jueves, 19 de abril de 2012

La Orden de San Juan de Dios y el Hospital de San Felipe y Santiago

Resumen

Para la confección de este trabajo revisamos numerosas bibliografía en la Biblioteca Nacional, Museo Carlos J Finlay, Oficina del historiador de Salud Publica, y Biblioteca del Arzobispado de la Habana, donde se encuentra la historia de este centenario hospital, además buscamos en el Archivo Nacional documentos tales como Cédulas Reales donde se menciona algún dato importante de este hospital y visitamos la Iglesia de Santo Ángel Custodio para obtener el certificado de Defunción del último prior de ese hospital, con estos datos hicimos una cronología donde se refleja la vida hospitalaria de estos Hermanos de la Orden de San Juan de Dios, en el Hospital de San Felipe y Santiago.

Palabras clave: Cuidados de enfermería. Humanismo. Consagración.


FOTO 001 Eduarda Ancheta Niebla, Enfermera


AUTORA: Licenciada Eduarda Ancheta Niebla. Profesor Auxiliar. Miembro Titular de la SOCUENF. Miembro de la Sociedad Historia de la Medicina. Miembro de la Asociación Medica Caribeña. Miembro de la sección de historiadores de la SOCUENF. Miembro del Consejo Editor de la “Revista Temperamentum, Granada. España”. Miembro del Comité Científico Internacional de la “Revista Uruguaya de Enfermería”. Miembro del Comité Científico Internacional de la “Revista El Ser Enfermero” Buenos Aires Argentina. Profesora Principal de Historia de la Enfermería Universidad de Ciencias Medicas de la Habana. Profesora de Historia de la Enfermería Facultad “Enrique Cabrera”. MSc en Enfermería. Candidata a Dra. en Ciencias de la Salud. Universidad de Ciencias Médicas de La Habana. Facultad Dr. Enrique Cabrera Cosio.


Introducción

Orden de San Juan de Dios. Comienzos.

Desde 1547 el hermano Juan Ciudad se ocupaba de atender a los enfermos en un “Hospital” en la calle Lucena de Granada; a él se unieron Antón Martín, Pedro Velazco, Simón de Ávila y Dominico Peola, posteriormente se unió a ellos Rodrigo Sigüeza, que fue el que obtuvo de Pío V, el Breve: Salvatoris Nostri (8 de marzo de 1571) y la Bula Licetea Debito, fechada el 1 de enero de 1572 por la que se erigió en Congregación Religiosa - Hospitalaria al grupo de Hermanos de San Juan de Dios. (Torre Rodríguez F: El Padre Olallo. Un Testigo de la Misericordia Barcelona 1994: 3)


La Orden Hospitalaria en la Habana

Desde la llegada de la Orden Hospitalaria a Cuba a finales del siglo XVI el comienzo de las tareas del primer Hospital juanino en la Isla (La Habana 1603) y hasta la muerte de Fray José Olallo Valdés (1820 - 1889), la presencia de la Orden esta confirmada y documentada en las ciudades de La Habana y Puerto Príncipe.

Esto evidencia la fama y el buen ejemplo del Pobre de Granada. Sabemos que los juaninos se presentaron por primera vez en la Villa de San Cristóbal de La Habana en 1578, como sanitarios a bordo de la Flota, y prestaron sus auxilios en la Hospitalidad de San Juan de Letrán durante varios meses y que se vieron obligados a partir por carecer de Cédula Real. De estos primerísimos Hermanos se desconoce casi todo, solo se da por sentado que eran españoles mas bien jóvenes, listos a participar en la Carrera de las Indias solo se sabe el nombre de su superior Fray Francisco Hernández (Fabio Hurtado R. 400 años en Cuba Orden Religiosa de San Juan de Dios. Colección Selare. Editorial Kimpres Ltda. Bogota Colombia 2003:17). Con la llegada de estos religiosos se inició la asistencia de enfermería en los hospitales, pues estos Hermanos tenían preparación para cuidar enfermos.


Breve reseña de los Hospitales existentes

El historiador César Mena Serra en su obra “Historia de la Medicina en Cuba” cita todos los hospitales existentes en la Isla a partir de 1525. Solo mencionaré los que tuvieron alguna referencia importante o perduran hasta nuestros días.

El primer hospital que se funda en Cuba no es en La Habana sino en Santiago de Cuba en 1525, y si hubo uno antes no hay noticias de ello, aunque no dudamos que en Baracoa desde su fundación hasta 1522 pudiera haber habido alguna Casa de guano, que sirviera de enfermería o alojamiento a los que caían enfermos por cualquier enfermedad, ya que desde 1514 hasta 1525 esta Villa fue la primera capital de Cuba.

“Este pomposamente llamado Hospital de Santiago de Cuba tiene que haber sido un barracón con techo de guano (palmera), ya que así eran todas las viviendas en dicha época, excepto la casa de Diego Velásquez, que era de cantería. En la edificación de este hospital en Cuba, intervino Hernán Cortés antes de partir a la conquista de Nueva España (México) según asevera López de Gomera”. (Mena C A, Cobelo A.: “Historia de la Medicina en Cuba”, T I. Hospitales y Centros Benéficos en Cuba Colonial, Ediciones Universal. Miami, Florida, 1992: 38-40, 158, 332, 333, 306, 307, 322, 67).

Cuando leemos “La Visita Eclesiástica” del Obispo de Cuba Pedro Morell de Santa Cruz, en ella podemos darnos cuenta de los hospitales existentes en todos los parajes por el visitados y en las que describe la pobreza y poca atención que se brindaba a los enfermos en esos hospitales, ante esta situación el mismo mandaba construir enfermerías u hospitales para la atención de los pobres enfermos. (Morell de Santa Cruz La visita Eclesiástica. Editorial de Ciencias Sociales 1985).


Los Hospitales por provincias, en la época colonial

Pinar del Río

En 1892 se construye el de “San Isidro”, en él falleció durante la Guerra de Independencia, la patriota Isabel Rubio.

La Habana interior

Hospital “Arderius” se construyó en 1893. Este hospital tuvo la curiosa visita, durante la Guerra de Independencia, de Winston Churchill recién graduado de oficial del ejército Inglés, en ejercicios de grados en la guerra de Cuba en 1895; posteriormente sería Primer Ministro de Gran Bretaña.

La Habana

En la capital, en 1551, hospital sin nombre; 1552 - 1553, “Real de San Felipe”, refundición de la casucha con el de “San Felipe el Real”; 1597, Hospital de “San Felipe y Santiago” o de San Juan de Dios (cuando lo ocuparon los frailes de San Juan de Dios, en 1602, el pueblo lo llamaba así); 1886, el Hospital Reina Mercedes, después de la ocupación norteamericana se llamaría “Nuestra Señora de las Mercedes” y en 1961 “Hospital Comandante Manuel Fajardo” (todos estos hospitales son considerados el mismo hospital pero en distintos lugares y con distintos nombres).

Hospital de leprosos

1663 - 1668, antigua Caleta de Juan Guillén.

1681 - 1703, la Estancia “Los Pontones”.

1704 - 1916, Estancia de Brito “San Lázaro”.

1916, Hospital temporal en Mariel.

1916 “El Rincón”. (Todos estos hospitales son el mismo con distinto nombre).

Convalecencias

1678, Casa de Convalecencia de Sebastián de la Cruz.

1704, Casa de Convalecencia de Belén.

Hospitales militares de La Habana

1744, Hospital de “San Ambrosio”.

1896, Hospital “Alfonso XIII”.

1899, Hospital “Número Uno”. (Son el mismo hospital que posteriormente en 1917 se llamó Hospital “General Calixto García”.

Hospital para Dementes

1775, Cárcel del Partido (para varones dementes).

1775, Casa San Juan Nepomuceno (para hembras dementes).

1790, Hospital de Paula (para hembras dementes en una sala aparte del resto de las pacientes).

1800, Casa de los Baños del Matadero (para hembras dementes).

1827, Casa de Beneficencia (una sala aparte).

1828, Hospital de “San Dionisio” (para varones dementes).

1854, Hospital de Dementes (conocido como Mazorra para varones y hembras).

Todos estos hospitales son el mismo pero con distinto nombre.

Matanzas

1757, Hospital de “Santa Isabel”, donde se funda una escuela de enfermeras en 1900.

Puerto Príncipe

1728, Hospital de “San Juan de Dios”.

1730, Hospital “Nuestra Señora del Carmen”.

1737, Hospital de “San Lázaro”.

1895, Hospital de Sangre.

Oriente

1525, Santiago de Cuba, un hospital primitivo.


DESARROLLO

Los primeros Hospitales habaneros

Respecto al primer hospital de La Habana el historiador Arístides A Moll, fija en 1538 como fecha de la primera fundación aclarando “…que fue un hospital militar”. (Moll A Arístides, Aesculapius in Latín América, Filadelfia 1944:140). Sin embargo este aserto es meramente conjetural pues no existe documento que avale esta afirmación, pues cuando el saqueo e incendio de la Habana por los piratas franceses no quedó constancia documental alguna, solo a partir de 1550 es cuando comienza la cronología de las Actas Capitulares. Toda la información anterior a esta fecha se encuentra en el Archivo de Indias en Sevilla.

Es en una misiva del Licenciado Juanes de Avilés entonces gobernador de la Isla, fechada en marzo de 1545, es donde se encuentra esta primera referencia de la edificación de un “ospital”

En estos cuatro meses que a que llegué a ella vuestra majestad a sido mas provechosos en Real hazienda que en los tres años pasados y ansi mismo he hecho el ospital en esta villa del cual avia gran necesidad por los navíos que vienen y pobres que suelen ocurrir y ansi como he hecho hacer un ospital si tuviere facultad oviera hecho hazer la iglesia de la villa” (Archivo de Indias, Sevilla, España).

Ratifica esta afirmación un memorial dirigido a su Majestad por el Obispo Fray Diego Sarmiento donde confirma “…la construcción de un hospital de piedra en 1545.

Estos dos documentos confirman ya la construcción de un hospital en 1545 y ellos están hablando del mismo hospital, esto establece que este hospital precedió a la construcción de la Parroquia Mayor y el convento de Santo Domingo, que según José Martín Félix de Arrate se comenzó a fabricar en 1578. Posteriormente ya en la década del 50 del siglo XVI Diego de Angulo se ufana de “haberlo ensanchado en 60 pies”. (Arrate y Acosta J M F La llave del nuevo mundo y antemural de las Indias Occidentales La Habana 1964: 68)

En 1555 cuando el saqueo de la Habana por los piratas franceses este hospital de piedra, resistió el saqueo e incendio, “era una construcción de muy fuertes tapias y tan alto como la Fuerça”. (Lage G. El primer hospital de la Habana, La Habana 1952:26).


FOTO 002 San Juan de Dios. José Olallo Valdés, primer santo cubano hospitalario


Respecto a la ubicación en la Villa existe diferencia entre los historiadores que se han ocupado del tema. Mientras la historiadora Norteamericana Irene Aloha Wrigth lo sitúa en el Convento de Santo Domingo, lo cual es imposible por la cronología constructiva; Pérez B, Martínez Fortun, Guillermo Lage y Mario del Pino, prefieren ubicarlo en el espacio que mediaba entre la Parroquia Mayor y la Calle de los Mercaderes, es decir algunos metros mas allá en la Calle Obispo entre el actual Ministerio de Educación y el antiguo Palacio de los Capitanes Generales.

Este hospital indudablemente el primero de San Cristóbal de la Habana, es el mismo que los historiadores Luís Ortega Lázaro y Juan Luís Martín llaman de San Juan de Letrán. Según la Historiadora Irene Aloha Wrigth, halló en un manuscrito de 1575, una breve descripción de él donde se aclara que el hospital estaba constituido por dos salas y una capilla caída. Es aquí donde por primera vez los Hermanos de la congregación de San Juan de Dios prestan sus servicios caritativos entre 1578 y 79 durante los meses en que permanecieron en la Villa en espera de la partida de la Flota de Indias a bordo de la cual laboraban como enfermeros.

Según el historiador Mario del Pino y de la Vega:

La vez anterior que los frailes juaninos estuvieron en La Habana (1578 - 1579), habían regido la pequeña hospitalidad de San Juan de Letrán, junto al Convento de Santo Domingo y tuvieron que abandonar la Isla por carecer de permiso Real para su estadía en ella. La segunda vez volvieron con Real Cédula fechada el 1 de agosto de 1602 y solicitaron emplearse en el recién construido Hospital de San Felipe y Santiago, después Hospital de San Juan de Dios, el nombre del prior que les acompañaba era Fray Francisco Hernández”.


Hospital “Felipe el Real”, “San Felipe y Santiago”, “San Juan de Dios” y “Nuestra Señora de las Mercedes”

Acerca de la fecha de la construcción de este hospital de San Felipe y Santiago los historiadores discrepan considerablemente Roig de Leuchsering lo fija en 1555 y le atribuye su fundación a Pedro Menéndez de Avilés, aunque esta confirmada la existencia de este centro, es poco probable que fuese el de San Felipe y Santiago. Según afirma el investigador Mario del Pino “Para 1556 el Adelantado D. Pedro Menéndez de Avilés funda el tercer hospital habanero en una casa de alquiler al que llamó casa de alquiler o del barracón de San Francisco”, este autor le confiere un carácter de urgencia temporal por la demanda de enfermería surgida a raíz del proceso de conquista de La Florida. (Pino y de la Vega M. Apuntes para la historia de los hospitales en Cuba 1523 – 1899. La Habana 1963:29).

El Historiador Roig de Leuchserinh dice paradójicamente que el primer hospital habanero de que se tienen noticias precisas en los documentos antiguos recibió el nombre de Nuevo, porque cuando se creó existía otro, pero tan insignificante que solo trascendió cuando se unió, poco más tarde con aquél.

En 1570 afirma José Maria la Torre, se fundó en el barrio de La Cienaga un hospital con el nombre de San Felipe y Santiago, la parte baja donde estaba el hospital contenía veinte camas y en la parte alta estaban los colegiales. (Roig de Leuchsering. La Habana, apuntes históricos segunda edición, Tomo 3. Consejo Nacional de cultura La Habana 1964:139).

Jacobo de la Pezuela propone que el hospital de San Felipe el Real, estaba dedicado a la atención de pobres y personas de color, mientras que el de Avilés atendía a militares. (De la Torre J M. Lo que fuimos y lo que somos o La Habana antigua y moderna. La Habana 1905: 89).

Lo que si coinciden varios autores, es en el lugar que estaba situado el edificio del hospital “estaba situado junto a la Pequeña Ciénaga, por un brazo de mar que entraba por el boquete de la Pescadería e inundaba los terrenos hasta el aula del Colegio de San Felipe y Santiago, en lo que hoy es la plaza de San Juan de Dios o de Cervantes”.

La primera referencia documental la encontramos en el Acta del Cabildo de 6 de Junio de 1579 donde se trata del asunto de la construcción de un nuevo hospital.

El Gobernador Juan Maldonado Basnuevo dice: “S M hecho merced al hospital de esta ciudad de las casas que eran suyas y servían de magacenes (almacenes) para las galeras para que se vendan y de lo procedido de ellas se haga un hospital en diferente parte de donde agora esta y habiendo dicho gobernador conferido y tratado la parte principal de esta ciudad y tomado así mismo parecer de los médicos que en ella hay, todos concurren que el mejor sitio que se puede escoger para hacer el dicho hospital es donde se había comenzado a fabricar un Colegio y estudio de Latinidad, respecto a estar apartado del concurso de la ciudad y gozar de buenos aires y tener toda el agua que hubiere menester”.

Hasta aquí se puede establecer que fue el colegio quien recibió originalmente el nombre de San Felipe y Santiago puesto que compartieron durante cierto tiempo la edificación, es lógico que el nuevo hospital se llamara igual que el colegio y que efectivamente existía este hospital aunque en condiciones mucho menos elementales tanto que ni el Cabildo ni el Gobernador juzgaron preciso referir cuando se dispusieron a fabricar el nuevo hospital en 1579. No obstante parece que la fabricación definitiva del hospital tuvo que esperar hasta 1596 y no estuvo concluido hasta 1599, el hospital dispuso de cuatro salas dos en los bajos y dos en el piso superior, con capilla. En estas salas se colocaron 150 camas, y el gobernador Maldonado Basnuevo manifestó que se necesitaban más. (Pezuela y Lobo JJ. Diccionario Geográfico Estadístico de la siempre fiel Isla de Cuba. Imprenta Banco industrial y mercantil. Madrid 1883 – 1887).


FOTO 003 Hospital de San Felipe y Santiago, que la población llamaba de San Juan de Dios. A partir de 1603 los religiosos de esta orden comenzaron a brindar los cuidados de enfermería


Felipe II por Cedula Real de 1 agosto de 1602 mandaba que cuatro de los Hermanos que pasaran a América ese mismo año debieran hacerse cargo del Hospital de la Habana. La aprobación de la entrega del edificio y huerta se realizó el 29 de septiembre de 1603, y se hizo efectiva el 14 de octubre de 1603. Los cuatro primeros Hermanos que tomaron posesión del Hospital de La Habana fueron los frailes: Diego de la Fuente, Andrés Alcaraz, Gonzalo González y Andrés de la Paz.

Citando a Isabelo Macías Domínguez este dio la siguiente versión de la fundación de este establecimiento: “El hospital, que desde ese momento se llamó San Juan de Dios, no tuvo unos comienzos muy felices, pues el obispo Cabezas Altamirano se opuso a la concesión de los dos hospitales (viejo y nuevo) a los Hermanos de San Juan de Dios. Argumentaba el prelado que la Cédula presentada por los citados Hermanos solo les concedía poder para pasar a las Indias, pero no para que se les hiciera entrega de las referidas construcciones; quejándose, además, de que no se había tenido en cuenta su dignidad eclesiástica. Sin embargo, estaba dispuesto a dar la posesión del nuevo hospital siempre que los religiosos lo recibieran por su superior y quedara para seminario el edificio antiguo. Aunque aquellos no aceptaron tal propuesta, el obispo se apropió de dicha casa, donde estableció su pretendido seminario. Ello no duraría mucho, pues la Corona ordenaba rápidamente su retorno a los frailes”. (Arce Brisuelas L M. El Hospital Nuestra Señora de la Reina Mercedes. La Habana 1952:18).

Los hermanos acceden a este acuerdo y trasladan a todos los enfermos de San Juan de Letrán al de Felipe el Real y así se hacen cargo de la atención hospitalaria general de San Cristóbal de la Habana el 14 de Octubre de 1603.

El 17 de Marzo de 1608 aparece en una Real Cedula “Yo os mando que dejéis volver a la Isla de Cuba al Hermano Diego de la Fuente de la Orden y Congregación de San Juan de Dios; ordenaba el Rey Felipe II a sus oficiales de la casa de Contratación de Sevilla, llevando consigo cuatro Hermanos de ella y un criado para lo que se les ofreciere y hubiere menester, seguía disponiendo, y daréis orden en que en las naos de la armada que fueren se les de por mi cuenta a los cinco hermanos y un criado, una ración como se la diere a los soldados y marineros. Fechado el 17 de marzo de 1608. Yo el rey”.

Con estos cuatro, el hospital cuenta con ocho Hermanos para la atención de los enfermos, aunque se desconoce el nombre de ellos es de suponer que uno de ellos era Fray Sebastián de Aragón, pues el 16 de enero de 1610 era prior del hospital, según consta en una libranza expedida por este Hermano en esa fecha.

A lo largo del siglo XVII el Hospital de “San Juan de Dios” fue el único centro existente que atendía tanto a militares y marineros como a la población de La Habana. Al ser el único hospital general, los Hermanos tuvieron que hacer frente a las sucesivas calamidades que invadieron la ciudad en la primera mitad de este siglo: incendio del casco viejo en 1622; epidemia de fiebre amarilla en 1649; que ese verano arraso con un tercio de la población; es muy probable que entre los muertos estuviere algún Hermano de San Juan de Dios, pues estuvieron expuestos en primera línea por su trato directo con los contagiados. Otra fue la epidemia de fiebre tifoidea en 1654. A ello había que sumar la asistencia a sus pacientes habituales.

El 28 de mayo de 1666 era prior del Hospital Fray Francisco de Sosa y el 22 de agosto de 1692, Fray Diego de Gusquita. En 1704 lo era Fray Francisco Barradás., el 18 de marzo 1731 tenemos como prior a Fray Joseph Díaz Ponte.

En 1730 el número de juaninos presentes en el hospital era de 30 y el número de las camas era de 100, además estaban a cargo de la lavandería, cocina y farmacia.

Cuando entre abril y junio de 1654 se produce la grave epidemia de Fiebre Amarilla, se convoco a una Junta en el Castillo de la Fuerza a los médicos y a los Hermanos del hospital de la Orden de San Juan de Dios, el prior en ese momento era Fray Juan Ángel, el cual declaró la disposición de los Hermanos a brindar atención que desde dicho hospital, el que se había elegido fuera del área de la población a menos de un cuarto de legua de aquí, para la cura de los enfermos que viniesen y ha ofrecido camas y toda la asistencia humana.

El 28 de mayo de 1666 era prior del Hospital Fray Francisco de Sosa, que con toda probabilidad sustituyo a Fray Juan Ángel; pedía que se le dejase sembrar plantas medicinales además de frutos menores, en los terrenos que se le había concedido por donación en una Merced de Félix de Araca. El Cabildo autorizo esta Merced por nueve años. En 1690 siendo prior Fray Diego de García Balbanera se vuelve a solicitar con los mismos fines se haga una prorroga mas de estos terrenos, en otros autos y donaciones de Salvador de Aroca de dos cuadras que se donaban al Convento Hospital de San Felipe y Santiago, acordose de conformidad a la licencia de dicho padre por un año, sin que quede establecido cuando se privo al hospital de estas parcelas.

El 22 de agosto de 1692, era prior Fray Diego de Gusquita y en 1703 lo era Fray Francisco Barradás., quien continua las obras de ampliación y saneamiento del convento hospitalario si leemos en un Acta al Cabildo de marzo de 1703 “en ocasión de estar reedificando el convento y enfermerías atendiendo a los perjuicios que se siguen y que cae al Callejón pues por ella se introduce a los enfermos algunas grutas nocivas a sus curaciones y además de las ofensas que se hacen en él a Dios que no las expresa por indecentes, pidió se haga Merced de este Callejón para incorporarlo a dicho convento”.

En 1713 era prior del convento Hospital Fray Manuel Bermúdez y acude al cabildo recavando ayuda para el hospital que con las dos tormentas que ha habido se halla derribada la parte principal de la fabrica y además grave deterioro de las rentas que goza dicho hospital, por todo lo que pidió y suplicó al Cabildo y que se sirva informar a S M.

En 1722 era prior Fray Miguel Barroso quien tuvo discrepancias con Francisco de las Tenazas Rubira protomédico de La Habana desde 1709, pues este entendía que en un informe enviado al Rey hablando mal de su conducta, eran los Hermanos de San Juan de Dios los autores de dicho informe.

El 18 de marzo 1731 tenemos como prior a Fray Joseph Díaz Ponte, el mismo solicita al Ayuntamiento de la Habana le expida un testimonio de buena conducta en su solicitud; el Hermano se declara fundador de la Orden en el hospital de Puerto Príncipe. (Santovenia E. El Protomedicato de la Habana. La Habana 1952:38).

En ese mismo año era enfermero mayor del hospital Fray Miguel Barroso, el realiza un informe donde da cuenta de las muertes ocurridas por Viruelas en el Hospital de San Felipe y Santiago, las mismas habían sido 35 personas especificando que 30 eran negros y 3 indios, un mulato y un blanco. (Ortega y Lázaro Luís. Para La Orden Hospitalaria Juan de Dios en Hispanoamérica y Filipinas. Madrid 1992. 270).

En 1733 estando en el convento hospital esperando su traslado para Nueva España, Méjico donde había sido nombrado Comisario General de la Orden, fallece en el Hospital el Hermano Antonio de Ordóñez, había llegado el 20 de mayo y su deceso ocurre el 20 de agosto del mismo año de 1733.

El 8 de marzo de 1736, el Dr. Luís Fontaine protomédico de la facultad de medicina de la Pontificia y Real Universidad de la ciudad de San Cristóbal de La Habana procedió al examen y concesión del título y licencia de cirujano al Hermano de la Orden de San Juan de Dios, José Coimbra de San Antonio después de realizar el examen teórico y práctico en la enfermería del convento hospital Real de San Juan de Dios. Le confieren el poder y facultad para el uso y ejercicio de dicho arte. El Cabildo habanero tuvo a bien otorgarle la licencia para que ejerza en esta ciudad de Maestro cirujano. El nombre de la sala donde se examino el Hermano era “Del Santo Cristo de San Nicolás” y tenía 25 camas lo cual demuestra que el hospital de San Felipe y Santiago funcionó como centro universitario de la Facultad de Medicina de San Jerónimo. (López Sánchez J. La medicina en la Habana. La Habana. Tomo 9I. 1970: 246).

En 1740 por discrepancia con la Real Marina dejan de atenderse los marinos en este hospital, siendo prior del Hospital en 1743 Fray Miguel Barroso. En 1744 ante acusaciones de mala atención a los marinos, a pesar que en 1740 se había suspendido la atención de los mismos por parte de los Juaninos a estos enfermos, encabezados por el Marques de la Ensenada, según el historiador Arce, se desató una verdadera conspiración contra los Hermanos, de la que fueron los propios españoles los principales instigadores.

No obstante los Juaninos presentaron informes efectivos de sus servicios hospitalarios:

14.230 marinos atendidos por ellos, 9.368 soldados atendidos en el hospital y 6.297 civiles. Todos ellos fueron atendidos por los Hermanos de San Juan de Dios. Todos atendidos en el hospital en los últimos ocho años, con un promedio anual de 3.736 pacientes muy superior al computo de 700, atendidos en 1664 con 100 camas. Ahora el Hospital contaba con cinco salas: San Nicolás, Santo Cristo, San Sebastián, San Cristóbal y San Juan de Dios. Dos de ellas con cincuenta camas y las restantes alrededor de treinta. Lo que hace que estos hermanos no tengan un día de reposo al frente del hospital.

En 1763 el historiador José Martín Félix de Arrate nos describe el hospital “Sobrevolemos así la ciudad hasta fijarnos en la esquina de las calles de Aguiar y del Empedrado donde se alza el convento hospital. Se compone de dos grandes claustros con pisos altos en las que están establecidas las salas para blancos, una para cirugía y otra para convalecientes, dos de clínica médica y otra donde se cura con el sistema homeopático y tiene habitaciones para las Hijas de la Caridad. (Creemos que esto debe ser un error del autor o del que reviso el dato pues las Hijas de la Caridad llegan a Cuba en 1847). La parte baja esta dividida en dos salas de clínica médica, una de cirugía y otra de presos, la botica y demás oficinas y dependencias necesarias para su servicio. En el centro de cada claustro hay un patio con jardines para recreo de los enfermos convalecientes dando uno frente a la puerta principal que se comunica con la iglesia y otro que sale a la calle de lo Empedrado”.

El número exacto de juaninos presentes podemos establecerlo gracias al informe hecho en 1758 por el Obispo Pedro Morell de Santa Cruz en su Visita Eclesiástica que era de 39 hospitalarios en la Habana.

En 1761, se desencadenó una fuerte epidemia de fiebre amarilla al parecer como consecuencia de la llegada a La Habana de un grupo de galeotes procedentes de México. Los Hermanos acogieron en el hospital a los afectados de la epidemia. Con ocasión de esta epidemia fue habilitado un Hospital provisional (con el nombre de “San Carlos de la Caridad” o también Hospital de “La Carraca”) en las inmediaciones del Astillero y Factoría de Tabacos, para que sirviera a los enfermos de la marina y donde se habilitarían hasta 300 camas, también bajo el cuidado de los Hermanos; hubo que ampliar con casas existentes en las inmediaciones del hospital para curar a los soldados del ejército

Los Hermanos que hicieron frente a esta epidemia fueron los frailes: Alejandro de Fleites, prior; Miguel Barroso y Reyes, Francisco Cardoso, Marcos de Aguiar, Gabriel Ballejos, Simón Pérez, Juan Antonio Mena, Nicolás Medina, Esteban Pérez, José de Zamora y Miguel Más.

El Hospital de “San Carlos” acabó por correr a cuenta de la Real Hacienda, y los Hermanos dejaron de prestar su asistencia en él. (Arrate y Acosta J.M F. La llave del Nuevo Mundo y antemural de las Indias Occidentales. México - Buenos Aires 1949, tercera edición. Primera en la Habana 1830).

El “Hospital de San Juan de Dios” rindió un gran servicio durante el sitio y toma de La Habana por los ingleses en 1762. El hospital fue semidestruido por la artillería inglesa y los enfermos del Hospital de “San Carlos” pasaron al Convento de los Betlemitas y más tarde al Convento de Santa Clara, tras ser abandonado por las religiosas a consecuencia de la invasión inglesa. Hay que añadir a la lista de los Hermanos de esta Orden a Fray Julián Arteaga, Padre Prefecto del convento hospital, que se consagro a la asistencia de los heridos y enfermos durante el sitio de la Plaza. .El hospital estaba en la línea de fuego de la artillería inglesa que lo alcanzo reiteradamente con bombas, granadas, y hoyas de fuego. El daño infligido dio como consecuencia que se trasladaran los enfermos al Convento de Belén primero y después al de las Monjas Clarisas, éste traslado se debió según el prior Alejandro de Fleites ante el Cabildo. Fueron expulsados con mucha violencia por el Conde de Albemarle, general del ejército británico quien expulsó a los religiosos y enfermos y tomaron posesión del convento hospital como cuartel de sus tropas.

Tras la marcha de los ingleses, las tropas de la marina pasaron a ser atendidas en los Hospitales del Arsenal y San Isidro, por lo que no dependieron más del Hospital de “San Juan de Dios”, salvo en los brotes epidémicos. La enfermería para el ejército y la marina pasó posteriormente al Hospital de “San Ambrosio” (mejorado en 1796), aunque la marina no lo hizo hasta 1806. (Morell de Santa Cruz P. La Visita Eclesiástica. Editorial de Ciencias Sociales 1985:15)

Aunque el hospital de La Habana continuaría ejerciendo sus funciones, apenas se conservan datos en sus archivos de sus avatares internos, como constató J. de la Pezuela a mediados del siglo XIX.

El 1 de junio de 1787, el Vice Real Patrono y diocesano nombró un administrador en este hospital con carácter de síndico y un mayordomo depositario de las rentas. El nombramiento recayó en Tomás Mateo Cervantes el 21 de mayo de 1793, quien terminó la iglesia e introdujo otras mejoras y ampliaciones notables como un segundo claustro de celdas y otras dos salas de enfermería. En 1792 era Prior del Hospital Julián Josef Cabello quien aporta datos estadísticos del hospital en el año 1797. Ingresaron 1.897 pacientes, muertes 230, 1.518 curados, quedando en cama 149. En este mismo año por Real Orden se prohíbe que sean solo 20 los Hermanos que deben permanecer en el convento hospital y que no se de albergue a Hermanos jubilados. En 1795, era enfermero mayor y cirujano el Hermano Tomás Álvarez y segundo enfermero Mauricio Oduardo.


FOTO 004 Plaza de San Juan de Dios


En 1819 se declaró una nueva epidemia de fiebre amarilla y viruela en La Habana. El Hospital de “San Ambrosio” no fue suficiente para acoger a los militares afectados por la epidemia y fue este hospital el que habilitó salas provisionales para atender a los contagiados. Estas salas permanecieron abiertas desde el 4 de septiembre hasta el fin de año, en esta época el hospital estaba en manos de autoridades civiles; los Hermanos siguieron atendiendo a los ingresados. El 2 de mayo de 1818 se nombra prior del convento hospital a Fray Matías José Rodríguez quien será sustituido en 1821 por Fray Francisco Roxas Vinajeras.

El Consejo general de la Orden en Madrid el 25 de diciembre de 1831 nombro a Fray Francisco Pacheco como Prior de la Habana y Vicario Provincial con Licencias para “dar hábitos de novicios, hábitos de donados y que pudiere renovar de su convento cualquier religioso que conviene trasladarlo”. En 1833 con ocasión de una epidemia de cólera morbo, el Hospital de San Juan de Dios cedió una de sus salas para colocar a los militares atacados por aquella epidemia y formo otro local para la misma finalidad en cinco de las celdas de los religiosos. En 1842 comienza a aplicarse en Cuba la Ley de secularización que se habían aplicado siete años antes en la península. Ello llevó a que muchos Hermanos se acogieran a esta ley y hubo necesidad de introducir en el hospital tanto enfermeros, como cabos de sala y practicantes para la asistencia de los enfermos (Eduarda Ancheta Niebla. Historia de la Enfermería en Cuba. Editorial de Ciencias Médicas. La Habana 2003:6)

En el mes de abril de 1854, encontré documentada la muerte del que fue el último Prior del Convento Hospital de La Habana Fray Francisco Pacheco en el libro 10 de defunciones de blancos (1851 - 1861) folio 109 de la Iglesia del Santo Ángel Custodio (Iglesia Santo Ángel Custodio. Archivo).


FOTO 005 Hospital Nuestra Señora de las Mercedes inaugurado en 1886, prestó servicios hasta 1958, después de ser demolido en sus terrenos se encuentra actualmente la heladería Coppelia


Esta es la última cita y fecha de la estancia de algún Hermano al servicio de este hospital. Las consecuencias del cese obligatorio de los Hermanos Hospitalarios las menciona César Mena refiriéndose al historiador Mario del Pino y de la Vega: “y al fin, el remedio resultó peor que la enfermedad que se pretendía curar, pues el estado del hospital fue tan lamentable y la falta de atención y limpieza tan acusadas, que los vecinos de La Habana rehuían acercarse al viejo caserón porque por encima de sus tapias, se expandía una pestilencia insoportable”. Coincidiendo con la descripción de estos hechos el Dr. Rodolfo Tro, consigna: donde el hedor de la gangrena hospitalaria y otras epidemias era de tal naturaleza que obligaba a los transeúntes a evitar el hospital como casa maldita. Hasta nuestro patriota y novelista Cirilo Villaverde, en su novela costumbrista “Cecilia Valdés”, describe prudentemente estos hechos: “Por las altas y cuadradas ventanas, siempre deja salir el vaho caliente de los enfermos”. (Villaverde La Paz C. y Cecilia Valdés o la Loma del Ángel. Colección Saeta. Editorial Letras cubanas. Tomo I 1981:58)


El Hospital de San Felipe y Santiago después de la muerte del Prior Fray Francisco Pacheco

A partir de 1854 empezaron a prestar cuidados de enfermería las Hermanas Hijas de la Caridad; en 1866 la superiora era Sor Juana Zárate además de 11 hermanas y algunos enfermeros; en 1880 había 14 hermanas. En 1857, después de la muerte del último Vicario-Provincial, se declaró este hospital como establecimiento local de beneficencia pública.

En 1845, se trasladaron al Hospital de San Juan de Dios los estudios de Anatomía que se desarrollaban en el Hospital de San Ambrosio. Más adelante, ya ampliados otros hospitales, este no tenía razón de ser y su situación resultaba tan céntrica que constituía un peligro para la salud pública, por lo que fue demolido en 1859. En sus terrenos se construyó un parque que lleva el nombre de Cervantes aunque se le sigue llamando por el nombre del Hospital. El departamento de Anatomía de la Escuela de Medicina pasó al edificio llamado de San Dionisio, que había sido Casa de Locos, junto al Cementerio de Espada. Después de la demolición del hospital, los enfermos pasaron a ser atendidos, por espacio de veinte años, en los altos de las prisiones de la Punta. El tristísimo cuadro de unas infectas salas del mismo edificio de la cárcel están descritas así: “¡Monstruosa amalgama de dolor físico y la degradación moral! ¡Repugnante espectáculo que contra los más rudimentarios principios del sentimiento y la razón ha venido ofreciendo!”. Es la opinión del doctor Manuel García Hernández. También sobre este traslado a la cárcel opinaba Fermín Valdés Domínguez lo siguiente: “recuerdo con horror aquella miserable sala del hospital (......) sin luz, sin aire, sin aseo necesario, los catres de tijera estaban hacinados y era aquello más que un hospital, la antesala del “salón de las profundis”, añadiendo, “lo que se daba a los enfermos era un caldo insípido”; relato sobre el cautiverio de los estudiantes de medicina antes del fusilamiento en el paredón cercano a la cárcel”.

En 1860, el gobierno superior político de la Isla analizó la necesidad de construir un nuevo hospital, para lo que designó al coronel de ingenieros Manuel Portillo con el fin de que estudiara y redactara un proyecto del nuevo hospital que reemplazase al antiguo de “San Juan de Dios”, pero, aunque se formuló el proyecto, se perdió su plano. Poco después se escogió la Estancia de Aramburu y se colocó la primera piedra el 19 de noviembre de 1862, pero una serie de inconvenientes, hicieron que las obras se demoraran e incluso se perdieran los planos por segunda vez y no se fabricó el hospital.

Pasado cierto tiempo el señor Portillo hizo un nuevo proyecto (y van tres) y este intento volvió a fracasar, pues se pensaba fabricar un Hospital - Monumento que tuviera las características del construido en París por la Condesa de Lariboisiere en 1872 y que en Francia se conocía como el “Versalles del Dolor”. Ocho años tomó abrirse paso la nueva idea del ilustre don Antonio A. Ecay que propuso a la Junta General de Beneficencia que debían fabricarse hospitales para pocos pacientes. En total 18 años cabales invertidos solo en la elección del sistema y fue así que el 19 de noviembre de 1880 se colocó la primera piedra del hospital. El proyecto fue encomendado al señor Adolfo Sáenz Yánez, arquitecto del Estado.

Este hospital se fabricó con las donaciones de personas ricas de la época, don Salvador Samá Marqués de Marianao; don Joaquín Gómez, la señora Josefa Santa Cruz, en agradecimiento a estos benefactores un grupo de salas llevaron sus nombres o apellidos “Santa Cruz”, “San Salvador ” y “San Joaquín”, y a los desvelos de un grande de la medicina, el doctor Emiliano Núñez de Villavicencio; además, con el dinero de la venta de los terrenos del viejo hospital se pudo comprar el nuevo hospital que estaba entre las calles L, K, 21 y 23; su edificación tenía la forma y distribución de los que se consideraban más perfectos en su tiempo. El historiador de La Habana, Emilio Roig de Leuchsering refirió que el doctor Le Roy Cassá una autoridad en la materia, decía: “nada tiene que envidiar a los mejores del mundo”. El hospital recibió el nombre de “Reina Mercedes” en homenaje a la primera esposa del Rey de España Alfonso XIII; al cesar la dominación española se le cambió por “Nuestra Señora de las Mercedes”. La inauguración se llevó a cabo el día 8 de febrero de 1886 (Eduarda Ancheta Niebla. Historia de la enfermería en Cuba. Editorial de Ciencias Médicas. La Habana 2006:9)


FOTO 006 Grupo de médicos, enfermeras y estudiantes de enfermería frente a la fachada del Hospital Nuestra Señora de las Mercedes antes de su demolición en 1958. Graduación de las primeras siete enfermeras profesionales cubanas. En el centro miss Mary A. O´Donnell, superintendente de la escuela del hospital “Nuestra Señora de las Mercedes”. Enfermeras del mismo hospital 1929


De este hospital se decía que era una copia del Hospital Blackburn, en Manchester. Este error se produjo porque la Academia de Ciencias aconsejó que en la construcción de los nuevos hospitales de esta ciudad se aplicara el principio de alternar los pabellones de los enfermos a uno y otro lado de una gran galería, de modo que los pabellones de un lado se correspondieran con los espacios que dejaban entre si los del lado opuesto o bien que se adoptase para la planta la forma de A. Este principio fue adoptado no solo en el Blackburn, sino también en el Judiciary Square Hospital en Washington, y el Hospital Militar de Woolwich en Londres, y a nadie se le ocurrió por eso decir que eran copias los unos de los otros. Mientras que en la bella obra del señor A. Sáenz Yánez se tuvieron en cuenta las características de nuestro país.

En 1888, visitó el hospital el famoso torero Luís Mazzantini. Como el hospital no tenía verja, le preguntó al doctor Núñez, que si se había olvidado, a lo que el director le respondió, que no había fondos para hacerla, él le prometió que haría una corrida a beneficio del hospital. La corrida se efectuó y los fondos se usaron para dotarlo de muros y verjas.

Allí, ilustres médicos cubanos iniciaron u organizaron la práctica de importantes especialidades: Francisco Domínguez Roldán introdujo la radiología, Ángel A. Aballí desarrolló la pediatría, Raimundo García Menocal la lucha contra las enfermedades venéreas y Nicolás Puentes Duany la lucha contra el cáncer. Como consecuencia de la venta de los terrenos en los que se encontraba este hospital todavía en buenas condiciones a una empresa inmobiliaria para que construyera un edificio de gran altura, este fue demolido pero para sustituirlo se comenzó, a un costado de la Loma del Príncipe, la construcción de otro más moderno que al triunfo de la Revolución se llamó Hospital Universitario Comandante Manuel Fajardo.

En la actualidad donde antes estaba el Hospital Nuestra Señora de las Mercedes está la Heladería Coppelia. Después de esta fecha en agosto de 1958 pasaría al moderno hospital construido en Zapata y 29 en el Vedado donde hoy se encuentra el Hospital Comandante Manuel Fajardo.


Consideraciones finales

La atención de enfermería realizada por los Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios en el Hospital de San Felipe y Santiago durante 251 años es digna de admiración, ya que en su época la atención hospitalaria era considerada como una obra de caridad y los establecimientos dedicados al cuidado de los enfermos, sus gastos eran sufragados en general con el producto de las limosnas o donaciones que realizaban las personas ricas o caritativas, ellos sufrieron privaciones al igual que los enfermos pues también vivían del producto de las ofrendas o diezmos de la Iglesia en la cual estaba el convento hospital, sin embargo esto no fue motivo para que dejaran de brindar la atención de enfermería más avanzada, recordemos que no es hasta 1682 en que William Harvey descubre el mecanismo de la circulación de la sangre y mucho después Leannec en 1804, descubre un equipo tan importante como el estetoscopio, por lo que les eran muy difícil la prestación de cuidados sin los conocimientos científicos que tenemos hoy en día.


Breve Historia

La Orden Hospitalaria de San Juan de Dios nació en Granada en 1539, después que su fundador, Juan Ciudad, estableciera allí el primer hospital del mundo financiado gracias a limosnas y donaciones y dedicado a la atención de los enfermos pobres.

A partir de ese momento, la iniciativa de Juan Ciudad recibe el apoyo y seguimiento de multitud de Hermanos de la Orden. Esto hará posible que antes de finalizar el siglo XVI ya sean una realidad más de 50 centros hospitalarios y de acogida en España e Italia principalmente.

El siglo XVII es el momento de la primera expansión hacia América, siguiendo a las colonias españolas y el inicio de la expansión de la Orden Hospitalaria hacia Europa. Así, nacen centros hospitalarios en Cuba, Cartagena de Índias, Filipinas, Francia, Alemania, Austria, etc. Al finalizar el S XVIII, los Hermanos de San Juan de Dios ya cuentan con 256 centros hospitalarios y ya se hace muy importante la implantación en toda Europa (también en el Este).

El siglo XIX es el momento de América, cuando casi todos los países hispanoamericanos del continente contaran con centros de la Orden y será durante el siglo XX cuando la expansión a África y Asia se consolida, llegando, incluso a Oceanía.

En toda la trayectoria de crecimiento de la Orden y ya desde su fundación, se han mantenido los principios de acogida al necesitado y de la ayuda sin contraprestación.

Desde el primer momento la ausencia de lucro y la gestión de los recursos obtenidos de donaciones y limosnas han hecho posible la realidad actual.


AGRADECIMIENTO

Eduarda Ancheta Niebla


COLABORADORES

Raúl Expósito González

Enfermero. Servicio de Anestesia y Reanimación. Hospital “Santa Bárbara” de Puertollano. Ciudad Real. Experto en Barberos, Ministrantes y Sangradores

raexgon@hotmail.com

Jesús Rubio Pilarte

Enfermero y sociólogo. Profesor de la E. U. de Enfermería de Donostia. EHU/UPV

Miembro no numerario de La RSBAP

jrubiop20@enfermundi.com

Manuel Solórzano Sánchez

Enfermero Servicio de Oftalmología

Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. Osakidetza /SVS

Vocal del País Vasco de la SEEOF. Insignia de Oro de la SEEOF

Miembro de Eusko Ikaskuntza

Miembro de la Sociedad Vasca de Cuidados Paliativos

Miembro Comité de Redacción de la Revista Ética de los Cuidados

M. Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería

Miembro no numerario de La RSBAP

masolorzano@telefonica.net

martes, 10 de abril de 2012

LA SANIDAD EN EL LIBERALISMO ISABELINO

La Promulgación de la Ley de Sanidad de 1855: debate parlamentario y análisis prosopográfico

AUTOR: Diego José Feria Lorenzo. Enfermero nacido en Ayamonte, Huelva en 1960. Es Profesor titular en el Departamento de Enfermería de la Universidad de Enfermería de Huelva. Es licenciado en Historia por la Facultad de Humanidades de la Universidad de Huelva. Doctorando por la Universidad de Huelva. Magnífico profesor y ejemplar amigo. Este libro es parte de su Tesina, al que he tenido la suerte de acceder a él. Su curriculum es extenso así como la multitud de trabajos, publicaciones, asistencia a Jornadas y Congresos y un gran amante y defensor de la Historia de la Enfermería, donde se encuadra entre los grandes de nuestro país.


FOTO 001 Diego José Feria Lorenzo


El libro está publicado por la Universidad de Huelva, consta de 280 páginas divididas en Prólogo, introducción, Capítulo I: delimitación del estudio: objetivos y aportaciones, historiográficas y fuentes. Capítulo II: El contexto socio-sanitario de la primera mitad del siglo XIX: antecedentes de la Ley de Sanidad de 1855. Capítulo III: el debate parlamentario de la Ley de Sanidad de 1855. Capítulo IV: análisis prosopográfico aplicado a la Ley de Sanidad de 1855. Capítulo V: conclusiones. Capítulo VI: Apéndices, textos legislativos, fichas biográficas. Capítulo VII: Fuentes y Bibliografía. Imágenes y tablas con gráficos.

Me gustaría resaltar en el prólogo de María Antonia Peña Guerrero de la Universidad de Huelva que decía así: Es una de esas raras combinaciones alquímicas con que la vida universitaria ocasionalmente nos sorprende, una doble formación en el área de las Ciencias de la Salud y en el ámbito de la Historia ha venido a definir la personalidad como investigador de Diego José Feria Lorenzo. No sabría decir qué pesa más en él, si su honda vocación por la Enfermería o su curiosidad y entusiasmo por la Historia. De lo que estoy segura, en cambio, es de que pocos investigadores hubieran resuelto tan bien un estudio en el que el conocimiento de las prácticas sanitarias propias del siglo XIX español debía conjugarse con el análisis de la legislación que las conformaba, regulaba y expresaba.

Para conseguir que el lugar de los barberos, sangradores y flebotomianos pudiera, finalmente, ser ocupado por un practicante y que un médico y un cirujano no fueran distinta cosa, en el sentido contemporáneo de las palabras, no sólo hizo falta reformar todo el sistema de enseñanza en las áreas de la Medicina, la Cirugía y la farmacia, sino conmover los cimientos de las caducas instituciones que regulaban desde antaño la práctica hospitalaria y sanitaria y redefinir también, agitando las cabezas inertes de algunas autoridades y legisladores, los conceptos de enfermedad, pobreza, beneficencia y ciudadanía. Si pudiera parecer, así dicho, que esto era poca cosa, quizás se debiera reflexionar sobre el hecho incontestable de que, tras la salud y su atención, se escondía toda una concepción antropológica y cultural sobre el ser humano.


FOTO 002 Portada del Libro. Marcelo Martínez Alcubilla, diccionario administración.


El resultado final de esas diatribas será la Ley de Sanidad de 1855, un característico producto del Bienio Progresista que, en pleno cleavage del sistema isabelino, representará para el universo sanitario el mismo impulso de transformación que también traslucen, en otros planos, la Constitución non-nata, los decretos desamortizadores o la Ley ferroviaria.

La Ley, cristalización de los intentos de reforma precedentes y puerta de entrada a un nuevo organigrama para la salud pública, distanciado ya en buena medida de la caridad espontánea teñida por objetivos religiosos y vinculado indisolublemente a las tareas del Estado, sentará las bases de una nueva estructura institucional y profesional sobre la que el último cuarto del siglo XIX levantará su edificio de Juntas Provinciales de Sanidad y colegios profesionales. El enorme problema de la salud pública española distará, con todo, de estar solucionado y el mapa sanitario del país arrojará aún durante muchas décadas el panorama de la enfermedad y la desatención, la exposición a las epidemias y el pavoroso espectáculo de las áreas rurales, desprovistas frecuentemente de un solo médico en comarcas enteras, junto a las zonas urbanas, donde la multiplicación de los profesionales y de las instalaciones hospitalarias nunca alcanzará a cubrir las necesidades de unos estratos sociales vulnerables azotados por la insalubridad de la vivienda, la carencia de servicios, la desnutrición y las pésimas condiciones laborales.

La Investigación sobre la Historia sanitaria española del siglo XIX puede congratularse de disponer, a partir de ahora, de un Libro como éste en el que el rigor del análisis y la seriedad en la interpretación de los datos y los discursos nos permiten ahondar en esta dimensión de los estudios políticos y sociales desde una perspectiva novedosa y clarificadora. Gracias Diego José.


FOTO 003 Marcelo Martínez Alcubilla, diccionario administración


RESUMEN:

La búsqueda de la salud ha significado el eje de la perpetuación de la especie y la lucha contra las enfermedades transmisibles que han asolado a la humanidad desde la antigüedad. El control de los azotes epidémicos y la evolución del concepto de pobreza desde la Edad Moderna, apoyado en un concepto religioso caritativo basado en la limosna, hacia una implicación asistencial benéfica “estatal” propio de los cambios del ochocientos son aspectos que se van conformando con las nuevas corrientes e ideas ilustradas del siglo XVIII y que tienen su continuidad y evolución teórica y acción en la práctica en el XIX. Así, la configuración de la sanidad se nos presenta como un indicador de los cambios sociales de suma importancia.

La primera ley sanitaria española, tras varios intentos frustrados, es fruto del contexto socio-sanitario, caracterizado por el azote de las enfermedades infecciosas, el anquilosamiento de las instituciones en esta materia, la aparición de corrientes higienistas y de nuevos descubrimientos, así como la progresiva implicación de los profesionales de la salud en la formación sanitaria.

Planteamiento del estudio:

Situándonos en el contexto socio político de la época isabelina, en el que nace la presente ley, hemos pretendido analizarla desde el punto de vista histórico para, por un lado, estudiar el contexto socio-sanitario en el que se inscribe y analizar el debate parlamentario que la generó, y, por otro, hacer la biografía colectiva de los parlamentarios que intervinieron en su promulgación.

Objetivos, fuentes y metodología:

Los objetivos del trabajo han sido los siguientes:

1. Analizar el contexto socio-sanitario de la primera mitad del ochocientos y los cambios en las instituciones sanitarias desde el Antiguo al Nuevo Régimen. Partiendo del análisis de las nuevas ideas en materia de higienismo, así como de las figuras más importantes que contribuyeron a divulgarlas en España, se decidió analizar la evolución de la formación académica en materia sanitaria, y los antecedentes legislativos de la ley de 1855 (el Código Sanitario de 30 de abril de 1822; el Establecimiento General de la Beneficencia de 23 de enero/6 de febrero de 1822; y la ley de 20 de junio de 1849 de Organización de la Beneficencia). El estudio de la Junta Suprema de Sanidad y su evolución en el tiempo, junto con el de la literatura profesional de la primera mitad del siglo, ponen el broche final a la relación de los elementos que decidimos abordar para reconstruir en cierta forma el contexto socio-sanitario en que nació la Ley Sanitaria de 1855. Las fuentes utilizadas fueron: bibliográficas (como las ya mencionadas), primarias (como la Gaceta de Madrid), y las Bases de Datos del Archivo Histórico de Diputados y Senadores del Congreso y el Senado.

2. Identificar los aspectos innovadores de la ley de sanidad de 1855 comparándola con la no promulgada de 1822. Comparando ambas leyes pudimos verificar la correspondencia entre la normativa legal y las nuevas ideas propugnadas por los profesionales de la salud, a través del Diccionario legislativo de Martínez Alcubilla (Archivo de la Diputación Provincial de Huelva) y el Diario de Sesiones de las Cortes Constituyentes en la Legislatura del Bienio Progresista (1854-1856).

3. Analizar la evolución del contenido del proyecto de ley desde su proposición por el Ministro de Gobernación el 29 de marzo de 1855, hasta su publicación definitiva en noviembre de ese mismo año. Para la realización de este objetivo nos centramos en el estudio de los proyectos legislativos, publicados en los debates parlamentarios como apéndices y recogidos en el Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados en la Legislatura del Bienio Progresista de 1854-1856.

4. Analizar el debate de la ley de sanidad en sede parlamentaria e identificar aquellos aspectos más controvertidos que surgieron en la discusión, poniendo de manifiesto los que fueron aprobados de forma consensuada. Partiendo del Diario de sesiones del Congreso, elaboramos una base de datos en la que sistematizamos la información de las discusiones parlamentarias, y así pudimos identificar rápidamente los temas más controvertidos que se plantearon en los debates de las Cortes.

5. Realizar el perfil de los diputados que participaron en el debate de las Cortes Constituyentes para la elaboración de la Ley de Sanidad de 1855. Utilizando las técnicas prosopográficas, analizamos tanto la composición de la comisión encargada de la revisión del proyecto, como el perfil de los demás diputados que participaron en el debate de la ley.


FOTO 004 Marcelo Martínez Alcubilla, diccionario administración. Isabel II


Conclusiones:

La corriente higienista originada en Alemania e Inglaterra a finales del XVIII impregnará progresivamente los cambios en materia sanitaria a lo largo del ochocientos. Con los cambios políticos del primer tercio del XIX, algunas figuras eminentes en el plano sanitario se vieron obligadas a exiliarse y completar su formación en el extranjero, sobre todo en Gran Bretaña, lo que contribuiría con el tiempo a la divulgación de las nuevas ideas en España.

Motivados por los cambios científicos y la necesidad de paliar los efectos de las epidemias, los gobiernos liberales se vieron forzados a promulgar leyes que organizaran los cuidados sanitarios de la población; así, la Ley municipal de 1823 planteaba el embrión de la futura organización benéfica individual y de la inspección sanitaria local; y la “Instrucción para el gobierno económico y político de las provincias” de 3 de febrero de 1823, por ejemplo, se preocupaba en su artículo 12 de que hubiera facultativos en todas las poblaciones, responsabilizando a los Ayuntamientos de su nombramiento.

Los aspectos innovadores de esta ley con respecto a la nonata de 1822 se refieren principalmente a la eliminación de las cuarentenas interiores, a la mayor importancia concedida a la higiene; el intento de extender la cobertura sanitaria a toda la población, en particular a la carente de recursos económicos; y, por último, la creación de facultativos forenses.

El debate parlamentario de la Ley de Sanidad de 1855 se ve mediatizado por la incertidumbre que generan las distintas posturas de los sanitarios respecto a los agentes causantes de las enfermedades infecciosas. Así, por ejemplo, uno de los pilares de la discusión parlamentaria gravitaría en torno al comercio y a las negativas implicaciones que sobre la economía nacional tendría una legislación que impusiera cuarentenas y propiciara un aumento considerable del personal sanitario en los puertos y juntas de sanidad. A ello se une el excesivo celo de los profesionales sanitarios, preocupados más que nada por asegurarse la dirección de todos los temas y organismos de la sanidad, incluso los referidos a la gestión y administración. La conciencia profesional que de sí mismo tenían hizo que buscaran las máximas cotas de poder social y político, valiéndose además de su capacidad como grupo profesional para convencer a la opinión pública en su beneficio; sus pretensiones, sin embargo, se verían contrarrestadas por los especialistas en Derecho, sobre todo, y otras profesiones como Periodistas, Ingenieros y licenciados en Filosofía y Humanidades, también presentes en la Cámara.

Gracias al análisis prosopográfico, hemos podido constatar que la mayoría de los diputados que participaron en el debate de la ley de 1855 era relativamente joven, pues por lo general en esta época culminaban con gran rapidez su carrera política, algo que divergía mucho de lo que se daba en el Antiguo Régimen. Además, la mitad de ellos había desempeñado algún cargo político en legislaturas anteriores a la de 1854, lo que les daba una mayor seguridad en sí mismos y cierta familiaridad con la normativa legal, por lo que eran más conscientes de la necesaria adecuación entre la ley y la sociedad al tener en cuenta el problema humano que motivaba la necesidad legislativa.

No obstante, en general la mayoría de los diputados poseían poca experiencia política antes de la legislatura que trató la Ley Sanitaria, puesto que muy pocos de ellos desempeñaron cargos políticos de importancia El resto de los parlamentarios, por su parte, contaban con la formación administrativa y legal suficiente para controlar lo relativo a estos aspectos del Derecho, además de otros posibles relacionados con la gestión, tanto estatal como de las Juntas y organismos implicados en la sanidad provincial y local, que pudiera escapárseles a los profesionales sanitarios implicados en el dictamen.

Muchos de ellos, sin embargo, permanecerían ligados durante toda su vida a la actividad política: casi el 60 % de ellos estuvo en más de dos legislaturas, y muchos desempeñaron también puestos políticos relevantes. Por tanto, la implicación de estos hombres en las cuestiones legislativas parlamentarias y en la dirección y gestión administrativa a nivel estatal, provincial o local fue muy amplia y permanente en el tiempo.


FOTO 005 Investigadores del VII Congreso Internacional, y XII Congreso Nacional de Historia de la Enfermería. Celebrado en Alicante, noviembre 2011


AGRADECIMIENTO

Diego José Feria Lorenzo


COLABORADORES

Raúl Expósito González

Enfermero. Servicio de Anestesia y Reanimación. Hospital “Santa Bárbara” de Puertollano. Ciudad Real. Experto en Barberos, Ministrantes y Sangradores

raexgon@hotmail.com

Jesús Rubio Pilarte

Enfermero y sociólogo. Profesor de la E. U. de Enfermería de Donostia. EHU/UPV

Miembro no numerario de La RSBAP

jrubiop20@enfermundi.com

Manuel Solórzano Sánchez

Enfermero Servicio de Oftalmología

Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. Osakidetza /SVS

Vocal del País Vasco de la SEEOF. Insignia de Oro de la SEEOF

Miembro de Eusko Ikaskuntza

Miembro de la Sociedad Vasca de Cuidados Paliativos

Miembro Comité de Redacción de la Revista Ética de los Cuidados

M. Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería

Miembro no numerario de La RSBAP

masolorzano@telefonica.net

martes, 3 de abril de 2012

LAS FLORES MUERTAS

Nuestro compañero enfermero, quien firma bajo el pseudónimo del El Vampiro de libros, nos presenta su novela "LAS FLORES MUERTAS".
Esta es la psinopsis del libro:
Durante la celebración del décimo aniversario de una famosa fundación cultural en la ciudad de Toledo, algunos de sus miembros desaparecen misteriosamente y otros son atrozmente asesinados. El principal sospechoso es Samuel; hermano gemelo de uno de los fundadores de dicha organización y prófugo de la justicia desde hace también una década, por haber, supuestamente, asesinado a sus propios padres; unos aposentados joyeros de origen sefardí. La ciudad sufre la mayor temporada de tormentas desde hace años y vive acosada por los crímenes y las leyendas que parecen cobrar vida. ¿Qué misterio rodea a la famosa fundación? ¿Quién asesinó a los joyeros de la calle Hombre de Palo? ¿Quién es el que está atacando y haciendo desaparecer a los integrantes de dicha organización?
Podéis comprar su novela en Amazon:

lunes, 2 de abril de 2012

HOSPITALES SUS ORÍGENES (3) RENACIMIENTO

RENACIMIENTO: INICIO DE LA SECULARIZACIÓN Y LA BENEFICENCIA CIVIL

En los años del Renacimiento se hace patente una mayor implicación de los poderes públicos en el control de los hospitales. Las autoridades municipales y estatales comienzan a admitir que los hospitales están bajo su responsabilidad. Y el Estado comienza a hacerse cargo de la beneficencia pública. Se inicia así la “secularización de los hospitales”.


FOTO 014 Clara de Salamanca. Una humilde mujer que a través de su modesto oficio de “chistera”, colaboró eficazmente con la medicina de su época.


La función prioritaria de los hospitales continuó siendo la lucha contra los problemas derivados de la pobreza. Sin embargo, en la Edad Moderna la lucha contra la pobreza se realizó desde unos presupuestos y con una finalidad distinta a los medievales. En la Edad Media la pobreza había tenido un cierto carácter sagrado. Es cierto que se condenaba la ociosidad y la pereza, pero la pobreza se consideraba inevitable y querida por Dios. Y constituía un excelente medio de redención y perfeccionamiento espiritual, más seguro para la salvación del alma que la posesión de riquezas.

Además, la caridad cristiana obligaba a auxiliar especialmente a los pobres. Y las oraciones de los pobres agradecidos podían beneficiar a sus benefactores. Pero en la Edad Moderna el pensamiento mercantilista comienza a ver en los pobres una mano de obra desempleada que resulta gravosa para el resto de la comunidad. Y la pobreza pasa a ser vista, además, como la fuente principal de la delincuencia. De ahí que vayan apareciendo las leyes modernas contra la mendicidad, y se creen instituciones donde se recluye a los pobres y se les obliga a realizar un trabajo.

Consecuentemente con este cambio en la valoración de la pobreza los antiguos hospitales, que tenían una función asilar basada en la caridad, pasarán a tener ahora una función de reclusión al servicio del orden social. Esta nueva aspiración de las autoridades civiles a que el hospital mantenga el orden social puede verse ya en Luis Vives, quien afirmaba en 1526: “Doy el nombre de hospitales a aquellas instituciones donde los enfermos son mantenidos y curados; donde se sustenta un cierto número de necesitados; donde se educan los niños y las niñas; donde se crían los hijos de nadie; donde se encierran los locos; y donde los ciegos pasan la vida. Sepan los regidores de la Ciudad que todos estos cuidados son de su incumbencia”.

La nueva fórmula sanitaria que se recomendaba en todos los Estados modernos era: eliminación de la mendicidad; unificación y organización eficiente de todos los recursos; y paso del control de las instituciones a las autoridades municipales o nacionales.

No obstante, la idea de que el cuidado y el control de los pobres son responsabilidad de la comunidad y no un monopolio eclesiástico, sólo se impuso definitivamente durante la Reforma protestante. Y este proceso de secularización de la asistencia fue más acelerado en los países de religión protestante, y en las ciudades con una burguesía floreciente.

En cualquier caso, en toda Europa comenzaron a fundarse hospitales reales y municipales. Y en las grandes ciudades algunos hospitales religiosos pasaron a jurisdicción civil. En España fueron hospitales renacentistas de fundación real: el Hospital de la Santa Cruz de Toledo, el Hospital de los Reyes Católicos en Santiago, y el Hospital Real de Granada.

Esto no significa que se prescindiera de la religión como instrumento de regeneración y control de los pobres. De hecho, durante todo el Antiguo Régimen la religión siguió siendo el gran aliado de los poderes públicos en su pretensión de control social. De ahí que el funcionamiento interno de los hospitales siguiera ateniéndose al modelo de la vida religiosa y monástica. Se establecía la confesión y comunión como requisito para la admisión y se consideraba obligatoria la asistencia a las ceremonias religiosas. Se ritualizaba la vida cotidiana, imitando la clausura, estableciendo un horario riguroso y una jerarquía indiscutible. Y así, los cuidados hospitalarios se suministraban sólo a los pobres que lo merecían. Puesto que los patronos tenían el derecho de admitir pacientes, y solían excluir a los socialmente indeseables.

En cuanto a la arquitectura de los hospitales, el Renacimiento introdujo una renovación de las formas. La reforma arquitectónica se originó en Italia, desde donde irradió al resto del continente. Gracias a ella los hospitales dejaron de tener forma de iglesias para parecerse más a los palacios. Podían disponer de cuatro salas alrededor de un patio, dando lugar a una planta de tipo claustral. Y se solía construir también un primer piso de soportales con columnas abiertos al patio. Otro diseño arquitectónico fue el de las salas en forma de cruz griega, con dos pisos. A la cruz se le podían añadir brazos concéntricos formando un “panóptico”, desde cuyo punto central era más fácil la vigilancia y la calefacción. En ese punto central también podía ubicarse el altar para que todos los enfermos pudieran seguir las ceremonias religiosas.

Y en los países protestantes predominaron los hospitales de plantas unidas en forma de letras mayúsculas.


FOTO 015 Luis Vives. Pensador español (Valencia, 1492 - Brujas, Flandes, 1540). Nacido en una familia de judíos conversos, estudió en las universidades de Valencia y París. Desde 1512 se estableció en Flandes, donde fue profesor de la Universidad de Lovaina y entabló una estrecha relación con Erasmo de Rotterdam. También mantuvo amistad intelectual con Tomás Moro, que le llevó a enseñar en la Universidad de Oxford desde 1523.


Otro de los problemas heredados de la Edad Media fue la existencia en las ciudades de múltiples hospitales minúsculos, con frecuentes dificultades económicas y administración deficiente. En Sevilla, por ejemplo, coexistían en el siglo XVI casi un centenar de pequeños establecimientos benéficos. En estos casos el empeño de las autoridades civiles consistió en racionalizar la fragmentación hospitalaria concentrando, coordinando y administrando las instituciones.

Además de la secularización y la concentración mencionadas, se suele mencionar una tercera característica de la política hospitalaria de principios de la Edad Moderna: el inicio de la medicalización de los hospitales, en el sentido de una mayor presencia y participación de los médicos, así como una mayor dedicación institucional a objetivos médico-asistenciales.

Los motivos de esta medicalización incipiente podemos verlos en la proliferación de profesionales universitarios capaces de aportar tratamientos más complejos, algunos de los cuales, como las curas mercuriales para la sífilis, parecían acortar la estancia de los enfermos.

Es cierto que medicalización propiamente dicha de los hospitales no se generaliza hasta el siglo XVIII. Pero no obstante, pueden observarse en el Renacimiento sus primeros signos. En este sentido podemos señalar que durante esta época aparecieron nuevos tipos de hospitales especializados en enfermedades definidas, como los hospitales para enfermos de sífilis y los que atendían enfermedades febriles o “calenturas”. Y también se construyeron los primeros hospitales para enfermos mentales; el primero de estos hospitales fue el Hospital de Ignoscents, folls e orats (inocentes, locos y orates), fundado en el 1409, en Valencia, por el Padre Jofré.

STULTIFERA NAVIS. LA NAVE DE LOS LOCOS. Publicado el jueves día 24 de diciembre de 2009

http://enfeps.blogspot.com/2009/12/stultifera-navis-la-nave-de-los-locos.html

(I) CUIDADOS PSIQUIÁTRICOS DE ENFERMERÍA EN ESPAÑA. SIGLOS XV Y XVI. Publicado el sábado día 5 de diciembre de 2009

http://enfeps.blogspot.com/2009/12/i-cuidados-psiquiatricos-de-enfermeria.html

(II) CUIDADOS PSIQUIÁTRICOS DE ENFERMERÍA EN ESPAÑA. SIGLOS XV Y XVI. Publicado el jueves día 10 de diciembre de 2009

http://enfeps.blogspot.com/2009/12/ii-cuidados-psiquiatricos-de-enfermeria.html

VÍNCULO CON EL TRABAJO DE LOS LOCOS

También fue un primer signo de la medicalización de los hospitales la presencia creciente de los médicos a partir del siglo XIV. Y este proceso fue encabezado por los hospitales de las ciudades del Norte de Italia.

En Florencia destacó el Hospital de Santa María Nuova, que había sido fundado en 1288 por Folco Portinari, el padre de la Beatriz amada por Dante. Este hospital llegó a ser, en el siglo XV, un auténtico centro médico de 300 camas para el tratamiento de los enfermos. Estaba atendido por seis de los mejores médicos de Florencia y contaba con tres estudiantes internos que residían en el hospital. Los estudiantes visitaban diariamente a los enfermos y consultaban sus observaciones con los médicos de plantilla, obteniendo así una inmejorable oportunidad de aprender. De esta forma, el hospital de Santa María Nuova podía alardear de lograr la recuperación del 85 por ciento de sus enfermos.

Y por su parte, el Ospedale Maggiore de Milán fue el prototipo arquitectónico del hospital renacentista. Iniciada su construcción en 1456, estaba formado por dos edificios independientes de planta cruciforme, separados por un gran patio. Y cada edificio albergaba otros cuatro patios más pequeños entre los brazos de su cruz.

Es muy notable también el caso del Hospital de San Francisco en Padua que llegó a ser, ya en el siglo XVI, el gran centro de irradiación de la enseñanza clínica moderna; máximamente influyente y visitado por estudiantes de toda Europa.


FOTO 016 Hospital de Santa María Nuova


Clara de Salamanca

En esa etapa histórica que se inicia con el reinado de los Reyes Católicos, llamado Renacimiento, la Medicina en España aún está marcada por la superstición y el empirismo.

Junto a los escasos médicos y cirujanos salidos de las universidades, ejercen una especie de pseudo medicina, una legión de sanadores compuesta por barberos, sangradores, algebristas, hernistas, sacadores de la piedra, batidores de cataratas, sacamuelas y parteras.

Una oscura Medicina en la que también figuran “brujas y hechiceros, saludadores y ensalmadores, conjuradores, nigrománticos y astrólogos judiciarios” (L.S. Granjel, 1971).

En medio de este abigarrado mosaico médico encontramos en Salamanca a una mujer de la que sólo conocemos su nombre, Clara, que practica en su ciudad el sanitario oficio de administrar clisteres o ayudas. Lo hace en una época que en contraste con siglos anteriores, no sólo se observa una decadencia de la moralidad en los baños públicos, sino en el olvido de las medidas higiénicas más elementales.

Clara, es evidente que no puede conseguir que sus conciudadanos se limpien por “fuera”, pero sí va a limpiarlos, ¡¡y de que forma!!, por sus más íntimas y recónditas interioridades.

Y es que no en vano, la Medicina de su siglo “que, sin duda alguna, Clara conoce muy bien” sigue con fidelidad la teoría humoral de Galeno y derrocha medidas evacuantes: purgantes, vómitos, sangrías, ventosas y clisteres.

A través del ejercicio del arte de clisterizar, Clara llegará a conocer las vergüenzas o las partes pudendas de miles de pacientes de Salamanca y sus alrededores.

De su curioso e inusual record en terapéutica evacuante, va a contar, con el excepcional testimonio escrito de uno de los más grandes médicos españoles del siglo XVI: Andrés Laguna.

BIBLIOGRAFÍA y AGRADECIMIENTOS

Historia de la Enfermería. Nicanor Aniorte Hernández.

http://www.aniorte-nic.net/apunt_histor_enfermer6.htm

Los hospitales a través de la historia y el arte. Autores: F. González; A. Navarro y M. A. Sánchez. Editores: J. González; C. Parra y Juan Rodés. Colaboradores: G. Gómez; M. I. González y Y. Melero.

AUTORES

Raúl Expósito González

Enfermero. Servicio de Anestesia y Reanimación. Hospital “Santa Bárbara” de Puertollano. Ciudad Real. Experto en Barberos, Ministrantes y Sangradores

raexgon@hotmail.com

Jesús Rubio Pilarte

Enfermero y sociólogo. Profesor de la E. U. de Enfermería de Donostia. EHU/UPV

Miembro no numerario de La RSBAP

jrubiop20@enfermundi.com

Manuel Solórzano Sánchez

Enfermero Servicio de Oftalmología

Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. Osakidetza /SVS

Vocal del País Vasco de la SEEOF. Insignia de Oro de la SEEOF

Miembro de Eusko Ikaskuntza

Miembro de la Sociedad Vasca de Cuidados Paliativos

Miembro Comité de Redacción de la Revista Ética de los Cuidados

M. Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería

Miembro no numerario de La RSBAP

masolorzano@telefonica.net