lunes, 22 de junio de 2026

Santiago Ramón y Cajal Practicante de Primera Clase 1876

El padre de Santiago, Justo Ramón

 

Justo Ramón Casasús (Larrés, 1822 – Zaragoza, 1903) fue un médico español, conocido principalmente por ser el padre de Santiago Ramón y Cajal.

 

Nació en una familia de labradores. Al ser el tercer hijo, no heredó tierras, lo que le obligó a trabajar como labrador y pastor en su juventud. A los dieciséis años comenzó a trabajar como mancebo de barbero. Impulsado por necesidades económicas y su vocación, inició estudios de medicina, los cuales compaginó con una vida itinerante por diversas localidades del Alto Aragón, Petilla de Aragón y, finalmente, Zaragoza, donde residió las últimas tres décadas de su vida.

 

Foto 1 Justo Ramón Casasús y Antonia Cajal Puente. Imagen recreada por IA

 

Contrajo matrimonio con Antonia Cajal Puente en 1849, justo al terminar sus estudios de Cirujano de 2ª clase. A lo largo de su vida, logró una notable superación profesional, pasando de sus humildes inicios como mancebo a licenciarse en Medicina y alcanzar el cargo de profesor de disección en la Universidad de Zaragoza (1).

 

En Barcelona, trabajó en una barbería en Sarrià, cuyo dueño le permitió asistir a clase. Posteriormente, tras ser despedido por ejercer como barbero ambulante en el puerto para obtener ingresos extra, adquirió su propia barbería pequeña, lo que le permitió seguir compaginando el oficio con su formación. Logró finalizar sus estudios de Cirujano de 2ª clase.

 

Durante su tiempo ejerciendo como “cirujano de espuela” en Petilla de Aragón —profesionales itinerantes que recorrían los pueblos a caballo para atender enfermos, precursores de la actual enfermería rural— nació su hijo, Santiago Ramón y Cajal (1).

 

El cirujano tendría que rasurar a los vecinos de la villa cuando se presentasen en la barbería. Debería también tener dispuesta una tijera para que se cortasen mutuamente el pelo entre ellos. Deberá curar las enfermedades venéreas y la sarna, pero tendrá derecho a cobrar (1).

 

Foto 2 Antonia Cajal Puente y Justo Ramón Casasús. Imagen recreada por IA

 

Santiago Felipe Ramón y Cajal

 

Santiago Felipe Ramón y Cajal (Petilla de Aragón, 1 de mayo de 1852 – Madrid, 17 de octubre de 1934) fue un médico, científico y profesor español, considerado el padre de la neurociencia moderna. Especializado en histología y anatomía patológica, su labor investigadora fue reconocida mundialmente al ser galardonado con el Premio Nobel de Medicina en 1906, compartido con Camillo Golgi, por sus estudios sobre la estructura y la conectividad del sistema nervioso (2 y 3).

 

Fue hijo de Antonia Cajal Puente y de Justo Ramón Casasús, un médico rural natural de Larrés, localidad a la que la familia se trasladó cuando Santiago tenía apenas dos años.

 

Foto 3 Santiago Ramón y Cajal. Imagen recreada por IA

 

Durante su infancia, el joven Santiago vivió una vida itinerante debido al trabajo de su padre, trasladándose por diversos pueblos aragoneses: residieron en la comarca de las Cinco Villas, pasando por Luna en 1855, Valpalmas en 1856 y estableciéndose finalmente en Ayerbe en 1860.

 

En las biografías sobre Santiago se muestra a un niño travieso. Al llegar a Ayerbe los chavales de su edad le consideraban un pequeño burgués. Si vestimenta distinta, sin alpargatas ni cachirulo, y el idioma, el niño no hablaba ayerbense que era la variante dialectal del aragonés, que se hablaba en el pueblo y eso hizo que lo rechazaran los chicos de su edad (2).

 

Su educación e instrucción comenzó en Valpalmas, cuando tenía cuatro años. Realizó los estudios primarios con los escolapios de Jaca y los de bachillerato en el Instituto de Segunda Enseñanza de Huesca, en una época marcada por la agitación social y el destierro de Isabel II. Según sus propios relatos biográficos, Ramón y Cajal mostró, desde pequeño, vocación por las artes plásticas, en especial por el dibujo; también comenta en ellos de su vida como estudiante, su naturaleza traviesa y su negativa a memorizar de carrerilla, dos circunstancias que le granjearon la enemistad de los frailes que le impartían clase, en una tradición de métodos violentos y autoritarios (la letra con sangre entra). En ese periodo inició su afición a la montaña, y su proverbial defensa de la vida sana en contacto con la naturaleza.

 

La necesidad del pequeño Santiago de integrarse en el grupo de chavales del pueblo, unido a sus altas capacidades. Le transformaron en un niño inadaptado cuyas ocurrencias le convertían en un peligro público. Sus robos en huertos, peleas a pedradas o con ondas, incluso las muertes a flechazos de perros, gatos y gallinas del vecindario provocaron las iras, críticas y denuncias de los vecinos, al ayuntamiento y a su padre (2).

 

Con once años llegó a estar encarcelado, por sentencia municipal y con el beneplácito de su padre, a tres días de calabozo por reventar con un cañón de madera, construido por él mismo, la puerta de la casa de unos vecinos (3).

 

Como el chaval estaba tan descentrado y era tan mal estudiante, su rígido padre, que ya había decidido el futuro médico de su hijo, lo envió a estudiar interno a Jaca para intentar enderezar su conducta, pero no dio resultado.

 

Ante las malas notas y los conflictos en el colegio decidió cambiar de estrategia y le castigó a trabajar durante un año como aprendiz junto al zapatero de Gurrea de Gállego. Aquella etapa se le dio muy bien. (Años después siendo ya reconocido como un prestigioso científico, el zapatero que le enseñó dijo: que estaba bien ser científico, pero qué si hubiera seguido con él, hubiera sido un excelente zapatero).

 

En 1870, la vida de la familia Ramón y Cajal dio un nuevo giro cuando su padre, Justo, obtuvo una plaza de médico en el Hospital Provincial de Zaragoza. Fue en esta ciudad donde Santiago cursó sus estudios de Medicina, carrera que por aquel entonces constaba de tres años de duración. Centrado y determinado, el joven estudiante logró completar su formación con éxito, licenciándose en junio de 1873, a la edad de veintiún años.

 

Sin embargo, su graduación coincidió con un momento de gran inestabilidad política en España. Poco después de obtener su título, fue llamado a filas como parte de la “Quinta de Castelar”, el servicio militar obligatorio decretado por Emilio Castelar, quien presidía en aquel momento la efímera Primera República española (2 y 3).

 

Foto 4 Capitán médico Santiago Ramón y Cajal. Imagen recreada por IA

 

El impacto de la Primera República

La Primera República Española se proclamó el 11 de febrero de 1873, tras la abdicación de Amadeo I de Saboya. Fue un periodo convulso y efímero que apenas duraría hasta el 29 de diciembre de 1874, cuando el pronunciamiento militar del general Martínez Campos puso fin al régimen (2).

 

En aquel clima de inestabilidad, marcado por la insurrección en Cuba y el avance del carlismo, el gobierno presidido por Emilio Castelar se vio obligado a endurecer las medidas para defender la integridad nacional. Fue en este contexto donde Santiago, tras licenciarse en Medicina, fue llamado a filas para cumplir con el servicio militar obligatorio. Aquel reclutamiento, conocido popularmente como la "Quinta de Castelar", no solo supuso un paréntesis en su carrera médica, sino también una dura experiencia personal que lo enfrentaría directamente a la compleja realidad política y militar de la España de finales del siglo XIX.

 

Del aula al campo de batalla: su ingreso en la Sanidad Militar

Sus primeros meses en la milicia transcurrieron en Zaragoza, donde su determinación volvió a ponerse a prueba. Cuando se convocaron las oposiciones para cubrir treinta y dos plazas de «médicos segundos» de Sanidad Militar, Cajal decidió presentarse junto a otros cien aspirantes. A pesar de haber llegado tarde al examen —lo que le impidió finalizar el primer ejercicio—, su brillante desempeño le permitió superar las pruebas con una destacada sexta posición en la promoción.

 

Tras sus primeros meses en la milicia, Cajal se presentó a las oposiciones para «médicos segundos» de Sanidad Militar. A pesar de llegar tarde al primer ejercicio y no poder finalizarlo, su brillantez le permitió aprobar con el número 6 de su promoción.

 

Tras obtener el grado de teniente, su primer destino fue el regimiento de Burgos, acuartelado en Lérida. Allí, su misión consistió en defender los Llanos de Urgel frente a las incursiones de las fuerzas carlistas, una labor que lo alejaba definitivamente de la tranquilidad del laboratorio para sumergirlo en la dureza y la incertidumbre de la España en conflicto (2).

 

La experiencia en Cuba

La inestabilidad que marcó sus inicios en la Península no terminó con su destino en Lérida. En 1874, Ramón y Cajal fue destinado a Cuba, una provincia española que se hallaba inmersa en la cruenta «Guerra de los Diez Años», el primer gran conflicto independentista que enfrentó a los criollos contra el dominio colonial español.

 

Con motivo de este traslado a Ultramar, Santiago ascendió al empleo de capitán, un ascenso automático vinculado a la peligrosidad del servicio en territorio colonial. Allí, lejos de su hogar y bajo condiciones extremas, Cajal no solo se enfrentaría a los rigores de la vida militar en un escenario de guerra, sino que también comenzaría a sufrir las graves complicaciones de salud —especialmente fiebres tropicales— que marcarían profundamente su experiencia en la isla y, más tarde, su regreso a la metrópoli.

 

Al llegar a la isla, el joven capitán se sintió inicialmente cautivado por la belleza de los parques habaneros y la exuberante vegetación tropical, cuya fama conocía bien por sus lecturas juveniles. Sin embargo, no tardó en descubrir que aquel paraíso soñado ocultaba una faceta mucho más hostil (2 y 3).

 

La "manigua", que en su imaginación era un escenario de aventura y romanticismo, resultó ser un entorno insoportable para un europeo. La realidad se reveló carente de la magia que esperaba; en su lugar, se encontró con un terreno difícil, un calor asfixiante y, sobre todo, la presencia constante de enjambres de mosquitos. Estos insectos no solo fueron una molestia, sino los agentes transmisores del paludismo, una enfermedad que, junto con otras dolencias tropicales, terminó por desvanecer cualquier ideal aventurero que Cajal hubiera albergado sobre Cuba, convirtiendo su estancia en una lucha diaria por la supervivencia.

 

Foto 5 Enfermería de campaña de Vistahermosa y San Isidro, en la provincia de Camagüey con enfermos de paludismo. Imagen recreada por IA

 

La realidad del servicio médico en Camagüey

A pesar de que su padre había intentado facilitarle un destino más seguro mediante cartas de recomendación, Santiago, movido por un férreo sentido de la independencia personal, se negó a utilizarlas. Esta decisión, fruto de su orgullo juvenil, pudo influir en que fuera destinado a uno de los lugares más inhóspitos para un médico: las enfermerías de campaña de Vistahermosa y San Isidro, en la provincia de Camagüey.

 

Localizadas en zonas selváticas y rodeadas de tórridos manglares, estas enfermerías se convirtieron en un escenario de pesadilla. Allí, la crudeza de la guerra quedó eclipsada por una amenaza mucho más silenciosa y letal: las enfermedades tropicales. Durante aquel tiempo, la labor de Cajal no consistió tanto en tratar las heridas de combate, sino en una lucha incesante contra el paludismo y la disentería, atendiendo a una multitud de soldados que caían víctimas no por las armas enemigas, sino por el propio clima de la isla (2 y 3).

 

La lucha contra la enfermedad y la negligencia militar

La realidad en los destacamentos de Vistahermosa y San Isidro era desoladora: las instalaciones eran del todo insuficientes para atender el incesante flujo de soldados víctimas del paludismo y la disentería. El propio Ramón y Cajal no tardó en sucumbir a estas fiebres tropicales, viendo cómo su salud se deterioraba rápidamente bajo la carga del clima y las condiciones de insalubridad.

 

Fue ingresado en el Hospital de Puerto Príncipe, desde donde, incomprensiblemente, fue trasladado de vuelta a la enfermería de San Isidro —un lugar aún más insalubre que el anterior—. En una muestra de la desorganización y dureza del servicio médico militar de la época, Cajal no solo tuvo que luchar por su propia recuperación, sino que fue obligado a realizar guardias médicas durante su convalecencia. Esta experiencia extrema, marcada por el agotamiento físico y la desilusión ante la ineficacia del sistema, terminó por quebrar definitivamente su salud y precipitar su solicitud de regreso a la Península (2 y 3).

 

El regreso a la Península: la amargura del desengaño

Más allá de las enfermedades físicas, la estancia en Cuba dejó una profunda cicatriz en el ánimo de Ramón y Cajal: el descubrimiento de la corrupción y el caos administrativo. Durante su servicio, fue testigo de la negligencia e inmoralidad de diversos mandos y cargos, quienes, lejos de velar por sus hombres, sustraían los recursos básicos, la comida y las medicinas destinadas a los soldados enfermos y heridos. Aquellas amargas vivencias, sumadas a la ineficacia del sistema, le provocaron un profundo rechazo hacia la gestión militar de la época.

 

Finalmente, su estado de salud, marcado por una «caquexia palúdica grave», obligó a las autoridades a declararlo «inutilizado en campaña». Tras catorce meses en la isla, su solicitud de licencia fue atendida el 30 de mayo de 1875. Cuando Santiago desembarcó en Santander en junio de aquel año, su aspecto era desolador: el joven vigoroso y atlético que había partido hacia Ultramar un año antes regresaba convertido en una “ruina humana”, consumido por la malaria y la disentería, enfrentándose ahora al difícil proceso de recuperar su vida y su salud en la metrópoli (2 y 3).

 

El regreso a la vida civil y el inicio en la docencia

A su llegada a España, Ramón y Cajal se encontraba en una situación personal y profesional desoladora. Postrado por las secuelas físicas de su estancia en Cuba, carecía de pacientes y veía su futuro profesional sumido en una profunda incertidumbre. Sin embargo, en medio de este periodo de convalecencia, el apoyo de su padre volvió a ser determinante. Gracias a sus gestiones, Santiago consiguió un puesto como ayudante interino de Anatomía, un empleo que, aunque dotado con un modesto sueldo anual de 1.000 pesetas, le brindó el ancla necesaria para empezar a reconstruir su vida y canalizar su talento hacia la investigación académica (2 y 3).

 

La reconstrucción: del desengaño al laboratorio

La burocracia española resultó ser un obstáculo tan frustrante como las enfermedades tropicales. Para recuperar apenas la mitad de sus pagas atrasadas, Cajal se vio obligado a sobornar al funcionario de turno; de lo contrario, el pago se habría dilatado indefinidamente. No obstante, este trago amargo fue superado gracias a la visión de futuro del joven médico. Parte de los ahorros que logró preservar de su estancia en Cuba se convirtieron en el capital inicial para adquirir un microscopio, un microtomo, diversos reactivos químicos y colorantes. Con este equipo, habilitó un modesto laboratorio en el hogar familiar donde comenzaría sus primeras e históricas investigaciones histológicas.

 

Foto 6 Ramón y Cajal junto a un microscopio en su laboratorio. Imagen recreada por IA

 

Paralelamente, el regreso a la estabilidad del hogar y los cuidados dedicados de su madre y sus hermanas fueron determinantes para su recuperación. Poco a poco, la vitalidad de Santiago regresó, permitiéndole retomar su carrera académica con renovado vigor: en 1876 se volcó de lleno en la docencia y, entre 1876 y 1877, culminó su doctorado. Había comenzado el camino del hombre que, desde la austeridad de su laboratorio casero, cambiaría para siempre nuestra comprensión del sistema nervioso (2 y 3).

 

Su etapa como Practicante de 1ª Clase

El año 1875 no solo marcó su regreso a España, sino también el punto de partida de su doctorado y de su definida vocación científica. Durante este tiempo, Santiago comenzó a compaginar diversas responsabilidades médicas: se convirtió en ayudante de guardias y colaboró estrechamente con su padre en la atención a pacientes privados de cirugía en el Hospital de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza, centro donde además adquirió su primer microscopio, la herramienta que cambiaría su destino.

 

Su integración en el ámbito hospitalario se consolidó a raíz de una vacante inesperada. El 12 de diciembre de 1875 falleció Luis Cerrada, quien ocupaba el puesto de Practicante de 1ª Clase en el mismo hospital. Ante esta oportunidad, el 16 de marzo de 1876 se anunció la plaza en el Boletín Oficial de la Provincia de Zaragoza, con una dotación de 625 pesetas anuales. Con solo 23 años y una determinación inquebrantable por avanzar en su carrera médica, Santiago decidió presentarse a las oposiciones, dando un paso más en su consolidación profesional dentro del sistema sanitario zaragozano (2 y 3).

 

Foto 7 Instancia solicitando optar a la plaza vacante de “Practicante Mayor del Hospital Provincial de Zaragoza”. Imagen recreada por IA

 

Oposición a la Plaza de Practicante de 1ª Clase

El 27 de marzo, Santiago envió la instancia solicitando optar a la plaza vacante de “Practicante Mayor del Hospital Provincial de Zaragoza”, cómo aparece en el documento (3).

 

Junto a su instancia se entregaron también las de tres aspirantes más, la de José Alegre y Bravo, la de Pascual Puro y Olona y la de Pedro Aguado Morales. Finalmente, solo se presentaron al examen los tres primeros.

 

El 1 de abril de 1876 les comunicaron el nombre de los opositores, así como la hora y fecha del examen que era el 4 de abril a las once de la mañana.

 

El programa de oposición para cubrir la plaza de “Curador o Practicante de 1ª Clase”, consistía en tres ejercicios.

 

En el primer examen había que contestar por escrito, de manera extensa y durante tres horas, a seis preguntas sobre patología extraídas por sorteo de una urna pública.

 

El segundo consistía en el examen y diagnóstico de un caso quirúrgico, y la cura del mismo, en el que debería indicar y preparar las “piezas de curación” y los apósitos necesarios.

 

Y en tercer lugar se realizaría la autopsia de una cavidad, describiendo la manera de practicarla y los instrumentos utilizados (3).

 

Foto 8 Santiago Ramón y Cajal de Practicante de 1ª Clase. Imagen recreada por IA

 

Resultado del examen escrito

El criterio del tribunal fue que el examen que realizó Santiago Ramón era el más extenso y científico, aunque, con alguna omisión importante.

 

Sobre el examen de José Alegre dictaminaron que, sin ser tan extenso, demostraba conocimientos científicos exactos y completos.

 

Y del examen de Pascual Puro opinaban que, aun siendo el más breve, no se apreciaba ningún error en su exposición (3).

 

Prueba del caso quirúrgico

En este segundo ejercicio fue José Alegre el que quedó en primer lugar por el acierto en el diagnóstico y la pulcritud con la que examinó, curó y vendo la úlcera.

 

De Santiago dijeron que no fue tan exacto en el diagnóstico, aunque si en la aplicación del tratamiento según su diagnóstico.

 

En cuanto al del señor Puro, aunque erró en el diagnóstico, aplicó la cura y el vendaje correctamente (3).

 

La Prueba de autopsia

Se realizó en el anfiteatro de anatomía, rodeado de numeroso público. Iniciaron el examen sobre el cadáver, correspondiendo la apertura de la cavidad craneal al señor Ramón y Cajal, al señor Alegre le pidieron que pusiera de manifiesto la vejiga urinaria y al señor Puro que descubriera la arteria femoral a su salida por el anillo inguinal, este fue el menos acertado al costarle mucho tiempo encontrar en vaso (3).

 

Foto 9 Hospital Nuestra Señora de Gracia. Imagen recreada por IA

 

Designación de plaza

A juicio del tribunal los tres aspirantes merecieron aprobar la oposición, pero consideraron su preferencia entre los aspirantes Alegre y Ramón y Cajal, dejando la decisión de la elección a la Comisión Provincial de Beneficencia.

 

Finalmente, el presidente de la Comisión de Beneficencia dictaminó el 15 de abril el orden de la oposición, concediendo el primer puesto a Santiago Ramón, el segundo a José Alegre y el tercero a Pascual Puro.

 

En escrito del 16 de mayo se ordena la información del nombramiento de Practicante de 1ª Clase del Hospital Nuestra Señora de Gracia a Santiago Ramón y Cajal, y al director de dicho hospital (3).

 

Foto 10 Nombramiento de Santiago Ramón como Practicante de 1ª Clase. Imagen recreada por IA

 

Trabajo de Practicante de 1ª Clase en el Hospital Nuestra Señora de Gracia

Viendo las pruebas exigidas en el examen de la oposición: rectificación, inmovilización y curas de fracturas abiertas y cerradas, reducción y tratamiento de luxaciones, diagnóstico y tratamiento de las heridas, picaduras y mordeduras de animales, tratamiento de las quemaduras y sus complicaciones, actuación ante pacientes con heridas penetrantes, práctica de autopsias, etc., se podría deducir, sin tener constatación documental de ello, que el trabajo de estos profesionales sanitarios consistiría en actuaciones de urgencias, guardias y la realización de las autopsias surgidas en el hospital.

 

Final de su etapa enfermera

Según oficio de la Diputación Provincial de Zaragoza, con fecha 17 de mayo de 1876, se comunicó a Santiago Ramón y Cajal la resolución de su nombramiento como Practicante de 1ª Clase del Hospital Nuestra Señora de Gracia, un documento custodiado actualmente en el Instituto Cajal de Madrid.

 

A esta comunicación le siguió una respuesta por parte de Ramón y Cajal en la que decía:

Habiendo recibido con oportunidad el oficio dirigido por V.E. en el que se me participa el nombramiento de Practicante de 1ª Clase del Hospital Civil Nuestra Señora de Gracia, circunstancias imprevistas me obligan a renunciar el referido cargo a que aspiré, no sin manifestar antes a V.E. la más expresiva gratitud y reconocimiento por el favor que me ha dispensado y al que no me considero acreedor.

 

Dios guarde a V.E. muchos años. Zaragoza a 24 de mayo de 1876. Santiago Ramón”

 

Se supone que las circunstancias imprevistas a las que se refiere son las que conllevaba la preparación de su Tesis Doctoral que presentó al año siguiente.

 

En sesión ordinaria reflejada en el libro de actas del 7 de junio de ese mismo año, de conformidad con la propuesta de la Comisión de Beneficencia acordó admitir sin discusión la renuncia solicitada por Santiago Ramón del cargo de Practicante de 1ª Clase del Hospital Nuestra Señora de Gracias, y al mismo tiempo se nombró para cubrir la plaza a don José Alegre, aplicando el derecho que tenía de cubrirla el aspirante que ocupó el segundo puesto en la oposición (3).

 

Con la revelación de estos documentos queda por fin aclarada la efímera etapa enfermera de don Santiago Ramón y Cajal determinada entre diciembre de 1875, fecha en la que solicitó la publicación de la vacante de Practicante generada, y la fecha de aceptación de la renuncia solicitada por él, en junio de 1876 (3).

 

Olvido e indiferencia histórica de su etapa como Practicante

La historia de la enfermería en el entorno de Cajal ha sido, hasta hoy, una crónica velada. No es solo que los investigadores hayan pasado por alto esta etapa; da la impresión de que las biografías clásicas han preferido relegar a un segundo plano, o incluso silenciar, cualquier contribución que no emanara directamente del puño y letra del maestro, dejando fuera de foco a quienes sostuvieron, desde el cuidado, el día a día de su labor científica.

 

Por un lado, su padre ejerció como Cirujano de 2ª Clase, una de las profesiones sanitarias prácticas de principios del siglo XIX que, tras la Ley Moyano de 1857, se integró en la figura del Practicante. Por otro lado, el propio Santiago Ramón y Cajal no solo conoció este mundo, sino que lo habitó: opositó y obtuvo una plaza de Practicante de 1ª Clase en un hospital de Zaragoza.

 

Foto 11 Santiago Ramón y Cajal de Practicante de 1ª Clase. Imagen recreada por IA

 

A pesar de este vínculo directo, la relación de Cajal con la enfermería ha sido sistemáticamente velada. Esta omisión no parece ser solo fruto de un desinterés historiográfico, sino que sugiere una construcción biográfica deliberada que, o bien ignora la importancia de esta etapa formativa, o intenta ocultar las raíces prácticas del Nobel en favor de un relato enfocado exclusivamente en la genialidad teórica y académica.

 

En el libro que escribió titulado “Recuerdos de mi vida” en el capítulo XXVI al referirse a este año dice: “Nada digno de contarse ocurrió durante los años 1876 y 1877. Continué en Zaragoza estudiando Anatomía y Embriología, y en los ratos libres ayudaba a mi padre en el penoso servicio del Hospital, supliéndole en las guardias, y encargándome de las curas de algunos de sus enfermos particulares de cirugía”.

 

A menudo, el año 1876 ha sido ignorado por la historiografía oficial; sin embargo, resulta ser el punto de inflexión más decisivo en la vida de Santiago Ramón y Cajal. Lejos de ser un simple paréntesis, 1876 funciona como el eslabón perdido de su trayectoria: es el año puente que separa su cruda experiencia en la medicina asistencial —forjada entre el servicio militar en Cuba y los pueblos de Aragón entre 1874 y 1875— y el umbral de su ascenso académico, marcado por su doctorado y el inicio de su labor docente e investigadora en 1877.

 

Foto 12 Laboratorio del Hospital Nuestra Señora de Gracia, Zaragoza. Imagen recreada por IA

 

Durante este periodo, su desempeño como Practicante de 1ª Clase en Zaragoza no debe entenderse como una etapa previa superada, sino como el sustrato técnico sobre el que se edificó su genio científico. Invisibilizar este año es, en última instancia, silenciar el momento en que Cajal destiló la técnica, la observación clínica y el contacto directo con la vulnerabilidad humana antes de volcarlos, casi de forma alquímica, en sus revolucionarias investigaciones histológicas.

 

Un agradecimiento especial a Don Juan Carlos Criado, Graduado en Enfermería y Comandante del Cuerpo Militar de Sanidad, cuya rigurosa labor investigadora permitió arrojar luz sobre la etapa de don Santiago Ramón y Cajal como Practicante de 1ª Clase. Su inestimable trabajo ha sido el pilar fundamental que me ha permitido rescatar y divulgar este valioso legado histórico para nuestra profesión enfermera.

 

Agradecimientos:

Juan Carlos Criado

Colegio Oficial de Enfermería de Zaragoza

 

Bibliografía

1.- Real Academia de la Historia. Justo Ramón Casasús

https://historia-hispanica.rah.es/biografias/47637-justo-ramon-casasus

 

1.- Justo Ramón Casasús, padre de Santiago Ramón y Cajal

https://www.eldiariodehuesca.com/cultura/justo-ramon-casasus-padre-santiago-ramon-cajal_13868_102.html

 

2.- Santiago Ramón y Cajal

https://es.wikipedia.org/wiki/Santiago_Ram%C3%B3n_y_Cajal

 

3.- Artículo Original: Descubrimientos inéditos sobre la desconocida etapa enfermera de Santiago Ramón y Cajal. Noticias de Enfermería es la revista del Colegio Oficial de Enfermería de Zaragoza. En el número 140, noviembre-diciembre 2024, páginas de la 33 a la 37, incluye un artículo de investigación documental titulado Santiago Ramón y Cajal: Enfermero y premio Nobel en Medicina de Juan Carlos Criado. Juan Carlos es Graduado en Enfermería, Comandante del Cuerpo Militar de Sanidad y Especialista en Salud Laboral y Máster en Prevención.

 

Foto 13 Médico, Practicante y enfermera religiosa de la orden Hermanas de la Caridad de Santa Ana, en una sala de curas junto a un niño posiblemente aquejado de paperas. Imagen recreada por IA

 

Enciclopedia Wikipedia

Manuel Solórzano Sánchez. Grado en Enfermería

https://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Sol%C3%B3rzano_S%C3%A1nchez

Día 20 de octubre de 2022, jueves

 

Entziklopedia Wikipedia en Euskera

Manuel Solórzano Sánchez. Erizaintzako Gradua

https://eu.wikipedia.org/wiki/Manuel_Sol%C3%B3rzano_S%C3%A1nchez#Ibilbidea

Día 27 de octubre de 2022, jueves

 

La Voz de Enfermería en la Enciclopedia Auñamendi

Jesús Rubio Pilarte y Manuel Solórzano Sánchez

Primera parte: http://www.euskomedia.org/aunamendi/39190

Segunda parte: http://www.euskomedia.org/aunamendi/39190/132780

 

Foto 14 Santiago Ramón y Cajal de Practicante de 1ª Clase. Imagen recreada por IA

 

 

Manuel Solórzano Sánchez

Graduado en Enfermería. Enfermero Jubilado

Insignia de Oro de la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica 2010. SEEOF

Premio a la Difusión y Comunicación Enfermera del Colegio de Enfermería de Gipuzkoa 2010

Director y Miembro del Blog de Historia de Enfermería “Enfermería Avanza”

Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería

Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería

Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.

Académico de número de la Academia de Ciencias de Enfermería de Bizkaia – Bizkaiko Erizaintza Zientzien Akademia. ACEB – BEZA

Comisión de Historia de la Enfermería del Colegio Oficial de Enfermería de Gipuzkoa / Gipuzkoako Erizaintza Elkargo Ofiziala

Insignia de Oro del Colegio Oficial de Enfermería de Gipuzkoa. Años 2019 y 2022

Sello de Correos de Ficción. 21 de julio de 2020 y 31 de diciembre de 2022

Premio a la Visibilización de la ACEB. 15 de mayo de 2024. Deusto Bilbao

Amigo de Número de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País. 7 de marzo de 2026. (RSBAP)

masolorzano@telefonica.net

 

 

 

 

 

 

 

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