domingo, 7 de julio de 2019

LAS BATALLAS SILENCIADAS


Nieves Muñoz rescata la profesionalización de la enfermería en la I Guerra Mundial en su novela ‘Las batallas silenciadas’


FOTO 1 Portada del libro de Nieves Muñoz de Lucas “Las Batallas Silenciadas”

AUTORA: Nieves Muñoz de Lucas nace en Valladolid en 1976, en pleno otoño castellano, rodeada de vientos que anunciaban un invierno blanco que aún no había llegado y del que tomó el nombre. Vinculada siempre a las letras, bien como escritora de historias o como lectora, eligió sin embargo un camino diferente para su formación: la enfermería. Tras muchos años trabajando como sanitaria en Castilla y León, actualmente es enfermera en la UCI pediátrica y neonatal de su ciudad.

Graduado en Enfermería. Veintiún años trabajando de enfermera; lleva diez prestando sus servicios en la unidad de cuidados intensivos pediátricos y neonatales del hospital Clínico Universitario de Valladolid. Consultora de lactancia en la asociación Lactancia en positivo desde el año 2007. Miembro de las comisiones de lactancia del área sanitaria este y oeste de Valladolid. Formadora de la IHAN (Iniciativa para la Humanización de la Asistencia al Nacimiento y la Lactancia) desde el 2017.

FOTO 2 Las Batallas Silenciadas. Autora: Nieves Muñoz de Lucas

Para ella, escribir es una forma de vida. Tras formarse en técnicas literarias, ha colaborado en varias antologías de relatos como: Un cuatro de febrero, antología de relatos solidarios a favor de FEDER. Atrasis, cuentos de nueva fantasía, (editorial Triskel). Relatos de brujería de Castilla y León o Relatos satánicos de Castilla y León (editorial Apache). Tres pulgas de biblioteca y el tesoro de la tierra muerta, (editorial Mr momo). También ha participa como articulista para blogs de narrativa y en la revista literaria El taller de la factoría. Ahora, con Las batallas silenciadas, al fin se ha atrevido a dar el paso y nos ofrece una maravillosa novela histórica con la que ha conseguido aunar sus dos grandes pasiones. Publicado por Edhasa. Barcelona 2019

Las batallas silenciadas es la primera novela de la escritora vallisoletana Nieves Muñoz. El libro trata sobre el trabajo de las abnegadas enfermeras en el marco de la batalla de Verdún en 1916. En dicha batalla se perdieron muchas vidas, pero también muchas almas quedaron en suspense...

Verdún, 1916. La más larga y cruenta batalla de la Primera Guerra Mundial. A orillas del río Mosa, las trincheras y fortines cambian de manos entre alambradas, duelos de artillería y ataques de una incipiente aviación militar. Vivos y muertos habitan un escenario de pesadilla.

Allí, entre el barro y las balas, entre el miedo, Irene Curie se incorpora al hospital de campaña francés de Barleduc para enseñar a los cirujanos del ejército a usar la máquina de rayos X adaptada por su madre, Marie Curie, convencida de que ayudará a salvar muchas vidas. Pero, una vez allí, deberá enfrentarse no sólo al menosprecio y la ignorancia de los curtidos militares, sino también a la vida al borde de la muerte.

FOTO 3 Herido en las trincheras con los sanitarios

Junto a sus compañeras, las enfermeras de guerra Berthe y Shirley, afrontará el mayor reto posible: sobrevivir. No serán las únicas, y no siempre estarán solas. El hospital, los pueblos cercanos y las trincheras están llenos de almas solitarias. Nadie dijo que sería fácil..., pero el amor y la amistad, en tiempos de odio, pueden significar la salvación.

Con una prosa vibrante y enérgica, llena además de sensibilidad y feminidad, Nieves Muñoz nos narra la batalla de Verdún como nunca antes la habíamos visto: desde las trincheras, en los pueblos y en los campos, en el aire y en las almas... Porque, como en toda guerra, hubo vencedores y vencidos, pero todos tuvieron alma, y en ésta su primera novela Nieves Muñoz nos abre la suya y la de sus personajes para darnos un bien eterno: la esperanza (1).

La batalla de Verdún es sin lugar a dudas la de mayor importancia, duración y crudeza de cuantas tuvieron lugar durante la Primera Guerra Mundial

La batalla de Verdún es sin lugar a dudas la de mayor importancia, duración y crudeza de cuantas tuvieron lugar durante la Primera Guerra Mundial. Una contienda de trincheras, en la que en los métodos de la prácticas bélicas se empezaba a atisbar en el horizonte el empleo de la aviación, lo que daría lugar a una auténtica revolución armamentística y un giro radical en la manera de abordar las batallas (2).

Allí, lo más cerca que podía estar del frente en el que las bajas eran constantes, es donde decide desempeñar su labor de enfermera Irene Marie Curie, convencida de que el invento desarrollado por su madre iba a poder salvar muchas vidas en la trastienda del enfrentamiento.

FOTO 4 Hospital en Sidcup, Londres

Si ya la propia Marie Curie ha pasado a la Historia por logros como ser la primera mujer en obtener dos premios Nobel en diferentes disciplinas, o ser la primera mujer profesora en la universidad de París, su hija y las compañeras en esta aventura tendrán que vivir en sus propias carnes tanto el desprecio por su condición femenina como la minusvaloración de la nueva forma de abordar la medicina y la enfermería, derivadas de los primeros usos del descubrimiento de su madre.

Nieves Muñoz (Valladolid, 1976) en esta su primera novela también nos hablará de sentimientos, de lo que supuso para estas jóvenes ver como día a día los hombres caían heridos, y como muchos perdieron la vida a lo largo de los diez meses que duró esta cruel batalla. Vamos a poder percibir el olor de la tierra húmeda de las trincheras, vamos a sentir sobre nuestras cabezas los vuelos de la incipiente aviación militar, vamos a ser capaces casi de notar ese olor dulzón a muerte propio del campo de batalla, al que habría que añadir un plus de pesadumbre porque las bajas en el frente se producen sin poder despedirse de los que uno más quiere.

Una obra sensible pero que huye de la ñoñería, un libro que nos ayuda a tener más conciencia de lo que ocurrió en aquella época, a actualizar y remediar ciertas injusticias, pero sobre todo a albergar siempre en nuestro interior la esperanza Tanto por el género humano, como por un futuro mejor (2).

FOTO 5 Agatha Christie y Vera Brittain. Enfermeras Voluntarias de la Cruz Roja

El Instituto Castellano y Leonés de la Lengua

El Instituto Castellano y Leonés de la Lengua presentó el viernes, 17 de mayo, a las 19.30 horas, en el Palacio de la Isla de Burgos, el libro ‘Las batallas silenciadas’ (Edhasa), de la enfermera y escritora vallisoletana Nieves Muñoz de Lucas. Esta novela histórica, debut en el género de la autora, se adentra en la I Guerra Mundial, y recrea la batalla de Verdún desde una nueva perspectiva. La protagonista del relato es Irene Curie, hija de la investigadora de origen polaco y francesa de adopción Marie Curie, premio Nobel de Química en 1911 por sus investigaciones sobre la energía nuclear (3).

Cuando estalla la Gran Guerra, Irene Curie toma la decisión de estar lo más cerca posible del frente. Convencida de que pude ayudar a salvar muchas vidas, gastará hasta su último aliento en enseñar radiología a los cirujanos en los hospitales de campaña a través de los aparatos portátiles de uso militar diseñados por su madre, a la que ayuda en su manejo. Su estancia en el hospital de Barleduc se convertirá en una lucha para ganarse el respeto de los curtidos militares y de sus compañeras.

Nieves Muñoz narra la batalla de Verdún como nunca antes se había visto; ante los ojos del lector aparecen las vidas de todos aquellos que participaron, de una forma u otra: desde las trincheras, en los pueblos, en el aire, en los hospitales de campaña... Porque como en toda guerra, hubo vencedores y vencidos, pero todos tuvieron alma, y en esta novela Nieves Muñoz nos abre la suya y la de sus personajes para ofrecer un bien eterno: la esperanza (3).

FOTO 6 Mary e Irene Curie, enfermeras voluntarias en la Primera Guerra Mundial

Nieves Muñoz rescata la profesionalización de la enfermería en la I Guerra Mundial en su novela ‘Las batallas silenciadas’

La joven escritora vallisoletana Nieves Muñoz ha irrumpido con fuerza en el género de la novela, con la publicación de un relato histórico lleno de matices, en el que se dan cita un puñado de personajes memorables, especialmente los femeninos. La autora se adentra de lleno en la Primera Guerra Mundial y como hilo conductor echa mano de un episodio conocido como fue la presencia de Irene Curie hija de la investigadora Marie Curie, en la batalla de Verdún, en primera línea del frente.

Nieves Muñoz, que presentó el viernes 17 de mayo en el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua su libro ‘Las batallas silenciadas’ (Edhasa), su debut en la novela histórica, recordó ante el público el carácter romántico que tuvo la I Guerra Mundial, época que coincide con los inicios de la enfermería y en la que por primera vez se profesionalizó el trabajo de este colectivo sanitario. “Encontré que había un vacío que cubrir ya que ese papel que tenían las mujeres no había sido contado anteriormente”, apuntó la autora, que reconoció su pasión por este momento histórico, que seguramente le sirva de inspiración para futuros trabajos.

FOTO 7 Postales francesas de enfermeras de la Primera Guerra Mundial

La utilización de los aparatos portátiles de rayos x portátiles diseñados por la investigadora polaca para emplear en vehículos militares, contribuyendo a salvar vidas humanas y ayudando al cirujano es el episodio histórico al que ha recurrido esta escritora, enfermera de profesión, para tejer una historia humana en la que la guerra, sus consecuencias y las circunstancias últimas de las miles de personas que viven en primera persona sus efectos casi siempre trágicos, están muy presentes en su narración.

La decisión personal de Irene Curie de implicarse personalmente y acudir a un hospital a enseñar al personal médico la utilización de esta tecnología será la razón última que impulse sus decisiones. Consciente de que sus conocimientos en radiología pueden ser cruciales a la hora de salvar vidas y con la bendición de su estricta madre, que conoce bien sus capacidades. Irene Curie tomará decisiones arriesgadas y se enfrentará de frente a las consecuencias de la guerra en toda su extensión y crudeza. La incomprensión del estamento militar y, también, la de sus compañeros, marcará su estancia en el hospital de Barleduc, convertida en una lucha diaria para ganarse el respeto de los curtidos militares y de sus compañeras.

En este relato, Nieves Muñoz aproxima al lector a la batalla de Verdún de forma singular, facilitando una aproximación a las vidas de todos aquellos que participaron, de una forma u otra: desde las trincheras, en los pueblos, en el aire, en los hospitales de campaña e incluso en los burdeles. La escritora, que reconoce que escribir supone para ella una forma de vida, se ha atrevido a dar el paso que le ha llevado a irrumpir con fuerza en el género de la novela histórica con una historia llena de crudeza, pasión y realidad. La novela, publicada en mayo, se ha presentado también en Valladolid, y próximamente se presentará en otras ciudades (4).

FOTO 8 Estos camiones con unidades de Rayos X se denominaron “Petit Curie” y, sin duda, miles de vidas se salvaron gracias a ellos

LAS BATALLAS SILENCIADAS. EL LIBRO

El libro consta de 538 páginas distribuidas de la siguiente manera: Prólogo.
Primera Parte: Antes de la tormenta (Barleduc). Capítulo I: Las tranquilas aguas del Ornain. Capítulo II: Los colores de la guerra: dorado. Capítulo III: Cuestión de perspectiva. Capítulo IV: Los colores de la guerra: ocre. Capítulo V: Bajo las mismas estrellas. Capítulo VI: Los colores de la guerra: dorado y rojo. Capítulo VII: Ratas. Capítulo VIII: Los colores de la guerra: ocre y gris. Capítulo IX: Mares muertos. Capítulo X: Los colores de la guerra: dorado, rojo, púrpura. Capítulo XI: Versos encadenados. Capítulo XII: Los colores de la guerra: ocre, gris, negro.

Segunda Parte: La Tormenta (Verdún). Capítulo XIII: El cielo lo sabe. Capítulo XIV: Doce horas. Capítulo XV: Trommelfeuer. Capítulo XVI: Sin mirar atrás. Capítulo XVII: Supervivientes. Capítulo XVIII: No pasarán. Capítulo XIX: La herida más dolorosa. Capítulo XX: Promesas. Capítulo XXI: Fuego y hielo. Capítulo XXII: Contra reloj. Capítulo XXIII: Prisioneros. Capítulo XXIV: La decisión. Capítulo XXV: Lágrimas que saben a sangre. Capítulo XXVI: Fragmentos. Epílogo: Vestigios de la tormenta. Nota histórica. Agradecimientos.

Libro excepcional, narrado por una enfermera con una visión de la profesión del cuidado enfermero en tiempos de guerra, resaltando el trabajo realizado por todas las enfermeras en las guerras, su entrega, sin horarios hasta la última fuerza de sus cuerpos para atender a tantos heridos y darles un pequeño consuelo.


FOTO 9 “Las enfermeras cuando se enfrentan a la gran batalla, llevan el cariño y confort conjugado con los auxílios que la ciencia moderna recomienda para el tratamiento de los heridos y enfermos de guerra” Diário de Notícias: 12-Nov-1917

LAS BATALLAS SILENCIADAS

En 1914 estalló una guerra que supuso un antes y un después no sólo en los conflictos armados, sino en la configuración de Europa y en la historia mundial. Cuatro años duraron las contiendas, que poco tuvieron que ver con la forma de luchar de la humanidad hasta entonces (5).

Las trincheras, la guerra de desgaste y los ataques con armas químicas son solo tres ejemplos de la barbarie que comenzó un 28 de julio con el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria en Sarajevo, aunque las cuerdas de las diferentes potencias enfrentadas llevaban tensándose mucho tiempo antes. La Gran Guerra, pese a no ser tan mencionada habitualmente como su secuela, la Segunda Guerra Mundial, fue tanto o más importante, y por ello siempre ha ejercido una atracción especial en mí.

Hace ya unos años, cuando solo me atrevía a escribir relatos cortos, quise crear un homenaje a los inicios de mi profesión, la enfermería.

El relato, de cinco o seis páginas de extensión, tenía una documentación mínima. Se lo dejé leer a una compañera y se entusiasmó por la idea, pero me dijo que era demasiado corto y que esa historia se merecía ser contada de otro modo. Tenía razón. Y entonces lo supe. Podía aunar mi pasión por la enfermería con la fascinación que siento por la Primera Guerra Mundial. Pero no era fácil. Iba a tener no solo que conocer los entresijos del estallido bélico desde el comienzo, sino que debía colocarme bajo la piel de sus protagonistas.

FOTO 10 Enfermeras Damas de la Cruz Roja Francesa, médico y practicante, 1916. Bibliothèque Nationale de France

Y estos eran los hombres y mujeres anónimos cuyos nombres nunca aparecen en los libros de historia. La documentación es esencial, pero también lo es la empatía para contar lo que otros vivieron. Me embarqué entonces en un viaje al pasado que me iba a suponer tres años de trabajo y dedicación documental, además de sentir y reproducir la rabia, el dolor, la decepción y el miedo que se sufrieron hace cien años.

Tras la invasión de la neutral Bélgica y de Luxemburgo, Alemania traspasó la frontera occidental de Francia en su camino hacia la conquista de París, pero las fuerzas aliadas frenaron ese avance a los pocos kilómetros. El frente se situó en esa zona, a lo largo de una línea de trincheras que fueron el epicentro de las más cruentas batallas.

La guerra que se había vaticinado y publicitado como breve y justa se estancó. El espíritu romántico y orgulloso de los que luchaban desapareció al poco tiempo bajo el barro de las trincheras. La Gran Guerra, iniciada como si fuera un juego de ajedrez entre caballeros, se convirtió en una refriega sucia y despiadada. Cada avance mínimo en las posiciones suponía desangrar a las tropas y los muertos se iban acumulando en las orillas.

FOTO 11 Enfermeras con sus pacientes en un Hospital de campaña. Foto:

¿Qué momento histórico de esos cuatro años era el más propicio para contar mi historia? Buscaba uno que fuera representativo de las emociones que dicha guerra Mundial me genera, de lo que necesitaba transmitir.

La batalla de Verdún: diez meses de bombardeos y combates, veintitrés millones de proyectiles, setecientas mil bajas entre un bando y otro, más de doscientos mil muertos amontonándose en las colinas o en el fondo de los cráteres producidos por los morteros.

La importancia de mantener Verdún en manos francesas se convirtió en una cuestión de fe y moral, pero supuso enviar a los soldados a un verdadero infierno. Fue, sin duda, una de las batallas más angustiosas y despiadadas. Lo es, de hecho, hasta hoy en día. Y, sin embargo, los datos no nos dicen absolutamente nada sobre los hombres que lo sufrieron. ¿Qué podía pensar un soldado que vivía entre las ratas y el fango dentro de una trinchera? ¿Cómo sobrevivir a las amputaciones de miembros; a los cuerpos de sus hermanos pudriéndose sobre la tierra helada un día, y otro… y otro más? ¿Cómo serían los lazos creados entre compañeros de trinchera? ¿Cuál podría ser el grado de desesperación, angustia, desconsuelo y miedo?

La Gran Guerra tuvo muchos frentes y la lucha no fue exclusiva de los soldados. El papel de la mujer en el conflicto se ha dejado de lado en los libros de historia, relegado en muchas ocasiones a meras sombras secundarias, cuando en realidad fueron un engranaje esencial de la maquinaria política, económica y social. Quise sacar a la superficie, desde las profundidades más silenciosas del río que me encontraba vadeando, las voces de aquellas mujeres que sufrieron, lucharon, amaron, trabajaron y batallaron en la guerra. Recogieron las cosechas para que sus familias no murieran de hambre, acudieron a las trincheras y cambiaron la falda por el uniforme, condujeron ambulancias y se dejaron la piel en los hospitales de campaña.

FOTO 12 Mari e Irene Curie. Enfermeras voluntarias. Vera Brittain. Enfermera voluntaria.

Mis personajes son mujeres representativas de las auténticas que vivieron esa guerra: campesinas, enfermeras, voluntarias sin formación sanitaria, prostitutas, etc. Y como punto de partida de la historia, la hija de Marie Curie, Irene, quien con dieciséis años deja sus estudios de física en la Sorbona para hacer un curso de enfermería y ayudar a su madre a llevar la radiología portátil al frente de batalla, instruyendo a los cirujanos en las trincheras.

Como en toda novela histórica, existe una parte documentada y otra en la que ficción es el sustento. Personajes que existieron en realidad, como la doctora Nicole Girard-Mangin, o Georges Duhamel, médico y escritor que plasmó por escrito sus vivencias en los hospitales de campaña. Shirley StJohn, uno de mis personajes, bebe de los escritos de Vera Brittain, una enfermera voluntaria inglesa que retrató la cara olvidada de estas mujeres en una biografía: Canción de juventud.

Mi querida enfermera Berthe Hinault es la representante de una profesión, la mía, que tuvo que afianzarse en las condiciones más duras posibles. Las enfermeras lucharon contrarreloj para salvar vidas y cuidar del cuerpo y el alma de los soldados heridos, al tiempo que reclamaban sus derechos y el reconocimiento a su labor.

FOTO 13 Camión radiológico Primera Guerra Mundial llamado: “Petit Curie”

Sobre las enfermeras es una fuente de conocimiento increíble el título Veiled Warriors: Allied Nurses of the First World War, de Christine Harrell. La medicina y los cuidados de enfermería avanzaron a paso de bayoneta y metralla. La cirugía y el control de las infecciones dieron un giro de 180º debido al tratamiento de las heridas, fracturas y amputaciones. Se comenzó a utilizar la solución de Dakin para la antisepsia de las heridas, los conservantes para almacenar sangre donada, la inmovilización de las fracturas, etc.

El hacinamiento de los soldados tuvo como consecuencia un estudio más exhaustivo de las enfermedades contagiosas. La ingeniería creo nuevos artefactos que resultaron necesarios, ofensivos y defensivos: máscaras antigás, vacunas, aviones más rápidos y seguros…, y un largo etcétera. Las primeras descripciones de los síntomas por estrés postraumático se dieron en los hospitales de campaña.

La distribución de la asistencia sanitaria, de los hospitales y ambulancias en la zona de Verdún me creó verdaderos quebraderos de cabeza por la falta de información y, en ocasiones, por datos contradictorios. El documento que más me convenció fue Le Service de Santé durant la Bataille de Verdun, de Jean-Jacques Ferrandis (en Histoire des sciences mèdicales, tomo XXXVI, número 2, 2002), y del que recreé los mapas que aparecen en esta novela. Las técnicas médicas y quirúrgicas utilizadas, así como el material mencionado en la novela, están documentados mediante artículos sobre medicina de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, sobre todo de la Revista de Medicina y Cirugía prácticas, desde el año 1882. Los avances técnicos sanitarios no llegaron al mismo tiempo a todos los lugares y la falta de material quirúrgico en zonas de guerra era un hecho, así que recreé el tratamiento de las heridas y enfermedades sin estos recursos. Asumí que se debían utilizarse remedios conocidos anteriormente además de introducir los métodos novedosos.

FOTO 14 Sanitarios en el camión radiológico Primera Guerra Mundial llamado: “Petit Curie”

Y en el centro de esta revolución sanitaria, la enfermería. Y las mujeres que la componían. Pues la Primera Guerra Mundial inició el cambio social que se llevaba reclamando mucho tiempo antes.

Sin embargo, toda la aventura de Irene y sus compañeras en Verdún es ficticia, así como la recreación de sus personalidades, pensamientos, las relaciones entre ellas y el resto de personajes, sus motivaciones y anhelos, sus decisiones y acciones. He intentado darles vida y he narrado su historia desde el interior del río: mojándome en el proceso, sintiendo el frío y la angustia, nadando a contracorriente, como hicieron las mujeres en aquella época.

Todos mis personajes tienen un poco de mí, de lo bueno y de lo malo que puedo ofrecer. De mis propias experiencias como enfermera y de lo que mis compañeras me han contado a lo largo de estos años de profesión. Al fin y al cabo, solo han pasado cien años desde entonces y la humanidad no ha evolucionado tanto como hubiera sido deseable (5).

¡Espero que os guste mi novela!

FOTO 15 Militares y enfermeras, 1917. Bibliothèque Nationale de France

Bibliografía
1.- Todo Literatura
2.- El imparcial. Por Jorge Pato García
3.- El Instituto Castellano y Leonés de la Lengua
4.- Nieves Muñoz
5.- Resumen realizado por la propia autora: Nieves Muñoz de Lucas

FOTO 16 Enfermeras Damas de la Cruz Roja Francesa, con los soldados heridos, 1916. Bibliothèque Nationale de France

Otra Bibliografía sobre el tema

6.- Las Enfermeras Australianas en la Guerra Civil Española. Publicado el domingo día 20 de marzo de 2011
7.- Las Enfermeras que Lucharon por la Libertad. Publicado el sábado día 16 de abril de 2011
8.- Para nosotros era el cielo. Angela Jackson. Publicado el sábado día 16 de febrero de 2013
9.- Mari Curie. Mujer Inmortal. Manuel Solórzano. Publicado el domingo día 2 de noviembre de 2014
10.- Enfermeras de Guerra. Manuel Solórzano. Publicado el miércoles día 1 de julio de 2015
11.- Las Enfermeras, su trabajo en la guerra y la fatiga de combate. Manuel Solórzano. Publicado el domingo día 8 de mayo de 2016.

12.- La enfermería en la Gran Guerra: las novedades del frente. Javier Castro.

Manuel Solórzano Sánchez
Osakidetza, Hospital Universitario Donostia, Donostia, Gipuzkoa.
Graduado en Enfermería
Insignia de Oro de la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica 2010. SEEOF
Miembro de Enfermería Avanza
Miembro de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos
Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería
Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.
Miembro no numerario de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País. (RSBAP)
Académico de número de la Academia de Ciencias de Enfermería de Bizkaia – Bizkaiko Erizaintza Zientzien Akademia. ACEB – BEZA
Insignia de Oro del Colegio Oficial de Enfermería de Gipuzkoa 2019


jueves, 4 de julio de 2019

SAN JUAN DE DIOS Y SAN MARTÍN DE PORRES


Análisis iconográfico de dos santos cuidadores

AUTORA: Rosa del Valle Moreno Rodríguez
Licenciada en Letras, Mención Historia del Arte, MSc en Historia, Teoría y Crítica de Arquitectura, Doctora en Ciencias Humanas. Profesora Asistente a Dedicación Exclusiva del Departamento de Teoría e Historia, Escuela de Artes Visuales y Diseño Gráfico, Facultad de Arte, Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela. En la convocatoria del 2015 fue reconocida en el Programa Estímulo al Investigador de la Universidad de Los Andes y es Miembro del Programa de Estímulo a la Innovación e Investigación (PEII ONCTI) 2015.

Publicado: Este artículo se publicó en: Enfermería, Historia e Investigación (EHI). Vol. 2, Número 1. Enero-Junio de 2015. Depósito legal: ppi201502ME4601

FOTO 1 Enfermería, Historia e Investigación. Rosa del Valle Moreno Rodríguez

Resumen
El objetivo de este ensayo es realizar un análisis iconográfico de dos santos fundamentales para la historia de la enfermería como son, San Juan de Dios y San Martín de Porres. El punto de partida es el período colonial donde las primeras órdenes religiosas se instauran en tierra latinoamericana comenzando la inserción del indígena dentro de diferentes campos de la cultura europea, entre ellos el campo del cuidado, donde San Juan de Dios es considerado fundador de la orden de los Hermanos Hospitalarios, quienes tienen una forma particular y metódica de tratar a los enfermos y quien con su ejemplo, modifica la manera de tratar al paciente; por otro lado está San Martín de Porres, primer santo mulato del continente Latinoamericano cuyo lema era “yo te curo, Dios te sana”.

Tomando como punto de partida el método iconográfico propuesto por Erwin Panofski, el cual nos sirve para conocer el significado presente en cada pintura, a través de la investigación documental, podremos relacionar los elementos iconográficos o atributos de cada uno de estos santos, presentes en las obras estudiadas. Es por ello que concluimos que el acto de cuidar está presente en ambas obras, donde se nos muestra a través del lenguaje pictórico una serie de virtudes de estos santos cuidadores.
Palabras clave: Historia, iconografía, cuidado, San Juan de Dios, San Martín de Porres

Summary:
The aim of this test is to perform an iconographic analysis of two Saints fundamental for the history of nursing such as, San Juan de Dios and San Martín de Porres. The starting point is the colonial period where the first religious orders are found in Latin American soil starting the inclusion of the indigenous within different fields of European culture, including the field of care, where San Juan de Dios is considered founder of the order of the hospital brothers, who have a particular and methodical way to treat patients and who by their example It modifies the way of treating the patient; on the other hand is San Martín de Porres, first mulatto Saint of Latin America whose motto was “I heal you, Dios te sound”.


Taking as a starting point the iconographic method proposed by Erwin Panofski, which helps us to know the meaning in each painting, through documentary research, we can relate the iconographic elements or attributes of each of these Saints, present in the studied works. Therefore, we conclude that the Act of care is present in both works, showing us the pictorial language through a series of virtues of these holy caregivers.
Key words: history, iconography, care, San Juan de Dios, San Martín de Porres.

Contexto histórico
El período colonial es el lapso comprendido desde la fundación e instauración de las primeras ciudades por los colonizadores (aproximadamente desde 1530) hasta la declaración de la independencia en 1810. “Políticamente el pueblo estaba bajo el mando español, ideológicamente bajo el dominio de la iglesia.” (Moreno 2001). Y esto es comprensible; al momento de la llegada de los españoles al nuevo mundo, Europa está experimentando un fenómeno cultural de gran importancia como lo es, el paso del Renacimiento al Barroco en el campo de las artes y en el campo religioso está surgiendo de la mano de Martín Lutero el movimiento de la contrarreforma, lo que obligará a España a reafirmar la fe en la religión católica en el nuevo territorio, haciendo énfasis en una conquista de carácter espiritual en América.

Así la colonización, comenzó por la imposición de diversos elementos ajenos al mundo indígena y totalmente desconocidos, como lo fueron el idioma, la religión, las costumbres europeas y una cultura muy amplia, que se convirtieron en un enorme legado presente en este vasto continente hasta la actualidad.

FOTO 2 San Juan de Dios salvando a los enfermos del incendio del Hospital Real. Manuel Gómez-Moreno González. Museo de Bellas Artes de Granada, 1880

En el caso particular de nuestro territorio, Bernales (1987) afirma que fueron las órdenes religiosas en el período colonial, las encargadas de llevar a cabo de manera eficiente los proyectos gubernamentales y “…en menos de cuarenta años fundaron un gran número de conventos para alojar a religiosos doctrineros y cubrir, además, las necesidades de la catequización, aparte de otras enseñanzas…, junto al conquistador llegó la imagen sagrada, esa imagen que va a sustituir a los antiguos ídolos prehispánicos, objeto de culto y veneración, y será a través de la imagen, como se llevará a cabo la transformación religiosa para posteriormente dar paso a la transformación cultural de los habitantes primigenios”. Moreno (2011) afirma que “Es bien sabido que durante el período colonial, el arte cumplía una labor exclusivamente dogmática, ya que a través del mismo, se adoctrinaba, despertaba y convertía al indígena a la fe religiosa”. El arte se transforma en el libro de quienes aún no sabían leer, por ello Duarte (1978) opina que “En realidad, las obras de pintura y escultura importaban en la medida en que servían a los fines de ilustrar los contenidos del mensaje religioso y en tal sentido servían como mediadores y no como fines”.

La labor de haber convertido a los habitantes primigenios del continente Latinoamericano al cristianismo, correspondió principalmente al proceso de evangelización de las órdenes religiosas, entre ellas pueden señalarse a los Franciscanos, Mercedarios, Dominicos y Agustinos. Ya para el siglo XVI se habían establecido en Caracas varias congregaciones religiosas, según Boulton (1964) la primera fue la de los Franciscanos seguidos por los Dominicos, estas congregaciones fueron construyendo conventos, iglesias, hospicios, hospitales y colegios seminarios, que cubrían las necesidades tanto espirituales y educativas, como aquellas relacionadas con la recuperación de la salud, el alojamiento, cobijo y el cuidado en general de los habitantes, tanto propios como extranjeros.

Advocaciones y cuidado
Es así como las advocaciones a los santos, al igual que las nociones de los cuidados, se inician en nuestro territorio en el período colonial, pues en palabras de Boulton (1964) “Era usual invocar los poderes milagrosos de las más resaltantes figuras del cielo en ocasiones de emergencia, o al ocurrir sequías, epidemias o plagas”. A lo largo de nuestra geografía podemos ver como cada pueblo o ciudad del territorio venezolano está dedicado a un santo patrón: San Sebastián, Santiago Apóstol, la Virgen del Valle; incluso muchas ciudades tienen nombre de santos, tal es el caso de San Cristóbal o San Carlos, cuyos ciudadanos recibían y tomaban el nombre del santo como su protector ante las adversidades, y celebraban su fiesta con procesión y ofrendas ante la imagen pintada o tallada de ese santo, quien generalmente era plasmado con todos sus atributos iconográficos, así las imágenes y la temática religiosa representada en Venezuela, fue muy amplia.

De las primeras imágenes religiosas referentes al cuidado que tenemos, son las imágenes de la Virgen con el niño, pues la madre es la cuidadora por excelencia; Colliére (1995) manifiesta que cuidar es un acto de vida que significa una variedad infinita de actividades dirigidas a mantener la vida y permitir la continuidad y la reproducción, esta función de mantener la vida la desarrolla la madre los primeros años del pequeño hasta que este, puede valerse por sí mismo.

Iconografía cristiana
Así vemos, como el arte cristiano está lleno de significados, cada figura, cada personaje, posee un atributo iconográfico que lo identifica y lo diferencia, como es el caso del Arcángel San Miguel quien porta en sus manos la balanza donde pesa las almas de los muertos, o la luna menguante a los pies de la Inmaculada Concepción cuyo cuerpo aparece ataviado de túnica blanca y manto azul; estos atributos nos permiten acercarnos a los significados y contenidos de las obras, para dar inicio al estudio iconográfico y poder conocer el significado de los objetos y símbolos presentes en las obras.

FOTO 3 San Martín de Porres. Colegio mixto San Martín de Porres

La iconografía contiene en sí dos etapas de análisis; la primera consiste en la identificación del objeto (signo icónico), es decir, un reconocimiento de la imagen o connotación. La segunda, que permite describir y catalogar la imagen, es decir, una denotación; es así que la intención de este método es entender el símbolo o significado de la imagen haciéndolo comprensible, para poder entonces reconocer la imagen a través de la historia de la representación; por ello, la iconografía es posible sólo en objetos que tienen un referente, que poseen sentido de representación simbólica.

Panofsky (1972) asevera que para comprender el significado de algo, debemos estar familiarizados “…con el mundo de costumbres y tradiciones culturales, peculiar de una civilización determinada…”. Como el análisis iconográfico se ocupa de las imágenes, historias y alegorías, en lugar de motivos, presupone desde luego, mucho más que la familiaridad con objetos y acciones que adquirimos a través de la experiencia práctica.

En una obra de arte, dice Panofsky (1972), podemos distinguir en su contenido temático o significado, tres niveles. El primero es el contenido temático natural o primario: Se percibe por la identificación de formas puras, es decir, ciertas configuraciones de línea y color, o ciertas masas de bronce o piedra de forma peculiar, como representaciones de objetos naturales, tales como seres humanos, animales, plantas, casas, instrumentos, etc.; identificando sus relaciones mutuas como hechos; y percibiendo tales cualidades expresivas como el carácter doloroso de un gesto o una actitud, o la atmósfera hogareña y pacífica de un interior. El mundo de las formas puras, reconocidas así como portadoras de significados primarios o naturales, puede ser llamado el mundo de los motivos artísticos.

El segundo nivel es el contenido Secundario o Convencional: Lo percibimos al comprobar que una figura masculina con un cuchillo representa a San Bartolomé, (…) que un grupo de figuras sentadas en una mesa, en una disposición determinada y con unas actitudes determinadas, representan la Última Cena. Al hacerlo así relacionamos los motivos artísticos y las combinaciones de motivos artísticos (composiciones) con temas o conceptos. Los motivos, reconocidos, así como portadores de un significado secundario o convencional pueden ser llamados imágenes y las combinaciones de imágenes son lo que los antiguos teóricos del arte llamaron ‘invenzioni’; nosotros estamos acostumbrados a llamarlos historias y alegorías. Identificar imágenes, historias y alegorías es el campo que compete a la iconografía, ya que el mundo de los temas se manifiesta a través de ellos.

Análisis iconográfico: San Juan de Dios (Portugal en 1495 - España 1550)
San Juan de Dios, cuya su fiesta se celebra el 8 de marzo, es considerado el fundador de la comunidad de Hermanos Hospitalarios, él iniciará el cuidado metódico de los enfermos, y según Rouillard (1995), este fue un portugués que se dedicó a varios oficios antes de llegar a la ciudad de Granada, donde para expiar sus culpas, empezó a deambular por las calles de la ciudad pidiendo misericordia a Dios por todos su pecados y la gente creyéndolo loco empezó a atacarlo a pedradas y golpes. Se dice que su ingreso en el manicomio fue verdaderamente providencial, pues se dio cuenta del gran error que era pretender curar las enfermedades mentales con métodos de tortura, por ello al quedar libre fundará un hospital donde a través de su ejemplo enseñará que a ciertos enfermos hay que curarles primero el alma si se quiere obtener después la curación de su cuerpo.

Según De la Brosse (1986), este hombre de Dios, revolucionó los hospitales para convertirlos en lugares de acogida para pobres y enfermos mentales, cuidándolos él mismo con el más profundo espíritu de sacrificio. Es así como nace esta orden de religiosos masculinos, tan importante por el servicio social que ofrecía a la comunidad y el cual nadie quería realizar, posteriormente de ese hospital, saldrán los hermanos de San Juan de Dios.

Quizá lo que más resaltante de la vida de este santo, fue su interés por mantener la dignidad de la persona enferma, intentando proporcionar y recobrar ese decoro que se pierde con la enfermedad, aportando la visión cristiana pregonada por el humanismo renacentista.

Suele representársele según De la Brosse (1986): Vestido con el sayal y capuchon franciscano, lleva una corona de espinas sobre la frente, tiene una granada en la mano y una pequeña cruz, una alusión a la ciudad de granada, donde prodigó su caridad. A veces sostiene a un enfermo; lleva a un moribundo sobre la espalda o le presenta un crucifijo.

FOTO 4 San Juan de Dios. Iglesia del Hospital de la Caridad. Sevilla. Bartolomé Esteban Murillo, 1672

En la obra de Bartolomé Esteban Murillo (1617 – 1682), perteneciente al barroco español, se presenta según apreciaciones de Gaya (1978), una noche desolada en que San Juan de Dios caminaba en la oscuridad de la ciudad tratando de ayudar a personas necesitadas, pobres, ancianos, abandonados, dementes, tullidos y mendigos.

Observamos como la composición es dominada por la línea vertical que carga de movimiento y tensión a la obra, centrando el peso visual en el santo; la escena posee un gran dramatismo acentuado por la atmósfera misteriosa que envuelve la noche en tinieblas y que concentra la iluminación en una escena donde el rostro de San Juan de Dios se vuelve al ángel, lleno de asombro, con una expresión furtiva de quien quiere permanecer en la clandestinidad. San Juan de Dios es auxiliado por el arcángel Gabriel, que aparece con los atributos celestiales, vestido con la tradicional túnica y las alas desplegadas, quien lo ayuda a levantarse, proporcionándole las fuerzas necesarias para cargar al enfermo sobre sus hombros, y así pueda llevarlo a su hospital, donde culminará proporcionándole los cuidados pertinentes, convirtiéndose en hilo conductor de la narración el cuidado con el enfermo y la caridad con los pobres.

Es así como a través del relato pictórico, tenemos el conocimiento de que las personas dedicadas al cuidado de enfermos durante este siglo donde vivió San Juan de Dios, fueron principalmente personas de carácter religioso, quienes formaron pequeños grupos que sirvieron de núcleo original para la formación de órdenes que posteriormente se dedicaron a los cuidados de enfermería. Esas órdenes religiosas, según Hernández (1996), se multiplicaron a lo largo del siglo, tal vez impulsadas por ese espíritu individualista propio del Renacimiento, destacando entre ellos las Órdenes de Los Hermanos de San Juan de Dios, Los Ministros de los Enfermos; Las Hermanas de la Caridad y Los Hermanos Obregones.

San Martín de Porres (Lima, 1579 - 1639)
San Martín de Porres fue un religioso peruano de la orden de los dominicos, que se convirtió en el primer santo mulato de América, siguiendo como modelos de santidad a Santo Domingo de Guzmán, San José, Santa Catalina de Siena y San Vicente Ferrer.

Según el diccionario de mitos y leyendas (2010), al ingresar al convento, ejerció diversos oficios: enfermero, hortelano y herbolario entre los más importantes, ya que al estar su claustro ubicado junto a la enfermería, tuvo la oportunidad de utilizar las plantas medicinales para aliviar a sus enfermos, sobre todo de los más pobres y necesitados, a quienes no dudaba en tratar con amor, humildad y generosidad como muestra de amor a Dios.

La situación de pobreza y abandono moral que estos desposeídos padecían le preocupaba; logrando con la ayuda de importantes donativos, fundar el Asilo y Escuela de Santa Cruz para reunir a todos los vagos, huérfanos y limosneros y ayudarles a salir de su penosa situación.

Cuenta la leyenda del santo, que en ocasiones salía del convento a atender a un enfermo grave, y volvía luego a entrar sin tener llave de la puerta y sin que nadie le abriera, se le atribuyó además el don de la sanación y su lema era: “Yo te curo, Dios te sana”.

FOTO 5 Estampa devocional popular de San Martín de Porres. Lima. Los milagros

La composición de la obra está estructurada en base a dos planos, uno principal donde se ubica el santo presentado de cuerpo entero, con los atributos de los dominicos, como lo son el alba o hábito blanco, una capilla con capucha en color negro, el escapulario y el rosario; estando su cuerpo flanqueado por dos columnas que le proporcionan simetría a la composición y tras de él, un segundo plano en un nivel superior, cuya ascensionalidad es proporcionada por escalones, que dan acceso al lugar donde se ubican las camas de los enfermos. La escena se ubica en el interior de una edificación bañada por una luz clara y diáfana que procede del ángulo superior izquierdo y traza una diagonal que baña al santo e inunda la habitación, siendo el elemento que unifica ambos planos y crea una atmosfera cargada de misticismo, acentuada por la mirada elevada del santo que en sus manos porta un crucifijo. En el ángulo superior derecho observamos un nicho donde aparece la Virgen del Rosario, Patrona de la Orden dominica y protectora de los mulatos. A los pies de San Martín, aparecen sus principales atributos: la escoba y los animales a los cuales protegía y conciliaba alimentándolos en un mismo plato.

Consideraciones finales
Podemos concluir afirmando que en el ámbito religioso, hay muchos santos que se asocian a la idea del cuidado, por ejemplo San Isidro, patrón de los agricultores, quien cuida la tierra y la cosecha asegurando el equilibrio entre la lluvia y el sol, proporcionando al campesino la confianza de que en sus manos, la siembra prosperará y llegará a feliz término; San Francisco de Asís, cuidador de plantas y animales de manera holística atendiendo al planeta con amor y dedicación; el arcángel San Rafael, cuida de los enfermos junto al Santo Tobías y a San Juan de Dios, quien tiene el mérito de haber revolucionado en Europa la noción del cuidado, labor paralela a la desarrollada por San Martín en Lima.

FOTO 6 San Juan de Dios. San Martín de Porres

Estos santos serán los guías espirituales y morales de los actuales profesionales de la enfermería y de todos aquellos quienes ejecutan la hermosa tarea de cuidar a sus semejantes que han perdido la salud.

Bibliografía
1.- Bernales, J. Historia del arte hispanoamericano. Madrid: Alhambra. 1987
2.- Cámara, A. El arte y sus creadores: Murillo. Madrid: Gráficas Nilo. 1993
3.- Collíere, F. Promover la vida. Madrid: Interamericana. 1995
4.- De la Broisse, O. Diccionario del cristianismo. Barcelona (España): Editorial Herder. 1986
5.- Diccionario de Mitos y Leyendas. 2010. Equipo NAyA
6.- Duarte, C. Pintura e iconografía popular en Venezuela. Caracas: Armitano. 1978
7.- Gaya, J. A. La obra pictórica completa de Murillo. Clásicos del arte. Noguera-rizzoli Editores. Barcelona. 1978
8.- Hernández, F. Historia de la Enfermería en España. Editorial Sintesis S.A. Madrid. 1996
9.- Moreno, R. Cristos, vírgenes y santos en la pinacoteca colonial. Tesis de grado no publicada. Universidad de Los Andes. 2001
10.- Panofsky, E. Estudios sobre iconología. Madrid: Alianza Editorial. 1972
11.- Réau, L. Iconografía del arte cristiano. Barcelona (España): Ediciones del Serbal. 2001
12.- Rouillard, D. Diccionario de los santos de cada día. Barcelona (España): oikos-tau. 1995

Manuel Solórzano Sánchez
Osakidetza, Hospital Universitario Donostia, Donostia, Gipuzkoa.
Graduado en Enfermería
Insignia de Oro de la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica 2010. SEEOF
Miembro de Enfermería Avanza
Miembro de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos
Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería
Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería
Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.
Miembro no numerario de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País. (RSBAP)
Académico de número de la Academia de Ciencias de Enfermería de Bizkaia – Bizkaiko Erizaintza Zientzien Akademia. ACEB – BEZA
Insignia de Oro del Colegio Oficial de Enfermería de Gipuzkoa 2019