintos puntos de la geografía española y de Iberoamérica, el curso se desarrollará a distancia a través de un entorno virtual accesible a través de Internet. La plataforma de e-learning de Fundación MAPFRE permitirá al alumnado acceder a una formación de calidad, adaptada a los requerimientos de esta modalidad de aprendizaje y con recursos pensados para conseguir la mejor apropiación de los contenidos. El curso tiene una duración de 100 horas que se desarrollarán desde el 12 de abril al 12 julio, estructuradas en 11 unidades didácticas que incluyen material teórico, textos complementarios, bibliografía científica, casos prácticos y test de autoevaluación. A lo largo de las unidades didácticas se desarrollan los conocimiento de los nutrientes y los grupos de alimentos; el manejo de las tablas de composición de los alimentos; laplanificación de dietas; las recomendaciones y objetivos nutricionales en distintas etapas de la vida y en situaciones especiales; la nutrición artificial; el abordaje de enfermedades crónicas; los trastornos de la conducta alimentaria y el tratamiento de la obesidad. La dirección del curso está a cargo de la la Dra. Clotilde Vázquez, Jefa de la Unidad de Nutrición y Dietética del Hospital Ramón y Cajal. Esta formación está acreditada con 6,5 créditos por la Comisión de Formación Continuada de las Profesiones Sanitarias del Ministerio de Sanidad y Política Social.

Más información: Hernán Díaz (Comunicación FUNDADEPS), al 678.377.316 o al correo electrónico comunicacion@fundadeps.org o en el Portal de Educación para la Salud

sábado, 27 de febrero de 2010

HISTORIA DEL BASTÓN

De origen incierto, la palabra “bastón” designa, según la Real Academia Española de la Lengua (22 edición 2001), a la “vara de una u otra materia, por lo común con puño y contera (pieza, comúnmente de metal, que se pone en el extremo opuesto al puño del bastón) y más o menos pulimento, que sirve para apoyarse al andar”. En esta amplia definición se dan cabida numerosos artilugios que se conocen con el nombre de bastón. Otra definición es “insignia de mando o de autoridad”, generalmente de caña de Indias.
FOTO 001
En el mundo simbólico, el bastón presenta una dualidad, como apoyo y como instrumento de castigo. En palabras de Frazer, <la natividad del bastón del sol”, pues, como el día y el calor iban en disminución, suponían que el astro necesitaba un bastón en que apoyarse>>. Dalí recupera este mito en numerosas obras en las que aparecen las muletas. No son más que puestas en práctica del principio fundamental del simbolismo, en el que se consideran correlativas e intercambiables tanto las posibilidades materiales como espirituales de una forma – situación dada. El bastón, utilizado como arma, se representa ya en la mitología cuando Edipo mata a su padre, Layo, con un bastón y, en general, se identifica con la maza, el arma real.
FOTO 002
Desde el principio de los tiempos, el bastón ha acompañado al ser humano en su evolución. Como fiel compañero de viaje, en los desplazamientos de los grupos de cazadores recolectores, los bastones serían elementos utilizados habitualmente. Fuertes ramas de árboles cuyas maderas son resistentes y moldeables, largas cañas de azúcar, juncos resistentes y varas fabricadas a partir de huesos largos de animales serían, entre otros, los materiales favoritos a la hora de fabricarlos, por su peso moderado y su fácil manipulación. En el arte Paleolítico destaca el bastón de mando, realizado con asta de cérvido, casi siempre decorado y con una o más perforaciones en un extremo. Se le asigno ese nombre porque durante mucho tiempo se la ha atribuido una función mágica o de autoridad, creyéndose que podía haber sido usado a modo de cetro, amuleto o instrumento ritual.

En Cantabria, a escasa distancia de Ramales, se encuentra Cullalvera, una cueva de grandes dimensiones en las que se encuentran algunas pinturas de la época Magdaleniense que representan caballos, y un conjunto homogéneo de puntuaciones, claviformes y bastones en rojo y negro. La cueva del Pendo ha proporcionado abundantes piezas de arte mobiliar, algunas de ellas de una calidad extraordinaria, destacando los famosos bastones de mando.
FOTO 003
En Egipto, los bastones también forman parte de numerosas representaciones, tanto en el uso de varas por parte de soldados o trabajadores, como elemento de mando de los emperadores de las distintas dinastías, como Ramses I, quien llegó a tener una importante colección de bastones de paseo, doce de los cuales se encuentran representados en las paredes del templo de Karnak. Los reyes asirios, los emperadores romanos, los pueblos orientales, las culturas centroamericanas han utilizado el bastón, más allá de uso práctico, como elemento de representación de poder.

En la Grecia clásica. Los éforos (gobernantes) espartanos transmitían sus instrucciones a sus estrategas (generales) utilizando el bastón, el escitalo. El historiador griego Plutarco describe el escitalo o scitala espartana como una vara de la que se preparaban dos o más bastones idénticos. Las órdenes se escribían en una tira de pergamino o papiro enrollado a lo largo del bastón. Desenrollada, solamente contenía una sucesión de letras inconexas que se enviaba al destinatario; para poder leer el mensaje, éste debía tener en su poder una copia del bastón, ya que al colocar de nuevo la cinta en el bastón aparecía el mensaje.

En la artesanía bizantina destacaban las tallas de marfil con representaciones de imágenes cristianas en las que los ángeles portaban el bastón representativo del poder de Dios. Más tarde, la iglesia adoptaría el bastón como símbolo del camino de Dios, como elemento representativo del camino guiado, hasta convertirse en el báculo pastoral, el utilizado por los obispos como pastores espirituales del pueblo creyente. Confucio y Buda también han sido representados con bastón, al menos en el arte occidental.
FOTO 004
En el libro del Éxodo 7:10 se puede leer: “Moisés y Arón fueron al faraón e hicieron lo que Yavé les había mandado. Arón arrojó su cayado delante del faraón y de sus cortesanos, y el cayado se convirtió en serpiente”, y más adelante, en el capítulo 14, versículo 16: “Tú alza tu cayado y tiende el brazo sobre el mar, y divídelo para que los hijos de Israel pasen por en medio, en seco”. En el Nuevo Testamento, las alusiones se repiten en el evangelio según San Marcos 8:6: “y le encargó que no tomasen para el camino nada más que un bastón, ni pan, ni alforja, ni dinero en el cinturón”.

Durante la Edad Media, el bastón se convirtió en un elemento habitual utilizado por los peregrinos y cruzados que viajaban de una tierra a otra. En ese momento, el bastón era un fuerte palo de madera, en ocasiones terminado en una pieza de metal, que no sólo ayudaba en el caminar, sino que permitía defenderse de posibles ataques de animales e inesperados bandidos.
FOTO 005
Kate-zahl fue un profeta del pueblo tolteca que vaticinó la conquista por los aztecas y la llegada de hombres blancos y barbudos armados con bastones de fuego.

Entre 1150 y 1170, el bardo alemán Wolfram Eschenbach se suma al enigma de “Parsifal o la Historia del Grial”, creado hacia 1140 por el trovador Chretien de Troyes, con un poema titulado “Vida y Milagros de Parsifal”, en el que relata una historia sobre la custodia del Santo Grial y de un Bastón de Mando, al parecer un bastón negro de basalto pulido, de una antigüedad de 8.000 a.C., un bastón mágico conocido entre las sociedades secretas como “Piedra de la Sabiduría”, “El bastón de Mando” o “Piedra que Habla”, objeto olvidado entre quienes se obsesionaron y orientaron su búsqueda en exclusiva al Grial.

Hacia el siglo XVI, el bastón se convertiría en un signo de distinción de la clase privilegiada, y muchos retratos de eminentes personajes aparecen acompañados de bastones. Algunos son sencillas varas de madera, mientras que otros representan sofisticadas tallas de madera y metal que contienen diferentes elementos simbólicos de riqueza y poder. Carlos V de Francia tuvo una importante colección de bastones. Más tarde, en el siglo XVII, Enrique VIII y muchos de los nobles de su corte acostumbrarían a mostrar bastones en la mayoría de los retratos que les fueron realizados.

El descubrimiento de América aumentó el número de creaciones, ya que las maderas hasta entonces desconocidas permitían crear nuevos ejemplares más exóticos, a los que se les podía añadir oro y piedras preciosas. Con el tiempo los bastones se convertirían en un signo distintivo de la aristocracia europea del Renacimiento y los siglos posteriores. El bastón, entonces, pasó a ser requisito imprescindible en la moda de la época. Luis XIII de Francia fue uno de los grandes amantes de los bastones, desarrollando una importante colección, y al cardenal Richelieu se le atribuyen algunos de los más extravagantes. De este modo, los bastones se convirtieron en excelentes ejemplos de arte de joyería, al incorporar piedras y metales preciosos a su elaboración.
FOTO 006
El 31 de mayo de 1680, Luis XIV regaló a Madame de Maintenon uno en el que aparecía inscrita la fecha del presente. El rey Federico I de Prusia dejó en herencia docenas de bastones a su heredero, Federico Guillermo I, muchos de ellos decorados con espléndidas piedras preciosas. Napoleón también fue un amante de los bastones y contó con una importante y elaborada colección; Rousseau contó con más de cuarenta, y Voltaire llegó a poseer más de setenta y cinco ejemplares.

El aumento de la demanda provocó que hacia 1851, Hamburgo, Viena y Berlín se convirtieran en estratégicos centros de creación de bastones, con numerosos empleados dedicados a su elaboración. La familia Meyers se especializó en maderas y diseños procedentes de China, países árabes y especialmente Egipto, consiguiendo imponer una moda en París, Londres, Nápoles o Madrid.

Hacia 1870, la manufactura inglesa pasaría a convertirse en una fuerte competidora. Publicaciones en el Chamber´s Journal de la época demuestran la dedicación e importancia que iba consiguiendo el mundo del bastón. Además de la incorporación de cada vez más numerosas y variadas maderas procedentes de distintas especies de árboles, comenzaría la elaboración de bastones con el uso de nuevos materiales: marfil, caparazones de tortuga, cuernos de rinoceronte, huesos de animales y pieles de serpiente, entre otros. Hacia finales del siglo XIX, una tienda inglesa podía llegar a vender más de medio millón de bastones en un año y más de 4.000 personas trabajaban en la creación de bastones en Inglaterra. América, Australia, Sudáfrica y Jamaica se convirtieron en los principales suministradores de maderas como materia prima para la creación de bastones.
FOTO 007
En Estados Unidos, los primeros que incorporaron los bastones fueron los californianos y, desde allí, la moda se extendió a Chicago y Nueva Cork. Para distintos presidentes, el bastón se convirtió en un símbolo particular. George Washington dejó a su hermano Charles el bastón dorado que Benjamín Franklin le había dejado a él en 1790. James Madison dejó dos bastones, uno de ellos donado por Thomas Jefferson.

En la actualidad, el bastón no sólo es un signo de distinción de las clases más adineradas. Los hombres del campo siguen utilizándolo en tareas de pastoreo, o como bastones de paseo para las personas mayores, cuyo uso facilita el caminar. Los bastones son útiles y necesarios en la práctica de numerosas actividades, como el senderismo, y deportes, como el esquí, el golf o el cricket. Sin embargo, dependiendo de su elaboración, de las características que el bastón manifieste aún hoy día es signo para aquellos sofisticados personajes que gustan de abrazar su bastón como fiel compañero.

Antxon Aguirre Sorondo ha recopilado varios ejemplos de las distintas aplicaciones del bastón en su Trabajo “Palos, bastones y makilas”, publicado en los “Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra”. Además de mostrar su uso primitivo como arma de defensa y ataque, el bastón era un instrumento adecuado para cazar animales y para defenderse en situaciones de riesgo. Más tarde, se convirtió en un útil para el trabajo, para estimular a los animales, para medir y como apoyo al andar. Hoy es el protagonista de varios juegos, canciones y ritos de la cultura de muchos países.
FOTO 008
El jaybanismo es la forma de chamanismo practicada por los indios chocóes que habitan el darién panameño y el Chocó colombiano. El jaybaná o chamán no tiene ninguna fuerza curativa si no lleva consigo sus bastones, fabricados por él mismo, bajo la dirección de su maestro, con madera de cocobolo o corazón de bársano o níspero, que en su lengua es tummá o barra. Estas maderas son muy duras y la elaboración de los bastones resulta muy laboriosa. El extremo inferior del bastón o contera se reviste con una lámina de plata batida en frío y el extremo superior o empuñadura (chiporó) está rematado por una talla antropomorfa representando generalmente un hombre vestido a la usanza de un caballero del siglo XIX, con sombrero de copa y levita, las manos cruzadas sobre el abdomen o extendidas a lo largo del cuerpo.

Otros bastones representan con gran exactitud el cuerpo y la forma de una culebra. Los bastones son compañía inseparable del jaybaná mientras canta o celebra alguno de los ritos curativos ante un paciente. LA misión de estas tallas es capturar a los espíritus malignos para que pueda tener lugar la curación.
FOTO 009
En Tlaxcala (México), la familia Molina de Tizatlán ha transmitido su arte desde sus abuelos hasta sus hijos, dedicando toda su vida a la talla de madera. Los tizatlecos crean con gran habilidad verdaderas piezas de arte, como sus famoso bastones, posiblemente los únicos supervivientes de una milenaria tradición de los antiguos mexicanos, no sólo para uso de los ancianos, sino como símbolo de poder, tanto terrenal como divino, o como augurio de larga vida para los nacidos bajo la protección del dios que corresponda a la fecha.

En Tarragona (España) es característico “el Ball de Bastons”, una danza de tipo guerrero, feminizada por el vestuario, que consiste en hacer chocar, construyendo diversas figuras coreográficas, los dos bastones que llevan cada uno de los bailarines situados en dos filas paralelas que avanzan a medida que bailan.

Actualmente, creadores como Marcelo Toledo, con un largo y fructífero camino en el arte de la orfebrería, son capaces de transmitir al bastón su sello personal. Son piezas únicas e irrepetibles, que conservan las mismas técnicas artesanales con que se trabajaba en la antigüedad, obras en metales preciosos, en plata y oro.
FOTO 010
La Historia del bastón está llena de ejemplos, cuando menos curiosos, de los usos que el ser humano ha dado a este instrumento capaz de ser complemento en el vestir, elemento de medida, arma de defensa, instrumento de juego, artículo mágico y, sobre todo, fiel compañero.

MAKILA VASCA

“Dondequiera que vaya un navarro o un vasco se cuelga del cuello un cuerno como un cazador, y acostumbra a llevar dos o tres jabalinas, que ellos llaman auconas (azconas)". Guía del peregrino Medieval (Siglo XII).

La makila es desde antaño amiga fiel del vasco. Unida a su mano, como arma en situaciones de riesgo, punto de apoyo en trabajo y el paseo, y protagonista de celebraciones y fiestas. La makila vasca tiene su origen en las aguijadas que se utilizaban para estimular a los bueyes, pero hoy se ha convertido en amiga de los caminantes y símbolo del poder y del respeto. Por eso, existe la costumbre de regalar una makila a aquellas personas que se acercan hasta el País Vasco o a aquellas otras a las que se pretende honrar.

Hoy sólo un artesano vive de fabricar makilas o bastones vascos en el Sur del País Vasco. Iñaki Alberdi las fabrica desde hace años, usando para ello madera de níspero, fundamentalmente. Durante la primavera o el verano, Alberdi con una herramienta especial efectúa unas heridas en la piel de las ramas de los nísperos. Cicatrizando esas heridas, el propio níspero creará formas sorprendentes en su piel. Describimos aquí la historia de la makila, su proceso de elaboración, y todo el entorno que rodea al símbolo y al oficio paciente y especial de su creador.
FOTO 011
Se puede decir que el palo o bastón es un elemento internacional. Pero la makila vasca tiene también sus características especiales. Se ha convertido en símbolo de la amistad y reconocimiento de los vascos. Los alcaldes y presidentes vascos reciben aún sus makilas, como señal del poder que ostentan. Y diversos personajes famosos que se han acercado al País Vasco han recibido por parte de los mandatarios vascos una makila como regalo.

Como nos decía en su trabajo Antxon Aguirre Sorondo, a los términos euskéricos Makil, Makila, Makill, Makhil, Makhila, Bastoi, Bastoin, Zaimakila, Kana, Mako, Zigor y Kasta, que designan el bastón y sus variantes, corresponden en castellano un no menos amplio surtido de significantes de las diferentes modalidades del mismo elemento: apoyo, arrimo, báculo, bastón, bengala, cachava, cachavona, cayada, cayado, clava, croza, estaca, gancho, garrota, garrote, gayata, macana, palo, roten, tiento, vara, etc.

Empezando por el principio, la prehistoria nos ha dejado una serie de bastones, decorados o no, llamados "bastones de mando" a pesar de que no esté demostrada su función original (para algunos intérpretes son simples broches para atar las pieles al cuerpo, trofeos de caza o instrumentos de hechicería, mientras que para otros su simbología evidencia autoridad). Sí se constata claramente, por contra, que eran elementos de gran importancia dentro de las comunidades paleolíticas. Se trata de una especie de puños de bastón fabricados con hueso de cuernos de reno o venado, con entre uno y cuatro agujeros, y grabados que representan escenas semejantes a las rupestres. Su datación abarca los periodos solutrense y magdaleniense.
FOTO 012
Los textos bíblicos están empedrados de manifestaciones del poder de Dios mediante varas y bastones. En la memoria de todos está la vara de Moisés, por la que el pueblo Judío reconocía el auxilio de Jehová a su causa: convertida en serpiente, devoró las varas de los magos falsarios (falsas varas para falsos poderes); transformó las aguas en sangre e hizo brotar agua fresca de la roca de Horeb; tras tocar el suelo y elevarla al aire, surgieron nubes de mosquitos, un terrible granizo y, finalmente, una plaga de langosta; al blandirla separó las aguas del mar Rojo. Y no sólo eso, pues cuando surgieron diferencias entre los hijos de Israel sobre el sacerdocio en la familia de los levitas, el Señor ordenó a Moisés reuniese trece varas de almendro (material del que se hacían los bastones y cetros en Palestina), una por cada tribu, escribiese el nombre de Aaron en la vara de la tribu de Leví, y las depositase en el Tabernáculo del testimonio. Al día siguiente, se encontró que la vara de Aaron había florecido, con lo que la elección divina para el sumo sacerdocio recayó en el hermano mayor de Moisés. De aquí que San José, en tanto que descendiente de la tribu de Leví, porte siempre una vara o palo florido.

De Grecia se transmitió a Etruria, hecho plasmado en bajo relieves y pinturas murales de ese período. En Roma, al margen de los ya mencionados símbolos de dignidad o mando, tan sólo persistió la rudimentaria vara, esto es, una rama cortada de un árbol y despojada de tallos y hojas, entre enfermos, ancianos y mendicantes.

Pero como adorno o elemento de lujo, el bastón no vuelve hasta último tercio Edad Media. Entre los siglos XIII-XV alcanza su máximo esplendor en potencias o bastones de San Antonio; muletas en "T" o bastones abaciales; bastones blancos de los apestados; bastones de chantre; bastones de iglesia; bastones de escucha, característicos de los escuderos escuchadores (así llamados por su misión de escuchar y transmitir las impresiones de los caballeros durante el combate); bastones de oficios, que los servidores de Francia llevaban como signo de fidelidad a su monarca y a cuya muerte arrojábanlos a la tumba.
FOTO 013
Es así que el útil y el símbolo con frecuencia se confunden o yuxtaponen, y lo que en principio fue punto de apoyo para cuerpos cansados o decoro de los más presumidos, adquiere naturaleza ritual. Es el caso, por ejemplo, del avisador de los teatros que todavía hoy en muchos países dan tres golpes de puntero antes de iniciarse la función, lo que constituye (en la Era de las telecomunicaciones) un residuo ritual de orígenes mucho más prosaico. O el de los silenciarios, personajes que en los templos vigilaban, bastón en ristre, la compostura y el recogimiento de los feligreses durante los oficios; y también podemos incluir en este grupo a los responsables de la custodia de los bastones de cofradía y de llevarlos solemnemente en las procesiones, llamados bastoneros.

"En Améscoa, únicamente llevaban bastón los curas cuando iban de paseo. Los pastores usaban y siguen usando un palo liso. Los tratantes una varita, generalmente de fresno, con una correa en la empuñadura, para atarla en la muñeca. Los ganaderos usaban la churra. Es la churra un palo de olivastro con su raíz, que es muy gorda (muy leñosa) y se procura que tenga forma de pera".

Pero además de todas estas sencillas aplicaciones del elemental palo, existen otras mucho más sofisticadas, que no ha lugar describir aquí pero que mencionamos por su originalidad: el bastón estoque; el bastón escopeta; el bastón de pesca (que evolucionó hasta la caña de pescar); el bastón lámpara (con lamparita, pila y conmutador); el bastón soporte (de fotógrafos). Y, típico elemento del siglo XIX, ¡el bastón-pitillera!.
FOTO 014

BIBLIOGRAFÍA
Historia del bastón. Ruth Fraile Huertas. Doctora en Ciencias Biológicas. Universidad Autónoma de Madrid. 2004
Que es la Makila
http://www.argia.com/makilak/indexes.htm
“Palos, bastones y makilas” publicado en los "Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra". Autor Antxon Aguirre Sorondo
http://www.euskonews.com/0148zbk/gaia14806es.html

Agradecimientos
Antxon Aguirre Sorondo
Javier Cortina Izeta
Laura Fernández-Mijares Sánchez
Carlos Fernández-Mijares Sánchez
Ruth Fraile Huertas
Andrés Peña Arrebola
Ángel Sotorrio Pérez
Laboratorios Bristol-Myers Squibb

FOTOS
FOTO 001. Dalí.
http://comunidad.uem.es/blogfiles/arodriguez/Dali.jpg
FOTO 002. Cantabria. La Cullalvera
http://www.uned.es/dpto-pha/mapa2/Cantabria/Cullalvera/cullalvera01.jpg
FOTO 003. Egipto.
http://sp4.fotologs.net/photo/20/51/26/myrddyn/1200388883_f.jpg
FOTO 004. Bastones colección privada
FOTO 005. Fotomontaje. Moisés, San José Obrero y San Nicolás.
FOTO 006. El General Manuel Belgrano, entrega el Bastón de mando a Santa María de las Mercedes, tras la Batalla de Tucumán (Argentina), el 24 de Septiembre de 1812.
http://www.tibau-producciones.com.ar/belgrano%20y%20virgen%20de%20la%20merced.JPG
FOTO 007. George Washington
http://www.guanaquin.com/revista/2004/190904/fotos/he1.gif
FOTO 008. Óleo
http://img56.imageshack.us/i/img1949.jpg/
FOTO 009. Bastones colección privada. Laura y Carlos Fernández-Mijares Sánchez
FOTO 0010. Fotomontaje.
FOTO 011. Makila
http://www.argia.com/makilak/indexes.htm
FOTO 012. Chamán. Colección privada, Manuel Solórzano
FOTO 013. Fotomontaje. Obispo de San Sebastián con su báculo.
FOTO 014. Bastones colección privada. Manuel Solórzano
FOTO 015. El famoso lienzo de Goya “Riña de garrotazos”
http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/2/2b/Ri%C3%B1a_a_garrotazos.jpg
FOTO 015. El famoso lienzo de Goya “Riña de garrotazos”

Manuel Solórzano Sánchez
Enfermero Hospital Donostia. Osakidetza /SVS
masor@telefonica.net
Etiqueta: Historia de la Enfermería

domingo, 21 de febrero de 2010

LA MEDICINA POPULAR EN EL PAÍS VASCO (2º PARTE)

Ungüentos y emplastos
Los ungüentos y emplastos, ocupan un lugar preferente entre los remedios utilizados por los curanderos, por tal razón son conocidos como “emplasteros”. Aceite, grasas, sal, ajo y hierbas eran manejados con destreza y no a ciegas, sino con perfecta discriminación de las especiales virtudes atribuidas, desde remotos tempos. Con éstas, previa selección, se confeccionan los más diversos mejunjes cuya virtud, en la mayoría de los casos, está más relacionada con la forma de su aplicación que con la naturaleza de los ingredientes.

Al otro lado del Pirineo, en el lado francés se preparan cierto número de ungüentos que, en gracia a similar virtud, reciben la genérica denominación de “tirantak” que significa atraer, y están constituidos de mezclas de sebo, cera, resina y otros productos. Los curanderos utilizan y saben usar una gran cantidad de hierbas, encontrándoles a todas ellas muchas aplicaciones.

Empezaremos con las “pasmo-belarrak” que son las hierbas del pasmo, y abarcan varias especies, utilizándolas con profusión en toda lesión infectada, así como también la “urtsubelar” o agrémona. Las hojas de “illar-ondokoa” (Arum-aro) mezcladas con aceite y envueltas en una hoja de berza, hacen madurar el forúnculo si ha estado previamente colocadas sobre la brasa del hogar. La “belar-beltz” o “us-ostoa” es la escrofularia y tiene múltiples aplicaciones en las escrófulas (proceso infeccioso que afecta a los ganglios linfáticos, sobre todo a nivel del cuello), cortaduras y quemaduras, y por extensión en los diviesos e incluso en las afecciones cancerosas.

La “txoribelar” que es la hierba cana que se utiliza en los panadizos y flemones. La herida mal cerrada, se abrirá para su perfecta curación con un emplasto de “sardin-belar” o botón de oro. Con análogos fines se emplean también “aingeru-belarra”, “iñuntsi-belarra” o tamujo, la cebolla caliente, la “suhar-belarra” o valeriana y el “orkats-osto” o madreselva. El eléboro “lipu-belar” en el carbunclo, y la quelidonia “zarandonabelar” en las cortaduras.

Un viejo curandero de Pasajes (Gipuzkoa), que gozó de mucha fama en su pueblo y alrededores, nos contó sin ningún reparo lo que él hacía y nos dio una lección acerca del tratamiento de las heridas y la preparación del emplasto que le proporcionó renombre y fortuna, aunque los emolumentos y donativos de la época estaban lejos de parecerse a los que hoy perciben los cofrades.

Según él, no es cierto que la presencia del mar empeore las heridas, ya que por si tienden a hacerlo todas ellas. Cuando no es bien cuidada, “se pasma” y en tal caso, nada mejor que un emplasto para curarla en pocos días. Mas a fuerza de sincerarse, nos confiesa que no es obra de su invención, sino que posee la fórmula de la mejor curandera que ha habido por estos contornos, “Antzilleko Bixenta”, la Vicenta del caserío Antxille, de Oyarzun, hoy en día ya fallecida.

Nos describe la minuciosa preparación del famoso emplasto: se cortan en trocitos trece especies distintas de hierbas, escogidas en el campo por él mismo y cuyos nombres no conoce, o no quiere que nosotros las conozcamos. Las hierbas bien cortadas se mezclan con gran cantidad de ajos; se machacan bien y se prensan en un torno para exprimir el jugo que debe recogerse. Se añaden a éste grasa de gallina y manteca de cerdo, aceite y resina líquida. Se coloca todo en una caldera, a fuego lento, y se agita sin interrupción durante dos horas hasta que adquiera una consistencia siruposa. Obtenido así el ungüento se extiende en un trapo de hilo, con preferencia de gasa, ya que los agujeros de ésta lo alteran, y se coloca sobre la herida, previamente lavada con agua (a partes iguales con agua oxigenada en los últimos años); así se hace varios días hasta lograr su curación. Innumerables cantidad de heridas ha curado por este procedimiento al que no se resisten ni el carbunclo (enfermedad contagiosa) que más de un médico ha querido abrir antes de su intervención. Para curar nos dice, que le basta con su emplasto; “el cuchillo para los cerdos”……añade como colofón.

FOTO 001
Conocemos la composición de otro ungüento, muy reputado entre los pescadores donostiarras para lograr la curación de todo tipo de heridas o rozaduras, estén o no infectadas: se pone media libra de aceite con diez cabezas de ajo, que se retiran al entrar el aceite en ebullición; se añaden a éste seis onzas de cera virgen que se funden en él y unos polvos de minio. El ungüento negro resultante se conserva en latas. Su principal mérito radica probablemente en la impermeabilización procurada por la cera fundida y que aisla la herida del medio exterior; lo mismo que sucede con la pez de los zapateros.

No nos parece tan clara la acción de la “piel de culebra” untada en aceite, como la empleaban los curanderos de Régil (Gipuzkoa), en cambio nos cuenta Aita Barandiarán que allende la frontera, se emplea la piel de serpiente para facilitar la extracción de una espina clavada, colocándola sobre ella. Lo mismo que se logra poniendo aceite y cubriendo con una venda, o bien untando con “urdemiña” o bilis de cerdo, que ha de ser macho precisamente. La acción de la “zarandona-belarra” o quelidonia, acaso pueda atribuirse al poder astringente de su jugo amarillo.

Gozó de gran predicamento el bálsamo de Malats, con el que el famoso Petrequillo se empeño en curar la herida que terminó con la vida del General Zumalacárregui. Su complicada preparación merece ser citada. En una vasija de vidrio de ancha boca se colocan, en determinada y bien conocida proporción, flores de romero, manzanilla y cantueso en buena cantidad de aceite y tapado con un paño se abandona el recipiente al sol y al sereno, de mayo a octubre. En agosto se le incorporan frutos y hojas de balsamina, y en septiembre bálsamo del Perú. Llegado octubre, se cuela todo para dejarlo clarificar por reposo y conservarlo en frascos bien llenos y bien tapados. Se empleaba principalmente por sus propiedades de detener la hemorragia y cicatrizantes.

Azcue publica la fórmula y aplicaciones de un prodigioso bálsamo casero que lo conoció por un oriundo de Ceánuri (Oficialmente hoy Zeanuri, Vizcaya). Este preparado tenía más resultados publicitarios que terapéuticos, decía así: “se emplea el bálsamo casero para curar catorce enfermedades. Consistía en azumbre y media de alcohol extraído a maíz y cebada, 150 gramos de “óleos zucotrino”, 50 de incienso, 50 de mirra, otros 50 de hierba de prados, 12 de lirio silvestre. Se mezclarán todos, bien desmenuzados en una gran botella de vino. Junio era uno de los mejores mese para hacer este remedio. Téngase en la botella agitando a menudo hasta que pase agosto, para dar después como se debe a cada enfermo”.

Hemos visto tratar en un caserío cercano a una niña que se había herido en la cabeza, aplicándole emplasto de caracoles, recogiéndolos en el momento, creyéndola dedicada a finalidades gastronómicas más provechosas. La herida, como no podía menos, se ha infectado y la niña ha ido a parar a manos de un cirujano.

Emplastos y ungüentos se emplean en todos los procesos supurativos, cualquiera que sea su localización. Nuestro viejo curandero se jactaba ante mí de haber evitado una trepanación de mastoides a consecuencia de una otitis supurada, que curó en pocas horas gracias a la aplicación de un emplasto hecho con “pasmo-belarra”, “zain-gorri”, ajo, aceite y vino.

Para el “zingirio” o panadizo citaremos diversos tratamientos manejados por el pueblo. Influye en ellos el calor, húmedo o seco, en forma de agua hirviendo en la que se mete el dedo enfermo, tres, siete o nueve veces, o bien, cinco, siete o nueve veces, según los lugares; de cebolla calentada y ablandada, pan muy caliente mojado en leche, o bien hiel de cerdo templada; quemando, bajo ceniza, cebolla con un poco de aceite; con emplasto de ajo y raíces de lirio, o con otro más consistente compuesto por vino, aceite, manteca, linaza, ajo, cebolla y meollo de cuajo, entre los que se encuentran bien conocidos revulsivos. Si llegase el momento de tener que abrirlo, debe hacerse utilizando una espina de San Juan, o de espino que no sea negra.

En ocasiones la acción de los emplastos es ayudada con cauterizaciones. Así en el carbunco que la gente llama aquí “karmunko”, enfermedad cuya frecuencia ha descendido notablemente, solía cauterizarse la pústula con un clavo al rojo y cubrirla después con un emplasto como el preparado con hoja de berza, lechuga, remolacha y nogal, recogido todo ello en Ceánuri, en donde además administraban al enfermo infusión de manzanilla como única bebida.

FOTO 002
También hemos podido comprobar que en la población rural llamaban “karmunko” a cualquiera de las formas del panadizo. En un caserío de Igara de San Sebastián nos refirieron el siguiente tratamiento, con resultados satisfactorios: se empieza por hacer sobre la lesión tres finas incisiones para meter el dedo después, y tres veces al día, en una vasija con un vaso de vino y otro de leche mezclados, que se calientan echando al líquido una “karaitzak” que son fragmentos de piedra caliza de color rojo. Cuando ha terminado la supuración, a fin de evitar o para curar la especie de espolón que suele formarse, se ponen en él, tres veces al día, tres gotas cada vez exprimidas de la “esne-belarra” que son hierbas de jugo lactescente y se cubre la lesión con emplasto de caracoles.

Más tratando de emplastos no podemos dejar de citar una de las afecciones en las que más se emplean y que es la mastitis. El autor la define como el “endurecimiento de la ubre en su base”, esta enfermedad da salida a un pus espeso. Esta afección frecuente y dolorosa, rebelde a los tratamientos simples, ha sido tratada por todos los medios de la medicina popular. Aparte de las fórmulas mágicas y amuletos utilizados contra ella, son los emplastos de los más variados, los que procuran mayor alivio. El viejo curandero describía así la enfermedad: “la mama tiene ocho venas principales, aparte de innúmeras secundarias, y al detenerse la sangre, las ocho quedan obturadas, por lo que es imposible que el proceso cure sin que se hayan abierto otras tantas bocas por las cuales se eliminen los productos retenidos…..”.

Órganos de los sentidos
Empezaremos por el Oído. Había una costumbre popular y rural de echar unas gotas de aceite para que no molestase el zumbido. Conocida esta virtud del aceite se comprenden los ritos con que se trata de reforzarla, y así se conduce a los enfermos a la ermita de San Gregorio de Albistur para que froten los oídos con el aceite de su lámpara, o se lleva el aceite en una vinajera para cambiarlo con el de la ermita de San Cristóbal de las Cruces de Aranguio, con el cual se harán las frotaciones por nueve días. Derivada de esta devoción es la de meter en el oído unas gotas de agua bendita, que alimenten al gusano que en él se encuentra (Mundaka).

La beneficiosa influencia del calor es pretendida con el vaho del cocimiento de las “belarri-bedarra” que son la jubarba, alcachofa salvaje que abunda en los tejados, o de leche hervida con una piedra caliza al rojo, o la instilación de unas gotas de leche materna, costumbre corriente en todo el País Vasco. Para evitar la infección de la oreja al poner los primeros pendientes a las niñas, es costumbre en Ceánuri mojar antes el lóbulo con saliva de ayunas; saliva que tiene múltiples virtudes. Si en el oído entran unas gotas de agua, se suele hacerla salir metiendo en el conducto una piedrecita y golpeando con otra desde fuera.

El ojo

FOTO 003
De las afecciones oculares es el orzuelo una de las más aparatosas y frecuentes. Ya sea que haya brotado a causa de alguna mentirijillas, según todos hemos podido escuchar en nuestra infancia; ya por avaricia (Vizcaya); porque una mujer ha tenido la discutible fortuna deque un viudo haya pensado llevarla a los altares (Baja Navarra); o que sea achacable a pensamientos o sueños en relación con el nacimiento de un niño, según modernísima interpretación psico-somática, tan aceptable como las anteriores, sin duda. Las molestias que ocasiona justifican los simples remedios que, aun con criterios contrapuestos se usan, ya que si para algunos es beneficioso el frío de una llave, o del anillo de casada o de viuda, nueve veces aplicado, o bien la savia de una rama de vid, recogida en un vaso; para otros es preferible el calor de un huevo de gallina recién puesto, que conserva la vista, por añadidura; la leche de la madre directamente proyectada por el pecho, o el mantener toda la noche sobre el ojo la media, vuelta del revés, que se ha quitado al acostarse, la cual alivia el dolor.

En cuanto a otras afecciones, en Liguinaga curan los ojos enfermos con cocimientos de la rosa centifolia. Por estos lares es frecuente tratarlos con infusiones de manzanilla y con agua de mar. Y es raro que las cocineras aguanten el lagrimeo que les provoca el picar cebolla cuando tan fácilmente podrían evitarlo con poner entre los dientes un trozo de su corteza, o poner el casquete de la cebolla encima de la cabeza.

Y para terminar diremos la curiosa interpretación que dan en el mismo Liguinaga al estrabismo “begioker” que suele achacarse al hábito adquirido por el niño de mirar desoslayo desde su cuna las ventanas abiertas.

Nariz y garganta
Para cohibirlas epistaxis o hemorragias nasales, se recurre, aun hoy, a la beneficiosa acción refleja del frío aplicado a la nuca, colocando sobre ella una llave o mojándola con agua fresca.
Se cura el mal de garganta haciendo gargarismos con infusión de hojas de zarza, o aplicando al cuello durante la noche la media del lado izquierdo, beneficiosa también para la ronquera.
Para las anginas es también de gran eficacia esta misma media, poniéndole dentro salvado asado; o bien un emplasto preparado cociendo nido de golondrinas en aceite.

Medios utilizados en Ceánuri son: el cocimiento de hierbas de pastizal, el agua de limón endulzada con azúcar, o cebada; y el beber cuatro tazas de agua de ortigas y hacer gárgaras después con agua de malvavisco, miel y vinagre. En Amézqueta recomendaban dar de comer piel de culebra bien desmenuzada y mezclada con salvado.

Saliva
La leche materna, la saliva, las deyecciones tanto humanas como de animales, se las considera, desde el punto de vista de la medicina popular, dotadas de prodigiosas virtudes y son, por tanto, utilizadas en amplia escala. Refiriéndonos a la saliva en ayunas es aún más eficaz, a juzgar por el cuidado con que en ocasiones es prescrita. Se recomienda la saliva en el herpes y antes de perforar la oreja de las niñas. Se emplea también para curar los ojos de los niños o de los mayores que tienen legañas y para frotar las crecederas. En el país Vasco Francés está recogido que cuando un niño recibe un golpe, se le unta y se frota la zona vulnerada, con saliva mientras se le canta.

Algunos Curanderos Famosos de Gipuzkoa
En el caserío “Arnoate” cuna de varias generaciones de curanderos quienes a su vez, han dado origen a reputados médicos contemporáneos que, a la práctica de sus antepasados han unido los conocimientos adquiridos en sus estudios universitarios y en un ejemplar ejercicio profesional. El último representante de los curanderos de este Caserío fue Julián, llamado “Arnobate”, cuyo recuerdo se mantiene todavía. Si remontamos dos generaciones, su abuelo era ya conocido en el arte, así como otro hermano que se estableció en Elgóibar y del que por línea directa descendieron un notable médico y el hijo de éste, renombrado cirujano contemporáneo.

El padre de Julián era también afamado curandero, con el sobrenombre de “Arnobateko” y a él acudían gentes de toda la provincia, lesionados de las minas de Somorrostro tras varias jornadas de camino transportados en parihuelas, así como “indianos” deseosos de recuperar las funciones de sus miembros semi-anquilosados a partir de viejos percances sufridos allí en las Pampas o en California. Un hermano suyo, dedicado a análogas actividades se estableció en Amorebieta y en Marquina una hermana, conocida como “Mari Arnobate” que llegó a lograr gran fama por sus curaciones. Nos han referido el tratamiento que con sorprendente éxito utilizaba en las quemaduras, que curaban con cicatrices apenas deformes, cubriéndolas con cristal finamente pulverizado. El padre de Julián no sólo preparó a su hijo para que continuase su propia ruta, sino que tuvo también otros discípulos, y que entre ellos a un colono suyo, el del Caserío “Agiretxiki”, de apellido San Martín, quien, trasladado a la Argentina, logró gran renombre y tuvo un hijo, donostiarra de nacimiento, el doctor Ángel F. San martín, Catedrático de Patología Quirúrgica de la facultad de Medicina de Buenos Aires.

Con esto llegamos al mismo Julián de Arrillaga y Alberdi, hijo menor del matrimonio de José Andrés y María magdalena, naturales de Elgóibar y Marquina, respectivamente. Nació el nueve de septiembre de 1883 en el Caserío “Arnoate” situado en el término municipal de Elgóibar, a unos diez kilómetros del casco de población, en las lindes de Elgóibar, Marquina y Motrico. Falleció a los 62 años el nueve de enero de 1917, en la primera de estas villas.

FOTO 004
De mozalbete le envió su padre a casa de unos parientes de Bermeo, en donde asistió a la escuela, y luego a Vitoria para perfeccionarse en el habla castellana. Más adelante, con franco prestigio logrado en años de ejercicio curanderil, el diecisiete de junio de 1896 obtuvo el título de Practicante, en Zaragoza, aún a trueque del sacrificio que, por sus escasas letras, suponían los estudios, con ánimo sin duda, de garantizar sus actividades; fue mentor suyo el doctor Pedro de Uncilla, celebrado médico de Durango, y solamente contadas personas tuvieron noticia de la posesión de este título, que Julián parecía interesado en ocultar.

Al fallecimiento de su padre, ocurrido hacia 1889, construyó, para habilitarla con su familia, una casa en Elgóibar, y estableció en ella una pensión de huéspedes que le permitía mayor libertad de actuación.

Tenía particular afición al tratamiento de las fracturas y la reducción de las luxaciones, que ejecutaba con rara habilidad. Suyo es el procedimiento de reducir la del maxilar inferior sin necesidad de ayuda alguna, ni de introducir los dedos en la boca, con sólo tumbar al accidentado sobre una tabla en la que la cabeza queda apoyada e inmóvil, y merced a un acertado movimiento de los pulgares del práctico, sobre la mandíbula dislocada. Otro de los aciertos de Julián fue el empleo de camas estrechas, de sesenta centímetros de anchura, que impiden casi toda movilidad a los fracturados de miembros inferiores y facilita la incorporación, sin ayuda, del mismo enfermo. Solía utilizar para férulas tablillas de castaño que, húmedas, no sólo se adaptan perfectamente al miembro lesionado, sino que conservan su forma con indudable ventaja para la renovación de curas. El vendaje que colocaba sobre ellas lo impregnaba en clara de huevo que le proporcionaba cierta consistencia, análogamente a la cola de zinc de uso magistral. Gran masajista, conocía además a la perfección el valor de los movimientos pasivos, una vez retirado el apósito.

Acostumbraba decir que jamás había cogido un lápiz para redactar una receta; nunca usó de brebajes ni mixturas; cuando más, recomendó el aceite de ricino o la sal de higuera muy en boga en la época y aún después. Sabía manejar emplastos o compresas húmedas calientes; en las heridas empleaba un ungüento compuesto por resina, trementina, pez y aceite. Al oír hablar de él llama la atención la auténtica intuición médica de que estaba dotado y que seguramente le impidió, más que los conocimientos teóricos logrados en su carrera, caer en los frecuentes errores que caracterizan la práctica curanderil ordinaria.

Su campo de acción se extendía, aparte de éstas provincias, hasta la Rioja, pero la mayoría de los clientes venían a buscarle a Elgóibar o a la “consulta” que estableció en San Sebastián. Por cierto que en ésta, no dejó de presentarse en cierta ocasión una pareja de policías con la pretensión de que tratase a uno de ellos, afecto de una osteitis. Aun cuando el curandero no quiso intervenir por considerar el caso más propio de un cirujano, fue conducido al Gobierno Civil y sancionado con quinientas de las antiguas pesetas. Por una vez hizo valer su título de practicante que, con el de médico de su hijo que le respaldaba, bastaron para terminar el incidente.
Gran jinete, el recorrido de Elgóibar a Donosita y regreso, solía hacerlo a lomos de su caballo con el exclusivo objeto de no pasar las noches fuera de casa.

Y una anécdota contada por su hijo del caserío “Arnoate”, y es que de regreso de una excursión a Marquina, pernoctó en él el Cura Santa Cruz, con tal fortuna que, a las pocas horas de su llegada, cayó por allí un grupo de voluntarios eibarreses a acogerse bajo el mismo techo. Mientras éstos, ajenos a tal circunstancia, pasaron la noche en la planta baja de la casa, Santa Cruz aguardaba el amanecer escondido en una habitación del piso alto de la misma.

Agradecimientos
Ignacio María Barriola

FOTO 005
FOTOS
Foto 001 La preparación de ungüentos. Grabados iluminados (1500) inspirados en "La Historial Natural" de Plinio el Viejo (23-79 d.C.) Venecia. Biblioteca Marciana. El empleo de ungüentos era frecuente en los tiempos de Celsus.
http://images.google.es/imgres?imgurl=http://www.scielo.org.ve/img/fbpe/GMC/v110n4/art09img03.gif&imgrefurl=http://www.scielo.org.ve/scielo.php%3Fpid%3DS0367-47622002000400009%26script%3Dsci_arttext&usg=__mr0f7cRi6S6iM8ulROUcP9cmj7M=&h=558&w=360&sz=131&hl=es&start=16&itbs=1&tbnid=c2xhnusocrmKYM:&tbnh=133&tbnw=86&prev=/images%3Fq%3Dunguentos%26hl%3Des%26gbv%3D2%26tbs%3Disch:1
Foto 002 Ungüentos egipcios. La belleza en el antiguo Egipto.
http://images.google.es/imgres?imgurl=http://ceemo.org.ar/Expo-80.jpg&imgrefurl=http://crucededestinos.blogspot.com/2007_10_01_archive.html&usg=__jbmLneXB4z2KLGHRqASAD4Ohz9Q=&h=1425&w=1228&sz=761&hl=es&start=39&itbs=1&tbnid=ZriMnHUGkgQMJM:&tbnh=150&tbnw=129&prev=/images%3Fq%3Dunguentos%26start%3D20%26hl%3Des%26sa%3DN%26gbv%3D2%26ndsp%3D20%26tbs%3Disch:1
Foto 003 Mal de ojo.
http://images.google.es/imgres?imgurl=https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgrO2s98qQ1yUxjvEgskM-RnWhpaVga0BvSmUHnGNE0CJsYmG5rNvJFbwqNc4guraxh8zFTpN-9i41Mh5WbTAXbIG_Wp6J9oSYjuaOaU-PpmSXAJMHU4Qo0PgSToLeU8QPyDoU1v98VscFs/s400/hechizos-mal-de-ojo-imagen.jpg&imgrefurl=http://elrincondelosenigmas.blogspot.com/2009/05/mal-de-ojo.html&usg=__-UYUGtwjvMfNDASrRjUgkIfynM8=&h=286&w=400&sz=21&hl=es&start=12&itbs=1&tbnid=BSrUWN_pJFYrzM:&tbnh=89&tbnw=124&prev=/images%3Fq%3Daojamiento%26hl%3Des%26sa%3DG%26gbv%3D2%26tbs%3Disch:1
Foto 004 Emplastos.
http://images.google.es/imgres?imgurl=http://miguelbalderrama.com/lineasdepensamiento/wp-content/uploads/2009/09/curanderos2.jpg&imgrefurl=http://miguelbalderrama.com/lineasdepensamiento/&usg=__b03YM-_lG8UQLkrlELY2FCAY3Po=&h=200&w=300&sz=20&hl=es&start=76&itbs=1&tbnid=IQnt-g-uL17tAM:&tbnh=77&tbnw=116&prev=/images%3Fq%3Demplastos%26start%3D60%26hl%3Des%26sa%3DN%26gbv%3D2%26ndsp%3D20%26tbs%3Disch:1
Foto 005. Ignacio María Barriola
Manuel Solórzano Sánchez
Enfermero Hospital Donostia. Osakidetza /SVS
masolorzano@telefonica.net
Etiqueta: Historia de la Enfermería