lunes, 22 de marzo de 2021

Las Hermanitas de los Pobres en San Sebastián 1934

 

Los Asilos Donostiarras

 

Un Asilo modelo que vive de la Caridad Pública – Asilados Contentos

 

Consecuentes con nuestro propósito de dar a conocer a nuestros lectores lo que para la gran mayoría es desconocido, como es la instalación y organización de los “Asilos donostiarras”, nos presentamos días pasados en el verdaderamente suntuoso edificio, que nosotros desconocíamos también y en el cual están instaladas las “Hermanitas de los Pobres”, institución caritativa que fue fundada en Francia, si nuestros informes son exactos, pero que en España y en otras naciones realiza una gran labor social y humanitaria (1).

 

Foto 1 Asilo de las Hermanitas de los Pobres en San Sebastián

 

Nos presentamos en el Asilo sin previo aviso, como lo hicimos unos días antes en el Asilo de Caridad de la cuesta de Aldapeta (2); como lo hicieron en este mismo Asilo el gobernador civil y el vicepresidente de la Comisión Provincial; como deben hacerse estas visitas, aunque haya quienes sospechen que se han hecho después de un aviso previo para que haya tiempo de prepararlo todo bien.

 

Llegamos al edificio de las “Hermanitas de los Pobres”, por la entrada próxima al cementerio de Polloe y a los talleres de los señores Altuna; unos minutos antes de las doce del mediodía, hora que suponíamos era la de la comida, aunque ésta se da una media hora después. Un anciano asilado abrió un portón para dar paso al auto y al penetrar en el amplio patio – jardín, nos encontramos verdaderamente sorprendidos, ante un edificio que a pesar de llevar treinta años de existencia (1904), parece recientemente construido.

 

Un extenso cuadrilátero adornado con macizos y palmeras y el suelo cubierto de gravilla, está encuadrado por el edificio – Asilo, de un cuerpo central y dos perpendiculares. La parte baja tiene una galería descubierta, con arcadas y con asientos, donde los ancianos asilados toman el sol.

 

Foto 2 Edificio de la Maternidad de San Sebastián (hoy Nazaret), arriba el edificio del Asilo de las Hermanitas de los Pobres

 

En días de buen tiempo, aquello debe constituir media vida para aquéllos. En este día en que nosotros estuvimos, con un sol débil y velado por la niebla, la estancia resultaba sumamente agradable, como lo prueba el que en torno a una mesita baja, unos ancianos jugaban al tute y escuchaban los comentarios de los numerosos “mirones”.

 

Pronto apareció una monjita, que al conocer el objeto de la visita penetró en el interior, saliendo nuevamente acompañada de otra que parecía tener mayor autoridad.

 

Hemos de declarar que aunque no lo exteriorizaron, nuestra presencia produjo algún recelo en aquellas buenas “Hermanitas”. Tales cosas habrán oído de la “persecución” de la República a las instituciones religiosas…

 

Nos habíamos hecho acompañar de uno de los socios protectores del Asilo mediante la suscripción mensual, y esto sin duda, las tranquilizó y las movió a enseñarnos lo principal del Asilo.

 

La parte derecha, mirando a la fachada, está destinada a los hombres y la izquierda a las mujeres.

 

Los que confunden un Asilo con un hotel y todo lo que no sea esto lo reputan como malo, pueden convencerse de que, aparte el que las habitaciones, los dormitorios, no son individuales, el Asilo de las Hermanitas de los Pobres, provisto hasta de calefacción central, está más cerca del confortable hotel que del frío, hosco y destartalado asilo-almacén de mendigos.

 

Foto 3 Las ancianas recogidas haciendo labores. La Voz de Guipúzcoa. Domingo 25 de febrero de 1934. Página 8. Fotógrafo Gueréquiz

 

La galería exterior de la parte baja, con su pavimento de azulejos, limpísimo y donde pasean y toman el sol los asilados a quienes su estado de salud y de fuerzas físicas se lo consiente, da a unos comedores grandes provistos de mesas largas. El pavimento es de madera encerada y tal limpieza se respira allí, que según el dicho vulgar, “se pueden comer sopas en el suelo”.

 

En la parte destinada a los hombres hay barbería, lavabos, retretes y alguna otra dependencia.

 

Subimos al piso superior. Sobre la galería de la planta baja hay otra gemela, con arcadas, pero con subdivisiones. Un trozo amueblado con butacas y sillas tapizadas, que antes indudablemente formaron parte de mobiliarios de casas acomodadas, está ocupado por ancianos uno y por ancianas otro, a quienes los achaques no permiten bajar a la galería general y al patio – jardín.

 

Para los asilados que se hallan en esas condiciones hay, a ambos lados, un comedor reducido, con una mesa un poquito baja, en forma de herradura, en torno de la cual se sientan a hacer sus comidas. Tanto en una como en otra dependencia, hay radiadores de la calefacción.

 

Foto 4 Los ancianos charlando, fumando… y recordando durante una hora de buen sol invernal. La Voz de Guipúzcoa. Domingo 25 de febrero de 1934. Página 8. Fotógrafo Gueréquiz

 

Los hombres no hacían labor alguna: conversaban, fumaban su pipa los que tenían ese pequeño y consolador vicio o dormitaban pensando seguramente en la amargura de vivir en una sociedad donde un hombre que ha rendido todo su esfuerzo en el trabajo, al encontrarse ya vencido por la vida, tiene por todo consuelo para su vejez, un Asilo donde morir.

 

Las mujeres, siempre más locuaces y parlanchinas que los hombres, charlaban animadamente y unas cosían y otras no hacían nada. Entre ellas había una ancianita de unos noventa años, que suele entretenerse cantando, pero ese día nos dijo que no tenía ganas.

 

Vimos los dormitorios. Ya lo hemos dicho: fuera de que no son individuales, como los de un hotel. Muchas de las camas estaban cubiertas con un edredón. Un ancianito comía en la cama…

 

La capilla es más bien una coquetona iglesia de estilo gótico. Tiene un coro en el que hay una estatuita representando a San Miguel. En la nave de la iglesia hay varias filas de bancos para que en ellos se sienten los asilados. El conjunto es bello y severo a la par.

 

La impresión que sacamos de las “Hermanitas de los Pobres” fue agradabilísima. Aquel es un remanso de paz para los vencidos de la vida, un verdadero oasis para aquellos pobres viejos que respiran tranquilidad, limpieza, dulzura… Seguramente, lo que no tuvieron.

 

El Asilo está regido por una Comunidad formada por quince religiosas de la Orden de las “Hermanitas de los Pobres” (1).

 

El número de asilados es de 135 distribuidos en 68 hombres y 67 mujeres, cuyas edades oscilan entre sesenta y noventa años.

 

Foto 5 Ancianos durante el paseo por el jardín de la institución. La Voz de Guipúzcoa. Domingo 25 de febrero de 1934. Página 8. Fotógrafo Gueréquiz

 

¿Qué requisitos se necesitan para ser acogido en el Asilo? Preguntamos.

 

Ser pobre: tener cumplidos los sesenta años y no padecer enfermedades mentales ni contagiosas. ¡Ya ven ustedes: esto no es una Casa de Salud!... Por lo demás, no se tiene en cuenta el lugar de su nacimiento. Aunque la mayoría son vascos, pero los hay castellanos y hasta algún francés (1).

 

En efecto, hemos visto a un viejo cochero francés, conocidísimo en San Sebastián, por llevar en la ciudad muchísimos años.

 

¿Y con qué recursos se sostiene el Asilo?

Con los que le proporciona la caridad de las buenas almas. Hay una suscripción voluntaria entre el vecindario y en los mercados, a donde vamos a pedir, nos dan las buenas vendedoras, que tienen un gran corazón, verduras, hortalizas, algunas carnes y pescados…

 

Foto 6 Ancianos en una sala del Asilo.

 

Tenemos un pedacito de huerta, de donde sacamos alguna verdura. La alimentación tiene que ser con preferencia de verduras y pescado, dadas la edad y condiciones físicas de los que han de consumirla.

 

¿Andan ustedes siempre un poco escasas, no?

Lo estrictamente preciso para la vida del Asilo.

Es difícil la misión de ustedes al tener que cuidar a estos viejecitos que han vuelto a ser niños y que seguramente tendrán mal genio.

 

Pero nos las arreglamos bien: todo es cuestión de tener un poquito de paciencia y “saberlos llevar”, son muy dóciles.

 

¿Y con las mujeres, que ya no lo son tanto?

La buena monjita sonrió dulcemente… Al fin era mujer (1).

 

Cuando abandonamos el Asilo íbamos haciéndonos las mismas reflexiones que cuando salimos del Asilo de Caridad:

 

¿Por qué no vendrán a visitar estos establecimientos benéficos las personas que tienen mucho dinero? G.

 

Foto 7 Ancianas en el comedor del Asilo atendido por monjitas de la Caridad

 

«Un poco de calor» para el asilo de las Hermanitas de los Pobres, 1953

 

Una buena noticia a los bienhechores del Asilo de las Hermanitas de los Pobres: está a punto de llegar la caldera de la calefacción, que en cuanto llegue quedará instalada y empezará a funcionar, pues buena falta hace un poco de calor y más cuando se ha dejado atrás la juventud, ¿verdad, simpáticos ancianitos?» (3).

 

Viajamos hoy hasta los primeros días de 1953 a través de diversas noticias, todas ellas en tono positivo, que aparecieron publicadas en las ediciones del Diario Vasco del 3 y 4 de enero de hace 65. Nos sorprende que hasta entonces el asilo no tuviese calefacción. ¿Y si se la hubiesen pedido a los Reyes Magos?

 

«También sabemos que entre los asilados hay gran ilusión por el día de Reyes. Ellos saben que gracias a la generosidad de los donostiarras, las buenas monjitas se disponen a prepararlo todo para que ellos puedan celebrar con la mayor alegría y felicidad tan señalada fecha. A nosotros nos ha contado un pajarito que los Magos se detendrán en el Asilo, obsequiándoles con esplendidez» (3).

 

Foto 8 Los Xey, homenajeados en el Ayuntamiento. Fotógrafo Paco Marí

 

Devueltas 6.500 pesetas

Una buena acción daba pie a otra noticia 65 años atrás: «Está siendo muy elogiado el rasgo de honradez del guarda templos de la parroquia de San Vicente, don Jacinto Urruticoechea, quien, el pasado jueves, encontró en la citada iglesia una cartera conteniendo 6.500 pesetas, apresurándose a devolverla a su propietario, después de realizar él mismo las necesarias indagaciones para localizarlo» (3).

 

Entre vibraciones positivas, no podían faltar los Xey, que triunfaban en las Américas. Nuestro periódico publicaba una foto dedicada suya, con el siguiente pie: «Los Xey, el maravilloso conjunto vocal donostiarra, envía por mediación de EL DIARIO VASCO un cariñoso saludo con el deseo de un feliz y próspero año 1953. La reciente fotografía, dedicada a nuestros lectores, muestra una sonrisa de este quinteto de artistas que han sido aplaudidos en Europa y América con verdadera admiración» (3).

 

Guipúzcoa abre en Aldakonea un centro de ancianos al “estilo sueco” 1999

 

La inauguración de Aldakonea, hasta ayer un viejo asilo abandonado y desde hoy una lujosa residencia de ancianos inválidos, representa la apertura de un centro avanzado en la atención a las personas mayores, basado en el modelo sueco. La idea surgió tras girar una visita a este país escandinavo y constatar allí “las nuevas tecnologías en el equipamiento” de las residencias de ancianos, explicó ayer en San Sebastián el diputado de Servicios Sociales, Luis María Bandrés (4).

 

El edificio de Aldakonea se eleva en lo alto del barrio de Egia y domina todo el centro urbano de la ciudad. La Diputación lo adquirió en 1992 a las Hermanitas de los Pobres, que recibieron 25 millones de pesetas por una construcción de principios de siglo erigida al uso arquitectónico de los asilos.

 

La Diputación de Gipuzkoa optó definitivamente por remodelar las actuales instalaciones, que han costado 397,5 millones de pesetas (2,3 millones de euros).

 

La nueva residencia de ancianos de Aldakonea dará cobijo a 138 clientes, de los cuales 30 serán atendidos en el centro de día y el resto permanecerán internos. La reconstrucción ha permitido incorporar a la edificación “aplicaciones innovadoras que se van a constituir en un referente en el sector de la atención a los mayores”, manifestó el diputado Bandrés (4).

 

Foto 9 Comunidad de las Hermanitas 1939 – 1940. Málaga

https://www.diocesismalaga.es/pagina-de-inicio/2014044724/150-anos-de-historia-de-las-hermanitas-de-los-pobres/

 

Fotográfo: Gueréquiz

 

Bibliografía

1.- La Voz de Guipúzcoa. Domingo 25 de febrero de 1934

 

2.- Asilo de Caridad en lo Alto del Cerro de San Bartolomé en San Sebastián, 1909. Manuel Solórzano Sánchez.  Publicado el lunes día 27 de abril de 2020

https://enfeps.blogspot.com/2020/04/asilo-de-caridad-en-lo-alto-del-cerro.html

 

3.- Diario Vasco. 1953. «Un poco de calor» para el asilo de las Hermanitas de los Pobres. La Calle de la Memoria. Mikel G. Gurpegui. Jueves 4 de enero de 2018

https://www.diariovasco.com/san-sebastian/1953-poco-calor-20180104001151-ntvo.html

 

4.- El País. Edición San Sebastián. Mikel Ormazabal. 27 de abril de 1999

https://elpais.com/diario/1999/04/27/paisvasco/925242020_850215.html

 

La Obra de las Hermanitas de los Pobres 1898. Manuel Solórzano Sánchez. Publicado el martes día 23 de abril de 2019

https://enfeps.blogspot.com/2019/04/la-obra-de-las-hermanitas-de-los-pobres.html

 

Las Hermanitas de la Asunción Enfermeras de los Pobres a Domicilio 1929. Publicado el sábado día 30 de marzo de 2019

https://enfeps.blogspot.com/2019/03/las-hermanitas-de-la-asuncion.html

 

Manuel Solórzano Sánchez

Graduado en Enfermería. Enfermero Jubilado

Insignia de Oro de la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica 2010. SEEOF

Miembro de Enfermería Avanza

Miembro de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos

Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería

Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería

Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.

Miembro no numerario de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País. (RSBAP)

Académico de número de la Academia de Ciencias de Enfermería de Bizkaia – Bizkaiko Erizaintza Zientzien Akademia. ACEB – BEZA

Insignia de Oro del Colegio Oficial de Enfermería de Gipuzkoa 2019

Sello de Correos de Ficción. 21 de julio de 2020

masolorzano@telefonica.net

 

 

lunes, 15 de marzo de 2021

UNA VISITA AL SANATORIO DE NUESTRA SEÑORA DE LAS MERCEDES 1913

 

El tranvía de Hernani condúcenos a Chominenea. Un indicador blanco, en el que está pintada la doble cruz, símbolo de la lucha antituberculosa, nos hace tomar la carretera que llega al Sanatorio.

 

Foto 1 Sanatorio Nuestra Señora de las Mercedes. Loyola. 1912

 

Es una hermosa carretera que antes existía. Se construyó al mismo tiempo que el Sanatorio. El señor Insausti donó, para trazarla, más de setenta mil pesetas.

 

Cruzamos un puente de hierro tendido sobre el río Urumea. Al pie, varias caseras lavan las ropas, con gran estrépito de golpear en las piedras que les sirven para restregarlas.

 

Un caserío. Un formidable perro, ládranos desde la puerta con saña, con rabia reconcentrado. Un casero nos saluda, destocándose la cabeza de su boina.

 

Hay en su saludo mucho de respeto y de cariño. El doctor Luis Alzúa, que nos acompaña, contesta al saludo del casero familiarmente.

 

Seguimos ascendiendo. Pasamos frente al viejo convento de Uva, donde estuvo en un tiempo el asilo de niños. Estamos ya en terrenos del Sanatorio. Alzase éste, todo blanco, casi en la cima del monte. Es sencillo y bello. Sus líneas acusan un gusto estético refinado y sobrio. Contemplándole desde lejos, parece una casita blanca, perdida en el paisaje, donde reina la felicidad y el amor.

 

Foto 2 Sanatorio Antituberculoso Nuestra Señora de las Mercedes, Loyola. Hermanas Mercedarias de la Caridad con enfermas y Practicante

 

Entramos. Una Hermana Mercedaria de la Caridad acude a recibirnos. En el zaguán, alargado, barnizado de blanco, ábrense dos puertas a derecha e izquierda de la entrada. Un poco más allá la escalera que conduce a los pisos altos. Al fondo otra doble puerta, que separa la cocina, el lavadero, los comedores, etc. todas las dependencias del Sanatorio.

 

La Hermana Superiora abre la primera puerta. Es la capilla. Pequeñita, sencilla, con su altar de caoba y las paredes enjabelgadas de blanco. Amplios ventanales dejan ver un hermoso paisaje, en cuyo fondo destácase el caserío de Martutene.

 

Foto 3 Hermanas Mercedarias de la Caridad con enfermas y el Practicante en el Sanatorio Antituberculoso Nuestra Señora de las Mercedes, Loyola.

 

Abre otra puerta. El despacho del médico de semana. Porque conviene saberse: en el Sanatorio prestan sus servicios, gratuitamente todos los médicos que forman parte del Comité local antituberculoso. Cada semana corresponde a uno, que tiene la obligación de ir varias veces a efectuar las visitas reglamentarias.

 

El despacho está decorado, como todas las dependencias, sobriamente. Una mesa, un sillón y varias sillas, de madera clara, de estructura sencilla y elegante. En un estante obras de medicina. En otro, los libros de Pereda…

 

Los comedores, amplios, de elevados techos, con ventanales al campo, constitúyenlos una mesa forrada de hule en el centro y sillas. Son dos comedores: uno para las mujeres y otro destinado a los hombres. Ambos son idénticos, igualmente sencillos.

 

Más allá, al fondo de un pasillo, a uno de cuyos lados están los comedores, la cocina, moderna, con todos los adelantos. En el centro el fogón de hierro, con remates de cobre, limpios y relucientes. En los vasares las ollas bruñidas. La madera blanqueada a fuerza de fregateos y enarenamientos.

 

Foto 4 San Sebastián, coincidiendo con la celebración del II Congreso Español Internacional de la Tuberculosis, Alfonso XIII acompañado de la Reina inauguró el 15 de septiembre de 1912 el Sanatorio de Nuestra Señora de las Mercedes, muy cerca de la ermita de la Virgen de Uba, en Ametzagaña, en lo que es hoy el barrio de Loiola

 

Una Hermana Mercedaria de la Caridad, ayudada por varias mujeres ocupábase en aquel momento en preparar la última colación para los enfermos. Gratamente impresionados, nos detuvimos un rato a contemplar el laborioso ajetreo de aquellas mujeres. El fogón, encendido, expandía un fuerte calor por toda la estancia. La Hermana y sus ayudantas, revolviendo cacerolas, poniendo al fuego sartenes, friendo pescado, etc.

 

Foto 5 Hermanas Mercedarias de la Caridad en el Sanatorio Antituberculoso Nuestra Señora de las Mercedes, Loyola

 

En silencio admiramos a aquellas mujeres, que se afanaban por preparar el alimento para los pobres enfermos; el alimento sano, abundante, que en sus casas les faltara y fue una de las causas que les llevó a tal estado.

 

Junto a la cocina están los lavaderos. Son tres pilas, cubiertas por una techumbre de cinc, donde se limpian las ropas de los enfermos: separado de los lavaderos, se ha construido un pabellón en el cual está instalada la estufa desinfectadora. Luego de lavada la ropa, se desinfecta. Así no existe peligro de posible contagio, aunque, como todo el mundo sabe, el Sanatorio es para pretuberculosos; es decir, para aquellos que están en vías de ser tuberculosos y, por tanto, en este estado no existe, no puede existir el contagio.

 

Por la escalera, que comienza en el zaguán, ascendemos al primer piso. En él están los hombres. Actualmente sólo hay tres enfermos pretuberculosos. Dos de ellos estaban en la galería, echados en sillas camas, haciendo la cura, que debiera de ser de sol, y no lo era porque el sol ¡ay! Se ocultaba tras las nubes…

 

El otro enfermo estaba en el lecho. Padece una pleuresía con derrame. La habitación, como todas las del Sanatorio, tiene amplias puertas de cristales que dan a las galerías. Acostado el enfermo, está casi a la intemperie merced a que las puertas se abren y el cuarto parece una continuación de la galería.

 

El doctor Luis Alzúa lo reconoció e hizo que yo, profano en la Ciencia Médica, comprendiese la enfermedad.

 

Interesado, pregunté al enfermo:

¿Cuánto tiempo lleva usted en el Sanatorio?

Dos meses.

¿Está usted bien aquí?

¡Ya lo creo! Contestó sin vacilar, enérgicamente. Aquí nos tratan muy bien. Los señores médicos nos atienden mucho y las Hermanas Mercedarias no nos dejan un solo momento.

¿Cuánto has ganado de peso desde que entraste en el Sanatorio? Interrogó el doctor Alzúa.

Más de seis kilos.

¿Comen ustedes bien? Volví yo a preguntar.

¿Comer? Usted verá. Hoy nos han dado lo siguiente: Por la mañana, a las ocho, el desayuno; a la una, el almuerzo, consistente en caldo de pollo, carne asada y pescado. Ahora a las cinco, leche y por la noche, a las ocho, la cena, a base de carne y pescado. Y todo muy abundante y muy bien hecho…

 

Foto 6 Enfermeras Sanatorio Antituberculoso Nuestra Señora de las Mercedes 1912

 

Había en las palabras del enfermo tanta gratitud hacia sus bienhechores, que me sentí emocionado. Y es porque nada impresiona tanto al alma como las palabras cálidas, rebosantes de gratitud, de estos pobres enfermos, cuando hablan de sus salvadores, de los seres altruistas que se tomaron el cargo de defenderles de la enfermedad terrible y fatal que los acecha para apoderarse de ellos y llevarlos al sepulcro tras una agonía horrible, en plena consciencia, sintiéndose morir lentamente…

 

Nos despedimos del enfermo y nos dedicamos a recorrer el pabellón. Está dividido en cuartos donde a lo más sólo puede haber cuatro enfermos. Hay otros para dos camas y, por último, existen unos destinados a los enfermos que necesiten reposo y silencio absoluto o que padezcan alguna enfermedad que haga temer algún posible contagio. Estas habitaciones tienen contiguo un cuarto de baño completo, con lavabo. En el pabellón puede haber hasta veinte enfermos.

 

Foto 7 Mujeres enfermas tomando baños de sol en las galerías del Sanatorio Antituberculoso Nuestra Señora de las Mercedes

 

Subimos al pabellón de mujeres. Es exactamente igual al de los hombres. La misma disposición, igual número de camas. En la galería estaban las cuatro enfermas. Una leía en voz alta un libro. Las demás, escuchaban y hacían labor.

 

Mientras conversábamos con ellas, llegó la señora de Resines con su hermana. Era la señora de semana de la “Junta de Damas” protectora del Sanatorio y efectuaba una visita. Luego llegaron dos muchachas jóvenes, de hermoso aspecto. Habían sido enfermas pretuberculosas, y después de tres meses de curación en el Sanatorio, habían salido sanas, completamente restablecidas, libres del peligro de caer en las garras de la tuberculosis.

 

La presencia de aquellas dos ex enfermas, era la prueba más concluyente de la hermosa obra benéfica que el Sanatorio realiza. Contemplándolas, el doctor Luis Alzúa me dijo:

 

¿No es verdad que aun cuando no fueran más que con haber salvado dos vidas, se podía dar por satisfecho el Sanatorio?

 

En silencio, asentí a las palabras del doctor. Como cuando presencié una consulta en el Dispensario Antituberculoso, me encontraba en aquel momento hondamente impresionado. Y pensé que todos estos hombres de ciencia que trabajan con tal ardor en esta grandiosa obra de humanidad bien merecen la gratitud del pueblo que recoge sus beneficios.

 

Los nombres de estos hombres altruistas y buenos, se perpetuarán por siempre en la gratitud de los desventurados, de los pobres de riqueza y de salud, que sin ellos padecerían los horrores del mal exterminador, ayudado eficazmente por la miseria…

 

Aquí termino, lector amigo, estas rápidas notas sacadas de una visita al Sanatorio Vasco Argentino de Nuestra Señora de las Mercedes.

 

Foto 8 Sanatorio Antituberculoso Nuestra Señora de las Mercedes (2)

Este sanatorio fue creado por el Comité Local de la Lucha Antituberculosa por iniciativa del entonces alcalde donostiarra José Elósegui y con una importante financiación de la “colonia vasco-argentina”. Los planos y la dirección de la obra correspondieron al arquitecto Juan José Gurruchaga. Según La Voz de Guipúzcoa, que narraba el acontecimiento al día siguiente de la inauguración, “el aspecto del edificio es sumamente bonito, pues a su elegante construcción se une el estar pintado de blanco, haciéndolo muy agradable a la vista”. El periódico llega a comparar el nuevo edificio con un hotel (2).

 

Pero antes de poner punto y final, quiero pedirte que te unas a mí para gritar con toda la fuerza de tus pulmones un ¡bravo!

 

Para los hombres buenos que hacen Patria sin frases gruesas ni algazaras políticas, sino modestamente, huyendo de la exhibición, en las soledades de los laboratorios, entre la miseria y la desolación de los Hospitales, curando llagas con sus propias manos, prodigando palabras de consuelo a los desventurados enfermos, riñendo victoriosamente terrible y encarnizada batalla con el más terrible, con el más pavoroso azote de la Humanidad, llamada con justicia “la Peste Blanca”.

 

Jack Dick, reportero del Diario “El Pueblo Vasco” (1).

 

Foto 9 Hermanas Mercedarias de la Caridad en el Sanatorio Antituberculoso Nuestra Señora de las Mercedes, Loyola. Muchas de ellas enfermeras

 

Agradecimiento

Esteban Durán León

Anna Aregui Barahona

Ion Urrestarazu Parada

 

Bibliografía

1.- Diario “El Pueblo Vasco” del 24 de diciembre de 1913. Página 4

 

2.- Historia y antecedentes del Hospital de Amara. “Sanatorio Nuestra Señora de las Mercedes”. Manuel Solórzano. 5 de marzo de 1999. Depósito Legal: SS-919/02

 

Manuel Solórzano Sánchez

Graduado en Enfermería. Enfermero Jubilado

Insignia de Oro de la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica 2010. SEEOF

Miembro de Enfermería Avanza

Miembro de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos

Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería

Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería

Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.

Miembro no numerario de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País. (RSBAP)

Académico de número de la Academia de Ciencias de Enfermería de Bizkaia – Bizkaiko Erizaintza Zientzien Akademia. ACEB – BEZA

Insignia de Oro del Colegio Oficial de Enfermería de Gipuzkoa 2019

Sello de Correos de Ficción. 21 de julio de 2020

masolorzano@telefonica.net