Henri Dunant se dedicaba a los negocios y cuando viajaba por el norte de Italia asistió impávido a la tétrica “batalla de Solferino” el 24 de junio de 1859, el mismo día en que allí se enfrentaban los ejércitos austriaco, francés y piamontés. El reino de Piamonte-Cerdeña fue el que lideró la reunificación de Italia, convirtiéndose su monarca Víctor Manuel II, en rey de Italia en 1861. Al anochecer, sobre el escenario de la “Batalla de Solferino”, yacían 40.000 hombres prácticamente abandonados a su suerte. Henri Dunant vio cómo morían los heridos sin asistencia y, ayudado por gente de los pueblos cercanos, se dedicó a socorrerlos.
Henri Dunant que era un filántropo, bien formado con buena cultura y emprendedor, había quedado tan impresionado, que ese fatal recuerdo le llevó tres años después a escribir y publicar un libro llamado “Recuerdo de Solferino”. Dunant plantea la idea germinal de lo que serán las futuras sociedades de la Cruz Roja. Escribió textualmente "...cuya finalidad será cuidar de los heridos en tiempo de guerra por medio de voluntarios entusiastas y dedicados, perfectamente calificados para su trabajo...". Desde un primer momento, Dunant concibió las sociedades como entes neutrales, dispuestos a prestar ayuda humanitaria a quien la necesitara, independientemente de su raza, nacionalidad o creencias.
Su idea la recogieron cuatro miembros de la Sociedad Ginebrina de Utilidad Pública que, junto con él, impulsaron el proyecto hasta la constitución formal en 1863 del Comité Internacional de la Cruz Roja.
En muchos países se constituyeron Sociedades Nacionales de la Cruz Roja, y algunos grupos que habían llevado a cabo tareas humanitarias en guerras anteriores del siglo XIX se afiliaron a ella. La Convención de Ginebra fue firmada por el Reino Unido en 1870. Los Estados Unidos de América se abstuvieron de refrendarla hasta 1882, cuando Clara Barton, con firme determinación, sentó las bases para que el Congreso la ratificara.
Clarissa Harlowe Barton (25 de diciembre de 1821 – 12 de abril de 1912), más conocida como Clara Barton, fue una pionera, profesora, enfermera y humanista estadounidense. Ha sido descrita como un espíritu indomable y es especialmente recordada por organizar la Cruz Roja estadounidense.
Clara Barton nació en Oxford, Massachussets, sus padres eran abolicionistas. (El abolicionismo es una doctrina que propugna la anulación de leyes, preceptos o costumbres que se consideran atentatorios a principios humanos y morales. El término se aplicó principalmente a la corriente que propugnaba la abolición de la esclavitud). El padre de Clara fue un agricultor y criador de caballos, mientras que su madre Sarah era ama de casa. Los dos ayudaron a fundar la primera iglesia Universalista en Oxford.
De niña, Clara era tímida y retraída. Tenía dos hermanos Stephen y David y dos hermanas Dorothy/Dolly y Sally, que tenían por lo menos diez años más que ella. La joven Clara fue educada en casa y era extremamente lista. Se ha dicho que sus hermanos se mantenían ocupados contestando sus múltiples preguntas y que cada uno le enseñaba habilidades complementarias, sus hermanas mayores como profesoras. Sus hermanos le enseñaron a andar en caballo y otras actividades que en esa época se consideraban apropiadas para hombres.
Cuando Clara tenía once años, su hermano David se cayó de una viga en un granero en construcción. Clara permaneció a su lado por dos años y aprendió a administrarle todas sus medicinas, inclusive "las grandes y repugnantes sanguijuelas reptantes".
Como seguía desarrollando mucho interés por la enfermería, Clara podría haber sacado inspiración de los cuentos familiares de su tía abuela, Martha Ballard, que trabajó en el pueblo de Hallowell (más tarde Augusta). En Maine trabajó como comadrona por tres décadas. Ballard ayudó a dar a luz a casi mil bebés entre 1777 y 1812 y en muchos casos administró cuidados médicos como cualquier médico de su época.
Cuando el padre de Clara agonizaba, le dio un consejo que recordaría más tarde: "Como patriota, me aconsejó servir a mi país con todo lo que tenía, incluso con mi vida si fuera necesario; como hija de un masón aceptado, me aconsejó buscar y dar consuelo a los afligidos, y como cristiana me encargó honrar a Dios y amar a la humanidad".
En abril de 1861, después de la Primera batalla de Bull Run, Barton creó una agencia para obtener y distribuir provisiones a los soldados heridos. El general William Hammond le dio un pase para viajar en las ambulancias del ejército para dar consuelo a los soldados y curarlos. Presionó a la burocracia del ejército estadounidense, primero sin éxito, para traer sus propias provisiones médicas al campo de batalla. Finalmente, en julio de 1862, obtuvo permiso para viajar tras la línea de batalla, llegando a los más sombríos campos de batalla y sirviendo durante los asedios de Petersburg, Virginia y Richmond Virginia. En 1864 el general de la Unión Benjamín Butler la nombró "dama mandante" de los hospitales al frente del Ejército de James.
Se estima que entre 2.000 y 10.000 mujeres, o incluso más, participaron en tareas de enfermería y administración de los hospitales durante la Guerra de Secesión. Nombres famosos de enfermeras americanas son: Dorotea Dix; Clara Barton; Louisa May Alcott; Mary Ann “Madre” Bickerdyke y Walt Whitman.
Las enfermedades a las que se tuvieron que enfrentar las enfermeras con unas condiciones sanitarias inadecuadas y un cuerpo médico en general disperso y desorganizado fueron: la septicemia, la erisipela, la gangrena y el tétanos que eran complicaciones muy comunes entre los heridos. Casi cualquier tipo de edificio se convertía en hospital militar, los hospitales base se instalaban en hoteles, iglesias, almacenes, escuelas, granjas y demás edificios públicos. Al principio los heridos eran retirados del campo de batalla en camillas de mano, más tarde se organizó un transporte de servicio sanitario utilizando como ambulancias carretas cubiertas y tiradas por caballos, que carecían de muelles amortiguadores causando gran dolor a los heridos.
En 1865, el presidente Abrahan Lincoln le encargó la búsqueda de desaparecidos del ejército de la Unión. Mientras se dedicó a esta labor, averiguó sobre el paradero de 30.000 hombres. Cuando acabó guerra, fue mandada a Andersonville, Georgia para instalar, marcar y poner nombre a las tumbas de los soldados de la Unión que se enterraron allí. Esta experiencia la motivó a empezar una campaña nacional para identificar a los soldados desaparecidos durante la guerra civil estadounidense. Publicó listas de los nombres en los diarios y se carteaba con las familias de los soldados.
Barton daba charlas sobre sus experiencias de la guerra. Conoció a Susan B. Anthony comenzó una larga asociación con el movimiento sufragista. También conoció a Frederick Douglass y se hizo activista para los derechos civiles de los negros.
Primer contacto de Barton con el Comité Internacional de la Cruz Roja
Los años de trabajo fueron muy duros durante la guerra civil estadounidense y sus esfuerzos buscando soldados desaparecidos debilitaron a Barton. En 1869 sus médicos le recomendaron tomarse un descanso y hacer un viaje relajante a Europa. En 1870, mientras estaba en el extranjero, conoció y se involucró en el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y su trabajo humanitario durante la guerra franco-prusiana. El CICR, creado en 1864, se fundó para proveer servicios humanos a todas las víctimas de la guerra bajo una bandera de neutralidad.
Organización de la Cruz Roja estadounidense
Cuando Clara Barton regresó a los Estados Unidos, inauguró un movimiento para que el gobierno estadounidense reconociera al Comité Internacional de la Cruz Roja. Cuando empezó este trabajo en 1873, la mayoría de los estadounidenses pensó que los Estados Unidos nunca volverían a enfrentarse a una calamidad tal como la guerra civil pero durante la administración del presidente James Garfield, Barton finalmente tuvo éxito, arguyendo que la nueva Cruz Roja estadounidense podría responder a otras crisis aparte de la guerra.
Naturalmente, Barton fue la presidenta de la sucursal estadounidense de la asociación, fundada el 21 de mayo de 1881. John D. Rockefeller donó los fondos para crear una oficina nacional central en Washington, DC. situada a una cuadra de la Casa Blanca.
A Clara Barton en la Guerra de Secesión, fue conocida como “la pequeña dama solitaria vestida de seda negra”. Casi todas las enfermeras de la guerra estaban bajo la supervisión de Miss Dix; cuantos trabajaban para socorrer a los heridos o enfermos estaban asociados a organismos caritativos o de ayuda, a la Comisión Sanitaria recién creada el 3 de junio de 1861 por orden expresa del presidente Abraham Lincoln, o a organizaciones religiosas. Sin embargo, Miss Barton no podía acatar órdenes o compartir autoridad, y confiaba únicamente en su propia iniciativa. Dirigió por si misma una operación de socorro a gran escala en la que entregó grandes cantidades de provisiones al ejército y a los hospitales. Además sirvió personalmente en los hospitales federales y en los campo de batalla y cuidó a los heridos de la Confederación. Su imparcialidad se reflejaba en los cuidados de enfermería, que dispensaba por igual a los blancos y a los negros, a los norteños y a los sureños. Con frecuencia usaba sus propios recursos para cubrir necesidades tales como equipamiento médico, ropas adecuadas, alimentos y camas.
En más de una ocasión las balas atravesaron su vestido y los hombres a los que cuidaba fueron alcanzados en sus brazos. Con el tiempo, Miss Barton se convirtió en una de las figuras más prominentes de la enfermería seglar en la Guerra de Secesión. Su labor, impregnada por los ideales que en la actualidad caracterizan a la Cruz Roja, constituyó la base para la posterior creación de la Cruz Roja Americana (1881).
Clara Barton, había trabajado como maestra de la escuela en Nueva Inglaterra, en 1854 accedió a un puesto de secretaria en la Oficina de Patentes de Washington DC. Es posible que ésta fuera la primera vez que una mujer ocupaba un puesto en la Administración. Sin embargo, Miss Barton fue despedida por sus opiniones declaradas sobre la esclavitud. Parecía tener una habilidad especial para ser la primera en llegar a la escena y la primera en abandonarla en cuanto aparecían otros. Ya se encontraba en Washington prestando ayuda al VI Regimiento de Massachussets cuando llegó Dorothea Dix.
Cuando finalmente se firmó la paz, Clara Barton llevó a cabo una larga investigación, financiada por ella misma, para buscar 80.000 desaparecidos del ejército. También dio 300 conferencias sobre los campos de batalla de la Guerra de Secesión y creó el primer cementerio nacional en tierras de Andersonville.
Miss Barton sufrió una depresión nerviosa, proceso que ya la había afectado anteriormente y los médicos le indicaron que fuese a Europa, donde permaneció durante 4 años. Un mes después de llegar a Europa conoció la existencia de la Cruz Roja Internacional.
Clara Barton sirvió como enfermera con la Cruz Roja en 1870 durante la Guerra Franco – Prusiana. En los campos de batalla y en las ciudades asoladas de Francia repitió su actuación de la Guerra de Secesión Americana. También pudo comprobar la organización sistemática y la notable eficacia de la Cruz Roja y prometió que Norteamérica se uniría a ella. Tiempo después el Kaiser la condecoró con la “Cruz de Hierro”.
Tras una ausencia de cuatro años, Clara Barton regresó a los Estados Unidos y comenzó su cruzada para la creación de la Cruz Roja Americana. Finalmente, en 1881 se formó el Comité de la Cruz Roja, pero no fue hasta 1882 cuando el gobierno ratificó la Convención de Ginebra y otorgó al comité carácter oficial. Clara Barton fue su primera presidenta, cargo que mantuvo hasta 1904. Su casa de Glen Echo, Maryland, sirvió de cuartel general de la organización. Según el estatuto oficial, la Cruz Roja estaba dedicada a continuar y mantener un sistema de socorro nacional e internacional en tiempo de paz y a entregarse por igual para mitigar los sufrimientos causados por las plagas, el hambre, los incendios, las inundaciones y otras catástrofes nacionales, así como a desarrollar y llevar a cabo medidas para prevenirlos.
Las primeras actuaciones de la organización en los Estados Unidos fueron durante una epidemia de fiebre amarilla en Florida, en 1888, y durante la inundación de Johnstown, en 1889. En 1909 la Cruz Roja Americana se reorganizó bajo la dirección de Jane Delano, momento en que planificó un Servicio de Enfermería de la Cruz Roja compuesto por “un cuerpo de reseva de enfermeras graduadas con cualificación específica”. Esta formación complementaría a las enfermeras regulares del ejército y de la Marina cuando la ocasión lo exigiera.
En las ciudades de Estados Unidos, y hasta la aparición de las primeras Escuelas establecidas de formación para enfermeras, las personas que se dedicaban al cuidado de los enfermos y las parteras recibían únicamente conferencias esporádicas por parte de los médicos. Sin embargo, esto no constituía en absoluto un curso organizado de formación. La mayor parte de la información se obtenía simplemente ejerciendo la enfermería tal y como era. Muchas enfermeras se formaron en las continuas guerras que acuciaron al continente americano, realizando sus primeras curas en los propios heridos. La única preparación organizada la ofrecían las comunidades católicas, pero quedaba limitada a los miembros de la orden.
El Museo de Clara Barton
Se ha creado un museo en el lugar de nacimiento de Clara Barton en North Oxford, Massachussets, funciona como parte del Centro Barton para la Educación sobre la Diabetes, un proyecto humanitariano creado en su honor para educar y apoyar a niños con diabetes y a sus familias.
Fotos: Las fotos están escaneadas de los libros de Historia de la Enfermería y de Internet.
*Manuel Solórzano Sánchez; **Jesús Rubio Pilarte y ***Raúl Expósito González
* Enfermero Hospital Donostia. Osakidetza /SVS
** Enfermero y sociólogo. Profesor de la E. U. de Enfermería de Donostia. EHU/UPV
*** Enfermero Servicio de Medicina Interna del Hospital General de Ciudad Real
masolorzano@telefonica.net
jrubiop20@enfermundi.com
raexgon@hotmail.com
Henri Dunant que era un filántropo, bien formado con buena cultura y emprendedor, había quedado tan impresionado, que ese fatal recuerdo le llevó tres años después a escribir y publicar un libro llamado “Recuerdo de Solferino”. Dunant plantea la idea germinal de lo que serán las futuras sociedades de la Cruz Roja. Escribió textualmente "...cuya finalidad será cuidar de los heridos en tiempo de guerra por medio de voluntarios entusiastas y dedicados, perfectamente calificados para su trabajo...". Desde un primer momento, Dunant concibió las sociedades como entes neutrales, dispuestos a prestar ayuda humanitaria a quien la necesitara, independientemente de su raza, nacionalidad o creencias.
Su idea la recogieron cuatro miembros de la Sociedad Ginebrina de Utilidad Pública que, junto con él, impulsaron el proyecto hasta la constitución formal en 1863 del Comité Internacional de la Cruz Roja.
En muchos países se constituyeron Sociedades Nacionales de la Cruz Roja, y algunos grupos que habían llevado a cabo tareas humanitarias en guerras anteriores del siglo XIX se afiliaron a ella. La Convención de Ginebra fue firmada por el Reino Unido en 1870. Los Estados Unidos de América se abstuvieron de refrendarla hasta 1882, cuando Clara Barton, con firme determinación, sentó las bases para que el Congreso la ratificara.Clarissa Harlowe Barton (25 de diciembre de 1821 – 12 de abril de 1912), más conocida como Clara Barton, fue una pionera, profesora, enfermera y humanista estadounidense. Ha sido descrita como un espíritu indomable y es especialmente recordada por organizar la Cruz Roja estadounidense.
Clara Barton nació en Oxford, Massachussets, sus padres eran abolicionistas. (El abolicionismo es una doctrina que propugna la anulación de leyes, preceptos o costumbres que se consideran atentatorios a principios humanos y morales. El término se aplicó principalmente a la corriente que propugnaba la abolición de la esclavitud). El padre de Clara fue un agricultor y criador de caballos, mientras que su madre Sarah era ama de casa. Los dos ayudaron a fundar la primera iglesia Universalista en Oxford.De niña, Clara era tímida y retraída. Tenía dos hermanos Stephen y David y dos hermanas Dorothy/Dolly y Sally, que tenían por lo menos diez años más que ella. La joven Clara fue educada en casa y era extremamente lista. Se ha dicho que sus hermanos se mantenían ocupados contestando sus múltiples preguntas y que cada uno le enseñaba habilidades complementarias, sus hermanas mayores como profesoras. Sus hermanos le enseñaron a andar en caballo y otras actividades que en esa época se consideraban apropiadas para hombres.
Cuando Clara tenía once años, su hermano David se cayó de una viga en un granero en construcción. Clara permaneció a su lado por dos años y aprendió a administrarle todas sus medicinas, inclusive "las grandes y repugnantes sanguijuelas reptantes".
Como seguía desarrollando mucho interés por la enfermería, Clara podría haber sacado inspiración de los cuentos familiares de su tía abuela, Martha Ballard, que trabajó en el pueblo de Hallowell (más tarde Augusta). En Maine trabajó como comadrona por tres décadas. Ballard ayudó a dar a luz a casi mil bebés entre 1777 y 1812 y en muchos casos administró cuidados médicos como cualquier médico de su época.
Cuando el padre de Clara agonizaba, le dio un consejo que recordaría más tarde: "Como patriota, me aconsejó servir a mi país con todo lo que tenía, incluso con mi vida si fuera necesario; como hija de un masón aceptado, me aconsejó buscar y dar consuelo a los afligidos, y como cristiana me encargó honrar a Dios y amar a la humanidad".
En abril de 1861, después de la Primera batalla de Bull Run, Barton creó una agencia para obtener y distribuir provisiones a los soldados heridos. El general William Hammond le dio un pase para viajar en las ambulancias del ejército para dar consuelo a los soldados y curarlos. Presionó a la burocracia del ejército estadounidense, primero sin éxito, para traer sus propias provisiones médicas al campo de batalla. Finalmente, en julio de 1862, obtuvo permiso para viajar tras la línea de batalla, llegando a los más sombríos campos de batalla y sirviendo durante los asedios de Petersburg, Virginia y Richmond Virginia. En 1864 el general de la Unión Benjamín Butler la nombró "dama mandante" de los hospitales al frente del Ejército de James.
Se estima que entre 2.000 y 10.000 mujeres, o incluso más, participaron en tareas de enfermería y administración de los hospitales durante la Guerra de Secesión. Nombres famosos de enfermeras americanas son: Dorotea Dix; Clara Barton; Louisa May Alcott; Mary Ann “Madre” Bickerdyke y Walt Whitman.Las enfermedades a las que se tuvieron que enfrentar las enfermeras con unas condiciones sanitarias inadecuadas y un cuerpo médico en general disperso y desorganizado fueron: la septicemia, la erisipela, la gangrena y el tétanos que eran complicaciones muy comunes entre los heridos. Casi cualquier tipo de edificio se convertía en hospital militar, los hospitales base se instalaban en hoteles, iglesias, almacenes, escuelas, granjas y demás edificios públicos. Al principio los heridos eran retirados del campo de batalla en camillas de mano, más tarde se organizó un transporte de servicio sanitario utilizando como ambulancias carretas cubiertas y tiradas por caballos, que carecían de muelles amortiguadores causando gran dolor a los heridos.
En 1865, el presidente Abrahan Lincoln le encargó la búsqueda de desaparecidos del ejército de la Unión. Mientras se dedicó a esta labor, averiguó sobre el paradero de 30.000 hombres. Cuando acabó guerra, fue mandada a Andersonville, Georgia para instalar, marcar y poner nombre a las tumbas de los soldados de la Unión que se enterraron allí. Esta experiencia la motivó a empezar una campaña nacional para identificar a los soldados desaparecidos durante la guerra civil estadounidense. Publicó listas de los nombres en los diarios y se carteaba con las familias de los soldados.Barton daba charlas sobre sus experiencias de la guerra. Conoció a Susan B. Anthony comenzó una larga asociación con el movimiento sufragista. También conoció a Frederick Douglass y se hizo activista para los derechos civiles de los negros.
Primer contacto de Barton con el Comité Internacional de la Cruz RojaLos años de trabajo fueron muy duros durante la guerra civil estadounidense y sus esfuerzos buscando soldados desaparecidos debilitaron a Barton. En 1869 sus médicos le recomendaron tomarse un descanso y hacer un viaje relajante a Europa. En 1870, mientras estaba en el extranjero, conoció y se involucró en el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y su trabajo humanitario durante la guerra franco-prusiana. El CICR, creado en 1864, se fundó para proveer servicios humanos a todas las víctimas de la guerra bajo una bandera de neutralidad.
Organización de la Cruz Roja estadounidense
Cuando Clara Barton regresó a los Estados Unidos, inauguró un movimiento para que el gobierno estadounidense reconociera al Comité Internacional de la Cruz Roja. Cuando empezó este trabajo en 1873, la mayoría de los estadounidenses pensó que los Estados Unidos nunca volverían a enfrentarse a una calamidad tal como la guerra civil pero durante la administración del presidente James Garfield, Barton finalmente tuvo éxito, arguyendo que la nueva Cruz Roja estadounidense podría responder a otras crisis aparte de la guerra.
Naturalmente, Barton fue la presidenta de la sucursal estadounidense de la asociación, fundada el 21 de mayo de 1881. John D. Rockefeller donó los fondos para crear una oficina nacional central en Washington, DC. situada a una cuadra de la Casa Blanca.
A Clara Barton en la Guerra de Secesión, fue conocida como “la pequeña dama solitaria vestida de seda negra”. Casi todas las enfermeras de la guerra estaban bajo la supervisión de Miss Dix; cuantos trabajaban para socorrer a los heridos o enfermos estaban asociados a organismos caritativos o de ayuda, a la Comisión Sanitaria recién creada el 3 de junio de 1861 por orden expresa del presidente Abraham Lincoln, o a organizaciones religiosas. Sin embargo, Miss Barton no podía acatar órdenes o compartir autoridad, y confiaba únicamente en su propia iniciativa. Dirigió por si misma una operación de socorro a gran escala en la que entregó grandes cantidades de provisiones al ejército y a los hospitales. Además sirvió personalmente en los hospitales federales y en los campo de batalla y cuidó a los heridos de la Confederación. Su imparcialidad se reflejaba en los cuidados de enfermería, que dispensaba por igual a los blancos y a los negros, a los norteños y a los sureños. Con frecuencia usaba sus propios recursos para cubrir necesidades tales como equipamiento médico, ropas adecuadas, alimentos y camas.En más de una ocasión las balas atravesaron su vestido y los hombres a los que cuidaba fueron alcanzados en sus brazos. Con el tiempo, Miss Barton se convirtió en una de las figuras más prominentes de la enfermería seglar en la Guerra de Secesión. Su labor, impregnada por los ideales que en la actualidad caracterizan a la Cruz Roja, constituyó la base para la posterior creación de la Cruz Roja Americana (1881).
Clara Barton, había trabajado como maestra de la escuela en Nueva Inglaterra, en 1854 accedió a un puesto de secretaria en la Oficina de Patentes de Washington DC. Es posible que ésta fuera la primera vez que una mujer ocupaba un puesto en la Administración. Sin embargo, Miss Barton fue despedida por sus opiniones declaradas sobre la esclavitud. Parecía tener una habilidad especial para ser la primera en llegar a la escena y la primera en abandonarla en cuanto aparecían otros. Ya se encontraba en Washington prestando ayuda al VI Regimiento de Massachussets cuando llegó Dorothea Dix.
Cuando finalmente se firmó la paz, Clara Barton llevó a cabo una larga investigación, financiada por ella misma, para buscar 80.000 desaparecidos del ejército. También dio 300 conferencias sobre los campos de batalla de la Guerra de Secesión y creó el primer cementerio nacional en tierras de Andersonville.Miss Barton sufrió una depresión nerviosa, proceso que ya la había afectado anteriormente y los médicos le indicaron que fuese a Europa, donde permaneció durante 4 años. Un mes después de llegar a Europa conoció la existencia de la Cruz Roja Internacional.
Clara Barton sirvió como enfermera con la Cruz Roja en 1870 durante la Guerra Franco – Prusiana. En los campos de batalla y en las ciudades asoladas de Francia repitió su actuación de la Guerra de Secesión Americana. También pudo comprobar la organización sistemática y la notable eficacia de la Cruz Roja y prometió que Norteamérica se uniría a ella. Tiempo después el Kaiser la condecoró con la “Cruz de Hierro”.
Tras una ausencia de cuatro años, Clara Barton regresó a los Estados Unidos y comenzó su cruzada para la creación de la Cruz Roja Americana. Finalmente, en 1881 se formó el Comité de la Cruz Roja, pero no fue hasta 1882 cuando el gobierno ratificó la Convención de Ginebra y otorgó al comité carácter oficial. Clara Barton fue su primera presidenta, cargo que mantuvo hasta 1904. Su casa de Glen Echo, Maryland, sirvió de cuartel general de la organización. Según el estatuto oficial, la Cruz Roja estaba dedicada a continuar y mantener un sistema de socorro nacional e internacional en tiempo de paz y a entregarse por igual para mitigar los sufrimientos causados por las plagas, el hambre, los incendios, las inundaciones y otras catástrofes nacionales, así como a desarrollar y llevar a cabo medidas para prevenirlos.
Las primeras actuaciones de la organización en los Estados Unidos fueron durante una epidemia de fiebre amarilla en Florida, en 1888, y durante la inundación de Johnstown, en 1889. En 1909 la Cruz Roja Americana se reorganizó bajo la dirección de Jane Delano, momento en que planificó un Servicio de Enfermería de la Cruz Roja compuesto por “un cuerpo de reseva de enfermeras graduadas con cualificación específica”. Esta formación complementaría a las enfermeras regulares del ejército y de la Marina cuando la ocasión lo exigiera.
En las ciudades de Estados Unidos, y hasta la aparición de las primeras Escuelas establecidas de formación para enfermeras, las personas que se dedicaban al cuidado de los enfermos y las parteras recibían únicamente conferencias esporádicas por parte de los médicos. Sin embargo, esto no constituía en absoluto un curso organizado de formación. La mayor parte de la información se obtenía simplemente ejerciendo la enfermería tal y como era. Muchas enfermeras se formaron en las continuas guerras que acuciaron al continente americano, realizando sus primeras curas en los propios heridos. La única preparación organizada la ofrecían las comunidades católicas, pero quedaba limitada a los miembros de la orden.
El Museo de Clara BartonSe ha creado un museo en el lugar de nacimiento de Clara Barton en North Oxford, Massachussets, funciona como parte del Centro Barton para la Educación sobre la Diabetes, un proyecto humanitariano creado en su honor para educar y apoyar a niños con diabetes y a sus familias.
Fotos: Las fotos están escaneadas de los libros de Historia de la Enfermería y de Internet.
*Manuel Solórzano Sánchez; **Jesús Rubio Pilarte y ***Raúl Expósito González
* Enfermero Hospital Donostia. Osakidetza /SVS
** Enfermero y sociólogo. Profesor de la E. U. de Enfermería de Donostia. EHU/UPV
*** Enfermero Servicio de Medicina Interna del Hospital General de Ciudad Real
masolorzano@telefonica.net
jrubiop20@enfermundi.com
raexgon@hotmail.com

A comienzos del siglo XX nuestros antepasados acudían en peregrinación hasta la Gruta de Massabielle, pero ¿cómo lo hacían si la Diócesis de San Sebastián no se constituyó hasta 1950?
Los términos acuñados de “Enfermera” y “Camillero” para nada tienen que ver con profesionales de la sanidad, sino que es la denominación que se emplea en el Santuario de Lourdes para referirse a cuantos “hospitalarios” mujeres y hombres ayudan en su servicio voluntario a los enfermos de las peregrinaciones.
Salieron en cinco trenes con destino a Lourdes, en Francia, el Gabinete de Combes había suprimido las órdenes religiosas, conventos y colegios, había incautado los bienes a la iglesia, había que ir con cuidado. Los peregrinos y la organización no tuvieron ningún problema ni para ir, ni para volver.
En la revista Novedades de 1909 decía:
Es así como aquellos pioneros: Carmen Ferrer, María Luisa Gaytán, Milagros Letamendía, José Ángel Lizasoain, José Luis Londaiz, Maritxu Mendizábal, Pedro Mendizábal, Ana María Olazábal, Marili Petrirena, María Isabel Sánchez de Movellán, Carmen Zappino y Pilar Zaragüeta, se ponen en marcha con el proyecto.
Las enfermeras, camilleros y peregrinos además de estar todo el día al servicio de los enfermos, corrían con sus gastos de desplazamiento, alojamiento y manutención, como se viene haciendo en la actualidad.
En 1970, de la asistencia sanitaria se encargaron 4 médicos, 3 practicantes, enfermeras y camilleros; además de la parte espiritual 9 religiosas y 3 capellanes. Los enfermos eran alojados en el Asilo Notre Dame en un número de 341. Este año se incorporaron a nuestra peregrinación enfermeras y camilleros de Santander.
En 1973 se leyó por primera vez la “Oración de la Enfermera y el Camillero” obtenida de una publicación de la Hospitalidad de Marsella, la lectura la realizó el primer día el Presidente de la Hospitalidad Víctor Martínez Artola; el segundo día la hizo María Paz de la Herrán, Presidenta de las Enfermeras y el tercer día en representación de Akelas, Guías y Scouts la leyó Adolfo Navascués, “Pañoleta Blanca” y consejero de la Hospitalidad. Las enfermeras, incorporaron por primera vez a su uniforme las medias de color “humo”.
Josema lleva mas de veinte años de Presidente de la Asociación: "Grupo Scout Pañoletas Blancas", y además es miembro del Consejo de la Hospitalidad por vocación. El Consejo es el órgano directivo de la Hospitalidad, compuesto por seis hombres ("camilleros" en el argot hospitalario) y seis mujeres ("enfermeras"), además de la Presidenta.
Hoy en día siguen estando algún día antes de la peregrinación para preparar donde van a estar ubicados los enfermos, preparar el hospital de campaña, los botiquines, el personal que va atender a los enfermos, toda la infraestructura de los cientos de enfermos y peregrinos que año tras año acuden a Lourdes, y todo ello como voluntarios (sin cobrar nada a cambio).
Esta dedicación comenzó cuando cursó los estudios de Ayudante Técnico Sanitario y se tituló por la Universidad de Santiago. Obtuvo la Diplomatura por la Universidad Nacional De Educación a Distancia y cursó la Licenciatura de Psicología en esta misma Universidad. Finalmente obtiene el Grado de Doctor en psicología por la Universidad Autónoma de Madrid en el Departamento de Psicología Biológica y de la Salud. Ha presentado más de cien trabajos en foros científicos y colaborado en numerosas publicaciones: doce libros y más de cincuenta artículos. Ha asistido a Jornadas, Congresos Nacionales e Internacionales de Historia de la Enfermería y otros.
El libro consta de 280 páginas, con un prólogo de Diego Gracia, con un Prefacio. Notas sobre los elementos de una historia, de la misma autora Mª Carmen Sellán Soto, con siete capítulos bien diferenciados, Bibliografía y Apéndice con desarrollos legales.
En Grecia, el papel de la mujer ateniense se reduce al hogar, puesto que no podía iniciarse en los “misterios de las artes”. Su función principal en relación con los cuidados se recoge en la literatura en las figuras de “nodrizas” y “parteras empíricas”. Por otra parte, los ciudadanos propiamente dichos no practicaban trabajos manuales; la posición social de quienes los realizaban, sirvientes y esclavos, clarifica la escasa importancia de los cuidados “enfermeros”, que continuaron llevándose a cabo en el ámbito doméstico.
En el Nuevo Testamento aparece la palabra diákoniá, con el tiempo derivará en la palabra “diaconisa” con la que se designa a las “primeras enfermeras de la historia”. En la Primera Epístola de San Pablo a los Romanos, se menciona a Febe, mujer nombrada diaconisa y que algunos autores consideran, en concreto, la primera “enfermera” de la historia. Febe, al igual como las demás diaconisas de su época, cuidaba de los enfermos en sus domicilios, educaba a huérfanos y hacía tareas pastorales.
Una vez reconocida la iglesia, la expansión de los xenodochium, antecesores de los hospitales, no se hizo esperar. Según Donahue, en el I Concilio de Nicea (325 d. C.) “se acordó que cada obispo construiría uno de estos establecimientos. El dinero necesario provenía de las donaciones y limosnas de los cristianos”.
En los conventos de monjas de los siglos XII, XIII y XIV, una religiosa elegida entre las más expertas, ayudada por varias hermanas legas, se encargaba de la enfermería donde cuidaba a las monjas ancianas o enfermas. Muchos conventos, como el de Cluny, disponían asimismo de otra enfermería donde atendían a enfermos de distinto tipo. En las enfermerías de los conventos las religiosas dispensaban cuidados, administraban hierbas curativas, realizaban sangrías y atendían a pobres y enfermos.
Dentro de las Órdenes religiosas relevantes para el cuidado en España, hay que resaltar tres órdenes religiosas muy importantes: los Hermanos de San Juan de Dios fundaron en el siglo XVI los hospitales de Granada, Sevilla, Madrid, Gibraltar, Córdoba, Valladolid y Toledo. Su fundador, Juan de Dios, emprende en 1539 una reforma ante la defectuosa asistencia a los necesitados (Ventosa, 2000).
Así podríamos seguir hablando de este fantástico libro que aconsejo leer a todos los compañeros y compañeras que les interese la historia y sobre todo la Historia de Enfermería. Seguimos con la Escuela de Enfermeras del Hospital St. Thomas; de la importancia y el cambio que da la enfermería con Florence Nightingale. Luego en España con la formación de ministrantes, practicantes y matronas. La creación en 1896 de la Escuela de Enfermeras del Dr. Rubio y Galí, con el nombre de Real Escuela de Enfermeras de Santa Isabel de Hungría.
El Dispensario Santa Isabel para pobres de San Sebastián. Fue fundado el 3 de Septiembre de 1909 por tres médicos franceses. El Dr. Vic impulsó y creo una pequeña escuela de enfermeras, contando con las Madres Dominicas, cuya superiora era la Madre Mauricia, que prestó toda clase de ayudas. Estas enfermeras se formaron a partir del programa de las Damas Enfermeras de la Cruz Roja, precisando para ello: ser súbdita española, mayor de diecisiete años y pertenecer como asociada a la institución. (Solórzano, 2002).
Las primeras Escuelas de Enfermeras en España fueron además, la Escuela de Santa Madrona, la Escuela de la Mancomunidad de Cataluña, la Escuela de Enfermeras Casa de Salud de Valdecilla, la Escuela de Enfermeras de la Cruz Roja, etc.
La Dama Enfermera. Enfermería y Cruz Roja. Vidas paralelas. (Solórzano, Rubio, 2009).
Para terminar quiero agradecer a mis compañeros enfermeros Iñake Arrondo, José Antonio Eguibar y José Antonio de Léniz, el que me hayan regalado y dedicado este fabuloso libro de Historia de Enfermería. Agradecimiento a Carlos Álvarez Nebreda.
Al día siguiente se empezó con las coordinadoras de la sesión las enfermeras Lola Cabezas y Petra Mozo, comenzó la sesión Mª Cruz Imaz Prim y Julia Sánchez Jarauta del Hospital de Tudela (Navarra), su comunicación “Biometría de inmersión”, nos contaban en sus resultados en su consulta que aplicando la biometría de inmersión conseguían evitar oprimir la córnea, más fácil el correcto alineamiento de ultrasonidos, más apropiado si blefaroespasmo o fijación deficiente y en cámara anterior estrecha: se identifica mejor el eco iridiano. Concluyendo que la técnica de inmersión la primera que se empleo, perdió popularidad por la técnica de aplanación. Muy bien presentado el trabajo. Le siguió Susana Pérez Delgado y Mª Ángeles Rejano Molina del Hospital de Alta Resolución de Puente Genil (Córdoba), su comunicación “Medidas de seguridad e higiene en la instilación de colirios en oftalmología”. En sus conclusiones hacía diferencia en su protocolo de fomentar: la higiene de las manos, el uso sistemático de guantes, verificación de los colirios y control de la fecha de apertura de la medicación. Y Aumenta el grado de satisfacción de los usuarios, mejorando la relación enfermero – paciente, y la seguridad del paciente. Muy bien presentado el trabajo e ilustrado en su conjunto con fotografías. Le siguió Imelda Vásquez, trabaja en CIMO Centro Internacional de Microcirugía Ocular de Sevilla, su conferencia “Cross Linking: el papel de la enfermera”. En sus conclusiones nos decía que ell cross-linking es una técnica sencilla, minimamente invasiva y segura que fortalece la córnea aumentando su estabilidad biomecánica. No hay mejora de la visión, pero si hay modificación de la estructura corneal. Tiene mejores resultados si se aplica en estadios iniciales. Es un procedimiento realizado en su mayor parte por la enfermera. A continuación le siguió Mª Ángeles Rejano Molina y Susana Pérez Delgado del Hospital de Alta Resolución de Puente Genil (Córdoba), su comunicación “Actuación de enfermería en la consulta única de preoperatorio de cataratas”. Nos decía que con una gestión adecuada, con una coordinación del equipo de trabajo y unos buenos recursos tecnológicos conseguiremos una Consulta Única. Consiguiendo en el mismo día, la primera visita, exploración y las pruebas diagnósticas necesarias, revisión y tratamiento en el mismo día. Su magnífica presentación y su exposición les ha valido el Premio a la Mejor Comunicación que lo da el Consejo Andaluz de Enfermería. Colaboraron también en el trabajo Antonio Díaz Valenzuela; Mª Jesús Valle Cañete y Concepción Rodríguez Gutiérrez.
Le siguió Gemma Pagés Blanch y Monserrat Bernad Sánchez del Hospital Universitario San Joan de Reus. Tarragona. Su conferencia “¿Es adecuada la información que recibe el paciente oftalmológico incluido en CMA?”. Nos decían en su introducción que la información y la formación que recibe el paciente antes y durante el ingreso es primordial para disminuir el grado de ansiedad y asegurarnos un correcto proceso de curación. La enfermera es importante y crucial, además en la consulta de enfermería el paciente expresa los aspectos que le producen ansiedad, se establecen una relación de empatía y de confianza. Además ofrecemos apoyo psicológico. El día antes del ingreso contactamos con el paciente para reforzar la información y proporcionarle seguridad y formaremos al paciente y a su familia y/o al familiar responsable para que participe en el proceso de curación, y además reforzaremos la información mediante trípticos. Colaboraron también en el trabajo Patricia Zanón Prats; Elena López Ruiz; Ana Belén Serrano Martos; Lourdes Vidal Domenech; Concepción Calvo Fernández y Montserrat Estivill Mestres. Buen trabajo y buena presentación.
Siguió
A continuación nos deleitó con su trabajo Serafín Fernández Salazar del Hospital de Alta Resolución Sierra de Segura, Puente de Génave, Jaén. Su comunicación “Monitorización de resultados enfermeros en cirugía del cristalino, desde el modelo de relación de persona a persona: Caso clínico”. Nos habló de un caso clínico, desde el punto de vista de una enfermera teórica Joyce Travelbee, describía en relación a los pacientes que van a ser intervenidos, que existen ciertas concordancias de las experiencias compartidas por la mayoría de los individuos durante la cirugía, pero cada ser humano responderá a esta experiencia de su propia y única forma. En la personalización de los cuidados de enfermería nos decía que la necesidad de una persona de disponer de una enfermera de referencia durante todo el proceso asistencial, con quién pueda establecer un vínculo estable que permita una relación terapéutica y favorezca la continuidad de cuidados intra e ínter niveles. Para terminar nos dejaba unas reflexiones: Debemos cuantificar el impacto de las intervenciones enfermeras, pero…; ¿los resultados conseguidos, dependen solo de la práctica enfermera?. Sólo desde la comprensión de lo que aporta la ciencia enfermera al cuidado del ser humano es posible un ejercicio profesional enfermero significativo y que ésta es una forma de luchar contra la invisibilidad social de la Enfermería”. Colaboraron también en el trabajo Antonio Jesús Ruiz; A. J. Ramos Morcillo y F. Rodríguez Castilla. Debió ser uno de los mejores trabajos en su exposición, ejecución y fotografía, ya que se le concedió el Premio Custom Pack de 1.500 Euros. Bolsa de viaje para un congreso a elegir, y lo entregaron Susana Torreblanca y Jesús Avilés del Laboratorio Alcon.
Después de este pequeño paréntesis y de haber disfrutado del vídeo y de su música, subieron al estrado la Nueva Directiva de la Sociedad Andaluza de Oftalmología con su presidente al frente el Dr. Ignacio Vinuesa de Cádiz y el secretario Miguel Giménez de la Linde de Córdoba, además de los de más compañeros. Presentaron el XIII Congreso de Enfermería que se celebrará en Córdoba en el Hotel Córdoba Center del 21 al 23 de Enero de 2010. La Organización del Congreso de Enfermería y los congresistas pidieron que acudiese a la sala donde nos encontrábamos al Presidente saliente Dr. Jesús Montero Iruzubieta, para mostrarle nuestro agradecimiento y darle las gracias de todo corazón a este gran médico que desde el primer congreso se desveló y apostó por la enfermería, tanto él como su mujer, secretaria del congreso Ángeles Hernández-Barahona y su hijo han estado todos estos años desvelándose por y para la enfermería. Desde aquí queremos felicitarlos y darles las gracias de todo corazón; ellos lo dejan y ya, hay otro gran equipo preparado para seguir sus pasos.